PRODUCCIÓN ANIMAL
Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Incendios
y uso del fuego
L. R. Green y J. R. Bentley*. 1967. Span, 10(2):96-101.
*Servicio Forestal del Departamento de Agricultura de los EE.UU.,
Riverside.
El uso de barreras cortafuego para separar extensas zonas de bosques o matorrales inflamables y reducir el riesgo de que el fuego se propague a grandes superficies, constituye una práctica bien establecida en la silvicultura. En el presente artículo los autores describen como se ha originado en California un nuevo tipo de barreras cortafuego, llamadas barreras herbáceas, en cuya construcción se emplean herbicidas y maquinaria pesada moderna.
El costo
de represión de los incendios forestales en los Estados Unidos es alrededor de
150 millones de dólares al año y las pérdidas ocasionadas por estos incendios
se calculan en una suma muchísimo mayor. Gran parte de las pérdidas provienen
de unos pocos incendios catastróficos. En California, por ejemplo, sólo un 3
por ciento de todos los incendios registrados llega a convertirse en
“conflagraciones”, nombre que se da a los incendios que son verdaderos
desastres. Las eficientes fuerzas de combate son capaces de extinguir el 95 por
ciento de los incendios antes de que lleguen a abarcar una superficie de
La alta proporción de grandes incendios en California se debe a varias causas. Existen allí densos matorrales, llamados localmente chaparral, y otros tipos de vegetación arbustiva y arbórea que cubren laderas montañosas de fuerte pendiente. Las lluvias caen, por lo general, durante el invierno y pueden ocurrir, principalmente, como tempestades periódicas durante dos o tres meses del año. Durante el largo y seco período estival, el calor y vientos secantes ocasionales resecan la vegetación. La vegetación seca, mezclada con el material leñoso acumulado en años anteriores de sequía constituye así un verdadero yesquero. Cualquier incendio declarado en estas condiciones tan desfavorables para la lucha, puede convertirse rápidamente en una conflagración de enormes proporciones.
Los encargados de combatir los incendios forestales
en California idearon la construcción de barreras herbáceas para impedir la
propagación de los incendios a grandes superficies. La barrera cortafuego
herbácea consiste en una ancha faja cubierta por vegetación menor que
representa una muy pequeña proporción de material combustible por unidad de
superficie y cuyo objetivo es separar extensiones cubiertas por árboles y
arbustos que constituyen densas masas de combustible pesado. Los sistemas de barreras
dividen los grandes sectores boscosos en sectores más pequeños, facilitando así
la tarea de circunscribir los incendios dentro de límites más estrechos.
La cubierta vegetal de las barreras herbáceas está formada, generalmente, por pastos, aunque a veces se dejan también otros tipos de vegetación menor, lo que ocurre principalmente en bosques mixtos de coníferas. A pesar de que el pasto seco es un combustible muy inflamable y de rápida combustión, ofrece mucho menos resistencia que los matorrales al combate del fuego. Es también más fácil preparar y mantener líneas de ataque en superficies cubiertas de pastos que en matorrales densos. Asimismo, las substancias químicas ignífugas de aplicación aérea son mucho más eficaces en el pasto que en los matorrales.
La presencia de vegetación en las barreras cortafuego se
recomienda por varias razones. Una es la conveniencia de evitar el alto costo
que significa mantener una ancha faja de terreno totalmente exenta de
vegetación. En segundo lugar, una cubierta de pastos continua puede prevenir o
reducir la invasión del matorral a la barrera. En tercer lugar, la cubierta
vegetal es necesaria para reducir al mínimo la erosión del suelo. Es corriente,
sin embargo, ubicar dentro de la barrera herbácea, un camino o faja cortafuego
angosta totalmente desprovista de vegetación, para usar como línea de
contracandelal. La contracandela consiste en la quema intencional de una faja
de vegetación en la trayectoria de avance de un incendio para que el fuego,
debidamente controlado, vaya al encuentro del incendio; se obtiene así una
ancha zona de material quemado que el incendio principal no puede cruzar.
Las barreras cortafuego herbáceas son, por consiguiente, instalaciones permanentes de pre-ataque, ubicadas estratégicamente para la lucha contra posibles incendios. Sirven, además, de vías de acceso para las cuadrillas combatientes y, donde el terreno lo permite, para el tránsito de vehículos auxiliares. Permiten, asimismo, en caso necesario, el traslado rápido y seguro de gente a las líneas críticas de fuego. Las barreras proporcionan también rutas expeditas de escape y en esta y otras formas contribuyen a mantener la moral de las cuadrillas de combate; conviene sin embargo tener presente que las barreras herbáceas son rara vez lo suficientemente anchas como para servir de verdaderas 'zonas de seguridad' en cualquier emergencia.
Una vez establecidas, las barreras herbáceas pueden ser ocupadas por el personal de combate al momento de iniciar la lucha o muy pronto después de iniciada. Esto da el tiempo necesario para quemar una línea de fuego mientras se domina aún la situación, o sea, antes de que el incendio tome demasiado cuerpo. Cuadrillas experimentadas pueden quemar sin peligro todo el material muy inflamable de la barrera herbácea cuando aún disponen de tiempo para planificar y ejecutar el trabajo sin demasiado apuro. Esta quema controlada se hace mucho más difícil cuando un incendio de gran intensidad está llegando a la barrera herbácea. El viento y el calor del incendio pueden causar numerosos incendios secundarios cuyo combate inmediato resta atención a las tareas principales de combate. Los incendios secundarios son pequeños fuegos causados por tizones ardiendo transportados por fuertes vientos desde el frente de avance del incendio principal.
Las barreras herbáceas no tienen por objeto detener
por sí solas el rápido avance de los grandes incendios sin la intervención del
hombre. Es indispensable, por lo tanto, contar con gente suficiente antes de
que el fuego se vuelva amenazante. Como líneas de ataque ya existentes, las
barreras sirven de puntos de apoyo para iniciar la acción ofensiva de la
contracandela. Dentro de la faja de la barrera herbácea esto puede ejecutarse
ya sea desde una barrera cortafuego angosta permanente, desde una zanja o
trinchera cavada durante el incendio, o bien, desde una línea preparada dejando
caer substancias químicas ignífugas.
Los sistemas de barreras herbáceas constituyen una garantía de protección si el ataque inicial no logra extinguir un incendio en sus comienzos. Si en su rápido avance el incendio cruza una barrera, las fuerzas de combate pueden ser trasladadas a otras barreras situadas en la trayectoria del fuego hasta que se logra detenerlo definitivamente. Igualmente, la lucha en otras barreras del sistema permite contener los flancos del incendio que tienen la tendencia de propagarse lateralmente; esta acción reduce la superficie quemada y disminuye los gastos de extinción y los perjuicios.
Las barreras herbáceas se ubican en lugares
estratégicos para combatir los incendios que escapan al ataque inicial. Se
prefiere a menudo las cimas de los cordones montañosos como lugares ideales
para impedir que los incendios recorran largas distancias. Pero puede ocurrir que
las barreras se ubiquen al pie de las montañas para proteger las tierras más
altas. Pueden construirse también en el fondo de los valles y en otros lugares
a lo largo de caminos forestales, como asimismo alrededor de sitios de
campamento, centros poblados, plantaciones, forestales y otras áreas de alto
valor escénico, histórico o comercial. Los sistemas de barreras interconectadas
que abarquen grandes extensiones son preferibles a las barreras aisladas.
La ubicación de una barrera herbácea determina el
ancho que debe tener. Para las condiciones existentes en el sur de California,
los técnicos recomiendan un ancho mínimo de
Por regla general, mientras más ancha es la barrera más fácil y menos peligrosa es la labor de combate del fuego. Pero consideraciones de orden práctico limitan el ancho de la mayoría de las barreras, ya que su costo es a menudo un factor decisivo. Problemas legales relacionados con derechos de servidumbre de paso en terrenos particulares pueden limitar también el ancho del desmonte. La posible pérdida de madera causada por la construcción de barreras muy anchas debe estar compensada con las posibles ganancias derivadas de la protección de los bosques colindantes.
La construcción de barreras anchas no perjudica necesariamente la belleza del paisaje. Un hábil manejo de la vegetación puede lograr siempre un conjunto agradable. Es fácil evitar márgenes trazados en línea recta que pueden parecer artificiales. En cambio, es posible adaptar el trazado de las barreras a las formas naturales del terreno. Un hermoso aspecto, como el de las praderas sub-tropicales, puede obtenerse dejando árboles bien espaciados o grandes arbustos con sus ramas inferiores podadas. Pero tanto los bosques como otros tipos de vegetación mayor deben ser debidamente raleados para evitar que los incendios de copas crucen la barrera cortafuego. (Incendios de copas son los que avanzan en las copas de los árboles en vez de cerca del suelo.)
La construcción de barreras herbáceas exige la eliminación de la densa vegetación leñosa existente y su reemplazo por una cubierta herbácea permanente. Esta cubierta puede estar formada por plantas herbáceas indígenas anuales o perennes que se desarrollan naturalmente en el terreno al eliminarse la vegetación leñosa más alta, o puede consistir también de pastos perennes sembrados en la faja. En los bosques de coníferas de California se deja a veces como cubierta un arbusto bajo de hoja perenne llamado, Chamaebatia foliolosa.
El primer paso en la construcción de una barrera
herbácea consiste en la remoción del matorral alto o del número excesivo de
árboles. Este material es a veces cortado y apilado a mano para ser quemado más
tarde sin peligro, después de una lluvia. En el sur de California solamente, se
han despejado en esta forma más de
El desmonte se hace también utilizando bulldozers.
Un método corriente consiste en cortar los arbustos casi al ras del suelo y apilar
el material en montones o hileras para ser quemado posteriormente. El desmonte
con tractor está limitado a terrenos planos y a pendientes no mayores del 40
por ciento. Cuando el material es muy duro, se emplea a veces rastrillos
especiales consistentes en dientes que van fijados a la lámina del bulldozer y
que arrancan las plantas y arbustos sin remover una cantidad excesiva de
tierra. Se emplea también con éxito una rastra pesada de discos para picar el
matorral de poca y mediana densidad e incorporarlo al suelo. Una sola pasada es
suficiente para el matorral menudo, pero se requieren dos pasadas para tallos
de mayor tamaño. El uso de discos no se presta para sectores de chaparral mixto
con troncos duros y pesados y grandes raíces y tampoco para broza de coníferas
densa.
Siempre que pueda hacerse sin peligro, la quema controlada de áreas extensas es un método de limpia aconsejable. Pero es importante preparar el material combustible con bastante anticipación para que cuando el clima sea propicio se pueda quemar sin peligro de que se propague a los matorrales vecinos. Un método de preparación recomendable consiste en triturar el material con un tractor pesado; también se usa la pulverización con substancias químicas para secar el matorral. En ambos casos el matorral se seca hasta un grado que le permite quemarse fácilmente. Esta operación deja al suelo relativamente libre de malezas que pudieran competir con los pastos sembrados y aumenta también, temporalmente, los elementos nutritivos del suelo (2).
En algunos tipos de bosques de coníferas se está ensayando las 'quemas ligeras' para el despejo de barreras herbáceas. Se inicia la quema inmediatamente después de una fuerte lluvia y se deja avanzar el fuego dentro del bosque. Si las condiciones de humedad de la vegetación son satisfactorias, se producirá la quema parcial o total de la vegetación menor; se destruirán pequeños árboles y arbustos que no producen brotes de cepa, pero la gran mayoría de los árboles de mayor tamaño no sufrirá daño alguno. El proceso de limpia se continúa mediante otras quemas hasta que se obtiene una barrera herbácea arbolada y despejada, semejante a un parque. Hasta ahora, sólo unos pocos sectores de barreras herbáceas han sido preparados en esta forma, pero se continúa haciendo otros ensayos.
Los incendios de bosques y matorrales destruyen también material leñoso en terrenos apropiados para construir barreras herbáceas. Los incendios eliminan, a veces, todo el matorral, pero más a menudo dejan retazos sin quemar y árboles y arbustos a medio quemar. Toda esa vegetación debe eliminarse después del incendio para dejar en la barrera un mínimo aceptable de material combustible.
Dentro de la faja quemada o limpiada a mano
que comprende la barrera, la cubierta herbácea nace de las semillas que
existían allí antes de que la vegetación leñosa fuese eliminada. Bajo una
cubierta de mediana densidad, las plantas herbáceas producen muy poca semilla,
y por lo demás, son muy escasas las plantas herbáceas capaces de crecer bajo
una densa cubierta de chaparral. No obstante, después de la desaparición del
matorral, se forma una cubierta vegetal moderadamente ligera de plantas anuales
no gramíneas. Los pastos anuales son por lo general, escasos durante el primer
año. Después de la extirpación del chaparral por el fuego durante la estación
seca, aparecen en la primavera siguiente numerosas plantitas de especies
arbustivas. Muchos arbustos que retoñan tales como Adenostoma fasciculatum,
Arctostaphylos spp. y Quercus dumosa, producen vigorosos brotes del cuello
de la raíz (5).
Durante dos o más años después de la quema de la
vegetación, su densidad y el crecimiento de las partes aéreas son inferiores a
los del matorral virgen. Pero poco a poco los pastos y las plantas no gramíneas
anuales, junto con algunas plantas perennes van cubriendo la superficie. Los
retoños de cepa de los tocones del matorral crecen con rapidez, lo mismo que
las plantitas que han resistido el primer verano seco. Al cabo de 5-10 años, si
no se aplican medidas de control, el matorral domina el terreno y se produce
poco a poco el cierre de las copas.
Para interrumpir esta vuelta del matorral al estado primitivo, se hace necesario controlar el rebrote por medio de herbicidas. Cualquiera que sea el método de limpia usado, los herbicidas se utilizan para alterar el curso de la sucesión vegetal. Si no se cuenta con herbicidas apropiados, es casi imposible construir barreras herbáceas eficaces. La aplicación de herbicidas deberá efectuarse poco después de la limpia y en todo caso dentro de los dos años. Su aplicación deberá continuarse hasta que las plantas leñosas desaparezcan del todo o sean reducidas a un mínimo aceptable. Por lo general se necesita llegar a una extirpación casi total pues los matorrales dejados sin control vuelven a crecer rápidamente invadiendo la totalidad del terreno.
El empleo de herbicidas se inicia cuando los brotes
están todavía pequeños, o sea, no mayores de 30-
Los ésteres poco volátiles de 2,4-D y 2,4,5-T han probado ser los más eficaces para matar la mayoría de las especies que forman el chaparral. Otros herbicidas han demostrado una utilidad limitada para objetivos especiales. Una mezcla de 2,4-D y 2,4,5-T se usa generalmente para chaparral mixto; 2,4-D se emplea en grupos puros de especies que han probado ser sensibles a este herbicida, y se usa 2,4,5-T para las especies resistentes a 2,4-D. Se recomienda generalmente como dosis moderada una proporción de 4 kilos (equivalente de ácido) del producto químico por hectárea (6).
Cuando la vegetación natural de plantas nativas no parece apropiada para formar una cubierta herbácea adecuada y permanente, se recurre a la siembra de pasto poco después de la eliminación del matorral. Esto debe hacerse lo antes posible con el objeto de cubrir rápidamente el suelo y evitar la erosión. La rapidez es particularmente importante cuando la cubierta vegetal anterior ha sido eliminada por el fuego. Otro objetivo al usar pastos perennes puede ser el suministro de forraje mejorado para el ganado. La siembra de pastos bien seleccionados contribuirá también a excluir especies de plantas poco deseables, ofreciendo una mayor competencia. Estos pastos pueden, asimismo, permanecer verdes hasta más avanzado el verano alargando así el período de "seguridad" en que la barrera herbácea no puede incendiarse.
En California, el establecimiento de pastos
perennes es probablemente el paso más difícil en la conversión de una faja de
matorral en una barrera herbácea, debido a que el clima y su influencia en las
condiciones de humedad del suelo son a menudo desfavorables. Los mejores pastos
se obtienen sembrando mientras el terreno está relativamente libre de
vegetación competitiva, lo que ocurre durante el primer año crítico después de
la extirpación del matorral. Las etapas principales son: la selección de una o
más especies de pastos que se adapten bien al terreno, la preparación de un
terreno limpio para la siembra y la cobertura de la semilla sembrada. Una vez
bien establecidos, los pastos perennes han demostrado ser persistentes.
Después que las barreras herbáceas se construyen,
su mantención posterior es motivo de preocupación para los administradores
forestales, debido, en gran parte, a que siendo este tipo de barrera demasiado
nuevo, no se sabe lo que puede acontecer en el futuro. Las barreras que carecen
de una cubierta permanente de pastos perennes son invadidas por arbustos enanos
o arbustos bajos que no abundan en un chaparral maduro. Estas plantas deben ser
combatidas con herbicidas como una medida de mantención, además de las primeras
aplicaciones que se hacen cuando la barrera es construida.
Un ensayo exploratorio ha demostrado que las
barreras herbáceas cubiertas por una densa capa de pasto perenne pueden
mantenerse con un mínimo de trabajo. El área bajo experimentación ocupa
La construcción de barreras herbáceas es cara. El costo por hectárea para convertir chaparral mixto en una cubierta de pasto puede detallarse como sigue:
|
|
Dólares |
|
Trituración del matorral |
19,00 |
|
Quema del material triturado, etc. |
5,00 |
|
Semilla de pasto perenne |
9,50 |
|
Siembra en hileras |
14,50 |
|
Aplicación de herbicidas (dos aplicaciones generales; una aspersión a mano) |
84,00 |
|
Total |
132,00 |
Si las especies dominantes del matorral son sensibles
a los herbicidas, el costo puede reducirse en una tercera parte. En cambio, si
la mayoría de las especies es resistente, el costo puede ser un tercio mayor
que el indicado (4). Pero conviene darse cuenta que una milla (
Es muy difícil hacer una evaluación de los beneficios presentes y futuros pues muchos de esos beneficios no pueden valorizarse comercialmente. Las barreras herbáceas se construyen en la suposición de que el gasto vale la pena, pero sin tener una prueba científica de ello. Aun así, los pocos estudios efectuados tienden a dar resultados contradictorios (3,7).
En 1960, un solo incendio en Los Ángeles County en
California, arrasó más de
Las barreras herbáceas tienen otros usos aparte del
control de incendios. La conversión selectiva de matorrales en pastizales puede
aumentar el rendimiento de agua debido a la eliminación de la vegetación leñosa
del fondo y de las laderas de los cañones de suelos profundos (9). Las barreras
herbáceas contribuyen en gran medida a aumentar el volumen de vegetación que
puede considerarse como formando tipos marginales entre dos comunidades
vegetales diferentes; esto mejora el medio o hábitat para muchas especies de
vida silvestre. Las barreras herbáceas proporcionan alimento a los ciervos, los
cuales encuentran un refugio cercano en los matorrales vecinos. Con frecuencia
pueden también proporcionar alimento al ganado doméstico. Finalmente, hacen más
accesibles y más seguras las áreas de recreación pública pues en caso de un
gran incendio las probabilidades de que la gente pueda quedar aislada, sin una
ruta fácil de escape, son considerablemente reducidas.
(1) ANONIMO. Guidelinesforfuel-breaks in southern
California. U.S. Dep. Agr. Forest. Serv. Pacific S.W. Forest and Range Exp.
Sta. Fuel-break Rep. 9, 1963.
(2) BENTLEY, J. R. Conversion of chaparral to grass
in California. U. S. Dep. Agr. Handbook
(en prensa).
(3) DAM, L. S. The economics of wildlife
protection, with emphasis on Juel~break systems. Calif. Dep. of Conserv.
Div. of Forestry. Sacramento, 1965.
(4) GREEN, L. R., WHITE, V. E. y PLUMB, T. R. Some
brush conversion costs on southern California fuel-breaks. U.S. Dep. Agr.
Forest. Serv. Pacific S.W. Forest and Range Exp. Sta. Fuel-break Rep. 12, 1963.
(5) PLUMB, T. R. Sprouting of chaparral by December
after a wildflre in July. U. S. Dep. Agr. Forest. Serv. Pacific S.W. Forest
and Range Exp. Sta., Informe técn. 47, 1961.
(6) PLUMB, T. R., BENTLEY, J. R. y WHITE, V. E. Chemical
control of brush regrowth on fuel-breaks. U. S. Dep. Agr. Forest Serv.
Pacific S.W. Forest and Range Exp. Sta. Fuel-break Rep. 11, 1963.
(7) MURPHY, L. J. An analysis of the economic
efficieney of an experiment in conflagration control on the Stanislaus National
Forest, California. Ph.D. thesis Dep. of Conserv., Univ. of Mich., Ann
Arbor, 1965.
(8) RiCE, R. M. Ms not over when the fire's out. U.
S. Dep. Agr. Forest Serv. Pacific S.W. Forest and Range Exp. Sta.,1963.
(9) ROWE, P. B. y REIMANN, L. F. Water use by brush,
grass, and grass-forb vegetation. J7. Forest,
59, 3, 175181,1961.
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