Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad de Agronomía y
Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de
Córdoba, República Argentina
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pastoril o a campo
Andrés
M. Kloster, Néstor J. Latimori, Miguel A. Amigone, Arturo R. Arano, Carlos
Ghida Daza. 1997. Invernada bovina
en
zonas mixtas. Agro 2 de Córdoba. Capítulo VII: 165-180. INTA, Centro
Regional Córdoba, EEA Marcos Juárez.
VII.1.
Introducción
Los
sistemas de producción de carne de la región pampeana necesitan un proceso de
transformación e intensificación que coloque la ganadería en un nivel de
rentabilidad suficientemente atractivo para permitir el sostenimiento de la
actividad en un contexto de competencia con la producción de granos.
Desde
el punto de vista tecnológico-productivo, resulta prioritario desarrollar
alternativas que permitan la producción de carne en forma sustentable y
rentable para el productor y por otro lado lograr suficientes volúmenes de
producción para satisfacer las demandas en cantidad y calidad del consumo
interno y el sector de exportación.
VII.2.
El estancamiento de los sistemas pastoriles puros de buena productividad
En
la actualidad, la brecha entre los promedios zonales o regionales de
productividad de carne y los niveles obtenidos en Unidades Demostrativas y
establecimientos "de punta" es todavía notable.
Bajo
este enfoque, la transferencia y adopción de tecnologías probadas y de uso
habitual por parte de un gran número de
productores
podría redundar en un importante estrechamiento de esta franja.
No
obstante, también es un hecho evidente que, aún en las empresas consideradas de
punta, la productividad está lejos de alcanzar el potencial biológico que surge
de la calidad y aptitud de los suelos en que la actividad se desarrolla y la
producción de forraje actual de sus praderas.
Estos
sistemas, que han realizado una importante incorporación de tecnología en los
últimos años (alfalfas y verdeos mejorados, pastoreo rotativo, aceptable
control de plagas y malezas, manejo de la carga animal, etc.) siguen
manejándose en forma exclusivamente pastoril, con características
semiextensivas, escaso control del pastoreo, uso ocasional de suplementos y
relativamente bajo insumo de mano de obra.
Al
estudiar la evolución de los índices físicos y económicos de estas empresas
surge que, aparentemente, se ha alcanzado un "techo productivo"
difícil de perforar con el nivel de tecnología e insumos aplicados. Como ejemplo, en la Fig. 29 se presenta la
evolución de la productividad, la carga animal y el aumento medio diario (AMD)
en un establecimiento manejado dentro de esta modalidad, entre 1988 y 1994.
Figura 29.- Carga animal, AMD y Productividad
de una invernada pastoril de buena productividad.
En
este caso puede observarse que los incrementos de carga no se reflejaron en
mayor productividad, básicamente porque no pudo sostenerse el aumento de peso
diario individual de los ciclos anteriores.
Situaciones como esta son bastante frecuentes al intentar aumentos de
carga luego de una etapa de consolidación de la producción forrajera.
En
estos esquemas, los AMD se encuentran fuertemente condicionados por las
restricciones de calidad y cantidad que la oferta forrajera sufre durante la
mayor parte del año.
En
otoño, los desbalances en la composición del forraje (calidad) son la causa de
bajos desempeños productivos, mientras que en invierno la principal limitante
es de cantidad, pudiendo coexistir en verano ambas deficiencias.
Durante
la primavera es relativamente fácil lograr ganancias de 800-900 g/día cuando la
oferta y calidad del forraje se aproxima a la óptima. A esto puede contribuir, en alguna medida, un
aumento compensatorio tras eventuales restricciones invernales.
Es
así que, trabajando con biotipos británicos, deben lograrse AMD de al menos 500
g/día de promedio anual, para conseguir invernadas de un año de duración. Fijar como meta una ganancia de peso de esta
magnitud o superior, posibilita terminar y vender los animales en los momentos
programados, permitiendo su reposición al cabo de un ciclo de producción anual.
A
su vez, esto asegurará una alta eficiencia de stock que es otro de los
indicadores que definen la eficiencia biológica del sistema.
Los
establecimientos con estas características productivas se encuadran dentro del
promedio de aquello que hoy se conoce como empresas "de punta", cuyos
índices físicos y económicos se resumen en los Cuadros 36 y 37, bajo el título de invernada pastoril.
Como
se demuestra, dichos niveles resultan insuficientes para asegurar una
competitividad adecuada con la agricultura, dentro de los esquemas mixtos de
producción agropecuaria.
Por
esta razón, se trabaja en el desarrollo de tecnologías que permitan lograr,
dentro de esquemas pastoriles y sostenibles, modelos de mayor eficiencia física
y económica, que puedan incorporarse a los esquemas productivos existentes.
VII.3.
Bases para una invernada de alta productividad sobre pasturas de alta calidad
Los
mayores cambios registrados en los últimos años por los sistemas de invernada
de punta que incrementaron notablemente su productividad corresponden al
componente alimentación.
Partiendo
de planteos pastoriles extensivos, basados casi exclusivamente en el uso de
pasturas perennes y verdeos, dichos establecimientos fueron incorporando o
aumentando la participación en la dieta de otros ingredientes, como granos y
forrajes conservados en forma de henos y silajes de calidad.
Estos
cambios fueron un complemento decisivo para incrementar la carga anual promedio
y, así, traducir en resultados concretos la creciente concientización sobre el
potencial del recurso pasto y la necesidad de su eficiente aprovechamiento.
La
productividad de un sistema de invernada es la resultante de diversos factores
fuertemente interrelacionados, sobre los cuales es necesario operar a través de
un ajustado manejo.
Para
los esquemas que se describen, los factores más importantes se resumen en el
Cuadro 35.
Cuadro 35.- Factores determinantes de una
alta productividad en las invernadas.
Una
ganadería de alta productividad impone una articulación de los recursos
alimenticios que atenúe al máximo las diferencias estacionales en el
crecimiento de las pasturas.
La
planificación de una cadena forrajera, el manejo del pastoreo y la aplicación
de prácticas como la confección de reservas de calidad, el manejo de la carga y
la suplementación constituyen las principales herramientas que dispone el
productor para compatibilizar la oferta con la demanda de nutrientes de las
distintas categorías productivas.
En
este marco, la suplementación estratégica con granos, como se discutió en el
capítulo correspondiente, puede realizar un importante aporte a dicho
propósito, si se aplica dentro de un esquema planificado y ajustado.
Los
objetivos de esta técnica pueden ser diferentes dependiendo, entre otros
factores, del sistema productivo, la receptividad de las pasturas, la época del
año y la categoría de animales a suplementar.
No
obstante, dentro de un planteo de alta carga que pretenda mantener buenas
ganancias individuales, dichos objetivos pueden resumiese en:
·
Balancear deficiencias cualitativas de la base forrajera.
·
Contribuir a sostener una alta carga invernal.
Las
pasturas cultivadas templadas, cuando son bien manejadas bajo pastoreo directo,
son capaces de cubrir gran parte de los requerimientos energéticos y proteicos
de un rodeo de animales con adecuado desempeño productivo.
Sin
embargo, en determinados momentos del año, como el otoño y, en menor medida, el
invierno, suelen producirse desbalances en la proporción de ciertos componentes
del forraje que determinan, como consecuencia, una baja performance animal,
considerando la buena "calidad aparente" del forraje, valorado según
los indicadores de uso habitual.
Ciertas
particularidades intrínsecas de los forrajes de crecimiento otoñal (bajo
contenido de MS y de carbohidratos solubles; elevado contenido de PB fácilmente
degradable) se detectan con consistente repetitividad entre distintos años,
otorgando buena seguridad de respuesta a la suplementación estratégica con
granos en dicho período.
En
esta situación forrajera, el complemento de dietas pastoriles con ingredientes
energéticos concentrados le otorga a la suplementación un rol
"balanceador" de las deficiencias o excesos de la dieta base.
Desde
el punto de vista de la maximización de la cosecha de forraje, en invierno, la
suplementación cumple, además del anteriormente planteado, otro rol de gran
importancia, como es el de elevar la receptividad de las pasturas. Junto con el heno de calidad, el suministro
de grano permite sostener una alta carga invernal y, de este modo, ingresar a
la primavera con una dotación de animales que posibilite una buena eficiencia
de cosecha de forraje en la época que éste alcanza su mayor velocidad de
crecimiento.
VII.3.1.
Descripción de dos sistemas de invernada de alta productividad
La
Fig. 30 presenta dos planteos de intensificación de la invernada sobre
pasturas. El primero consiste en una
invernada de machos de ingreso otoñal, combinado con una compra adicional de
vaquillonas a fines de invierno. El restante representa una invernada de
machos, adquiridos en otoño en una tanda única.
Figura 30.- Esquema general de los modelos.
Carga mensual (cab/ha) por categoría
En
ambas casos, la base forrajera comprende pasturas mezcla de alfalfa (Grupo 8 ó
9 de latencia) y gramíneas, cuyo componente principal es festuca. El manejo del pastoreo consiste en la
aplicación de un sistema rotativo de 6 parcelas, con un período de ocupación de
7 días y 35 de descanso. En primavera
avanzada y verano, el descanso entre pastoreos se reduce a 28 días.
La
suplementación se realiza con grano de maíz quebrado, al 0,7% del peso
vivo. El suministro se inicia con el
ingreso de la tropa en marzo-abril y se abandona en forma gradual,
aproximadamente a mediados de octubre, poco antes de¡ pico de producción de
forraje. Durante el período invernal
también se entrega un bajo porcentaje de la dieta en forma de heno de buena
calidad, confeccionado con excedentes de la pastura.
En
la Fig. 31 se esquematiza la base forrajera empleada en el cálculo del balance
forrajero de los modelos presentados.
Figura 31.- Oferta de forraje mensual. Disponibilidad de la pastura y requerimientos mensuales de MS
En
barras, se grafica la oferta forrajera mensual y la oferta cosechable mensual,
asumiendo un 70% de utilización.
Para
un área de pastura dada, normalmente esta oferta no coincide con la
disponibilidad de MS medida a la entrada de una parcela, puesto que con el pastoreo
rotativo descripto, dicha biomasa necesita un ciclo de 42 días para acumularse
y no solamente 30.
Por
lo tanto, si llevamos la oferta de MS a una base mensual, la disponibilidad de
forraje a la entrada de una parcela debe ser necesariamente mayor.
En
la misma figura, esta última aparece en trazado lineal, al igual que la
disponibilidad promedio de dos lotes sometidos al manejo descripto.
VII.3.2.
Invernada corta de machos y hembras
En
el caso del presente planteo, los novillitos ingresan en el período marzo-abril
y se venden, en tandas de proporción creciente, a fines de los meses de
octubre, noviembre, diciembre, enero y febrero.
Las
vaquillonas, por su parte, se adquieren aprovechando una relación favorable de
precio gordo/flaco a fines de agosto y se comercializan en otoño del año
siguiente.
En
la Fig. 32 se muestra el balance energético (EV/ha), confrontando los aportes
realizados por la pastura y los de la suplementación con los requerimientos de
ambas categorías a lo largo del año.
Figura 32.- Invernada de machos y hembras. Balance energético (EV/ha)
Para
la pastura, se consideró un 70% de eficiencia de cosecha global y un 70% de
digestibilidad promedio del forraje consumido.
Por
su parte, en la Fig. 33 se puede observar el AMD de ambas categorías en las
distintas épocas del año.
Figura 33.- Evolución del peso vivo y del AMD
Este
modelo, con pequeñas variantes, se está implementando como subsistema de
invernada en la Unidad Demostrativa agrícola-ganadera de la EEA M. Juárez. En la actualidad, el mismo se encuentra en un
período de ajuste, con buena productividad, aunque todavía sin alcanzar los
niveles esperados para la etapa de estabilización.
VII.3.3.
Invernada corta de machos
Se
trata de un esquema más convencional, basado en una invernada corta de terneros
británicos de ingreso otoñal y venta escalonada durante el verano, hasta el
otoño.
El
ciclo se inicia a fines de marzo o principios de abril con una carga de 5,3
cabezas/ha y las primeras ventas se realizan a fines de diciembre, para
finalizar en el mes de marzo.
Corno
la dotación invernal es algo mayor que la del esquema anterior, las necesidades
de heno son ligeramente más altas, mientras que las ventas guardan cierto
retardo con respecto al planteo de machos y hembras, a fin de no descargar el
campo a fines del verano.
En
la Fig. 34 puede apreciarse el balance energético, confrontando los aportes de
la pastura y el suplemento con los requerimientos de los animales.
Figura 34.- Invernada de machos. Balance energético mensual (EV/ha).
Para
la pastura también se consideró 70 % de eficiencia de cosecha global y 70% de
digestibilidad promedio del forraje consumido.
El AMD es, en principio, similar al de los novillitos del esquema de
machos y hembras (Fig. 33).
En
el Cuadro 36 se presentan los indicadores físicos de un sistema de invernada
mejorado pastoril, comparado con los dos sistemas de invernada de alta
productividad analizados y en el Cuadro 37 se describen los indicadores
económicos de los sistemas.
Cuadro 36.- Índices de tres sistemas de
invernada
Cuadro 37.- Índices económicos.
Del
Cuadro 37 surge que, aún considerando el costo de oportunidad del maíz, el MB
del modelo de machos y hembras con suplementación supera al pastoril en 66% en tanto
que la invernada de machos con suplementación lo hace en 37%. El detalle de la estructura de costos se
muestra en el Anexo.
En
el Cuadro 38 se presenta un análisis de sensibilidad de las principales
variables (precios del novillo y del maíz) en un rango fijado según las
variaciones mensuales de precios en el quinquenio 1991/95. Para simplificar el análisis se consideró
idéntica variación en el precio del novillo y del ternero.
Cuadro 38.- Sensibilidad del resultado económico (margen bruto en $/HaG)
De
este análisis surge que la implementación de un correcto programa de
suplementación genera resultados altamente positivos, salvo bajo relaciones de
precios grano/carne extremadamente desfavorables.
Las
descripciones realizadas constituyen apenas un par de ejemplos de las
modalidades que puede adquirir la actividad de invernada por combinación de las
múltiples variables que determinan su nivel de productividad, tipo de producto
final y rentabilidad.
En
estos casos, se trata de planteos insertos en una rotación agrícola-ganadera,
donde se asume una fuerte competencia con la agricultura por el uso del suelo.
Por
esta razón, no se considera la utilización de verdeos de invierno, entendiendo
que la producción de las pasturas, las reservas y el suplemento son capaces de
cubrir los requerimientos en dicha estación.
La
adecuación de estos planteos a ambientes más marginales seguramente exigirá la
inclusión de cierta proporción de recursos anuales en la cadena forrajera.
También
existe un margen de flexibilidad en cuanto a la naturaleza del suplemento
otoño-invernal. Durante el otoño, los
granos, por su disponibilidad y respuesta biológica, resultan la opción
recomendada.
En
cambio, en invierno, cuando el suplemento es también un "sostenedor de
carga", otras alternativas más voluminosas y con muy buena concentración
energética, como los silos de maíz o sorgo, además de determinados subproductos
industriales o residuos de cosecha, podrían tener una participación en la
ración seca, para intentar disminuir sus costos.
La
suspensión del suplemento al comienzo de la primavera es una decisión central
para el buen resultado económico de la práctica, especialmente en años que las
relaciones de precios grano-carne son muy ajustadas.
Tal
como fue discutido oportunamente, las mejores respuestas individuales a la
suplementación energética se obtienen cuando la dieta base presenta sus mayores
deficiencias en cantidad o calidad (efecto aditivo), es decir en
otoño-invierno.
Por
otra parte, durante la primavera el forraje bien utilizado tiene una alta
concentración energética y equilibrio de nutrientes, razón por la cual los
animales no muestran grandes mejoras en AMD al recibir el suplemento (efecto de
sustitución).
De
acuerdo con estos conceptos, la suplementación debe suspenderse cuando comienza
a predominar el efecto de sustitución por sobre el de adición. Si bien en nuestra región esta situación se
presenta generalmente en setiembre-octubre, hay importantes variaciones entre
años.
Desde
un punto de vista práctico, esta toma de decisión podría acompañarse de algunos
elementos de ayuda, como el estado de la tropa, el ritmo de AMD, indicadores de
calidad del forraje, etc.
Como
surge de los indicadores físicos y económicos presentados, instrumentar un
planteo de intensificación de una invernada de base pastoril no sólo aumenta
sus productividad sino que también redunda en mayor rentabilidad.
Esta
relación positiva entre productividad y rentabilidad que surge de la aplicación
de tecnologías que, en principio, demandan mayores insumos se verifica en un
rango importante de situaciones y es una razón de peso importante para avanzar
en la consolidación de sistemas más productivos, rentables y eficientes.
No
obstante lo dicho anteriormente, es conveniente puntualizar que la relación
productividad/beneficio es de naturaleza bastante general y, por lo tanto, es
necesario que sea manejada con cuidado al seleccionar, para cada empresa
particular, las opciones tecnológicas que combinen de la mejor manera posible
los factores determinantes de su productividad.
VII.4.
Bibliografía recomendada
GHIDA DAZA, C. 1996.
Evolución de resultados económicos en sistemas de invernada vacuna. EEA INTA Marcos Juárez. Información para Extensión Nº 36. 11 pp.
GALLI, I. O.; HOFER, C. C. y MONGE, A. R. 1995. Intensificación de la producción de
carne. Amenazas y oportunidades
(Conferencia). Revista Argentina de
Producción Animal. Vol. 15. Sup. 1:75-84.
HERRMANN, E. y PEREDA, E. 1993. Impacto de factores comerciales
y productivos sobre la rentabilidad de la invernada de compra. Revista Argentina de Producción Animal 13:
69-81.
KLOSTER, A. M.; LATIMORI, N. J. y AMIGONE, M. A.
1992. Suplementación invernal sobre
pasturas perennes de calidad. Gaceta
Agronómica. Vol. 10 (65) 21-26.
LATIMORI, N. J.; KLOSTER, A. M. y AMIGONE, M. A.
1995. Dos alternativas de suplementación
energética en invernada sobre pasturas perennes de alta calidad. EEA INTA Marcos Juárez. Informe Técnico Nº 115. 9 pp.
LATIMORI, N. J.; KLOSTER, A. M. y USTARROZ, E.
1994. Producción de carne bovina en el
centro sur de Córdoba. Situación actual
y perspectivas tecnológicas. EEA INTA
Marcos Juárez. Información para
Extensión Nº 12. 14 pp.
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