Suplementación estratégica en pastoreo

Oscar Ferrari. 2008. Tiempo Agroempresario, 5(51):136-137.

www.produccion-animal.com.ar

Volver a: Invernada a campo

Introducción

La producción ganadera de las distintas áreas de la Argentina depende fundamentalmente del pasto. La oferta forrajera sufre una gran variación tanto en cantidad como en calidad.

Esto va en contra del principal objetivo de la producción ganadera, que es la conversión de la energía producida en kg de carne termina­dos para la venta.

Estas variaciones son propias de un sistema a la intemperie que de­pende de las condiciones climáticas. Por eso es conveniente basarse en planteos elásticos que respondan a estrategias de alimentación previa­mente diseñadas.

El primer ítem a tener en cuenta en la búsqueda de la conversión es el consumo. Por eso el primer ob­jetivo debe orientarse a obtener una producción estable de forraje a lo largo del año, cuidando su calidad, tanto en pie como en los excedentes (reservas).

Un segundo punto es cuánto de lo consumido es digerido y absorbido por el animal y realmente utilizado para producción. Esto dependerá de la digestibilidad, la eficiencia de digestión y la relación entre nu­trientes.

La suplementación de bovinos en pastoreo con granos o concen­trados permite aumentar la cantidad de energía que el animal consume diariamente. El mejor resultado se logra cuando se comprende la inte­racción forraje/suplemento.

Los granos ofrecen energía, pero poca proteína y casi nada de fibra, excepto la avena y la cebada. Es evidente entonces que el alimento base (forraje) deberá aportarla pro­teína necesaria para complementar al primero.

La calidad de las buenas pasturas jóvenes, bien manejadas, excede los requerimientos del animal en proteí­na degradable en el rumen y nitróge­no no proteico. En tales circunstan­cias, la suplementación energética con granos o fuentes de almidón de rápida degradación en rumen permi­te balancear la dieta.

Por último, lo más difícil de al­canzar, y de lo que dependerá todo lo antes expuesto, es un excelen­te manejo a cargo de un equipo de hombres bien capacitados.

Cuando se interrelacionan e inte­gran los puntos anteriores, surge la suplementación aditiva o sustitutiva como la mejor herramienta para contrarrestar deficiencias o excesos.

Para la obtención de resultados, deberá coordinarse una serie de eventos que incluyen el conocimien­to, no solo de las necesidades de los animales, sino también de los pasos a seguir en todo lo atinente a los ele­mentos con los cuales instrumentar la técnica, respetando las secuencias y rutinas que conllevan estos plan­teos para evitar alteraciones perju­diciales del entorno animal.

Alimentación del rumen

Siempre que se hable de alimenta­ción de rumiantes es preciso definir la importancia del rumen. El rumen y sus microorganismos actúan co­mo una gran cuba de fermentación; sus productos de degradación son absorbidos a través de sus paredes y utilizados como fuentes de ener­gía. Paralelamente, se genera una multiplicación de bacterias que son digeridas en el intestino delgado y constituyen la principal fuente de proteína para el animal.

Para darse cuenta de la importan­cia que tiene el rumen en la alimen­tación, basta mencionar que el 60 % de la energía y un 10 % de la proteína utilizadas por el animal se generan en el rumen, a partir del desarrollo y la multiplicación bacteriana.

Hidratos de carbono

Los hidratos de carbono en el ru­men son degradados a ácidos grasos volátiles (AGV) constituidos por los ácidos acético, propiónico y butírico, según el carbohidrato del que se tra­te. Los hidratos de carbono pueden dividirse en estructurales y no estruc­turales. Dentro del primer grupo (fi­bra) los principales son la celulosa, hemicelulosa y lignina. La celulosa y hemicelulosa son atacadas por la flora celulolítica y transformadas en AGV con predominio de acético. El ácido acético es utilizado como fuente de energía y es el precursor de la grasa de la leche. La lignina es totalmente indigestible, aun por las bacterias del rumen.

Los carbohidratos no estructu­rales (CNE) están formados por el almidón y azúcares solubles. Son degradados por la flora amilolíti­ca y dan AGV con predominio de propiónico, que es utilizado como precursor de glucosa. Los CNE son una fuente de energía rápida para las bacterias ruminales.

El ambiente ruminal más apto para la digestión de la celulosa se ubica dentro de un pH de 6,6-6,8, mientras que para la digestión del almidón el rango ideal es de 5,8-6,0.

Cuando se suplementa una dieta basada en forrajes, con concentra­dos a un nivel del 30 % de la dieta, se potencia la digestión de forraje, ya que la energía aportada por el al­midón al rumen sirve como iniciador en la digestión de la celulosa.

Los granos son oferentes de ener­gía en almidón de diferente orden. El almidón de los cereales de invierno (por ejemplo, trigo o centeno) es de rápida solubilidad y fermentación en el rumen. En cambio, el de cereales de verano (maíz y sorgo) es de fer­mentación más lenta.

Los de tamaño grande se digie­ren bien enteros, pero no así los de tamaño pequeño (algunos maíces, sorgo, etc.). Estos permanecen me­nos tiempo en el rumen y se digie­ren menos.

También las cubiertas duras opo­nen resistencia a la acción de la mas­ticación y a la microflora ruminal; en consecuencia, su digestibilidad es menor. La masticación del ani­mal rompe los granos y aumenta su digestibilidad, pero no lo suficiente cuando el grano es complemento de forrajes de alta calidad. Se deduce entonces que el procesado de granos pequeños y duros es inevitable.

El de maíz es el mejor grano para suplementar. Los tipos dentado se digieren bien enteros, pero en los más duros y pequeños su quebrado o aplastado asegura una buena di­gestión. La mayoría de los sorgos re­quieren procesado (aplastado o mo­lido) para su mejor utilización.

El trigo y el centeno enteros son muy fermentables y la tasa de fer­mentación mejora también con el procesado. La rápida liberación de almidón de estos granos hace con­veniente una oferta controlada y dis­tribución ordenada del suplemento para prevenir problemas metabóli­cos. La alta proporción y elasticidad del gluten del grano de trigo pueden producir algunos trastornos digesti­vos, por ello es conveniente mezclar el grano de trigo con otros como el sorgo o maíz.

La cebada y la avena son granos vestidos (con glumas), por lo que el aporte de energía es menor compa­rado con los granos desnudos como el maíz, sorgo, trigo o centeno. Es­tos granos aportan almidón de alta degradabilidad ruminal y también fibra. Si se ofrecen cantidades limi­tadas (inferiores al 0,75 % del peso vivo), se sugiere ofrecerlos enteros. Su incorporación en el suplemento aumenta el volumen a ofrecer (a energía constante), permite reducir la velocidad de consumo y previene trastornos por sobreconsumo.

Proteína

La proteína se encuentra en los alimentos como proteína verda­dera o como nitrógeno no protei­co (NNP).

Por acción de las bacterias ru­minales, el NNP y la proteína dan lugar a la formación de. amoníaco (NH3) y cadenas carbonadas. Si hay energía disponible, el NH3 es utilizado para la síntesis de proteína bacteriana. La fracción de proteína que sufre este proceso es la proteína degradable del alimento. Es impor­tante remarcar que para que el NH3 proveniente de la proteína degrada­ble sea correctamente utilizado, es necesario que haya energía dispo­nible en el rumen.

Existe una fracción de proteína que pasa inalterada por el rumen rumbo al intestino y recién allí es digerida por las enzimas intestinales.

En definitiva, la proteína que lle­ga al intestino proviene de la suma de la proteína bacteriana más la no degradable del alimento.

Grasas

Las grasas pueden ser saturadas (origen animal) o no saturadas (ori­gen vegetal). En el rumen las grasas no saturadas sufren un proceso de hidrogenación, pero no hay degra­dación ruminal de ningún tipo, sino que pasan de largo y son digeridas en el intestino.

Aunque constituyen una buena fuente de energía para el animal, no ocurre lo mismo para las bacterias ruminales, ya que la provisión de energía al rumen es nula. El exceso de grasa en el rumen puede depri­mir la acción microbiana sobre la digestión de la celulosa y disminuir el consumo de materia seca.

I.- Forrajes y alimentos

1. Valoración de la calidad

La valoración nutritiva de los ali­mentos de origen animal se puede realizar por el método de Van Soest. Esta metodología de análisis ubica los nutrientes en dos grandes grupos, tal como se grafica en la figura.

 

 

Pared celular: como su nombre lo indica, son las paredes de las célu­las y abarcan la totalidad de los car­bohidratos estructurales (fibrosos). Dentro de este grupo los principales son la celulosa, hemicelulosa y lignina. Los dos primeros son digeridos en forma lenta por las bacterias del rumen y la última es totalmente indigestible.

La fibra detergente neutro (FDN) mide la suma de los tres componentes y da una noción de la capacidad de ingestión del animal sobre ese forraje. La determinación de fibra detergente ácida (FDA) abarca la celulosa y lignina y sirve para es­timar el contenido energético de un forraje.

A mayor contenido de paredes ce­lulares, mayor FDA y FDN, lo cual implica menor digestibilidad, menor energía y menor consumo.

Contenido celular: dentro del con­tenido celular se ubican diferentes fracciones. La proteína bruta (PB) en realidad mide el contenido de ni­trógeno x 6,25. Abarca la proteína verdadera y el nitrógeno no protei­co. El extracto etéreo (EE) mide la totalidad de las grasas. Las cenizas abarcan la totalidad de los minera­les. La fracción de carbohidratos no estructurales (CNE) contiene almi­dón y azúcares solubles y se calcu­la por diferencia según la siguiente fórmula: CNE= 100 (FDN + EE + PB + Cenizas)

2.- Variación del contenido de nutrientes en el forraje

El contenido de nutrientes de un forraje es sumamente variable y dependerá de la especie, el estado fenológico y las condiciones climá­ticas, entre otros factores. La época del año, por su parte, influye en el contenido de nutrientes de una misma pastura. Los cambios pueden re­sumirse de la siguiente manera:

Otoño-invierno: las pasturas de otoño y verdeos de invierno se carac­terizan por tener un bajo contenido de materia seca, bajos niveles de fibra y de CNE. Además, presentan un alto contenido de PB, con una gran parte de esta como NNP. A pesar de los bajos niveles de fibra, el contenido energético es reducido por el bajó nivel de azúcares solubles.

Primavera: se incrementa la ma­teria seca, el nivel de azúcares solu­bles es máximo, la fibra sigue sien­do relativamente baja y la proteína se mantiene alta, pero en su mayor parte como proteína verdadera. Es el momento del año en que el forraje está mejor balanceado y la respuesta animal es máxima.

Verano: por acción de la tempera­tura se incrementa la pared celular, disminuyendo el contenido. Por lo tanto, aumentan los niveles de fibra, y caen la proteína, los azúcares so­lubles y la energía. Estos cambios producen menor digestibilidad y menor consumo de forraje por parte del animal. En el cuadro se visualiza la situación descrita.

 

¿Qué se entiende por suplementación?

Esta puede definirse como la in­corporación a una dieta base (pradera o verdeo), de uno o más nutrientes (proteína, energía, minerales, vita­minas), para optimizar la utilización del recurso básico por medio de un mejor balance nutricional.

Suplementación según objetivos

Los objetivos pueden ser varios, por ejemplo:

        Maximizar la ganancia de peso individual en momentos del año con bajas ganancias de peso.

        Maximizar la carga animal, estirando el uso del forraje a través de una sustitución.

        Transformar kilogramos de car­ne no vendibles en vendibles a cor­to plazo mediante altos niveles de suplementación (por necesidad de venta o por buena relación de pre­cios), con terminación a corral. En este último caso la dieta base es el grano, y el forraje actúa como su­plemento (heno).

Programación de una suplementación

Una vez analizadas la posibilidad y conveniencia de suplementar, así como el objetivo, la categoría y los productos, hay una serie de aspectos que se deben tener en cuenta para su implementación. En definitiva, el éxito dependerá de una dirección idónea, un personal capacitado y la infraestructura disponible.

Todo esquema de suplementación debe basarse en la simplicidad, la estabilidad y la paciencia. La sim­plicidad es sinónimo de factibilidad. La estabilidad es fundamental en la suplementación de rumiantes, y para lograrla deben respetarse los tiem­pos de la alimentación. La paciencia, por su parte, se liga con la graduali­dad y la estabilidad. El cambio de la rutina de alimentación debe hacerse progresivamente.

Tiempos de alimentación

        Tiempo del animal. Es el tiem­po que tardan los animales en adap­tarse a nuevas rutinas (comederos, plazoletas, horarios, tractores, etc.). Insume entre 7 y 10 días.

        Tiempo del rumen. Es el tiem­po que lleva a los microbios lograr especificidad para digerir un nuevo sustrato. Este varía según el cambio que se introduzca, pero se produce entre 2 a 4 semanas.

        Tiempo metabólico. Es lo que tarda el metabolismo en acostum­brarse de un ritmo metabólico más bajo a uno más exigente.

Analizando estos puntos pueden destacarse los siguientes aspectos:

        Un esquema de suplementación no se puede llevar adelante por me­nos de 45-60 días.

        Si por alguna razón se debe in­terrumpir, al retomarlo debe empe­zarse de cero.

        La gradualidad debe respetarse tanto al inicio como al terminar. Nunca se debe compensar dan­do más de lo debido si algún día no se puede dar. Esto puede conllevar problemas digestivos de variada se­riedad y consecuencias.

        Deben respetarse los horarios. La hora de suplementación dependerá del objetivo perseguido así como de la interacción del pasto y del suple­mento. Si se busca no interferir con el pastoreo del animal, es convenien­te suplementar cerca del mediodía o al atardecer.

Conclusiones

Dentro de las posibilidades que hoy se encuentran disponibles en el sector ganadero para mejorar la pro­ductividad, la suplementación es una alterativa sumamente válida, y tanto los pasos a seguir como los equipos para implementarla prácticamente son de difusión masiva.

La técnica no escapa al concepto básico sobre las utilidades, ya que posiblemente ni los insumos más baratos generen la mayor rentabili­dad o producción así como tampoco los más caros. Solo la conjugación de todos los factores propios de ca­da situación, que incluye el análisis conjunto entre el empresario y los técnicos, permitirá la obtención de óptimos resultados, dado que la di­versidad de situaciones productivas que presenta la Argentina requiere estos pasos para lograr las inversio­nes y rentabilidades necesarias en el mercado ganadero.

Debe incorporarse el concepto de eficiencia en cada fase de la prác­tica, para mejorar, homogeneizar y acrecentar las producciones.

Dada la situación particular que atraviesa el país en su cambio de ca­tegoría respecto de las posibilidades de exportación de sus carnes, la su­plementación en todas sus variantes se convertirá, sin dudas, en el medio' para agregar valor y uniformar cali­dad en las carnes argentinas.

 

Volver a: Invernada a campo