Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Promotores del crecimiento
Jorge O. Errecalde*. 2004.
Ítems
de resistencias, su incidencia
en salud publica".
*Médico Veterinario. Médico.
Bachelor en Medicina Veterinaria. Master en Farmacología y Toxicología.
Doctor en Ciencias
Veterinarias. Fellow Academia Americana de Farmacología y Terapéutica
Veterinaria. Miembro Honorario
Colegio Europeo de Farmacología y Toxicología Veterinaria.
Profesor Titular, Cátedra de
Farmacología, Farmacotecnia y Terapéutica, Facultad de
Ciencias Veterinarias. Universidad
Nacional de La Plata.
En
varios de los párrafos precedentes, hemos insistido sobre el hecho de que la
resistencia bacteriana sigue al uso de antibióticos, y que estos últimos son
los que seleccionan los microorganismos resistentes y, probablemente, les
permiten sobrevivir.
Sin
embargo, como también ha quedado reflejado más arriba, otros autores mencionan
la existencia de factores de resistencia en las bacterias previamente a la era
antibiótica. Se ha reportado disminución de los casos de resistencias a
vancomicina luego de la prohibición del uso de avoparcina como promotor del
crecimiento. Indudablemente es complicado mantener la objetividad en un terreno
plagado de pasiones e intereses como el que nos ocupa. Pero no debemos dejar de
escuchar a aquellos que nos dicen que la evolución de la resistencia no es,
necesariamente, la otra cara de la moneda de la evolución de la
susceptibilidad; y que disminuir el uso de antimicrobianos podría no reemplazar
un cambio fundamental en diseño de medicamentos para evitar la evolución de
resistencias y favorecer la evolución de microorganismos susceptibles
(Heinemann y cols, 2000).
Es
evidente que, con los datos de que disponemos actualmente, no podemos asegurar
que la limitación en el uso de antimicrobianos vaya a revertir las actuales
resistencias, ni siquiera que vaya a detener la evolución de las bacterias
hacia la resistencia antibiótica.
Parece
extremadamente claro que necesitamos de estudios coordinados en diferentes
partes del mundo con la misma metodología, y que la monitorización del proceso
de desarrollo o reversión de resistencias, en función del tiempo, nos dará el
conocimiento necesario para tomar las decisiones adecuadas.
Desde
hace tiempo se ha instalado una discusión internacional sobre la conveniencia y
la factibilidad de dejar de utilizar antibióticos con fines de promoción del
crecimiento. Estos medicamentos son utilizados en dosificaciones bajas,
subterapéuticas, en alimentos animales, a los efectos de mejorar la calidad del
producto final (una menor proporción de grasa y una mayor proporción de
proteínas). Otro beneficio de la utilización de estas drogas en la dieta es el
control de patógenos zoonóticos, como Salmonella, Campylobacter, E. coli y
enterococos. Por otra parte, hay quienes argumentan que la utilización de
cualquier antibiótico en estas condiciones favorece la selección de resistencia
en bacterias patógenas, limitando, en consecuencia su utilización en casos
clínicos.
Muchas
han sido las teorías que tratan de explicar el efecto de los antibióticos como
promotores del crecimiento. Lo que es indudable es que su efecto está vinculado
a la intensificación de la explotación productiva. Se ha pensado en que estos
medicamentos pueden suprimir parte de la población bacteriana intestinal que
pueden llegar a consumir hasta un 6% de la energía neta en cerdos (Jensen,
1998). Controlando la población bacteriana, probablemente la pérdida energética
sea menor. Thomke & Elwinger (1998), sugieren que las citokinas liberadas
durante el proceso inmune estimulan la liberación de hormonas catabólicas que
reducirían la masa muscular. Obviamente, una reducción de las infecciones intestinales
actuaría en contrario. El efecto de los antimicrobianos sobre bacterias
anaerobias puede ser otra explicación (los anaerobios son raramente buscados),
esto podría prevenir enfermedades como las enteritis necrotizantes e incluso,
al suprimir bacterias capaces de producir exotoxinas, evitar los efectos de
éstas.
Independientemente
de la teoría que se quiera utilizar, parece innegable que el resultado de la
utilización de promotores del crecimiento redundará en aumentos diarios de peso
en el rango de
El
Animal Health Institute of America (AHI, 1998), por su parte, considera que,
sin la utilización de antimicrobianos como promotores del crecimiento, los EEUU
necesitarían 452 millones de pollos, 23 millones de bovinos y 12 millones de
cerdos extra, para alcanzar los niveles de producción que se alcanzan con las
prácticas actuales. En el resto de la Unión Europea, en que el uso de
antimicrobianos como promotores del crecimiento es más limitado, pero continúa
en vigencia, la mortalidad como consecuencia de alteraciones intestinales está
en un 10-15 % por debajo que en países como Suecia, que no los utiliza. A esto
hay que agregar diferencias en ganancias de peso y calidad de carnes. En
párrafos anteriores mencionamos la experiencia llevada cabo en Dinamarca
(documento WHO), en que se suspendió la utilización de antimicrobianos para la
promoción del crecimiento en cerdos y aves. La conclusión de ese documento fue
que, en condiciones similares a las de Dinamarca, el uso de antimicrobianos con
el único propósito de promoción del crecimiento podría ser discontinuado, sin
demasiado complicados efectos colaterales. Aquí debemos remarcar las palabras
“en condiciones similares a las de Dinamarca”, dado que esas condiciones son,
en realidad bastante difíciles de cumplimentar, especialmente en los países del
tercer mundo. Las medidas profilácticas implementadas en Dinamarca, permitieron
que el programa fuera exitoso con pérdidas mínimas en producción porcina y
prácticamente sin pérdidas en explotaciones avícolas. Las pérdidas, según el
informe serían completamente compensadas por el aumento de confianza del
consumidor en los productos producidos bajo el nuevo sistema y por el valor
agregado de las exportaciones danesas. Los expertos concluyen que la
experiencia danesa es extrapolable a otros países en similares condiciones de
desarrollo agropecuario. Esto significa: elevada intensidad, bioseguridad,
alojamiento cerrado y muy elevado estándar sanitario. Es extremadamente discutible
la última conclusión del trabajo, en que asegura que: “a la vista de los
resultados obtenidos en Dinamarca, es poco probable que una acción similar en
países en desarrollo pueda disminuir la producción total de carne”. Nosotros
pensamos que, desde el punto de vista sanitario, muchas explotaciones
tercermundistas no están en condiciones mínimas de resistir un proyecto como el
mencionado. Por otra parte, parece lógico pensar que debemos luchar contra las
resistencias bacterianas con las armas más adecuadas, pero que esa lucha no
debería basarse en una pérdida de productividad en regiones del globo en que
cada gramo de alimento es esencial para paliar el hambre. Por lo tanto, en las
actuales condiciones, deberá dedicarse mucho al desarrollo económico, técnico y
cultural de ciertas partes del globo, antes de pretender enrolarlos en
programas de mejoramiento de la calidad alimentaria que obedezcan a políticas
de mejora de la salud pública global.
Tabla IV: Promotores del crecimiento en Europa.


Tabla V: Promotores del crecimiento utilizados
en EEUU clasificados por especie animal.

Cuando
se considera la prohibición del uso de antimicrobianos como promotores del crecimiento,
se debería considerar paralelamente cuales son las posibles medidas a tomar
como alternativas.
Una
alternativa lógica sería la de desarrollar drogas con mecanismos de acción
similares, lo que no sería más que el descubrimiento de nuevos antimicrobianos
con mecanismos de acción diferentes de los críticamente importantes en clínica
médica humana. Una ruta más compleja sería el mejoramiento de la sanidad
animal. Esto es algo elemental. Fue descripto por Prescott y Bagot (1993), que
los promotores del crecimiento funcionan mejor cuanto peores sean las
condiciones sanitarias. Pero el mejoramiento de la salud animal no es algo
fácil de conseguir, especialmente cuando las condiciones económicas y
sanitarias generales correspondientes al país no se condicen con ello.
Una
de las alternativas que se manejan corrientemente son las enzimas, que
adicionadas a las dietas de pollos y cerdos, mejoran el nivel de digestión de
ciertos componentes, incrementado sustancialmente el nivel de aprovechamiento
de los nutrientes.
Los
probióticos están siendo utilizados de manera variable desde hace tiempo ya.
Los probióticos son microorganismos que se incluyen en la dieta o son
administrados por otras vías. Consisten en microorganismos o mezclas de los
mismos que se comportan de manera “amistosa” con el organismo. Sus mecanismos
de acción están en discusión, pero, resumidamente se podría decir que podrían
seguir una o más de las siguientes acciones:
a. Actuar en función del principio de exclusión
competitiva, en que una bacteria a grupo de ellas coloniza el intestino de un
paciente, con lo que evita que un patógeno pueda ocupar lo que ya está ocupado.
b. Actuar estimulando el sistema inmune del
paciente.
c. Actuar influenciando el metabolismo
intestinal, haciéndolo más eficiente.
Pese
a sus teóricas ventajas y a varias demostraciones de eficacia, la actividad de
los probióticos sigue generando dudas en la comunidad científica. Entre los
hechos favorables, se puede citar que calostros fermentados pueden inhibir el
desarrollo de tumores en ratones (Shahani y cols, 1983). Por su parte, Kato y
cols (1985) confirmaron que Lactobacillus casei es capaz de inhibir el
desarrollo de tumores. Sin embargo, Sharpe y cols (1973) comunicaron que
Lactobacillus casei rhamossus puede producir endocarditis y abscesos en
animales. Una de las dudas más grandes que actualmente persisten respecto de la
utilización de probióticos, son los riesgos potenciales involucrados en la transferencia
de resistencia antibiótica y factores de virulencia crípticos.
Las
medidas de manejo que se puedan implementar siempre repercutirán favorablemente
en la productividad. En Australia se ha trabajado sobre el sistema llamado
“todo adentro, todo afuera”, lo que significa que cuando se establece un
movimiento en la granja, este es total y no quedan animales en la misma,
evitando infecciones cruzadas. Si bien esto es generalmente aplicado en
explotaciones avícolas, en explotaciones porcinas se trata de algo más
complicado y novedoso, que seguramente una vez implementado generará
beneficios.
Los
planes de vacunación, por su parte, tampoco pueden ser discutidos y, más allá
de los costos involucrados, sus resultados sueles ser satisfactorios.
Sin
embargo, pareciera que, por el momento, no aparece una opción realista para
suplantar a los antibacterianos como promotores del crecimiento.
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