Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad de Agronomía y
Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río
Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
Bavera, G. A. 1970. Rev. Med. Vet., 51(5):379-396.
ETIOLOGÍA
La
especie doméstica donde con mayor frecuencia ocurre esta afección es el
vacuno. Varias pueden ser las
causas. Una es la delgadez de la pared
uterina durante el puerperio. Otro
hecho es la unión placentaria múltiple en aproximadamente cien cotiledones, que
hace que la vaca sea la hembra que elimina más laboriosamente las pares. Normalmente deben ser eliminadas las
secundinas entre 30 minutos y 20 horas, aunque hay gran cantidad de casos en
que se retienen 48-72 hs. sin mayores complicaciones. Las carúnculas no se desprenden todas simultáneamente de los
cotiledones, quedando a veces algunas adheridas, sobre todo en los cuernos del
útero, aunque ya esté pendiendo fuera de la vulva la mayor parte de las
secundinas. Por lo tanto, el propio
peso de las secundinas, agravado en muchos casos por la colocación de un peso
(hueso, ladrillo) por el productor para acelerar su desprendimiento, producen
por tracción la invaginación del cuerno gestador.
Si
la salida de las secundinas va acompañada de una atonía uterina temporal, se
invagina parcialmente el extremo del cuerno gestador. Las contracciones uterinas siguientes y las de la prensa
abdominal, que comienzan automáticamente ante el estímulo ocasionado por el
cuerno invaginado, aumentan su invaginación.
Las
invaginaciones uterinas poco ostensibles suelen pasar inadvertidas y se
eliminan durante la involución, especialmente si las secundinas se desprenden
pronto. Si la parte que se ha
invaginado queda enclavada, como suele ocurrir cuando se introduce a través del
cérvix hasta dentro de la vagina, pero sin salir al exterior, o queda dentro
del cuerno sin reducirse, los animales presentan claros trastornos de su estado
general, con pujos frecuentes y dolores cólicos. Se produce así una isquemia por compresión de la parte invaginada
que llega a necrosarse. Si el animal no
es tratado a tiempo, el cuadro se complica con arrojamiento purulento pútrido
por vía cervical en forma de metritis séptica que puede llevarlo a la muerte.
Casi
siempre las invaginaciones se convierten más tarde en prolapso, a consecuencia
de las contracciones uterinas y de la prensa abdominal. Para ello es indispensable que el hocico de
tenca permanezca muy abierto. Así, el
prolapso uterino se observa más a menudo inmediatamente después del parto, y
raras veces después del aborto. En
casos excepcionales (involución muy lenta de útero y del conducto cervical)
puede presentarse también el prolapso uterino varios días después del parto.
En
el vacuno, el prolapso uterino se ve favorecido por la atonía uterina y la
notoria distensión de los ligamentos anchos después del parto, así como por la
debilidad y relajación del diafragma pélvico.
Por ello, en vacunos que tienen prolapso vaginal prepartum, tan pronto
como se produce éste, la prensa abdominal sola puede producir al inversión y
prolapso en el período en que las secundinas están adheridas aún.
La
extracción rápida del feto con salida completa del líquido amniótico puede
conducir a la invaginación y al prolapso, por una aspiración de la pared
relajada del cuerpo gestador.
Normalmente, el tono uterino y las
contracciones menores van efectuando la reducción del volumen gestacional del
mismo, y así eliminan el resto del contenido del útero. Sin embargo, en ciertos casos, lejos de
calmarse, los violentos dolores que produce la distensión del cuello, hace que
los espasmos del miometrio continúen después de salido el contenido. Como la porción más activa del músculo
uterino es la que se extiende hacia la extremidad de los cuernos, en tanto que
la parte vecina al cérvix tiende a ser más inerte, es posible que el
desequilibrio de estas contracciones, actuando sobre un órgano flácido y vacío,
produzcan la invaginación inicial del extremo terminal del cuerno grávido, que
se ve facilitado por el excesivo relajamiento en que se encuentran los
ligamentos anchos en ese momento por la acción de la progesterona.
La extremidad del cuerno se introduce
dentro de la luz del mismo y , progresa hacia atrás en grados variables,
arrastrando consigo los ligamentos anchos, la trompa y el ovario
correspondiente a su lado. Si prosiguen
las contracciones uterinas y de la prensa abdominal, la pared invaginada se
desliza por el cuello abierto del útero y la vagina y aparece en el exterior
entre los labios de la vulva, hasta que la mayor parte del útero, con la mucosa
vuelta hacia afuera y los cotiledones a la vista, se prolapsa junto con el
cuello y una parte de la vagina.
En la génesis del prolapso uterino también
interviene un desequilibrio hormonal.
Algunas hormonas placentarias producen debilidad o reblandecimiento de
la zona genital y de las paredes.
También se han observado prolapsos en hembras tratadas con estrógenos
sintéticos y en animales que ingieren alimentos con alto contenido estrogénico,
apareado con el hábito de montarse entre sí.
Otro
factor de suma importancia es la predisposición hereditaria.
Factores coadyuvantes son, por ejemplo,
una alimentación unilateral con trastornos metabólicos; la equivocada
estabulación, en pisos que mantienen al animal con los miembros anteriores más
elevados que los posteriores; el pastoreo en campos con ondulaciones
pronunciadas, donde la incidencia es más elevada que en campos llanos (por
mayor presión sobre la entrada de la pelvis cuando los cuartos posteriores se
encuentran más bajos que los anteriores); la distensión por alimentos
voluminosos o timpanizantes que producen una alta presión de abdomen hacia
pelvis, sobre todo cuando los animales se echan: el transporte; trastornos
anatómicos; etc.
SÍNTOMAS Y DIAGNOSTICO
De lo expuesto se desprende
que existen tres tipos clínicos
post-partum:
1) Invaginación (no pasa la vulva).
2) Prolapso incompleto o parcial (sólo se exterioriza parte del
útero).
3) Prolapso completo.
El
diagnóstico del caso no ofrece dificultades en ninguna de sus formas. Los síntomas clínicos de la inversión
uterina sin exteriorización, son inquietud del animal, tendencia a apretar con
la prensa abdominal encorvando el dorso, se acuesta y levanta frecuentemente,
falta de apetito, aspecto angustiado y frecuente emisión de heces y orina. Una exploración vaginal nos puede confirmar
el diagnóstico. A la palpación rectal
se percibe el cuerno en cuestión mucho más grueso y duro que el homólogo,
siendo, según el grado de invaginación, a veces el único síntoma perceptible.
En
el prolapso incompleto, asomando por entre los labios de la vulva, se ve una
tumoración redondeada o cilíndrica, con la mucosa enrojecida por el roce de la
cola y el amoníaco de la orina.
En
el prolapso completo, la parte prolapsada, con su cara mucosa vuelta hacia
afuera, tiene una forma de pera, y en el animal de pie puede llegar al corvejón
o más distal. Una pequeña abertura, en
forma de embudo o de hendidura, situada hacia un costado, conduce al cuerno no
grávido, que está prolapsado pero no invaginado y que por lo tanto se encuentra
dentro del saco peritoneal formado por el gestador prolapsado. Las secundinas pueden estar adheridas aún
por medio de las carúnculas a los cotiledones.
La
invaginación completa del útero no puede presentarse sin desgarro de los
ligamentos uterinos, y es por ello que los extremos de los cuernos pueden ser
retenidos dentro del prolapso. El
conducto cervical invaginado con sus pliegues en forma de corona y la parte
cercana de la vagina, se hace visible en los prolapsos completos fuera de la
vulva, casi siempre muy edematizado. El
orificio de la uretra aparece por lo general descolocado y la luz de la uretra
obstruida. Muchas veces esta
disposición dificulta la micción, lo que aumenta el sufrimiento del
animal. Puede llevar a la ruptura de la
vejiga.
El útero prolapsado está sensiblemente
congestionado y edematizado a consecuencia de la estrangulación que sufre en el
estrecho posterior y va acompañado de una creciente estasis venosa y de un
engrosamiento subsecuente del órgano.
Si el prolapso dura más tiempo, el órgano se deseca, oscurece
y como lesión mínima se produce la necrosis de la capa superficial del
endometrio. Siempre existe el peligro
de una sepsis generalizada. El útero
así prolapsado se lesiona gravemente por la acción de los agentes externos
(pisotones, desgarros al acostarse, pastos duros que hieren, heces, etc.).
Generalmente cuando el profesional es
consultado, se encuentra con una gran masa piriforme colgando de la vulva, con
la mucosa intensamente inflamada, de color púrpura, herida y desgarrada en
partes, con una secreción pútrida sucia sobre su superficie, muchas veces
desecada, y con restos adheridos de pastos, heces y tierra. La perforación de la pared uterina por
lesión externa puede exponer a una contaminación desde el exterior al peritoneo,
seguida de peritonitis.
P R O N Ó S T I C O
El pronóstico de la inversión uterina es
generalmente más favorable que el del prolapso. Sin embargo, en ambas afecciones depende de lo que dure la
desviación del órgano y de los síntomas accesorios que pueden presentarse. El prolapso uterino de la vaca que no va
acompañado de lesiones del útero y está dotado de buena circulación es de
pronóstico favorable para la vida del animal si se trata a tiempo. Los vacunos
con prolapso pueden morir pocos momentos después de producido el mismo, como
pueden vivir varias semanas, sobre todo si es incompleto (se operó con éxito un
caso de 20 días).
En los casos que al prolapso se una el
síndrome "vaca caída" (hipocalcemia, hipomagnesemia, etc.) el
pronóstico es muy grave para la vida del animal, a tal punto que no aconsejo la
intervención profesional, pues aunque el prolapso sea reducido o amputado con
éxito, persiste el segundo problema. Es
también grave si hay perforaciones del órgano que han contaminado el peritoneo.
Si no hay asistencia veterinaria, el caso es
fatal en menor o mayor tiempo, pues el órgano no puede restituirse
espontáneamente a su lugar, muriendo el animal por necrosis, septicemia, uremia
o estrangulación intestinal.
TRATAMIENTO
En todos los casos se sigue el siguiente
criterio: siempre que no se corra gran riesgo de efectuar una sepsis
generalizada, se reduce. Si esto no se
logra, es necesario efectuar la ectomía parcial del órgano, pero de todos
modos, el tratamiento para la introducción ha sido de utilidad, al restituir al
torrente circulatorio la sangre de estasis existente en la matriz prolapsada,
previniendo así el riesgo de shock quirúrgico.
Dentro
de lo posible, la posición que debe tener el animal es parado, con los miembros
posteriores elevados. En esta forma se
logra una presión negativa en la cavidad abdominal, mediante aspiración a
consecuencia del deslizamiento de las vísceras hacia craneal.
Se
coloca al animal en una manga o brete.
Si hay cepo, con el cuello colocado en él. Si no lo hay, se coloca una tranca por delante del animal y se
sujeta la cabeza con un bozal o medio bozal a uno de los laterales de la
manga. No se deben manear o atar los
miembros posteriores, puesto que si se hace hay mayores posibilidades que el animal caiga cuando se esté
trabajando. Se coloca bajo los miembros
posteriores uno o dos fardos de pasto en forma longitudinal, o bolsas llenas o
tierra, o se excava el piso si es de tierra bajo las manos, con el fin de que
los miembros posteriores queden más elevados que los anteriores. A continuación se pasan dos sogas, una por
cada costado de la ubre, entre ubre y cara interna del muslo, cuyos dos
extremos, uno por delante y otro por detrás del miembro posterior, se atan al
respectivo lateral de la manga, en su tabla superior. Esto tiene por objeto impedir que el animal se eche al suelo
cuando estamos trabajando con él, o que por lo menos, si lo hace con los
miembros anteriores, los posteriores queden más elevados. Por el vientre no se debe pasar ninguna soga
o cincha, puesto que obtendríamos una presión positiva en abdomen, que nos
impediría reducir la matriz, y que por la presión que efectúan las vísceras
sobre el diafragma puede llegar a impedir la respiración del animal. Si hay tres ayudantes, uno debe levantar la
cola y sostenerla para que no moleste durante el trabajo. Caso contrario se debe atar de preferencia
hacia arriba o a los laterales.
El veterinario debe equiparse con botas de
goma, delantal impermeable y guante de tacto rectal por lo menos en una mano y
en la otra de cirugía.
Una vez efectuada la sujeción del animal en
la forma explicada, se procede a la limpieza y desinfección cuidadosa de la
matriz mediante abundante agua fría con un desinfectante a base de amonio
cuaternario (Bagodril, Acedol o semejante).
Si aún hay restos placentarios adheridos, se procede a .retirarlos
cuidadosamente, tratando de eliminar todos los cuerpos extraños y .suciedad
existentes (materia fecal, pastos, paja, etc.). El agua debe ser lo más .fría posible
y desde ya limpia, para comenzar así a efectuar una acción .vasoconstrictora
sobre la matriz prolapsada. Por lo
tanto, es preferible el agua recién bombeada de la napa freática y no la de
tanques.
Una vez limpia y desinfectada la matriz, se
revisa cuidadosamente para comprobar si hay heridas. Aquellas que no han perforado la matriz, es decir, por las cuales
no se llega a la cavidad peritoneal, no es necesario suturarlas. Las perforantes, de acuerdo a su importancia
y al grado de contaminación existente, indicarán al profesional si debe
suturarlas o amputar el órgano .directamente.
Si se decide suturarlas, la sutura debe efectuarse con catgut Nº 2 con
puntos continuos en guarda griega o de colchonero, para permitir que las caras
serosas de la matriz se adosen.
A continuación se procede a la inyección de
2.000 a 2.500 U. I. de hialuronidasa. El ácido hialurónico es el principal
constituyente de la sustancia fundamental; se lo considera como el regulador
hídrico del espacio intercelular y como tal confiere al conjuntivo sus
características físicas de viscosidad, tenacidad e inhibición. La hialuronidasa es un factor enzimático que
actúa despolimerizando el ácido hialurónico y los mucopolisacáridos afines. Es por lo tanto, un factor de difusión tisular,
que al acrecentar la permeabilidad de la barrera intersticial normal, aumenta
el área y la velocidad de difusión de los líquidos a través de los
tejidos. Es totalmente atóxica y su
efecto dura 24-48 hs. Por lo tanto, el
objeto de esta inyección es el de facilitar la difusión del edema existente en
la matriz.
Luego se inyecta 100 unidades ocitóxicas
(10 cc a la concentración normal en plaza de hipofisina y ocitoxina),
repitiéndose en caso necesario. Ambas
inyecciones se deben efectuar con una aguja intramuscular, de preferencia una
35-15, en varios lugares del cuerno uterino, colocando uno o dos cc en cada
lugar, con la aguja casi paralela al endometrio. Se debe tener en cuenta que no debe atravesarse el peritoneo,
sino que el inyectable debe permanecer en la pared de la matriz. Luego de la inyección en cada lugar, se debe
masajear inmediatamente de retirada la aguja con la yema de los dedos, puesto
que en muchos casos, la tensión producida por el edema hace retroceder al
exterior el líquido inyectado.
En este momento, el profesional debe tener
presente que por lo general la vejiga está llena dado que la uretra descolocada
impide o dificulta la micción y al elevar la matriz se elimina en su
mayor parte el obstáculo y la vaca expulsa violentamente la orina existente en
ella. A continuación el profesional
vuelca lentamente varios baldes de agua fría con amonios cuaternarios sobre el
útero. Todas estas maniobras tiende al
retorno de los líquidos acumulados por gravedad y estasis en la pared de la
matriz y en la bolsa peritoneal formada por ella. Mientras se efectúan estos trabajos, van actuando los específicos
inyectados.
Después se procede a efectuar presión en
partes opuestas de la matriz con ambas manos abiertas, comenzando desde el extremo
posterior y evitando efectuarla con la punta de los dedos, dado que a raíz de
la tensión a que está sometida la mucosa por el edema, es sumamente delicada y
se corre el riesgo de lesionarla, sobre todo donde no hay cotiledones. Hay casos, aunque son los menos, en que en
este momento se nota como la matriz se va reduciendo entre las manos, en una
forma realmente asombrosa. Esto ocurre
generalmente en casos que llevan pocas horas, donde el útero aún conserva el tono. Pero hay otros casos en que en este momento,
o aun antes en el lavado y desinfección, el profesional observa la debilidad de
la mucosa que a la menor presión se destruye, impidiendo toda maniobra. Esto, que por fortuna también ocurre pocas
veces, nos lleva a adoptar el criterio de amputar la matriz.
Siempre sosteniendo la matriz por medio de
la toalla a un nivel superior a la vulva, y luego de comprobar que el seguir
efectuando presión sobre la matriz no continúa disminuyendo su tamaño, se
procede a tratar de introducirla. Esta
es la operación más larga y laboriosa, que debe seguirse aunque en los primeros
momentos no parezca efectiva. Se debe
trabajar con ambas manos entre la toalla y la vulva, con una mano sobre la
matriz y otra debajo de ella y la toalla.
Se va haciendo presión con ambas manos hacia adentro, introduciendo
lentamente cotiledón por cotiledón y corriendo los ayudante la toalla hacia
atrás a medida que se va introduciendo la matriz a través de la vulva. En esta etapa del proceso, la vaca
generalmente efectúa pujos. Estos no
deben alarmar, pero se debe detener el trabajo de introducción y solamente
sostener la parte introducida para que no vuelva a salir al exterior. Es decir, en caso de haber pujos, se debe
trabajar entre uno y otro, conservando el trabajo logrado durante ellos. Generalmente se producen varios seguidos,
para cesar unos momentos y luego volver a repetirse. Si bien los autores clásicos aconsejan tranquilizantes o
anestesia epidural, no la considero necesario, pudiendo hasta ser perjudicial (aumento
del riesgo de shock quirúrgico, parálisis post-operatoria de miembros
posteriores, etc.). Para eliminar el efecto de los pujos basta con proceder
como se explicó. Con respecto al dolor,
el animal prácticamente no sufre, ni aun en la amputación.
Lo
importante de esta etapa es insistir sin desanimarse. En la gran mayoría de los casos se logra efectuar la
reducción. Una vez lograda ésta, se
introduce totalmente el brazo enguantado con el puño cerrado para reducir al
máximo la inversión del cuerno. Excepto
que sea un animal de pequeño tamaño, es imposible llegar al extremo craneal del
cuerno, pero como es necesario revertirlo totalmente para evitar que nuevamente
comience el proceso, los autores clásicos aconsejan introducir líquidos con
desinfectantes que por el peso que tienen revierten el útero. Este método, si bien efectivo, es de
engorrosa realización. Un método que
adopté con éxito, es el que el Dr. Luis E. Queirolo Monteverde
(Tacuarembó, Rep. Oriental del Uruguay)
comunicó durante el Primer Congreso Internacional de Cirugía en Bovinos,
efectuado en La Plata en septiembre de 1968, y que durante ese Congreso se
llamó "el método de la botella". Consiste en una botella de litro, de
preferencia de fondo plano, previamente pasada por desinfectante, que tomándola
por el cuello se introduce en la matriz.
En esta forma se le agregan al brazo unos 30 cm., longitud suficiente
para llegar a la parte más craneal del cuerno y por presión revertirlo
totalmente.
A
continuación se retira el brazo y la botella y se procede a la introducción en
la matriz de algunos pesarios. Sería
preferible que incluyeran en su fórmula nitrofuranos, pero no los hay así
compuestos en plaza. El que uso y me ha
dado grandes satisfacciones el la "Criseometrina" de Darck, que tiene
la ventaja de incluir en su fórmula tres antibióticos de amplio espectro, dos
sulfas, papaína y un vehículo efervescente.
La efervescencia desarrollada por el excipiente y la acción proteolítica
de la papaína, contribuyen a la difusión de los agentes antibacterianos en toda
la cavidad uterina, aun en presencia de exudados y sangre, facilitando además
su eliminación. Se deben colocar 3 a 5
pesarios según criterio clínico. Con
este tratamiento nunca he tenido casos de metritis purulentas, a pesar que
algunas veces la mucosa uterina estaba seriamente dañada y necrosado.
A
continuación se debe introducir en vagina una toalla o en su defecto un trozo
de bolsa limpia previamente sumergida en desinfectante, enrollada y atada a lo
ancho con un hilo largo. El ancho debe
ser lo suficiente como para cubrir el espacio de la vagina y el largo de unos
20 cm. Es conveniente, aunque no
imprescindible, envaselinar la toalla para evitar adherencias a la pared
vaginal y facilitar el drenaje. Se
Puede reemplazar por una cámara de pelota de fútbol Nº 5 que se infla una vez
colocada en el lugar y cuyo pico se ata con un hilo largo. Se debe ubicar hacia craneal de la uretra
para permitir con facilidad la micción. pero sin obstruir el cuello
uterino. El hilo largo debe quedar
pendiendo por la vulva. Luego se sutura
la vulva con tres puntos separados, tomándola por debajo de los músculos del
esfínter vulvar, en el límite entre mucosa y piel. Con la sutura inferior se debe tener cuidado de no lesionar el
clítoris y dejar paso suficiente para la orina. Para esto se emplea seda Nº 7, cinta umbilical o en su defecto
hilo de bolsa desinfectado, con una aguja curva grande y portaagujas. Se puede hacer con aguja de coser bolsas,
pero es muy dificultoso y traumatizante.
Esta sutura debe ser solamente de afrontamiento. No son necesarios capitones. La sutura de la vulva en muchos casos no es
necesaria, pero la efectuó como norma para evitar posibles recidivas, que
complicarían el cuadro y que por otra parte me obligarían a concurrir por
segunda vez al establecimiento. Los
autores, clásicos aconsejan la sutura de Flessa, pero la he dejado de utilizar
por más engorrosa y por suplirla efectivamente con la anterior.
Es aconsejable la inyección de algún
antibiótico de acción retardada (Estreptopendiben 2.400.000 o similar). Pasados 7 u 8 días, el mismo productor
extrae los puntos y por tracción del hilo que quedó pendiendo fuera de la
vulva, retira la toalla de la vagina. A
veces no lo logra de esta manera, y es necesario que la saque a mano, lo que se
le debe explicar al productor.
Raramente he debido concurrir por segunda vez al establecimiento para
retirar la toalla. En general no existe
ningún tipo de complicaciones.
Si la reducción es imposible, o se decide
la amputación por las causas ya explicadas, el tratamiento empleado para
intentar la reducción no es inútil, ya que reduce el volumen de la matriz y se
reducen así las posibilidades de shock quirúrgico. De no emplearse estas
precauciones, el índice de mortalidad por amputación del prolapso es muy
elevado. He empleado tratamientos
antishock, preparando al animal antes de la operación y por goteo durante ella,
pero el mejor resultado lo he obtenido empleando el sistema explicado
anteriormente.
Reduciendo
de esta forma el volumen de la matriz (prácticamente una transfusión interna de
sangre) no he tenido ningún caso de muerte al amputar, y además, se reduce el
tiempo de la operación ya que no hay que preparar al animal, lo cual siempre es
de mucha importancia para el veterinario.
Se
procede en la misma forma que en la reducción.
Una vez que se comprobó que no es posible la reducción, se deja
pendiendo la matriz y se toma una goma cuadrada de 4-5 mm. de lado (de honda) y
estirándola al máximo posible, se efectúa una ligadura sobre el cuerno del
útero prolapsado, por detrás del lugar donde se nota la existencia del
cuello. Se efectúa una segunda ligadura
con la misma goma y sobre la anterior.
Estas ligaduras deben ser bien ajustadas, efectuadas con la goma al
máximo de tensión. A continuación,
paralela al plano medio, unos 15-20 cm. por detrás de la ligadura, se efectúa
una incisión de la matriz, lo suficiente para poder introducir una. mano y
comprobar que no hay vísceras dentro del prolapso, lo cual es poco frecuente,
pero he hallado en algunos casos intestino delgado y vejiga replecionada. Si es necesario se puede ampliar sin ningún
peligro esta incisión. En caso de
encontrarse vísceras, es necesario soltar las ligaduras y volver dichas
vísceras a la cavidad abdominal, colocando de nuevo inmediatamente la
ligadura. Efectúo en primer lugar la
ligadura y luego la incisión, por la reducida frecuencia con que se encuentran
vísceras en el prolapso y por el riesgo siempre existente de seccionar los vasos uterinos. En caso de haberlos dañados y ser necesario quitar la ligadura
por existir vísceras en el prolapso, es necesario ligarlos antes.
Desde
el momento en que se colocó la primera ligadura, se ha cortado la circulación a
la matriz prolapsada. Por lo tanto, se
debe observar atentamente al animal, pues minutos después de ello es el momento
crítico en el que puede morir. En caso
de notarse algún síntoma de shock, se deben retirar las ligaduras y efectuar
medicación cardiocirculatoria. Después
de haber dejado pasar unos momentos para comprobar que no existen problemas,
con seda Nº 7 o en su defecto hilo de coser bolsas desinfectado y una aguja
recta de bolsero, se pasa un hilo doble por detrás de la ligadura y por
trasfixión se liga fuertemente. Esto es
sólo una medida de seguridad más. A
continuación, unos 1,5 cm. por detrás de las ligaduras se incinde la matriz, lo
que es facilitado por su propio peso.
Una vez incindida completamente, la matriz cae al suelo y el muñón,
librado de este peso, por lo general penetra por sí solo en la cavidad
vaginal. No se debe empujar muy
adentro. Con esto queda concluida la
operación. No es necesario colocar
ningún medicamento en vagina; conviene inyectar un antibiótico de acción
retardada. Los autores clásicos indican
el ligamento de los vasos uterinos antes de eliminar la matriz, lo cual no es
necesario al ligar en masa en la forma indicada. Tampoco es necesario retirar las ligaduras efectuadas, dado que
el muñón que quedó por detrás de ellas, una vez que las paredes peritoneales
han soldado, al tener cortada la circulación, se necrosa y las ligaduras se
eliminan solas. Es imprescindible
efectuar la ligadura con goma, pues al irse reduciendo el tamaño del muñón, si
fuera realizada con hilo solamente, debilitaría su presión; en cambio la goma
bien tensa va acompañando la reducción del muñón. Pasado el momento crítico después de la ligadura, no hay peligro
de muerte.
Las vacas a las que se les amputa la matriz
quedan castrada, dado que como explicamos anteriormente los ovarios son
arrastrados al prolapso. En caso de ser
parcial el prolapso, esto puede o no ocurrir, pero en este caso siempre es
factible la reducción.
POSTOPERATORIO
La única precaución es evitar que los
animales ingieran alimentos timpanizantes, para evitar presiones sobre el útero
reducido o el muñón. La vaca puede
amamantar a la cría normalmente.
ESTADÍSTICAS
Se
proporciona aproximadamente pues los diversos métodos explicados se han
incorporado gradualmente y desechando otros.
Además de algunos pocos casos no se conocen los resultados. Sin embargo, se puede decir que con los
métodos clásicos muy pocos casos podían reducir (15 %) y en los que se
efectuaba ectomía había mortandad elevada (50 %). Con los métodos precedentes las cifras se han invertido. Reducciones 70 % y ectomías 30 %, con, hasta
el momento, ninguna muerte. Cabe
recordar que hay casos no intervenibles, como ser "vaca caída", etc.
(10 %). Estas cifras sobre una base de
más de 70 casos.
PROLAPSO PRE-PARTUM
Esto
sucede en una proporción (5 %) mucho menor que los prolapsos post-partum. Se prolapsa una parte de la vagina,
impidiendo el ternero gestante exteriorizarse al útero. Ocurre por lo general en las últimas semanas
de la gestación y sobre todo cuando el animal se echa. En muchos casos se reduce sólo al pararse el
animal y se prolapsa nuevamente de pie o al echarse. Los síntomas son semejantes al del prolapso parcial. Va aumentando su tamaño a medida que la
gestación avanza, desapareciendo después del parto y reapareciendo en el
próximo, agravándose en cada gestación.
En algunos casos luego del parto no desaparece. Las infecciones producidas por las erosiones
vaginales pueden llevar al aborto, sobre todo si está comprometido el cérvix, a
la septicemia y muerte. De todos modos,
las erosiones y la inflamación pueden dificultar el parto. El tratamiento es, con el animal en la misma
posición que para la reducción postpartum o la amputación, reducir, para lo
cual muchas veces basta con presionar la parte prolapsada, suturar la vulva y
observar al animal. No es necesaria
anestesia. Cuando se noten síntomas de
parto, se debe cortar inmediatamente las suturas (lo que hace el mismo
productor) para permitir el paso del ternero.
Generalmente, el problema se detiene con esto, pero en otros casos luego
del parto se prolapsa el útero, por lo cual se transforma en un prolapso
post-partum y se debe actuar como en él.
DESTINO ECONÓMICO
Aquellos
animales a los que se les amputó la matriz, deben ser engordados, lo que se
facilita por la castración efectuada, y vendidos para faena. En los prolapsos pre y post-partum
reducidos, hay mayores posibilidades que en otra parición se repita el hecho, y
además, a raíz de] proceso sufrido, la fertilidad disminuye, Por otra parte hay
que recordar la existencia de predisposición hereditaria. Por lo tanto deben eliminarse de la
reproducción. Únicamente pueden conservarse, si se desea correr el riesgo, animales
de alta producción lechera, pero sus descendientes no deben ser usados para
reproducción.
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