PRODUCCIÓN ANIMAL
Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de
Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional
de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba,
República Argentina
M.V. Juan Carlos Godoy*. 2002. Veterinaria Argentina, Bs.As.,
19(188):596-606.
*Miembro Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, Buenos
Aires;
Ex Director Nacional de Fauna.
Dentro de la filosofía de la
conservación sustentable que actualmente constituye la política
más racional para el aprovechamiento de los recursos naturales, existe
un capítulo harto preocupante desde larga data. Esta inquietud se refiere
a la acelerada declinación cuantitativa y cualitativa de muchas especies
de animales y vegetales que integran la fauna y la flora silvestres.
Este cuadro lesivo a la deseada preservación
y conservación de la biodiversidad del orbe, que viene operando
insidiosamente, significa una pérdida de grandes proporciones planteando
una problemática compleja a todas las naciones a fin de prevenir y
controlar la situación.
En primer término, es conveniente expresar
que la desaparición de dichas especies se debe a dos fenómenos
íntimamente vinculados a la evolución y al desarrollo de la vida
sobre el planeta. Esta degradación del recurso fauna (y también
flora) se debe primordialmente a causas naturales por disturbios geológicos,
climáticos, genéticos y otros que originan graves modificaciones
ambientales alterando los hábitats de la vida silvestre. Otras causas
actuantes pueden ser también inherentes a las especies mismas cuando
afectan a sus facultades de adaptación y sobrevivencia (competencia,
debilidades congénitas, bajo potencial biótico, enfermedades
enzoóticas, biocrono, etc.). Cuando intervienen estos factores naturales
en la desaparición y muerte de las especies y sus comunidades -sin
mediación antrópica- hablamos propiamente de "extinción" de la fauna.
Muy otro sin embargo, es el hecho del derrumbe de las especies cuando interviene el hombre con su
agresivo arsenal de herramientas y actividad infinita, transformando los
ambientes naturales, principalmente el suelo, la pradera y la foresta nativas y
destruyendo con ello los ecosistemas vitales para el mantenimiento y desarrollo
de los organismos biológicos.
Esta acción de la sociedad humana que se
manifiesta bajo múltiples formas (ocupación agrícola,
ganadera, industrial, edilicia, cinegética, etc.) con total dominancia
sobre los demás seres vivientes que comparten la biosfera terrestre,
tanto en la urbe como en el campo, se ve asimismo agravada frecuentemente por
la irracional explotación a que somete los recursos naturales. Esta
diligencia confluye de manera directa e indirecta sobre las comunidades de
animales silvestres, las cuales, limitadas en sus potencialidades de vida,
deben ceder paulatinamente a favor de una fuerza superior, versátil y
tenaz.

"Tigre americano" o
"Yaguareté", el más hermoso felino de las
Américas, seriamente amenazado en nuestro país.
Este suceso de la irrupción del
género humano en la naturaleza, acontecida recientemente en
términos geológicos, configura el segundo fenómeno que
advertimos en el camino de extinción de las especies animales y
vegetales, prefiriendo definirlo con el vocablo de "exterminio" de
dichas riquezas y por interpretar mejor la agresión que supone.
El mundo desde los albores de la Cristiandad ha
perdido irremediablemente centenares de mamíferos y demás clases
de fauna contando además en la actualidad millares de especies
amenazadas y en peligro de desaparecer.
El hecho de haberse exterminado unas doscientas
especies de mamíferos en los últimos 2000 años, no parece
a primera vista un acontecimiento demasiado preocupante, pero la urgencia se
hace evidente al advertir que la tasa de exterminio de dicha fauna se asemeja a
la atribuida al aumento de la población humana mundial, que como es
sabido, se ha acelerado de manera inquietante.

"Ciervo enano Pudú" de los bosques
subantárticos de la cordillera austral (Argentina y Chile),
verdadera curiosidad de la fauna andina
autóctona.
Las pérdidas de especies durante el siglo
próximo pasado alcanzaron cerca del 70 %, con prácticamente el 40
% en el lapso de los últimos 50 años. Expresado de otra manera,
puede afirmarse que desde el nacimiento de Cristo hasta el siglo XVIII se
exterminó una especie de mamífero cada 55 años, y a partir
de entonces, el registro alcanza aproximadamente a una forma eliminada por
año (L. M. Talbot). Es de imaginar también serias mermas en las
demás especies de aves, reptiles, etc. Ergo, la relación densidad demográfica: extinción parece ser una constante.
La exterminación se debe en gran medida a la
sobrecaza y a las demandas por los productos animales y de manera indirecta a
los cambios operados en los hábitats. La modificación ambiental
parece ser la más decisiva.
Es de recordar que los animales salvajes no viven
aislados e independientes, sino más bien dentro de una red
ecológica compleja y de funcionamiento sutil con interrelaciones entre
si y con el entorno en que subsisten (aire, agua, plantas, suelo, otros
animales, clima, parásitos, etc.). La alteración de una hebra de
la red afectará a otras y todas en conjunto podrán verse
perturbadas. La sobrevivencia de una especie puede depender así del
mantenimiento intacto de todas las hebras de la red de su respectivo medio de
vivencia.
Es un hecho ya conocido que difícilmente
podemos encontrar áreas naturales significativas del globo, que no hayan
sido tocadas por la mano del hombre, por lo que la cuestión de la
extinción de los organismos vivos se torna cada vez más
apremiante.
América ha sido el último de los
continentes en ser subyugado por los colonizadores, y a pesar de sus colosales
recursos y bellezas naturales, y su magnífica fauna y flora, que
asombraron al viejo mundo, se encuentra en la actualidad, apenas transcurridos
500 años de ocupación y desarrollo, enfrentada con complicadas y
onerosas degradaciones ambientales (declinación de la biodiversidad,
contaminación y polución, desertización,
deforestación, etc.) como prueba infaltable por doquier del negligente
uso y aprovechamiento de los recursos naturales.
La Argentina no es extraña a este proceso y debe lamentar el impacto de la descapitalización de su acervo faunístico. Es necesario comprender que la extinción no es un asunto trivial y exige una atención especializada de biólogos y ecólogos interesados.

Cabeza de "Aguará guazú" o
"Lobo de crin", notable cánido nativo del extremo norte
argentino, subtropical.
Si bien es verdad que desde la época de la Colonia registramos tan sólo el exterminio de un mamífero, el zorro-lobo de las Malvinas (Dusicyon australis), acaecido en 1876, debido a sus predaciones sobre las majadas de ovinos y la demanda de su piel, no es menos cierto que siguen aumentando las nóminas de la fauna silvestre considerada "amenazada" y en mayor riesgo de extinción, y además correspondientes a las catalogadas como " vulnerables" por hallarse también comprometidas, aunque en menor grado, especies todas especialmente tenidas en cuenta por la UICN, o sea, la UNIÓN INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACIÓN DE LA NATURALEZA Y SUS RECURSOS, y que es la mayor referente científica mundial en el tema que nos ocupa. También es necesario mencionar la CONVENCIÓN CITES sobre el COMERCIO INTERNACIONAL DE ESPECIES AMENAZADAS DE FAUNA Y FLORA SILVESTRES, Washington, 1973, del cual es signataria nuestro país y que vela por un mercado más transparente a fin de proteger dichas especies.
A modo de ejemplo, veamos algunas pocas especies amenazadas autóctonas del país en situación afligente y con prioridad CITES 1:
En primer término el Tigre americano o yaguareté, el magnífico felino, panamericano, otrora distribuido desde Texas hasta el río Negro en Argentina, con una declinante población de contados ejemplares en la selva de las Yungas en el extremo norte y en el noreste de Misiones, por lo menos a salvo en el Parque Nacional Iguazú y otras reservas contiguas; el Venado de la pampas, que se contaba por millares en las praderas centrales y hoy relegado a escasos núcleos en el área costera del Samborombón (PBA) y en el centro de San Luis con vigilancia permanente de asociaciones conservacionistas y estancieros amigos; la Chinchilla de cola corta, con una larga historia de caza por su bellísima piel hasta prácticamente su exterminio, y el Gato o lince andino, casi ausente, ambas nativas de los páramos cordilleranos (NOA); y los tres siguientes, extraordinarios exponentes de nuestra fauna subtropical, actualmente rarezas en los ambientes chaqueños: el Tatú carreta o armadillo gigante, todavía cazado a pesar de su escasez para aprovechar sus delicadas carnes; el Oso hormiguero bandera, de notables y útiles características como control de hormigas y termitas en el Chaco, y, finalmente el singular Lobo de crin o Aguará guazú, un cánido rojizo de largas patas y cola al garrón, de inconfundible apariencia. La lista negra sigue, larga y deplorable.
Aunque el problema es agudo y requiere una mayor atención, es de justicia señalar algunos hechos relevantes en el cuadro de la protección y conservación de los recursos naturales en nuestro país y en el cual el tema de la extinción juega su parte.
Ante todo se destaca netamente la obra desarrollada por la Administración de Parques Nacionales, originada a partir de 1903, gracias a la visión y patriotismo del Perito Dr. Francisco P. Moreno, quien sentó las bases para instituir en Argentina el novísimo sistema de áreas naturales protegidas, inaugurado en 1872 con la creación del "Yellowstone National Park" en los Estados Unidos de América, un paso trascendente en el mundo, universalmente aceptado por su extraordinaria significación cultural.
Huelga expresar que entre las múltiples y fascinantes funciones de estos verdaderos "remansos de la civilización", se encuentra la protección de la fauna silvestre autóctona con sus hábitats y consecuentemente el amparo para muchas especies que pudieran hallarse en riesgo de extinción.
La adhesión del
país en
A lo expresado debe agregarse la creación en las jurisdicciones provinciales de numerosos parques y reservas naturales que secundan la labor nacional. Entre ellos son de mencionar la Reserva Natural Integral de la Península Valdés (Chubut) en donde se hallan en proceso de recuperación el Elefante marino del sur y la Ballena franca austral; la Reserva Natural El Iberá en Corrientes, con similares trabajos para amparar y recuperar el Ciervo de los pantanos y el reptil Yacaré overo, entre otras especies amenazadas: las grandes Reservas Naturales cordilleranas de las provincias de Jujuy, Salta, La Rioja y San Juan dedicadas principalmente a la recuperación de la Vicuña, el hermoso camélido portador de la lana más fina del mundo, y otras muchas de diversa importancia.
No debemos olvidar el valioso aporte de los grandes institutos en lo relativo a las ciencias naturales: el Museo Argentino de C. N. "Bernardino Rivadavia, el Museo de C. N. de La Plata, el Instituto "Miguel Lillo" de la Universidad de Tucumán, el INTA y el CONICET, todos afanados en descubrir los secretos de la naturaleza.
Asimismo debemos citar
especialmente la labor que cumplen las ONG, o sea, las Organizaciones No
Gubernamentales, preocupadas en diversos temas ecológicos y
conservacionistas: entre ellas son meritorias la FVSA, Fundación Vida
Silvestre Argentina, con trabajos y proyectos sobre un amplio espectro
ambiental y de los recursos naturales; la Asociación Greenpeace
Argentina, con su permanente clamor y desvelos en favor de la
protección de las ballenas en el Atlántico Sur y otras muchas
especies; la AOP, Asociación Ornitológica del Plata, fundada
en 1916, y siempre activa mediante programas de investigación y
observación sobre nuestras criaturas aladas; la Asociación
Cultural Natura, de larga trayectoria conservacionista; SAREM, Sociedad Para El Estudio De los Mamíferos Argentinos y Sudamericanos; FUNAM,
Fundación Para La Defensa Del Ambiente, provincia de Córdoba;
FUCEMA, Fundación Para Las Especies y El Medio Ambiente, con trabajos a
favor de los animales amenazados; FUNDACIÓN BIOSFERA, de La Plata (PBA);
la Asociación Argentina de Ecología; ARN, la Sociedad Argentina
Para El Derecho y Administración de los Recursos Naturales; etc.
Las referencias
señaladas constituyen sólo una muestra de un movimiento mayor,
angustiado por los problemas de la naturaleza argentina y la
conservación de las especies y confirma un notable interés de la
comunidad que crece de año en año.
Todo ello imprime un
sentido de urgencia a lo expresado por un papel de científicos notables
quienes describieron la época actual como el periodo de mayor
extinción masiva de especies animales y vegetales desde la
desaparición de los dinosaurios. Semejante alerta propone una severa
reflexión sobre la necesidad de salvaguardar las riquezas de nuestra
biosfera.
1. Aplicación y control de medidas de protección y conservación sustentable para la flora y la fauna.
2. Continuación de los programas sobre
áreas naturales protegidas, integrales y parciales, para asegurar la
preservación normal de las especies.
3. Mayor control sobre la caza y
comercialización de la fauna y sus productos, asimismo, sobre la
deforestación y la desertización.
4. Promoción de los conocimientos
básicos de la ecología y la conservación sustentable en
relación con el ambiente y los recursos naturales.
5. Intensificación de la
investigación científica y técnica sobre la fauna
silvestre, en general y particular, especialmente sobre los animales en
retroceso numérico o en situación crítica.
6. Promoción de la crianza en cautividad y
semicautividad o extensiva de las especies raras y amenazadas de
extinción, a fin de intentar su recuperación o
restauración.
Sería muy oportuno crear en nuestro
país un organismo encargado de mancomunar los esfuerzos, actualmente muy
dispersos, sobre la problemática de la prevención y
extinción de la fauna y flora autóctonas, su investigación
científica y demás necesidades, a fin de defender permanentemente
la biodiversidad argentina, hoy
día también en riesgo.
Para ello se sugiere la institución de un
CONSEJO NACIONAL DE FAUNA Y FLORA AMENAZADAS DE EXTINCIÓN -CONAFFA-,
integrado por profesionales especializados, de reconocida versación en
ambos recursos naturales, y representantes de las máximas instituciones
científicas relativas del país, con quienes colaborarán
consultores correspondientes idóneos de todas las provincias y el
Instituto Antártico Argentino. El consejo operaría en dos
secciones: I. Fauna y II. Flora.
La financiación de una corporación semejante habría que buscarla mediante la imposición de tributos, por ejemplo sobre la importación y exportación de la fauna y sus productos, armas, sus municiones y accesorios, de caza deportiva, menor y mayor. También si fuera necesario sobre los juegos de azar. En este sentido es de señalar la importancia y envergadura del Consejo propuesto, necesitado de un presupuesto amplio y solvente.
Por último, es necesario pensar que la fauna y flora constituyen un irreemplazable patrimonio de todos los ciudadanos y les cabe la obligación y el honor de participar en su permanente salvaguardia, para las presentes y futuras generaciones.
Complementan el presente trabajo tres cuadros (I.
II. y III.) que ilustran sobre la geografía de la extinción; las
principales causas de la misma; y las nóminas de las especies de la
fauna amenazadas y vulnerables.





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