Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río
Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
Volver a: principal > Agua en el cono sur de América
Eduardo Torres, Elena Abraham, Elma Montaña,
Mario Salomón, Laura Torres, Silvia Urbina y María Fusari*. 2003.
El agua en Iberoamérica; Aspectos de la problemática
de las tierras secas. Edit. Alicia Fernández Cirelli y
Elena Abraham. Publ. por CYTED XVII. 17-34.
*IADIZA, Mendoza,
Argentina.
En el marco
de las tendencias hacia la escasez de agua dulce de buena calidad y con
objetivos orientados al uso más eficiente de los recursos hídricos y a la
preservación de las fuentes de agua dulce, el artículo plantea la necesidad de
desarrollar procesos sistemáticos que comprendan: (1) el conocimiento adecuado
del recurso hídrico existente y disponible, (2) de los requerimientos de agua
de las distintas actividades que se desarrollan en cada una de las cuencas y
(3) la compatibilización entre oferta y demanda con una visión de futuro.
Sobre la base
de experiencias desarrolladas por el LaDyOT (IADIZA) en Mendoza, el trabajo
analiza aspectos naturales y culturales del aprovechamiento de los recursos
hídricos superficiales y subterráneos de esas tierras secas del centro-oeste
argentino y sugiere indicadores para el desarrollo del proceso metodológico
enunciado. Propone asimismo el diseño y adopción por parte de los países de
Iberoamérica de indicadores compartidos de uso
del agua que
posibilitarían la comparación de las distintas situaciones presentes y
facilitarían el avance hacia procesos integrales y articulados de gestión de
los recursos hídricos.
Posteriormente,
el artículo expone los fuertes vínculos entre recursos hídricos y ordenamiento
territorial en las tierras secas y la necesidad de reafirmar el rol del Estado
como planificador del uso de los recursos hídricos y del desarrollo territorial
en el marco de objetivos de equidad. A partir de allí, se ahonda en la noción
de “seguridad” respecto al acceso al agua como factor necesario al desarrollo
sustentable de estos territorios.
Palabras
clave: agua, Iberoamérica,
indicadores, equidad social.
Como es
conocido, el agua dulce escaseará cada vez más en el planeta debido
fundamentalmente a dos causas: aumento de población y contaminación de fuentes
actuales de agua dulce. Respecto a la segunda causa es necesario conocer cuáles
son las disponibilidades actuales de agua dulce y las situaciones que se
presentan en cada país respecto al manejo de las fuentes y sus sistema de
distribución y administración. Es necesario contar con indicadores que permitan
advertir cuales son, y sobre todo cuales serán, las ofertas y las demandas de
agua en las distintas regiones de Iberoamérica. Para ello debemos ponernos de
acuerdo en cuales son esos indicadores, para que luego cada país los aplique en
su ámbito y se pueda llegar a hablar un idioma hídrico común en toda
Iberoamérica.
El
diagnóstico indicado anteriormente vale para todos los países de Iberoamérica,
pero tiene marcada significación en los territorios comprendidos en las amplias
zonas áridas y semiáridas. En el caso de Iberoamérica, cuyo territorio tiene
una superficie total de 2.053,4 millones de ha2, las tierras secas ocupan una
superficie de 543 millones de ha3 de las cuales se encuentran afectadas por
desertificación 360 millones de ha. En estas últimas el efecto de las causas
enunciadas será mayor.
En el caso de
Argentina que tiene un territorio continental de 276,7 millones de ha, las
zonas áridas y semiáridas ocupan el 75% del territorio (207,5 millones de ha),
de las cuales, según datos del PAN (1999), 60 millones de ha están en proceso
de desertificación marcado a severo.
Dentro de
Argentina se toma el caso de la provincia de Mendoza como representativo de la
situación que se presenta en las zonas áridas y semiáridas, con un marcado
déficit natural de agua.
En esta
provincia Argentina, donde sólo el 2% de su superficie está irrigada
artificialmente y por lo tanto bajo uso intensivo, se evidencia la necesidad de
lograr un uso mas eficiente de los recursos hídricos y de preservar las fuentes
de agua dulce.
La pregunta
es: ¿Es posible lograr esos objetivos?.., y la respuesta es: ¡Sí!, pero para
ello se deben cumplir antes varias etapas.
La primera de
ellas se refiere a conocer cual es el recurso hídrico existente, vale decir
cual es la oferta de agua en cada una de las cuencas que componen su
territorio. Esta oferta de agua debe conocerse tanto a nivel del agua
superficial como a nivel del agua subterránea, con lo cual se desea evidenciar
la oferta conjunta de agua.
La segunda
etapa a cumplir apunta a conocer cuales son los requerimientos de agua de las
distintas actividades que se desarrollan en cada una de las cuencas, vale decir
cual es la demanda de agua. Los distintos pasos que componen esta etapa se
cumplen a través de censos de población, relevamiento de industrias, medición
de consumos, estimación de los desarrollos futuros, etc. Se tiene por lo tanto
un panorama bastante acertado de las demandas. Sobre la legitimidad social de
estas demandas volveremos en un paso posterior de este trabajo.
La tercer
etapa se refiere a compatibilizar, con una visión a futuro, la oferta con la
demanda. Aquí están comprendidos los programas para lograr un uso más eficiente
de los recursos hídricos, lograr el tan ansiado uso conjunto de los recursos
hídricos superficiales y subterráneos y los referidos a la conservación y
preservación de las fuentes de agua dulce.
Pretender
cumplir estas tres etapas exige desarrollar toda una metodología de evaluación,
donde la identificación de indicadores y su medición a través de los años
resulta imprescindible a los fines de comprobar que las acciones que se desarrollen,
basadas en las recomendaciones a las que se pueda arribar con motivo de la
implementación del proyecto conjunto, apuntan en la dirección correcta.
Considerando
que un indicador es un atributo que permite sintetizar y operar un proceso de
medición sobre una realidad, se intentará establecer un conjunto de indicadores
líderes que resulten sensibles y representativos en la escala de la provincia
de Mendoza.
En materia de
recursos hídricos surge un primer grupo de indicadores básicos, el primero se
refiere a si existen o no registros de variables meteorológicas. Si estos
registros existen es posible calcular un segundo indicador, el déficit hídrico
general de una zona o una cuenca, relacionando la Precipitación (P) y la
Evapotranspiración Potencial (ETP). Para el cálculo de la ETP se puede utilizar
alguno de los métodos corrientes tales como Penman, Thornthwaite, Turc,
Papadakis o Le Houerou. El más sencillo de aplicar es el correspondiente a Le
Houerou 1989, ya que solo es necesario multiplicar la
temperatura media anual (t) por el coeficiente 68,64.
En toda la
provincia de Mendoza impera el clima árido o semiárido, con precipitaciones
altamente variables en el tiempo y el espacio, que van de 100 mm/año en el
norte a 450 mm/año en el sur, y hacia el oeste, en las montañas, registros de
hasta 600 mm/año, existiendo curvas isohietas que cubren todo el territorio
provincial. Otro tanto ocurre con los registros de temperaturas, existiendo
curvas isotermas que cubren toda la provincia.
Ambas
variables han sido registradas en general en todo el territorio nacional, ha
través de estaciones meteorológicas operadas por el Servicio Meteorológico
Nacional y/o por entes provinciales, por lo que se cuenta con datos suficientes
para el trazado de curvas isohietas e isotermas. Ha sido posible entonces
calcular el déficit hídrico que se presenta en todo el territorio nacional y
también confeccionar mapas como el de zonas bioclimáticas de Argentina5 y el de zonas áridas de Mendoza (Figuras 1 y
2).
Figura 1. Tierras secas de Argentina. Fuente:
Roig, Aaaf.., González Loyarte,
M. M., Abraham, E. M., Méndez, E., Roig, V. G.
Y Martínez Carretero, E. 1991.

Figura 2: Zonas de aridez en Mendoza (índice de
aridez = precipitación / evapotranspiración potencial)
Fuente: Roig, F. A., González, L., Abraham, E.
M., Méndez, E., Roig, V. G. y Martínez E., C. (1991)

Registros
meteorológicos Sí No
Déficit hídrico =
P/ETP Sí No
Los cursos de
agua en la provincia de Mendoza tienen régimen nival, vale decir que presentan
mayores caudales en verano, en concordancia con el aumento de las temperaturas
y por lo tanto con la fusión de la nieve y de los glaciares, y menores caudales
en invierno. Las precipitaciones en forma de lluvia que se producen en las
partes altas de las cuencas tienen poca influencia sobre los caudales de los
ríos.
Como se ha
señalado Mendoza es una región semiárida, con precipitación media anual de
Con esa
finalidad se analizará a continuación la situación que se plantea en cada río
de curso permanente cuyas aguas son aprovechadas -Mendoza, Tunuyán, Diamante,
Atuel y Malargüe-. Todos ellos cuentan con obras para el embalse de sus aguas,
y/o con diques derivadores para riego. Además todos estos ríos están
relacionados con embalses subterráneos de los que se extrae agua subterránea
para complementar las dotaciones superficiales (Figura 3).
Figura 3. Oasis artificiales bajo riego. Fuente: LaDyOT, 2003.

Al río
Tunuyán se lo considera dividido en dos sectores, el río Tunuyán Superior y el
río Tunuyán Inferior, siendo el punto de división el embalse Carrizal. El río
Tunuyán Superior riega el oasis del Valle de Uco, en cambio el río Tunuyán
Inferior riega, junto con el río Mendoza, el oasis Norte. El río Tunuyán
Superior, mientras transita por el Valle de Uco, colecta agua de sus afluentes
y drena agua subterránea del embalse subterráneo del Valle de Uco, vale decir
que el derrame de este río a la salida de la Precordillera (542 hm3)
es menor que a la salida del Valle de Uco (1.065 hm3).
• Río Mendoza
El río
Mendoza aforado en Cacheuta tiene un derrame anual de 1.601,19 hm3 y
su curso es regulado por el embalse Potrerillos, recientemente inaugurado, con
una capacidad de almacenamiento de 420 hm3. Aguas abajo se encuentra
el dique derivador Cipolletti, con capacidad de derivación de 80 m3/s.
De este último se desprende una importante red de canales primarios y
secundarios con la finalidad de arrimar agua a los cultivos y a los otros usos:
agua potable, uso industrial y urbano. La red de canales tiene una longitud de
• Río Tunuyán Inferior
El río
Tunuyán inferior tiene un derrame anual de 1.065 hm3 -medido a la
salida del embalse Carrizal- y cuenta con ese embalse, que tiene una capacidad
de 385 hm3, para la regulación de las aguas. Dispone aguas abajo del
dique derivador Tiburcio Benegas que tiene una capacidad de derivación de 60 m3/s,
y del dique derivador Phillips. A partir de estos diques derivadores nace una
red de canales primarios y secundarios de
Ambas
situaciones planteadas, la del río Mendoza y del río Tunuyán inferior están
enlazadas por la naturaleza, ya que las áreas urbanas y rurales servidas por
ambos ríos se asientan sobre el embalse subterráneo norte de la provincia de
Mendoza7 que tiene una extensión de 22.800 km2 y una reserva total
de agua subterránea de 228.000 hm3. Existen aproximadamente 12.800
perforaciones para extraer agua subterránea de este embalse, ya sea en áreas
urbanas, para abastecimiento poblacional, o en áreas rurales, para complementar
las entregas superficiales cuando éstas no alcanzan, o proveer de agua en forma
exclusiva cuando las redes de canales no llegan a las propiedades. Vale decir
que su existencia y explotación ha servido para mantener o ampliar los usos del
agua en la zona.
Esta
situación pone de manifiesto la importancia que tiene el mantener la calidad
del agua subterránea, situación que desde hace un tiempo se ve comprometida
seriamente por la existencia de pozos rotos o mal construidos que desmejoran la
calidad de esas aguas. Este grave problema ya se ha planteado en innumerables
artículos y publicaciones científicas y aún no se soluciona. Esta se logrará
cuando se haga una explotación organizada del agua subterránea, a través de
baterías de pozos de bombeo estratégicamente ubicadas en la cuenca y
continuamente monitoreadas, a fin de evitar o disminuir las explotaciones
atomizadas, sin control, que son las responsables de la contaminación. En otras
palabras, este fenómeno de contaminación paulatina que sufren los acuíferos de
esta cuenca norte de agua subterránea sólo se solucionará cuando se concreten
medidas de control de las explotaciones y se cambie el sistema actual atomizado
y anárquico por otro concentrado y con control por parte de los organismos
específicos. El objetivo es lograr el uso conjunto de las aguas superficiales y
subterráneas, tema muy tratado y discutido pero aún no logrado.
Fuera de la
zona cultivada, en el desierto, se explota agua subterránea en todos los
puestos y caseríos a través de pozos balde - o “pozos indios”- y ramblones,
para bebida de la población y el abrevado del ganado. Los pozos balde tienen
una profundidad de 10 a
• Río Tunuyán Superior
El río
Tunuyán Superior tiene un derrame anual de 542 hm3, medido en el
dique derivador de Valle de Uco, y no cuenta con ningún dique para el embalse
de sus aguas, pero tiene en su cuenca los diques derivadores para riego de:
Valle de Uco con capacidad de derivación de 15 m3/seg; Aguanda,
sobre el arroyo homónimo que es afluente del río Tunuyán Superior, con
capacidad de derivación de 4 m3/s; Yaucha, sobre el arroyo Yaucha,
también afluente del Tunuyán Superior, con capacidad de derivación de 4 m3/s
y Las Tunas, sobre el arroyo del mismo nombre y también afluente del Tunuyán
Superior, con capacidad de derivación de 5 m3/s. De los diques
derivadores se desprende una red de
• Río Diamante
Con las aguas
de este río y la del Atuel, más la subterránea que se explota del embalse
subterráneo Sur a través de 2.800 pozos, se abastecen las áreas urbanas y
rurales de San Rafael y General Alvear.
El embalse
subterráneo Sur tiene una extensión de 13.500 km2 y una reserva
total de agua subterránea de 135.000 hm3
Sobre el río
Diamante, que tiene un derrame anual de 1.169 hm3, se encuentran los
embalses de Agua del Toro (370 hm3), Los Reyunos (244 hm3)
y El Tigre (7 hm3), actuando el primero como embalse de acumulación
de agua y el segundo y tercero como contra embalses, a los fines de maximizar
la generación hidroeléctrica y resolver las demandas para riego y agua potable.
Aguas debajo de Los Reyunos se encuentran los diques derivadores para riego
Galileo Vitali y Vidalino, con capacidades de derivación de 60 m3/s
y 4 m3/s respectivamente, de los cuales se desprende una red de
canales de
• Río Atuel
Sobre el río
Atuel, que tiene un derrame anual de 1.095 hm3, se han construido los embalses
de Nihuil (260 hm3) y Valle Grande (160 hm3), actuando
este último como contra embalse del primero. Sobre el lecho del río y entre
ambos diques señalados se han construido las centrales hidroeléctricas de
pasada Nihuil I, Nihuil II, Nihuil III y Nihuil IV. El conjunto permite
maximizar los aprovechamientos hidroeléctricos y abastecer las necesidades de uso
público, agua potable y de riego. Aguas abajo se encuentra el dique derivador
de Rincón del Indio, del que nace una red de canales de
• Río Malargüe
El río
Malargüe tiene un derrame anual de 305 hm3 y no tiene en su curso
ningún embalse para el almacenamiento de sus aguas. Cuenta sin embargo, a la
salida de la cordillera con el dique derivador Malargüe, que tiene una
capacidad de derivación de 5 m3/s, de donde nace una red de canales
de
Con las aguas
de este río y la que se extrae del embalse subterráneo de Malargüe a través de 800
pozos, se abastece a la ciudad de Malargüe y al área cultivada adyacente,
caracterizada por los cultivos de papas para semilla.
Se explota
agua subterránea para complementar las entregas superficiales o para abastecer
completamente los usos para agua potable, uso industrial y uso agrícola. El
embalse subterráneo de Malargüe tiene una extensión de 7.000 km2 y
almacena un volumen de agua subterránea de 70.000 hm3, que denota la
importancia del mismo como fuente segura para el abastecimiento de agua.
En la cuenca
de Malargüe se encuentra la Reserva Faunística Laguna de Llancanelo, creada por
Decreto N° 9 del año 1980. Esta Reserva ha sido declarada además Sitio Ramsar,
como humedal de importancia mundial. Esta laguna se recarga principalmente con
parte de las aguas del río Malargüe, más la subterránea proveniente de las
infiltraciones de los ríos Salado y Atuel (en la zona de Las Juntas) y la de
los arroyos Manzano y Chacay (a la salida de la cordillera). Vale decir que a
la laguna de Llancanelo convergen tanto escurrimientos superficiales como
subterráneos.
• Ríos Grande y Barrancas
Los caudales
de los ríos Grande y Barrancas, afluentes del río Colorado, forman parte del
Convenio Interjurisdiccional por las aguas de la cuenca del río Colorado
(COIRCO) a través del cual a la provincia de Mendoza le ha correspondido un
caudal de 34 m3/seg a retirar del río Grande. Si bien en su momento
la empresa Agua y Energía Eléctrica de la Nación y mas recientemente la
provincia de Mendoza han realizado estudios con la finalidad de concretar el
trasvase de ese caudal a la cuenca del río Atuel, aún la obra no se concreta y
la provincia de Mendoza no hace uso de ese importante caudal de agua que
posibilitaría la ampliación de la superficie cultivada en los departamentos de
Malargüe, San Rafael y General Alvear.
Teniendo en
cuenta los caudales medios anuales de los ríos de la provincia de Mendoza, la
concreción de la obra de trasvase tendría los efectos de sumar un río más a la
realidad hídrica provincial. Detalle de los ríos de la provincia (Figura 4):
Figura 4: Detalle de los ríos de la provincia.
Fuente: División Hidrología, Departamento
General de Irrigación. Estadísticas
Hidrológicas 1994, Secretaría de Energía de la Nación.

Los cursos
permanentes de agua en la provincia de Mendoza tienen régimen nival, vale decir
que presentan mayores caudales en verano, en concordancia con el aumento de las
temperaturas y por lo tanto con la fusión de la nieve y de los glaciares y
menores caudales en invierno.
Estas
variaciones estacionales en los caudales actúan directamente sobre el carácter
químico de las aguas de los ríos. En el caso de la salinidad total, ésta es
mayor en invierno que en verano.
Las
características químicas del agua superficial8 se
presentan predominantemente cálcica sulfatada y eventualmente cálcica sódica,
con pH que varían entre valores de
Existe una
densa red de cursos superficiales que sólo conducen agua durante las lluvias.
Algunos nacen en las zonas elevadas - áreas de cordillera y cerros - donde la
inclinación de las formaciones superan el 1% de pendiente y otros nacen en las
zonas de llanuras, donde las pendientes no superan el 1%. En ambos casos la
circulación del agua es consecuencia de que la tasa de precipitación supera a
la tasa de infiltración. Las características de las formaciones rocosas de las
áreas de alimentación y circulación y el caudal de la corriente de agua
determina la carga sólida de la misma.
En algunos
casos los cauces efímeros pierden su caudal por infiltración y evaporación
antes de alcanzar un curso de agua permanente y en otros casos estos caudales
temporarios pasan a engrosar los caudales permanentes de ríos y arroyos. En las
áreas de elevadas pendientes se potencian los procesos de erosión y transporte
y en las áreas de baja pendiente tienen preponderancia los procesos de
sedimentación.
En las zonas
de llanura existe una práctica medianamente implementada por los pobladores que
consiste en conducir esas corrientes efímeras hacia zonas topográficamente
bajas, donde el agua se acumula y es utilizada para bebida de los propios
pobladores y los animales.
No existe una
práctica generalizada de aprovechar las corrientes efímeras en las zonas de
cordillera y cerros a través de cierres o tapones en los cursos. Esto puede ser
debido a que las obras de este tipo que se han construido han sido erosionadas
por el agua de alguna intensa tormenta y se ha perdido el trabajo realizado.
Esto podría corregirse con un diseño adecuado del cierre del cauce, que
posibilite el desvío de las aguas que excedan la capacidad del vaso, actuando a
modo de aliviadero de la obra.
Los caudales
de los cursos temporarios dependen del área de la cuenca de alimentación, de la
intensidad y duración de la precipitación y de las características de los
suelos y cobertura vegetal. Cuando el área de alimentación es grande, con
suelos de baja o nula permeabilidad, con pendientes mayores al 1% y escasa
vegetación, están dadas las condiciones para que las precipitaciones, por
pequeñas que sean, induzcan escurrimientos de importancia. Por el contrario si
en la superficie de las cuencas de alimentación predominan los suelos con
elevada permeabilidad, baja pendiente y elevada cobertura vegetal, tendrá mayor
magnitud la infiltración del agua en el subsuelo.
Las
características químicas de las aguas de esas corrientes temporarias dependen
de las rocas que forman la superficie de la cuenca y de los procesos antrópicos
que se hayan desarrollado en sus superficies.
Si bien todo
el territorio de la provincia de Mendoza está clasificado como zona árida o
semiárida, el volumen de agua potable que consume cada habitante en el
principal centro urbano, el Gran Mendoza, no condice con aquella clasificación.
Según los
registros aportados por la empresa que tiene la concesión de ese servicio9
Obras Sanitarias Mendoza, el consumo en la época estival llega a
Sin lugar a
dudas, este es un aspecto a resolver en el futuro inmediato ya que la población
del Gran Mendoza continuará aumentando y las fuentes de agua dulce tienen una
disponibilidad acotada.
A modo de
aproximación a un balance hídrico de la provincia se puede indicar que el
déficit de abastecimiento10 de agua que tienen los
derechos en uso en la provincia es de 380 hm3. Esta
cifra surge de confrontar la demanda total de agua para todos los usos con los
derrames medios posibles de distribuir.
El oasis
irrigado que tiene el mayor déficit es el del norte de la provincia, en donde los
caudales superficiales son complementados con volúmenes muy importantes de agua
subterránea. La extracción anual de agua subterránea en este oasis es de
aproximadamente 350 hm3 y se
realiza principalmente en los períodos de primavera y verano. Vale como ejemplo
lo ocurrido en el año 1971, de intensa sequía, en donde el reservorio
subterráneo Norte aportó 900 hm3 de agua dulce.
Al considerar
como déficit lo que aporta el sistema subterráneo pone de manifiesto que el uso
conjunto de recursos hídricos superficiales y subterráneos no se considera como
esquema básico de aprovechamiento, situación que se señala como errónea ya que
el recurso hídrico es uno solo, sin importar que se encuentre en superficie o
en el subsuelo.
Según datos
publicados en medios de comunicación de la provincia de Mendoza, la eficiencia
global en el uso del agua para riego, en el oasis Norte, está en el orden del
35%, cifra que por si misma indica que los sistemas de distribución y de uso
del agua en las propiedades deben ser estudiados y mejorados.
Los efluentes
cloacales e industriales que se generan en los oasis irrigados, si son tratados
convenientemente, se convierten en una fuente de agua superficial para el riego
de cultivos restringidos especiales. De esta forma se están solucionando dos
problemas al mismo tiempo, por un lado los efluentes en sí mismo, que si no son
tratados convenientemente y reusados en irrigación, se convierten en una fuente
permanente de contaminación de cauces superficiales o de reservorios
subterráneos, por otro lado al permitir el reuso de esos efluentes se está
proveyendo de agua para los cultivos seleccionados.
Esta práctica se desarrolla en la provincia de Mendoza y gracias a ella se dispone de
recurso hídrico para regar
Las aguas de
riego, una vez que han sido utilizadas en sus destinos iniciales, pueden
producir sobrantes que salen del ámbito de la propiedad. Esta es un agua que no
se ha infiltrado y por lo tanto mantiene las características químicas del agua
de riego.
Otro caso
distinto es cuando las aguas de riego se infiltran, colman la capacidad de
campo de los terrenos y producen un flujo de aguas subterráneas correspondiente
al nivel freático. Si este nivel freático está a poca profundidad produce los
consabidos problemas de salinización de la superficie de los terrenos –salitre-
y el ahogo de las plantas. El remedio para esta situación es construir redes de
drenaje para bajar ese nivel freático y producir a su vez la evacuación de esas
aguas fuera de los límites de las áreas cultivadas. Estos drenajes por lo
general tienen una salinidad elevada, compatible con las sales que han
incorporado en su recorrido por el subsuelo.
Ambas
situaciones pueden llegar a sumar sus efectos dando por resultado un caudal de
agua que puede ser reutilizado en la agricultura, siempre y cuando los cultivos
acepten la salinidad del agua resultante.
En el caso
del oasis Norte de la provincia se ha estimado que los caudales
correspondientes a colectores y drenajes13 que
salen del área cultivada son del orden de los 45,68 hm3 al año. Esta agua escurre hacia el confín de la
cuenca y vierte al sistema lagunar del río Mendoza.
En la
provincia de Mendoza las investigaciones del agua subterránea comienzan
ordenadamente a fines de la década del
A través de
estudios geológicos e hidrogeológicos se han logrado identificar los grandes
reservorios de agua subterránea, calculando las áreas que abarcan, como así
también conocer los espesores saturados y los coeficientes de almacenamiento. Todo
esto ha permitido calcular los volúmenes de agua almacenados en las formaciones
permeables correspondientes a los grandes embalses subterráneos de la provincia14, que ocupan el 49,31% de su territorio. Se ha
calculado que el volumen total de agua almacenada es del orden de los 701.000
hm3. A los fines prácticos, compatibles con su
extracción para irrigación y bebida, ese volumen se reduce a 21.323 hm3, considerando este último valor como el representativo del volumen de agua
subterránea almacenado en el subsuelo que se puede extraer fácilmente, a través
de sencillas obras de captación.
El reservorio
que tiene la mayor explotación es el que corresponde al embalse subterráneo
Norte, siendo posiblemente ésta la razón por la cual es el más estudiado. Tanto
los niveles estáticos del agua subterránea como la calidad química del agua son
monitoreados, en general, dos veces al año, lo que ha permitido obtener
registros de las variaciones que han experimentado ambos parámetros a través
del tiempo. Esas mediciones comienzan a fines de la década del 60´ y con
algunas interrupciones se continúan aún en el presente.
En este
embalse subterráneo Norte, en las zonas de acuíferos semiconfinados y
confinados, se han logrado identificar tres niveles principales de extracción
de agua subterránea, en correspondencia con tres niveles del subsuelo donde se
ubican los paquetes sedimentarios más permeables. La profundidad de estos tres
niveles cambia dentro de la cuenca en correspondencia con los cambios debidos a
los procesos que los han generado.
Los niveles
identificados en general se ubican, el primero entre 60 y
En el resto
de los embalses subterráneos de la provincia, que presentan condiciones
hidrogeológicas similares al embalse Norte, pero que son mucho menos
explotados, no se han definido distintos niveles de extracción del agua
subterránea.
Figura 5.- Reservas totales y económicamente
explotables de agua subterránea en la provincia de Mendoza

En los oasis
bajo riego artificial los pozos para extraer agua subterránea en general son
construidos con máquinas de perforar y se encuentran entubados con cañerías de
acero y filtros estratégicamente ubicados y extraen caudales entre 50 y 300 m3/h,
a profundidades que van de los
Se advierte
la importancia que tiene la reserva de agua dulce, almacenada en los acuíferos
subterráneos, al compararla con la capacidad total de almacenamiento de agua de
los embalses superficiales (Nihüil, Valle Grande, Agua del Toro, Los Reyunos,
Carrizal, Potrerillos) que es sólo de 1.800 hm3.
Existen
varias causas por las que se pierde agua subterránea dulce, dos de ellas son
muy importantes, se pueden remediar, y demandan urgente solución. La primera se
refiere a que una proporción cercana al 35% de los pozos que explotan agua
subterránea se encuentran fuera de servicio debido a distintas causas, entre
las que se destaca su abandono por salinización del agua que producen. Esa
salinización proviene de la comunicación que se ha establecido entre los
distintos acuíferos debido a fallas en la construcción de los pozos o por
roturas por corrosión de sus cañerías de aislación. La comunicación puede ser
por dentro de las cañerías (roturas por corrosión) o por los espacios anulares
(inexistencia o fallas en las cementaciones de aislación).
Lo más
lamentable es que esa comunicación produce un flujo continuo de agua
subterránea entre los distintos acuíferos, que tienen distintos potenciales
hidráulicos, se encuentren o no los pozos en producción. Si no están en
producción la dirección del flujo de agua será desde los acuíferos más
profundos hacia los más superficiales. Por el contrario, si los pozos están
bombeando, vale decir extrayendo agua del subsuelo, la dirección es desde los
acuíferos no explotados hacia el que está siendo explotado. Lógicamente, las
diferencias entre los potenciales hidráulicos se incrementan al bombearse los
pozos, siendo por esta causa aún mayores los volúmenes de agua que se
transfieren entre los distintos acuíferos.
Debido a esa
comunicación se están salinizando paulatinamente acuíferos de agua dulce, que
hasta hace poco tiempo se explotaban para irrigar cultivos y para provisión de
agua potable.
Esta circunstancia
está produciendo una pérdida de fuentes de agua dulce que no podrán disponerse
en el futuro, salvo que se tomen urgentes medidas para reducir al mínimo
posible el número de pozos en producción y se controle que los mismos estén
bien construidos y no permitan la comunicación entre distintos niveles
acuíferos.
La segunda
causa se refiere a la falta de coordinación en las explotaciones de los
embalses superficiales y los subterráneos.
En el año
1971, de intensa sequía, el reservorio subterráneo Norte aportó 900 hm3 de agua dulce, que sirvieron para suplementar
los escasos derrames de los ríos Mendoza y Tunuyán inferior. En un año de
condiciones climáticas medias este reservorio aporta un volumen promedio de 350
hm3 de agua, que se utiliza para irrigar los
cultivos, uso industrial y provisión de agua potable.
Todos los
embalses subterráneos están relacionados naturalmente con cursos de agua sobre
los que existen embalses superficiales. Esta relación es la que permite
proyectar su operación coordinada, con el fin de aprovechar al máximo sus
posibilidades de regulación, para guardar agua en los años hidrológicamente
ricos y explotarla en forma conjunta y planificada en los años de sequía.
Ambas
circunstancias, la comunicación entre acuíferos y la falta de coordinación en
la explotación de los embalses, redundan en una pérdida de agua dulce que debe
ser remediada lo más pronto posible.
La gestión de
los recursos hídricos en Mendoza15 se encuentra muy dispersa,
si bien es el Departamento General de Irrigación (DGI) el administrador
mayorista de los recursos hídricos y generador de la política hídrica en la
Provincia, en la realidad su responsabilidad se encuentra muy dispersa debido a
la cantidad de organismos que superponen sus funciones. Es así que en temas
ambientales existe la Subsecretaría de Medio Ambiente en el Ministerio de
Ambiente y Obras Públicas que tiene competencias en temas vinculados con el
agua, de igual forma los Municipios tienen oficinas en los que se controla el
ambiente y la calidad del agua, además existe otro ente oficial denominado Ente
Provincial del Agua y del Saneamiento (EPAS) que también incursiona en la
calidad. Esta situación le reduce competencias al DGI y esto se pone en evidencias
en la falta de una política ambiental coordinada que se implemente a nivel
provincial y que ponga orden en los vicios de la oferta, demanda y
contaminación del recurso hídrico.
Esta
situación se produce debido a que la provincia de Mendoza posee una ley de
aguas del año 1884 que fue una copia de la ley de aguas de España del año 1879.
Lamentablemente
hasta el presente no hubo en esta ley, tal como sucedió en España, una debida
actualización lo que ha provocado una verdadera anarquía en la administración
del recurso. Mendoza en la actualidad posee una ley para una sociedad colonial
agrícola en un momento en que la sociedad es más compleja y con una
organización urbano-industrial agrícola que no existía en la época que se
sancionó la Ley de Aguas. Esta situación ha traído como consecuencia la
imposibilidad de mantener la calidad del agua dentro de las pautas modernas y
por ello se están produciendo fuertes impactos que a la larga traerán como
consecuencia la disminución del volumen de agua a disposición de los habitantes
locales y una fuerte disminución de las posibilidades de desarrollo económico
en la región.
a) Para la caracterización de las cuencas
¨
Densidad
de corrientes = n° de cauces permanentes y no permanentes/área
¨
Densidad de
drenaje = longitud de los cauces perm y no permanentes/área
¨
Pendiente
cauce principal = Dif altura puntos extremos/long del cauce
¨
Tiempo en
que circula agua por el cauce: perennes, efímeros o intermitentes
¨
Por su
posición topográfica o edad geológica: montaña (juveniles), transición
(maduros), planicie (viejos)
b) Para la
caracterización de los cuerpos de agua
¨
Aguas en
movimiento
¨
Aguas
estancadas
c) Para la
caracterización de la cantidad de agua disponible
¨
Existencia
de redes de monitoreo en operación
¨
Variaciones
en el balance hídrico superficial
¨
Variaciones
en el balance hídrico subterráneo
¨
Variaciones
en los cuerpos de agua (lagos, lagunas, embalses, humedales)
d) Para la
caracterización de la calidad de las aguas
¨
Existencia
de redes de monitoreo en operación
¨
Variaciones
en la salinidad (conductividad eléctrica, µ½/cm)
¨
Contaminación:
inorgánica u orgánica, natural o antrópica
e) Para la
caracterización del uso y administración del agua
¨
Río –
Embalse regulador Si No
¨
Río –
Embalse derivador para riego Si No
¨
Río – Área
asociada cultivada Si No
¨
Río – Agua
potable Si No
¨
Río – Uso
industrial Si No
¨
Río –
Recarga embalse subterráneo asociado Si No
¨
Río –
Embalse subterráneo – Uso conjunto Si No
¨
Río –
Administración Si No
¨
Río –
Manejo por cuenca Si No
f) Para la
caracterización del uso del agua en los oasis irrigados
¨
Agua
potable
¨
Consumo
medio por habitante
¨
Políticas
para aumento de eficiencias
¨
Tratamiento
de efluentes
¨
Agua para
uso industrial
¨
Volúmenes
disponibles por actividad industrial
¨
Circuito
cerrado o abierto
¨
Tratamiento
de efluentes
¨
Agua para
riego
¨
Sistemas
de riego
¨
Riego a
manto
¨
Riego por
goteo
¨
Riego
presurizado
¨
Políticas
para el aumento de las eficiencias
¨
Reuso de
sobrantes
g) Para la caracterización
del uso del agua fuera de los oasis irrigados
¨
Sistemas
de captación
¨
pozos
balde
¨
ramblones
¨
represas
¨
Destino
del agua
¨
Tratamientos
de potabilización
h) Tecnologías
Alternativas
¨
Cámaras
porosas
¨
Captación
de aguas de lluvia
¨
Captación
del rocío por condensadores
¨
Perlas
para forestación con riego inicial
¨
Diques en
subálveos
El agua es un
recurso que debe ser preservado en todo el planeta. Esta afirmación toma
marcada significación en el caso de las tierras secas, en donde el agua es un
recurso estratégico que debe ser manejado con equidad social.
Una de las
misiones más importantes del Estado es la de planificar, con visión a futuro,
el desarrollo del territorio, para lo cual, y en el caso de las tierras secas es
imprescindible, debe planificar el uso del agua. Esta debe ser la gran política
que desvele a los dirigentes, para lograr brindar seguridad a los pobladores y
conseguir el desarrollo económico de la sociedad.
Tal como lo
señala el Dr. César Magnani en uno de sus escritos, citando un concepto del
filósofo inglés Bertrand Russell “Un país carente de políticas, se asemeja a un
hombre que camina mirándose los pies, sabe quizás donde pisa, pero no hacia
donde se dirige...”. Las políticas en materia de recursos hídricos deben
señalar caminos posibles de transitar, con el objeto de lograr una mejor
calidad de vida de todos sus habitantes, basadas en las seguridades que ofrece
la naturaleza y en la inteligencia de sus habitantes.
Como es
sabido, las precipitaciones en las tierras secas son escasas, altamente
variables en el tiempo y el espacio y no alcanzan para sustentar las
actividades de sus pobladores, situación que se advierte fácilmente en el caso
de la agricultura. Vale decir que las precipitaciones no ofrecen las
seguridades imprescindibles para el desarrollo de las actividades humanas. Es
por eso que el hombre ideó técnicas para el aprovechamiento del agua de sus
ríos, sabiendo de antemano que los caudales de esos ríos también eran escasos y
variables.
Si se aceptan
como razonables los cómputos efectuados sobre la existencia de agua en el
planeta16, que señalan que del total de agua sólo el 3%
corresponde a agua dulce y de ese porcentaje el 1% corresponde a agua dulce
superficial de fácil acceso, mientras que las existencias de agua subterránea
son del 20%, se comprende por qué el agua subterránea ofrece las seguridades
que no brindan otras fuentes.
En el caso de
la provincia de Mendoza se ha indicado que los grandes reservorios subterráneos
cubren el 49,31% de su superficie y almacenan un volumen de 701.000 hm3 de agua dulce. Todo esto frente a caudales muy variables y pequeños de sus
ríos, a una capacidad de todos los embalses superficiales de tan sólo 1.800 hm3 y a valores de precipitación muy por debajo de
los necesarios para el desarrollo de cultivos de alto valor.
Esto está
indicando que el agua subterránea es y será la fuente segura para el
abastecimiento de agua para usos urbanos, industriales, ganaderos, mineros,
agrícolas y de recreación, sin pensar que ésta sola fuente pueda sustentar
todos esos usos, pero sí está indicando que explotada en conjunto con los
recursos superficiales brinda la seguridad necesaria que necesitan los
distintos aprovechamientos.
CIA, 2002. The World Factbook. En : www.cia.gov/cia/publications/factbook/index.html
Chambuleyron, J.,
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the Arid Lands of the World. En:
www.unesco.org.uy
1 Superficie de
todos los países de Iberoamérica: Sur América, Centro América, Islas del Caribe
y México
2 Fuente: Torres,
Eduardo(2003) Cálculo elaborado en base a datos de: Research Guide to the Arid
Lands of the World.UNESCO(1997);CIA-The World Factbook 2002.
3 UNEP, 1990. The Assessment of Global
Desertification: Status and Methodology. Nairobi,
15-17 feb., 61p.
4 Le Huerou, H.N.
Classification écoclimatique des zones aride (s.l.) de L´Afrique du Nord.
Ecología Mediterránea,XV (3/4): 95-144
5 World Atlas of
Desertificatión. United Nations Environmental Programe. 1992. Pag 50 Argentine
Bioclimatic Zones y Aridit zones in Mendoza (index P/PET)
6 Fuente:
Departamento General de Irrigación. Año 2002
7 Argentina:
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Hidrogeología. E Torres,Zambrano J. 2000
8 Plan Estratégico
de Mendoza 2010.Oferta Hídrica. Chambouleirón J. 2001
9 Diario Los Andes,
23/03/2003
10 Plan Estratégico
de Mendoza 2010.Oferta Hídrica. Chambouleirón J. 2001
11 Diario Los Andes,
23/03/2003
12 Departamento
General de Irrigación de la Provincia de Mendoza. Reuso Agrícola de Efluentes
Cloacales e Industriales. 2002
13 Evaluación del
recuso hídrico del sistema lagunar del río Mendoza. Lavalle. E Torres, Alvarez
A, Torres M L.CIUNC.1992
14 Argentina,
recursos y problemas ambientales de la zona árida. Tomo I. Hidrogeología.
Torres, E; J. Zambrano 2000
15 Plan Estratégico
de Mendoza 2010.Oferta Hídrica. Chambouleirón J. 2001
16 Atlas of the environment 1990
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