Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Bob Freer*. 1994. Rev.
Hereford, Bs.As., 598:6-10.
*Director Tecnológico de
Taurus.
Tomado de Australian Poll
Hereford Magazine, dic./92.
Traducido por María Teresa de Pérez Rivas
El
parto difícil (distocia) es relativamente común en vaquillonas primerizas;
muchos rodeos registran un 20% o más de animales que requieren asistencia.
La
distocia incrementa el costo de la crianza debido a las pérdidas ocasionadas
por terneros y madres muertas, el trabajo de supervisión, atención veterinaria
y retraso en la preñez de las vaquillonas afectadas.
Mientras
es prácticamente inexistente en las especies salvajes entre las cuales
predomina la "selección del más apto , la incidencia de la distocia entre
las especies domesticadas no ha cesado de aumentar en la última década.
La
alteración del ambiente nutricional mediante mejoras en las pasturas, la
colección de un único rasgo en busca de toros padres con tasas de crecimiento
altas y el hecho de no rechazar aquellos animales de cría que padecieron
distocia, son factores que contribuyeron a agravar el problema.
Existen
tres razones principales que provocan distocia:
·
El ternero es demasiado grande para el tamaño de la pelvis de la
madre. Esta es la causa más común de
distocia. Se la denomina desproporción
feto-pélvica (DFP) y se debe a una interacción compleja entre factores
genéticos (padre y madre) y el ambiente (nutrición y atención).
·
Presentación incorrecta del ternero en la pelvis. Se trata en oran
medida de un efecto casual.
·
La vaquillona no se esfuerza en medida suficiente para expulsar al
ternero del útero (inercia uterina). Esto
puede deberse a factores nutricionales, en especial cuando las vaquillonas
fueron sub-alimentadas antes de la parición, pero existen pruebas
significativas que indican que la inercia uterina o "el síndrome de la
vaquillona perezosa" puede ser una predisposición hereditaria (genética).
A
menudo, la distocia en las vaquillonas es el resultado conjunto de un ternero
grande, un tamaño pélvico fronterizo e inercia uterina.
La
distocia, en tanto resulta de una desproporción fetopélvica (DFP), es un tema
complicado que incluye muchos factores, cada uno de los cuales produce una
magnitud diferente de efectos colaterales en distintas “combinaciones” de
condiciones.
Casi
nunca hay "un elemento" que provoca distocia. Es por eso que el control resulta difícil y
frustrante, lo cual se suele traducir en la observación de que "lo que
funcionó el año pasado no necesariamente servirá el año que viene".
Los
factores que contribuyen en esta forma de distocia DFP, se pueden separar en 3
grupos diferentes:
·
Efectos correspondientes a la madre del ternero: incluyen el tamaño y
la madurez física de la vaquillona, su capacidad pélvica (que puede guardar
relación con el tamaño de la vaquillona o conformar un rasgo independiente) y
su predisposición genética hacia la
inercia uterina o la ausencia de "fuerza de pujo".
·
Efectos correspondientes al padre del ternero: incluye el peso al
nacer del toro padre, que es heredado en una proporción alta, y constituye el
factor principal del tamaño del ternero, así como su estructura y conformación
que influyen sobre la dimensión del ternero que se presenta ante la abertura
pélvica de la madre.
·
Efectos del ambiente, especialmente la nutrición: tanto el exceso de
alimentación (obesidad) cuanto la sub-alimentación de las vaquillonas durante
la preñez (en particular durante los últimos tres meses) pueden producir
inercia uterina que, directa o indirectamente, ocasiona distocia.
Se
acumulan las pruebas que demuestran que una alimentación alta en proteínas,
especialmente durante los 3 o 4 primeros meses de la preñez, incide sobre el
peso al nacer del ternero en una medida mucho mayor de la que se había
calculado hasta ahora.
Cualquier
plan que se proponga disminuir la incidencia de la distocia debe atacar 2
puntos fundamentales, a saber:
·
Tomar medidas para reducir la distocia en el rodeo actual. Estas prácticas conforman respuestas
inmediatas, sin efectos permanentes. Contribuirán a reducir el nivel de
distocia en el próximo nacimiento de terneros, pero no tendrán efecto alguno
sobre nacimientos posteriores.
·
Practicar una selección para reducir la distocia en el futuro. Estas prácticas significan respuestas lentas,
con efectos a largo plazo como resultado de una selección de factores de origen
genético.
En
el pasado, la mayoría de los esfuerzos realizado para minimizar la distocia
apuntaron a reducirla en el corto plazo (por ejemplo, mediante el control de la
alimentación y la selección de los toros padres en función del tamaño). Dejaron de lado, en cambio, la selección a
largo plazo. Y esta es la razón por la
cual el problema vuelve a aparecer año tras año en la mayoría de los rodeos.
La
solución a largo plazo debe basarse sobre la selección en función de la
FACILIDAD DE PARTO, es decir, la posibilidad de dar a luz un ternero vivo sin
ayuda; en lugar del tratamiento de "parches" que caracteriza a los
problemas recurrentes.
a) Alimentación:
·
Evitar el mantener a las vaquillonas preñadas en pasturas con alto
valor proteico, especialmente trébol, y en particular durante los primeros 3 o
4 meses de la preñez. La práctica de
correr la época de las pariciones para sincronizar mejor la preñez con las pautas
de crecimiento de las pasturas puede resultar efectiva en algunos casos. Un potrero de pastos naturales es la
situación ideal para las vaquillonas preñadas.
·
Tratar de mantener a las vaquillonas en condiciones de salud de nivel
3 (score 3). Evitar que las vaquillonas
se excedan de peso pero no "matarlas de hambre" con la pretensión de
restringir el peso del ternero al
nacer. Esto no funciona y se obtienen
vaquillonas débiles más predispuestas a la inercia uterina.
b) Elección del toro
padre:
La
estructura y conformación del padre puede ejercer un efecto significativo sobre
la forma y, en consecuencia, sobre la facilidad de
parto, de su progenie. El largo del
cuerpo y la suavidad de los hombros son atributos importantes en un toro padre
que se quiera cruzar con vaquillonas.
Evitar
toros padre con cuerpos cortos y/o con músculos gruesos inclusive si son
relativamente "pequeños".
En
realidad, el efecto del padre es la relación entre el peso del ternero al nacer
y la estructura, antes que cualquiera de estos elementos como rasgo
individual. Evidencias circunstanciales
sugieren que la relación entre el peso al nacer/facilidad de parto de un toro
padre aumenta a medida que aumenta el puntaje del frame (alrededor de l k EPD
por punto de frame). Es decir que por lo
general se puede tolerar un peso potencial al nacer más alto en un toro de
tamaño mayor con paletas suaves que en un toro bajo, de cuerpo grueso.
No
se recomienda el empleo de otra raza, Angus o Jersey, por ejemplo, para reducir
la distocia.
En
primer lugar, porque se deja de poner el énfasis selectivo sobre las
vaquillonas en función de su habilidad para tener partos normales y en el largo
plazo aumentará el nivel de distocia del rodeo si se conserva a las vaquillonas
como animales de reposición. Segundo,
con la excepción de los toros Jersey, las posibilidades de éxito no son altas y
el resultado se relaciona más con un efecto del toro padre individual que con
el efecto de la raza. Por último, si se
usa un toro padre bos-indicus o de raza derivada, lo más probable es que la
distocia aumente como resultado del vigor híbrido uterino.
La
opción preferida y más natural es seleccionar un toro Polled Hereford de peso
promedio al nacer y conformación correcta cuyo propio nacimiento fue normal.
Si,
además, ese toro padre fue el primer ternero de una vaquillona, se trata de una
selección con premio.
c) Elección de la vaquillona:
El
tamaño y el frame de la vaquillona determinarán en gran medida el tamaño de la
pelvis en el parto. Si se da servicio a
vaquillonas de alrededor de un año con machos de dos años, hay que evitar las
vaquillonas que pesan menos de
Medir
el tamaño de la pelvis antes del parto ayuda a identificar a las vaquillonas
con una zona pélvica por debajo del promedio.
Sin embargo, el veterinario debería ser capaz de identificar a estas
vaquillonas al tacto durante las pruebas de preñez.
No
se recomienda someter a las vaquillonas a un régimen de nutrición alta después
de haberles dado servicio para que "alcancen un nivel de crecimiento
adecuado". Conviene mantener un
ritmo de crecimiento parejo de unos 0,5-0,6 kg/día, en condiciones de un
puntaje de 3 (score 3).
La
edad cuando la vaquillona tiene su primer ternero no ejerce mayor efecto sobre
la posibilidad de distocia siempre que haya alcanzado un nivel de crecimiento
adecuado y un tamaño suficiente. En un
campo mejorado, la parición a los 2
años de edad suele ser la opción preferida, mientras que en campos no
mejorados, los 2,5 o 3 años de edad para la parición puede ser una alternativa
más conveniente.
Selección
con miras a obtener un menor peso al nacer: el peso al nacer es uno de los
factores de mayor importancia entre las causas de la distocia. Si se seleccionan toros padre con pesos bajos
al nacer los terneros tendrán menor peso al nacer y el riesgo de distocia será
menor. Sin embargo, como el peso al
nacer está relacionado con el ritmo de crecimiento, los terneros con menor peso
al nacer también presentarán un ritmo de crecimiento por debajo del promedio.
El
método más seguro para seleccionar toros padre sobre la base del peso al nacer
es usar los EPD del Plan de Cría Grupal.
Estos valores permiten realizar una selección de toros padre según el
peso al nacer, dentro del rodeo.
En
la mayoría de los casos, resulta adecuado evitar los pesos al nacer por encima
del promedio antes que practicar una selección con miras a pesos al nacer
inferiores al promedio.
La
selección que busca un mayor tamaño de la pelvis resultará en un incremento del
tamaño de la pelvis en las generaciones posteriores. El tamaño real de la pelvis guarda escasa
relación con la estimación ocular basada sobre el ancho de las caderas y los
isquiones; en consecuencia, habrá que hacer una evaluación más exacta si se
pretende lograr algún avance.
Se
puede medir la pelvis interna de vaquillonas y toros con un calibre diseñado
especialmente para ello que ha demostrado ser exacto. Puesto que el crecimiento de la pelvis es
lineal entre los 9 y los 36 meses de edad, se puede estimar su tamaño en el
parto a partir de una medición antes del servicio.
Como
la mayor parte de la optimización genética del rodeo pasa por la contribución
de la línea paterna, la selección de toros padre en función del tamaño
de la pelvis es una estrategia útil a largo plazo. Las investigaciones
demuestran que el tamaño de la pelvis es un rasgo hereditario importante, 60%,
de manera que en el lapso de pocas generaciones se obtendrá una respuesta
positiva a la selección.
Selección
en función de la facilidad de parto: la selección de un solo rasgo, ya sea peso
al nacer o tamaño de la pelvis, son pasos positivos para reducir la
desproporción feto/pelvis pero no se la puede sostener a largo plazo.
La
mejor forma de minimizar a largo plazo la incidencia de la distocia en un rodeo
es practicar una selección en función de la capacidad de dar a luz un ternero
vivo sin ayuda, como rasgo independiente.
De hecho, la selección con miras a la facilidad de parto por sí misma
significa seleccionar con miras al equilibrio genético entre el tamaño de la
pelvis, el tamaño del ternero, su forma, su peso al nacer y "la fuerza de
pujo" que da lugar a partos sin asistencia. Los componentes de este régimen son los
siguientes:
·
Rechazar cualquier vaquillona que requiere asistencia, así como el
ternero correspondiente. Si bien puede
no resultar económicamente conveniente eliminar la vaquillona de inmediato, se
la debe identificar con precisión y usarla sólo en un programa de cría
terminal, comercial.
·
Usar exclusivamente aquellos toros padres que nacieron en partos sin
asistencia.
·
En rodeos de raza, hay que registrar la eliminación de las vaquillonas
rechazadas por distocia a fin de mejorar la información del pedigre y
desarrollar los EPD relacionados con la facilidad de parto.
Desde
el punto de vista de la raza, el desarrollo de los EPD relativos a la facilidad
de parto resulta esencial.
·
Si aceptamos que el problema central es la incompatibilidad entre el
tamaño del ternero y la abertura de la pelvis, no se lo podrá eliminar mientras
se mantenga la selección en función de un mayor peso, especialmente cuando se
aplica una selección desproporcionada a través del toro padre.
·
Las prácticas de crianza que minimizan la incidencia estacional de la
distocia se justifican desde el punto de vista económico pero no se deben usar
como alternativa a la reducción del problema a largo plazo mediante la
selección.
·
La selección en función de un solo rasgo relacionado con la facilidad
de parto; por ejemplo, peso al nacer y tamaño de la pelvis, es efectiva en el
mediano plazo. Como ataca un solo
aspecto del problema, su utilidad en la reducción sostenida de la distocia a
largo plazo resulta limitada.
·
La clave para la reducción de la distocia a largo plazo consiste en
seleccionar con miras a la facilidad de parto concebida como una variable
compuesta por una multiplicidad de rasgos.
Ello garantiza que la selección en función de la facilidad de parto de
la madre se produce simultáneamente con la selección en pos de un mayor tamaño.
·
El uso de toros padre compañeros de misma camada (littormate sires) es
una opción práctica en el ganado comercial.
Últimamente
existe una tendencia creciente a cruzar las vaquillonas con toros Angus o
Jersey con el propósito de minimizar los problemas de parto. Esta práctica se
basa sobre el supuesto de que los toros padre de esas razas producen terneros
con menor peso al nacer y/o una estructura y conformación más deseables en el
momento del parto.
Esta
práctica no resulta recomendable para rodeos de pedigree con autoreposición
pues no hace girar la selección alrededor de la vaquillona en función de su
capacidad para tener un ternero de tamaño normal con un parto natural.
Existen
pruebas de que la práctica de cruzar con toros Jersey, si bien resulta efectiva
para reducir la distocia en el corto plazo, de hecho puede aumentar su incidencia
a largo plazo. Ello se debe a que no se identifican ni se rechazan las
vaquillonas de alto riesgo y, en consecuencia se siguen criando vaquillonas de
reposición que son portadoras de la misma susceptibilidad al riesgo elevado.
La
mejor opción es cruzar las vaquillonas con un hermano o compañero de camada en el caso del primer ternero.
Se
trata de un ternero macho nacido como compañero de camada de las vaquillonas
que se deben servir. Es decir que el toro nació en la misma parición o camada
que las vaquillonas.
El éxito de esta estrategia se debe a que el toro compañero de camada nació de padres que fueron seleccionados en función de los mismos rasgos que los padres de las vaquillonas. Esto significa que la combinación entre el padre y la madre será compatible genéticamente en lo que respecta a los factores críticos de peso al nacer y conformación, que son las principales causas de distocia.
La experiencia de campo ha demostrado que la cruza de vaquillonas con toros compañeros de camada puede ser la práctica de control más efectiva que se puede implementar para minimizar la distocia.
Las
ventajas de la cruza con compañeros de camada son cuatro:
1) Se expone a la vaquillona a una
presión selectiva razonable en función de su capacidad para dar a luz sin ayuda
a un ternero de tamaño normal. Si requiere asistencia bajo este régimen de
cruzamiento se la debe rechazar.
2) La progenie resultante son terneros de pedigree, bien criados y
fácilmente comercializables. Se los puede conservar como animales de reposición
si es necesario, con lo cual se alcanza una rotación generacional rápida.
3) Se minimizar los costos de
depreciación del toro padre. Los toros
hermanos equivalen al precio de un novillo comercial mientras se los usa.
4) Cuando crecieron correctamente,
estos toros son muy fértiles y activos y menos propensos a venirse abajo que
los toros maduros.
·
Seleccionar terneros de tamaño normal, no los más débiles de la
camada.
·
Elegir solamente aquellos animales que nacieron en partos sin
ayuda. Sería una ventaja extra si las
madres eran vaquillonas primerizas.
·
Seleccionar animales compañeros de parición nacidos al comienzo de la
temporada para que dispongan del máximo de tiempo para crecer antes de usarlos
como terneros de un año. Si es necesario, darles una alimentación
suplementaria para que sigan creciendo regularmente durante todo el año.
·
Servir a un ritmo de un macho cada 20-25 vaquillonas si se trata de
terneros de alrededor de un año, o uno cada 30-35 vaquillonas si el macho
alcanza los dos años.
·
Utilizar solamente machos con una circunferencia escrotal de
· A veces conviene seleccionar toros padre compañeros de parición cada dos años y usarlos en dos servicios consecutivos. Se trata de una práctica aceptable.
Nota: A algunos criadores les preocupa
el riesgo del inbreeding si sucede que la vaquillona y el hermano compañero de
camada tienen el mismo padre. Esto carece de importancia cuando no se conservan
terneras de partos primerizos para reposición, o cuando se usan más de tres
toros padre en el rodeo principal de cría.
Si se usan menos de 3 toros padre y se
conservan vaquillonas de reposición, el riesgo de inbreeding aumenta pero
resulta irrelevante si se reemplaza a los toros padre con regularidad.
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