Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Evolución, Estadísticas
Arturo Kenneth
Berwyn. 2001. Hereford, Bs.As., 65(625-626):134-141.
No es posible comenzar a hablar de
los vacunos en la Patagonia, sin hacer alguna referencia, aunque más no sea
somera, de cómo llegaron los vacunos a América del Sur. Según versiones, las primeras vacas fueron
traídas en el año 1552 a las costas del Brasil por la expedición española de Sanabria
y desembarcadas en el Golfo de Santa Catalina.
Entre sus integrantes se encontraban los hermanos Goes, quienes llevaron
de arreo a Paraguay 7 vacas y un toro.
Estos ejemplares eran de origen andaluz y de la raza Sansón, raza con
aptitudes más carniceras que lecheras. En 1573 y en oportunidad de fundar la
ciudad de Santa Fe. Juan de Garay
desembarca el primer lote de vacunos
sobre el río Paraná. Cuando en 1580 el mismo Garay funda Buenos Aires,
trae consigo quinientos vacunos, 1.000 yeguarizos y otras haciendas desde el
Paraguay.
El pastoreo sin alambradas y la
cantidad de hacienda alzada sin control, hizo que las pampas se poblaran de
vacunos, internándose en el desierto donde era amo y señor el indígena. A éste
le interesó más el caballo que el vacuno, tanto en su afán de montarlo para sus
correrías como para utilizarlo de alimento.
Hay datos que pro 1609 se desató
una terrible epizootia que diezmó las pampas de vacunos. sin embargo, hubo
pronta recuperación, tanto así que ya creado el Virreynato en 1780 se calculaba
que existían unas 48 millones de cabezas. comienzan las disputas con el indio
por la supremacía del territorio y posesión del ganado, que era robado y
trasladado a Chile a través de los pasos del Neuquén. Este hecho es corroborado
por el señor Viedma, Superintendente de los Territorios del Sur, quien en la
memoria elevada al Gobierno en 1774, comenta de su encuentro con
aproximadamente 400 indios que conducían
en dos arreos, unas ocho mil vacas y yeguarizos.
Seguramente
muchos de aquellos animales se extraviaban y fugaban de los arreos, lo que hizo
que prontamente la hacienda se
diseminara a lo largo de la cordillera patagónica.
Los
españoles decidieron la construcción de un fuerte en Península Valdéz. La
empresa se concreta el 7 de octubre de 1783 sobre el Golfo San José. Fundan la
Estancia Del Rey, trayendo los primeros animales: 9 vacunos, 36 novillos y
bueyes y 24 caballos desde Carmen de Patagones en el navío Dragón. Estas serán
las primeras vacas arribadas en forma oficial a la Patagonia. Con el
transcurrir de los años, los indios comienzan a acosar a los españoles,
principalmente para robarle los caballos. Sin embargo, el 8 de diciembre de
1808, en un violento malón, los naturales se llevan la totalidad de los caballos
y mas de 600 vacunos, quedando, según la crónica, bastante remanente. Los
periódicos ataques posteriores diezmaron a los españoles, a quienes pro último
los indios vencieron quemando el fuerte.
Pasarían muchos años sin antecedentes de lo ocurrido con los vacunos de la península, hasta que en 1815 un inglés, Libanus Jones. cazador de lobos marinos, explora sus costas y descubre gran cantidad de vacas; vuelve en 1818 y hace una extensa exploración, calculando que en la región peninsular pastan unas dieciocho mil cabezas. Con el fin de explotar los cueros, forma en 1824 una Compañía y consigue autorización del Gobierno para faenar y exportarlos a Europa. Nada más que comenzada la matanza, se encuentra con que los indígenas de la región, capitaneados por la cacique Maria, reclaman la hacienda como propia, lo que lleva a entablar arduas negociaciones. Solucionado el conflicto, se continua con la faena logrando reunir en poco tiempo mas de siete mil cueros, principalmente de toros grandes. Entre tanto llega otra expedición encabezada por un tal Casares, quien también se dedica a la captura y faena. Se desorganiza la matanza y se vuelve tan intensa que los vacunos huyen hacia el territorio continental.
En febrero de 1833 ancla frente a la desembocadura del río Chubut la expedición de Fitz Roy, recorre el territorio y relata, refiriéndose al valle, «......... es una pradera uniforme, cubierta de rico pastizal. Se vieron varias rebaños de ganado salvaje, y en todas partes rastros del mismo, en cantidad tal, que da la idea de su gran abundancia.» Una posterior visita de Libanus Jones, sin embargo, no encuentra los animales, por lo que es dable suponer que los indios, al ver al cazador, retiraron los mismos hacia la meseta.
Ya
en 1853, Buenos Aires ignoraba lo que pasaba en la Patagonia, existía una
Compañía Chilena llamada «Cochamó», que se dedicaba a la cría de vacunos al sur
del río Manso en territorio argentino, a través de cuyo paso conducían arreos a
Valparaíso o más al norte. Sin duda
éste es uno de los mejores ejemplos de la importante cantidad de hacienda que
pastaba al sur del río Colorado. Cuando
años más tarde esta Compañía solicita al Gobierno de Buenos Aires la propiedad
de las tierras, se les niega la posibilidad y expulsa del territorio.
En
1865 y anticipándose al arribo del contingente galés que viajaba en la goleta
«Mimosa», los dirigentes que se habían adelantado desembarcando en Buenos
Aires, retiran en Carmen de Patagones las 50 vacas y 20 caballos que había
donado el Gobierno para la futura Colonia, también mandan por arreo unos 600
vacunos, pero el mismo fue interceptado por los indios, quienes se quedaron con
la hacienda.
Concretado
el arribo de los galeses y su asentamiento, el Gobierno les envía otras
doscientas cabezas; podríamos suponer que estas vacas criollas eran
descendientes de las traídas por Garay con algún refinamiento realizado en las
noveles estancias pampeanas; fueron domesticadas por los colonos, quienes
comenzaron con la elaboración de quesos y manteca, en un principio para su propio
consumo y con el correr de los años para la «exportación» a Buenos Aires.
En
el año 1869 el inglés George Musters, consigue ser aceptado como integrante de
las tribus tehuelches de los caciques Orqueke y Casimiro para realizar un
reconocimiento por la Patagonia; inician su viaje en las costas del río Santa
Cruz, se dirigen primero hacia el oeste y luego al norte costeando la
cordillera. Dice Musters que se
alimentaban exclusivamente de la caza de avestruces, guanacos y piches; que la
cacería se efectuaba mediante amplios círculos que organizaban para las
capturas. Cuando transitaban por zonas
de poca caza pasaban períodos de hambruna.
Que en más de una ocasión, fueron mitigadas por alguna orgía producida
por el fallecimiento de algún integrante de la tribu, en cuya oportunidad eran
carneadas todas las yeguas propiedad del finado. Estas comilonas eran acompañadas por grandes borracheras que
solían durar varios días. Estando
acampados en el paraje del Chírq (conocido actualmente como Cherque), el inglés
es invitado a participar de una cacería de vacunos; se internaron en la
cordillera llegando hasta la zona conocida hoy como Valle de Palena (límite
entre Argentina y Chile, 43º 38' de latitud sur y 71º 07' longitud oeste). Relata Musters, que habiendo rodeado algunos
vacunos uno de los tehuelches fue atropellado por un bravo toro, que le
ocasionó la muerte; demás está agregar que regresaron al campamento con el
infortunado tehuelche y sin carne.
Continuando
con el viaje dice Musters, que la zona de Cushamen (noroeste de Chubut), era
zona de caza y pastoreo de los araucanos radicados en las costas del Limay,
allí los caciques Quintuhual y Foyel traían a pastar en verano sus vacas y
ovejas. Estas tribus de costumbres
sedentarias, residían en chozas construidas con troncos; una idea de la
importante cantidad de hacienda que poseían los naturales está registrada en
una carta que el cacique Saihueque le envía desde Limay a Lewis Jones, líder de
la colonia galesa del Valle del río Chubut, fechada el 3 de abril de 1881 y
donde le solicita su ayuda para peticionar ante las autoridades la devolución
de sus haciendas; le informa que ha sido atacado por el ejercito argentino y
despojado de sus bienes, dice (sic) « ..............lo mismo que todos mis
animales, hasta 50 mil cabezas entre vacunos, yeguarizos y ovejas».
Finalizando
con Musters: terminó su viaje en Carmen de Patagones, lugar donde el Cacique
Casimiro concurría año tras año para recibir del Gobierno la cuota de vacunos y
yeguarizos que le correspondía en proporción al número de integrantes que
componían su tribu.
Escritores
como Moreno (1879), Larrain (1883) o Marín Vicuña (1901), señalan la presencia
de ganado vacuno en varios puntos de la Patagonia Sur. El mismo Onelli, relata su viaje a todo lo
largo de la cordillera, que realiza a principios del año 1890. Partiendo desde Neuquén, se desvía de la
cordillera, hacia la meseta al valle de Cushamen, para conseguir caballos de
refresco con su amigo el cacique Ñancuche Nabuelquír, que comandaba la reservación
de 50 leguas otorgadas por el Gobierno.
No menciona Onelli la presencia de vacunos, pero en una parte de su
relato menciona carros tirados por bueyes y cueros de vaca cocidos que
contenían el trigo recién cosechado.
En
la continuación de su viaje pernocta en la incipiente Estancia Leleque, cuya
principal actividad era la cría de ganado vacuno, y visita a los galeses recién
instalados en la cordillera.
Otro
testimonio de la importante cantidad de vacunos que poseían los indígenas lo
menciona Dumrauf en su libro, al relatar el ataque que realiza una avanzada del
regimiento 7 de caballería al cacique araucano Inacayal, en las inmediaciones
del arroyo Apeleg donde tras cruento combate, diezman a un importante número de
guerreros poniendo a los restantes en fuga, apoderándose de la chusma y de
ganado en número de 800 animales.
En
1878 se realiza el primer censo en el Valle del río Chubut, que arroja como
resultado la existencia de dos mil cuatrocientos vacunos; un censo posterior en
1881, certifica la existencia de 6.193 vacunos de los cuales la tercera parte
eran vacas lecheras. El valle se hacía
estrecho para tal cantidad de hacienda, no quedando tierras para nuevos
colonizadores.
Los
tehuelches de las tribus de Shaqmatr y Jaquechan, que visitaban periódicamente
la Colonia, hablaban de extensos valles cordilleranos, fértiles y con
abundancia de arroyos y ríos cristalinos; los galeses más jóvenes y con ansias
de aventuras comenzaron a soñar con conocerlos. Sin embargo no fue hasta la llegada del primer Gobernador en
1884, al recién fundado Territorio Coronel Luis Jorge Fontana que comenzó a
vislumbrarse la posibilidad de concretar tal anhelo.
Fueron
los mismos colonos quienes insistieron ante la autoridad para formar una
expedición; recién para septiembre de 1885 y poniendo a disposición de Fontana
treinta jóvenes voluntarios, 250 caballos, víveres y seis mil pesos en
efectivo, logran convencer al Gobernador de encabezar la expedición hacia el
oeste, que descubre después de un viaje de 45 días a Cwm Hyfryd (Valle
Encantador, en galés).
Esta
expedición y otras posteriores encuentran señales de la existencia de vacunos
en varios sitios, logrando siempre capturar algunos para comer.
El
11 de febrero de 1888 Fontana funda oficialmente la Colonia 16 de Octubre y consigue
que el Gobierno Central se avenga a donar una legua a cada colono que quiera
poblar el valle cordillerano. Se
comienzan de inmediato las mensuras y el traslado de haciendas desde el Valle
del Chubut; durante los primeros tres años el valle fue habitado sólo por
solteros quienes edificaron las primeras casas, finalizaron las mensuras y
cuidaron de las haciendas que iban arribando. Para diciembre de 1891 y con el
arribo de las familias y un importante arreo de más de 400 vacunos, se
consolida el afincamiento de los colonos galeses en la cordillera y el
crecimiento de la ganadería tanto vacuna como lanar. La abundancia de pastos
favoreció la multiplicación de los rodeos, tanto así que para principios de
siglo, se calculaba una población cercana a las diez mil cabezas, pero el
cuello de botella era la comercialización.
De los arreos realizados a la costa atlántica uno fue exitoso y el otro
un fracaso.
Las
economías familiares pasaron penurias ante la falta de mercado, recién para
1901 hicieron un arreo hasta Concepción, Chile, con mil doscientos novillos, la
mayoría de los cuales tenían 5 y 6 años, obteniendo 14 pesos por cabeza.
Las
perspectivas de futuros buenos negocios, entusiasmó a los pioneros, quienes a
su regreso trajeron consigo diez vaquillonas y diez toros de la raza
Durham. Cuenta la crónica que aquellos
animales influyeron en el mejoramiento de la hacienda nativa.
El
30 de abril de 1902 se firma en la escuela Nº 18 de la Colonia 16 de Octubre,
un plebiscito con Chile que, con el arbitraje de Sir Thomas Hoidich, otorga
definitivamente el valle y zonas aledañas a la República Argentina. Este acontecimiento influyó para que los
pobladores trabajaran con más ahínco en el mejoramiento de la ganadería y en el
cultivo de la tierra; surge así la instalación de un Molino Harinero que le da
el nombre a Trevelín (conjunción de vocablos galeses que significan Pueblo del
Molino).
En
el valle del Chubut las cosas eran distintas: la facilidad de las comunicaciones
y la vía marítima con Buenos Aires, hacían posible la incorporación de nuevas
genéticas.
Las
vacas domesticadas son refinadas con Durham para una mayor provisión de leche;
mientras que las de rodeo general eran cruzadas con Hereford y Durham y
posteriormente con Shorthorn.
La
crianza se extiende a la meseta donde a principios de siglo existían
importantes rodeos en Paso de Indios, Quichaul, Sarmiento y la zona de Río
Senguer. El principal punto de
comercialización continuó siendo la República de Chile.
Con
el correr de los años decae el interés por la crianza de vacunos siendo
reemplazada por la oveja que estaba en su apogeo; se sucedieron años de bonanza
para la lana, llegando a su clímax con la finalización de la Segunda Guerra
Mundial.
Quienes
apostaban al vacuno continuaron mejorando poco a poco sus rodeos, logrando en
algunos casos conformar planteles genéticamente jerarquizados en las razas
Hereford, Shorthorn y Aberdeen Angus; siempre con predominio del pampa que fue
poblando paulatinamente toda la Patagonia Sur.
En
la Patagonia Norte: las provincias de Río Negro y Neuquén, recibieron
importante influencia de sus vecinas norteñas, incorporando rápidamente la
ganadería vacuna con predominio de la raza Aberdeen Angus.
Mas
al Sur, los ganaderos de Santa Cruz y Tierra del Fuego, tardaron algunos años
en dedicarse a los vacunos. La
implantación de la Barrera Sanitaria: Barrancas - Río Colorado en la década del
70, trajo consigo un aumento en el precio del kilo vivo, lo que favoreció el
rápido aumento de los rodeos con vientres de las provincias de Buenos Aires,
Córdoba y La Pampa. Al estar
restringida la entrada de haciendas generales, la calidad controlada de
vientres y reproductores Puros Registrados hizo un rodeo patagónico de calidad.
Estancias
como "Leleque","Tecka","Río Frío","El
Chalet", "El Parque", "Río Pico", "Amancay",
"Don Juan", "María Elizabeth", "Arroyo Verde",
"La Mamita" y otras del oeste chubutense, influyeron grandemente en
el refinamiento del rodeo bovino al incorporar anualmente toros genéticamente
superiores.
En
el año 1980 y mediante un crédito otorgado por el Gobierno de la Provincia,
ingresan a Chubut más de dos mil vientres en su mayoría puros controlados de la
raza Hereford.
Los
ganaderos de punta habían incorporado la práctica de la Inseminación
Artificial, lográndose rápidamente importantes
progresos genéticos.
Llegamos
así a la época actual donde encontramos numerosos rodeos Hereford de buena
calidad, con corrientes de sangre firmemente arraigadas y con cualidades
carniceras sobresalientes para procrear en el rigor del clima patagónico.
Datos
del mes de septiembre del año 2000, establecen una población de más de 125.000
vacunos para la provincia del Chubut, con casi un 80 % de ellos en los
departamentos del oeste, encontrándose la mayor parte (treinta y cinco por
ciento) en el Departamento de Futaleufú.
Estas cifras nos hacen estimar un medio millón de vacunos para toda la Patagonia.
El
área de influencia de la Delegación Chubut Oeste de la Asociación Criadores de
Hereford, cuenta con ocho establecimientos que realizan anualmente el control
de sus planteles Puros Registrados.
Estando
próximos los primeros nacimientos de gestaciones por transplante embrionario,
podemos decir que la ganadería vacuna en la Patagonia ha evolucionado en forma
vertiginosa ayudada por un clima frío - templado, con aire puro, aguas
cristalinas sin contaminación y pastos naturales de alto valor nutritivo, que
favorecen una cría sana y sin epizootias.
La
posibilidad de que la Patagonia Sur sea considerada como Libre de Aftosa sin
vacunación, otorgan a la región un futuro promisorio para la expansión de la
cría vacuna.
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