Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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McEwan
Jenkinson. 1967. Span 10(3):163-165.
En
ciertas circunstancias el hombre transpira visible y profusamente y al hacerlo
mantiene la temperatura de su cuerpo relativamente constante por largos períodos
aun bajo temperaturas sumamente altas.
El ganado vacuno, por otra parte, cuando es colocado en un ambiente
caluroso no suda visiblemente, sino que jadea como los perros, y sólo con
dificultad puede mantener su cuerpo a una temperatura constante en zonas
tropicales. Hasta hace pocos años la
tendencia general era creer que los animales no sudaban y que la temperatura
del cuerpo era controlada por la pérdida de calor de las vías respiratorias que
se producía al jadear. Es ahora sabido,
sin embargo, que pese a que el jadeo es ciertamente un importante canal para la
pérdida de calor en el ganado vacuno, la evaporación de la humedad que aparece
en la superficie de la piel puede corresponder a un 75 por ciento de la pérdida
total de calor del animal. Además esta
pérdida de calor no puede atribuirse exclusivamente a una pérdida insensible de
agua, también involucra la actividad fisiológica de las glándulas de la piel.
Estructura
de la piel del ganado
La
piel del ganado vacuno, como la de otras especies, consiste en dos partes, la
epidermis y la dermis.
Figura 1.- Estructura de la
piel y del folículo pilosom mostrando las posiciones del folículo piloso
(F.P.),
glandula sebácea (Gl,seb.),
músculo arrector pili (A.pili) y glándula sudorípara (Gl.sud.)
La
epidermis actúa como barrera protectora entre el animal y el medio ambiente,
mientras que la dermis proporciona una estructura para los órganos
constitutivos de la misma, cuya naturaleza elástica los protege de daño. Cuatro estructuras diferentes se hallan dentro
de la dermis, y en el ganado éstas nunca se encuentran separadas. Comprenden el folículo piloso que consiste
en:
1.
Un
folículo piloso del cual crece el pelo;
2.
Una
banda de músculo liso involuntario, el arrector pili, que eriza el pelo;
3.
Una
glándula sebácea, generalmente bilobular, que produce el sebo que se encuentra
en la superficie de la piel. Esta substancia
grasa, antibactérica, forma una capa protectora en la superficie exterior de la
piel; y
4.
Una
glándula sudorípara, que en el ganado vacuno es tubular con un conducto largo y
recto. El cuerpo de la glándula es generalmente
una simple cavidad o un tubo serpentina revestido de dos capas de epitelio, una
capa interna secretoria y una externa mioepitelial, la cual se cree ocasiona la
expulsión del contenido de las glándulas.
Siempre existe una glándula sudorípara por cada folículo piloso, por lo
tanto la medida de la densidad del pelo da también la medida de la densidad de
las glándulas sudoríparas. Los folículos pilosos en el ganado son
independientes entre sí y aunque el tamaño de los pelos puede variar, nunca se
los encuentra agrupados.
La
piel de otros animales domésticos
La
piel del caballo y la del cerdo se asemejan a la de la vaca en cuanto poseen separados
folículos pilosos de diferentes tamaños, aunque las glándulas sudoríparas en
estas especies tienen más forma de espiral.
En el cerdo los folículos pilosos son mucho más grandes, aunque poco
numerosos, y las glándulas sebáceas son muy pequeñas.
Figura
2.- estructura general de un grupo de folículos pilosos. Cada uno de los tres
pelos protectores –el pelo principal (P.P.) y
dos
pelos laterales (P.L.)- está acompañado de una glándula sebácea (Gl.seb),
glándula sudorípara (Gl.sud.) y un arrector piloso
(no
aparece en el dibujo). Los pelos secundarios (P.S.) carecen de un músculo
arrector pili y de una glándula sudorípara,
pero
pueden estar asociados con una glándula sebácea.
En
el gato, el perro, la oveja y la cabra los folículos pilosos no son independientes
sino se presentan en grupos. Un grupo generalmente consiste de dos a cinco (más
frecuentemente 3) pelos protectores de gran tamaño rodeados de pelos
secundarios más pequeños. El número de
pelos secundarios en cada grupo varía según las especies y según las razas
dentro de una misma especie. Uno de los
pelos protectores (el pelo principal) es generalmente más grande que los otros
dos, y cada uno de los pelos protectores está asociado a una glándula sebácea,
un músculo arrector pili y una glándula sudorípara. Un pelo secundario carece de un músculo arrector pili y de una
glándula sudorípara, pero puede estar asociado con una glándula sebácea
Por
lo tanto, las especies que presentan grupos de folículos pilosos difieren con
el ganado vacuno en el hecho de que algunos de sus pelos no se erizan en climas
fríos, y como cada folículo piloso no se encuentra asociado a una glándula
sudorípara, la densidad de estas últimas es mucho menor que la densidad del
pelaje. Esto no conduce a una efectiva
pérdida del sudor por evaporación.
Función
de las glándulas sudoríparas
Entre
los animales domésticos sólo el caballo exhibe gotas de sudor en la superficie
de la piel cuando se halla en un medio ambiente caluroso o después de haber
hecho ejercicio. Para poder investigar
la actividad funcional de las glándulas sudoríparas de otros animales
domésticos, ha sido necesario desarrollar técnicas especiales. Se ha informado acerca de una serie de métodos
cualitativos y cuantitativos, que son ahora de uso general. Están basados en tres enfoques
fundamentales:
1)
la
detección de gotas de sudor en la superficie de la piel por medio de una
coloración que se obtiene utilizando una mezcla de almidón y yodo;
2)
el
control del aumento de peso de un desecante, por ejemplo cloruro de calcio, en
una campana aplicada sobre la piel;
3)
el
control de la diferencia en la temperatura de depósito húmedo y por
consecuencia la diferencia en la humedad del aire cuando éste entra y sale de
una campana.
Al
usar estas técnicas se ha comprobado la pérdida del sudor sobre la piel por
evaporación y como reacción al calor en la mayoría de los animales
domésticos. Es sabido que el ganado
vacuno, las ovejas y las cabras, al igual que los caballos, pueden sudar en
ambientes calurosos. Aunque se ha dicho
que las glándulas sudoríparas de la piel cubierta de pelos en el perro, reaccionan
ante el calor, todavía existen dudas acerca del papel que desempeñan en la
termoregulación, y las del cerdo y el gato no parecen responder a la
estimulación térmica. Puede ocurrir,
por lo tanto, que en estas especies las glándulas sudoríparas que se encuentran
el la superficie del cuerpo cumplan una función básica completamente diferente.
Es
sabido que las glándulas sudoríparas pueden desempeñar una función protectora
al facilitar la circulación del sebo antibactérico sobre la superficie de la
piel; una función excretoria debido a que el sudor remueve las toxinas, además
de desempeñar, tal vez, una función sexual secundaria en ciertas especies al
producir una substancia cuyo olor es atractivo para el otro sexo. Las glándulas sudoríparas en ciertas zonas
del cuerpo que no presentan pelos pueden desarrollar una función aún más
especializada. Por ejemplo, el sudor producido por las glándulas que se hallan
en la pata del gato probablemente actúa como lubricante.
Sin
embargo, en la selección de animales para zonas tropicales la función
termoregulatoria es de primordial importancia, y se han investigado los
factores que controlan la acción de las glándulas sudoríparas en ambientes
calurosos.
Control
del sudor
Las
glándulas sudoríparas de la vaca, la oveja, la cabra, el caballo, el cerdo y el
perro reaccionan a la inyección de adrenalina, una hormona producida por la
médula de la glándula adrenal y que puede detectarse en la corriente sanguínea,
pero se ignora si las glándulas sudoríparas de la piel cubierta de pelos del
gato reaccionan por el calor o por la adrenalina. Esta información sugiere que
en la mayoría de los animales domésticos y especialmente en el caballo, el
sudor es controlado por la circulación de adrenalina.
Sin
embargo, trabajos recientes han demostrado que en la vaca, la oveja y la cabra
es necesario un sistema nervioso simpático intacto para obtener la reacción
normal de sudor en un ambiente caluroso, aunque en la vaca, al menos, no se
requiere un sistema nervioso intacto para la médula adrenal. Esto indica que el sudor en la vaca puede
producirse sin la intervención directa de la circulación de adrenalina
proveniente de la médula adrenal que es generalmente aceptada como fuente de
esta hormona.
La
importancia del sistema nervioso simpático también ha sido demostrada
por el descubrimiento de que en el ganado la estimulación del hipotálamo puede
producir sudor, incluso bajo temperaturas frescas. Sin embargo, estudios histológicos de la piel de la vaca, la
oveja, la cabra, el cerdo, el caballo, el perro y el gato han demostrado que
sólo las glándulas sudoríparas del caballo tienen un sistema nervioso. De esta manera, parece ser que, excepto en
el caballo, aunque el sistema nervioso simpático está relacionado con el sudor,
los nervios deben terminar en algún otro órgano dentro de la piel. La estimulación de las glándulas debe ser la
consecuencia del efecto de una hormona producida localmente, tal vez la
adrenalina, estando su producción controlada de alguna manera por el sistema
nervioso simpático.
En
un intento de encontrar el eslabón que falta en el mecanismo de activación, se
están realizando estudios para determinar si existen focos localizados de
adrenalina en la vecindad de las glándulas.
Pese a puntos de vista anteriores, el modo de actuar de las glándulas en
el caballo, puede muy bien estar bajo el control directo del sistema nervioso
simpático, aunque no se ha eliminado la posibilidad de que las hormonas locales
o circulatorias puedan también influenciarlas.
Se
observan diferentes reacciones de sudor producidas por el calor no sólo entre
las diferentes especies sino también dentro de una misma especie. Por ejemplo, en un mismo clima caluroso el ganado
tropical cebú suda en un grado mucho mayor que el ganado europeo, y se han
descrito las diferencias de los tipos de sudor de diversas razas de
ovejas. Algunas de estas diferencias
han sido parcialmente explicadas. El
ganado cebú tiene glándulas sudoríparas más grandes y más numerosas que el europeo
y las diferentes razas de ovejas presentan considerables variaciones en el
vellón.
Selección
y clasificación de acuerdo al tipo de piel
En
los animales domésticos el pelo o la lana puede observarse in vivo y su
apariencia puede relacionarse a las características deseables para la
producción. Estudios como éstos se han
realizado en Australia, donde se ha desarrollado una técnica subjetiva de la
clasificación del pelaje del ganado, estando esta clasificación correlacionada
con la capacidad de crecimiento, la temperatura del cuerpo y el ritmo
respiratorio. En ciertas razas la
clasificación del pelaje ha sido correlacionada con la reproducción y esta
técnica se ha aplicado con éxito a la selección del ganado productor de carne
vacuna en zonas tropicales.
Se
puede obtener una relación más objetiva cortando o arrancando los pelos del
animal para examinarlos y medirlos. Se
ha sugerido que la variación de las características del pelo y la médula del
mismo pueden utilizarse como índices para la selección de animales con una
mejor tolerancia al calor.
Es
posible estudiar las diferencias microscópicas en la naturaleza de la piel por
medio del proceso histológico de extraer pequeñas muestras de piel de diversas
partes del cuerpo, empleando un instrumento que permite obtener muestras de un
tamaño determinado. Se pueden así medir
los órganos en el interior de la piel.
Esta ha sido la técnica empleada en una investigación mundial sobre
tipos de piel del ganado bovino que está siendo realizada por el autor y uno de
sus colegas en Australia. Una serie de
parámetros de la piel, tales como profundidad, largo y diámetro del folículo
piloso y largo y diámetro de las glándulas sudoríparas se han medido utilizando
especímenes de piel de ganado de diferentes partes del mundo.
El
objeto de estos trabajos es fundamentalmente estudiar la anatomía comparada de
la piel y por medición establecer un índice simple de tipos de piel que pueda
emplearse para la clasificación y la selección. Si se pudiera detectar diferencias en el espesor de la piel, la
información cuantitativa acerca de la naturaleza de estas diferencias sería muy
útil para la industria del cuero. El
conocimiento de la distribución geográfica de los diversos tipos de piel de
ganado proporcionará información que puede conducir a la obtención de un índice
de tolerancia al frío o al calor que resultaría útil en la prueba de la
descendencia. Aún existe la posibilidad
de que estos estudios puedan resultar de interés para el taxonomista o tal vez
el arqueólogo ya que la distribución del ganado puede también reflejar la
distribución de los grupos etnológicos.
Es
aún demasiado pronto para detallar y clasificar los diferentes tipos de piel
que se han encontrado, pero es evidente que existe más de un tipo de piel
anatómico en el ganado y puede que sea posible establecer una relación entre
los diversos tipos y derivar de ellos algunos índices prácticos.
Aplicación
práctica posible
Ya
se ha demostrado que las características de la piel pueden proporcionar un
índice de la producción de leche en el ganado y se ha realizado un experimento
preliminar para pronosticar la producción de leche por medio de un parámetro de
la piel. Se consideró que, como la
glándula mamaria y la glándula sudorípara poseen algunas semejanzas
histológicas y un origen embriológico similar, se puede prever que las
glándulas sudoríparas se vean afectadas por la circulación de hormonas en la
misma forma que la glándula mamaria.
Sin embargo, la producción de leche no estaba relacionada con el largo,
diámetro, volumen, o configuración (relación de largo a diámetro) de las
glándulas sudoríparas. Esto se debió
probablemente al hecho de que las glándulas sudoríparas se encuentran muy
afectadas por otros factores tales como la estación del año y el
ejercicio. Sin embargo, fue sorprendente
observar que en una serie de razas de ganado, la producción de leche estaba
negativamente correlacionada con la profundidad del folículo (-0,24). Esta relación sugiere que dentro de una
misma raza, las vacas que tienen una baja profundidad de folículo son, en
potencia, mejores productoras de leche.
No se ha encontrado aún una explicación fisiológica para esta relación. Se continúa investigando esta correlación y
además, si una relación tal puede demostrarse en mayor escala, puede resultar
de valor práctico para la prueba de la descendencia.
Por
lo menos en teoría, parece posible llevar esta relación a una etapa posterior y
comparando la profundidad del folículo con la edad se podrá hacer un gráfico
que permita predecir la capacidad de producir leche de algunos animales a una
edad muy temprana. Es necesario llevar
a cabo estudios más detallados sobre este problema, pero por otra parte es
posible que se determine que la correlación es demasiado baja y no aportaría un
gran valor práctico. Sin embargo, la
importancia práctica potencial de dicha relación justificaría un estudio más
detallado de tales correlaciones.
También podría resultar posible predecir la producción de carne vacuna
en forma similar comparando el peso del cuerpo o siguiendo un criterio similar,
con diversos parámetros de la piel.
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