Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria,
Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República
Argentina
Volver a: Principal > Invernada o engorde
pastoril o a campo
Ustarroz,
E. (1), Kloster, A., Latimori, N. (2) , Saniboni, C. y Méndez, D. (3). 1998.
Oeste Ganadero, 1(2):4-19.
(1) Ing. Agr. EEA INTA
Manfredi; (2) Med. Vet. EEA INTA Marcos Juárez; (3) Ing. Agr. EEA INTA
Gral.Villegas.
1.
La alfalfa como base
Introducción: La alfalfa es capaz de
producir una alta cantidad de materia seca por hectárea en todo su ciclo de
pastoreo. Para altas producciones de
forraje debemos hacer un manejo adecuado para la especie, partiendo de la base
de un conocimiento de su forma de crecimiento.
El
crecimiento de la alfalfa proviene de dos tipos de yemas, las ubicadas en las
axilas de las hojas y las accesorias en la corona. Se caracteriza por presentar crecimientos por
tanda de tallos, y cuando una tanda de ellos se encuentra en activo desarrollo,
están bloqueadas las yemas responsables del próximo crecimiento. Cuando los tallos se han elongado previo a la
floración, es cuando se maximiza la tasa de crecimiento. Si se pastorean antes de este momento,
decapitando los meristemas apicales que se encuentran en la parte superior de
la pastura, disminuye el forraje producido, por detenerse el crecimiento de
esos tallos y demorarse el rebrote proveniente de las yemas auxiliares y de
corona. Este es el motivo por el cual se
debe utilizar el forraje al comenzar la floración, ya que de esta manera se
deja expresar a los tallos en crecimiento su máxima producción, removiendo los
mismos cuando las yemas se han desbloqueado y comienza a producir una nueva
tanda de tallos.
Hay
dos aspectos importantes a tener en cuenta en esta especie. El primero es que permite mantener índices de
área foliar (IAF) tan elevados como 10-11, sin importantes disminuciones en la
actividad fotosintética de las hojas inferiores, debido a su particular
estructura (Brown y Blaser, 1968). El
otro aspecto está referido a que la velocidad de rebrote post-pastoreo, está
más asociada al contenido de carbohidratos de reserva en raíz y corona que a la
cantidad de hojas remanentes (Leach, 1968).
El no permitir acumular a esta especie de carbohidratos de reserva con
el uso de pastoreos frecuentes, ocasiona la muerte de plantas y esto tiene un efecto
directo sobre la producción de carne que podemos obtener de ella.
Figura 1.- Efecto del sistema de pastoreo en
alfalfa sobre superficie cubierta (%) (Cragnaz,
1988)

Si
decidiéramos utilizar la pastura en plena floración, aún habría una mayor
producción de materia seca, pero debido a la pérdida de calidad, disminuye la
cantidad de materia seca digestible, que es máxima al 10% de floración. Cuando las condiciones no están dadas para
que la alfalfa florezca, como criterio para comenzar el pastoreo, se utilizará
la altura del rebrote de corona, que deberá ser de
Por
los motivos expuestos es que la alfalfa necesariamente debe ser manejada
mediante pastoreo rotativo. La
frecuencia entre pastoreos dependerá de las condiciones climáticas, humedad del
suelo, época, como así también del grado de reposo de que se trate, siendo más
corto el período entre pastoreos en cultivares de menor reposo invernal. Los valores extremos están entre 23 y 42 días
en promedio, de las zonas alfalferas del país.
Se
aconseja que la duración del período de pastoreo no sea superior a los 7 días,
porque luego de este tiempo los animales podrán hacer uso de los rebrotes nuevos, sobre todo en cultivares
sin reposo, comprometiendo la persistencia y producción.
Intensificación del uso: sabiendo que la alfalfa posee una muy alta
producción, debemos preguntarnos si la intensidad de uso puede afectar esa
capacidad productiva.
Cuando
esta variable fue analizada experimentalmente, se obtuvieron similares producciones para alfalfas
utilizadas a tres intensidades de uso, las cuales fueron de una asignación de
forraje diaria de 2.4, 3.3 y 6.3% del peso vivo, correspondiente a baja
asignación (BA), media asignación (MAS) y alta asignación (AA) (Cuadro l).
Cuadro 1.- Producción de forraje en kg de
MS/ha año y por carga animal

Si
bien la producción de forraje no se ve afectada por la intensidad de uso, sí se
afecta la calidad de lo que los animales son capaces de cosechar en estos
diferentes grados de uso, ya que, como podemos observar en el cuadro 2, la digestibilidad
y el tenor de proteína disminuyen desde la parte superior de la pastura hacia
la base, siendo este efecto más notable en tallo que en hoja (Frasinelli,
citado por Cangiano, 1992).
Cuadro 2.- Digestibilidad (DIVMS) y proteína
bruta (PB) en alfalfa por estratos

La
disminución de la digestibilidad tiene un efecto directo sobre la energía que
el animal puede destinar a producción y por lo tanto marcará el límite de
ganancia de peso que podamos obtener.
Otro
factor importante que se modifica en la dieta de los animales cuando se aumenta
el grado de uso de la pastura, es la pared celular, como podemos observar en el
cuadro 3.
Cuadro 3.- Evolución de la calidad de la
dieta en pastoreo rotativo en dos cultivares de alfalfa

La
pared celular es un parámetro importantísimo en la dieta, ya que afecta en
forma directa el consumo que el animal puede alcanzar de un forraje,
condicionando así su respuesta productiva.
Por los motivos expuestos, al aumentar el índice de cosecha, disminuye
la calidad de la dieta de los animales, sumado a un efecto de cantidad, que
afecta el consumo por un achicamiento del tamaño del bocado. Esta menor cantidad y calidad de lo consumido
afecta la respuesta individual, pero al aumentar el grado de uso por medio de
la carga animal aumenta la ganancia de peso total por unidad de superficie.
En
el cuadro 4 se muestran valores de ganancia de peso y producción de carne en
relación a carga animal, porcentaje de utilización y asignación de forraje,
como resultado de diferentes intensidades de uso.
Cuadro 4.- Ganancia de peso vivo individual
(GPVI) y producción de carne (GPV/ha)
en función del grado de utilización (todo el
ciclo)

El
situarnos en el grado de utilización medio nos permite lograr ganancias de peso
vivo aceptables para una invernada de corta duración y una elevada producción
de carne/ha.
Para
ilustrar las variaciones estacionales en el comportamiento de estas variables,
se presentan en el cuadro 5 los resultados por época de los diferentes grados
de uso, en las condiciones edafoclimáticas de la EEA Manfredi.
Cuadro 5.- Ganancia de peso individual (GPVI)
y producción de carne (GPV/ha)
en función del grado de utilización según
época

Se
puede observar que en la primavera, debido a la alta producción de forraje y a
la buena calidad de la misma, la ganancia de peso vivo individual no se ve
afectada con el grado de uso propuesto.
Por otra parte en el verano, la producción de forraje es un poco
inferior a la de primavera, pero sobre todo la calidad es inferior, por lo tanto
disminuye la ganancia de peso; sin embargo, la presión de pastoreo intermedia
se mantiene en niveles aceptables para cumplir el objetivo productivo.
Durante
el otoño, la producción de forraje fue inferior a la de las otras épocas, por
lo tanto, para lograr ganancias de peso aceptables para una invernada corta,
necesitamos disminuir la carga animal.
Para poder uniformar las presiones de pastoreo, sobre todo por la baja
disponibilidad otoñal, necesitamos entrar en esta época con terneros de
destete, lo que nos permite mantener un mismo número de animales por unidad de
superficie, respetando la presión de pastoreo propuesta, sin necesidad de
trabajar con cargas variables.
2.
Cadenas forrajeras para invernadas sobre pasturas base alfalfa.
Los
sistemas de producción agrícola-ganaderos de la región pampeana norte que
incluyen la invernada pura o en combinación con etapas de la producción de
carne, se desarrollan sobre una base forrajera predominantemente pastoril con
requerimientos nutricionales elevados y relativamente estables a lo largo del
año, los cuales es necesario cubrir adecuadamente para obtener altos niveles de
productividad de carne.
En
un sentido amplio, una cadena forrajera comprende la secuencia, duración y
estacionalidad de aprovechamiento de los distintos recursos forrajeros
destinados a cubrir los requerimientos animales durante un período de
producción dado, generalmente considerado como un ciclo anual.
Según
evaluaciones bajo corte y condiciones de pastoreo las pasturas de alfalfa y sus
mezclas pueden entregar, entre 10.500 y
Figura 2.- Distribución mensual de la
producción de MS de pasturas de alfalfa

La
imposibilidad de realizar planteos ganaderos eficientes cuyos requerimientos
nutricionales coincidan en oportunidad y magnitud con lo ofrecido por la
pastura determina la necesidad de recurrir a distintas alternativas
tecnológicas para sortear el bache invernal de mejor crecimiento de las
praderas perennes.
Una
de las alternativas destinadas a mejorar la curva de la oferta de forraje de
las pasturas de alfalfa consiste en recurrir a la utilización de mezclas con
incorporación de gramíneas perennes templadas.
En este sentido resulta interesante conocer la producción de forraje en
cultivo puro de distintas especies de gramíneas así como su potencial de
producción de forraje otoño-invernal. En
el cuadro 6 se presentan los rendimientos de materia seca de cuatro especies de
gramíneas invernales y su distribución estacional.
Cuadro 6.- Producción de forraje de cuatro
gramíneas perennes (promedio de 2 años)

Estos
resultados colocan a la festuca como la especie que entrega mayor cantidad de
forraje a lo largo del ciclo productivo, con una buena distribución entre
estaciones. Por su parte, Falaris
bulbosa concentra su producción en otoño-invierno, el pasto ovillo lo hace en
invierno-primavera, en tanto que el agropiro tiene una alta producción
otoño-invernal.
La
utilización de una o más de estas especies asociadas a la alfalfa posiblemente
no signifique una gran contribución a la producción total de materia seca
comparada respecto al cultivo puro, pero constituye una alternativa para
mejorar la oferta invernal de forraje, además de otros efectos beneficiosos
sobre el sistema en su conjunto. De lo
expuesto surge que para incrementar sensiblemente el volumen de la oferta
invernal de forraje fresco debe recurriese a la inclusión de una proporción de
cultivos anuales en la cadena forrajera.
Las
distintas especies y cultivares de cereales forrajeros presentan diferencias
importantes en su ciclo de crecimiento como en su capacidad y velocidad de
rebrote, determinados en buena medida por su distinta tolerancia al frío,
estrés hídrico, plagas y enfermedades.
Estas características, junto a la época de siembra y el manejo del
pastoreo son los principales elementos para modular la curva de distribución
del forraje, y planificar un encadenamiento de verdeos que asegura una oferta
de forraje en cantidad y calidad a lo largo del período de utilización
requerido.
El
rendimiento total de materia seca en el ciclo de producción es un parámetro
fuertemente ponderado en la evaluación de las forrajeras anuales. Sin embargo,
en la planificación de cadenas forrajeras interesa también su distribución en
los sucesivos aprovechamientos así como la calidad y el consumo que los
animales pueden realizar del mismo partiendo de una asignación de forraje dada.
En
general, los cereales forrajeros presentan notables diferencias de oferta de
forraje entre el crecimiento inicial y los rebrotes sucesivos, pudiendo
alcanzar el primero hasta el 50% de las MS producida en el ciclo. En avena, esta característica poco deseada,
se atenúa algo en cultivares como Millauquén INTA, Cristal INTA y Bonaerense
Payé. Normalmente esta especie mantiene
una buena digestibilidad durante el segundo y tercer aprovechamiento, aunque su
contenido proteico disminuye en el último rebrote.
Los
centenos presentan mayores tasas de crecimiento en pleno invierno (de hasta 20
o más kg MS/ día en julio-agosto)
debido a su mayor tolerancia a condiciones de sequía y heladas severas. Por
ello, en general presenta una mejor distribución de la producción de forraje,
pero suelen mostrar deficiencias de calidad en el segundo y tercer
aprovechamiento debido a la tendencia a encañar tempranamente de casi todos los
cultivares de la especie. Sin embargo en este aspecto existen notorias
diferencias entre cultivares, dado que Naicó INTA y Don Guillermo INTA, por su
prolongado período vegetativo, minimizan las tradicionales pérdidas de calidad
de los centenos permitiendo un buen aprovechamiento hasta inicios de la
primavera. En el cuadro 7 se ilustra esta asimetría en la distribución del
forraje de los cereales invernales que puede resultar aún más extrema si se
realizan sólo 2 o 3 pastorees. A su vez,
marca el potencial de producción de
forraje de estas especies, cuya utilización en ensayos de tipo "put and
take" permitió obtener entre
Cuadro 7.- Distribución de la producción de
MS de tres especies de cereales forrajeros

En
aquellas regiones donde los verdeos invernales representan un componente
importante de la oferta forrajera
invernal, resulta esencial combinar las características de las distintas
especies y cultivares estructurando un encadenamiento de cereales forrajeros
invernales.
Las
avenas cumplen bien el rol de iniciadores de un encadenamiento de verdeos.
Su utilización temprana permite obtener un buen rebrote antes de las
primeras heladas severas, dada la mayor susceptibilidad al frío de la mayoría
de los cultivares de avena en comparación
con otros cereales forrajeros. Como componentes intermedios de la cadena se
adaptan los centenos, pudiendo funcionar
los triticales como cierre del encadenamiento puesto que pasan más
lentamente del estado vegetativo al reproductivo, lo cual permite diferir sensiblemente el
inicio del primer pastoreo hasta bien iniciado el invierno, sin pérdidas
importantes de digestibilidad.
En
situaciones en que se necesite prolongar la utilización del verdeo hasta la
entrada de la primavera, la consociación de cereales forrajeros con leguminosas como vicia o Melilotus es una
alternativa ya que el pico de producción primaveral de estas especies se
complementa muy bien con la oferta otoño-invernal de los cereales forrajeros.
3.
Aprovechamiento del verdeo
Entre
los factores que inciden sobre la productividad secundaria de los verdeos, el
grado de aprovechamiento del forraje es seguramente el más importante.
El
estado fenológico del cultivo al comienzo del primer pastoreo es uno de los
aspectos por considerar. En es-
te
sentido, el aprovechamiento debe realizarse cuando la planta se encuentra en
pleno estado de macollaje, evitando hacerlo cuando algún nudo del tallo sea
palpable. Este punto debe recibir gran
atención especialmente en los materiales de rápido crecimiento inicial. Si por alguna causa el pastoreo se postergara
demasiado, el daño puede reducirse dejando un buen volumen de forraje remanente
para evitar que los tallos sean seccionados por debajo del ápice de
crecimiento.
Cuando
se recurre al encierre nocturno para proteger al verdeo del daño por pisoteo
durante los períodos de heladas, el heno puede ofrecerse en la misma ensenada o
rastrojo donde se encierra a los animales. En este caso, debe prestarse
atención a la calidad del heno para no provocar reducciones importantes en el
consumo del verdeo por efecto del llenado de rumen con forraje seco de baja
digestibilidad.
La
condición de forraje poco sazonado sumado a la alta producción del primer
aprovechamiento puede determinar una baja eficiencia de cosecha. del pasto con
altas pérdidas por pisoteo. Por esto, debe prestarse especial atención al
manejo de la carga animal como al tiempo de permanencia en cada parcela.
En
términos generales, los sistemas rotativos ofrecen ventajas sobre el pastoreo
continuo o alternado. Las mismas derivan básicamente de la posibilidad de
realizar un mejor manejo de la asignación de forraje diaria, fundamentalmente
cuando se trabaja a altas cargas. Esto constituye una razón suficiente para su
recomendación e implementación, dado que la correcta presupuestación de un
recurso de alto costo relativo es un requisito básico para su eficiente
utilización.
Respecto
al grado de subdivisión o permanencia de los animales por parcela, experiencias
realizadas en la EEA Marcos Juárez no mostraron diferencias prácticas en
ganancias de peso diario y productividad de carne por unidad de superficie
entre un sistema de 8 subdivisiones y 7 días de ocupación por parcela,
comparado con otro de 28 parcelas con cambios de franja cada 48 horas. En ambos sistemas de pastoreo se logró una
alta eficiencia de utilización global del forraje que permitió obtener sin ningún
tipo de suplemento, alrededor de
En
conclusión, del conjunto de decisiones que comprenden la planificación de la
superficie destinada a verdeos, la elección de especies y cultivares apropiados
junto con una buena implantación y una eficiente utilización del forraje
producido dependen los resultados de inclusión de cereales invernales en las
cadenas forrajeras de un sistema de producción de carne.
3.1.-
Suplementación otoño-invernal sobre pasturas base alfalfa.
La
problemática de las bajas ganancias de peso otoñales es un fenómeno actualmente
bien identificado por los productores de las zonas ganaderas y tamberas de la
pampa húmeda y, en general, de las regiones en las que se utilizan recursos
forrajeros de alta calidad bajo pastoreo directo.
Como
es conocido, este fenómeno se caracteriza por una respuesta productiva inferior
a la que podría esperarse al considerar el volumen y la calidad aparente del
forraje ofrecido a los animales. La
magnitud de esta depresión productiva varía significativamente año a año,
dependiendo fundamentalmente de las condiciones climáticas imperantes. Sobre pasturas de alfalfa pura o consociada y
sobre verdeos invernales, suelen detectarse las mayores diferencias entre las
respuestas esperadas y las que se obtienen en esta época del año. Por otra parte, otoños húmedos, cálidos, con
lloviznas frecuentes y días nublados, agudizan el problema notoriamente. Esto último explica las diferencias entre
años en cuanto a intensidad y duración del fenómeno. No es extraño detectar condiciones similares
a las otoñales, a la salida de inviernos poco rigurosos y húmedos.
Una
de las hipótesis más aceptadas que podrían explicar este fenómeno se basa en
ciertas características nutricionales que los forrajes de alta calidad como
pasturas de alfalfa puras o consociadas presentan durante esta época del
año. Entre estas características se
encuentra el bajo contenido de materia seca (MS) y de fibra (pastos
aguachentos), exceso de proteínas y, particularmente, de la fracción
rápidamente fermentable, y bajos niveles de carbohidratos solubles (CHS). Estos desequilibrios en la composición
química del forraje tiene consecuencias digestivas y fisiológicas en general,
que conducen a un bajo desempeño de los animales aún sin mediar restricciones
en la cantidad del forraje ofrecido.
Bajo estas condiciones, los animales disminuyen el consumo, tienen
aumentos de peso por debajo de lo que se esperaría considerando el forraje que
se les ofrece, se observan sumidos y con síntomas de diarrea.
Esta
problemática ha sido estudiada desde el punto de vista nutricional y se han
obtenido resultados muy satisfactorios en la búsqueda de su corrección. La suplementación con grano solo o combinado
con heno, según la severidad del problema, resulta una de las alternativas más
eficientes. El agregado de estos
elementos a la dieta de forraje fresco, eleva los niveles de CHS a nivel de rumen,
disminuye la ingesta total de la fracción nitrogenada, mejora el consumo de MS
y, en consecuencia, permite incrementar las ganancias individuales y por unidad
de superficie. Sobre pasturas muy
"aguachentas" o verdeos muy tiernos, se han observado buenos
resultados con el agregado de heno a la dieta.
En estos casos, el aporte de fibra permite mejorar las condiciones de
funcionamiento ruminal. Este heno debe
ser de buena calidad y puede entregarse entero y a libre consumo en forma
permanente o, en caso de ser necesario, picado junto con el grano. El suministro de heno permite disminuir el
nivel de grano a un 0,5% del p.v. anim/día.
Es
interesante considerar como una alternativa muy recomendable, la utilización de
silo de maíz o sorgo para estos fines correctivos. Como es sabido, un buen silo de maíz tiene
una mayor concentración de energía y capacidad para elevar el pH ruminal que un
heno. Por ora parte, como ya se
mencionó, el contenido de proteínas de un silo de maíz es inferior al de un
buen silo o heno de pastura. La primera
característica es importante pues agrega al aporte de fibra un sustancial
aporte de energía disponible, que resulta deficitario en las pasturas en
algunas épocas del año. Esta energía
disponible en el rumen permite una mejor utilización de la fracción nitrogenada
de la dieta, que en este tipo de pasturas resulta habitualmente excesiva. Por esta misma razón, el bajo contenido de
proteínas del silo de maíz, arroja en este caso una ventaja. La elevación del pH del rumen es otro efecto
deseable pues corrige la acidificación excesiva que suele observarse en
animales que consumen forrajes de alta calidad.
En suma, la inclusión de hasta un tercio en la dieta total de silo de
maíz, resulta una estrategia adecuada para corregir los desbalances otoñales
del forraje.
En
todos los casos estudiados se han logrado muy buenos niveles de conversión de
suplemento en carne, durante el período otoñal, lo que resulta un buen indicio
de la conveniencia de la práctica. Es
importante destacar que el análisis del resultado económico no debe limitarse a
la relación de precios grano/carne y la eficiencia de su transformación, sino
que debe considerar aspectos más globales como la duración de la invernada, la
calidad de la terminación, la época de ventas, etc., que se logran con uno y
otro planteo de alimentación.
Sobre
pasturas de alfalfa pura o consociada se encontraron importantes variaciones
entre años, en cuanto a la respuesta de los animales a la suplementación
correctiva. Obviamente, en otoños menos
húmedos, el desempeño de los animales sobre las pasturas es mejor y la
respuesta a la suplementación es menos importante. Como ya se mencionó, además
de la intensidad, varía también la duración del fenómeno. No obstante, en todos los años analizados, la
suplementación con granos resultó una práctica favorable y económicamente
conveniente.
En
el siguiente cuadro se muestran valores promedio de cuatro años de evaluación
de respuesta a la suplementación correctiva practicada durante el período
"otoñal" de los años
Cuadro.-
Resultados de 4 años de suplementación correctiva con granos durante el
otoño

Como
puede observarse, la duración e intensidad del problema fue variable entre años
y, en consecuencia, también lo fueron las respuestas; no obstante, los
resultados de la suplementación fueron satisfactorios. Es importante destacar que una conversión de
6,8 (ECI) o 5,7 (EC/ha) kilos de grano en
Este
tipo de respuesta, obtenida habitualmente en animales de recría y comienzos de
invernada (
Cuadro.- Respuesta a la suplementación otoñal
de novillos en terminación

Si
bien las asignaciones de forraje son inferiores a las que se manejan en las
tropas de inicio de invernada, la repuesta a la suplementación sigue siendo
importante aún en esta categoría de animales.
Esta herramienta permitiría entonces no sólo asegurar la terminación de
los novillos en planteos intensificados, sino también facilitar el acortamiento
de la invernada en aquellos esquemas pastoriles que no han suplementado al
comienzo del ciclo.
3.2.
Suplementación sobre verdeos de invierno.
En
la región pampeana en general, donde predominan inviernos secos con heladas
frecuentes e intensas, los verdeos invernales son un eslabón importante en la
cadena forrajera de establecimientos de invernada y tambo. Estos recursos
forrajeros, bien manejados y cosechados en forma directa por el animal, pueden
cubrir gran parte de los requerimientos energéticos y proteicos para sustentar
buenos desempeños productivos. Sin
embargo, en algunos momentos de su ciclo productivo, su utilización como único
recurso alimenticio puede dar lugar a desbalances en la composición de la
dieta, relacionados tanto con la calidad como con la cantidad del forraje producido.
Estos desbalances en calidad responden a los ya descriptos como
"otoñales" para las pasturas perennes. Especialmente durante el primer
aprovechamiento, los verdeos de invierno, suelen generar restricciones
productivas más severas de las que se presentan sobre pasturas con base de
alfalfa durante el otoño, pues los desequilibrios en sus componentes son aún
más marcados.
Por
otra parte, los verdeos de invierno tienen en general, una curva de producción
de forraje caracterizada por un alto rendimiento en su primer crecimiento,
equivalente al 50% o más de su producción total. Esto señala una dificultad para su adecuado
aprovechamiento, sobre todo cuando se necesita mantener una determinada
dotación de animales, durante el mayor período de aprovechamiento posible. Teniendo en cuenta entonces la gran
variabilidad en producción y calidad de forraje de estas especies, se
estudiaron diferentes alternativas de suplementación basadas en la utilización
de granos, combinación de henos y granos, silos, etc., como una opción adecuada
para balancear deficiencias cualitativas o cuantitativas de la dieta base y
aumentar su eficiencia de utilización.
En
la EEA Marcos Juárez se trabajó durante algunos años con un esquema de suplementación
basado en el suministro diario de una cantidad equivalente al 0,5% del p.v.
animal/día de heno entero de buena calidad, más una cantidad equivalente de
grano, durante todo el período de aprovechamiento del verdeo (
Los
resultados obtenidos durante el año 1994 en la EEA Marcos Juárez, permiten
contrastar la estabilidad en el ritmo de engorde de los animales que consumen
el suplemento, con la irregularidad del desempeño de los animales que no lo
reciben. En el siguiente cuadro se
muestran los resultados generales de productividad individual y por unidad de
superficie de ambos esquemas.
Cuadro.- Indicadores de respuesta individual
y productividad

Estos
datos resultan muy representativos del comportamiento encontrado en años
anteriores, en trabajos de similares características. En general, durante el primer pastoreo
prevalece una respuesta de adición del suplemento a la dieta base, determinada
por limitaciones en la calidad del forraje.
En este período, la cantidad de forraje no resulta una limitante pues la
asignación de forraje superó los
No
obstante, esta respuesta individual generada por el efecto aditivo entre el
suplemento y el forraje fresco, se ve fuertemente afectado por las
características de este último. En
consecuencia, factores como asignación de forraje, grado de sazonamiento del
verdeo, época de utilización, efectos climáticos, etc., determinarán en gran
medida el tipo de respuesta que se obtendrá al aplicar un programa de
suplementación sobre este recurso forrajero.
Experiencias
realizadas en Gral. Villegas durante tres años mostraron falta de respuesta de
la ganancia de peso a suplementaciones energéticas con grano de maíz utilizados
a niveles de 0.5 y 1 % del peso vivo. El
aumento diario de peso vivo en los testigos fue superior a los 800
kg/animal/día. Esta situación se repitió
durante los tres años que duró el ensayo (cuadro 8), observándose el mismo tipo
de respuesta con sorgo y trigo. La suplementación
permitió importantes efectos de sustitución que proporcionaron incrementos en
la receptividad de 30 y 50% para los niveles de 0.5 y 1 % de suplemento
respectivamente. No hubo diferencias
entre tipos de granos. Se obtuvieron
producciones de carne, para todo el período de utilización de 400, 550 y 700
kg/ha para los testigo, 0.5% y 1% de grano, respectivamente.
Cuadro 8.- Ganancias de peso (kg/animal/día)
durante el primer pastoreo de verdeos invernales
en ensayos de suplementación en la EEA Gral.
Villegas

Sin
embargo, debe destacarse que la respuesta a la suplementación en términos de
ganancia de peso está muy ligada a la asignación de forraje. Trabajos
realizados en INTA Manfredi, con verdeos sazonados determinaron que con
asignaciones de verdeo del 2.3% del peso vivo pueden lograrse ganancias de
alrededor de 1,300 kg/día, que no son superadas por el agregado de 0.75 y 1.5%
del peso vivo de grano de maíz. En base
a la ganancia individual, ganancia por hectárea y eficiencia de conversión, los
mejores resultados se obtuvieron con asignaciones de 1.54 y 2.3% del peso vivo
y con un nivel de suplementación del 0.75 del peso vivo.
Con
respecto a las reservas, su utilización como suplementos de verdeos contribuye
a corregir posibles desbalances, pero fundamentalmente permiten aumentar la
receptividad del recurso. Dada la alta
calidad del forraje base, para lograr este objetivo sin resentir la ganancia de
peso, se requiere disponer de reservas de excelente calidad (más del 65% de
digestibilidad). Para ello es sumamente
importante considerar todos los aspectos que hacen al éxito de una reserva como
lo es el momento de confección, maquinaria utilizada, acondicionamiento del
forraje, elaboración, almacenaje, distribución y estrategia de
utilización. La utilización de reservas
de regular a mala calidad en combinación con prácticas muy comunes en verdeos
como el encierre nocturno, restringe el consumo del animal y, por lo tanto, la
ganancia de peso.
El
silo de maíz resulta una alternativa conveniente ya que compatibiliza un gran
volumen de forraje con una altísima calidad de la materia seca. Para ello se requiere que presente una alta
proporción de grano junto a una alta digestibilidad de la planta entera. Esto se logra utilizando todo el paquete
tecnológico disponible para la producción de grano. Para el caso de henos se debería seguir el
mismo criterio que para cualquier otra reserva.
En general, las reservas de mala calidad, tendrán mayor tiempo de
digestión y por consiguiente, menor velocidad de pasaje, por lo que su consumo
afectará el del forraje base.
En
INTA Anguil, evaluaron en un verdeo de avena dos situaciones de manejo (con y
sin encierre) combinadas con cuatro estrategias de suplementación (silo de
avena, heno de avena, grano de avena y silo de maíz) y un testigo. Se usaron novillos de
Si
bien se reconocen importantes diferencias en la respuesta animal obtenida bajo
diferentes situaciones de manejo, ambientales, etc., la utilización de granos
y/o reservas de alta calidad (>65% de digestibilidad) permiten complementar
en calidad y en cantidad la oferta de forraje de verdeos invernales. La suplementación con este tipo de recursos
permiten incrementar la carga sobre estos recursos forrajeros y obtener
ganancias de peso que satisfacen los requerimientos nutricionales de planteos
exigentes como aquellos que contemplan realizar ciclos de invernada de no más
de un año de duración.
3.3.
Sustitución total de verdeos de invierno para silos.
Una
vez fijada la duración de la invernada es necesario lograr una ganancia de peso
adecuada para poder dar cumplimiento a la misma. Como la ganancia de peso individual está
inversamente relacionada a la presión de pastoreo, debemos conocer a qué nivel
de ésta se logra la respuesta animal requerida y a qué nivel de producción de
carne por hectárea se llega. Ajustadas las variables anteriormente mencionadas,
se pondrá en evidencia la baja receptividad invernal de las pasturas, ya que la
carga animal necesaria para lograr una eficiente utilización de la pastura, no
podrá ser soportada durante ese período.
Para solucionar este desbalance se deben analizar las alternativas
posibles para cubrir este déficit, transfiriendo forraje hacia la época
problema.
En
la figura 3 se presentan alternativas factibles de utilizar, indicando el rango
de concentración energética que pueden cubrir, ya que la energía es el
principal elemento que condiciona la respuesta animal y es la variable más cara
de corregir.
Figura 3.- Respuesta animal a distintas
calidades de la dieta

Si
nuestro objetivo es hacer una invernada de corta duración (no más de 12 meses),
debemos mantener un ritmo de ganancia de peso aproximadamente de 0.650
kg/día. Analizando la figura 1 vemos que
el silaje de maíz nos provee un forraje con una concentración energética de
2.5- 2.6 Mcal de Energía Metabólica (EM) por kg de Materia Seca (MS); sería la
alternativa más ventajosa ya que el heno no cubre estas necesidades y los
concentrados energéticos resultan más caros por megacaloría (cuadro 9).
Cuadro 9.- Comparación de precios/Mcal de
grano y silaje de maíz

Por
otra parte, una hectárea de silo de maíz nos provee casi el doble de energía
que una hectárea de maíz para grano y, por lo tanto, se necesitan menos
hectáreas para cubrir la época de déficit.
El silaje de maíz, en sistemas con base pastoril pero intensificados,
debe dejar de ser una reserva forrajera de uso ocasional, para pasar a ser un
recurso forrajero de muy buen aporte energético y volumen. Su uso permite aumentar notablemente las
cargas animales sin disminuir las ganancias de peso durante la crítica época
invernal, permitiendo disminuir al mínimo los verdeos invernales, o
eliminarlos.
El
incremento de la carga animal traerá aparejada una mejor utilización de la
pastura en primavera y verano, época en que se producen las máximas tasas de
crecimiento y, por lo tanto, con bajas cargas animales se nos escapan. Esta mejora en la utilización de los recursos
forrajeros, lograda por el aumento de la carga animal, ha sido probado como la
variable de mayor impacto en la productividad de los sistemas de invernada.
El
silaje de maíz puede ser utilizado como suplemento a animales en pastoreo, o
como único alimento para animales en confinamiento, corrigiendo en este último
caso el tenor proteico, por ser deficitario en este nutriente. Utilizado como suplemento, produce una
sustitución de alrededor de
En
casos de altas cargas animales o bajas disponibilidades de pastura, las tasas
de sustitución disminuyen notablemente, por estar los animales limitados en su
consumo por cantidad, por disminución del tamaño de bocado. En estas circunstancias, se logra un doble
efecto: se incrementa el consumo y se mejora la calidad de lo consumido. Este fenómeno se maximiza cuando el silaje
ocupa un 40% de la dieta (figura 4).
Figura 4.- Consumo esperado y observado a
diferentes niveles de silaje en la dieta

La
utilización de¡ silaje de maíz como único alimento tiene un gran número de
antecedentes con excelentes resultados, como los obtenidos por Kaiser y Piltz
en Australia, quienes suministraron a terneros de
Calidad
del silaje de maíz.
Altos
valores de respuesta animal utilizando silaje de maíz, están correlacionados
con altos valores de grano en el silaje.
Para lograrlo, debemos utilizar el mejor paquete tecnológico disponible
para la producción de grano. En el cuadro 10 se presentan valores de respuesta
con la utilización de distintas calidades de silaje de maíz.
Cuadro 10.- Respuesta animal a tres calidades
de silaje de maíz

Como
puede observarse, las mejores calidades tienen bajos valores de pared celular
(FDN) y altos valores de digestibilidad.
Esto está mostrando la importancia que tiene el grano, por diluir los
altos contenidos de pared celular que posee el resto de la planta, con un
efecto directo sobre el consumo animal y, por otra parte, mejorando la
digestibilidad, estaremos en presencia de un alimento de mayor concentración
energética.
Cuando
el silaje no posee grano o lo contiene en bajas proporciones, los resultados
que se pueden obtener son malos, como se puede ver en el cuadro 10 en el silaje
de baja calidad. Para lograr una buena
calidad de silaje de maíz, además de la tecnología de cultivo mencionada,
debemos tener una buena técnica de confección del silo; para ello, debemos
cortapicar el maíz cuando la línea de leche en el grano se encuentra entre la
mitad y un cuarto del extremo unido a la mazorca. Debemos realizar un picado fino de 8-
En
el EEA Manfredi INTA se lograron interesantes resultados, con la utilización
del silaje de maíz con diferentes fuentes proteicas y niveles de los
componentes de la dieta (cuadro
Cuadro 11.- Ganancia de peso )kg/día),
conversión (kg alimento/kg carne) y costo por kg de carne ($)
utilizando diferentes forrajes conservados

Las
ganancias de peso obtenidas permitirían que este recurso sea utilizado para la
alimentación invernal en sistemas de invernada, complementando o sustituyendo
verdeos de invierno, con un impacto importantísimo sobre la carga animal, dado
que una hectárea de maíz para silo
produce aproximadamente el triple de kg de MS que una hectárea de verdeo de
invierno.
Producción
de novillos para exportación en esquemas intensificados.
Es
interesante observar cómo todas estas herramientas tecnológicas que se
incorporan a los sistemas de invernada convencionales, llevan a consolidar una
tendencia hacia la producción de novillos o vaquillonas livianos, precoces y
muy bien adaptados a las demandas del consumo interno. No obstante, la perspectiva de un mercado
externo favorable para la carne bovina abre ciertos interrogantes sobre la
capacidad de respuesta de nuestras empresas pecuarias para abastecer
satisfactoriamente esas eventuales demandas, tanto en cantidad como en calidad
de productos.
En
esta presentación se discute la factibilidad de aplicar los criterios
nutricionales y de manejo que hoy se propone para los procesos de invernada
corta e intensiva, unidos a la incorporación de grupos raciales con
características de crecimiento y calidad adecuados, apuntando a obtener un
producto que responda a las necesidades del mercado de exportaciones, dentro de
sistemas pastoriles mixtos de alta productividad.
En
términos generales, la producción de novillos pesados (de
En
la EEA Marcos Juárez del INTA, se vienen realizando experiencias con este
objetivo, donde se trabaja con diferentes grupos genéticos caracterizados por
un mayor peso adulto que la razas británicas.
Si bien actualmente se han incorporado algunas razas puras a las
evaluaciones, sobre vientres Aberdeen Angus.
Este enfoque responde por una parte al objetivo de explotar la
importante heterosis que se genera en la F1 de estos cruzamientos y, por otro,
a trabajar sobre el rodeo de vientres predominante en la región pampeana.
A
modo de ejemplo se describen los resultados obtenidos cuando se trabajó con
novillos provenientes del cruzamiento de Limousin, Fleckvieh y Brangus como
razas paternas sobre vientres A.Angus (LxAA, FxAA y BxAA respectivamente),
(Latimori, Kloster, Carduza y Margaría, 1997).
El esquema de alimentación y manejo implementado para estos biotipos, se
ajusta a los criterios aplicados en los planteos de invernada de alta
producción sobre pasturas con suplementación estratégica (Kloster et al.,
1997). La base forrajera fue una consociación de alfalfa (cv Monarca SP) y
festuca alta (cv El Palenque) en su quinto año de utilización. El sistema de pastoreo fue el mismo para
todos los grupos, consistente en la rotación sobre seis parcelas dentro de cada
tratamiento, con siete días de permanencia en cada una de ellas. Así, la modalidad rotación fue de 7 días de
pastoreo y 35 días de descanso en cada parcela (sistema 7x35). La asignación de forraje promedio fue de
Luego
de cumplido el año de invernada, y previa evaluación visual por parte de
compradores especializados, los novillos se comercializaron y faenaron. Todos los animales fueron castrados entre los
5 y 7 meses (destete) y llegaron con 18-20 meses de edad a la faena.
Además
de las variables productivas habituales, se hicieron determinaciones de
parámetros de calidad del producto obtenido en el Instituto de Tecnología de
Alimentos del INTA Castelar. A
continuación se presentan algunos de los resultados obtenidos:
Cuadro 12.- Índices productivos de los
tratamientos

Los AMD de las dos cruzas continentales se
diferencian de los valores logrados por el cruzamiento BxAA. Las diferencias en AMD se mantienen aún
cuando se utiliza el peso inicial como covariable (p<0.05). Esto podría
explicarse por un menor potencial de AMD y en parte, por el más bajo peso medio
inicial de este último grupo. La
magnitud de las diferencias entre este grupo y los otros dos, se incrementa a
lo largo del ciclo. En el cuadro 13 se
presentan características
de la media res de los mismos animales.
Cuadro 13.- Valores de peso de ½ res,
rendimiento, largo de pierna y de res

Con
respecto al rendimiento de faena se encontraron diferencias significativas
(p<0.05) entre el genotipo BxAA y los dos grupos restantes, mientras que las
diferencias no fueron significativas con respecto al peso de las medias
canales. Por otra parte, los genotipos
FxAA y LxAA alcanzaron un mayor largo de res (p<0.05) que BxAA, aunque no se
detectaron diferencias en el largo de pierna.
Por
otra parte se trabajó con el bloque de bifes comprendido entre el 8º y 10º
espacio intercostal separándose el bife correspondiente a la costilla 11 y se
realizó la disección completa por tejidos, del bloque remanente. En el cuadro 14 se resumen los resultados
obtenidos.
Cuadro 14.- Composición porcentual de los
bloques de 2 bifes según grupo racial

La
diferencia en el rendimiento de músculo fue significativa entre grupos
(p<0.05) siendo mayor en FxAA y LxAA.
También en el contenido de grasa los genotipos se diferenciaron
significativamente (p<0.05), resultando BxAA el grupo con mayor proporción
de este tejido. Asumiendo una importante
correlación entre la composición en tejidos del bloque de bifes y la
composición de la media res, estos resultados indicarían que en las presentes
condiciones, los genotipos FxAA y LxAA produjeron reses más magras y con mayor
proporción de músculo que el genotipo BxAA.
En estos últimos se generaría una mayor proporción de grasa, lo cual
probablemente contribuya a explicar su mayor rendimiento de faena. El desempeño del genotipo BxAA en lo
referente a AMD, rendimiento a la faena, largo de res y composición de tejidos
a nivel del ojo de bife parece ajustarse a un genotipo con menor peso adulto
que las cruzas continentales.
También
sobre el ojo de bife (músculo Longissimus dorsi) a la altura de las costillas
10º y 11º, se hicieron determinaciones de área, largo y ancho del ojo de bife,
espesor de grasa dorsal, determinaciones objetivas de terneza y de co!or, etc.,
sin encontrarse diferencias significativas entre los tratamientos.
Considerando
que el presente trabajo persigue objetivos generales relacionados con lograr un
producto adecuado para los mercados de exportación en esquemas pastoriles de
ciclo anual, los resultados obtenidos resultan promisorios. El 89% de los animales que conformaron los
tres tratamientos alcanzaron el peso como para clasificar dentro del "tipo
exportación" según los criterios prefijados. En general, puede concluirse que, en las
presentes condiciones de trabajo, fue posible alcanzar un adecuado peso y
estado de terminación con los tres grupos raciales dentro del año de invernada.
Especialmente en las cruzas continentales x Aberdeen Angus esto fue acompañado
por muy satisfactorias características de rendimiento y calidad comercial del
producto.
Estos
resultados sugieren que la producción y comercialización de este tipo de animal
puede resultar una alternativa de interés para el productor mixto de la región,
la cual será analizada en el punto siguiente, como también una herramienta
estratégica importante para lograr el abastecimiento sostenido de novillos
pesados de alta calidad con destino a exportación.
No
obstante, se enfatiza en la necesidad de seguir desarrollando este tipo de
experiencias con el objetivo de ajustar con mayor precisión las condiciones de
manejo a las características particulares de éstos y otros grupos genéticos que
deben ser estudiados, y los efectos que estos manejos producen sobre el
producto final obtenido.
5.
Alternativas de invernada sobre pasturas base alfalfa.
La
actividad invernada comprende un abanico de alternativas que resultan de la
combinación de distintos elementos que caracterizan al sistema productivo y la
calidad del producto tales como alimentación, categoría animal, biotipo,
estacionalidad de ingreso, peso inicial, ritmo de engorde, peso de faena y
grado de terminación.
La
productividad de las invernadas sobre pasturas base alfalfa es la resultante de
factores fuertemente interrelacionados sobre los cuales es necesario operar a
través de un ajustado manejo, donde cobra primordial importancia la
articulación de los recursos alimenticios para atenuar las diferencias
estacionales en el crecimiento de las pasturas.
La
planificación de una cadena forrajera, el manejo del pastoreo y la aplicación
de prácticas como la confección y utilización de reservas de calidad, el manejo
de la carga y la suplementación, son las principales herramientas que dispone
el productor para compatibilizar la oferta con la demanda de nutrientes de las
distintas categorías productivas.
En
los sistemas de base pastoril, una invernada de corta duración (12 meses o
menos) es una meta de la mayoría de los planteos de intensificación, ya que a
través de ella es posible combinar ciertas ventajas y necesidades biológicas
del animal con los ciclos estacionales de producción de forraje.
En
este sentido, un esquema de ingreso otoño-invernal no sólo aprovecha la mayor
oferta estacional de terneros, sino que permite atravesar el primer invierno
con requerimientos nutricionales relativamente bajos para lograr, hacia el
final de la época de mayor producción de forraje, un peso y estado cercano al
de faena. En este punto, resulta
fundamental terminar el proceso de engorde antes del segundo invierno, dado
que, animales con alto gasto de mantenimiento, podrían resignar todos los
beneficios de un engorde eficiente, ante posibles restricciones
forrajeras. Es así que, trabajando con
biotipos británicos deben buscarse ganancias individuales de al menos 500
gramos/día de promedio anual para lograr invernadas de estas características. Fijar como meta un AMD de dicha magnitud o
superior, posibilita terminar y vender los animales en los momentos
programados, permitiendo su reposición al cabo de un ciclo de producción
anual. A su vez, este nivel de ganancias
individuales asegura una alta eficiencia de stock, que es uno de los
principales indicadores de la eficiencia biológica del proceso.
Entre
los principales factores determinantes de las invernadas de alta productividad
y eficiencia económica sobre pasturas base alfalfa, deben destacarse:
Con
el objetivo de visualizar los beneficios de algunas de las alternativas tecnológicas
propuestas en forma global e integrada, éstas se presentan incorporadas a
diferentes modelos productivos que han sido desarrollados en base a información
validada en distintas zonas de la región pampeana. Para hacer estos análisis más generalizados,
se han hecho algunas modificaciones sobre los datos originales. Así por ejemplo, se han asignado a los
recursos forrajeros, valores modales de productividad para la región pampeana;
algunos costos responden también a situaciones promedio, sin representar a
ninguna situación real en particular. Si
bien se ha prescindido de los indicadores de los sistemas reales existentes,
este enfoque permite un análisis de las distintas situaciones en condiciones
comparativas de ambiente, estructura productiva, etc. De todas maneras, es importante destacar que
estos modelos no deben ser interpretados como alternativas excluyentes de
intensificación, sino que más bien representan un grupo de opciones muchas
veces compatibles entre sí y con algunas características diferenciales que las
hacen más o menos aceptables a las tan diversas situaciones de las empresas
agropecuarias de la región.
En
todos los esquemas que se analizan, la base forrajera comprende pasturas de
alfalfa (grupos de latencia
La
base forrajera de pasturas perennes se completa en las alternativas I, II, III
y V con un encadenamiento de verdeos invernales (dos o más especies) que ocupan
entre el 20-25% de la superficie ganadera.
La receptividad de la dieta base se estableció considerando para ambos
recursos (pastura y verdeos) una productividad de
El modelo I representa un sistema modal aún ampliamente difundido en la región
pampeana norte, de escasa tecnificación, bajo insumo de mano de obra poco
calificada y baja productividad de carne por hectárea. De características netamente pastoriles tiene
una proporción relativamente importante de alfalfa en su cadena forrajera, pero
con una alta dependencia de los cultivos anuales (de invierno y de
verano). En estos esquemas, las
ganancias de peso individuales se hallan fuertemente condicionadas por la
cantidad y calidad del forraje producido. Generalmente los AMD resultan bajos
en todo el período otoño-invernal ya sea por deficiencias de calidad del
forraje o por restricciones cuantitativas invernales. Es por ello que pese a las buenas pero
fugaces ganancias de peso de primavera, sólo una parte de animales alcanza la
terminación antes del primer año de invernada. Como el resto se termina hacia
el final de la segunda primavera, la duración promedio de la invernada ronda
los 18 meses.
El modelo II es un sistema pastoril mejorado que representa a aquellos
establecimientos que realizaron importantes esfuerzos en consolidar su base
forrajera mediante la utilización de cultivares de alfalfas y verdeos
mejorados, controlaron aceptablemente plagas y malezas, incorporaron el uso del
pastoreo rotativo en toda la superficie del campo, y aplicaron un razonable
manejo de la carga animal.
Con
todo, estas empresas, hasta hace poco consideradas "de punta", hoy
parecen haber encontrado un techo productivo difícil de superar con un manejo
extensivo y su nivel de gerenciamiento actual.
Dos
de los esquemas de intensificación analizados (III y IV) representan
alternativas de invernada corta con incorporación de alguna de las estrategias
ya descriptas, tendientes a mejorar la receptividad invernal de la base
forrajera, aumentar la eficiencia de cosecha global de MS y lograr aumentos individuales
superiores a los
El modelo III, con la misma base forrajera del sistema pastoril mejorado (caso II),
pero avanza en su intensificación mediante la incorporación de la
suplementación estratégica sobre pasturas y verdeos con un bajo nivel de grano
durante todo el período otoño-invernal.
En este período, la respuesta tiene un importante componente aditivo,
con mejores ganancias individuales, pero también se logra un moderado aumento
de receptividad respecto al modelo II, del orden del 21%, entre otras razones
porque mejora la eficiencia de cosecha de los recursos forrajeros debido a las
altas cargas sobre las pasturas de alfalfa en su período de mayor producción de
forraje.
El modelo IV incluye la sustitución total del verdeo de invierno durante el
período junio-setiembre por una mezcla 70/30 de silaje de maíz y heno
confeccionado con los excedentes primaverales de la pastura. Debido al mayor aporte de nutrientes de la
superficie destinada a silaje que la de verdeos de invierno, las pasturas de
alfalfa ocupan un 80% de la superficie ganadera. En este esquema se mantienen los criterios de
utilización de la pastura base alfalfa ya mencionados, que logra sostener una
mayor carga animal durante su período de aprovechamiento (8 meses). Este modelo resulta especialmente atractivo
en aquellas zonas donde no puede lograrse una aceptable producción de forraje
invernal y resultan más seguros los cultivos estivales.
Por
último, en el modelo V se aplican los mismos criterios que en el III,
pero utilizando un ternero cruza británico x continental capaz de producir un
novillo con un peso de faena superior a los
En
el caso de los modelos III y V la suplementación se realiza con grano de maíz
quebrado al 0,5% del peso vivo. El
suministro se inicia con el ingreso de la tropa en marzo-abril y se abandona en
forma gradual poco antes de alcanzarse el pico de producción de forraje
primaveral. Durante el periodo invernal
también se entrega un bajo porcentaje de la dieta en forma de heno de buena
calidad confeccionado con excedentes de la pastura. El caso V retorna la suplementación durante
el verano en los últimos 45-60 días del engorde.
En
los cuadros 15, 16 y 17 se resumen los indicadores físicos y económicos de las
distintas alternativas analizadas.
Cuadro 15.- Composición porcentual de la
superficie ganadera (unidad ha ganadera)

Cuadro 16.- Índices de cinco alternativas de
invernada

Cuadro 17.-
Principales indicadores económicos ($/ha) de cinco alternativas de
invernada

Como
surge de los indicadores físicos y económicos presentados, instrumentar un
planteo de intensificación de una invernada de base pastoril no sólo aumenta su
productividad sino que también redunda en una mayor rentabilidad. Esta relación positiva entre productividad y
rentabilidad, se verifica en un rango importante de situaciones y es una razón
de peso para avanzar en la consolidación de sistemas más productivos, rentables
y eficientes.
No
obstante, conviene puntualizar que la relación productividad/beneficio es de
naturaleza bastante general y por lo tanto, requiere ser manejada con cuidado
al seleccionar, para cada empresa, las opciones tecnológicas que combinen de la
mejor manera, los factores determinantes de su productividad.
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