Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad de Agronomía y
Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de
Córdoba, República Argentina
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pastoril o a campo
Latimori, Néstor J. y Andrés M. Kloster. 1997.
Invernada bovina en zonas mixtas. Agro 2 de
Córdoba.
Capítulo IV: 93-114. INTA, Centro Regional Córdoba, EEA Marcos Juárez.
La
incorporación de suplementos energéticos, especialmente de granos, en la
alimentación del ganado de carne es una práctica frecuente entre los
productores de carne de zonas mixtas.
En
la actualidad, los esfuerzos de investigadores y extensionistas se orientan a generar
y transferir tecnología que permita incorporar la suplementación energética en
los rodeos de carne en forma más estable y permanente, de manera que no dependa
tan estrechamente de las relaciones de precio entre granos y carne, sino que se
transforme en una herramienta de uso corriente, con el objetivo de intensificar
el uso de los recursos disponibles en el establecimiento e incrementar sus
ingresos.
Desde
el punto de vista empresarial, esta alternativa, correctamente implementada, es
una posibilidad concreta de diversificar la producción e incrementar valor
agregado al producto agrícola mejorando, por otra parte, la eficiencia global
del subsistema ganadero. Esto será posible si se implementa dentro de un
esquema de producción correctamente planificado y ajustado.
Cuantificar
el resultado de esta práctica no es sencillo y requiere considerar, al menos,
dos de los efectos principales que el suplemento produce como respuesta animal.
Por
un lado, el incremento de las ganancias de peso individuales (efecto directo o
aditivo) que se genera como consecuencia de mejorar la calidad y/o cantidad de
la dieta del animal, al incorporar el suplemento.
El
cociente entre la cantidad de suplemento entregado y la carne adicional
producida nos indica la eficiencia con que el animal transforma el suplemento
en carne (ECi).
De
aquí se desprende que las mejores ECi se obtendrán cuando la calidad del
forraje resulte más deficiente y/o cuando la cantidad de forraje sea más
limitante, como por ejemplo cuando se somete la pastura a altas presiones de
pastoreo.
Por
el otro lado, cuando la calidad y cantidad del forraje disponible no resultan
limitantes se produce un aumento de la receptividad de las pasturas (efecto
indirecto o de sustitución), que surge como consecuencia de la disminución del
consumo de forraje por parte de los animales que reciben el suplemento.
Estos
fenómenos no son excluyentes y la magnitud de uno u otro depende, en gran
parte, de la calidad y disponibilidad de la pastura sobre la que trabajemos
(Cuadro 26).
Cuadro 26.- Efecto de la suplementación con granos sobre el aumento de peso y la receptividad de la pastura
Por
este motivo se recomienda que, para hacer una correcta evaluación de la respuesta
a la suplementación, sean considerados tanto los efectos directos como los
indirectos, expresando los resultados en términos de kilos de carne adicionales
por hectárea.
Este
dato permitirá determinar, además, la verdadera eficiencia de conversión de
granos en carne (EC/ha) y así aproximarnos correctamente a la factibilidad
económica de la práctica.
Por
otra parte, debe tenerse en cuenta que el suministro de una dieta más
equilibrada y de mayor concentración energética produce sobre el animal y el sistema
beneficios adicionales, en la calidad y el momento de terminación, la
estabilidad de la producción, etc., contribuyendo también a mejorar el
resultado global de la actividad.
IV.1.
Tipos de suplementos a usar
Dentro
de la gran variedad de productos que pueden ser utilizados como “suplemento” en
diferentes circunstancias, vamos a considerar aquellos que, por razones de
disponibilidad y características nutricionales, se ajustan a las necesidades de
la región.
Como
regla general, puede considerarse que en los planteos de producción de carne
sobre pasturas de calidad, las limitantes nutricionales más f recuentes se
relacionan con deficiencias de energía.
Teniendo
esta información en cuenta, haremos referencia principalmente a la utilización
de granos como el suplemento energético por excelencia y también nos
extenderemos en algunas consideraciones sobre el uso de forrajes conservados.
IV.1.1.
Uso de granos en la producción de carne
En
nuestro país, los granos de mayor importancia con destino forrajero son el
sorgo y el maíz, aunque por razones económicas o, a veces, de disponibilidad
suelen utilizarse para este fin otros cereales, como la cebada, la avena o el
trigo, que se incorporan principalmente como suplemento de dietas pastoriles. Dentro de este grupo deben incluirse también
algunos balanceados comerciales formulados como concentrados energéticos.
Este
tipo de suplementos, considerando sus características nutricionales de alta
concentración energética (más de 3 Mcal EM/kg MS) y relativamente bajo contenido
proteico (entre 8 y 13% de PB) deben ser utilizados como único componente,
sobre pasturas que no presenten limitantes en el contenido de proteínas (por
encima del 18% de su MS), como sucede habitualmente con las pasturas a base de
alfalfa o los verdeos invernales.
IV.1.1.1.
Qué y cuánto grano usar
Existe
gran cantidad de granos que eventualmente pueden ser destinados a la
alimentación del ganado, siendo su valor de comercialización el principal
factor de decisión para su uso. No
obstante, resulta claro que no todos los granos tienen el mismo valor
nutricional, debiendo tenerse en cuenta también este aspecto al decidir
utilizarlos.
Considerando
su aporte de energía metabolizable para bovinos y a fin de dar una orientación
al productor, se puede tomar como referencia la siguiente equivalencia entre
los granos más utilizados:
Es
decir que en una ración que incluye
Por
otra parte, también deben tenerse en cuenta la velocidad y el sitio del aparato
digestivo con que estos granos entregan su energía. Esto tiene importancia práctica al considerar
que aquellos granos de menor degradabilidad ruminal, como el sorgo y el maíz tienen,
por esa razón, menor riesgo de producir acidosis que el resto. En granos como trigo y centeno, como se verá
más adelante, deben extremarse las precauciones para evitar problemas.
Con
respecto a cuánto grano suministrar por animal y por día, hay algunos conceptos
nutricionales, además de los económicos, que deben ser conocidos por el
productor al momento de decidir su programa de suplementación.
Cuando
se suministran granos sobre pasturas de alta calidad a una presión de pastoreo
dada, la eficiencia con que el animal transforma el grano en carne varía con el
nivel de suplementación. En términos
generales, en la medida que se incremento la cantidad de grano en la dieta
disminuye la eficiencia con que éste es transformado en carne.
En
la Fig. 10 se observa que al suplementar con el 0,5% del p.v./anim/día se
necesitan
Figura 10.- Conversión grano/carne según el
nivel de suplementación
Si
bien los animales que reciben este nivel de suplementación tienen un aumento
diario superior al de los que reciben el 0,5% del p.v./día, son menos
eficientes para transformar el grano consumido que éstos.
En
consecuencia, para lograr una suplementación económica, aprovechando la
complementariedad nutricional del forraje fresco y el grano, éste no debería
superar el
No
obstante, pueden darse situaciones ocasionales en que, por razones de precios o
necesidades de terminación de la tropa, es conveniente recurrir a mayores
niveles de grano para lograr aumentos de peso superiores, aún a costa de una
baja eficiencia de transformación de grano a carne.
IV.1.1.2.
Acondicionamiento del grano previo al suministro
Para
lograr un máximo aprovechamiento, la mayoría de los granos requiere un
procesado previo. Esto sucede porque las
envolturas que recubren el almidón de aquellos granos que no han sido rotos
durante la masticación oponen resistencias a la acción de la flora ruminal,
disminuyendo así su digestibilidad.
Si
bien existen procesos físicos y químicos de complejidad variable que pueden
mejorar las características nutricionales de los granos, en el país se recurre
casi exclusivamente al molido, quebrado o aplastado de los mismos.
Estos
dos últimos resultan más aconsejables pues, a diferencia del molido, evitan una
disminución muy marcada del tamaño de las partículas, que acelera la tasa de
pasaje de los alimentos, afectando la digestión de los mismos.
La
importancia del acondicionamiento depende del grano y de la categoría de
animales que se suplementa, como se muestra en el Cuadro 27.
Cuadro 27.- Recomendaciones para el
acondicionamiento de granos
Como
caso extremo se encuentra el sorgo que, independientemente de su contenido de
taninos, requiere la ruptura de las envolturas para mejorar su digestibilidad,
que puede disminuir en un 20 al 30% si se entrega entero.
El
alto contenido de taninos de muchas variedades "antipájaros", por
otra parte, no resulta una limitante nutricional de importancia para los
rumiantes.
El
maíz también se aconseja suministrarlo quebrado aunque, por el tamaño del grano
y las características de su estructura, resulta más digestible que el sorgo
cuando se ingiere entero. El
acondicionamiento puede no ser tan importante cuando se suministra a animales
jóvenes.
Con
el trigo, debe evitarse especialmente el molido fino, que disminuye su
aceptación y aumenta los riesgos de acidosis y timpanización. Por esta misma razón se sugiere no
suministrarlo como único grano cuando se superan los niveles de 0,5-0,7% del
p.v. diario.
La
avena y la cebada, debido a la presencia de abundantes envolturas, se
recomiendan dar aplastadas.
En
algunos casos puede considerarse la inclusión de sojilla de buena calidad como
componente de la ración. Debe tenerse en
cuenta que este subproducto, tan abundante en la región sojera, debe ser
considerado como un suplemento proteico para los rumiantes (23% de PB o más) y
que, por otro lado, tiene un alto contenido de aceites (14% de EE o más). Estas características limitan su utilización
como suplemento de verdeos invernales o de pasturas durante el otoño.
No
obstante, para situaciones en las que la calidad del forraje es deficiente en
proteínas y como referencia general, se sugiere no superar con sojilla el 50%
del suplemento. Para formulaciones más
precisas se requiere una valoración previa de su composición.
En
todos los casos se recomienda un molido o aplastado fino que destruya las
semillas de malezas, especialmente de chamico, para evitar su propagación y
facilitar la digestión.
IV.1.1.3.
Comederos
Pueden
distinguirse dos alternativas bien diferenciadas al considerar la necesidad de
comederos para un rodeo.
Por
un lado, existen comederos tolvas de llenado periódico, con acceso a ambos
lados, de longitud y capacidad variables.
La
principal ventaja de estos equipos se basa en la simplificación operativa del
suministro, porque el alimento está disponible en forma permanente y los
comederos sólo son retirados periódicamente para reponer el suplemento
consumido. La limitante más importante
que presentan es la dificultad para regular la cantidad de grano que se desea
asignar diariamente.
Con
este objetivo puede mezclarse el grano con heno picado, limitándose de esta
manera el consumo del concentrado. Con
los comederos de disponibilidad permanente deben tomarse estas precauciones,
para evitar los frecuentes accidentes por sobreconsumo de granos (acidosis).
No
se recomienda el uso de sal como regulador del consumo de grano para planteos a
largo plazo y donde se pretenda utilizar bajos niveles de suplementación.
Otra
alternativa adecuada para suministrar granos como suplemento sobre pasturas de
calidad es el uso de comederos más o menos permanentes, que pueden ser
construidos en lona, chapa o cemento.
En
estos comederos debe suministrarse el grano diariamente o más de una vez al
día, según el caso, permitiendo controlar con bastante precisión la cantidad de
grano entregado.
La
principal condición que deben presentar estas instalaciones es la de ser
suficientes para permitir el acceso simultáneo de toda la tropa en el momento
que se suministra el grano.
Debe
considerarse que el grano, en los niveles recomendados, es consumido en pocos
minutos por los animales, de manera que deben extremarse las precauciones para
que todos accedan al mismo tiempo a los comederos y así puedan consumir su
ración. La formación de lotes de
animales homogéneos facilita el logro de este objetivo.
Como
regla práctica se recomienda calcular no menos de
IV.1.1.4.
Hora y frecuencia del suministro
En
producción de carne no existen precisiones respecto de la influencia de la hora
de suministro de grano sobre la respuesta animal.
Aunque
no hay total acuerdo en este punto, parece más aconsejable elegir la primera
hora de la mañana, antes del primer pastoreo.
No
obstante, algo que resulta deseable es que, una vez elegido un horario, se
mantenga la rutina en este sentido, para permitir el ajuste de la conducta de
pastoreo, antes o después de consumido el grano.
Respecto
de la frecuencia de suministro, se descuenta que mientras más fraccionada se
entregue la ración, más estable resultará el ambiente ruminal que se genere en
los animales.
Con
todo, se ha visto que cuando las cantidades de grano no superan el 1 % del p.v.
por animal/día no existen dificultades para entregar la ración diaria sin
fraccionar. Como referencia general,
podría tomarse que más del 1 % del p.v. debería entregarse en dos veces, más
del 1,5% del p.v. en tres y más del 2% en cuatro fracciones.
IV.1.1.5.
Acostumbramiento al grano
Este
aspecto puede resultar clave para el fracaso o el éxito de un programa de
suplementación.
Se
recomienda iniciar el período con
Si
bien es posible hacer un acostumbramiento más corto, la experiencia indica que
en esos casos son más frecuentes y abundantes los accidentes digestivos, en
especial acidosis, pudiéndose llegar a pérdidas considerables por muerte de
animales, las que se suman a aquellas producidas por la reducción del consumo
por parte de los animales afectados más levemente.
Un
adecuado período de acostumbramiento permite a los animales adaptar su flora
digestiva al nuevo alimento sin perder eficiencia en el uso del mismo. Permite
además su familiarización con las instalaciones, el personal y la rutina de la
práctica.
Por
otra parte, este tiempo debe ser utilizado para realizar una adecuada selección
de los animales, descartando aquellos que no se adapten o muestren alta
susceptibilidad a la acidosis.
IV.1.1.6.
Resumen de recomendaciones
La
manera de ejecutar un programa de suplementación tiene importancia fundamental
en el resultado final. Errores en esta
etapa pueden hacer fracasar los más afinados planteos nutricionales. Por eso, deben tenerse en cuenta las
siguientes consideraciones:
IV.1.2. Suplementación con forrajes conservados
En
los sistemas de producción de carne de la región pampeana el uso de estos
recursos está, hasta el momento, casi limitado al objetivo de cubrir
deficiencias estacionales en la cantidad de forraje disponible.
También
puede ser destinado a corregir desbalances en la calidad del forraje base,
principalmente deficiencias en el contenido de MS y fibra de los verdeos en su
primer pastoreo o las pasturas perennes durante el otoño.
De
todas las técnicas para conservar forraje, la henificación es sin duda la más
difundida en la región. Los criterios
para recomendar su uso como suplemento sobre pasturas deben ajustarse a las muy
variadas condiciones de calidad que este tipo de recurso presenta en el momento
de su utilización. Su limitante más
frecuente es la baja calidad en el momento de ser suministrados, debido tanto a
problemas de confección (momento de corte, calidad del henificado) como de
conservación y preservación posteriores.
Actualmente,
es una herramienta que se usa para transferir sistemáticamente a períodos
deficitarios los excesos primaverales de forraje.
Se
trata de un recurso que aporta principalmente fibra y concentraciones variables
de energía, normalmente menores que las provistas por un silo de maíz. Dependiendo principalmente del estado de
desarrollo de la pastura en el momento de corte, puede hacer un importante
aporte de proteínas (PB), generalmente menor que el de la pastura verde y mayor
que el del silo de maíz.
Como
regla general, puede considerarse que, cuando el forraje base no es limitante,
la suplementación con heno no mejora la respuesta individual, estableciéndose
una sustitución en el consumo de forraje por heno, cercana a 1.
Cuando
el consumo de forraje, en cambio, se encuentra restringido, la suplementación
con heno mejora el consumo total de MS, incrementando la respuesta individual
de los animales (adición). La
sustitución resulta menor en la medida que el forraje base disminuye.
Cuando
el objetivo es corregir los desbalances en la calidad ya mencionados, puede
suministrarse entero (sin picar) y a voluntad, pues el animal regula su consumo
en forma satisfactoria, equilibrando el contenido de MS de la dieta. En caso de contar con diferentes
alternativas, se sugiere optar por henos más "energéticos" (como
avena granada o moha) que "proteicos" (alfalfa pura) puesto que,
considerando el tipo de desbalance de la pastura, se ajustan más adecuadamente
para su corrección.
De
todas maneras, se recomienda agregar en estos casos algo de grano a la dieta (
El
picado del heno, en general mejora su consumo, pero impide al animal la
selección, por lo que debe tenerse cuidado cuando se dispone de henos de baja
calidad, porque el picado disminuye la calidad del forraje ingerido.
El
procesado es recomendable cuando se elaboran raciones de alta concentración
energética, donde el heno se asocia con cantidades variables de grano,
permitiéndose de esta manera el consumo a voluntad de la mezcla.
El
empaquetado del heno (henolaje) permite incrementar la digestibilidad y
asegurar la calidad del forraje conservado, mejorando también su aceptación.
Desde
un punto de vista nutricional, este recurso se asemeja bastante a los silos de
pasturas. Y como éstos, aún confeccionado
en muy buenas condiciones, tiene una menor concentración energética que un buen
silo de maíz.
El
aporte de proteínas de los silos de heno resulta mayor cuando provienen de
pasturas de leguminosas que de gramíneas y, en general, no resultan limitantes
para la producción de carne.
El
silo de pasturas y sus variantes (henolaje, silopaq, silobag, etc.) resulta un
excelente recurso para sustituir al heno, con una mejor respuesta animal y aportando
además mayor seguridad al sistema, pues se reducen las pérdidas por factores
climáticos, que afectan fuertemente tanto la calidad como la oportunidad de
confección de los henos. Al igual que
éstos, no se recomienda suministrarlos como único suplemento cuando se pretende
corregir deficiencias energéticas de la dieta.
Entre
los forrajes conservados, el silo de maíz es el recurso que mejor se adapta a
las necesidades nutricionales de animales que pastorean forrajes de alta
calidad.
No
sólo es una alternativa excelente para cubrir períodos de deficiencias en la
oferta de forraje en pie sino que, por sus características nutricionales,
resulta un muy buen recurso para corregir las deficiencias estacionales en la
calidad del forraje base.
Por
supuesto, las consideraciones que se hacen aquí respecto del silo de maíz como
suplemento presuponen un silo de características normales.
Como
se ha visto en el capítulo respectivo, los principales indicadores de calidad
son, entre otros, la relación grano/hoja en el momento de ensilar, la
digestibilidad de la planta (tallo y hojas), la acidez final del silo (a menor
pH, menor consumo voluntario), etc.
En
la realidad, es frecuente encontrar grandes variaciones en la calidad de este
tipo de reservas, teniendo la misma un efecto decisivo sobre la respuesta
animal que se genera.
Comparado
con los silos de pasturas y los henos, un buen silo de maíz tiene mayor
concentración de energía y capacidad para elevar el pH ruminal.
Por
otra parte, como ya se menciono, el contenido de proteínas de un silo de maíz
es inferior al de un buen silo o heno de pastura.
La
primer característica es importante, pues agrega al aporte de fibra un
sustancial aporte de energía rápidamente disponible, que resulta deficitaria en
las pasturas en algunas épocas del año.
Esta energía disponible en el rumen permite una mejor utilización de la
fracción nitrogenada de la dieta, que en este tipo de pasturas resulta
habitualmente excesiva.
Por
la misma razón, el bajo contenido de proteínas del silo de maíz resulta en este
caso una ventaja. La elevación del pH
del rumen es otro efecto deseable, pues corrige la acidificación excesiva que
suele observarse en animales que consumen forrajes de alta calidad .
En
suma, la inclusión de silo de maíz en hasta un tercio en la dieta total resulta
una estrategia adecuada para corregir los desbalances otoñales del forraje,
mientras que el nivel de suplementación adecuado para cubrir deficiencias en la
oferta forrajera deberá definirse considerando la magnitud de las mismas y la
cantidad disponible de reservas para tal fin.
Desde
el punto de vista nutricional, no existen limitantes para incrementar los
niveles de silo en la dieta, pudiendo llegarse a transformarlo en la base de la
misma, sin resentir significativamente los niveles de productividad de carne.
IV.2.
Respuesta a la suplementación según categorías
Es
importante tener presente que la eficiencia con que los animales jóvenes
transforman el alimento en carne es superior a la de los animales adultos. Esto es especialmente válido cuando
consideramos la eficiencia de conversión de grano en carne.
Una
de las razones de esta diferencia está determinada por las distintas
necesidades de energía que tienen, para mantenimiento y producción, un animal
joven y otro adulto (Fig. 11).
Figura 11.- Necesidades de ENm y ENp, según
el peso vivo para ganar 500 g/día. Fuente: NRC, 1984.
En
dicha figura puede observarse que, para incrementar
Además
de la notable diferencia en requerimientos de energía para el mantenimiento
(ENm) se diferencian también en las necesidades de energía para la producción
(ENp). Los animales adultos deponen
mayor proporción de grasas (de mayor costo energético que el tejido muscular)
que los jóvenes.
Esta
diferencia en eficiencia no debe ser el único criterio para determinar qué
animales suplementar, pero debe considerarse al planificar una estrategia de
suplementación. Los kilos logrados
mediante suplementación en la recría resultan más económicos que los que se
logran en la terminación. Uniendo este
concepto a las variaciones estacionales de la calidad de las pasturas, un
programa de suplementación con granos a partir del destete en el otoño puede
resultar, como se verá más adelante, una práctica muy conveniente.
IV.3.
Algunas estrategias concretas de suplementación
Si
bien es conocido que en sistemas complejos y variables, como son las empresas
agrícologanaderas, resulta poco conveniente manejarse con "recetas"
rígidas, se proponen a continuación algunas pautas orientativas que pueden ser
útiles para definir un programa de suplementación en situaciones concretas y
frecuentes en los sistemas de producción de carne de la región.
IV.3.1
Suplementación durante el otoño en pasturas base alfalfa
La
problemática de las bajas ganancias de peso otoñales es un fenómeno bien identificado
por los productores de zonas ganaderas y tamberas de la pampa húmeda y las
regiones en que se utilizan recursos forrajeros de alta calidad bajo pastoreo
directo.
Como
es conocido, este fenómeno se caracteriza por una respuesta productiva inferior
a la que podría esperarse al considerar el volumen y la calidad aparente del
forraje ofrecido a los animales. La
magnitud de esta depresión productiva varía significativamente año a año,
dependiendo fundamentalmente de las condiciones climáticas imperantes.
En
nuestra región, sobre pasturas de alfalfa pura o consociada y sobre verdeos
invernales suelen detectarse las mayores diferencias entre las respuestas
esperadas y las que se obtienen en esta época del año.
Por
otra parte, otoños húmedos y cálidos, con lloviznas frecuentes y días nublados,
agudizan el problema notoriamente. Esto
último explica las diferencias entre años en cuanto a intensidad y duración del
fenómeno.
No
es extraño detectar condiciones similares a las "otoñales" a la
salida de inviernos poco rigurosos y húmedos.
Una
de las hipótesis más aceptadas para explicar este fenómeno se basa en ciertas
características nutricionales de los forrajes de alta calidad (pasturas de
alfalfa puras o consociadas, verdeos de invierno) en esta época del año.
Entre
ellas se encuentra el bajo contenido de MS (pastos aguachentos) y fibra, el
exceso de proteínas (particularmente de la fracción rápidamente fermentecible)
y bajos niveles de carbohidratos solubles.
Tales
desequilibraos en la composición química del forraje tienen consecuencias
digestivas y fisiológicas, que conducen al bajo desempeño de los animales, aún
sin mediar restricciones en la cantidad de forraje. Bajo estas condiciones, los animales
disminuyen el consumo, se observan sumidos y con síntomas de diarrea y tienen
aumentos de peso por debajo de lo esperado.
Esta
problemática ha sido estudiada desde el punto de vista nutricional,
obteniéndose resultados muy satisfactorios en la búsqueda de su corrección.
La
suplementación con grano solo o combinado con heno, según la severidad del
problema, resulta una de las alternativas más eficientes.
El
agregado de estos elementos a la dieta de forraje fresco eleva los niveles de
CHS a nivel de rumen, disminuye (por dilución) la ingesta total de la fracción
nitrogenada, mejora el consumo de MS y, por ende, permite incrementar las
ganancias individuales y por unidad de superficie.
Sobre
pasturas muy "aguachentas" o verdeos muy tiernos se han observados
buenos resultados con el agregado de heno a la dieta. En estos casos, el aporte de fibra permite
mejorar las condiciones de funcionamiento ruminal. El heno debe ser de buena calidad y puede
entregarse entero y a libre consumo en forma permanente o, de ser necesario,
picado junto con el grano. El suministro
de heno permite disminuir el grano a un 0,5% del p.v. animal/día.
En
los casos estudiados se lograron muy buenos niveles de conversión de suplemento
en carne durante el período otoñal, lo que resulta un buen indicio de la
conveniencia de la práctica.
Es
importante destacar que el análisis del resultado económico no debe limitarse a
la relación de precios grano/carne y la eficiencia de su transformación, sino
que debe considerar aspectos más globales, como la duración de la invernada, la
calidad de terminación, la época de venta, etc. que se logran con uno y otro
planteo de alimentación.
Sobre
pasturas de alfalfa pura o consociada se encontraron importantes variaciones
entre años en cuanto a la respuesta de los animales a la suplementación
correctiva.
Obviamente,
en otoños menos húmedos, el desempeño de los animales en las pasturas es mejor
y la respuesta a la suplementación menos importante. Como se mencionó, además
de la intensidad, varía también la duración del fenómeno. No obstante, en todos los años analizados, la
suplementación con granos resultó una práctica favorable y económicamente
conveniente.
En
el Cuadro 28 se muestran valores promedio de cuatro años de evaluación de
respuesta a la suplementación correctivo practicada durante el período
"otoñal" de los años
Cuadro 28.- Resultado de cuatro años de
suplementación correctiva con granos durante el otoño
Como
puede observarse, la duración e intensidad del problema fue variable entre años
y, en consecuencia, también lo fueron las respuestas.
No
obstante, los resultados de la suplementación fueron satisfactorios. Es importante destacar que una conversión de
6,8 (ECI) ó 5,7 (EC/ha) kg de grano en
Cuando
las condiciones de desequilibrio son más extremas, como sucede habitualmente
durante el primer pastoreo de verdeos de invierno muy productivos, sobre suelos
fértiles y con humedad suficiente, se recomienda incorporar heno. Este debe ser de buena calidad (no menos del
62-65% de digestibilidad) a fin de no restringir el consumo total de nutrientes
y afectar así el ritmo de engorde de la invernada. Como ya se mencionó y en caso de resultar
factible, se recomienda optar por henos más "energéticos" que
"proteicos", dadas las características de los desequilibrios. El heno puede entregarse entero y a voluntad,
pues en estas condiciones los animales regularán su consumo en alrededor del
IV.3.2. Suplementación permanente sobre pasturas base
alfalfa
La
suplementación energética puede ser una herramienta adecuada para intensificar
en forma económica la producción de carne sobre pasturas de alta calidad. No obstante, cuando la relación de precios
entre granos y carne no es favorable, es necesario buscar la máxima eficiencia
de transformación, para asegurar el beneficio económico de la práctica.
Con
tal objetivo, y considerando aspectos ya discutidos, como la eficiencia de
transformación de alimento en carne según edades, los desequilibraos
estacionales en calidad del forraje, los niveles de suplementación y la
respuesta lograda, etc., se propone una estrategia de suplementación para
planteos de invernada corta y sobre pasturas de alta calidad.
Básicamente,
se trata de suplementar con bajos niveles de grano (0,7% del p.v. animal/día)
desde el inicio de la invernada, especialmente en los planteos de ingreso
otoñal de los animales, hasta prácticamente la finalización del ciclo. Eventualmente, podrá incorporarse heno de
buena calidad en el período invernal, para cubrir deficiencias en la cantidad
de forraje disponible.
Esta
alternativa ha sido evaluada satisfactoriamente en el área de la EEA Marcos
Juárez y fue comparada con un modelo de invernada corta (de 12 meses) puramente
pastoril y de buen nivel de productividad.
El
fundamento de esta estrategia es mejorar la respuesta individual de la
invernada durante el período otoño invernal, en base a una corrección de los
desequilibraos estacionales de la pastura y a la alta eficiencia de
transformación de alimento en carne de los animales durante la recría.
El
suplemento mejora, además, la oferta total de nutrientes durante el
"bache" invernal.
Durante
la primavera, en cambio, se logra un incremento en la productividad como
consecuencia del incremento en la receptividad de la pastura producido por una
alta sustitución en el consumo de forraje por el consumo de granos.
La
Fig. 12 presenta una gráfica típica del nivel de conversión individual (ECi) de
los animales suplementados durante todo el ciclo.
Figura 12.- Evolución del ECi grano-carne, durante un ciclo. Fuente: EEA Marcos Juárez, 1992.
Como
es de esperar, los mejores índices de transformación de grano en carne se
obtienen durante el otoño y el invierno.
En la primavera predomina un efecto de sustitución en consumo de forraje
por el consumo de grano (Fig. 13).
Figura 13.- Consumo de dieta base y suplemento según época.
La
evolución del peso vivo promedio se diferenció en los grupos comparados, donde
los animales suplementados alcanzaron el peso y estado de terminación durante
diciembre, mientras que el grupo sin suplemento lo hizo en marzo del año
siguiente.
En
el Cuadro 29 se presentan los datos que resumen los resultados de ambas
alternativas.
Cuadro 29.- Datos comparativos de los tratamientos.
Si
bien estos indicadores corresponden a la evaluación realizada en 1994, resultan
muy consistentes con lo logrado en años anteriores. En forma sintética y en base a información
obtenida en diferentes años y condiciones, puede concluirse que una estrategia
de suplementación de este tipo resulta adecuada como herramienta de
intensificación de la producción.
Una
conversión de grano en carne por unidad de superficie (EC/ha) de 6,7:1, sumada
al acortamiento en aproximadamente tres meses del ciclo de invernada y a la
mayor expectativa de precio de venta de diciembre en relación a marzo
(invernada clásica), ofrecen un marco de factibilidad económica para la
práctica.
Se
sugiere que, como criterios de decisión respecto del nivel de suplementación,
el momento de interrupción de la misma y el manejo de la carga animal, deberían
considerarse también factores más generales como las condiciones de la pastura,
el peso vivo, el estado de la tropa y las relaciones de precio grano/carne
prevalecientes en el período.
IV.3.3. Suplementación sobre verdeos de invierno
En
el centro sur de la provincia de Córdoba y la región pampeana en general, donde
predominan inviernos secos con heladas frecuentes e intensas, los verdeos
invernales son un eslabón imprescindible en la cadena forrajera para los
establecimientos dedicados a invernada y tambo.
Estos
recursos forrajeros, bien manejados y cosechados en forma directa por el
animal, pueden cubrir gran parte de los requerimientos energéticos y proteicos
para sustentar buenos desempeños productivos.
Sin
embargo, en algunos momentos del ciclo productivo, su utilización como único
recurso alimenticio puede dar lugar a desbalances en la composición de la dieta,
que comprometen el potencial productivo de los animales.
Estos
desbalances responden completamente a los ya descriptos como “otoñales” en el
caso de las pasturas perennes.
En
especial durante el primer aprovechamiento, los verdeos de invierno suelen
generar restricciones productivas más severas que las que se presentan sobre
pasturas con base de alfalfa durante el otoño, pues los desequilibrios en sus
componentes son aún más marcados.
Por
otra parte, los verdeos de invierno tienen, en general, una curva de producción
de forraje caracterizada por un alto rendimiento en su primer crecimiento,
equivalente al 50% o más de su producción total.
Esto
determina una dificultad para su adecuado aprovechamiento, sobre todo cuando se
necesita mantener una determinada dotación de animales durante el mayor período
de aprovechamiento posible.
Considerando,
entonces, la gran variabilidad en producción y calidad de forraje que presentan
estas especies, se propone una suplementación combinada de heno y grano, como
alternativa adecuada para balancear las deficiencias cualitativas o
cuantitativas de la dieta base y aumentar su eficiencia de utilización.
Este
esquema de suplementación que se propone está basado en el suministro diario de
una cantidad, equivalente a 0,5% del p.v. animal/día, de heno entero, de buena
calidad, junto con una cantidad equivalente de grano que reciben los animales a
lo largo de todo el período que permanecen en el pastoreo de los verdeos de
invierno.
El
objetivo del presente esquema es lograr corregir las deficiencias, tanto de
energía como de fibra que normalmente suelen producirse durante el primer
pastoreo y, al mismo tiempo, poder elevar el valor energético de la dieta total
en los pastoreos posteriores, que, en general, están caracterizados por una
sensible disminución de la producción de forraje.
En
la Fig. 14 se observa un comportamiento típico de la ganancia diaria (AMD) de
animales que reciben este tipo de suplemento, en comparación con la evolución
de la AMD de animales que pastorean los verdeos invernales de manera exclusiva.
Figura 14.- AMD de novillos sobre verdeos con
y sin suplementación
Estos
resultados, obtenidos durante el año 1994 en la EEA Marcos Juárez, permiten
contrastar la estabilidad en el ritmo de engorde de los animales que consumen
el suplemento con la irregularidad del desempeño de los animales que no lo
reciben.
En
el Cuadro 30 se muestran los resultados generales de productividad individual y
por unidad de superficie de ambos esquemas.
Cuadro 30.-
Indicadores de respuesta individual y productividad.
Estos
datos, que corresponden al mismo trabajo de la Fig. 14, resultan muy
representativos del comportamiento encontrado en los años anteriores, en otros
trabajos de similares características.
En
todos los casos, durante el primer pastoreo prevalece una respuesta de adición
del suplemento a la dieta base, determinada por limitaciones en la calidad del
forraje.
Durante
el segundo y tercer pastoreo también se observa un efecto predominante aditivo,
pero determinado en estos casos por una disminución de la cantidad del forraje
disponible.
Globalmente,
estos resultados indican una importante respuesta individual al suministro de
suplementación, que se traduce en buenos incrementos de la productividad por
unidad de superficie.
Es
interesante destacar que la conversión de
Si
transformamos el heno, según su costo de producción, en grano de maíz,
lograríamos una estimación económica rápida de la eficiencia de conversión del
suplemento en carne.
En
términos de costos, esta relación se aproxima al equivalente de
Este
valor asegura la factibilidad económica de la práctica. La misma, por otra parte, permite mantener
buenas ganancias de peso durante el invierno, con un mejor ajuste de la
planificación forrajera del sistema de producción y sin resentir el ritmo de
engorde de las invernadas.
IV.4.
Bibliografía recomendada
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