Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Matías Longoni.
2002. CCDH, Centro de Consignatarios Directos de Hacienda, Bs.As., 15(115):4-6.
Los
argentinos siempre nos quejamos del Estado, de la falta de continuidad de sus
políticas, de la falta de proyectos a largo plazo. Esta queja, razonable por cierto, suele dejar de lado un hecho
fundamental: el Estado -como fiel reflejo de la sociedad- es lo que nosotros
queremos que sea, o en otro caso, lo que nosotros mismos lo dejamos ser.
Esta
pequeña reflexión viene a cuento de esta nota, que justamente se refiere a la
falta de consecuencia que, para desarrollar algunas políticas, padece nuestro
Estado y, por lógica, nosotros mismos, los argentinos. Pero no se trata de echar y echarnos culpas.
Se trata de hilvanar los hechos, como para intentar de una buena vez que las
políticas públicas ganen la coherencia que se necesita, aquella coherencia que
nosotros les envidiamos a nuestros competidores.
Por
eso, este artículo es de neto corte revisionista. Y parecerá absurdo en un país que ha cambiado por completo en
menos de un año, en un país donde todo apareció puesto patas para arriba de un
día para el otro. Es que tarde o
temprano todos aprenderemos que la historia no se escribe tan aprisa, que debe
dejársela decantar para descubrir que, finalmente, se trata de una sucesión
casi perfecta de situaciones encadenadas, más allá de las convulsiones a que
nos somete.
La
anécdota, en este caso, sería más o menos así: hace menos de un año -y sigue
sonando increíble-, casi un centenar de personas representativas de organismos
y entidades vinculados a la cadena de ganados y carnes se reunieron durante
varias jornadas, para meditar y sugerir sobre cuáles eran las fortalezas, las
oportunidades, las debilidades y las amenazas del negocio que los agrupaba. El trabajo se realizó bajo la órbita de la
Secretaría de Agricultura, que en ese entonces estaba bajo el mando del
cavallista Marcelo Regúnaga. Las
charlas fueron coordinadas por los especialistas de la Facultad de Agronomía de
la Universidad de Buenos Aires (UBA), que habían firmado un convenio de
cooperación con el organismo estatal para desarrollar, en una decena de cadenas
agroalimentarias, un análisis que los técnicos denominan FODA.
“El
análisis FODA nos permite formar una imagen impresionista de la situación
estratégica de cada cadena agroalimentaria.
Es una interpretación ordenada de la información que nos permite definir
las pautas para diseñar las línea de acción básicas en el espacio hipercompetitivo actual”, decían los
profesionales de la facultad a modo de presentación.
A
diagnosticar Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas. A eso se
dedicaron durante muchas horas los protagonistas del negocio de la carne. Los
expertos tomaron nota y sacaron conclusiones.
Lo absurdo es que cuando tuvieron listos sus resultados y preparada su
publicación, una nueva crisis política truncó todo ese esfuerzo. Primero cayó Domingo Cavallo y a las pocas
horas el ex presidente Fernando de la Rúa. Regúnaga se fue con ellos. Y sin hacer consideraciones sobre lo bueno o
lo malo de dichos sucesos, lo grave fue que un nuevo intento del Estado por
ponerse a tono con la realidad del sector quedó sólo en eso: en un intento.
Para
elaborar este articulo, quienes hacemos CCDH decidimos rescatar el resultado de
ese trabajo colectivo, que nunca antes fue publicado porque la mala política lo
había dejado atrapado en el cajón de los archivos sin futuro. Para quienes conocen el sector y sus
problemas, quizás sean obviedades. Pero
el sentido de hacerlo estuvo en enfrentar lo que los dirigentes de mayor peso
en la cadena individualizaron como la mayor debilidad. Lo dice el informe final: “Los principales
problemas detectados estuvieron ligados a la ineficiencia del Estado”.
Justamente
a eso nos referíamos cuando hablábamos de la falta de continuidad de las
políticas estatales, a la imposibilidad que los argentinos tenemos para ser
coherentes con nuestras aspiraciones, trazar un camino para llegar a un
objetivo. Si el informe FODA de la
cadena de la carne no estuviese resumido en las próximas líneas, para quienes
viven y padecen el negocio de la carne, acaso jamás hubiese existido.
En
este punto, los asistentes a las jornadas convocadas por la SAGPyA destacaron
las condiciones agroecológicas aptas para la producción pastoril de carnes, la
diversidad y homogeneidad de biotipos carniceros, los bajos costos directos de
la producción primaria, la alta capacidad de producción a bajo costo, la
potencialidad para producir cualquier tipo de carne, el potencial aumento de la
producción primaria, el know how ganadero la capacidad de supervivencia y
adaptación del productor, la transparencia de los precios de la hacienda en
pie, etcétera.
En
materia industrial, además, recalcaron la existencia de un mercado interno
relativamente estable y fuerte, que funciona como soporte mínimo de la
producción; la capacidad instalada de la industria frigorífica y sus buenos
niveles de infraestructura, y el elevado estándar sanitario en algunas plantas
industriales (con condiciones higiénico-sanitarias muy buenas en los
frigoríficos de exportación).
Contra
lo que uno podría imaginar de entrada, aquí también hubo un cuantioso
diagnóstico. Por un lado surgieron los
posibles mercados ampliados por la globalización económica (en especial se
referían a los países asiáticos), la integración regional en el Mercosur (con
210 millones de potenciales consumidores) y la apertura de nuevos mercados
gracias el ALCA americano.
Como
una oportunidad, también, quienes participaron de las charlas rescataron la revalorización
de la producción y el aumento de la demanda mundial de carnes producidas en
condiciones extensivos y naturales, la posibilidad de aumentar el stock vacuno,
la posibilidad del uso estratégico de los granos que se producen en el país, la
demanda incipiente de carnes orgánicas, la incorporación de los conceptos de
marca y trazabilidad, la demanda hacia productos de calidad diferenciada y
consecuentemente la posibilidad de exportar mucho más a mercados de alta
calidad, etcétera.
Pero
contra todos los pronósticos optimistas, aparecieron las debilidades, que
tampoco son escasas. Aquí se
diagnosticó una alta inseguridad jurídica, con una elevada y distorsiva carga
fiscal y una alta evasión fiscal y sanitaria, “que impiden potenciar nuestras
fortalezas”.
Como
debilidad concreta se citó al Estado y su inadecuada estructura para
implementar estrategias de competitividad, los altos costos de transacción
entre todos los agentes de la cadena, los problemas sanitarios no resueltos
(garrapata, aftosa, brucelosis, sumado al descrédito internacional que padece
el país), la deficiente información sobre la oferta de ganado para faena, y el
atraso en la reforma del sector público (incluidas provincias y municipios).
|
LOS NÚMEROS DE LA PRODUCCIÓN (SAGPyA) |
|
|
Número de productores totales |
208.000 |
|
Criadores |
112.000 |
|
lnvernadores |
25.000 |
|
Productores mixtos |
71.000 |
|
Producción total de carne |
2.600.000 Tn. |
|
Existencia media de cabezas |
50.000.000 |
|
Faena promedio de cabezas |
12.200.000 |
|
Tasa de extracción |
24 % |
|
Destino de la producción |
88 % a consumo interno 12 % a exportación |
|
% de las existencias mundiales |
5 % |
|
% del comercio mundial de carnes |
6 % |
|
Mano de obra ocupada |
47.000 personas |
En
materia productiva también surgieron debilidades: especialmente el bajo nivel
de productividad de todo el sistema, la falta de promoción interna y externa, la
desarticulación de la cadena productiva, el bajo aprovechamiento industrial, la
deficiente infraestructura en transporte, la falta de participación de las
asociaciones de consumidores, la ausencia de financiamiento adecuado, la falta
de incentivos a la inversión, el actual sistema de comercialización de medias
reses, la falta de utilización del mercado de futuros y la falta de cobertura
del riesgo ganadero, climático y de cobranzas.
Las
amenazas diagnosticadas también resultaron ser abundantes: una de ellas era la
devaluación en los países de destino de nuestras carnes y en los países
competidores de la Argentina. Quizás éste sea el único problema que se ha
corregido con la devaluación del peso y la caída de la convertibilidad.
Otras
amenazas: la aparición de carnes sustitutas y la pérdida progresiva del status
de la carne vacuna; así como la consecuente probable caída del consumo mundial,
en especial en la Unión Europea, crisis de la Vaca loca mediante.
En
este capítulo del trabajo, los consultados también dieron lugar al
proteccionismo y las expectativas de continuidad de las políticas de subsidios,
el aumento de la actividad irregular y de los operadores margínales, y la
inexistencia de una política ganadera en el país.
De
todo este análisis FODA surgieron, obviamente, algunas recetas y sugerencias
para corregir la tarea oficial y llevar adelante una mejor política
ganadera. Sin entrar en tanto detalle,
las líneas de acción priorizadas por los actores del negocio fueron:
·
Promover
un reordenamiento y reestructuración del sistema sanitario. En el momento en que se realizó el informe,
los mercados externos estaban cerrados debido a la reaparición de la
aftosa. Pero hay situaciones que se
mantienen inalterables. Por ejemplo,
que el Senasa controla sólo 180 establecimientos industriales (80 % de la
faena) de los 380 registrados a nivel nacional.
|
LOS NÚMEROS DE LA INDUSTRIA (SAGPyA) |
|
|
Establecimientos frigoríficas |
Más de 380 plantas |
|
Dedicados al consumo interno |
77 % |
|
Dedicados a la exportación |
23 % |
|
Grado de concentración |
|
|
Las primeras 10 plantas consumeras |
Concentran el 26 % de la faena |
|
Las primeras 10 plantas exportadoras
|
Concentran el 77 % de la faena |
|
Mano de obra ocupada |
60.000 personas |
·
También
se reclamó la implementación de un sistema de control combinado de la evasión
fiscal. Entre otras cosas, este sistema
debía propender a diseñar un documento único de control a nivel nacional.
·
Se
proponía un programa de trabajo conjunto con la AFIP para analizar la
corrección de los impuestos distorsivos, en especial el IVA.
·
Un
espacio clave de la estrategia lo ocupó el pedido para que se implemente un
programa para la promoción de la carne argentina. Esto es algo que comenzó a moverse con la Ley que creó el
Instituto de Promoción a fin del año pasado. Los actores del negocio también
consideraron necesario el desarrollo de líneas crediticias orientadas a la
producción primaria, fundamentalmente para ser aplicadas en retención de
vientres.
·
Otras
premisas: el diseño de una política ganadera, la incorporación de nueva
tecnología de bajo costo, la eliminación del régimen de cuero sin curtir, el
desarrollo de un sistema de tipificación que responda a las necesidades de los
mercados mundiales, y hasta la revisión de la normativa de transporte para
incentivar la utilización de camiones de mayor porte.
Son, como se ve, medidas que todavía no se han tomado, más allá de los cambios brutales que vivió el país en los últimos meses. En el fondo, más allá de la salida de la convertibilidad, es muy poco lo que se ha modificado el panorama sectorial. Y consecuentemente las tareas por delante siguen siendo las mismas. Viendo las fuertes diferencias que existen entre la Argentina y sus principales oponentes en el mercado internacional de la carne, lo más lamentable hubiera sido que el análisis FODA del sector hubiese quedado cajoneado en el escritorio de algún funcionario. Eso es lo que quisimos evitar. Al menos, quienes se hagan cargo del Estado en el futuro sabrán por dónde empezar.
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