Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia
de Córdoba, República Argentina
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Corporal
Ings. Agrs. Sonia Chifflet*,
Carolina Díaz*, Dr. Rodolfo Stahringer** y Comisión Técnica AAB***. 2004.
*Laboratorio LEAA de la UCA.
**EEA Colonia Benítez.
***Asociación Argentina de
Brangus
La
condición corporal de la vaca de cría es un método que permite evaluar sus
reservas corporales (grasa y músculos) mediante apreciación visual. Esta imagen
se compara con un patrón preestablecido al que se le ha dado valores numéricos.
De esta forma se intentan uniformar los criterios de evaluación para que sean
comparables en el tiempo y entre personas.
La
escala de la cartilla tiene un rango de valores del 1 al 9. El valor mínimo
representa a una vaca extremadamente flaca y el 9 representa a un animal excesivamente
gordo.
En
la actualidad este sistema es el más difundido y el que se utiliza en la
mayoría de las publicaciones científicas. Existen numerosos datos que muestran
la relación entre las distintas condiciones corporales y los índices
reproductivos en el rodeo de cría. Asimismo, hay información precisa sobre la
distribución de los porcentajes y espesor de la grasa, músculo, agua y
minerales en la carcasa de animales de cada condición corporal.
La
condición corporal evalúa las reservas corporales de la vaca y representa una
vía indirecta para controlar su estado nutricional. Animales en baja condición
corporal o que pierden condición corporal estarían indicando que la dieta no ha
cubierto o no está cubriendo sus requerimientos nutricionales. Por otro lado,
vacas en buena condición corporal o que aumentan de condici6n corporal muestran
que su dieta ha estado cubriendo y/o excediendo sus requerimientos
nutricionales.
Hay
varios momentos clave que permiten predecir con bastante exactitud la performance
reproductiva de una vaca de cría a partir de su estado. El primero es en el
momento del parto. La vaca de cría debe tener una condición corporal de 5 o
mayor para que su intervalo parto ‑ primer celo no se prolongue más allá
de los 60 ‑ 70 días.
Otro
momento clave es al inicio del servicio. Vacas con condición corporal 4 o mayor
en ese momento tienen intervalos interparto iguales o menores de 365 días. Esto
significa que estas vacas cumplen con el objetivo de tener un ternero por año
sin atrasarse en la parición.
Diversos
trabajos han mostrado que las vacas con condición corporal 3 están en anestro
(no se alzan) en un elevado porcentaje y tienen intervalos posparto
prolongados. Asimismo, se ha determinado que el amamantamiento del ternero
contribuye a prolongar el reinicio de la actividad cíclica en las vacas,
especialmente en las de baja condición corporal.
Otro
momento importante para evaluar la condición corporal es al destete del ternero
y/o tacto rectal para diagnóstico de preñez. En esta época, se pueden separar
las vacas con condición corporal menor de 4 para realizarles un manejo
nutricional especial con suplementación o pasturas cultivadas. Esta
clasificación permite mejorar la ganancia de peso de los vientres en baja condición
corporal para que lleguen en una buena condición corporal (5 o mayor) al parto.
Existen
dos aspectos fundamentales para la toma de decisiones en el manejo nutricional
de rodeos de cría: la determinación de la condición corporal en una forma
estandarizada ‑que se describió más arriba- y el seguimiento de la
calidad de la dieta que consumen los animales, que se considera a continuación.
Las
pasturas se caracterizan por su estacionalidad y por la susceptibilidad a los
cambios climáticos. Es común que se observen deficiencias nutricionales en los
rodeos a lo largo del año, lo que se manifiesta en disminución en su condición
corporal, lo que a su vez repercute en la performance reproductiva y en la
respuesta económica del sistema. La suplementación es una herramienta útil para
atemperar las diferencias, pero si no se utiliza en forma estratégica y
eficiente presenta indudables limitaciones económicas.
Para
solucionar este problema, los productores deberían elegir una época de parición
que sea compatible con las características de sus pasturas combinado con un
programa de suplementación estratégica (proteica, energética, mineral, etc.) en
los casos que sea necesario. Esto les permitiría mantener a sus vacas en la
condición corporal adecuada para su estado fisiológico.
Los
períodos de deficiencia energética pueden ser satisfechos con las reservas,
pero esto se manifestará con pérdidas en la condición corporal. Vacas en buena
condición corporal (5 o mayor) al momento del parto pueden perder algo de la
misma sin reducir su performance reproductiva posterior. Por lo tanto, es
importante lograr que las vacas paran con condiciones corporales como las
mencionadas y, en caso de no poder lograr estos valores sólo con pasturas, se
deberá recurrir a la suplementación.
Como
se dijo más arriba, para tomar decisiones acertadas en el manejo nutricional
del rodeo es necesario el seguimiento de la calidad de la dieta que consumen
las vacas. En ese sentido, los avances recientes en espectroscopía en
infrarrojo cercano (NIRS) permiten detectar los productos de la digestión en
muestras de materia fecal de vacunos. Esta metodología ya está disponible en el
país en el laboratorio LEAA y permite conocer la
calidad de lo consumido por los animales en

CC 1, flaca, emaciada, fundida. La estructura ósea del hombro,
costillas, dorso y cadera es angulosa, muy
sobresaliente y áspera al tacto. Hay una severa
pérdida muscular con ausencia total de grasa y debilidad física.

CC 2, flaca, conserva flaca. Estructuras óseas con alguna
cobertura muscular, especialmente en el hombro y
en el cuarto posterior. Las apófisis espinosas
y transversas de las vértebras se ven con facilidad, son
ásperas al tacto y muestran los espacios
entre ellas.

CC 3, flaca, conserva buena. La cobertura muscular ha
aumentado pero aún es insuficiente para cubrir
las costillas o para rellenar el dorso, lomo
y cadera. Las apófisis espinosas todavía son visibles y
las tuberosidades de la cadera se mantienen
angulosas.

CC 4, límite, manufactura. Las marcas de las costillas
anteriores no son visibles. Los cuartos posteriores
presentan una cobertura muscular de forma
recta. Las tuberosidades de la cadera comienzan a redondearse.
Se detecta leve mullidez en la zona lumbar.

CC 5, óptima, empulpada. No son visibles las costillas,
excepto en animales desbastados. La zona lumbar
y la grupa comienzan a redondearse. La zona
media de las costillas comienza a palparse esponjosa.
Las áreas a cada lado de la cola están
rellenas pero no abultadas.

CC 6, óptima, consumo local. Los cuartos posteriores se
observan rellenos y redondeados. La cobertura
de las costillas, el ala de la cadera y la
base de la cola es gruesa y muy esponjosa.

CC 7, óptima, consumo especial. El animal se ve redondeado con
una cobertura grasa uniforme. Se observa
abundante acumulación de grasa a cada lado de
la base de la cola con formación de depósitos.

CC 8, obesa, gorda. El animal toma un aspecto liso
y cilíndrico. La estructura ósea es difícil de visualizar. La cobertura grasa
se presenta muy gruesa y esponjosa, con presencia
de depósitos localizados alrededor de la cola, pecho y ubre (polizones).

CC 9, obesa, engrasada en exceso. Presenta depósitos grasos aún
más marcados que en la condición anterior
en pecho, ubre y cuarto posterior. La
movilidad del animal puede verse dificultada por el exceso de grasa.
En nuestro sistema de producción esta
condición se observa solo ocasionalmente.
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