PRODUCCIÓN BOVINA DE CARNE

Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,

Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina

 

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Intensificación de la invernada sobre pasturas base alfalfa

Ustarroz, E. (1), Kloster, A., Latimori, N. (2) , Saniboni, C. y Méndez, D. (3). 1998. Oeste Ganadero, 1(2):4-19.

(1) Ing. Agr. EEA INTA Manfredi; (2) Med. Vet. EEA INTA Marcos Juárez; (3) Ing. Agr. EEA INTA Gral.Villegas.

 

1. La alfalfa como base

Introducción:        La alfalfa es capaz de producir una alta cantidad de materia seca por hectárea en todo su ciclo de pastoreo.  Para altas producciones de forraje debemos hacer un manejo adecuado para la especie, partiendo de la base de un conocimiento de su forma de crecimiento.

El crecimiento de la alfalfa proviene de dos tipos de yemas, las ubicadas en las axilas de las hojas y las accesorias en la corona.  Se caracteriza por presentar crecimientos por tanda de tallos, y cuando una tanda de ellos se encuentra en activo desarrollo, están bloqueadas las yemas responsables del próximo crecimiento.  Cuando los tallos se han elongado previo a la floración, es cuando se maximiza la tasa de crecimiento.  Si se pastorean antes de este momento, decapitando los meristemas apicales que se encuentran en la parte superior de la pastura, disminuye el forraje producido, por detenerse el crecimiento de esos tallos y demorarse el rebrote proveniente de las yemas auxiliares y de corona.  Este es el motivo por el cual se debe utilizar el forraje al comenzar la floración, ya que de esta manera se deja expresar a los tallos en crecimiento su máxima producción, removiendo los mismos cuando las yemas se han desbloqueado y comienza a producir una nueva tanda de tallos.

Hay dos aspectos importantes a tener en cuenta en esta especie.  El primero es que permite mantener índices de área foliar (IAF) tan elevados como 10-11, sin importantes disminuciones en la actividad fotosintética de las hojas inferiores, debido a su particular estructura (Brown y Blaser, 1968).  El otro aspecto está referido a que la velocidad de rebrote post-pastoreo, está más asociada al contenido de carbohidratos de reserva en raíz y corona que a la cantidad de hojas remanentes (Leach, 1968).  El no permitir acumular a esta especie de carbohidratos de reserva con el uso de pastoreos frecuentes, ocasiona la muerte de plantas y esto tiene un efecto directo sobre la producción de carne que podemos obtener de ella.

 

Figura 1.- Efecto del sistema de pastoreo en alfalfa sobre superficie cubierta (%) (Cragnaz, 1988)

 

Si decidiéramos utilizar la pastura en plena floración, aún habría una mayor producción de materia seca, pero debido a la pérdida de calidad, disminuye la cantidad de materia seca digestible, que es máxima al 10% de floración.  Cuando las condiciones no están dadas para que la alfalfa florezca, como criterio para comenzar el pastoreo, se utilizará la altura del rebrote de corona, que deberá ser de 4 a 5 cm aproximadamente.

Por los motivos expuestos es que la alfalfa necesariamente debe ser manejada mediante pastoreo rotativo.  La frecuencia entre pastoreos dependerá de las condiciones climáticas, humedad del suelo, época, como así también del grado de reposo de que se trate, siendo más corto el período entre pastoreos en cultivares de menor reposo invernal.  Los valores extremos están entre 23 y 42 días en promedio, de las zonas alfalferas del país.

Se aconseja que la duración del período de pastoreo no sea superior a los 7 días, porque luego de este tiempo los animales podrán hacer uso de  los rebrotes nuevos, sobre todo en cultivares sin reposo, comprometiendo la persistencia y producción.

Intensificación del uso: sabiendo que la alfalfa posee una muy alta producción, debemos preguntarnos si la intensidad de uso puede afectar esa capacidad productiva.

Cuando esta variable fue analizada experimentalmente, se obtuvieron  similares producciones para alfalfas utilizadas a tres intensidades de uso, las cuales fueron de una asignación de forraje diaria de 2.4, 3.3 y 6.3% del peso vivo, correspondiente a baja asignación (BA), media asignación (MAS) y alta asignación (AA) (Cuadro l).

 

Cuadro 1.- Producción de forraje en kg de MS/ha año y por carga animal

 

Si bien la producción de forraje no se ve afectada por la intensidad de uso, sí se afecta la calidad de lo que los animales son capaces de cosechar en estos diferentes grados de uso, ya que, como podemos observar en el cuadro 2, la digestibilidad y el tenor de proteína disminuyen desde la parte superior de la pastura hacia la base, siendo este efecto más notable en tallo que en hoja (Frasinelli, citado por Cangiano, 1992).

 

Cuadro 2.- Digestibilidad (DIVMS) y proteína bruta (PB) en alfalfa por estratos

 

La disminución de la digestibilidad tiene un efecto directo sobre la energía que el animal puede destinar a producción y por lo tanto marcará el límite de ganancia de peso que podamos obtener.

Otro factor importante que se modifica en la dieta de los animales cuando se aumenta el grado de uso de la pastura, es la pared celular, como podemos observar en el cuadro 3.

 

Cuadro 3.- Evolución de la calidad de la dieta en pastoreo rotativo en dos cultivares de alfalfa

 

La pared celular es un parámetro importantísimo en la dieta, ya que afecta en forma directa el consumo que el animal puede alcanzar de un forraje, condicionando así su respuesta productiva.  Por los motivos expuestos, al aumentar el índice de cosecha, disminuye la calidad de la dieta de los animales, sumado a un efecto de cantidad, que afecta el consumo por un achicamiento del tamaño del bocado.  Esta menor cantidad y calidad de lo consumido afecta la respuesta individual, pero al aumentar el grado de uso por medio de la carga animal aumenta la ganancia de peso total por unidad de superficie.

En el cuadro 4 se muestran valores de ganancia de peso y producción de carne en relación a carga animal, porcentaje de utilización y asignación de forraje, como resultado de diferentes intensidades de uso.

 

Cuadro 4.- Ganancia de peso vivo individual (GPVI) y producción de carne (GPV/ha)

en función del grado de utilización (todo el ciclo)

 

El situarnos en el grado de utilización medio nos permite lograr ganancias de peso vivo aceptables para una invernada de corta duración y una elevada producción de carne/ha.

Para ilustrar las variaciones estacionales en el comportamiento de estas variables, se presentan en el cuadro 5 los resultados por época de los diferentes grados de uso, en las condiciones edafoclimáticas de la EEA Manfredi.

 

Cuadro 5.- Ganancia de peso individual (GPVI) y producción de carne (GPV/ha)

en función del grado de utilización según época

 

Se puede observar que en la primavera, debido a la alta producción de forraje y a la buena calidad de la misma, la ganancia de peso vivo individual no se ve afectada con el grado de uso propuesto.  Por otra parte en el verano, la producción de forraje es un poco inferior a la de primavera, pero sobre todo la calidad es inferior, por lo tanto disminuye la ganancia de peso; sin embargo, la presión de pastoreo intermedia se mantiene en niveles aceptables para cumplir el objetivo productivo.

Durante el otoño, la producción de forraje fue inferior a la de las otras épocas, por lo tanto, para lograr ganancias de peso aceptables para una invernada corta, necesitamos disminuir la carga animal.  Para poder uniformar las presiones de pastoreo, sobre todo por la baja disponibilidad otoñal, necesitamos entrar en esta época con terneros de destete, lo que nos permite mantener un mismo número de animales por unidad de superficie, respetando la presión de pastoreo propuesta, sin necesidad de trabajar con cargas variables.

 

2. Cadenas forrajeras para invernadas sobre pasturas base alfalfa.

Los sistemas de producción agrícola-ganaderos de la región pampeana norte que incluyen la invernada pura o en combinación con etapas de la producción de carne, se desarrollan sobre una base forrajera predominantemente pastoril con requerimientos nutricionales elevados y relativamente estables a lo largo del año, los cuales es necesario cubrir adecuadamente para obtener altos niveles de productividad de carne.

En un sentido amplio, una cadena forrajera comprende la secuencia, duración y estacionalidad de aprovechamiento de los distintos recursos forrajeros destinados a cubrir los requerimientos animales durante un período de producción dado, generalmente considerado como un ciclo anual.

Según evaluaciones bajo corte y condiciones de pastoreo las pasturas de alfalfa y sus mezclas pueden entregar, entre 10.500 y 12.000 kg de MS/ha/año de promedio para el ciclo de vida útil de la pastura (3-5 años).  Dependiendo del ambiente ecológico, en condiciones favorables, se lograron producciones máximas de 15.000 kg/ha en el NO de la provincia de Buenos Aires y de hasta 17.000 kg en el SE de Córdoba.  Esto pone de manifiesto el alto potencial de producción de materia seca de la especie, que la coloca como eje de cualquier planteo forrajero de una vasta región donde existen condiciones edafoclimáticas adecuadas para su implantación.  La concentración estivo-otoñal de la producción de las pasturas perennes de alfalfa es el principal obstáculo a remover mediante la planificación e instrumentación de cadenas forrajeras de alta productividad y estables en su entrega de forraje (figura 2).

 

Figura 2.- Distribución mensual de la producción de MS de pasturas de alfalfa

 

La imposibilidad de realizar planteos ganaderos eficientes cuyos requerimientos nutricionales coincidan en oportunidad y magnitud con lo ofrecido por la pastura determina la necesidad de recurrir a distintas alternativas tecnológicas para sortear el bache invernal de mejor crecimiento de las praderas perennes.

Una de las alternativas destinadas a mejorar la curva de la oferta de forraje de las pasturas de alfalfa consiste en recurrir a la utilización de mezclas con incorporación de gramíneas perennes templadas.  En este sentido resulta interesante conocer la producción de forraje en cultivo puro de distintas especies de gramíneas así como su potencial de producción de forraje otoño-invernal.  En el cuadro 6 se presentan los rendimientos de materia seca de cuatro especies de gramíneas invernales y su distribución estacional.

 

Cuadro 6.- Producción de forraje de cuatro gramíneas perennes (promedio de 2 años)

 

Estos resultados colocan a la festuca como la especie que entrega mayor cantidad de forraje a lo largo del ciclo productivo, con una buena distribución entre estaciones.  Por su parte, Falaris bulbosa concentra su producción en otoño-invierno, el pasto ovillo lo hace en invierno-primavera, en tanto que el agropiro tiene una alta producción otoño-invernal.

La utilización de una o más de estas especies asociadas a la alfalfa posiblemente no signifique una gran contribución a la producción total de materia seca comparada respecto al cultivo puro, pero constituye una alternativa para mejorar la oferta invernal de forraje, además de otros efectos beneficiosos sobre el sistema en su conjunto.  De lo expuesto surge que para incrementar sensiblemente el volumen de la oferta invernal de forraje fresco debe recurriese a la inclusión de una proporción de cultivos anuales en la cadena forrajera.

Las distintas especies y cultivares de cereales forrajeros presentan diferencias importantes en su ciclo de crecimiento como en su capacidad y velocidad de rebrote, determinados en buena medida por su distinta tolerancia al frío, estrés hídrico, plagas y enfermedades.  Estas características, junto a la época de siembra y el manejo del pastoreo son los principales elementos para modular la curva de distribución del forraje, y planificar un encadenamiento de verdeos que asegura una oferta de forraje en cantidad y calidad a lo largo del período de utilización requerido.

El rendimiento total de materia seca en el ciclo de producción es un parámetro fuertemente ponderado en la evaluación de las forrajeras anuales. Sin embargo, en la planificación de cadenas forrajeras interesa también su distribución en los sucesivos aprovechamientos así como la calidad y el consumo que los animales pueden realizar del mismo partiendo de una asignación de forraje dada.

En general, los cereales forrajeros presentan notables diferencias de oferta de forraje entre el crecimiento inicial y los rebrotes sucesivos, pudiendo alcanzar el primero hasta el 50% de las MS producida en el ciclo.  En avena, esta característica poco deseada, se atenúa algo en cultivares como Millauquén INTA, Cristal INTA y Bonaerense Payé.  Normalmente esta especie mantiene una buena digestibilidad durante el segundo y tercer aprovechamiento, aunque su contenido proteico disminuye en el último rebrote.        

Los centenos presentan mayores tasas de crecimiento en pleno invierno (de hasta 20 o más kg MS/ día en            julio-agosto) debido a su mayor tolerancia a condiciones de sequía y heladas severas. Por ello, en general presenta una mejor distribución de la producción de forraje, pero suelen mostrar deficiencias de calidad en el segundo y tercer aprovechamiento debido a la tendencia a encañar tempranamente de casi todos los cultivares de la especie. Sin embargo en este aspecto existen notorias diferencias entre cultivares, dado que Naicó INTA y Don Guillermo INTA, por su prolongado período vegetativo, minimizan las tradicionales pérdidas de calidad de los centenos permitiendo un buen aprovechamiento hasta inicios de la primavera. En el cuadro 7 se ilustra esta asimetría en la distribución del forraje de los cereales invernales que puede resultar aún más extrema si se realizan sólo 2 o 3 pastorees.  A su vez,  marca el potencial de producción de forraje de estas especies, cuya utilización en ensayos de tipo "put and take" permitió obtener entre 550 a 750 kg de carne/ha en el ciclo del cultivo (Gonella, 1990).

 

Cuadro 7.- Distribución de la producción de MS de tres especies de cereales forrajeros

 

En aquellas regiones donde los verdeos invernales representan un componente importante de la oferta  forrajera invernal, resulta esencial combinar las características de las distintas especies y cultivares estructurando un encadenamiento de cereales forrajeros invernales.                      

Las avenas cumplen bien el rol de iniciadores de un encadenamiento de  verdeos.  Su utilización temprana permite obtener un buen rebrote antes de las primeras heladas severas, dada la mayor susceptibilidad al frío de la mayoría de los cultivares de avena en        comparación con otros cereales forrajeros. Como componentes intermedios de la cadena se adaptan los centenos, pudiendo funcionar  los triticales como cierre del encadenamiento puesto que pasan más lentamente del estado vegetativo al reproductivo,   lo cual permite diferir sensiblemente el inicio del primer pastoreo hasta bien iniciado el invierno, sin pérdidas importantes de digestibilidad.

En situaciones en que se necesite prolongar la utilización del verdeo hasta la entrada de la primavera, la consociación de cereales forrajeros  con leguminosas como vicia o Melilotus es una alternativa ya que el pico de producción primaveral de estas especies se complementa muy bien con la oferta otoño-invernal de los cereales forrajeros.

 

3. Aprovechamiento del verdeo

Entre los factores que inciden sobre la productividad secundaria de los verdeos, el grado de aprovechamiento del forraje es seguramente el más importante.

El estado fenológico del cultivo al comienzo del primer pastoreo es uno de los aspectos por considerar.  En es-

te sentido, el aprovechamiento debe realizarse cuando la planta se encuentra en pleno estado de macollaje, evitando hacerlo cuando algún nudo del tallo sea palpable.  Este punto debe recibir gran atención especialmente en los materiales de rápido crecimiento inicial.  Si por alguna causa el pastoreo se postergara demasiado, el daño puede reducirse dejando un buen volumen de forraje remanente para evitar que los tallos sean seccionados por debajo del ápice de crecimiento.

Cuando se recurre al encierre nocturno para proteger al verdeo del daño por pisoteo durante los períodos de heladas, el heno puede ofrecerse en la misma ensenada o rastrojo donde se encierra a los animales. En este caso, debe prestarse atención a la calidad del heno para no provocar reducciones importantes en el consumo del verdeo por efecto del llenado de rumen con forraje seco de baja digestibilidad.

La condición de forraje poco sazonado sumado a la alta producción del primer aprovechamiento puede determinar una baja eficiencia de cosecha. del pasto con altas pérdidas por pisoteo. Por esto, debe prestarse especial atención al manejo de la carga animal como al tiempo de permanencia en cada parcela.

En términos generales, los sistemas rotativos ofrecen ventajas sobre el pastoreo continuo o alternado. Las mismas derivan básicamente de la posibilidad de realizar un mejor manejo de la asignación de forraje diaria, fundamentalmente cuando se trabaja a altas cargas. Esto constituye una razón suficiente para su recomendación e implementación, dado que la correcta presupuestación de un recurso de alto costo relativo es un requisito básico para su eficiente utilización.

Respecto al grado de subdivisión o permanencia de los animales por parcela, experiencias realizadas en la EEA Marcos Juárez no mostraron diferencias prácticas en ganancias de peso diario y productividad de carne por unidad de superficie entre un sistema de 8 subdivisiones y 7 días de ocupación por parcela, comparado con otro de 28 parcelas con cambios de franja cada 48 horas.  En ambos sistemas de pastoreo se logró una alta eficiencia de utilización global del forraje que permitió obtener sin ningún tipo de suplemento, alrededor de 500 kg de carne/ha manteniendo ganancias individuales promedio de 600-700 g/día a lo largo de 112 días de utilización.

En conclusión, del conjunto de decisiones que comprenden la planificación de la superficie destinada a verdeos, la elección de especies y cultivares apropiados junto con una buena implantación y una eficiente utilización del forraje producido dependen los resultados de inclusión de cereales invernales en las cadenas forrajeras de un sistema de producción de carne.

 

3.1.- Suplementación otoño-invernal sobre pasturas base alfalfa.

La problemática de las bajas ganancias de peso otoñales es un fenómeno actualmente bien identificado por los productores de las zonas ganaderas y tamberas de la pampa húmeda y, en general, de las regiones en las que se utilizan recursos forrajeros de alta calidad bajo pastoreo directo.

Como es conocido, este fenómeno se caracteriza por una respuesta productiva inferior a la que podría esperarse al considerar el volumen y la calidad aparente del forraje ofrecido a los animales.  La magnitud de esta depresión productiva varía significativamente año a año, dependiendo fundamentalmente de las condiciones climáticas imperantes.  Sobre pasturas de alfalfa pura o consociada y sobre verdeos invernales, suelen detectarse las mayores diferencias entre las respuestas esperadas y las que se obtienen en esta época del año.  Por otra parte, otoños húmedos, cálidos, con lloviznas frecuentes y días nublados, agudizan el problema notoriamente.  Esto último explica las diferencias entre años en cuanto a intensidad y duración del fenómeno.  No es extraño detectar condiciones similares a las otoñales, a la salida de inviernos poco rigurosos y húmedos.

Una de las hipótesis más aceptadas que podrían explicar este fenómeno se basa en ciertas características nutricionales que los forrajes de alta calidad como pasturas de alfalfa puras o consociadas presentan durante esta época del año.  Entre estas características se encuentra el bajo contenido de materia seca (MS) y de fibra (pastos aguachentos), exceso de proteínas y, particularmente, de la fracción rápidamente fermentable, y bajos niveles de carbohidratos solubles (CHS).  Estos desequilibrios en la composición química del forraje tiene consecuencias digestivas y fisiológicas en general, que conducen a un bajo desempeño de los animales aún sin mediar restricciones en la cantidad del forraje ofrecido.  Bajo estas condiciones, los animales disminuyen el consumo, tienen aumentos de peso por debajo de lo que se esperaría considerando el forraje que se les ofrece, se observan sumidos y con síntomas de diarrea.

Esta problemática ha sido estudiada desde el punto de vista nutricional y se han obtenido resultados muy satisfactorios en la búsqueda de su corrección.  La suplementación con grano solo o combinado con heno, según la severidad del problema, resulta una de las alternativas más eficientes.  El agregado de estos elementos a la dieta de forraje fresco, eleva los niveles de CHS a nivel de rumen, disminuye la ingesta total de la fracción nitrogenada, mejora el consumo de MS y, en consecuencia, permite incrementar las ganancias individuales y por unidad de superficie.  Sobre pasturas muy "aguachentas" o verdeos muy tiernos, se han observado buenos resultados con el agregado de heno a la dieta.  En estos casos, el aporte de fibra permite mejorar las condiciones de funcionamiento ruminal.  Este heno debe ser de buena calidad y puede entregarse entero y a libre consumo en forma permanente o, en caso de ser necesario, picado junto con el grano.  El suministro de heno permite disminuir el nivel de grano a un 0,5% del p.v. anim/día.

Es interesante considerar como una alternativa muy recomendable, la utilización de silo de maíz o sorgo para estos fines correctivos.  Como es sabido, un buen silo de maíz tiene una mayor concentración de energía y capacidad para elevar el pH ruminal que un heno.  Por ora parte, como ya se mencionó, el contenido de proteínas de un silo de maíz es inferior al de un buen silo o heno de pastura.  La primera característica es importante pues agrega al aporte de fibra un sustancial aporte de energía disponible, que resulta deficitario en las pasturas en algunas épocas del año.  Esta energía disponible en el rumen permite una mejor utilización de la fracción nitrogenada de la dieta, que en este tipo de pasturas resulta habitualmente excesiva.  Por esta misma razón, el bajo contenido de proteínas del silo de maíz, arroja en este caso una ventaja.  La elevación del pH del rumen es otro efecto deseable pues corrige la acidificación excesiva que suele observarse en animales que consumen forrajes de alta calidad.  En suma, la inclusión de hasta un tercio en la dieta total de silo de maíz, resulta una estrategia adecuada para corregir los desbalances otoñales del forraje.

En todos los casos estudiados se han logrado muy buenos niveles de conversión de suplemento en carne, durante el período otoñal, lo que resulta un buen indicio de la conveniencia de la práctica.  Es importante destacar que el análisis del resultado económico no debe limitarse a la relación de precios grano/carne y la eficiencia de su transformación, sino que debe considerar aspectos más globales como la duración de la invernada, la calidad de la terminación, la época de ventas, etc., que se logran con uno y otro planteo de alimentación.

Sobre pasturas de alfalfa pura o consociada se encontraron importantes variaciones entre años, en cuanto a la respuesta de los animales a la suplementación correctiva.  Obviamente, en otoños menos húmedos, el desempeño de los animales sobre las pasturas es mejor y la respuesta a la suplementación es menos importante. Como ya se mencionó, además de la intensidad, varía también la duración del fenómeno.  No obstante, en todos los años analizados, la suplementación con granos resultó una práctica favorable y económicamente conveniente.

En el siguiente cuadro se muestran valores promedio de cuatro años de evaluación de respuesta a la suplementación correctiva practicada durante el período "otoñal" de los años 1991 a 1994.

 

Cuadro.-  Resultados de 4 años de suplementación correctiva con granos durante el otoño

 

Como puede observarse, la duración e intensidad del problema fue variable entre años y, en consecuencia, también lo fueron las respuestas; no obstante, los resultados de la suplementación fueron satisfactorios.  Es importante destacar que una conversión de 6,8 (ECI) o 5,7 (EC/ha) kilos de grano en 1 kg de carne, otorga un amplio margen de seguridad a la  práctica, si consideramos las relaciones de precios históricos entre insumo y producto.  Los resultados indican la conveniencia de la aplicación de la práctica, remarcando que la EC en función de las relaciones de precio grano/carne, no debe ser el único indicador económico por considerar.

Este tipo de respuesta, obtenida habitualmente en animales de recría y comienzos de invernada (180 a 250 kg de p.v.) también fue verificada en categorías de un peso próximo a la terminación.  En el siguiente cuadro se resumen los resultados obtenidos durante el otoño de 1997, donde se evaluaron tres tratamientos: TI : grupos control con dieta puramente pastoril;  T2: igual dieta de pastura + suplementación con 0,6% del pv/anim/día de grano de maíz quebrado;  T3: igual dieta de pastura + suplementación con 1% del pv/anim/día de grano de maíz quebrado.  El peso medio de los animales al promediar la experiencia fue de 356 kg.

 

Cuadro.- Respuesta a la suplementación otoñal de novillos en terminación

 

Si bien las asignaciones de forraje son inferiores a las que se manejan en las tropas de inicio de invernada, la repuesta a la suplementación sigue siendo importante aún en esta categoría de animales.  Esta herramienta permitiría entonces no sólo asegurar la terminación de los novillos en planteos intensificados, sino también facilitar el acortamiento de la invernada en aquellos esquemas pastoriles que no han suplementado al comienzo del ciclo.

 

3.2. Suplementación sobre verdeos de invierno.

En la región pampeana en general, donde predominan inviernos secos con heladas frecuentes e intensas, los verdeos invernales son un eslabón importante en la cadena forrajera de establecimientos de invernada y tambo. Estos recursos forrajeros, bien manejados y cosechados en forma directa por el animal, pueden cubrir gran parte de los requerimientos energéticos y proteicos para sustentar buenos desempeños productivos.  Sin embargo, en algunos momentos de su ciclo productivo, su utilización como único recurso alimenticio puede dar lugar a desbalances en la composición de la dieta, relacionados tanto con la calidad como con la cantidad del forraje  producido.  Estos desbalances en calidad responden a los ya descriptos como "otoñales" para las pasturas perennes.  Especialmente durante el primer aprovechamiento, los verdeos de invierno, suelen generar restricciones productivas más severas de las que se presentan sobre pasturas con base de alfalfa durante el otoño, pues los desequilibrios en sus componentes son aún más marcados.

Por otra parte, los verdeos de invierno tienen en general, una curva de producción de forraje caracterizada por un alto rendimiento en su primer crecimiento, equivalente al 50% o más de su producción total.  Esto señala una dificultad para su adecuado aprovechamiento, sobre todo cuando se necesita mantener una determinada dotación de animales, durante el mayor período de aprovechamiento posible.  Teniendo en cuenta entonces la gran variabilidad en producción y calidad de forraje de estas especies, se estudiaron diferentes alternativas de suplementación basadas en la utilización de granos, combinación de henos y granos, silos, etc., como una opción adecuada para balancear deficiencias cualitativas o cuantitativas de la dieta base y aumentar su eficiencia de utilización.

En la EEA Marcos Juárez se trabajó durante algunos años con un esquema de suplementación basado en el suministro diario de una cantidad equivalente al 0,5% del p.v. animal/día de heno entero de buena calidad, más una cantidad equivalente de grano, durante todo el período de aprovechamiento del verdeo (3 a 4 meses).  El objetivo de este esquema es el de corregir las deficiencias de energía y de fibra que normalmente producen durante el primer pastoreo, y de elevar el valor energético de la dieta total durante los posteriores pastoreos, caracterizados por una sensible disminución de la producción de forraje.

Los resultados obtenidos durante el año 1994 en la EEA Marcos Juárez, permiten contrastar la estabilidad en el ritmo de engorde de los animales que consumen el suplemento, con la irregularidad del desempeño de los animales que no lo reciben.  En el siguiente cuadro se muestran los resultados generales de productividad individual y por unidad de superficie de ambos esquemas.

 

Cuadro.- Indicadores de respuesta individual y productividad

 

Estos datos resultan muy representativos del comportamiento encontrado en años anteriores, en trabajos de similares características.  En general, durante el primer pastoreo prevalece una respuesta de adición del suplemento a la dieta base, determinada por limitaciones en la calidad del forraje.  En este período, la cantidad de forraje no resulta una limitante pues la asignación de forraje superó los 3,5 kg de MS/100 kg pv. Durante el segundo y tercer pastoreo también se observa un efecto predominante aditivo, pero determinado en estos casos, por una disminución de la cantidad del forraje disponible (la asignación de forraje se reduce a valores medios de 2,3 kg de MS/100 kg pv).  Globalmente, estos resultados indican una importante respuesta individual a la suplementación, que se traduce en buenos resultados de productividad por unidad de superficie.

No obstante, esta respuesta individual generada por el efecto aditivo entre el suplemento y el forraje fresco, se ve fuertemente afectado por las características de este último.  En consecuencia, factores como asignación de forraje, grado de sazonamiento del verdeo, época de utilización, efectos climáticos, etc., determinarán en gran medida el tipo de respuesta que se obtendrá al aplicar un programa de suplementación sobre este recurso forrajero.

Experiencias realizadas en Gral. Villegas durante tres años mostraron falta de respuesta de la ganancia de peso a suplementaciones energéticas con grano de maíz utilizados a niveles de 0.5 y 1 % del peso vivo.  El aumento diario de peso vivo en los testigos fue superior a los 800 kg/animal/día.  Esta situación se repitió durante los tres años que duró el ensayo (cuadro 8), observándose el mismo tipo de respuesta con sorgo y trigo.  La suplementación permitió importantes efectos de sustitución que proporcionaron incrementos en la receptividad de 30 y 50% para los niveles de 0.5 y 1 % de suplemento respectivamente.  No hubo diferencias entre tipos de granos.  Se obtuvieron producciones de carne, para todo el período de utilización de 400, 550 y 700 kg/ha para los testigo, 0.5% y 1% de grano, respectivamente.

 

Cuadro 8.- Ganancias de peso (kg/animal/día) durante el primer pastoreo de verdeos invernales

en ensayos de suplementación en la EEA Gral. Villegas

 

Sin embargo, debe destacarse que la respuesta a la suplementación en términos de ganancia de peso está muy ligada a la asignación de forraje. Trabajos realizados en INTA Manfredi, con verdeos sazonados determinaron que con asignaciones de verdeo del 2.3% del peso vivo pueden lograrse ganancias de alrededor de 1,300 kg/día, que no son superadas por el agregado de 0.75 y 1.5% del peso vivo de grano de maíz.  En base a la ganancia individual, ganancia por hectárea y eficiencia de conversión, los mejores resultados se obtuvieron con asignaciones de 1.54 y 2.3% del peso vivo y con un nivel de suplementación del 0.75 del peso vivo.

Con respecto a las reservas, su utilización como suplementos de verdeos contribuye a corregir posibles desbalances, pero fundamentalmente permiten aumentar la receptividad del recurso.  Dada la alta calidad del forraje base, para lograr este objetivo sin resentir la ganancia de peso, se requiere disponer de reservas de excelente calidad (más del 65% de digestibilidad).  Para ello es sumamente importante considerar todos los aspectos que hacen al éxito de una reserva como lo es el momento de confección, maquinaria utilizada, acondicionamiento del forraje, elaboración, almacenaje, distribución y estrategia de utilización.  La utilización de reservas de regular a mala calidad en combinación con prácticas muy comunes en verdeos como el encierre nocturno, restringe el consumo del animal y, por lo tanto, la ganancia de peso.

El silo de maíz resulta una alternativa conveniente ya que compatibiliza un gran volumen de forraje con una altísima calidad de la materia seca.  Para ello se requiere que presente una alta proporción de grano junto a una alta digestibilidad de la planta entera.  Esto se logra utilizando todo el paquete tecnológico disponible para la producción de grano.  Para el caso de henos se debería seguir el mismo criterio que para cualquier otra reserva.  En general, las reservas de mala calidad, tendrán mayor tiempo de digestión y por consiguiente, menor velocidad de pasaje, por lo que su consumo afectará el del forraje base.

En INTA Anguil, evaluaron en un verdeo de avena dos situaciones de manejo (con y sin encierre) combinadas con cuatro estrategias de suplementación (silo de avena, heno de avena, grano de avena y silo de maíz) y un testigo.  Se usaron novillos de 320 kg a los que el suplemento se les dio a voluntad.  A excepción del silo de maíz, el consumo de suplemento fue mayor con encierre.  Con respecto a la ganancia de peso, alcanzó un valor de 1,200 kg/día para la situación sin encierre y 1,110 kg/día para con encierre, mientras que también hubo una diferencia favorable para los suplementados (1,160 kg/día) vs los testigos (0.930 kg/día).

Si bien se reconocen importantes diferencias en la respuesta animal obtenida bajo diferentes situaciones de manejo, ambientales, etc., la utilización de granos y/o reservas de alta calidad (>65% de digestibilidad) permiten complementar en calidad y en cantidad la oferta de forraje de verdeos invernales.  La suplementación con este tipo de recursos permiten incrementar la carga sobre estos recursos forrajeros y obtener ganancias de peso que satisfacen los requerimientos nutricionales de planteos exigentes como aquellos que contemplan realizar ciclos de invernada de no más de un año de duración.

 

3.3. Sustitución total de verdeos de invierno para silos.

Una vez fijada la duración de la invernada es necesario lograr una ganancia de peso adecuada para poder dar cumplimiento a la misma.  Como la ganancia de peso individual está inversamente relacionada a la presión de pastoreo, debemos conocer a qué nivel de ésta se logra la respuesta animal requerida y a qué nivel de producción de carne por hectárea se llega. Ajustadas las variables anteriormente mencionadas, se pondrá en evidencia la baja receptividad invernal de las pasturas, ya que la carga animal necesaria para lograr una eficiente utilización de la pastura, no podrá ser soportada durante ese período.  Para solucionar este desbalance se deben analizar las alternativas posibles para cubrir este déficit, transfiriendo forraje hacia la época problema.

En la figura 3 se presentan alternativas factibles de utilizar, indicando el rango de concentración energética que pueden cubrir, ya que la energía es el principal elemento que condiciona la respuesta animal y es la variable más cara de corregir.

 

Figura 3.- Respuesta animal a distintas calidades de la dieta

 

Si nuestro objetivo es hacer una invernada de corta duración (no más de 12 meses), debemos mantener un ritmo de ganancia de peso aproximadamente de 0.650 kg/día.  Analizando la figura 1 vemos que el silaje de maíz nos provee un forraje con una concentración energética de 2.5- 2.6 Mcal de Energía Metabólica (EM) por kg de Materia Seca (MS); sería la alternativa más ventajosa ya que el heno no cubre estas necesidades y los concentrados energéticos resultan más caros por megacaloría (cuadro 9).

 

Cuadro 9.- Comparación de precios/Mcal de grano y silaje de maíz

 

Por otra parte, una hectárea de silo de maíz nos provee casi el doble de energía que una hectárea de maíz para grano y, por lo tanto, se necesitan menos hectáreas para cubrir la época de déficit.  El silaje de maíz, en sistemas con base pastoril pero intensificados, debe dejar de ser una reserva forrajera de uso ocasional, para pasar a ser un recurso forrajero de muy buen aporte energético y volumen.  Su uso permite aumentar notablemente las cargas animales sin disminuir las ganancias de peso durante la crítica época invernal, permitiendo disminuir al mínimo los verdeos invernales, o eliminarlos.

El incremento de la carga animal traerá aparejada una mejor utilización de la pastura en primavera y verano, época en que se producen las máximas tasas de crecimiento y, por lo tanto, con bajas cargas animales se nos escapan.  Esta mejora en la utilización de los recursos forrajeros, lograda por el aumento de la carga animal, ha sido probado como la variable de mayor impacto en la productividad de los sistemas de invernada.

El silaje de maíz puede ser utilizado como suplemento a animales en pastoreo, o como único alimento para animales en confinamiento, corrigiendo en este último caso el tenor proteico, por ser deficitario en este nutriente.  Utilizado como suplemento, produce una sustitución de alrededor de 1 kg de MS de forraje por kg de MS de silaje consumido, lo que permite elevar sustancialmente la carga animal, con mejoras en la concentración energética de la dieta en la mayoría de las pasturas.

En casos de altas cargas animales o bajas disponibilidades de pastura, las tasas de sustitución disminuyen notablemente, por estar los animales limitados en su consumo por cantidad, por disminución del tamaño de bocado.  En estas circunstancias, se logra un doble efecto: se incrementa el consumo y se mejora la calidad de lo consumido.  Este fenómeno se maximiza cuando el silaje ocupa un 40% de la dieta (figura 4).

 

Figura 4.- Consumo esperado y observado a diferentes niveles de silaje en la dieta

 

La utilización de¡ silaje de maíz como único alimento tiene un gran número de antecedentes con excelentes resultados, como los obtenidos por Kaiser y Piltz en Australia, quienes suministraron a terneros de 180 kg silaje de maíz + 2% de urea sobre la materia seca del silaje, obteniendo ganancias de peso superiores a 1 kg/día; y Wales y Moran con 83% de silaje de maíz y 17% de semilla de algodón, lograron aumentos de 1,330 kg/día con novillos de 240 kg.

 

Calidad del silaje de maíz.

Altos valores de respuesta animal utilizando silaje de maíz, están correlacionados con altos valores de grano en el silaje.  Para lograrlo, debemos utilizar el mejor paquete tecnológico disponible para la producción de grano. En el cuadro 10 se presentan valores de respuesta con la utilización de distintas calidades de silaje de maíz.

 

Cuadro 10.- Respuesta animal a tres calidades de silaje de maíz

 

Como puede observarse, las mejores calidades tienen bajos valores de pared celular (FDN) y altos valores de digestibilidad.  Esto está mostrando la importancia que tiene el grano, por diluir los altos contenidos de pared celular que posee el resto de la planta, con un efecto directo sobre el consumo animal y, por otra parte, mejorando la digestibilidad, estaremos en presencia de un alimento de mayor concentración energética.

Cuando el silaje no posee grano o lo contiene en bajas proporciones, los resultados que se pueden obtener son malos, como se puede ver en el cuadro 10 en el silaje de baja calidad.  Para lograr una buena calidad de silaje de maíz, además de la tecnología de cultivo mencionada, debemos tener una buena técnica de confección del silo; para ello, debemos cortapicar el maíz cuando la línea de leche en el grano se encuentra entre la mitad y un cuarto del extremo unido a la mazorca.  Debemos realizar un picado fino de 8-12 mm y realizar una buena compactación del material.

En el EEA Manfredi INTA se lograron interesantes resultados, con la utilización del silaje de maíz con diferentes fuentes proteicas y niveles de los componentes de la dieta (cuadro 1 l).

 

Cuadro 11.- Ganancia de peso )kg/día), conversión (kg alimento/kg carne) y costo por kg de carne ($)

utilizando diferentes forrajes conservados

 

Las ganancias de peso obtenidas permitirían que este recurso sea utilizado para la alimentación invernal en sistemas de invernada, complementando o sustituyendo verdeos de invierno, con un impacto importantísimo sobre la carga animal, dado que  una hectárea de maíz para silo produce aproximadamente el triple de kg de MS que una hectárea de verdeo de invierno.

 


Producción de novillos para exportación en esquemas intensificados.

Es interesante observar cómo todas estas herramientas tecnológicas que se incorporan a los sistemas de invernada convencionales, llevan a consolidar una tendencia hacia la producción de novillos o vaquillonas livianos, precoces y muy bien adaptados a las demandas del consumo interno.  No obstante, la perspectiva de un mercado externo favorable para la carne bovina abre ciertos interrogantes sobre la capacidad de respuesta de nuestras empresas pecuarias para abastecer satisfactoriamente esas eventuales demandas, tanto en cantidad como en calidad de productos.

En esta presentación se discute la factibilidad de aplicar los criterios nutricionales y de manejo que hoy se propone para los procesos de invernada corta e intensiva, unidos a la incorporación de grupos raciales con características de crecimiento y calidad adecuados, apuntando a obtener un producto que responda a las necesidades del mercado de exportaciones, dentro de sistemas pastoriles mixtos de alta productividad.

En términos generales, la producción de novillos pesados (de 450 kg o  más) queda relegada a sectores donde, por razones ambientales o tecnológicas, los ritmos de producción individuales no permiten la terminación dentro del primer año de invernada y los animales son comercializados durante la primavera-verano del segundo año, o aún más tarde.  Las dificultades para la terminación se incrementan cuando se trabaja con cruzas indicas con británicos, provenientes de zonas de cría donde las mismas son valoradas por su rusticidad y adaptación a dicho ambiente.  En otros casos, la producción de novillos pesados está ligada a la invernada de machos Holando Argentino o sus cruzas provenientes de distintas cuencas lecheras de la región.  En términos globales, la producción de este tipo de novillos aparece ligada a ciertas limitaciones (invernadas muy largas, escaso grado de terminación y calidad del producto), características de una actividad poco tecnificada y eficiente.

En la EEA Marcos Juárez del INTA, se vienen realizando experiencias con este objetivo, donde se trabaja con diferentes grupos genéticos caracterizados por un mayor peso adulto que la razas británicas.  Si bien actualmente se han incorporado algunas razas puras a las evaluaciones, sobre vientres Aberdeen Angus.  Este enfoque responde por una parte al objetivo de explotar la importante heterosis que se genera en la F1 de estos cruzamientos y, por otro, a trabajar sobre el rodeo de vientres predominante en la región pampeana.

A modo de ejemplo se describen los resultados obtenidos cuando se trabajó con novillos provenientes del cruzamiento de Limousin, Fleckvieh y Brangus como razas paternas sobre vientres A.Angus (LxAA, FxAA y BxAA respectivamente), (Latimori, Kloster, Carduza y Margaría, 1997).  El esquema de alimentación y manejo implementado para estos biotipos, se ajusta a los criterios aplicados en los planteos de invernada de alta producción sobre pasturas con suplementación estratégica (Kloster et al., 1997). La base forrajera fue una consociación de alfalfa (cv Monarca SP) y festuca alta (cv El Palenque) en su quinto año de utilización.  El sistema de pastoreo fue el mismo para todos los grupos, consistente en la rotación sobre seis parcelas dentro de cada tratamiento, con siete días de permanencia en cada una de ellas.  Así, la modalidad rotación fue de 7 días de pastoreo y 35 días de descanso en cada parcela (sistema 7x35).  La asignación de forraje promedio fue de 31,7 g  MS/kg p.v. Los rodeos recibieron, desde el inicio y hasta el final de la invernada, una suplementación con grano de maíz quebrado, equivalente al 0,7% del peso vivo por animal y por día, con una interrupción entre noviembre y febrero.  El grano se suministró una vez al día en las primeras horas de la mañana, y la cantidad se ajustó mensualmente luego de las correspondientes pesadas.  Entre julio y hasta fines de octubre se incorporó heno de pasturas como suplemento, a razón de 2,6 kg/anim/día durante ese lapso, para cubrir las deficiencias en la oferta forrajera determinadas por las condiciones especiales de sequía y por baja productividad invernal de la pastura, en su último año de producción.

Luego de cumplido el año de invernada, y previa evaluación visual por parte de compradores especializados, los novillos se comercializaron y faenaron.  Todos los animales fueron castrados entre los 5 y 7 meses (destete) y llegaron con 18-20 meses de edad a la faena.

Además de las variables productivas habituales, se hicieron determinaciones de parámetros de calidad del producto obtenido en el Instituto de Tecnología de Alimentos del INTA Castelar.  A continuación se presentan algunos de los resultados obtenidos:

 

Cuadro 12.- Índices productivos de los tratamientos

 

Los AMD de las dos cruzas continentales se diferencian de los valores logrados por el cruzamiento BxAA.  Las diferencias en AMD se mantienen aún cuando se utiliza el peso inicial como covariable (p<0.05). Esto podría explicarse por un menor potencial de AMD y en parte, por el más bajo peso medio inicial de este último grupo.  La magnitud de las diferencias entre este grupo y los otros dos, se incrementa a lo largo del ciclo.  En el cuadro 13 se presentan características de la media res de los mismos animales.

 

Cuadro 13.- Valores de peso de ½ res, rendimiento, largo de pierna y de res

 

Con respecto al rendimiento de faena se encontraron diferencias significativas (p<0.05) entre el genotipo BxAA y los dos grupos restantes, mientras que las diferencias no fueron significativas con respecto al peso de las medias canales.  Por otra parte, los genotipos FxAA y LxAA alcanzaron un mayor largo de res (p<0.05) que BxAA, aunque no se detectaron diferencias en el largo de pierna.

Por otra parte se trabajó con el bloque de bifes comprendido entre el 8º y 10º espacio intercostal separándose el bife correspondiente a la costilla 11 y se realizó la disección completa por tejidos, del bloque remanente.  En el cuadro 14 se resumen los resultados obtenidos.                  

 

Cuadro 14.- Composición porcentual de los bloques de 2 bifes según grupo racial

 

La diferencia en el rendimiento de músculo fue significativa entre grupos (p<0.05) siendo mayor en FxAA y LxAA.  También en el contenido de grasa los genotipos se diferenciaron significativamente (p<0.05), resultando BxAA el grupo con mayor proporción de este tejido.  Asumiendo una importante correlación entre la composición en tejidos del bloque de bifes y la composición de la media res, estos resultados indicarían que en las presentes condiciones, los genotipos FxAA y LxAA produjeron reses más magras y con mayor proporción de músculo que el genotipo BxAA.  En estos últimos se generaría una mayor proporción de grasa, lo cual probablemente contribuya a explicar su mayor rendimiento de faena.  El desempeño del genotipo BxAA en lo referente a AMD, rendimiento a la faena, largo de res y composición de tejidos a nivel del ojo de bife parece ajustarse a un genotipo con menor peso adulto que las cruzas continentales.

También sobre el ojo de bife (músculo Longissimus dorsi) a la altura de las costillas 10º y 11º, se hicieron determinaciones de área, largo y ancho del ojo de bife, espesor de grasa dorsal, determinaciones objetivas de terneza y de co!or, etc., sin encontrarse diferencias significativas entre los tratamientos.

Considerando que el presente trabajo persigue objetivos generales relacionados con lograr un producto adecuado para los mercados de exportación en esquemas pastoriles de ciclo anual, los resultados obtenidos resultan promisorios.  El 89% de los animales que conformaron los tres tratamientos alcanzaron el peso como para clasificar dentro del "tipo exportación" según los criterios prefijados.  En general, puede concluirse que, en las presentes condiciones de trabajo, fue posible alcanzar un adecuado peso y estado de terminación con los tres grupos raciales dentro del año de invernada. Especialmente en las cruzas continentales x Aberdeen Angus esto fue acompañado por muy satisfactorias características de rendimiento y calidad comercial del producto.

Estos resultados sugieren que la producción y comercialización de este tipo de animal puede resultar una alternativa de interés para el productor mixto de la región, la cual será analizada en el punto siguiente, como también una herramienta estratégica importante para lograr el abastecimiento sostenido de novillos pesados de alta calidad con destino a exportación.

No obstante, se enfatiza en la necesidad de seguir desarrollando este tipo de experiencias con el objetivo de ajustar con mayor precisión las condiciones de manejo a las características particulares de éstos y otros grupos genéticos que deben ser estudiados, y los efectos que estos manejos producen sobre el producto final obtenido.

 

5. Alternativas de invernada sobre pasturas base alfalfa.

La actividad invernada comprende un abanico de alternativas que resultan de la combinación de distintos elementos que caracterizan al sistema productivo y la calidad del producto tales como alimentación, categoría animal, biotipo, estacionalidad de ingreso, peso inicial, ritmo de engorde, peso de faena y grado de terminación.

La productividad de las invernadas sobre pasturas base alfalfa es la resultante de factores fuertemente interrelacionados sobre los cuales es necesario operar a través de un ajustado manejo, donde cobra primordial importancia la articulación de los recursos alimenticios para atenuar las diferencias estacionales en el crecimiento de las pasturas.

La planificación de una cadena forrajera, el manejo del pastoreo y la aplicación de prácticas como la confección y utilización de reservas de calidad, el manejo de la carga y la suplementación, son las principales herramientas que dispone el productor para compatibilizar la oferta con la demanda de nutrientes de las distintas categorías productivas.

En los sistemas de base pastoril, una invernada de corta duración (12 meses o menos) es una meta de la mayoría de los planteos de intensificación, ya que a través de ella es posible combinar ciertas ventajas y necesidades biológicas del animal con los ciclos estacionales de producción de forraje.

En este sentido, un esquema de ingreso otoño-invernal no sólo aprovecha la mayor oferta estacional de terneros, sino que permite atravesar el primer invierno con requerimientos nutricionales relativamente bajos para lograr, hacia el final de la época de mayor producción de forraje, un peso y estado cercano al de faena.  En este punto, resulta fundamental terminar el proceso de engorde antes del segundo invierno, dado que, animales con alto gasto de mantenimiento, podrían resignar todos los beneficios de un engorde eficiente, ante posibles restricciones forrajeras.  Es así que, trabajando con biotipos británicos deben buscarse ganancias individuales de al menos 500 gramos/día de promedio anual para lograr invernadas de estas características.  Fijar como meta un AMD de dicha magnitud o superior, posibilita terminar y vender los animales en los momentos programados, permitiendo su reposición al cabo de un ciclo de producción anual.  A su vez, este nivel de ganancias individuales asegura una alta eficiencia de stock, que es uno de los principales indicadores de la eficiencia biológica del proceso.

Entre los principales factores determinantes de las invernadas de alta productividad y eficiencia económica sobre pasturas base alfalfa, deben destacarse:

 

 

Con el objetivo de visualizar los beneficios de algunas de las alternativas tecnológicas propuestas en forma global e integrada, éstas se presentan incorporadas a diferentes modelos productivos que han sido desarrollados en base a información validada en distintas zonas de la región pampeana.  Para hacer estos análisis más generalizados, se han hecho algunas modificaciones sobre los datos originales.  Así por ejemplo, se han asignado a los recursos forrajeros, valores modales de productividad para la región pampeana; algunos costos responden también a situaciones promedio, sin representar a ninguna situación real en particular.  Si bien se ha prescindido de los indicadores de los sistemas reales existentes, este enfoque permite un análisis de las distintas situaciones en condiciones comparativas de ambiente, estructura productiva, etc.  De todas maneras, es importante destacar que estos modelos no deben ser interpretados como alternativas excluyentes de intensificación, sino que más bien representan un grupo de opciones muchas veces compatibles entre sí y con algunas características diferenciales que las hacen más o menos aceptables a las tan diversas situaciones de las empresas agropecuarias de la región.

En todos los esquemas que se analizan, la base forrajera comprende pasturas de alfalfa (grupos de latencia 6 a 9) o mezclas de alfalfa y gramíneas cuyo componente principal es la festuca.  El manejo del pastoreo consiste en la aplicación de un sistema rotativo que respeta el período de descanso adecuado para la alfalfa, en cada época el año.

La base forrajera de pasturas perennes se completa en las alternativas I, II, III y V con un encadenamiento de verdeos invernales (dos o más especies) que ocupan entre el 20-25% de la superficie ganadera.  La receptividad de la dieta base se estableció considerando para ambos recursos (pastura y verdeos) una productividad de 12.000 kg MS/ha/año, un 70% de eficiencia de cosecha global y un 70% de digestibilidad promedio del forraje consumido.

El modelo I representa un sistema modal aún ampliamente difundido en la región pampeana norte, de escasa tecnificación, bajo insumo de mano de obra poco calificada y baja productividad de carne por hectárea.  De características netamente pastoriles tiene una proporción relativamente importante de alfalfa en su cadena forrajera, pero con una alta dependencia de los cultivos anuales (de invierno y de verano).  En estos esquemas, las ganancias de peso individuales se hallan fuertemente condicionadas por la cantidad y calidad del forraje producido. Generalmente los AMD resultan bajos en todo el período otoño-invernal ya sea por deficiencias de calidad del forraje o por restricciones cuantitativas invernales.  Es por ello que pese a las buenas pero fugaces ganancias de peso de primavera, sólo una parte de animales alcanza la terminación antes del primer año de invernada. Como el resto se termina hacia el final de la segunda primavera, la duración promedio de la invernada ronda los 18 meses.

El modelo II es un sistema pastoril mejorado que representa a aquellos establecimientos que realizaron importantes esfuerzos en consolidar su base forrajera mediante la utilización de cultivares de alfalfas y verdeos mejorados, controlaron aceptablemente plagas y malezas, incorporaron el uso del pastoreo rotativo en toda la superficie del campo, y aplicaron un razonable manejo de la carga animal.

Con todo, estas empresas, hasta hace poco consideradas "de punta", hoy parecen haber encontrado un techo productivo difícil de superar con un manejo extensivo y su nivel de gerenciamiento actual.

Dos de los esquemas de intensificación analizados (III y IV) representan alternativas de invernada corta con incorporación de alguna de las estrategias ya descriptas, tendientes a mejorar la receptividad invernal de la base forrajera, aumentar la eficiencia de cosecha global de MS y lograr aumentos individuales superiores a los 500 gramos diarios que aseguren un proceso de inverne que no supere los 12 meses.  Se utilizan terneros predominantemente británicos y el ciclo se inicia a fines de marzo o principios de abril con una carga de 5-6 cabezas por hectárea de pastura de alfalfa, y las primeras ventas se realizan en diciembre para finalizar en el mes de marzo.

El modelo III, con la misma base forrajera del sistema pastoril mejorado (caso II), pero avanza en su intensificación mediante la incorporación de la suplementación estratégica sobre pasturas y verdeos con un bajo nivel de grano durante todo el período otoño-invernal.  En este período, la respuesta tiene un importante componente aditivo, con mejores ganancias individuales, pero también se logra un moderado aumento de receptividad respecto al modelo II, del orden del 21%, entre otras razones porque mejora la eficiencia de cosecha de los recursos forrajeros debido a las altas cargas sobre las pasturas de alfalfa en su período de mayor producción de forraje.

El modelo IV incluye la sustitución total del verdeo de invierno durante el período junio-setiembre por una mezcla 70/30 de silaje de maíz y heno confeccionado con los excedentes primaverales de la pastura.  Debido al mayor aporte de nutrientes de la superficie destinada a silaje que la de verdeos de invierno, las pasturas de alfalfa ocupan un 80% de la superficie ganadera.  En este esquema se mantienen los criterios de utilización de la pastura base alfalfa ya mencionados, que logra sostener una mayor carga animal durante su período de aprovechamiento (8 meses).  Este modelo resulta especialmente atractivo en aquellas zonas donde no puede lograrse una aceptable producción de forraje invernal y resultan más seguros los cultivos estivales.

Por último, en el modelo V se aplican los mismos criterios que en el III, pero utilizando un ternero cruza británico x continental capaz de producir un novillo con un peso de faena superior a los 450 kg en un ciclo de un año de invernada.  Desde luego, la carga promedio en kg/ha ha sido disminuida sensiblemente con respecto al caso III para soportar animales con un peso promedio mucho más elevado.

En el caso de los modelos III y V la suplementación se realiza con grano de maíz quebrado al 0,5% del peso vivo.  El suministro se inicia con el ingreso de la tropa en marzo-abril y se abandona en forma gradual poco antes de alcanzarse el pico de producción de forraje primaveral.  Durante el periodo invernal también se entrega un bajo porcentaje de la dieta en forma de heno de buena calidad confeccionado con excedentes de la pastura.  El caso V retorna la suplementación durante el verano en los últimos 45-60 días del engorde.

En los cuadros 15, 16 y 17 se resumen los indicadores físicos y económicos de las distintas alternativas analizadas.

 

Cuadro 15.- Composición porcentual de la superficie ganadera (unidad ha ganadera)

 

Cuadro 16.- Índices de cinco alternativas de invernada

 

Cuadro 17.-  Principales indicadores económicos ($/ha) de cinco alternativas de invernada

 

Como surge de los indicadores físicos y económicos presentados, instrumentar un planteo de intensificación de una invernada de base pastoril no sólo aumenta su productividad sino que también redunda en una mayor rentabilidad.  Esta relación positiva entre productividad y rentabilidad, se verifica en un rango importante de situaciones y es una razón de peso para avanzar en la consolidación de sistemas más productivos, rentables y eficientes.

No obstante, conviene puntualizar que la relación productividad/beneficio es de naturaleza bastante general y por lo tanto, requiere ser manejada con cuidado al seleccionar, para cada empresa, las opciones tecnológicas que combinen de la mejor manera, los factores determinantes de su productividad.

 

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