Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia
de Córdoba, República Argentina
Carlos González Stagnaro. 2005. Facultad
de Agronomía, Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela.
El conocimiento del nivel del comportamiento y eficiencia reproductiva de su rebaño es parte importante del manejo de la Medicina de la Producción y de la aplicación de un Programa de Control de los Problemas Reproductivos (PCPR) (Ven. Bovina 36:66. 1998). En anteriores trabajos hemos tratado sobre los dos primeros pasos en la metodología e implementación de calidad total del PCPR aplicado en rebaños doble propósito: 1) Identificación y verificación de la existencia de un problema reproductivo (Ven. Bovina 40-41: 50 y 13. 1998) y 2) Análisis de los registros establecidos para definir el estado actual de la eficiencia reproductiva (Ven. Bovina 49:22. 2001).
Bajo la metodología de la participación de grupo y tormenta de ideas ha sido posible confirmar la existencia de un problema de pobre eficiencia reproductiva, caída en la producción de leche y en los ingresos, comunicado por el cliente. Este se siente intranquilo cuando observa una elevada proporción de animales vacíos que no entran en celo y que no son servidos, que son servidos y que no preñan o que preñan y no llegan a parir, pero sobre todo por el incremento de los costos de producción. El hecho de reconocer que existe un problema en su finca es la vía más importante para alcanzar un diagnóstico pues permite una comunicación abierta entre los interesados y quizás concluir que el caso y los causales son diferentes de los inicialmente previstos y que la solución está al alcance de la mano.
Para comenzar
siempre es importante llegar al diagnóstico para alcanzar el control de la
situación actual. Es necesario precisar qué grupo de riesgo es el afectado
(novillas, vacas posparto, recién paridas, gestantes, secas, servidas, etc.),
dónde se encuentran, desde cuándo y por cuánto tiempo se conocía el problema y
cómo se inició, tratando de vincularlo con algún factor de riesgo como la edad,
paridad, predominio racial, estado de lactación, nivel de producción láctea,
condición corporal, pérdida de peso posparto, etc., o con algún cambio en el
manejo del rebaño, ya sea en la alimentación, lluvias, calidad de pastizales,
ordeño, personal, tipo o momento del servicio o por la introducción de animales
nuevos en la finca o en fincas vecinas, etc.
La colección
de datos y la evaluación de los registros es la mejor forma de identificar las
pérdidas reproductivas y el origen del problema, siendo clave para llegar a un
diagnóstico, siempre que se utilicen registros fiables y llevados en forma
continua y clara de manera que el cliente pueda reconocerlos y aceptarlos.
Muchos ganaderos han expresado que los problemas aumentan o son más graves
cuando se establecen y evalúan los registros pero lo que sucede es que los
problemas son ahora detectados y recién conocidos. La utilización manual o
computarizada de los registros y la habilidad de aplicar los parámetros más
adecuados para interpretar la información del comportamiento reproductivo
constituye otro punto clave del PCPR más aun cuando se complementa con
resultados de exámenes clínicos y de laboratorio. Los diversos criterios y
parámetros de evaluación ofrecen variadas opciones para diagnosticar una
normalidad reproductiva o la existencia, extensión y gravedad de un problema, a
la vez que permiten identificar la participación de factores de riesgo y
prevenir problemas futuros. Los criterios aplicados buscan identificar los
problemas que afectan los ciclos, servicios, gestación, pre-parto, secado,
parto y posparto o relacionados con la incorporación al servicio y primer parto
en novillas y con la detección de los celos, ciclicidad posparto, control de
los servicios, fertilidad y fecundidad, mortalidad embrionaria y abortos en
vacas. Lo interesante es definir bien el problema y sus causales; la baja
fertilidad puede ser atribuida a problemas infecciosos pero resulta que está
involucrada una ineficiente detección de celos o la adopción de servicios
tempranos o en otros casos, pudiera sugerirse como causal del problema de la
finca a largos intervalos posparto o a un mayor número de servicios por
concepción cuando resulta que las culpables son unas pocas vacas problema, cuyo
tratamiento o eliminación suele ser suficiente para corregir el problema.
Para llegar
al diagnóstico se requiere evaluar inicialmente la eficiencia reproductiva para
lo cual pueden utilizarse parámetros primarios y secundarios, los cuales
permiten detectar la existencia del problema y realizar un análisis posterior
para detectar origen, dirección y causales, de acuerdo con el tipo de animales,
manejo, sistema y en especial con los objetivos y metas de la explotación. Los
criterios de análisis de los riesgos y los parámetros principalmente sugeridos
para evaluar cada problema observado deben ser:
El paso 3 de
calidad total en los PCPR se refiere al hecho que la evaluación de la
eficiencia reproductiva (ER) permite realizar un diagnóstico primario y un
análisis parcial de las causales para apreciar la naturaleza y gravedad del
problema, la situación actual de la explotación y aún emitir soluciones
parciales para su control. Puede requerirse de información complementaria para
alcanzar el diagnóstico e identificar las causas pero más complicado es
determinar el carácter temporal del problema, es decir, si ya estuvo
establecido, hace cuánto tiempo o si recién se ha hecho evidente. Un ejemplo
del seguimiento del proceso nos permitirá apreciar la forma de engranar los
distintos conceptos y tomar decisiones. En este caso particular discutiremos el
caso de una finca tradicional cuyo propietario ha señalado problemas de
rentabilidad y baja productividad que atribuye a problemas reproductivos debido
al retardo en ser servidas y bajo número de preñadas, por lo que se requiere
confirmar la existencia de baja fertilidad y fecundidad. Para ello, se decide
evaluar los intervalos parto-concepción y parto-primer servicio, fertilidad al
primer servicio y la frecuencia de 3 o más servicios (Loisel J. BTIA, ASIA 12.
1979).
Los
resultados iniciales de la evaluación muestran un intervalo parto-concepción
(IPC) o días vacíos (DV) que supera los 100 días (d); en este tipo de
explotaciones tradicionales se ha establecido la necesidad de un IPC medio de
100d para mantener un intervalo entre partos calculado de 385d, es decir, 12
1/2 meses. A continuación, se procede a calcular qué porcentaje del rebaño
posee IPC mayor de 100d. Si se da el caso que menos del 15% de las vacas del
rebaño no están preñadas 100d después del parto no hay razón para preocuparse
ya que esos atrasos son normales, esa tasa es la esperada y el rebaño presenta
sin duda una fecundidad excelente.
Por otro
lado, en el caso posible pero poco probable de haber obtenido un IPC menor de
100d, debemos verificar a que razones se debe: Es posible que el ganadero no
haya fijado un PRV (periodo de reposo voluntario posparto) normalmente señalado
de 60d (duración de gestación en mestizas 285 + 60d PRV=345d + 40d de opción
para fallar 2 servicios=385d), aun cuando puede ser de 45 ó 70d. En caso que el
PRV sea muy corto, menor a los 60d, por ejemplo 30 ó 45d, es conveniente
aclarar si pudiera ser el adecuado o por el contrario, las tasas de fertilidad
son menores. Un PRV corto pudiera deberse a falta de registros, pobre manejo o
que el ganadero no tiene interés en controlar el PRV o que su deseo es extender
el periodo de lactancia y aún de establecer servicios estacionales buscando las
mejores épocas de partos. La solución es fijar un IPC adecuado a los objetivos
y metas de la finca y revisar el manejo posparto y los momentos de servicio.
Sin embargo,
el caso habitual en las explotaciones tradicionales es que los IPC son muy
prolongados y las vacas son servidas con mucha tardanza y en periodos muy
superiores al PRV fijado. Al analizar los datos se observa que existe un grupo
de vacas que son inseminadas y preñadas muchos días después del parto; en esta
situación debe siempre comprobarse si el servicio tardío fue voluntario debido
a que el criador ha establecido un PRV más extenso para mantener un periodo al
primer servicio superior a los 60-70d estipulados o si por el contrario lo que
se busca es una mayor duración de la lactancia y una mayor producción de leche.
En el caso de
que la inseminación tardía no fuera voluntaria hay que pensar en la existencia
de problemas en la exhibición de los celos, dificultades en la eficiencia de la
detección de los celos, mal manejo de los datos y registros de celos e
inseminaciones que llevan a fallas en el momento de la inseminación o servicio,
elevando los DV y la proporción de vacas repetidoras. En este caso la solución
a implementar es de una mejora del manejo, es más sencillo, rápido y eficiente
mejorar el manejo de los celos y de las técnicas de detección, establecer
programas de registros, base de datos y tablas de predicción del celo. Bajo
estas circunstancias cabe discutir las ventajas de eliminar los animales con
mayores problemas de fertilidad o fecundidad, es decir, aquellos con posparto
muy prolongados o que hayan recibido muchos servicios sin resultar gestantes.
Otra
situación se nos presenta cuando más del 15% de las vacas del rebaño no están
preñadas 100 días después del parto. Ese prolongado atraso es un indicativo de
un problema de infecundidad, es decir, que las vacas no alcancen a tener un
parto cada 365 días. Al inicio es necesario comprobar si los lapsos
parto-primer celo fluctúan entre 30 y 60 días y que los intervalos
parto-servicio (IPS) son superiores a las 60-70 días estipulados y si todas las
vacas están involucradas en ese atraso. Se debe descartar, además, que el
atraso en las concepciones no haya sido solicitado o buscado por el ganadero,
pues siempre hay que tener en cuenta los objetivos del empresario y de la
explotación. Es posible que el ganadero persiga mantener una época de servicios
para lograr una óptima estación de partos, buscando un mejor comportamiento
reproductivo posparto con una mayor y agrupada producción de leche, para lo
cual aplicó la sincronización de los celos y de los partos. ¡Ahora bien,
debemos estar seguros que ese objetivo explica el atraso de todos los
intervalos!
Es posible
que eso no sea así y que la meta buscada por el productor no es el atraso en
los servicios y partos pero si es habitual tener un IPS superior a los 60-70
días fijados en el programa de manejo. Este es el momento de comprobar si ese
atraso es debido a una falta de organización, a la ausencia de registros o a
una desinformación de todos los procesos de la finca.
Revisar si
tienen anotado cuándo y cómo han parido los animales, ¿con qué peso o qué
condición corporal? ¿Conocen el número de parto? o no existe nada de eso.
Verificar si mantienen el PRV y si los animales son reintroducidos al servicio
en el lapso recomendado para alcanzar las metas señaladas o si por el
contrario, de nada sirve fijar esos parámetros de IPS 60-70 días posparto
debido a que escasos animales los cumplen.
En caso de
IPS superior, debemos pensar que nos encontramos ante un problema de ausencia
comprobada de actividad ovárica cíclica y de celos posparto, o sea un anestro
pre-servicio verdadero u orgánico, o también pudiera ser que tenemos problemas
de observación y anotación de los celos como de celos silenciosos, poco
intensos o poco apreciables, es decir, un anestro pre-servicio de tipo
funcional o de manejo. Esa será nuestra siguiente tarea, señalar cuál es el
tipo de anestro, su incidencia, a la vez que determinar sus causales. Para ello
necesitamos instalar un buen programa de detección de celos, utilizando ayudas
que faciliten la detección en los momentos más adecuados, en especial, cuando
están pastoreando y por supuesto, un habitual examen clínico por palpación
rectal. La determinación de los niveles de progesterona es necesaria y bien
recibida para confirmar los resultados. El caso se complica cuando se
incrementa la tasa de vacas repetidoras y se prevé una posible mayor mortalidad
embrionaria.
A
continuación es necesario estudiar si el problema del anestro o el atraso en
los servicios se presenta en algún grupo especial de animales o sólo están
involucradas algunas vacas y sin mayor relación entre ellas; en esta situación,
examinar las dificultades individuales del atraso y las fallas de preñez en las
vacas afectadas. En caso que estén involucrados grupos de animales, debe
averiguarse cuáles son los más afectados y con que frecuencia, por ejemplo,
vacas subalimentadas, con pobre condición corporal al parto y que pierden peso
posparto o quizá aquellas vacas que muestran una superior producción de leche
diaria o acumulada y que son reconocidas como las más productoras. ¿Serán
aquellas que no son destetadas al nacer, que se mantienen en presencia del
becerro, que son ordeñadas con apoyo de la cría y que además amamantan?
¿Pudiera ser que el problema se presente en una época determinada del año, en
animales de una edad determinada, de primer parto, de 2 o de más partos, o que
pertenecen a una raza lechera, o a un determinado mestizaje? ¿Están más
afectadas las vacas que se encuentran en potreros determinados o que se mantienen
en instalaciones poco cómodas, cerradas, húmedas y mal ventiladas, con pisos de
cemento? Lo más común es que más de uno de los riesgos señalados estén
involucrados, por lo que nuestra misión será identificarlos.
Al ser
identificada una situación en la cual los IPS son superiores a los 60-70 días
establecidos, lo primero que debemos hacer es identificar los factores de
riesgo y su intervención en el caso e inculcar en el ganadero la importancia
productiva y económica de acortar el periodo vacío posparto que se nos
presentará. Será necesario organizar programas de observación y registro de
celos, elaborar tablas de predicción del próximo celo y mejorar las técnicas de
observación utilizando las ayudas recomendadas. Es conveniente revisar la
alimentación, en especial durante la época seca, favoreciendo la alimentación
energética en el pre-parto para prever la caída de peso posparto. Una buena
corrección es el destete al nacimiento, eliminando el apoyo de la cría y el
amamantamiento o mejorar las instalaciones, ofreciendo confort, sombra,
ventilación y un buen lugar para el ejercicio de las vacas. Prestar atención a
las vacas repetidoras pues alargan el IPC y determinar los factores de riesgo y
causales involucrados en un posible problema de mortalidad embrionaria.
Cuando los
intervalos parto-celo y parto-servicio son muy prolongados es necesario
considerar que la alimentación es el principal riesgo y factor causal en 45-80%
de los casos del problema de infertilidad. En esa situación se empieza por evaluar
la condición corporal al momento del secado, al parto y durante el posparto e
igualmente, revisar los cambios de peso posparto como también la cantidad y la
duración de la caída de peso posparto (más del 5% durante los primeros meses
repercute en subfertilidad). Luego procedemos a examinar la alimentación
durante el preparto y los siguientes 2-3 meses posparto, en especial durante la
época seca; se trata de comprobar que la alimentación está adaptada al
requerimiento de la producción y la eficiencia reproductiva exigidas. Es
recomendable revisar el tipo de pastizales ofrecidos, el sistema de pastoreo,
la alimentación suplementaria y el tipo de racionamiento, examinando el plan de
suplementación realizado durante las épocas de transición y en los principales
estados fisiológicos como el secado (vacas escoteras) y durante el inicio y
pico de la lactación, enfatizando en especial la vigilancia de los aportes
energéticos, proteicos, minerales, macro elementos (P, Ca, Mg, Mn, Cu, Zn) y
vitaminas. Debe tenerse en cuenta que más de una causal suele estar involucrada
en el problema y que es importante identificar el grupo de animales que
aparecen más afectados, buscando como posibles riesgos, el predominio racial,
la edad, época de parto (coincidente con las épocas secas), paridad, en
especial, cuando se trata de vacas de primer parto o la producción, vigilando
el comportamiento de las mayores productoras. Es posible que pueda estar
comprometido un problema de tipo genético o de consanguinidad, o bien pudiera
revisarse la posibilidad de un efecto del medio ambiente o de adaptación, como
sucede durante el posparto en el caso de vacas de razas lecheras importadas en
fase de gestación, o aquellas con elevada proporción de mestizaje europeo,
especialmente Holstein. El nacimiento de crías pequeñas, con deficiente
crecimiento y alta mortalidad, así como una elevada tasa de eliminación por
problemas reproductivos permiten ratificar el origen y la vigencia del
problema.
Para
controlar el efecto de los prolongados intervalos posparto debemos tener en
cuenta que estos se observan en determinados grupos raciales o mestizajes con
alta proporción genética lechera y mayores producciones.
Una
evaluación de estas condiciones pudiera indicarnos que la alimentación no es el
principal factor causal o que además puede estar involucrado en amplitud otro
factor de riesgo. En ese caso, es recomendable buscar el factor manejo de la
cría; verificar si es suficiente la presencia de la cría y el apoyo durante el
ordeño o si se incrementa el problema cuando el animal amamanta. Siempre es
necesario confirmar que en la finca no se produce el destete al nacimiento y
que se practica el amamantamiento permanente o restringido (por ejemplo,
durante los lapsos post-ordeño), ese hecho es suficiente para desencadenar el
problema, y ese conocimiento también facilita su control. El problema es más
factible de solucionar si se combina una mejora alimenticia con el destete
temprano, en especial durante las épocas secas, en las cuales es necesario
prever y mejorar el manejo nutricional. Una forma menos traumática consiste en
el destete temporal a partir de los 60 días, retirando la cría durante 2, 3 o
aún 5 días. Recordemos que el problema se minimiza y controla en explotaciones
mejoradas con adecuada alimentación y destete al nacimiento, eliminando la cría
en el proceso y que la situación se complica en explotaciones tradicionales
cuando en animales subalimentados y con baja condición corporal es necesario
mantener a la cría apoyando en el ordeño y amamantando, más aun cuando las
vacas poseen una calidad genética de buenas productoras.
Ahora
analicemos los datos de la fertilidad del rebaño.
A
continuación, revisamos la fertilidad midiendo la eficiencia de las
inseminaciones o servicios. En caso que la fertilidad al primer servicio sea
mayor de 60% y que la frecuencia de vacas con 3 o más servicios sea menor del
15% podemos concluir que no existe problema de fertilidad y que la eficiencia
de la inseminación es muy buena, en especial, si va acompañado de un corto
intervalo parto-concepción. En explotaciones mejoradas con elevada producción
de leche estos parámetros se pueden aceptar hasta medias de 50 y 25%
respectivamente. En el caso de algunos animales repetidores con más de 3
servicios, lo recomendable dentro del sistema tradicional es eliminar esas
vacas infértiles, a pesar de cualquier valor genético; no debe prestarse
atención a vacas individuales excepto aquellos casos de vacas élite de elevada
producción, que se han seleccionado como madres de futuros reproductores.
Cuando la
eficiencia de las inseminaciones o servicios no alcance los índices citados nos
encontramos ante un problema de infertilidad, cuya gravedad y extensión
necesita ser precisada antes de tomar decisiones. En esos casos deberán
evaluarse todos los factores de infertilidad que pudieran estar afectando la
preñez, tratando de llegar a un diagnóstico de los causales. El análisis de los
riesgos y el control de los puntos críticos puede ayudar en cada caso (Ven.
Bovina 42: 66. 1999). Por otro lado, un simple examen de los registros servirá
para determinar el efecto de la época, predominio racial o paridad como también
relacionarlos con los intervalos parto-celo y parto-servicio (¿son similares o
están muy espaciados? ¿Son muy cortos o muy largos?; ¿Existe algún atraso en la
reintroducción al servicio?) y con las repeticiones de celo (¿se desarrollan a
intervalos normales y regulares o son irregulares?).
Es importante
considerar que la baja fertilidad puede ser consecuencia de una deficiente y
negligente observación de los celos, en especial en determinados ambientes,
épocas y normas de manejo, al repercutir en una baja tasa de servicios o de
servicios en momentos inadecuados, fuera del celo (Ven. Bovina 45: 55. 1999).
Sabemos que hay errores en la eficiencia de la detección de celos cuando menos
del 60% de ciclos duran entre 18 y 24 días, también cuando más del 5-10% de
animales aparecen cíclicos o preñados al examen clínico, resultan vacíos al
examen de gestación, son servidos 2 veces en lapsos de 2-3 días, aparecen
preñados sin estar servidos o no paren en la fecha prevista; entonces es cuando
debemos poner atención a la responsabilidad del programa de detección de celos
(Ven. Bovina 44: 14. 1999). Las soluciones llevan a mejorar la educación y el
entrenamiento del personal, mayor tiempo y frecuencia de las observaciones así
como adoptar métodos y ayudas para la detección y comprobación de los celos.
En los casos
de vacas repetidoras es posible considerar hasta que punto están involucrados
los factores sanitarios en caso de que se hayan observado problemas de higiene.
¿Existen síntomas clínicos visibles de infecciones como descargas anormales,
casos de metritis o retención de placenta? Debemos recordar que esas afecciones
son consecuencia habitual de partos difíciles o prolongados, crías grandes y
pesadas, extracciones forzadas o intervenciones poco asépticas y que son más
frecuentes cuando se interviene habitualmente en todos los partos, aún siendo
normales. Cuando la tasa de pérdidas embrionarias es elevada en las vacas
repetidoras debemos recurrir a pruebas de laboratorio para diagnosticar algunas
enfermedades que pudieran estar incidiendo en las repeticiones, como son en
nuestro caso la leptospirosis, la rinotraqueitis infecciosa o la diarrea viral
bovina, verificando su posible existencia en fincas de la zona. Por lo general,
los resultados orientarán nuestro diagnóstico y permitirán establecer medidas
de prevención y control a través de las vacunaciones y en los casos pertinentes,
la terapia antibiótica y la eliminación de los animales positivos, sin
vacilación. Siempre es interesante como solución mejorar la higiene del parto y
el manejo de las intervenciones sobre el animal, previniendo los partos
difíciles o prolongados y ante todo, eliminando la intervención humana habitual
y sin necesidad. Completar con la higiene de las instalaciones de maternidad,
buena supervisión de las parturientas y proporcionando limpieza de cama, pastos
y agua.
Un problema
de baja fertilidad suele observarse cuando una alta proporción de intervalos
parto-servicio son menores de 45-60 días, lo cual contrasta con el PRV fijado
en 60 días. Estos cortos periodos se observan en rebaños con manejo deficiente
donde los registros no son habitualmente llevados o consultados, por lo cual,
al señalarse un animal en celo, éste será inseminado sin mantener un PRV lógico
y sin revisar la fecha del parto que confirme el momento a partir del cual
estará apto para ser servido. Por esa razón, siempre debe fijarse un PRV como
el intervalo normal para el inicio de los servicios posparto.
Otra
consecuencia del mal manejo es mantener toros o toretes con grupos de vacas
recién paridas o en potreros donde pueden introducirse machos de la propia
finca u otra finca vecina, sirviendo indiscriminadamente a las vacas. Es decir,
se debe implementar un manejo reproductivo que evite ese error, a la vez que
informar al ganadero de las consecuencias productivas y reproductivas de
mantener intervalos anormalmente cortos entre parto y servicio por tratar de
adelantar la gestación mediante un servicio posparto muy temprano.
En raras
ocasiones es posible que no se encuentre ningún indicativo que nos lleve a
diagnosticar y solucionar el problema. Es necesario revisar la historia de la
finca y de los animales e insistir con paciencia en las observaciones y
exámenes clínicos y de laboratorio, consultando con otros profesionales en caso
necesario.
Los riesgos
de infertilidad pueden estar superpuestos y una posible explicación puede no
dar resultados pues existe la presencia o intervención confundida de otros
factores. En casos difíciles o complicados no inventar causales raros o poco
comprobables para quedar bien con el cliente, debemos pensar que los resultados
pueden ser contraproducentes y peligrosos; sobre todo no insistir con
tratamientos complicados y no justificados, más aún si son costosos, debiéndose
proceder a fijar tratamientos específicos sólo cuando el diagnóstico sea claro
y los resultados de mejora previsibles. Evitar los tratamientos hormonales
cuando no se haya confirmado que son las alteraciones endocrinas las causales
directas del problema, más aun cuando no se hayan corregido los causales
principales, subalimentación y el amamantamiento. Finalmente, no olvidar que
muchos casos se corrigen solos, pero ante todo es imprescindible lograr la
aceptación del cliente para adoptar los cambios y medidas adoptadas, en
especial de manejo o la eliminación de vacas poco productivas y aquellas con
problemas reproductivos.
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