Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia
de Córdoba, República Argentina
Volver a: principal > Empresa agropecuaria
Ángel Palermo. 2005. La
Nación, Sec. 5ª Campo, Bs.As.
Muchos sectores urbanos de clase económica media y media alta, con sumas
disponibles que van de los 10.000 hasta 100.000 dólares comenzaron a pensar en
los granos como una opción rentable
Cuando en 2002 las esquirlas de la bomba
económico-financiera aún volaban descontroladas, el campo agrícola con sus
ingresos dolarizados, comenzaba a reafirmarse como una preferencia de inversión
para los que contaban con fondos líquidos remanentes.
"Salvo el campo, con los granos, resulta
comprometido encontrar, aún hoy, opciones de colocación de dinero que abriguen
a sus rendimientos con la moneda norteamericana. Los granos que la Argentina
produce se venden en el mercado internacional en esas divisas, no en
pesos", comentó Jorge Scoppa, presidente de la Federación de Contratistas
Rurales, con sede en Casilda, Santa Fe, que tiene 1200 empresarios asociados.
Así es que muchos pequeños inversores urbanos de
clase económica media y media alta con sumas disponibles que van desde los
10.000 hasta 100.000 dólares comenzaron a pensar en los granos como una opción
rentable y de reintegro rápido. Eso sí, con evidentes riesgos climáticos, de
mercados y también inherentes a la figura legal y los hombres que componen la
organización donde se deposita la inversión.
"Se estima que en una campaña agrícola como la
que se avecina se invertirán en el campo unos 6000 millones de dólares contando
los alquileres y los costos de producción, esto es semillas, fitosanitarios,
fertilizantes y demás insumos. De esa suma, 4400 millones de dólares serán
aportados por arrendatarios o aparceros. De acuerdo con la experiencia de 27
años en este negocio podría pensarse que unos 500 millones de dólares son de
ahorristas denominados pequeños, esto es, aquellos que van desde los 10.000
hasta los 100.000 dólares", comentaron Santiago Casares y Eduardo
Serantes, responsables del Fondo Agrícola de Inversión Directa (FAID) que
maneja el Estudio Cazenave y Asociados. Esos 500 millones de dólares
representan el 18 por ciento de las inversiones totales consumadas por los
arrendatarios. Seguramente allí hay contabilizados una mayoría de ahorros
directos de profesionales, comerciantes, industriales, dinero de escribanías y
otros fondos provenientes de sectores ajenos al agro y también en forma
indirecta a través de los bancos que avalan y financian los fondos fiduciarios
y de inversión.
¿Cómo puede hacer un inversor citadino para colocar
su dinero en la producción agrícola? ¿De qué manera puede resguardarse de los
riesgos inherentes a la producción? ¿Cuáles son las formas legales más comunes?
Como albergue de estos fondos líquidos, en estos
últimos 4 años se afianzaron nuevas figuras jurídicas como son los fondos
fiduciarios, los ya conocidos fondos de inversión en granos y los pools de
siembra que alcanzaron un ostentoso esplendor en la década del 90.
Ciertas organizaciones empresariales se
consolidaron con el objetivo de dar seguridad y rentabilidad a las inversiones,
tal es el caso de los fondos de inversión públicos que son auditados por
empresas multinacionales privadas y también seguidas como una sombra por la
Comisión Nacional de Valores (CNV). También se comenzaron a desarrollar las
figuras de fideicomiso que son muy flexibles, modernas y amparadas por la ley.
También se acotaron mucho los riesgos de altibajos de precios a través del
manejo de futuros y opciones y los climáticos con la contratación de seguros
específicos. De todas maneras, la inversión en el campo tiene riesgos
inherentes a la propia producción al aire libre.
A pesar de los riesgos, muchos inversores urbanos
eligen estas formas de colocación de dinero en el campo en detrimento de los
bancos, al que muchos aún siguen observado de reojo y con desconfianza luego de
lo que sucedió en el 2001 con el corralito y el corralón. "Si un banco me
da una tasa equivalente a un fondo de inversión o un fideicomiso, opto por
estos últimos", comentó un inversor del sudeste de Buenos Aires.
Para muchos resulta atractivo colocar su dinero en
fondos de inversión que en casos llegaron a dar una rentabilidad del 12 % en
dólares. Eso sí, los que colocan el dinero debieran saber perfectamente que
puede no registrarse ganancias y hasta perder plata.
Un fondo de inversión es una figura jurídica que
permite a un grupo de personas con objetivos similares disponer de una
administración que se ocupa de alcanzar la mejor forma de llevar a la práctica
las estrategias de producción, custodiando a la vez los activos en los que se
invierte.
El fideicomiso es un negocio mediante el cual una
persona trasmite la propiedad de ciertos bienes con el objeto de que sean
destinados a cumplir un fin común determinado, por ejemplo, producción
agrícola. Algunos entregan dinero, otros el alquiler de un campo, otros colocan
insumos y, normalmente, un banco financia la actividad. "El Tejar, además
de sus siembras propias cuenta con un fideicomiso con garantía del banco HSBC y
está también financiado en un 30% por inversores urbanos", comentó Oscar
Alvarado, presidente de la mencionada empresa.
Esta empresa garantiza a inversores pequeños de
10.000 o algo más dólares un retorno de 5-6 por ciento anual en la moneda norteamericana.
"En rigor, se trata de un préstamo de los inversores que está
garantizado", comentó Alvarado.
Otro ejemplo, es el fideicomiso de Los Grobo
Agropecuaria, aunque este es anual (
Los pools de siembra conforman sociedades
integradas por miembros que se reúnen con un objetivo determinado, como podría
resultar sembrar granos. Alcanzaron gran popularidad y escala en la década del
90, muchos de ellos se desarmaron y, en la actualidad, adoptan una figura más
pequeñas que entonces. Por ejemplo, uno o muchos ingenieros agrónomos e
inversionistas se unen para sembrar 1000 o
Alcanzaron mucha notoriedad en la década del 90,
cuando la tasa de interés bancaria era muy baja y había muchos inversores
disponibles. Era la época del uno a uno. Muchos de los pools quebraron y ahora
están trabajando con menos escala que antes, mejor estructurados y con un mayor
nivel de detalle en materia agronómica.

Fernando Bertello. 2005.
La Nación, Sec. 5ª Campo, Bs.As.
Los fondos, pools o fideicomisos que captan los ahorros de personas no
necesariamente ligadas al sector procuran darle una salida productiva a sus
recursos, distinta a la de otras variantes financieras
Receptores de un caudal de dinero que después del
"corralito" de fines de 2001 sobre las cajas de ahorro y plazos fijos
dejó de fluir hacia los bancos, en los últimos años los fondos de inversión
para la siembra de cultivos, pools o fideicomisos privados atraparon el interés
de profesionales que, sin conocer la dinámica del sector agropecuario,
decidieron apostar sus ahorros a la producción agrícola antes que al negocio
financiero.
Muchos de estos grupos administradores de dinero ya
venían trabajando desde hace unos cuantos años, captando el dinero de jugadores
internos al sector, como productores y contratistas; no obstante, se
potenciaron luego de la crisis de confianza en el sistema financiero. Además,
el boom de los precios en la campaña 2003/2004, con la soja encabezando la
tendencia, les acercó estos nuevos inversores, como abogados, médicos,
contadores, ingenieros y arquitectos, entre otros profesionales de las
ciudades.
Entre esas empresas que toman el dinero externo
está el Grupo Ceres Tolvas, que tiene una red de distribución de insumos y
servicios en más de diez localidades del sudeste bonaerense, como Tandil,
Balcarce, Mar del Plata y Necochea, por ejemplo, y lleva adelante desde hace
más de diez años su proyecto Siembras Asociadas.
Hoy la empresa tiene unos 60 inversores, entre un
amplio universo de profesionales y empresarios, que aportan 1,5 millón de
dólares al negocio de la siembra de cultivos, de
"El crecimiento de esto vino a partir de 2002,
cuando colapsó el sistema bancario y surgieron otras alternativas para los
inversores", dijo Patricio López Madina, responsable administrativo de
Siembras Asociadas.
En este caso, el profesional puede ingresar en el emprendimiento
comprando cuotas parte por un monto mínimo de 10.000 dólares. Allí puede
decidir entre invertir a dos o a cuatro años. Si elige la primera opción y
entra en el negocio en esta campaña, en la siguiente la firma le pone a su
disposición las utilidades y el 50% del capital. El inversor debe estar anotado
impositivamente para poder tributar su ganancia.
Este negocio agrícola le aportó a los inversores un
29,5% de rentabilidad neta en dólares en la campaña 2001/2002; 26,1% en la
2002/2003; 41,1% en 2003/2004 (cuando la soja superó los 700 pesos), y ahora
podría ofrecer alrededor del 15% cuando se terminen de cerrar los números de la
campaña 2004/2005. El porcentaje de rentabilidad surge de un análisis
financiero con cálculos de costos e ingresos.
El inversor recibe informes periódicos con detalles
de gastos en insumos, cultivos y operaciones de ventas de granos realizadas. La
empresa cobra por administrar el fondo 50 centavos de dólar por cada punto de
rentabilidad por hectárea.
Otra de las firmas que canaliza las inversiones de
profesionales es Openagro SA. Primero como una iniciativa de dos amigos, Darío Genua,
de 32 años, y Luis Guillermo Villagra, de 29 años, y más tarde operando un
fideicomiso privado, llamado Profid, el proyecto logró atraer el interés de
personas no vinculadas al sector agropecuario.
Openagro comenzó sembrando en el ciclo 2001/2002
En la última campaña la empresa le pagó a quien
depositó su dinero una rentabilidad directa del 16,75% sobre el capital
invertido; en el ciclo anterior había llegado al 19 por ciento. La firma le
cobra a los inversores en caso de que la rentabilidad supere los seis primeros
puntos porcentuales; a partir del séptimo punto el negocio se divide al 50 por
ciento. Como rasgo llamativo, desde la página de Internet de la empresa cada
profesional puede seguir su inversión.
Man Agro SA, una empresa que en la campaña
1982/1983 empezó a sembrar en campos arrendados del oeste de Buenos Aires y hoy
ya está en otras regiones, como el norte, sudoeste y sudeste de esa provincia,
más Córdoba, Santa Fe y La Pampa, también capta el dinero de terceros para
producir (no sólo de afuera del sector), además de aportar la inversión propia.
"En cada campaña se propone un objetivo de
rentabilidad no menor al 22%", afirmó Rafael Aliaga, presidente de la
firma. En el ciclo 2003/2004 la rentabilidad generada para el inversor fue del
30%, antes de impuestos a las ganancias, medida como tasa directa en dólares;
en la empresa calculan que en la última campaña la rentabilidad habría quedado
en ese mismo orden. Los resultados obtenidos son liquidados por auditores.
La firma, que siembra unas
Volver a: principal > Empresa agropecuaria > Principio del documento