PRODUCCIÓN BOVINA DE CARNE

Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,

Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina

 

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Carne Argentina: Una especialidad

Hernández, Rolando A.2002. Área de Investigación - Estación Experimental Agropecuaria

General Villegas, INTA. Publicación Técnica Nº 38, ISSN – 0326-5803

ÍNDICE

Introducción

Carne

Algunas estadísticas relevantes

El sistema de producción

El poder del consumidor

¿Qué se entiende por calidad?

Calidad de la carne: un efecto en cadena

Carne “a pasto”: un alimento saludable

Grasa intramuscular y colesterol

Ácidos grasos Omega-3 y Omega-6

Ácido linoleico conjugado

Atributos de la carne argentina

La demanda del futuro

Mirando en positivo

Estrategia para acceder a mercados externos

Consideraciones finales

Agradecimientos

Bibliografía consultada

Introducción

El sector agroalimentario es, posiblemente, el de mayor potencial en la Argentina para crecer y maximizar su aporte al bienestar de todos los habitantes de este país.la Argentina

La cadena agroalimentaria de la carne va­cuna tradicionalmente ha tenido, y aún tiene, gran importancia en la economía na­cional.

La exportación es la clave del crecimiento de este sector de nuestra economía.

Para exportar es necesario que nuestros productos se adapten a los requerimientos  de los mercados internacionales, especial­mente de aquellos con mayor poder adqui­sitivo, que pagan la proteína animal mucho más de lo que abonan por otro tipo de pro­teína. Cuando se trata de competir por los mercados de alto poder adquisitivo es nece­sario tener en cuenta las condiciones cam­biantes de los hábitos de consumo en los países desarrollados y anticiparse a los cam­bios en la demanda ofreciendo productos que se adecuen a las exigencias de los con­sumidores. Esto constituye un gran desafío para la producción y la industria de proce­samiento de la carne argentina.

Aunque el mayor valor de las exportaciones cárnicas seguramente va a provenir de los países desarrollados, no se deberían dejar de considerar las demandas provenientes de países con menos exigen­cias en calidad y de ingresos intermedios.

Es imprescindible pensar en el comercio ex­terior: adónde ir, con qué productos. Re­sulta necesario analizar la producción de carne vacuna en su vinculación con la indus­tria transformadora y la comercialización.

Avanzar en los mercados externos requeriría la existencia de una estrategia elaborada en conjunto por todos los eslabones de la ca­dena, sumando campo, industria, servicios y Estado.

Esta publicación pretende realizar un mo­desto aporte a la temática considerada.

Carne

En general, se llama carne a todo compo­nente o derivado animal, fresco o transfor­mado, que por su valor nutritivo y comesti­ble es utilizado por el hombre para alimen­tarse o satisfacer su gusto. Específicamente se llama carne al tejido muscular del animal después de su muerte.

Para los argentinos, hablar de carne es sinó­nimo de carnes rojas, y en especial de bo­vino.

Algunas estadísticas relevantes.

El sector de la carne vacuna tradicional­mente ha tenido gran importancia en el conjunto de la economía argentina.

Nuestro país es un gran productor, un gran consumidor, y un potencial gran exportador de carne bovina.

En el período 1996-2000 las existencias bo­vinas oscilaron entre 50.848,6 y 48.652,6 millones de cabezas (Tabla 1).

 

Tabla 1. Existencias bovinas  en el período 1996-2000 (Fuente: SAGPyA – INDEC, 2001)

Año

Bovinos

(cabezas)

1996

50.829.700

1997

50.059.000

1998

48.084.900

1999

49.056.600

2000

48.674.400

 

La producción nacional fluctuó entre 2,4 y 2,7 millones de toneladas (equivalentes a res con hueso) y la faena entre 11,2 y 12,9  millones de animales (Tabla 2).

 

Tabla 2. Producción de carne y faena en el período 1996-2000 (Fuente: SAGPyA, 2001)

Año

Producción

                 (miles de tn)

Faena

(cabezas)

1996

2.694

12.916.716

1997

2.712

12.794.718

1998

2469

11.267.726

1999

2.720

12.141.366

2000

2.683

12.221.664

 

La mayor parte de la producción (2,1 a 2,3 millones de toneladas) tuvo como destino el mercado interno, cuyo nivel de consumo fue de 59,8 a 64,6 kg/habitante/año (Tabla 3).

 

Tabla 3. Volumen total y Per-cápita del con­sumo interno de carne en el período 1996-2000 (Fuente: SAGPyA, 2001)

Año

    Consumo interno

(miles tn)

Consumo Per-Cápita  (kg)

1996

2.217

63,0

1997

2.274

64,0

1998

2173

59,8

1999

2.372

64,6

2000

2.342

62,8

Las exportaciones totalizaron de 0,29 a 0,47 millones de toneladas de carne (12,0 a 17,7 % de la producción anual) y 706  a 956 mi­llones de dólares (Tabla 4).

 

Tabla 4. Exportaciones de carne bovina en el período 1996-2000 (Fuente: SAGPyA, 2001)

Año

tn

% sobre Producción

Miles de U$S1

1996

476.640

17,7

956.865

1997

437.852

16,1

894.353

1998

295.867

12,0

723.695

1999

347.599

12,8

732.757

2000

340.024

12,7

706.381

El sistema de producción

Los sistemas de producción de carne pre­dominantes en la Argentina se basan en la utilización directa, a través del pastoreo, del forraje proveniente de pasturas cultivadas, pastizales naturales y verdeos estacionales.

Estos sistemas encuentran en las pasturas de cali­dad la fuente más económica de nutrien­tes, pero contem­plan la suplementa­ción con forrajes con­servados y/o con­cen­trados como instru­mento para au­mentar la re­cep­tividad de los pastos y mante­ner o mejorar la productivi­dad de los ani­males.

El uso de suplementos se realiza en forma estratégica, es decir en momentos precisos y en cantidades controladas para corregir problemas específicos, y cuando la relación insumo/producto resulta favorable desde un enfoque integral del sistema. La suplemen­tación del ganado se encuadra en los siste­mas pastoriles como una técnica de apoyo que integra y completa el conjunto de re­cursos tecnológicos capaces de mejorar los niveles de eficiencia de la invernada y cría, basadas en el pastoreo directo de los recur­sos forrajeros.

El suministro de un alimento voluminoso como heno, y de alimentos energéticos como silaje de maíz con alto contenido de grano, o de concentrados, es una herra­mienta adecuada para corregir deficiencias de fibra y de energía que limitan la produc­tividad de los vacunos sobre pasturas de alta calidad durante el otoño.

Alimentos voluminosos como silaje de maíz, silaje de pastura, o heno, además de con­centrados, son apropiados para la suple­mentación orientada a incrementar la carga animal durante el período invernal cuando la tasa de crecimiento de las pasturas dismi­nuye.

Silaje de maíz con alto valor energético o concentrados suelen utilizarse en verano para mantener una óptima ganancia de peso y lograr la terminación de los novillos cuando las pasturas ven disminuida su cali­dad.

El poder del consumidor

El consumidor se ha constituido en el ele­mento clave, en el motor de las cadenas agroalimentarias; él define la demanda e impulsa a todos los eslabones de la cadena a trabajar para satisfacerla.

Los con­sumidores están cada vez mejor in­formados y son más exigentes respecto a la calidad de los alimentos, generando una demanda crecientemente diversificada y compleja.

La carne no escapa a esta tendencia y, al igual que ocurre con otros productos, en el mercado de las carnes las commodities es­tán perdiendo protagonismo y hoy, cada vez más, la demanda se orienta hacia pro­ductos con valor agregado a través de su caracterización y/o elaboración.

¿Qué se entiende por calidad?

La calidad es un conjunto de características y propiedades de un producto o servicio que le confieren la capacidad de satisfacer exi­gencias expresas o implícitas.

Calidad de la carne: un efecto en ca­dena

La calidad de la carne para los consumidores está determinada por una serie de atributos entre los cuales las características nutricio­nales, las propiedades organolépticas o sen­soriales y los aspectos de inocuidad y de servicio son de gran importancia.

El valor nutritivo de la carne es ampliamente conocido. Aporta proteínas de alta digesti­bilidad y elevado valor biológico esenciales en todas las etapas de la vida pero espe­cialmente en la ma­terno-fetal, infantil y ju­venil por su contribución al desa­rrollo físico y mental; vitaminas como las del complejo B: tiamina o B1, rivoflavina o B2, Piridoxina o B6, cobalamina o B12, niacina, biotina, ácido fólico, ácido pantoténico; pequeñas cantidades de vita­mina A. Aporta también hie­rro, po­tasio y el resto de los minera­les se halla en forma equili­brada: magnesio, fós­foro, so­dio, zinc y cobre.

Las pro­piedades organolépticas o sensoria­les se perciben por los sentidos; el consumi­dor las aprecia fácilmente al comprar y al comer el producto y son el color, la terneza, la jugo­sidad, el aroma y el sabor; el con­junto de percepciones  gustativas y olfato­rias (sabor y aroma) durante el consumo de la carne constituye el flavor. La terneza es la más importante para la mayoría de los con­sumi­dores. Una excelente calidad de carne se caracteriza por un color rojo claro bri­llante, terneza, jugosidad, atractivo flavor, buen contenido de músculo y algo de grasa de color blanco anacarado o blanco cre­moso.

Las características organolépticas de la carne están determinadas básicamente por el sis­tema de producción (raza, sexo, edad y peso de faena, alimentación, etc). Sin em­bargo, el manejo del animal previo a la faena (carga, transporte, comercialización,  permanencia en la planta faenadora) y el manejo y conservación de las reses y cortes en el período post-faena, así como también los métodos de preparación y técnicas de cocinado pueden modificar dichas ca­racte­rísticas.

 

La inocuidad es un atri­buto de calidad de los alimen­tos por el cual los con­sumidores tienen espe­cial preocu­pación. Inocuidad implica ausencia de contaminantes biológi­cos y de residuos quími­cos peligrosos para la salud humana. La carne como materia prima y los productos derivados de su pro­cesamiento pueden ser, en determinadas circunstancias, transmiso­res de enfermeda­des (para el ser humano o para otros animales, tal es el caso de aftosa, tuberculosis, Liste­ria, BSE, Salmonella y E. Coli; en Estados Unidos el número de casos por año de enfermedades de origen microbiano transmisibles por ali­mentos se ha estimado en 7 millones, de los cuales 7.000 son fata­les. De ellos, 5 mi­llones de casos y 4.000 muertes han sido vinculados a carnes rojas y blancas); tam­bién pueden contener residuos químicos como consecuencia de la utiliza­ción de cier­tas sustancias en la etapa de producción del ganado (herbicidas, antibi­óticos, antiparasi­tarios, anabólicos, etc.) o en los procesos industriales (aditivos, con­servantes, etc.).La inocuidad de los alimen­tos es un aspecto de gran importancia por sus efectos en la salud pública y el comercio internacional.

El aspecto de servicio se re­fiere a aquellas características que adecuan el producto a las demandas del mercado en cuanto a pre­sen­tación, tiempo de preparación, tiempo de con­sumo, etc.

La cadena de la carne es una sucesión de distintas etapas altamente interrelacionadas que comienzan en el campo con la actividad del productor y finalizan con el producto listo para consumo ofrecido en bocas de venta; entre estos dos puntos están el transporte, la comercialización, el procesa­miento, la distribución, etc. La integración de los eslabones de modo que cada uno  conozca el conjunto y lo que se espera de él en función de los productos finales, es de fundamental importancia para alcanzar la calidad requerida por los consumidores y para la competitividad de la cadena agroa­limentaria.

Carne “a pasto”: un alimento saludable
Grasa intramuscular y colesterol

La carne bovina ha sido asociada al desarro­llo de enfermedades cardio y cerebrovascu­lares, causa más importante de mortalidad en la mayoría de los países del mundo. Esta asociación fue consecuencia de los resulta­dos de diferentes investigaciones sobre la relación entre el consumo de grasas anima­les y la formación de depósitos de colesterol en las arterias del cuerpo humano.

En el organismo humano, las grasas satura­das conducen a la formación de la lipopro­teína de baja densidad (LDL = low density lipoprotein), muy perjudicial para la salud por depositar el colesterol en las arterias aumentando el riesgo para la cardiopatía coronaria. Las grasas no saturadas, en cam­bio, son precursoras de la lipoproteína de alta densidad (HDL = high density lipopro­tein) que no solamente no es perjudicial para la salud, sino que colabora en la elimi­nación del colesterol LDL de la circulación sanguínea.

Los cortes vacunos tienen dos tipos de gra­sas: la de cobertura externa y la intramus­cular, que le da el veteado o marmoleado. La grasa de cobertura es eliminada en el frigorífico, en la carnicería, en el restaurante y/o en el hogar. La grasa intramuscular no es posible de eliminar como se hace con la periférica y es la que determina el riesgo para el consumidor.

Hoy se sabe que la cantidad de grasa intra­muscular, la composición de ácidos grasos y la cantidad de colesterol presentes en cual­quier tipo de carne  depende del sistema de producción empleado. Los factores que in­ciden en la cantidad y calidad de lípidos intramusculares son: edad, sexo, peso vivo, raza o cruza, velocidad de crecimiento, clima, etc., pero esencialmente el nivel de gordura y la dieta.

La imagen de la carne como un alimento poco saludable, proviene de países con alta incorporación de sistemas intensivos de producción donde animales alimentados en confinamiento, con dietas basadas en gra­nos forrajeros ricos en grasas saturadas, de determinadas razas, pesos y edades de faena, generan un producto con elevado nivel de grasa intramuscular y saturada y de colesterol.

La caracterización de la carne obtenida en los corrales o feedlots norteamericanos o europeos no es aplicable a la producida en los sistemas pastoriles predominantes en nuestro país, con las razas más difundidas entre nosotros y a los pesos tradicionales de faena.

La grasa intramuscular está formada por triglicéridos, fosfolípidos, esteroles (ej. coles­terol y ésteres del colesterol), ácidos grasos libres, etc; los triglicéridos son más satura­dos y los fosfolípidos son más ricos en ácidos grasos poliinsaturados, contribuyendo en forma muy importante a los lípidos de la carne magra (Gráfico 1).

 

Gráfico 1. Composición media en ácidos grasos de los triglicéridos, fosfolípidos y lípidos totales de los lípidos

intramusculares de la carne vacuna (n= 100) (Fuente: García, P. y otros, 1996).

 

 

 

 

Con respecto a la carne vacuna producida en el país en nuestros sistemas extensivos sobre pasturas, diversos estudios del INTA, realizados desde el Instituto de Tecnología de Alimentos del Centro de Investigaciones en Ciencias Veterinarias, por la Dra. Pilar T. García y colaboradores, han demostrado los bajos niveles de grasa intramuscular y saturada y de colesterol de la misma.

En el Gráfico 2 se presentan los resultados de tres músculos importantes provenientes de reses de novillos alimentados en condi­ciones de pastoreo con niveles de grasa cor­poral entre 10 y 30%. Un porcentaje de grasa de la res del 20%, compatible con una buena calidad de carne, muestra para el longissimus un valor de 2,8% (2,8 g de grasa/100 de carne fresca), 1,7% para el semitendinosus y 4,0% para el psoas major.

 

Gráfico 2. Porcentaje de lípidos intramus­culares de tres músculos importantes en función del porcentaje

de grasa corporal. Novillos en condiciones de pastoreo (Fuente: García, P. y otros, 1996).

 

Estudios realizados con novillos alimentados en condiciones extensivas de pastoreo esta­blecieron que muchos cortes de primera calidad tenían valores sorprendentemente bajos de grasa intramuscular y de colesterol (García y otros, 1992). Los resultados obte­nidos permitieron demostrar la existencia de cortes con cerca del 1% de grasa, como la nalga y la cuadrada, seguidos por el peceto y la colita de cuadril con valores próximos al 2 %; el nivel más alto en cuanto a grasa in­tramuscular correspondió a la palomita, con alrededor de 4,5 % de veteado (Gráfico 3). Los valores de colesterol se ubicaron entre 43 y 55 mg/100g de carne fresca (Gráfico 4).

 

Gráfico 3. Cantidad de grasa intramuscular o veteado en cortes bovinos (Fuente: García,  P. y otros, 1992).

Novillos clasificados en Grasa 1 según normas de la ex JNC. Las Lilas. Comega SA


Gráfico 4. Contenido en colesterol de cortes bovinos; INTA - Las Lilas. Comega S.A. (Fuente: García,  P. y otros, 1992)

 

Los mismos investigadores, trabajando con novillos de diversos niveles de grasa corpo­ral, encontraron que el 68% de los pecetos tenían menos del 2% de grasa intramuscular (Gráfico 5) y que el 83% de los bifes de cho­rizo tenían menos del 4% de grasa intra­muscular (Gráfico 6).

 

Gráfico 5. Cantidad de grasa intramuscular. Corte peceto, N= 500 novillos. (Fuente: García, P. y otros, s/f)

 

Gráfico 6. Cantidad de grasa intramuscular en el bife de chorizo. N= 500 novillos. (Fuente: García, P. y otros, s/f.)

 

Se recomienda que el aporte calórico de la ingesta total de grasa no supere el 30 % de la energía total consumida. La mitad de ese 30 % debería provenir de ácidos grasos monoinsaturados y el 15 % restante repartido en saturados y poliinsaturados. El gráfico 7 muestra que la incidencia de los niveles de grasa presentes en la carne, en los niveles máximos recomendados es mínima, des­tacando la importancia del aporte lípidico de los restantes integrantes de la dieta.

 

Gráfico 7. Aporte de grasa total, saturada, monoinsaturada y poliinsaturada de 100 g de carne vacuna

respecto de las cantidades máximas recomendadas (en una dieta de 1800 cal.) (Fuente: García, P. y otros. 1996).

.Estudios realizados con novillos alimentados a pasto o a grano (García y otros, 1992) demostraron que el sistema de producción a pasto produce carne con menores niveles de grasa intramuscular y de colesterol (2.9 % y 66 mg/100g) que el sistema de producción con granos (3.9% y 73 mg/100g) (Gráfico 8).

 

Gráfico 8. Efecto de la alimentación en la cantidad de grasa  intramuscular y de colesterol del bife de chorizo (Fuente: García,  P. y otros, 1992).

Otros trabajos (García y otros, 1996) conclu­yeron que novillos alimentados a pastoreo exclusivamente o a pastoreo suplementados con ciertos niveles de grano de maíz (1 % del peso vivo en otoño e invierno al co­mienzo de la invernada o 1 % del peso vivo en otoño e invierno más 1.5 % en verano hasta la terminación) producen carne con menor contenido de grasa intramuscular (1,8-2,0-2,6% respectivamente, en promedio de siete músculos) que aquellos alimentados exclusivamente con granos a corral (4.8%) (Tabla 5).


Tabla 5. Efecto de la alimentación en la can­tidad de grasa intramuscular (Fuente: García, P. y otros. 1996).

Tipo de Alimentación

Grasa intra­mus­cular

(%)

Otoño-invierno

Primavera

Verano

Pastura

Pastura

Pastura

1.8

Maíz 1%

Pastura

Pastura

2.0

Maíz 1%

Pastura

Maíz 1.5%

2.6

A corral

A corral

A corral

4.2

 

Los niveles de grasa intramuscular y de co­lesterol de la carne de animales alimentados en sistemas pastoriles han sido encontrados iguales y aún menores a los de otras carnes (García y otros, 1994).

En la Tabla 6 se presentan las cantidades de grasa intramuscular en distintos cortes de carne vacuna, de pollo y en pescado. Los valores registrados destacan la importancia de la ubicación anatómica de cada corte y los errores a que puede conducir el término genérico “carne bovina”, “carne de pollo” o de “pescado”. En la Tabla 7 se muestran las cantidades de colesterol; el valor más bajo correspondió al filete de merluza y el más alto al muslo de pollo sin piel.

 

Tabla 6. Grasa intramuscular en distintos tipos de carne (Fuente: García, P. y Otros, 1996)

Tipo de carne

Grasa intramuscular

g/100 g de carne fresca

Nalga

1.0

Pechuga sin piel

1.0

Cuadrada

1.1

Peceto

1.6

Merluza

1.9

Colita cuadril

1.9

Corazón cuadril

2.2

Bife angosto

2.4

Bife de lomo

2.6

Tipo de carne

Grasa intramuscular

g/100 g de carne fresca

Tapa de cuadril

3.0

Marucha

3.6

Muslo sin piel

3.6

Ojo de bife

3.8

Pata sin piel

3.8

Lomo

3.8

Palomita

4.6

Pechuga con piel

9.5

 

Tabla 7. Colesterol en distintos tipos de carne (Fuente: García, P. y Otros. 1996).

Tipo de carne

Colesterol mg/100 g de carne fresca

Merluza

39

Pechuga sin piel

42

Peceto

45

Tapa de cuadril

46

Bola de lomo

48

Cuadrada

49

Pechuga con piel

50

Nalga

51

Colita de cuadril

51

Ojo de bife

51

Bife angosto

52

Palomita

53

Lomo

54

Marucha

56

Pata sin piel

64

Muslo sin piel

65

Ácidos grasos Omega-3 y Omega-6

La carne producida en sistemas extensivos sobre pasturas cuenta con otras propieda­des beneficiosas para la salud humana, como un mayor contenido de ácidos grasos omega-3 (Gráfico 9) y una relación más fa­vorable entre los ácidos grasos omega-3 y omega-6 que la proveniente de sistemas intensivos con dietas basadas en granos.

 

Gráfico 9. Ácidos grasos poliinsaturados de las familias n-6 y n-3 de la fracción fosfolipídica de los lípidos intramusculares de

la carne bovina de novillos sobre pasturas o suplementados con grano (Fuente: García, P. y otros, 1996).

Los omega-3 y omega-6 son ácidos grasos poliinsaturados en los que el primer doble enlace está situado junto al tercer átomo de carbono (omega-3) o junto al sexto átomo de carbono (omega-6), contando desde el metilo terminal de la cadena. Los compo­nentes de cada una de estas familias pue­den tener diferentes números de átomos de carbono y diferente número de dobles enla­ces, pero el primer doble enlace siempre está en el carbono 3 o en el carbono 6, res­pectivamente (Tabla 8).


Tabla 8. Ácidos grasos Omega-3 y Omega-6

 

Estructura

Nombre

Omega-3

CH2-CH2-CH=CHCH2CH=CH CH2CH=CH (CH2)7 COOH

Ácido linolénico

Omega-6

CH3-(CH2)4-CH=CHCH2CH= CH (CH2)7 COOH

Ácido linoléico

 

Los ácidos grasos poliinsaturados de las fa­milias de los Omega-3 (ej.: ácido alfa-linolé­nico) y de los Omega-6 (ej.: ácido linoleico) son esenciales, ya que no pueden ser sinte­tizados por el organismo humano; por lo tanto deben obtenerse a través de los ali­mentos. Ejercen una acción beneficiosa en la salud cardiovascular, mejoran la respuesta del sistema inmunológico, ayudan a la capa­cidad de aprender e incrementan la visión.

La relación ideal entre ambas formas de ácidos grasos Omega oscila entre 1:4 y 1:10. Es decir, los Omega 6 deben ingerirse en una proporción sólo seis veces mayor. Una elevada relación de ácidos grasos Omega-6 frente a los Omega-3 incrementan los riesgos para la salud.

Dada la excesiva cantidad de ácidos grasos Omega-6 respecto a los Omega-3 en la dieta actual de muchos países occidentales (1:15  1:50) y las escasas fuentes disponibles de Omega-3, esta característica de nuestra carne vacuna es muy importante.

Ácido linoleico conjugado

Otra característica de la carne producida bajo sistemas pastoriles es la presencia, dentro de la composición de su grasa, del ácido linoleico conjugado, conocido como CLA (Conjugated Linoleic Acid).

Se define como ácido linoleico conjugado a una mezcla de isómeros posicionales y geo­métricos del ácido linoleico (cis-9, cis-12 ácido octadecadienoico). El isómero biológi­camente activo y naturalmente más abun­dante en la carne y la leche es el cis-9, trans-11 18:2. Se denomina conjugado porque la doble ligadura cis-12 pasa a la posición trans-11 cambiando su configuración a una simple ligadura entre los carbonos 9 y 11, a diferencia del cis-12 donde existen dos sim­ples ligaduras entre los carbonos 9 y 12 (Ta­bla 9). Algunos autores también lo denomi­nan ácido ruménico por su relación con la actividad enzimática de los microorganismos del rumen, los cuales por la acción de una isomerasa son capaces de transformar la unión entre los carbonos previamente men­cionada.

 

Tabla 9. Ácido linoleico y ácido linoleico conjugado

-C=C-C-C-=C-

-C=C-C=C-