Suplementación con subproductos regionales

Forrajes y Granos. 2008. Tiempo Agroempresario, 5(51):144.

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Introducción

L a conveniencia o no de em­plear ciertos subproductos se relaciona con la ubicación geográfica del establecimiento, ya que los costos de flete pueden ser tanto o más importantes que la ero­gación para realizar la compra del insumo deseado.

Cáscara y pulpa de citrus

La cáscara y pulpa de citrus en­silada constituye uno de los tantos subproductos de los que dispone el productor agropecuario entre­rriano, pero su uso en el engorde de vacunos no se halla demasiado difundido.

Para ensilar el producto se realiza una especie de palangana sobre el nivel del suelo; se coloca polieti­leno de 200 sobre el cual se depo­sita la cáscara con pulpa y semilla, y luego se tapa con el mismo tipo de polietileno, dejando unos diez días que fermente, como explica el ingeniero J. Butus, jefe de en­señanza y producción de la escuela agrotécnica Las Delicias, ubicada en Nogoyá, Entre Ríos.

Otra forma de almacenar para su fermentación es embutiéndo­la en la bolsa de silaje o en la de grano húmedo. Para estos casos, fundamentalmente el último, de­be mezclarse con un ingrediente sólido, como afrechillo de trigo o grano molido, de manera tal de llevar el contenido de materia se­ca a un porcentaje del orden del 40 % para evitar que el polietileno sufra una exagerado estiramien­to que termina con la ruptura de la bolsa y pérdida del proceso de ensilado.

Otra alternativa, más económica y simple, consiste en incorporarla al silo puente o torta de sorgo, maíz o pradera, aplicándola por capas a medida que se confecciona, para lo cual hace falta una pala frontal a fin de ir esparciendo el material en la masa del silo. En el caso de ensilar pradera de leguminosas, la mezcla de citrus favorece el proce­so de ensilado por aportar azúcares que fermentan la masa forrajera. En maíces o sorgos que por algún mo­tivo no se pudieran ensilar a tiempo, es decir que su estado de madurez está casi para cosecha, con mucha chala seca, se puede ensilar agre­gando citrus para lograr una bue­na compactación y fermentación. Otra forma de tapar un silo puente o torta es depositando con la pala una capa de 20 cm sobre toda la superficie expuesta.

Las características principales del silaje de cáscara, pulpa y semilla de citrus son las siguientes:

        es un alimento suculento (14­-15 % de MS);

        muy energético (3,3 Mcal/kg de MS);

        buena digestibilidad (90 %);

        cantidad de proteína: 8 %;

        rico en calcio;

        bajo costo ($ 0,012/kg, tal cual sale de la juguera, puesto en el cam­po hasta una distancia de 250-260 km de Concordia, Entre Ríos).

Harina de soja

Los ingenieros A. Kloster y N. Latimori, técnicos de la EEA INTA Marcos Juárez, mencio­nan que la harina de soja es utilizada ampliamente en otros países en siste­mas productivos cuya alimen­tación involucra un fuerte com­ponente de concentrados. En esta situación, la harina de soja aparece como un excelente ingrediente pro­teico de raciones completas, o co­mo suplemento de distintas dietas base, especialmente silajes.

En la Argentina los sistemas de producción de carne y leche son netamente pastoriles, con baja uti­lización de concentrados y forrajes conservados, por ello las pasturas cultivadas y algunas naturales, bien manejadas, son capaces de cubrir los requerimientos proteicos du­rante prácticamente todo el año; la intensificación de los sistemas productivos requiere el empleo de suplementos.

El marco descrito restringe la uti­lización de suplementos proteicos en la alimentación bovina, al menos en las regiones donde prosperan especies templadas productoras de forrajes de alta calidad. La intensi­ficación y el aumento de producti­vidad registrado por la ganadería trae aparejado un mayor uso de alimentos concentrados.

Los rumiantes cubren sus reque­rimientos de aminoácidos a partir de dos fuentes: la proteína resul­tante de la actividad microbiana y la de origen dietario, que escapa a la fermentación ruminal pero es digestible en el intestino delgado. Esto confiere a dichas especies un rol único en el ecosistema, da­da su capacidad de sintetizar, en presencia de energía, importantes cantidades de proteína microbia­na prescindiendo de aminoácidos reformados, al utilizar fuentes de nitrógeno no proteico (NNP), co­mo amoníaco, urea, amidas y otros compuestos.

Pese a ello, existe bastante acuer­do en que, durante el primer ter­cio de lactancia, las vacas de alta producción no logran satisfacer totalmente sus requerimientos a partir de NNP y que el potencial de consumo de materia seca (MS) y de producción solo puede lograr­se utilizando fuentes de proteína verdadera.

En general, hasta un límite cerca­no al 17-18 % de proteína bruta (PB) de la ración, es posible incrementar la producción láctea utilizando una fuente de proteína verdadera tal co­mo la harina de soja. Esta respues­ta se explica fundamentalmente por un mayor consumo de MS que acompaña al incremento del tenor proteico del alimento.

En contraposición, aumentos si­milares de PB en términos de N, por la adición de urea, no tienen el mismo correlato productivo.

Esto indica que, para determi­nadas categorías con altos requerimientos proteicos, la incorporación de una proporción de proteína verda­dera a la dieta resulta casi ineludible si se desea explotar al máximo la capacidad productiva animal.

En tal sentido, la harina de so­ja une a la calidad y al balance de aminoácidos una degradabilidad ruminal intermedia, elementos que la transforman en un valioso ingrediente para la formulación de raciones.

Desde luego, los concentrados para vacas en lactancia no consti­tuyen la única alternativa de utili­zación de esta fuente proteica. La crianza artificial de terneros de tam­bo ocupa desde hace tiempo una franja de la demanda de alimentos balanceados, al igual que la recría de vaquillonas lecheras, de repro­ductores de cabaña y de engordes a corral de terneros bolita.

Además de estos usos tradiciona­les, un proceso de intensificación de la cría bovina ha incrementado su uso en planteos de alimentación al pie de la madre o durante la eta­pa que sigue al destete precoz de terneros de razas para carne.

Grano de soja integral

El grano de soja es un producto de fácil disponibilidad para el pro­ductor en la mayoría de las zonas agrícolo-ganaderas del país. Ade­más, su alto contenido proteico y energético puede convertirlo, en ciertas circunstancias, en un potencial integrante de raciones pa­ra bovinos.

En la detección de efectos adver­sos adquiere importancia el porcen­taje de grano entero utilizado. Se sugiere no sobrepasar el 15 % de la ración total. Respetando esta pau­ta, en una prueba a corral realizada con vaquillonas en engorde, no se observaron diferencias en ganancia de peso entre dietas con grano inte­gral de soja cruda y grano integral con inactivación de factores anti­nutricionales por calor seco y calor en medio acuoso. Estos resultados permiten remarcar cómo el efecto de un suplemento proteico depende del contenido de PB de la dieta base.

En este caso, el reemplazo isoener­gético del grano de soja por maíz no mostró diferencias en ganancia de peso respecto de las dietas con soja entera cruda o inactivada.

Esto puede explicarse porque la dieta total de heno y grano de maíz mantuvo un contenido proteico de aproximadamente 12-13 %, capaz de satisfacer los requerimientos de vaquilionas en engorde.

Residuos de cosecha de soja

La sojilla es un residuo de la limpieza del grano de soja reali­zada antes de la comercialización o industrialización. Su valor nu­tricional depende del contenido de granos partidos o pequeños, y su composición se completa con cantidades variables de restos de tallos y vainas, semillas de male­zas y material inerte. En general, su precio relativamente bajo y su disponibilidad poscosecha, coincidente con los meses invernales de menor oferta de forraje, la convier­ten en un potencial ingrediente de raciones para bovinos.

Las semillas de chamico cons­tituyen, generalmente, el principal componente de malezas de la sojilla y pueden representar hasta el 35 % o más de su peso. El aplastamien­to o molido de este residuo resulta imprescindible para evitar la difusión de las semillas de chamico en las pasturas o rastrojos.

La respuesta a este suplemento puede variar con las características de la dieta base. En general, pueden esperarse buenos resultados cuan­do la sojilla integra raciones a base de forrajes conservados y concen­trados, tal como ocurre en planteos de engorde a corral.

También se lograron interesantes respuestas durante el período otoño­-invernal suplementando gramíneas estivales diferidas. La sojilla, a la par de su aporte energético, actúa como un suplemento proteico de recursos relativamente bajos o de­ficientes en proteína. En cambio, su utilización como suplemento único de pasturas de alta calidad durante el período otoño-invernal no es una alternativa recomenda­da, ya que su respuesta es discreta comparada con las ganancias de peso obtenidas con idéntico nivel de suplemento en una dieta simple de engorde a corral. Esto sucede porque, si bien la concentración de energía digestible de la sojilla se asemeja a la de los cereales, su utilidad para la flora ruminal es diferente. Además, un aporte proteico agregado al ya elevado contenido de la pastura (20-25 % PB) gene­ra en el rumen un exceso de nitró­geno amoniacal, cuya captación e incorporación a la proteína micro­biana se favorecen con energía de disponibilidad ruminal, como la del almidón de cereales, y no con lípidos, que se digieren en el intes­tino. Por último, la respuesta a la suplementación con sojilla y maíz sobre pasturas puede asemejarse a la obtenida con maíz puro, lo cual realza el valor de la combinación, dado su bajo costo relativo.

 

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