Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río
Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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Criolla Argentina
Jack Denton Scott. 1994. Selecciones del Reader´s Digest, Bs. As..
Trascripción y
comentarios: Méd.Vet. Carlos A. Garriz, INTA Castelar, Septiembre 2005.
Con su invariable carácter extravagante desde que ayudó a forjar Estados Unidos hace un siglo, este legendario animal, de carne magra, hoy revivifica el negocio ganadero.
“John
Wayne estaba equivocado: al Oeste norteamericano no lo conquistaron únicamente
los hombres; fue también colonizado por el Longhorn (“cuernos largos”) de Texas.
Con este admirable animal de amplia cornamenta se fundó la industria ganadera estadounidense
y dio origen al cowboy, o vaquero de esa región. Los extremos de terreno
y clima formaron el rudo carácter tanto del Cuernos Largos como de su arreador;
la necesidad económica los reunió y juntos forjaron una historia breve pero
vívida.
Después
de contribuir a formar una nación, el esbelto Longhorn cayó en el descrédito a
fines del siglo XIX. Con la introducción de las razas inglesas, de crecimiento
rápido – los Hereford, los Shorthorn (“cuernos cortos”), los rancheros y los
consumidores iniciaron un idilio de 75 años con la carne de bovino jaspeada de
grasa. Pero, para evitar el exceso de colesterol, muchos norteamericanos están
comiendo cada vez menos carne. Los ganaderos vuelven los ojos otra vez hacia el
Longhorn, y están redescubriendo “una mina de oro genética” (a genetic gold
mine!!!) para la industria de la carne.
La conmovedora epopeya del Nuevo Mundo empezó cuando Colón trajo unas cuantas cabezas de ganado bovino andaluz, de España a las Islas de Santo Domingo. En 1521 una docena de crías de ese ganado acompañó al explorador español Gregorio de Villalobos hasta lo que hoy es México. Posteriormente los vaqueros que viajaban con los misioneros españoles arrearon a algunos descendientes de esa raza hacia el norte, a lo que después sería Texas.
Cuando los caseríos de las misiones eran víctimas de las enfermedades o del ataque de los indios, el ganado vagaba libremente por el territorio. Alertas y fuertes estos animales se adaptaron a los caprichos de la tierra agreste, y evolucionaron hasta convertirse en los Longhorn de Texas. Hacia 1860 unos cuatro millones de ellos, mostrencos y sin marca, vagaban por el estado.
Según la Asociación Norteamericana de Criadores de Longhorn de Texas, los animales pura sangre son “grandes, huesudos y andariegos, de costados carnosos y aspecto robusto. Tienen patas largas, con grandes cuartos traseros que hacen que las patas delanteras parezcan más cortas. La cabeza grande y alargada, da a los ojos la apariencia de estar muy separados, mientras que el cuello es corto y fornido”.
Este ganado, el más
espectacularmente coloreado de todos, con pelajes y combinaciones tan variadas
que no hay dos iguales, alcanza su peso máximo en ocho a diez años, y llega a
pesar de
Frank Dobie (1941), experto en Longhorn, pensaba que los cuernos surgieron de la necesidad. En su libro “The Longhorn” escribe:”Sólo los cuernilargos más aptos podían sobrevivir. Los cuernos les crecieron para defenderse de los lobos, y para apartar las ramas espinosas que protegen los escasos matorrales en la tierra reseca”.
Cuando combatía con manadas de lobos, el rebaño se reunía alrededor de sus becerros, formando un círculo apretado de cuernos afilados. Si un becerro era acorralado por un lobo lejos del rebaño, sólo chillaba y los cuernilargos acudían en su ayuda embistiendo.
Esta raza posee resistencia natural a todas las enfermedades y parásitos más comunes del ganado, incluyendo el peor enemigo del ganado de la sierra: el gusano espiral (larva de la mosca marcellaria) . Poco después de nacer un becerro de esta raza, los moscardones depositan sus huevos en el ombligo del animal, y bajo su cola. Las vacas lamen inmediatamente estas larvas para quitarlas de los becerros y de ellas mismas. Si los gusanos invaden alguna parte del cuerpo que no alcanzan, el Longhorn permanecerá durante horas en agua profunda para ahogarlos.
La fuerza física de estos extraordinarios animales los hizo atractivos para los primeros vaqueros. Hacia 1860, los texanos estaban reuniendo cuernilargos cerriles y fundando ranchitos. Pero sus empresas fueron detenidas temporalmente durante la Guerra de Secesión (1861-1865). Al terminar este conflicto los veteranos que regresaban encontraron a los cuernilargos nuevamente vagando salvajes en manadas que habían triplicado su tamaño. Unos cuantos texanos emprendedores, al advertir que el Norte desearía carne de los bovinos del Sur después de cinco duros años de privaciones, reunieron a los cuernilargos. Los arrearon miles de kilómetros hacia el norte, atravesando territorio indio, a las cabezas de vías del ferrocarril en Abilene y Dodge City, en Kansas.
Para arrear el ganado, los empresarios contrataron a jóvenes criados en el campo, algunos de apenas 14 años, y aproximadamente en una tercera parte mexicanos o negros: fueron los cowboys del Oeste norteamericano. La legendaria época de los vaqueros y los cuernilargos duró sólo unos 20 años, pero antes de concluir diez millones de cabezas de ganado siguieron los célebres “caminos ganaderos” como el Chisholm y otras famosas veredas hacia las cabezas de vía, sobre todo en Kansas y Missouri.
Los exuberantes pastizales de las praderas podían en tres años, convertir un becerro añal de cuatro dólares en un novillo o vaquilla de 20 o 30 dólares: por tanto los ganaderos podían vender 30.000 reses en medio millón de dólares. Esos hombres invirtieron en tierras a dos dólares la hectárea, y se convirtieron muy pronto en los barones ganaderos del Oeste norteamericano, además de apuntalar la estabilidad económica de Texas.
Pero estos bovinos, al desplazarse por las veredas hacia sus mercados, fueron los que colonizaron las tierras marginales de la sierra, que se creían sin valor. El movimiento del ganado a sus corrales de paso creó rústicos poblados de granjas familiares, que se convirtieron en la columna vertebral de la industria, atrayendo a los comerciantes, a los banqueros y al ferrocarril.
Llevar a estos cuernilargos a los
corrales era tarea agotadora. Los vaqueros andaban frecuentemente a caballo
durante cuatro meses, en que ganaban un dólar diario. Las manadas usualmente
eran de
Una famosa arreada fue hecha por
adolescentes, a cuya cabeza iba W.D.H. Saunders, de 17 años. Estos vaqueros
llevaban 800 bovinos, de raza Longhorn desde Goliad, Texas, hasta Woodville,
Mississipi. Los guías expertos habían considerado imposible cruzar el bajo
Mississipi, pero los muchachos no lo sabían. Aunque el punto por donde iban a
cruzar tenía dos kilómetros de anchura y
“Los cuernilargos chapalearon en las olas como hipopótamos, arrostraron el oleaje lodoso y salieron con osadía, cada uno siguiendo la estela del animal que iba delante de él, y milagrosamente se reunieron a salvo en la orilla opuesta”, relata Paul Wellman.
Hacia 1885, los ganaderos estadounidenses cruzaron razas más vigorosas con el anguloso cuernilargo, produciendo novillos más pesados, de maduración más rápida para carne, que dejaba más dinero. Por ello, los Longhorn cayeron en rápida decadencia.
En 1927, cuando el Congreso, obligado por los
grupos conservacionistas, destinó dinero para establecer una manada de
cuernilargos pura sangre para el Gobierno de los Estados Unidos, resultó una
tarea difícil. Dos guardabosques del Servicio Forestal de Estados Unidos
viajaron
Tal esfuerzo fructificó, pues hoy el Longhorn recorre el camino de regreso. Stewart Fowler, Jefe del Departamento de Agricultura del Berry College en Mount Berry, Georgia, declara: “ La reputación del cuernilargo de Texas como nuevo y valioso pie de cría se está difundiendo. Los rancheros se están dando cuenta de que esta es la raza que ha probado durante siglos poder sobresalir sin necesidad de granos caros como forraje, y con genes bien fijados por la naturaleza para una gran fertilidad, resistencia a la enfermedad y a los parásitos, facilidad de parto, fuerza y longevidad.
La raza Longhorn parece estar actualmente recorriendo otro importante camino nuevo. La carne magra, natural, que ofrece mayor nutrición por caloría, tiene gran demanda y el cuernilargo satisface los requisitos. Los que han probado su carne la catalogan como blanda y sabrosa.
Y aunque pasará algún tiempo antes de que podamos pedir carne “Longhorn magra” en los supermercados, la perspectiva de que sus singulares atributos ayudarán a reforzar a otras razas y, por lo mismo, vitalizarán a la industria cárnica, se ve con optimismo. ¡El fabuloso Longhorn de Texas tiene otra vez su hogar en las montañas!
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Cambiando Longhorn por CRIOLLO ARGENTINO y el de otras personas, lugares y circunstancias resulta “la misma historia”, que puede servir de línea argumental para un escrito similar sobre nuestra historia y ganado criollo propios.
Entre
nosotros:
“Renace
el criollo” – Rvta. Chacra & Campo Moderno, Noviembre 1994, pp:94-99.
“Como
corolario ante tan abrumadora información cabría preguntarse por qué, a pesar
de sus cualidades, el bovino Criollo Argentino, fue puesto al borde
mismo de la extinción, y, por qué, ajeno a todo proceso de selección artificial
a manos de criadores artesanales o técnicos, como ocurrió con las razas
tradicionales, exhibe una capacidad productiva parecida o superior a las de las
llamadas “mejoradas”. Quizá la respuesta
acertada la dio el Dr. Sol. L. Rabasa:
“se trata de uno de los signos más característicos de la penosa
transculturación que hemos sufrido”.
“...Mejorar razas ... implica
mejorar el comportamiento y la productividad en las condiciones de nuestra
realidad de explotación y de mercado... Por edad, experiencia y antecedentes os
aconsejo, tened confianza propia en vosotros mismos, buscad dentro del país, sin
salir de él, los elementos mejores y más adaptados a nuestro clima y a las
condiciones económicas de nuestros mercados, que los que hacéis venir con gran
costo del extranjero. Aflige ver capitales propios que salen a enriquecer a
criadores extranjeros, cuando podrían servir para mejorar nuestras razas de
ganado....” (Discurso Inaugural
del Sr. EDUARDO OLIVERA
Presidente de la Sociedad Rural Argentina del 3 de octubre de 1897; Citado por el Dr. Héctor
Molinuevo en “ANALES SRA”, 1991, Abril-Junio
pp. 37).
Serían “conservadores” pero no “tontos”
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