PRODUCCIÓN ANIMAL
Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Incendios
rurales y uso del fuego
M.V. Oscar Ambrosino. 1996. Revista de la Sociedad Rural de Jesús
María, 94:52-56.
Si marcamos una línea que una el extremo sur de la
laguna de Mar Chiquita con la ciudad de Córdoba, Río Tercero y termine en el
límite con La Pampa por sobre la ruta que une Río Cuarto con Santa Rosa,
habremos delimitado la región norte y oeste de la provincia, que a partir de
las primeras heladas (más o menos 1º de Mayo) comienza a ser noticia por los
casi continuos y desvastadores incendios que aparecen como por arte de magia
(porque nunca hay un responsable) y si seguimos la crónica periodística de
todos los incendios que se producen durante el invierno, veremos que son todas
similares, y es la siguiente: Primero se comenta que parece que hay un pequeño
foco de incendio en tal parte (un fueguito nada más), al día siguiente se
confirma un pequeño incendio pero de escasas proporciones: un frente de fuego
de 300 o
Al tercer día la cosa está totalmente descontrolada, los aviones vigías comienzan a volar aumentando la indignación de la gente que no tienen con que moverse, amén de conocer perfectamente la situación, además empiezan a aparecer algunas dotaciones de bomberos de las localidades importantes más cercanas. Generalmente éstos no tienen experiencia, los elementos con que cuentan son insuficientes y rudimentarios, más de una vez terminan hospitalizados cuando no muertos antes de llegar al frente de fuego, (un bombero muerto y dos heridos de Deán Funes en el incendio de San Pedro Norte de 1995, más un policía que se tumbó con el patrullero en Fibrapalma al día siguiente). A esta altura más de un productor sufrió pérdidas totales y otros con un gran porcentaje del campo quemado.
Al cuarto día sí; allí aparecen periodistas de todos los medios, políticos que se rasgan las vestiduras diciendo que esto no puede ser, pero que es. Los primeros que saltan. son algunos Senadores y Diputados de los departamentos afectados, en los casos más graves al quinto día, hasta se da una vuelta el gobernador, (eso sí, en helicóptero u avión, no sea cosa que el humo los haga toser), con esto se dice que evaluó la situación y que impartió las órdenes pertinentes, que comienzan a ejecutarse al sexto día cuando ya tenemos una tragedia en todos los sentidos: económico, ecológico, y sobre todo productores desmoralizados y cada vez más destruidos.
Esta zona pertenece al Parque Chaqueño semiárido, caracterizado por lluvias estivales con inviernos secos y heladas que no permiten el desarrollo de la mayoría de los pastizales naturales de invierno. En invierno se registran temperaturas de hasta –11º C siendo el mes más frío el de Julio con un promedio de 16 heladas anuales por debajo de 0º C registrándose la primera el 01 de Mayo (con una desviación típica de 22 días) y la última el 17 de Septiembre (con una variación de 15 días). Las lluvias comienzan a aparecer con mucha disparidad de un año a otro pero suelen hacerse esperar hasta Noviembre o Diciembre.
La zona originalmente tenía montes naturales, que fueron removidos sin ningún tipo de control, para destinar la tierra a la agricultura, y en la mayoría de los casos se utiliza el fuego como herramienta de limpieza, quemando un alto porcentaje de materia orgánica que el monte acumuló durante siglos, de esta manera se pierde un ahorro de fertilidad que la naturaleza fue acumulando lentamente. También se debilita la estructura del suelo, que pierde su capacidad para retener agua con todo lo que esto significa: erosión hídrica, eólica, y aumento del riesgo de pérdidas en cosechas ante una pequeña falta de lluvias.
En el caso de los campos netamente ganaderos, que
poseen una topografía que no les permite el laboreo o bien tienen un régimen de
lluvia tan escaso que no les alcanza para salir de la explotación ganadera a
excepción de que se utilice el riego. Tal es el caso de todo el oeste
provincial que comprende el área serrana y los valles de traslasierra. La
vegetación que encontramos en estos lugares es variable pudiendo clasificarlas
en dos grupos: La de altura en la zona montañosa casi sin árboles y con
pastizales naturales duros con alto predominio de los pajonales, que tienen un
desarrollo estival en el período libre de heladas; en los lugares donde se
praderizó artifícialmente se utilizaron especies con ciclo vegetativos
similares que son las únicas que se adaptan al ecosistema. Estas áreas durante
el invierno están cubiertas por la masa vegetal que se desarrolló en el verano
pero seca, en condiciones de sequía, que es lo normal, y un poco de viento,
tenemos los ingredientes ideales para que se desate un incendio y no lo podamos
controlar.
En el segundo grupo están las áreas de pié de
sierra y llanos con montes naturales (los pocos que quedan), o sin monte, pero
que también tienen un ciclo vegetativo estival, con inviernos secos en que el
campo entero es como papel seco, que se quema con suma facilidad.
A estos dos grupos tenemos que agregarles, los
montes forestales que casi en su totalidad son coníferas con alto contenido de
resinas, que cuando son presa de las llamas arden con suma facilidad, y
prácticamente imposible de controlar cuando las llamas toman proporciones
produciendo los incendios de copa.
Tras quince años de renegar con los incendios,
considero que el porcentaje de fuegos que se inician en forma natural no llega
al 5 %, y personalmente durante este periodo que va desde el año
La solución a este problema es la educación, en todos los niveles es necesaria una concientización en todos los ámbitos, sobre las consecuencias que puede acarrear un descuido o la desidia en las medidas de prevención.
En segundo lugar tenemos los fuegos que se prenden para quemar una parcela o lote y terminan quemando miles de hectáreas.
La práctica de la quema está muy arraigada en nuestra gente de campo, siendo varios los motivos por el cual se recurre al fuego como herramienta.
Tenemos el caso de productores que desmontaron y quieren trabajar prontamente el lote; éstos recurren al fuego como un elemento barato para limpiar la superficie del campo de los restos de la masa forestal que no tiene valor como leña, y muchas veces sin haber sacado lo que podría tener un valor como tal, ya sea porque no hubo tiempo, o bien porque al no estar declarado el desmonte no se puede sacar guía forestal. Entonces no hay quién lo explote, en este último caso el daño que se produce al suelo es mucho mayor dado que a los troncos gruesos duran más tiempo encendidos y calcinan el suelo en mayor grado.
Utilizando el fuego con este propósito quemamos un alto porcentaje de materia orgánica que la naturaleza acumuló durante siglos, y quiérase o no, estamos quemando el capital suelo o fertilidad.
Para evitar esto tendríamos que tener ventajas impositivas o de cualquier otro tipo para los productores que descartan la quema como herramienta de limpieza.
Por otro lado tenemos los ganaderos que partiendo de un falso concepto, queman para tener un pronto rebrote en la primavera para contar con algo de verde en forma anticipada. En estos casos se está forzando a la pradera a reiniciar su ciclo de desarrollo por estímulo térmico, corriendo el riesgo de que una helada tardía o el retraso en la llegada de las lluvias demore más de lo normal la producción de pasto, provocando un resultado adverso al deseado. Demás está decir las consecuencias desastrosas que podemos tener si esto se hace en campos de sierra, y la primera lluvia de primavera es torrencial.
Aquí veremos cómo se lava el campo y año tras año perdemos la capa de tierra quedando todas las piedras al descubierto y sobre éstas nada crece. La solución aquí es enseñar al productor a trabajar con reservas cualquiera sea el tipo, pero que no se vea en la obligación de recurrir al fuego como solución extrema.
En estos casos donde el productor utiliza el fuego
como herramienta, por barato o extrema necesidad, debe partir de la base que
desde el momento en que prendió el fósforo está ocasionando un daño y agresión
a la naturaleza, que en la mayoría de los casos superan a los beneficios. El
productor debe considerar cuándo y en qué condiciones inicia el fuego, sin
tener la certeza de cómo y donde terminará, ya sea por medidas precautorias
insuficientes, o porque un abrupto cambio en las condiciones climáticas le quitó
el control de la situación.
Otro de los problemas son los piromaníacos que
prenden fuego porque no tienen otra cosa que hacer, o para provocar daño a una
persona determinada. A éstos, cuando se los identifica hay que aplicarles penas
como para quitarles las ganas de prender fuego sin control a cualquiera.
Cada vez que se tiene que combatir un incendio, aparecen las más variadas recetas y procedimientos para llevar adelante la lucha contra las llamas. De un tiempo a esta parte y a fuerza de errores y aciertos la gente va sabiendo qué hacer en las distintas situaciones, pero en la mayoría de los casos existe falta de entendimiento entre productores o lugareños con los bomberos o la policía. Como consecuencia tenemos acciones y esfuerzos que por no estar coordinados o no aplicados en tiempo y forma, son vanos y si a esto le agregamos la falta de equipo adecuado, tendremos escasos logros e incendios que se combaten durante semanas cuando se los podría haber sofocado mucho antes.
Considero que lo más importante es la prevención
pero una vez declarado el siniestro tendría que existir un mecanismo
preestablecido que ponga en marcha un plan debidamente concebido para llevar
adelante la lucha. Como primera medida la policía, con la ayuda de organismos
locales como la municipalidad o grupo de productores, tienen que localizar
cualquier posible foco de incendio, partiendo de la base que cualquiera que
desee realizar una quema deberá comunicarlo previamente a las autoridades
responsables. De aquí en más tendrán que movilizarse los grupos de tareas que
cada caso demande, para esto se necesita solidaridad entre los productores del
área. También debe instruirse a la gente en el manejo de contrafuegos que es
una herramienta sumamente útil pero que no siempre se puede aplicar. Es de
vital importancia que los dueños de los campos tengan picadas a la par de cada
alambrado no sólo para preservarlos sino también para utilizarlos como frente
de lucha; a lo mejor no se podrá salvar todo el campo, pero si existen los
medios se puede evitar que algún potrero se queme y si los potreros son muy
grandes también corresponderla hacerle algunos cruces. Estos pueden ser la
salvación en muchas oportunidades. Este trabajo hay que realizarlo
inmediatamente después de la primera helada cuando los pastos de verano no
crecen y ya secos son de buena combustión.
Para finalizar considero que se puede optimizar la lucha contra incendios si participan los consorcios camineros, en apoyo a los productores que no tienen maquinaria y la designación de responsables por áreas que se capaciten en la lucha de incendios rurales; éstos con los campesinos afectados tomarán las medidas convenientes y si cuentan con el apoyo de bomberos debidamente capacitados la historia de los incendios de campos puede cambiar. Tampoco estaría de más ver qué hacen los países desarrollados en la materia. Seguramente se puede aprender mucho e incluso aplicar recursos que pueden ser de bajo costo y eficaces.
Si analizamos las crónicas periodísticas de los diez últimos años, los incendios rurales no solo causaron más daño que los urbanos sino que tuvieron más víctimas personales, tanto heridos como muertos.
Que las nuevas autoridades provinciales le den al tema la importancia que realmente tiene.
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