Incendios rurales en la provincia de La Pampa

Alihuen. 2007. www.alihuen.org.ar, Santa Rosa, La Pampa.

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Algo esta cambiando en el ambiente

Esta es la conclusión a la que arribamos luego de recopilar información sobre estos eventos naturales, en la cual se observa un cambio climático a nivel regional.

Los Incendios forestales son una constante en nuestra provincia. Históricamente tenemos un promedio de (300.000) trescientas mil hectáreas anuales afectadas.

Pero la cifra del ultimo verano jamás había sido registrada. El Incendio alcanzo las tres millones quinientas mil hectáreas (3.500.000 has) en dos meses en la Provincia de La PAMPA =  25% de la superficie de la provincia.

Para ubicarnos en el tema, a la provincia de La Pampa la dividiremos en dos partes:

Noreste: superficie de 39.349 Km2 con una población del orden de los 220.000  habitantes según el Censo del 91 (84% de la Población Total) y cuya actividad principal es la agricultura. (Precipitaciones promedios históricas de 700 mm anuales)

Oeste: superficie de 104.091 Km2 con una población del orden de los 43.000  habitantes según el Censo del 91 (16% de la Población Total) y cuya actividad principal es la ganadería y es donde se dan los incendio.

La baja densidad poblacional, el clima, el suelo, la flora y la fauna de esta zona (región semiárida y árida) es lo que define a nuestra provincia como territorio Patagónico. (Fernando Aráoz, "La Pampa Total").

Esta zona la podemos dividir por su vegetación en cuatro grandes tipos fisonómicos:

1º- Bosque abierto caducifolio de Caldén (ubicado entre las isohietas de  400 y los 600 mm). Generalmente compuesto por tres estratos (a veces dos): arbóreo, arbustivo y gramino - herbáceo.

2º- Pastizal natural. Fisonómicamente existen dos tipos de pastizales: El pastizal de gramíneas bajas y el pastizal samófilo.

3º- Arbustal (ubicado entre las isohietas de  200 y los 450 mm) es el más difundido en La Pampa, con variaciones que dependen de las condiciones ambientales.

4º- Matorral: se ubica a lo largo de los ríos Atuel, Salado - Chadileuvú y Colorado, así como en los cerros, lomas, etc.

Con el fin cumplir lo objetivos que nos hemos propuesto en la asociación iniciamos una serie de consultas con los pobladores de nuestro Oeste provincial. Todos hacían notar lo benigno de los últimos años, había mucho pasto y pocos fuegos, los campos comenzaban a poblarse de hacienda, aparecían compradores de campo, etc.

En general los pobladores comenzaron a adaptarse a los cambios climáticos. Por ejemplo la construcción típica del Oeste Pampeano es el Rancho de chorizo (Vivienda precaria de zonas áridas realizadas de barro y paja principalmente) y al incrementarse tanto las precipitaciones estas comenzaron a deteriorarse, a desmoronarse, los puestos se hacían cerca del agua o en los bajos, muchos de los cuales en la actualidad debieron abandonarlos por problemas de inundaciones o por problemas en las construcciones, ya que al no haber piso las casa cedieron.

Esto nos  llevó a buscar información en distintas instituciones del medio.

Primero el problema de las Viviendas no se debía a los caudales de los ríos pampeanos, ya que estos traen cada vez menos agua, sino a problemas en la consolidación de los suelos y al incremento en las precipitaciones y la elevación de las freáticas.

Al buscar los registros pluviométricos de la Provincia, nos encontramos con tres datos relevantes:

1º- Hay un desplazamiento de las isohietas (en los últimos 20 años) hacia el oeste. Esto significa que el promedio de precipitaciones de los últimos 20 años es mayor al histórico en las distintas zonas de LA PAMPA.

2º- El año 1999, fue para muchas localidades pampeanas el más lluvioso de los que se tiene registro.

3º- El año 2000, tuvo un otoño e invierno húmedo, con muy buenos registros pluviométricos.

Todo llevo a que durante los últimos años, los campos acumularan materia seca.

Esto, sumado al escaso e intermitente caudal que traen los ríos Chadileuvú y Atuel, (antiguas barreras infranqueables para los incendios y actualmente aprovechados  por Mendoza), la falta de mantenimiento de las picadas y el escaso equipamiento e instrucción para controlar los fuegos, sirvieron de caldo de cultivo.

Fue así que cuando se esperaba tener una de las primaveras más húmedas, ocurrió todo lo contrario, dejo de llover, la masa vegetal comenzó a secarse, y hacia fines de noviembre del 2000 se inicio este periodo de incendios, el cual lamentablemente será recordado en la historia por las (3.500.000) tres millones quinientas mil hectáreas quemadas en algo más de dos meses o como el año en que se quemo el 25% de la Provincia.

Este siniestro se llevo una vida humana, dejo heridas físicas y psíquicas en los pobladores, produjo perdidas económicas que se aproximarían a los (15.000.000 $) quince millones de pesos dólares. Miles de animales domésticos y silvestres muertos y/o moribundos; el suelo desnudo, expuesto a la acción del viento y el agua facilitando su erosión; etc.

 

 

 

 

 

 

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