César Lázaro D.1,
Fernando Carcelén C.2, Marlon Torres A.2 y Miguel Ara G.3. 2007.
Asociación Argentina Cabañeros de Porcinos
1 Práctica Privada
2 Lab. de Bioquímica,
Nutrición y Alimentación, FMV-UNMSM.
3 Ctro. de Investigaciones
IVITA, FMV-UNMSM.
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INTRODUCCIÓN
Los lechones al
nacer quedan expuestos a los microorganismos del ambiente que les rodea y,
además, entran en contacto con las heces maternas que contienen bacterias que
colonizan su tracto digestivo. Estas bacterias buscan un nicho adecuado, donde
compiten e interaccionan entre sí, constituyendo finalmente una población
relativamente estable y compleja que representa la microflora intestinal normal
del lechón. No obstante, esta estabilidad puede ser alterada por cambios
dietéticos o ambientales importantes (Radecki y Yokoyama, 1991; Conway, 1994;
Jensen, 1998).
En el tracto
gastrointestinal se encuentra normalmente un gran número de especies de
bacterias comensales y patógenas; sin embargo, cuando se incrementa la cantidad
de microorganismos patógenos se pueden producir alteraciones de la salud y
muerte (Camacho, 1999).
Las
principales formas de control de enfermedades entéricas se basan en el uso de
antibióticos vía alimento; no obstante, su uso prolongado puede generar resistencia
en cierto tipo de bacterias patógenas. Esto no sólo reduce el número de
antimicrobianos disponibles en la industria para el control de infecciones
bacterianas, sino que esta resistencia incrementa el riesgo para la salud
humana (Mathew et al., 1998; Sala, 1992).
Los problemas
entéricos, especialmente en lechones, son una de las principales causas de
pérdidas económicas en la industria porcina. La totalidad de las granjas
porcinas utiliza antibióticos de manera terapéutica y subterapéutica para controlar
estos problemas, pero se debe incidir en la búsqueda de otros aditivos, que
ofrezcan mejores o similares beneficios que los antibióticos y que a su vez no
sean perjudiciales para los animales ni el hombre (Close, 2000; Sala, 1992).
Los
probióticos han sido señalados como posibles reemplazos de los antibióticos.
Estos han sido definidos como microorganismos vivos que ejercen un efecto
benéfico para el tracto intestinal del hospedero, manteniendo y reforzando los
mecanismos de defensa ante patógenos sin perturbar las funciones fisiológicas y
bioquímicas normales (Fuller, 1989).
Debido a esto, se planteó el presente estudio
para evaluar el efecto de la suplementación de probióticos a marranas antes del
parto y durante la lactación sobre la ganancia de peso de las marranas, el
incremento en el consumo de alimento durante la lactación, el aumento de peso
de los lechones al nacimiento y destete, y la disminución de la mortalidad y
morbilidad debida a problemas entéricos.

MATERIALES Y MÉTODOS
El estudio se
realizó en una granja porcina tecnificada ubicada en el valle del río Lurín,
Lima, en el verano, durante 9 semanas. Se tuvo una temperatura ambiental máxima
de 30.2º C y mínima de 21.8º C .
Se utilizaron
50 marranas de 3 a 5 partos en el último tercio de gestación, las cuales fueron
divididas al azar en dos grupos de 25 animales cada uno: Probiótico y
Testigo. Ambos grupos permanecieron en el galpón de gestación hasta una
semana antes de la fecha de parto donde pasaron a la sala de maternidad.
La
alimentación de las marranas durante la última fase de la gestación fue de la siguiente
manera:
♦
Grupo
probiótico: Ración de marranas
gestantes (MG) restringida (2-3 kg/día) dos veces al día por un periodo
aproximado de 21 días. Se suplementó con los probióticos Saccharomyces
cerevisiae (12 x 109 CFU/g de excipiente), Bacillus
subtilis (15 x 1010 CFU/g) y Bacillus coagulans
(15 x 1010 CFU/g).
♦
Grupo
testigo: Ración similar al
grupo anterior pero sin la adición de probióticos.
Luego del
parto, las marranas y los lechones permanecieron en las salas de maternidad con
la alimentación siguiente:
♦
Grupo
probiótico: Alimentación ad
libitum con ración de marranas lactantes (ML) sin antibiótico y suplementada
con los probióticos Saccharomyces cerevisiae (12 x 109
CFU/g), Bacillus subtilis (15 x 1010
CFU/g) y Bacillus coagulans (15 x 1010 CFU/g) durante
toda la etapa de lactación.
♦
Grupo
testigo: Ración similar al
grupo anterior pero sin la adición de probióticos.
♦
La mezcla
del producto se realizó en la granja al momento de la preparación del alimento,
y se usó a razón de 2 kg por TN de alimento.
En la segunda
etapa, las marranas comenzaron comiendo 1 kg/día y aumentaron de manera gradual
hasta alcanzar los 7 kg/día.
El alimento
sobrante fue pesado al final del día para tener un registro del consumo real.
El manejo de
los lechones fue el utilizado rutinariamente en la granja. Los lechones fueron
pesados al nacer y se hizo una segunda pesada dentro de las primeras 48 horas
de vida para homogenizar el peso de los grupos, buscando que ambos lotes
tuvieran un promedio similar en peso de camada y un mismo número de lechones.
Se respetó el intercambio de lechones dentro del mismo grupo y los lechones
excedentes fueron retirados y distribuidos con otras marranas que no estaban
relacionadas con los tratamientos indicados. Los lechones fueron pesados al
destete (20-21 días) por tercera y última vez.
Se empleó la
prueba de ANOVA en el análisis de los datos de peso de los lechones al
nacimiento, de la ganancia de peso de los lechones desde la homogenización
hasta el destete y del consumo de alimento de las marranas durante la
lactación. Los datos de mortalidad y morbilidad en lechones fueron evaluados
con la prueba de Chi cuadrado. En el análisis de la variable peso de lechones
al nacimiento se empleó un modelo de covarianza, ya que se detectó una pequeña pero
significativa correlación entre tamaño de camada y peso de lechones al
nacimiento.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Tamaño de
camada y peso al nacimiento Se encontró diferencia estadística significativa
(p<0.05) a favor del grupo probiótico en el peso al nacimiento (Cuadro 1),
tanto en el peso sin corregir como en el peso corregido por tamaño de camada.
El peso tuvo que ser corregido al detectarse una correlación significativa
entre el tamaño de la camada y el peso promedio de los lechones al nacimiento.
En otro estudio utilizando un suplemento seco de levaduras (Saccharomyces
cerevisiae) en marranas no se encontraron diferencias significativas en
el peso de la camada al nacimiento (Jurgens et al., 1997).
La dieta de
la cerda gestante tiene influencia directa sobre el desarrollo del feto.
En las
marranas ocurre un fenómeno llamado anabolismo gestacional por el cual una
cerda preñada saca más ventaja de los alimentos que una cerda vacía,
consiguiendo ganar peso durante la gestación y guardar energía, proteína, vitaminas
y minerales para la fase lactante, y de esa forma la pérdida de peso en la
lactación será proporcional con el peso ganado durante la gestación (Salmon,
1962).
|
Cuadro 1. Tamaño de camada y peso al nacimiento de lechones
provenientes de marranas con y sin suplementación de probióticos durante las
tres semanas previas al parto |
|||||||
|
Tratamientos |
Lechones |
Lechones por camada (n) |
Peso de camada (Kg.) |
Peso por |
Significancia |
||
|
Total de nacidos |
Nacidos vivos |
Real |
Corregida1 |
||||
|
Probiótico |
288 |
285 |
11.5 |
16.9 |
1.47 |
0.0246* |
0.0436* |
|
Testigo |
299 |
292 |
12.0 |
16.2 |
1.35 |
|
|
|
1
Por tamaño de camada * (p<0.05) |
|||||||
Estas afirmaciones
llevarían a suponer que la cerda debería ser sobrealimentada en la gestación
para que pueda soportar mejor la lactación; sin embargo, hoy en día se sugiere
usar raciones con más nutrientes (de lactación o preparto) que aumentar la
cantidad de ración durante el final de gestación. En el presente trabajo se
suministró la misma ración de marranas gestantes a los dos grupos, lo cual
indicaría que el probiótico influyó en un mejor peso de los lechones al
nacimiento.
Las marranas del grupo probiótico consumieron 4.25 kg de alimento por día durante la lactación, en tanto que las marranas del grupo testigo consumieron 4.45 kg/día, no habiendo diferencia estadística significativa (p>0.05) entre grupos. Estos resultados son similares a los obtenidos por Pichilingue (1994) quien concluyó que la administración de cultivos de levaduras (Saccharomyces cereviciae) 30 días antes del parto y durante la lactación no incrementó el consumo de alimento durante la lactación.
La temperatura ambiental en la sala de maternidad estuvo entre los 21 y 31 º C, valores superiores a los recomendados. La temperatura ideal para las cerdas es de 18 a 25º C y es, sin duda, uno de los factores más importantes que causa la reducción en el consumo de ración. La marrana nota los cambios termales a través de los receptores nerviosos localizados en la piel y en el cerebro.
Cuando éstos son activados, estimulan a la hipófisis que secreta ACTH, la cual estimula las glándulas suprarenales para la liberación de adrenalina y noradrenalina. Estas sustancias son responsables por las alteraciones físicas y metabólicas indispensables para mantener la temperatura corporal constante. En un momento de estrés calórico, hay una elevación de adrenalina y una disminución de noradrenalina causando un aumento del flujo de sangre en la piel y reducción del flujo sanguíneo en los órganos internos. Este flujo reducido de sangre visceral perjudica la digestión de los alimentos y la generación de energía para los procesos productivos como ganancia de peso y producción leche (Black et al.,1993).
Los lechones del grupo probiótico tuvieron una ganancia de peso desde la homogenización hasta el destete de 3.43 kg y los del grupo testigo de 3.80 kg, no habiendo diferencia significativa entre grupos (p>0.05).
La literatura señala resultados contradictorios sobre la ganancia de peso con el uso de probióticos (Jurgens et al., 1997; Pichilingue, 1994). Sin embargo, en esos estudios, la administración y composición de los probióticos (Saccharomyces cereviciae y bacterias ácido lácticas) fueron diferentes a las usadas en este trabajo.
En el grupo testigo murieron 10 lechones (3.6%) y en el grupo probiótico murieron 7 (2.5%). De allí, el número de lechones muerto por diarreas fue de 3 y 1, y por desnutrición fue de 5 y 1 en los grupos testigo y probiótico, respectivamente, no habiendo diferencia estadística entre grupos (p>0.05).
Al analizar en conjunto los desórdenes gastrointestinales (desnutrición y problemas diarreicos) se tuvo que el grupo testigo tuvo 8 lechones afectados, a diferencia del grupo probiótico donde ocurrió en 2 lechones, siendo estos valores casi significativos (p= 0.054).
Pichilingue (1994) encontró diferencias significativas en la ocurrencia de muertes debidas a desórdenes gastroentéricos y diarreas entre el grupo testigo y el de probióticos, pero hay que considerar que en ese trabajo se suplementó el probiótico de manera directa a los lechones.
La disminución de la mortalidad, la incidencia de diarreas y la presencia de E. coli en las heces ha sido observada en cerdos en crecimiento alimentados con dietas que contenían Bacillus sp. (Bonomi, 1992; Succi et al., 1995; Adami et al., 1997).
Los casos de morbilidad en lechones incluyeron aquellos que presentaron algún problema digestivo y alcanzaron el destete. En el grupo probiótico se registró la ocurrencia de 3 casos de diarrea y en el grupo testigo de 16 casos (p<0.05).
El manejo sanitario de la granja afectó estos resultados. Las salas de maternidad eran higienizadas pero no eran sometidas a un adecuado descanso postdestete. Además, sólo se aplicaba antibiótico parenteral a los animales que enfermaban, pero no a la camada entera o a la totalidad de la sala, práctica que es muy común en algunas granjas porcinas del medio.
LITERATURA CITADA
1.
Adami, A.; A. Sandrucci; V. Cavazzoni. 1997. Piglets fed from birth with the probiotica Bacillus coagulans as
additive. Zootechnical and microbiological aspects. Ann. Microbiol.
Enzimol. 47: 139-149.
2.
Black, J.L.; B.P. Mullan; M.L. Lorschy; L.R. Giles. 1993. Lactation in the sow during heat stress. Livest. Prod. Sci. 35:
153-157.
3.
Bonomi, A. 1992. Probiotics in
pig breeding. Results from the use of Bacillus subtilis and Bacillus
licheniformis. Experimental contribution. Riv. Soc. Ital. Sci. Aliment. 21: 481-499.
4.
Camacho, C. 1999. Enfermedades entéricas en los
cerdos. Mundo Avícola y Porcino 31: 39-42.
5.
Close, W.H. 2000. Producing
pigs without antibiotic growth promoters. Advances in Pork Production
11: 47- 56.
6.
Conway, P.L. 1994. Proc. VI
International Symposium on Digestive Physiology in Pigs. p 231-240. EAAP Publication.
Ban Doberan, Germany .
7.
Fuller, R. 1989. Probiotics in
man and animals. J. Appl. Bacteriol. 66: 365-378.
8.
Jensen, B.B. 1998. Gut
environment of pigs. J. Anim. Feed Sci. 7: 45-64.
9.
Jurgens, M.H.; R.A. Rikabi;
D.R. Zimmerman. 1997. The effect of dietary dry yeast supplement on performance
of sows during gestation-lactation and their pigs. J. Anim. Sci. 75: 593-597.
10.
Mathew, A.G.; G.W. Upchurch;
S.E. Chattin. 1998. Incidence of antibiotic resistance in fecal Escherichia
coli isolated from commercial swine farms. J. Anim. Sci. 76: 429-434.
11.
Pichilingue, N. 1994. Uso de probióticos en la marrana
y su camada durante el periodo pre parto, lactación y post destete. Tesis de
Bachiller. Univ. Nacional Agraria La Molina. Lima, Perú. 90 p.
12.
Radecki, S.V.; M.T. Yokoyama. 1991.
Swine nutrition. p 439-447. E.R. Miller; D.E. Ullrey; A.J. Lewis (eds). Butterworth
Heinemann. Boston, USA.
13.
Sala, C.G. 1992. Antibacteriales de uso terapéutico:
usos, mal uso y abuso. Rev. Cien. Vet. 8: 151-155.
14.
Salmon, R. 1962. Nutrition of
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Lewis (eds). Butterworths. London, UK .
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Succi, G.; A. Sandrucci; A. Tamburini; A. Adami; V.
Cavazzoni. 1995. Effects of using a new strain of Bacillus
coagulans as a probiotic on the performance of piglets. Riv. Suinicol.
36: 59-63.
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