Usamos agua de pozo

Kenneth Rivera*. 2004. FAO, Revista Electrónica de la REDLACH, Cartas de Opinión, 1(1):8.

*Representante Nacional de la Asociación Mundial para el Agua (Global Water Partnership).

Miembro de la Plataforma del Agua de Honduras.

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No se si reír por la ocurrencia, o llorar por la ignorancia de estos malos ciudadanos que colocan este tipo de rótulos en sus residencias y fabricas, mientras se desperdicia el agua que es utilizada para regar algunos jardines de Tegucigalpa y otras ciudades de Honduras, en contraste con muchos barrios y colonias marginales, donde muchos de nuestros niños, mujeres y demás seres humanos reciben el preciado líquido por tres horas, cada quince días.

El mal uso que le damos al agua subterránea ha ocasionado que actualmente muchos de los acuíferos estén al borde de la sobre explotación y al deterioro de la calidad del agua por efectos de contaminación doméstica e industrial.

Esto es más crítico en la zona sur del país, donde las fuentes superficiales permanentes son escasas y donde ha existido mayor explotación de las aguas subterráneas.

Tal como se informa en el documento de Gestión en Aguas Subterráneas 88/02 elaborado por el SANAA, ya se tienen riesgos en algunas comunidades, relacionados con fuentes superficiales alimentadas por fuentes subterráneas, con parámetros físico químicos y de metales o elementos tóxicos y de contaminación que se salen de norma, lo cual causa problemas de salud, tales como fluorosis y problemas renales. Hay contaminación de Plomo y Cadmio, aún en pozos de venta de agua embotellada.

Aún peor, ”No existe una política nacional relativa al manejo del agua subterránea” se carece de una visión clara de país a nivel de gobierno, para el manejo efectivo de 3,096 pozos perforados, donde se tienen datos de 1250 pozos con una extracción para ocho horas de 450,521 metros cúbicos por día, con un abastecimiento a grandes sectores de la población, especialmente en las grandes y medianas ciudades como San Pedro Sula, Progreso, La Ceiba, Choluteca, Juticalpa y Tegucigalpa para cubrir las necesidades de tipo doméstico, industrial, comercial y agropecuario (13% del riego proviene de acuíferos). Informes técnicos, tal como el de “contaminación salina del acuífero zona el Tular, municipios de San Lorenzo y Nacaome”, informan que es necesario iniciar un programa de monitoreo tanto de niveles de agua de análisis de calidad fisicoquímica y bacteriológica con los pozos de los acuíferos donde existe intrusión salina (desde el océano pacifico), creándose pasos preferenciales que producen la existencia de zonas de agua dulce rodeadas por agua salina, debido a la heterogeneidad geológica de la zona. Estudios de prefactibilidad de suavización del agua en pozos al este de Tegucigalpa, indican la alta contaminación por agua “Dura” en muchas zonas de la capital, con conductividades entre 1000 y 3000 microsiemens por centímetro, como medida indirecta de la salinidad del agua subterránea.

Conforme a dicho documento, se identifican diferentes puntos de contaminación como ser la dureza del agua a nivel nacional, problemas de calidad en el Valle de Choluteca, vulnerabilidad del acuífero de Choluteca, de manantiales en Copán y Ocotepeque, de sabor en pozos de Tegucigalpa, de calidad en la zona Sur, Norte y Central del país, calidad en el Valle de Comayagua, donde destacan: la dureza, agroquímicos, metales pesados, salinidad y sulfatos.

Considerando que las principales ciudades del país, se abastecen de aguas subterráneas, ya en su límite de explotación, debemos vencer la indiferencia, actualizar y aprovechar la información existente, capacitar a nuestros técnicos, y concienciar a los hondureños para utilizar adecuadamente nuestras aguas, si queremos mejorar la salud e impulsar el desarrollo económico y social del país. Cuidemos nuestras aguas, aunque sean de pozo.

 

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