Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río
Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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> Agua en
el cono sur de América
Alexia
Giménez. 2002. SIAV, Servicio de
Información Agronómica (Virtual), Facultad de Agronomía, UBA
La
acumulación de nutrientes en lagos y ríos permite la multiplicación de la vida
acuática, pero les quita transparencia y en forma excesiva puede provocar la
aparición de cianobacterias potencialmente tóxicas. Los investigadores
advierten que faltan controles en las cuencas de drenaje.
Las
voluminosas descargas de efluentes con nutrientes y materia orgánica sin tratar
en lagos, ríos y embalses están generando cambios indeseables en las aguas del
centro y norte del país. Estas cargas diarias son ni más ni menos que
fertilización para los vegetales, que ya están dando señales de su veloz
crecimiento al reflejar su color en la superficie. La pérdida de transparencia,
la mortandad generalizada de peces y la aparición de algas que pueden ser perjudiciales
para la salud humana son las principales consecuencias que empezaron a emerger.
"El
río Salado, por sus altos niveles de fósforo y nitrógeno, es una especie de
cloaca a cielo abierto, pero a diferencia del Riachuelo, se mantiene
generalmente verde debido a las cianobacterias, algas potencialmente
tóxicas", revela el doctor Rolando Quirós, investigador del CONICET, y
agrega que las lluvias ayudan a detener este proceso y a renovar el agua.
Las
lagunas de la Región Pampeana y los embalses del noroeste son los más afectados
por este fenómeno que está directamente vinculado con la agricultura y con la
concentración urbana. En las áreas rurales, los restos de fertilizantes del
suelo son arrastrados por la escorrentía superficial y subsuperficial hasta la
cuenca de drenaje y generan un efecto multiplicador de la flora y fauna
acuática. Lo mismo ocurre en las ciudades con los escurrimientos domiciliarios
e industriales sin purificar, que además de nutrimentos llevan sustancias
orgánicas tóxicas. "A menos que se tomen medidas, la situación va a
empeorar en el futuro", advierte Quirós, quien también es profesor titular
de la cátedra de Sistemas de Producción Acuática de la Facultad de Agronomía de
la UBA (FAUBA).
El
enriquecimiento de las aguas con nutrientes es conocido científicamente como
eutrofización y antes requería de cientos de miles de años para producirse.
Pero en las últimas cuatro décadas, los investigadores observaron, en todo el
mundo, que la acción humana sobrecargó los cuerpos de agua elevando sus niveles
naturales.
"Los
registros de hipereutrofización que detectamos en el alto río Salado, en el
Noroeste y en las lagunas pampeanas se encuentran entre los más elevados
reportados en el mundo. La producción de algas es tan alta que cuando se mueren
prácticamente se consumen todo el oxígeno y esto puede causar la asfixia de
algunas especies de peces que, como el pejerrey, requiere de aguas más
oxigenadas", señala Quirós, que en los últimos años ha focalizado sus
trabajos en los ecosistemas acuáticos pampeanos y ha analizado, a través de
muestreos tanto extensivos como intensivos, el estado de más de cuarenta
lagunas.
El
panorama no es mejor para los próximos años. El investigador explica que existe
un proyecto para drenar gran parte de los humedales del río Salado y
convertirlo en lagunas embalsadas y arroyos interconectados. La idea es
canalizar el río y que todo lo demás quede seco para producir una gran llanura
apta para el cultivo de cereales y la producción animal.
"Cuando
toda esa carga de nutrientes entre, junto con el Salado, en la bahía de
Samborombón se va a generar un gran agujero de oxígeno. La eutrofización de la
zona costera del Río de la Plata va a ser mucho mayor y se van a destruir áreas
de cría de peces que se pescan en el océano o en la boca del estuario, como la
corvina rubia", anticipa.
Los lagos y embalses de la Planicie Patagónica se consideran poco perturbados, según el análisis realizado por los investigadores de la FAUBA. Salvo algunas pocas excepciones, su estado es mesotrófico, un nivel medio de la escala establecida por los científicos. La situación de los lagos de los Andes Patagónicos, en tanto, se caracteriza como oligotrófica, es decir, aguas profundas con escasa cantidad de sustancias nutritivas y baja producción de fitoplancton.
Según
relata Quirós, este problema empezó fundamentalmente después de la revolución
verde. A partir de la década del setenta, las aguas comenzaron a cambiar su
tonalidad. En los años ochenta, los países desarrollados, notaron que sus
lagos, naturalmente templados y transparentes, se volvían verdes e iniciaron la
búsqueda por solucionar y mitigar el problema. La situación se modificó
relativamente poco en 30 años. Hoy, los ríos, los estuarios, las zonas
costeras, y hasta los océanos presentan estados de eutrofización acelerada.
Pero
esta señal de alarma fue recibida sólo por los países desarrollados, mientras
que los más pobres de Asia y África no tomaron ningún recaudo. "Más de la
mitad del mundo considera a la eutrofización leve como buena, porque más
nutrientes significan más biomasa de peces, moluscos y crustáceos, que son una
fuente de alimento alta en proteínas y de bajo costo", compara el
investigador.
Sin
embargo, a medida que hay más algas en el ambiente acuático, los costos de
tratamiento para potabilizar el agua son más altos y empiezan a predominar
organismos que pueden perturbar el funcionamiento del ecosistema y poner en
riesgo la salud humana.
¿Cómo
se puede controlar la eutrofización? El doctor Quirós explica que se deben
reconocer las fuentes de descarga de nutrientes. Existen algunas más fáciles de
identificar que son aquellas que ingresan a través de conductos y que permiten
colocar una planta de tratamiento en la punta. De esta manera, se puede
disminuir la materia orgánica en descomposición que es lo más peligroso para la
salud pública. En casos más extremos se pueden instalar plantas de depuración para
extraer las sustancias contaminantes, pero es un proceso más caro. "Estos
son métodos de manejo común de protección que utilizan los países
desarrollados. En la Argentina el control es muy pobre", subraya.
Otras
fuentes de descarga son más difíciles de controlar. El agua que circula por los
campos fertilizados, sobre todo a medida que los suelos se saturan de fósforo,
arrastra buena parte de esos nutrientes que, junto con los compuestos orgánicos
de uso agrícola, desemboca en ríos y lagunas. Para evitar estos efectos se han
desarrollado diversas técnicas de prevención como el dejar áreas de vegetación
palustre de unos
Estas
prácticas podrían instrumentarse en la Argentina si se lograra un acuerdo entre
el Estado y los productores, que normalmente pasan la maquinaria hasta el borde
de arroyos y lagunas sin dejar barreras de retención. El investigador indica
que esta política se está adoptando en países avanzados y que el Estado debería
generar legislación sobre el uso de la tierra y crear un Comité de Cuenca, que
tenga autoridad para establecer, por ejemplo, dónde y cómo se instala un
feedlot (sistema intensivo de cría de animales) y acordar con las asociaciones
de productores para que dejen zonas filtro.
"El
agua refleja todas las actividades que se realizan en el ecosistema terrestre,
entonces hay que empezar tomando la cuenca como una unidad de manejo, un todo,
tierra y agua. Hay que identificar cuáles son los sitios que producen los
vertidos más importantes y jerarquizarlos. Esto debería ser una política
nacional y también la forma en que la sociedad tome conciencia de que la
eutrofización es un problema", concluye el especialista.
¿Cuál ha sido
la visión desde el Estado con respecto a este tema? "No se han realizado
planes para evaluar los niveles de eutrofización de las aguas en la
Argentina", responde la doctora Laura Luchini, directora del Programa de
Acuicultura de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la
Nación (SAGPyA).
"Desde el punto de vista productivo, es un fenómeno que se considera
menos relevante. Un río puede tener un florecimiento algal en una época del año
por exceso de fósforo, pero que luego puede desaparecer, como ocurre con el
embalse de Salto Grande -agrega-. En cambio, las lagunas que se vuelven
eutróficas, por su baja profundidad, no pueden volver fácilmente a su estado
original".
Luchini asegura que los ambientes eutrofizados no son los más propicios
para el desarrollo de la acuicultura y en otros ambientes más prístinos se
aplican medidas preventivas para evitar su alteración, como la determinación de
su capacidad de carga. Con la medición de ciertos parámetros físicos y químicos
se puede conocer la carga con nutrientes que un cuerpo de agua puede soportar
sin degradarse. "Hasta el momento, un estudio de este tipo se hizo
únicamente en la provincia de Neuquén, en todos sus embalses hidroeléctricos
con potencial para el cultivo de truchas, aunque sólo el de Alicurá está en
explotación. Este embalse tiene una producción de 900 toneladas anuales, pero
puede llegar a las 3600", sostiene.
"Lo que tenemos que hacer es lograr que el Estado invierta para ir
evaluando las capacidades de carga en otras provincias, pero es difícil de
conseguir porque se trata de análisis costosos y hay pocos equipos trabajando
en acuicultura en el país -comenta Luchini-. Ahora estamos haciendo las
reuniones preliminares para un programa de estudio de la Cuenca del Paraná
junto con seis provincias del litoral. Queremos saber cómo están las pesquerías
en relación con el deterioro del ambiente".
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