Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de
Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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María Teresa Morresi*. 2004. La Nación, Secc.
El Campo, Sábado 4 de diciembre de 2004.
*De la Redacción de La Nación
En el noroeste
argentino, donde la gente vive bajo los cielos más claros del mundo, a una
altura similar a la de los tibetanos que habitan en el área de la cadena de los
montes himalayos, el uso de la energía solar dejó de ser un sueño.
Armando
Álvarez, por caso, se ocupa, en la zona de Tilcara, Jujuy, de aprovechar la
potencia del sol que abraza esa región del planeta en la que los visitantes
aplacan su ser frente a paisajes deslumbrantes de valles, quebradas custodiadas
por cardones, salares tornasolados y desiertos.
Junto a su equipo del Proyecto de Integración y
Rescate de la Cultura Andina -Pirca-, en enlace con la alemana Bárbara Holzer
de la Fundación Acoandina, construyen equipamientos solares de vanguardia.
Fabrican
cocinas parabólicas dignas de espacios estelares -modelo K17 que levanta hasta
450 grados y permite cocinar diez litros de comida durante una hora y media-,
hornos, sistemas de calefacción, de riego y secadores de frutas y hortalizas.
Se trata de una tecnología de vanguardia en esas regiones aisladas, donde los
pueblos son mínimos como los recursos.
La aparición de este tipo de equipamiento permite, por ejemplo, tener
agua caliente, calefaccionar escuelas y casas, y cocinar sin utilizar leña u
otro tipo de combustible. Álvarez comenta que la energía solar es ideal para el
desarrollo de la agricultura regional. "Se utiliza para sacar agua de
napas freáticas de la puna jujeña. Se hizo una experiencia piloto en Misa Rumi,
a
En un
invernadero equipado con riego solar cultivaron papas, tomates, cebolla, ajos y
zanahorias. Si bien aún queda por resolver la ampliación de la superficie de
siembra, los especialistas estudian cómo aplicar la metodología en el cultivo
de plantas aromáticas sin agroquímicos.
Entre todos
imaginan y prueban las diversas maneras de elaborar panes de harinas de quinua
y de amaranto, cultivos históricos andinos y de secar vegetales, fabricando
deshidratadoras solares de gran tamaño.
Las cocinas
solares norteñas tienen como base una tecnología transferida por el Instituto
Jülich de Alemania, especializado en la investigación de energías alternativas
y en la puesta en práctica de tecnologías intermedias en países de bajos
recursos.
Uno de los
especialistas que efectuó la capacitación en Jujuy es el ingeniero Christoph
Müller. Enamorado del Norte, vino a la Argentina hace siete años y de ahí en
más regresa cada vez que puede a visitar a la gente con la que estuvo
trabajando.
El experto
cuenta a LA NACIÓN que pasaron el know-how porque el altiplano es uno de los
lugares más altos del mundo para el aprovechamiento de la energía solar:
"Es ideal por su gran amplitud térmica, con diferencias de hasta 30 grados
entre día y noche, temperaturas mínimas de hasta 12 grados bajo cero en
invierno y vientos frecuentes y fuertes".
Müller
explica que la producción local de los artefactos baja costos, da trabajo y
permite multiplicar el uso de un recurso abundante como el agua salada en los
océanos.
"Esperamos
-acota- que esta fuente de energía se expanda en Chile, Bolivia y Perú, donde
están planeando realizar proyectos, además de en Tíbet y en Afganistán."
Agregó que en
la India se está construyendo, por ejemplo, una cocina solar comunitaria para
18 mil personas a partir de 100 concentradores. Productos solares que se abren
paso sobre las huellas de un período histórico marcado por el uso de
combustibles fósiles, con su potencialidad se están realizando, en diversas
partes del mundo, estrategias destinadas a capacitar campesinos para combatir
el hambre y generar microemprendimientos.
En Paraguay,
por caso, la Fundación Celestina Pérez de Almada creó un centro de energía
solar -Cedesol-dedicado a construir equipamientos similares a los de la Puna y
a poner en práctica varios proyectos que contribuyen al desarrollo rural,
generando autoempleos ecológicos, entre los que se destaca un restaurante
solar, comedores barriales, producción de dulces, papel de banana y fibras
textiles naturales.
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