Director: Guillermo Alejandro Bavera,
Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto,
Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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estadísticas de la ganadería
Equipo docente Área Bovinos de Carne, Fac. Cs. Veterinarias UBA.
2004. Infovet, Bs.As., 9(72):26-28.
A lo largo de la historia, la Argentina fue variando el tipo de razas en su producción ganadera de acuerdo con la demanda de ciertos mercados y con técnicas productivas copiadas de otros países. Esto dio como resultado una cierta diversificación de los biotipos de ganado de carne.
En el siglo XIX ya se habían hecho todas las introducciones de razas bovinas extranjeras y para el siglo XX había quedado definido el panorama de las razas de la ganadería argentina. Como en Estados Unidos, Australia y Uruguay, las principales razas que formaron la base de la ganadería fueron las británicas. Esto no es casual, ya que en todos estos países tenían una ganadería extensiva en base a sistemas pastoriles.
La política económica argentina de la primera mitad del siglo XX, en lo referente a las carnes, estuvo sostenida por las razas británicas. En una primera etapa fueron más grandes de talla, pero en un determinado momento, por necesidades del mercado que nos compraba en mayor volumen -el de Smithfield- se cambiaron. Este mercado exigía un tipo de reses más grasas, por lo cual las razas británicas se fueron achicando y engrasando cada vez más.
Hay una segunda etapa, por la década del '40, en donde algunos técnicos empiezan a ver la necesidad de promover la ganadería del norte argentino, donde las razas británicas no tenían los mismos resultados que en la pampa húmeda.
En una tercera etapa en la segunda mitad del siglo XX, a través de la introducción de la sangre índica (cebúes) se genero una nueva corriente en la ganadería argentina, con un biotipo mejor adaptado a las zonas tropicales. Los primeros resultados fueron alentadores. Por su adaptación, el cebú presenta un mejor comportamiento reproductivo y de crecimiento en esa zona del país.
El uso indiscriminado de las razas índicas
trajo aparejado dificultades para su colocación en el mercado, por lo
que se comenzó a racionalizar su uso. A efectos de simplificar el manejo
se empezó a trabajar sobre el cruzamiento de índico con
británico, y así es como se originaron razas como el Santa
Gertrudis, Brangus, Bradford, etc., razas mal llamadas "sintéticas".
Con ellas se simplificó muchísimo el trabajo, pues con las razas
sintéticas no es necesario seguir los planes de apareamiento con
distintas razas de toros, ya que existen menores problemas de apotreramiento,
identificación o señalada de animales. Hoy han avanzado mucho
estas razas que se originaron en dichos cruzamientos y han reemplazado a los
índicos puros en gran medida.
Paralelamente, hacia el fin de la década del
'50 y en conjunto con la creación del INTA, empieza a tomarse una
política diferente con respecto al manejo de las razas. Hasta ese
momento las británicas se criaban y mejoraban en base al criterio de las
exposiciones, que atendían a los rasgos morfológicos, los que no siempre
coinciden con las características productivas.
Se observaba por entonces que la razas
británicas presentaban menor peso y tamaño. Correlativamente, las
reses de novillo mostraron excesiva deposición de grasa, problema que
estaba presente en casi el 80 % rodeo nacional.
Así fue como la raza Hereford y la Aberdeen
Angus fueron las primeras que empezaron a cambiar el criterio y darle
importancia a características productivas. Se empezó a trabajar
en la selección de reproductores de mayor tasa de crecimiento, menos
propensos a depositar grasa a los pesos de faena corrientes, y se
comenzó a utilizar razas continentales (más grandes y magras) en
cruzamientos terminales con las de origen británico.
En aquel entonces Inglaterra ya no era el principal
mercado; estaba siendo suplantado por la Comunidad Económica Europea, la
que pedía un tipo de res diferente, proveniente de novillos más
pesados y grandes. Surgió así la necesidad de una vía
rápida de lograr estos animales, lo que obligó al uso de
cruzamientos con razas continentales, que eran de menos grasa y de mayor
tamaño, con lo cual se podían fabricar terneros que
permitían lograr el novillo que pedía el mercado común
europeo.
Por esta razón empezaron nuevamente a
aparecer razas que habían entrado en el siglo XIX pero que no
habían hecho pie en la ganadería argentina, por ejemplo,
Charolaise, Pardo Suizo, Simmenthal, que empezaron a ser probadas en ensayos y
mostraron sus grandes virtudes en cuanto a los requerimientos de ese mercado.
Al mismo tiempo empezaba a influir en los criadores
las pruebas de producción, las que consistían en medir peso al
nacer, ganancia de peso al destete, ganancia de peso postdestete, lo que hizo
que se fueran seleccionando por estas características.
Se dieron efectos paradojales con las razas
británicas, porque mientras por un lado el INTA hacía sus ensayos
con la clásica y tradicional vaca británica argentina de
Por otra parte, se preconizaban animales magros,
pensando en una menor producción de grasa, que es un tejido de escaso
valor económico. Esto llevó a obtener animales grandes y magros,
que es un obstáculo mayor en un sistema pastoril por la dificultad en
terminar los novillos.
En la actualidad, se está reviendo el tema
del tamaño y del engrasamiento, dado que en el sistema pastoril se necesita un animal de fácil
engrasamiento precoz para lograr la terminación de novillos a pasto.
Por otra parte, la ganadería de los
países desarrollados, de tipo intensivo, no ha incluido todo lo que es
degradación y contaminación de suelos en los modelos
económicos. La Argentina no puede
darse ese lujo, ya que no hay márgenes
económicos para subsanar después estos desvíos que
podamos crear en el medio ambiente.
Así fue como nos encontramos en este momento con una dispersión
de pesos y de calidades de novillos como consecuencia de esta moda de agrandar
las razas británicas. Ahora estamos otra vez volviendo a controlar un
poco el tamaño por la ineficiencia de esos novillos grandes en nuestro
sistema pastoril. No sabemos si es bueno o malo, lo que sí sabemos es
que a partir del viejo ganado británico se podría haber planeado
un mejoramiento sin tener que pasar por esa exageración de tamaño
y tener que volver a achicarlo nuevamente.
Al hablar de razas y del mejoramiento bovino hablamos de ellas como si fueran
independientes del medio socioeconómico. Consideramos que no se
trata de seguir las modas de otros países, por más tecnificados
que sean ni de fabricar animales a pedido de otros mercados. Tiene que haber un sano equilibrio entre lo que piden esos mercados y lo que
nosotros podemos hacer.
La raza es un material como cualquier otro, y es así que haciendo mediciones de distintas características productivas nos encontramos con que hay mayor variación de esas características dentro de las razas que entre razas . Esto nos indica que cualquiera de ellas puede generar mejores resultados a partir del criterio con que se seleccionen las madres y padres que utilizando tal o cual raza.
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