Director:
Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de
Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Fernando Lagos. 1998. Curso
de Capacitación Brangus. Rev. Brangus, Bs.As., 20(37):50-53.
En
el Congreso Ganadería Subtropical '94, realizado
en Resistencia, Chaco, Argentina, el profesor Tim Olson de la Universidad de
Florida, Estados Unidos, se refirió a la influencia del tamaño de los vientres
sobre la fertilidad, la parición y el destete.
En
grandes líneas, ese trabajo indicaba que en zonas subtropicales, superados los
450 kilogramos de peso adulto de las madres se alargaba inconvenientemente el
período de maduración sexual de las vaquillonas y se resentía el
comportamiento reproductivo durante el segundo y el tercer servicio,
salvo que se optase por una política de suplementación adecuada, lo que por
otra parte no es usual en nuestros sistemas extensivos de producción.
Al
análisis del Dr. Olson se deben sumar otras consideraciones importantes acerca
de la influencia del tamaño sobre el peso de los temeros al destete, sobre su
crecimiento durante el engorde y sobre el peso de terminación o
engrasamiento que alcanzarán. Cuando el
engorde se realiza a campo la tasa de aumento y el peso de
terminación se transforman en componentes de extrema importancia desde el punto
de vista de la producción de carne por hectárea.
En
primer lugar, aclaremos las relaciones que existen entre los pesos adultos de
machos y hembras.
El
peso adulto de una vaca gorda y desbastada multiplicado por 1,5 resulta en el
peso adulto del toro gordo y desbastado equivalente a su tamaño genérico. Es decir que un rodeo de vacas de 400 kilos
entoradas a lo largo de los años, con toros de 600 kilos, no variará en su
tamaño genético a través de sucesivas generaciones.
Correspondientemente
el peso adulto de
un toro multiplicado por 0,67 resulta en el peso adulto de la vaca equivalente
a su tamaño. Así un toro de 750 kilos
se corresponde con una vaca de 500 kilos.
En
condiciones de cría en la pradera pampeana, una vaca británica desteta a los
seis meses un ternero que pesa aproximadamente un 40 % del peso adulto de la madre. Esto para una vaca de 400 kilos de peso adulto
entorada con un macho de peso adulto equivalente, o sea de 600 kilos, se
traduce en un ternero de aproximadamente 160 kilogramos. Desde ya que este valor es relativo a un
manejo promedio y estará sujeto a cambios según ese manejo mejore o desmejore.
Sobre
esta base, un aumento del tamaño de las madres de 100 kg, o sea, llevadas a 500
kilos y entoradas con padres de peso adulto equivalente, o sea de 750 kilos, se
puede esperar un ternero de 200 kilos al destete. Esto siempre y
cuando la carga por hectárea se acomode a la nueva de realidad de vientres más
grandes.
Gráfico 1
Si
esta diferencia de mayor peso al destete no se logra, el aumento de tamaño de
los vientres y de los toros para lo único que sirve es para aumentar la ineficiencia,
pues se aumentan los requerimientos de mantenimiento con animales más grandes
pero no se contraponen con un ternero proporcionalmente mayor.
El
peso de la vaca entorada con un toro de tamaño equivalente se relaciona con el
de su progenie como novillo terminado.
Esa relación es de 1 a 1,1 cuando el engorde en la invernada es del
orden o menor de los 400 gramos/día promedio, de 1 a 1 cuando el engorde es del
orden de los 500 gramos/día y de 1 a 0,9 cuando el engorde es del orden de los
600 gramos/día.
O
sea que vacas de 400 kilos entoradas con toros de tamaño equivalente de 600
kilos darán novillos gordos de 440 kilos, de 400 kilos o de 360 kilos, según
varíe el ritmo de aumento de peso en la fase del engorde.
Vacas
de 500 kilos entoradas con toros de tamaño equivalente de 750 kilos darán
novillos gordos de 550 kilos, de 500 kilos o de 450 kilos, según varíe el ritmo
de aumento de peso en la fase del engorde.
Cabe
analizar ahora aspectos que tienen que ver con los requerimientos alimenticios
de los animales y que están asociados a la capacidad de crecer, al tamaño
adulto y a la relación músculo grasa.
En
los últimos tiempos existió una tendencia en los Estados Unidos que se contagió
al resto del hemisferio en el sentido de agrandar el tamaño del ganado de cría
y también de aumentar la musculatura en detrimento de la producción de grasa.
Esa
tendencia, hoy en revisión, fue al menos justificada en los propios Estados
Unidos que buscaban aumentar el peso de faena de sus novillos sin que por ello
estuvieran excesivamente engrasados.
Esto era para bajar los costos industriales de la faena (faena de
novillos más pesados) y para aumentar el rendimiento de carne en la despostada
de las reses. También porque los criadores
pensaban que se podían beneficiar con la venta de terneros más pesados al
destete.
Sin
embargo se pusieron en evidencia varios aspectos que tienen mucho que ver con
el funcionamiento de nuestros sistemas pastoriles extensivos.
En
primer lugar, se demostró que en la medida que aumenta el tamaño, la capacidad
para crecer, la relación músculo-grasa y la capacidad lechera de los animales,
aumentan las necesidades de mantenimiento por unidad de peso corporal, que si
no son atendidas, y a veces esto es difícil o costoso en situaciones de
producción extensiva, se reflejan en una caída de la producción y en mayor
ineficiencia para los sistemas.
Esto
se puede observar en dos gráficos donde se comparan las necesidades de mantenimiento
de vacas de distintos biotipos y la eficiencia de producción hasta el destete
de vacas de distintas razas que poseen diferentes tamaños, capacidad de
producción lechera y diferentes relaciones entre músculo y grasa en su
composición corporal (Gráficos Nº 1 y 2).
En
el primero se pone en evidencia que las vacas cruzas Charolais por Angus y por
Hereford, más musculosas y de mayor tamaño que las cruzas Hereford por Angus,
poseen más necesidades de mantenimiento por kilo de peso. A su vez las vacas cruzas Fleckvieh por
Angus y por Hereford, que son más lecheras, más grandes y más musculosas que
las vacas cruzas Hereford por Angus, poseen los más altos requerimientos
energéticos de mantenimiento de todo el conjunto.
En
el segundo es claro que las razas británicas de requerimientos medianos de
producción son más eficientes productores de terneros al destete cuando la
alimentación es de baja a mediana, y son superadas por las vacas de razas
continentales europeas cuando la alimentación es abundante, en cuyo caso estas
últimas pueden hacer mejor uso de su mayor potencial de producción.
Las
ventajas de poseer una composición corporal con una cierta proporción de grasa
en lugar de excesivamente musculoso en ambientes de alimentación restringida o
inconstante, ha sido demostrada en mamíferos y específicamente en vacas donde
se ha probado que mantener una misma proporción de proteína (músculo) que de
grasa tiene un costo prácticamente de cinco veces más de energía, y que los costos
de mantenimiento del tejido grasos se han aproximado a cero en varios
estudios. Otros estudios han mostrado
que las necesidades de mantenimiento de un animal están prácticamente
relacionados con la masa muscular que él posee y no con su proporción de grasa.
En
términos prácticos, las ventajas de poseer vacas que acumulan grasa durante la
estación otoñal es que ellas atravesarán los inviernos con mucho menos
requerimientos de alimento que otras de tipo más musculoso.
Esta
es una de las razones por las cuales los criadores americanos, en las zonas de
cría del oeste de Estados Unidos, donde existe menos abundancia de granos o
heno para suplementar en invierno, han buscado reducir de la mitad a un cuarto
el componente de razas continentales europeas de sus vacas cruzas, y en cambio
aumentar a tres cuartos la proporción de genética británica.
Las
ventajas de la facilidad de engrasamiento son también apreciables en la fase
del engorde cuando este se realiza a pasto, y no en cambio en corrales de
engorde con grano.
Para
entenderlo es necesario analizar la fórmula de cálculo de la eficiencia en la
invernada que damos a continuación:
Esta
fórmula refleja los kilos aumentados en relación a los mantenidos por cada día
de duración del engorde. Viene a ser la
tasa de interés en carne obtenida diariamente por cada animal.
El
numerador de esta fórmula está relacionado con la capacidad para crecer, lo que
a su vez tiene que ver mucho con el tamaño adulto del ganado. También tiene que ver con la calidad del
pastoreo en oferta.
El
primer divisor depende mucho del peso en el cual se alcanza el engrasamiento, y
su función es establecer cuánto aumento es capaz de mostrar un novillo en
relación al costo de mantener su propio peso.
El
segundo de los divisores, que es la duración en días de la invernada, está
directamente relacionado con la facilidad de terminación. Cuanto más rápida sea
la acumulación de grasa, menos serán los días en la invernada, y por lo tanto,
mayor la eficiencia.
Esto
es así porque en cada adicional de invernada, el novillo debe distraer una
proporción mayor del pasto ingerido para mantener su peso. Y la proporción de
kilos aumentados frente al costo de kilos mantenidos se va haciendo menor, o
sea más desfavorable. (Este concepto se representa claramente en el gráfico 3).
Para
tener una noción de cómo se forma la grasa es preciso saber que su deposición
es cero cuando un novillo aumenta a razón de 200 gramos por día. En ese nivel un animal sólo aumenta en hueso
y músculo. Cuando el aumento de peso
alcanza 300 gramos por día se produce un ligerísimo proceso de engorde. Este
proceso de engorde se duplica si el aumento de peso es de 600 gramos por día
(un buen engorde a pasto) y se cuadriplica si el aumento es de 1.400 gramos por
día (un excelente engorde en corral y a grano).
Paralelamente
se acorta o se alarga el tiempo para terminación. A 300 gramos por día el engorde insume unos 1.000 días, a 600
gramos insume 700 días y a 1.400 gramos insume 150 días. Por eso es que el engorde rápido es físicamente
más eficiente que el engorde lento; y el a corral y grano es tanto más
eficiente que el a pasto. Lo que ha
impedido el uso de éste último en nuestros países no es otra cosa que un
problema de relación del precio de la carne con el del cereal.
Para
maximizar la eficiencia según la fórmula arriba descripta es necesario
seleccionar por animales de rápido crecimiento, lo que produce por correlación
genética un incremento en el peso de terminación, excepto que se mejore el
nivel de alimentación (que puede resultar caro) o que se seleccione al mismo tiempo por
facilidad de engorde.
Crecer
y engordar no son necesariamente términos sinónimos. Dentro de las poblaciones vacunas en engorde hay animales que genéticamente
tienen mayor capacidad que otros para deponer grasa, y otros que son de tipo
más magro. Así vemos animales que
duplican a otros en la tasa diaria de engrasamiento según se observan en el
gráfico siguiente. Ellos verán por lo tanto reducidos sus tiempos de engorde a
la mitad y con ello sus valores de eficiencia se aumentarán a casi el doble que
los últimos.
La
heredabilidad de facilidad de terminación es del orden del 30%. Tan alta como la del aumento de peso a
pasto. Es un carácter por el cual
nosotros debemos seleccionar en tanto y cuanto nuestros engordes se hagan a
pasto. En cambio en un corral con grano
el engorde depende más de la ración que de la facilidad genética para lograrlo.
Nosotros
tenemos una tendencia a veces equivocada a copiar lo que hacen los
norteamericanos en materia de selección, pero en este punto no puede haber
acuerdo porque nosotros al engordar a pasto necesitamos un biotipo que tenga un
enlace entre musculatura y facilidad de engrasamiento. Ellos, en cambio, pueden proseguir su
selección por musculatura, no sólo por engordar en feed loot sino porque
suplementan a sus madres en invierno, algo que nosotros nunca hacemos.
El
tipo de animal a elegir debería privilegiar a los de facilidad de terminación,
que en general son más profundos de costillas, y con menor relieve a la vista
de la anatomía muscular. Ello y como
hemos visto, tanto por la mayor eficiencia en la cría como de la invernada.
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