Ana Primavesi y Odo Primavesi. 2006. LEISA Revista de Agroecología, 18(1).
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Introducción
En la naturaleza
nada funciona aisladamente, todo depende de los factores presentes. En la
producción animal, para optimizar el rendimiento del ganado, es muy importante
manejar prácticas que tratan de incrementar el funcionamiento ecológico de la
red de organismos vivos dentro del sistema de producción (clima, suelo y vida
en el suelo, vegetación y ganado), influyendo en sus interacciones. En este
artículo examinamos algunas de esas interacciones y demostramos cómo, en
Brasil, pueden ser optimizadas de una manera ecológicamente sólida.

Los animales necesitan la
sombra de los árboles para sentirse cómodos.
(Fotografía: Ana Primavesi)
Adaptando pastos al
suelo y el ganado a los pastos
La crianza de
ganado es una actividad muy costosa cuando primero se selecciona la raza de
ganado, luego el pasto adecuado para esa raza y, al final, se modifica el suelo
con cal y fertilizantes para hacer que el pasto crezca. Pero el orden debería
ser invertido: El pasto es el que tiene que estar adaptado al suelo y el ganado
al pasto; y todo ello ser compatible con el clima. En la zona de clima
tropical, las razas europeas sólo deben ser usadas para cruzarlas con el ganado
cebú. La raza con el mejor rendimiento no es la raza más productiva, pero sí es
la raza que se adapta mejor a las condiciones ecológicas, al suelo y a los
pastos existentes.
Incrementando la
disponibilidad del agua para el crecimiento de las plantas
El
rendimiento de las plantas forrajeras depende mucho de la disponibilidad del
agua. En las áreas áridas de Brasil, especialmente, se puede incrementar la
disponibilidad del agua mejorando la permeabilidad del suelo y su capacidad de
almacenamiento. Una vegetación de cobertura y sus residuos mejoran la
estructura del suelo y, por lo tanto, incrementan la circulación del aire y del
agua, como la capacidad de almacenamiento, necesarios para el metabolismo y la
nutrición eficiente de las plantas. En un suelo bien estructurado, las raíces
son capaces de explorar un mayor volumen del suelo para captar más agua y
nutrientes. Por eso, las plantas pueden desarrollarse mejor y verse menos
afectadas por las sequías. Al integrar cultivos de raíces profundas y árboles
en el sistema de pastizales, se incrementará aún más la producción de biomasa y
el rendimiento global del sistema.
Las plantas
absorben agua del suelo y la transpiran y cuando el aire está saturado con
vapor de agua, las plantas no pueden transpirar más. Pero cuando el viento
dispersa el vapor de agua, absorben más agua del suelo y transpiran más hacia
el aire, secando así el suelo. En Brasil, en casos extremos, en un año el
viento puede substraer del ambiente hasta 750 mm de agua. Si se plantan
arbustos y árboles como protección contra el viento y las brisas, se reduce
fuertemente la transpiración y la pérdida en los pastizales, y de esta manera
se conserva el agua disponible para el crecimiento de las plantas.
Intensificando el
micro-clima para disminuir el estrés
Cuando la
temperatura de la superficie de los suelos tropicales es mayor a 33°C, las
plantas no pueden absorber más agua ni nutrientes. Los árboles de raíces
profundas pueden actuar como reguladores de la humedad ambiental y de la
temperatura al extraer agua del subsuelo y al liberarla por transpiración. Es
por eso que, por ejemplo, la sombra de los árboles produce una temperatura más
fresca que la sombra de un techo de hojas secas.
Un animal no
es una máquina a la que se alimenta con forraje para producir leche y carne; es
un ser vivo que necesita estar cómodo para rendir adecuadamente y la sombra de
los árboles le ofrece esa comodidad. En la temporada más fría, a la sombra de
los árboles se cuenta con una temperatura de 3 a 4°C más alta que al
descampado, y en la temporada cálida, de 3 a 4°C más baja. Los pastos que
tienen por lo menos 50 árboles de sombra por hectárea, permiten un incremento
del rendimiento de leche de 15 a 30% más alto, y aproximadamente 20% más de
carne. Lo que hace que el ganado produzca bien no es sólo la cantidad de
alimento o la energía consumida ni la digestibilidad del forraje, también es
importante que los animales se sientan cómodos.
En Brasil,
hay una creciente tendencia a establecer refugios contra el viento y pequeños
bosques de sombra para evitar pérdidas de agua por el viento, y para que los
animales se sientan mejor. En los sistemas extensivos en vegetación de
‘cerrado’ (sabanas), los arbustos y los árboles dan ventajas adicionales como,
por ejemplo, el aumento de la biodiversidad de especies forrajeras y la
provisión de forraje. Esto permite, aún en la temporada seca, mantener mejor, o
aún, incrementar el peso del animal, comparado con los monocultivos de
pastizales. Cuando se abren pastizales nuevos, donde se mantienen franjas de
arbustos y de árboles de la vegetación original de ‘cerrado’, el pasto crece
más rápido y la productividad es mayor, debido a la protección contra el
viento. EMBRAPA Agrobiología, el centro brasilero de investigación en
agrobiología situado cerca de Río de Janeiro, ha desarrollado una manera fácil
de lograr árboles leguminosos en pastizales muy degradados, inoculando Rhizobia
y Micorrhizae en las plántulas y añadiendo un poco de fósforo al sustrato. La
producción de materia orgánica y su acumulación en esos suelos es
sorprendentemente rápida. Esto funciona bien como tratamiento previo, antes del
establecimiento de las plantas forrajeras.
Rotación de pastoreo en
vez de quemas
La división
de los pastizales en sub-unidades más pequeñas para el pastoreo es fundamental
para evitar que el pasto sea destruido por el ganado. En pastizales nativos, el
ganado siempre come primero las plantas que más le gustan. Las plantas que no
son comidas envejecen, se endurecen y pierden su calidad y sabor. El pasto
consumido crece nuevamente y es pastado en otro momento. Eso se repite hasta
que las plantas palatables desaparecen. Pero las plantas menos apreciadas
continúan creciendo y multiplicándose, hasta que, finalmente, toda la pastura
es copada por plantas duras, ásperas y de poco o nulo valor nutritivo.
Entonces, los ganaderos queman el pastizal. Muchas plantas mueren, y sólo las
que pueden proteger sus puntos de crecimiento contra el fuego, sobreviven. Así,
el pastizal empeora y el volumen de plantas forrajeras disminuye. Con una quema
por año, en ocho años consecutivos se disminuye la producción de plantas al 25%
de la cantidad original. Ya que solamente perduran las plantas duras, menos
palatables, que el ganado puede comer sólo cuando son muy tiernas, los
ganaderos queman los pastizales hasta en cinco ocasiones por año. De esa forma,
desaparece toda la materia orgánica que nutre a los microorganismos del suelo,
y éstos mueren. Entonces, el suelo se compacta, el agua se escurre y la
vegetación se hace escasa.
Todas las
plantas perennes necesitan un período de descanso para recuperar las reservas
en sus raíces, lo que es vital para los rebrotes. Las plantas forrajeras y las
malezas recuperan sus reservas de raíces solamente cuando florecen y los pastos
necesitan florecer y producir semillas una vez al año. Esto hace pasturas más
resistentes a las sequías y a las bajas temperaturas y garantiza un rebrote
vigoroso. Los ganaderos dicen: “el descanso de los pastizales es algo tan
necesario como el riego”. Las plantas forrajeras no siempre pueden ser
consumidas en el mejor momento para el ganado; algunas veces tienen que
descansar para recuperar su fuerza. En Brasil, cada vez es más frecuente el
pastoreo rotativo en mejores condiciones de control, usando cercas
electrificadas activadas algunas veces con energía solar.
Integrando plantas
leguminosas de forraje
En Brasil, el
70% de los pastizales son de Brachiaria (decumbens, brizantha o ruziziensis) y
el 80% del ganado es cebú mejorado, Bos indicus, principalmente de la raza
Nelore. Brachiaria es un pasto africano que tiene hongos Micorrhizae muy
activos en sus raíces que le dan un alto grado de adaptación, productividad, y
absorción y uso de fósforo. El principal problema es que se planta como
monocultivo. En suelos más fértiles se usa Cynodon dactylon cv. Coastcross y
Tifton, y diferentes cultivares de Panicum maximun (Tanzania, Tobiatan) y
Pennisetum purpureum (pasto elefante).
Es poco
frecuente la mezcla de pastos y leguminosas, porque los pastos tropicales son
muy agresivos cuando se les suministra nitrógeno. Es más común rotar pastizales
con soja. Después de 3 o 4 años de Brachairia brizantha, se planta directamente
la soja en el pasto seco. El insumo de nitrógeno que proporciona la soja mejora
el crecimiento del pasto Brachiaria, permitiendo un incremento de la tasa de
reserva del promedio nacional de 0,5 Unidades Animales (UA) por hectárea, hasta
3 UA/ha. En pastizales semi-intensivos se están introduciendo matas y árboles
leguminosos fijadores de nitrógeno como, por ejemplo, Cajanus cajan o Leucaena
leucocephala y otras especies de rápido crecimiento, para obtener forraje rico
en proteínas.
Eliminación de
deficiencias nutricionales
Los pastos
tropicales tienen un alto potencial de producción de biomasa, pero necesitan un
buen suministro de agua y de minerales. En el caso del ‘cerrado’, por ejemplo,
los suelos son ácidos y pobres, especialmente en calcio, magnesio, fósforo y
potasio. Las principales fuentes de nitrógeno son las plantas leguminosas
fijadoras de nitrógeno, el abono del ganado y los fertilizantes sintéticos de
nitrógeno. Se necesitan pequeñas dosis de fósforo (de 35 a 42 kg de P2O5) para
garantizar el desarrollo de las plantas forrajeras. Los pastos decumbentes
deficientes en fósforo, como Brachiaria, no forman estolones, tienen un ciclo
vegetativo recortado, florecen tempranamente y producen poca biomasa.
El ganado
también necesita fósforo. Una insuficiencia de fósforo en el pasto disminuye la
producción de leche y carne y lleva a que las vacas se enfermen. Ocurre
especialmente cuando las pasturas envejecen, se secan, o cuando el suelo se
compacta debido al sobre pastoreo y las raíces de las plantas forrajeras no
pueden penetrar la capa superficial del suelo. Esto se evita completamente
aplicando fertilizantes fosfatados o suministrando sales minerales al ganado.
También
pueden haber otras deficiencias nutricionales, que afectan la salud de los
animales, como por ejemplo la del calcio, que causa un tipo de “tetania de las
praderas”. Esto ocurre especialmente en pasturas de Brachiaria humidicula, pero
también sucede con pastos jóvenes que brotan vigorosamente o en suelos muy compactados.
El ganado
cebú, deficiente en magnesio, es muy nervioso y agresivo, y las vaquillonas no
desarrollan bien. El cobalto, sumamente escaso en la región amazónica, es el
mineral que más falta en los pastizales brasileros; su deficiencia produce animales
jóvenes de poco peso, sombríos, sin apetito, que roen cortezas de árboles,
pierden el pelo de la cola y tienen un pellejo muy áspero. En todos los casos,
las sales minerales son muy importantes para compensar las deficiencias de
minerales y para mantener sanos a los animales.
Parásitos y enfermedades
Uno de los
principales problemas en la crianza de ganado en el trópico, son los parásitos,
principalmente vermes, garrapatas y larvas de moscardones. Las moscas de los
cuernos se convierten en un problema cada vez mayor en los tratamientos no
selectivos contra los parásitos con ‘Ivemectin’ inyectable. Esto es porque
también muere el gorgojo que se alimenta de las larvas de las moscas que viven
en los excrementos del ganado. Con un pastoreo rotativo y con pasturas con un
contenido de 20 a 25% de leguminosas, queda prácticamente controlado el
problema de vermes. Los ataques de garrapatas se observan principalmente en el
ganado europeo que tiene un pellejo más delgado, mas el ganado cebú rara vez es
atacado. El problema de las larvas de moscardones se resuelve seleccionando los
animales resistentes a las larvas y vendiendo los afectados. Normalmente, los
animales libres (los que no respetan los cercos y que pastorean en cualquier
sitio) nunca presentan larvas de moscardón.
Logrando “carne verde” y
“leche verde”
Para prevenir
el “cambio global del clima” debido a los “gases de invernadero”, es importante
reducir las emisiones de metano ruminal provenientes del ganado. Esto obliga a
que los ganaderos aceleren la producción animal por unidad de área y que
reduzcan la edad de sacrificio para lograr una proporción menor de kg de metano
/ kg de proteína animal (carne). También tiene que reducirse el uso de granos
para la alimentación animal y dar prioridad al consumo humano. Esto incrementa,
entonces, la dependencia en el forraje. Pero ya que la celulosa de los pastos
es la principal fuente de emisión de metano, se necesitan prácticas de manejo
que contribuyan a incrementar el rendimiento de forraje por unidad de área, y
mantener todo el año una reserva para evitar la pérdida de peso. Así, se
incrementa la rentabilidad, la competitividad y la sostenibilidad del sistema
de producción y, al mismo tiempo, se reduce el impacto negativo para el medio
ambiente.
Referencias
- Primavesi, A., 1998. Manejo ecológico de pastagens,
Nobel, Sao Paulo, Brasil.
- Primavesi, A., 1999. Manejo ecológico do solo. Nobel, Sao Paulo, Brasil.
Ana Primavesi, Fazenda Ecológica, PO Box 36, 18730-000
Itai, SP, Brasil. E-mail: sindritai@laser.com.br
Odo Primavesi, Embrapa Southesat Cattle, PO Box 339,
13560-970, Sao Carlos, SP, Brasil. E-mail: odo@cppse.embrapa.br
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