Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de
Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional
de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba,
República Argentina
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Criolla Argentina
Comunicación del Académico de
Número Méd. Vet. José A. Carrazzoni. 1998.
Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria,
Bs.As., 52(16):1-52.

El Ayer del
Bovino Criollo Argentino (1549-1959)
Antes de entrar en materia, se cree necesario aclarar que se ha elegido como tema de esta Comunicación al Bovino Criollo Argentino porque a pesar de la enorme trascendencia que tuvo este ganado en nuestra Historia, en todos sus aspectos, pero especialmente en los sociales y económicos, en sus nueve décadas de existencia la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria nunca lo trató especialmente. Por otra parte, el año próximo se cumplirán 40 años desde que se comenzó su recuperación y evaluación en la Subestación Experimental del INTA de Leales, Tucumán, habiéndose obtenidos resultados de producción realmente sorprendentes así como en otros. Además, varios académicos, algunos lamentablemente ya fallecidos, han tenido participación en su Historia.
La historia del vacuno Criollo comenzó en el año 1493, cuando Colón trajo los primeros ejemplares de vacunos desde España a la isla La Española (actual Santo Domingo). Lógico es suponer que los animales se compraron cerca de los puertos de Andalucía y también en las Islas Canarias, donde habían sido llevados hacía dos décadas desde esos mismos puertos. El historiador Gonzalo Hernández de Oviedo escribió en 1535 que los animales que se embarcaban para América provenían de aquellos lugares.
Según John Rouse, las razas españolas de las que pueden descender los Criollos americanos pueden ser las actuales Andaluza negra, la Retinta (pelo colorado oscuro), la Berrendas en negro y en colorado (overas) y la Cacereña (pelaje blanco). Si bien no se conocen descripciones más o menos exactas de las razas traídas a América, parece como más probable que hayan predominado las dos primeras, pues las dos últimas tienen pelaje mayormente de color blanco y en las que se trajeron predominaban las hoscas y doradillas. Todas estas razas se han criado en España desde tiempo inmemorial para la producción de carne en forma extensiva. La Retinta es conocida como "el vacuno de la España seca" por su adaptación a ambientes rigurosos.
Por su parte, nuestro historiador Edmundo Wernicke, después de investigar los Archivos de Indias, sostuvo que las razas que se trajeron mayoritariamente fueron la Andaluza y la Portuguesa. Hay que recordar que la Berrenda en negro y la Aracena de Portugal descienden de un mismo tronco conocido como Berrenda Ibérica. Además, la cría de la Retinta se hacía y se hace mayormente en el Sudoeste de España, sobre el límite con Portugal, por lo que está íntimamente relacionada con las razas portuguesas.
Según Inchausti y Tagle, la raza que más contribuyó a formar el vacuno criollo fue la Andaluza. En definitiva, todas las razas ibéricas hasta aquí citadas fueron las que se trajeron mayoritariamente al Nuevo Mundo y de sus cruzamientos se originó la raza Criolla.
Algunos sostienen que los vacunos ibéricos tuvieron su origen en los bovinos Hamíticos, domesticados 4000 años a.C. en el antiguo Egipto, que llegaron procedentes del Norte de África; pero más modernamente, otros sostienen que descienden directamente del Bos primigenius que habitara la región pirenaica en tiempos del Paleolítico.
La primera difusión de estos animales se produjo en las islas Grandes Antillas: La Española, Puerto Rico, Jamaica y Cuba, cronológicamente en ese orden; luego pasaron al continente, siendo Panamá el lugar del primer desembarco, aproximadamente en el año 1513.
Con vacunos provenientes de La Española y Cuba se pobló Méjico a partir de 1521 y de allí fueron llevados a los Estados Unidos, donde con el tiempo se formó el Longhorn actual. El Criollo argentino, en cambio, proviene del ganado que se llevó de Panamá a Perú, Chile y Bolivia. Hay suficientes pruebas genéticas, tanto de grupos sanguíneos como de pelajes, que demuestran que todos los bovinos criollos de las Américas están emparentados, lo que demuestra fehacientemente su mismo origen.
Parece interesante agregar que como los vacunos se reproducían eficientemente en los lugares citados, a mediados del siglo XVI se consideró innecesaria su importación y comenzaron a traerse en menor cantidad. El número total que llegó a América no se conoce, pues no todos alcanzaban a desembarcar (no hay que olvidar que cuando escaseaba el agua en los barcos se arrojaban al mar los animales y otros morían durante el viaje), pero se calcula que en el período considerado fueron menos de mil cabezas y que por cada cinco o seis vientres venía un macho. Si bien estas cifras pueden considerarse escasas, los genetistas creen que no faltó variancia genética y que siempre se conservó, pues su número ha sido abundante hasta ahora y porque afortunadamente muy pocos fueron seleccionados artificialmente y casi todos por la Naturaleza, a través de cinco siglos.
Luego de la conquista del imperio Inca, los españoles con sus expediciones hacia el Sur comenzaron a difundir sus ganados. Desde Lima partieron los conquistadores llevando ganado vacuno hacia Chile, Bolivia, Paraguay y el Norte argentino, donde llegaron por primera vez al Tucumán en 1549 con Juan Núñez del Prado, procedentes de Potosí. Poco tiempo después arribarían también desde Chile con el fundador de Santiago del Estero, don Francisco de Aguirre. En 1555 los hermanos Goes arrearon desde Brasil siete vacas y un toro, que fueron los primeros vacunos que llegaron a Asunción, de donde también con el tiempo algunos descendientes poblarían nuestro Nordeste. En 1568 Felipe de Cáceres y Juan de Garay llevaron desde Santa Cruz de la Sierra varios cientos de vacunos al Paraguay. Casi con seguridad que muchos hijos de estos animales fueron los que posteriormente arrearía Garay en 1573 y 1580, para la fundación de Santa Fe y Buenos Aires. Finalmente, algunos animales arribaron al Río de la Plata en viaje desde España, con escala en las Canarias y a veces en el Brasil.
Es indudable que la mayor parte de los bovinos que fueron poblando nuestro país fueron descendientes de los miles de cabezas que se trajeron desde Bolivia, Chile y de los que llegaron a Asunción desde las poblaciones del Alto Perú, aclaración que cabe porque algunos sostuvieron equivocadamente a fines del siglo pasado que nuestra ganadería provenía de las vacas y el toro de los hermanos Goes, que podrían tener sangre de razas holandesas.
No obstante, no se puede descartar rotundamente que algunos genes de razas de Holanda y, aún de cebúes, relativamente comunes en los puertos del sur de la Península Ibérica por esos tiempos, dado su comercio con la India, puedan encontrarse aún hoy en nuestros Criollos.
Los animales de todos estos orígenes conformaron el gran rodeo que se diseminaría desde Jujuy hasta el río Colorado, merced a las buenas condiciones del medio y a la escasez de enemigos naturales, llegando hasta mediados del siglo pasado sin infusión de sangre de razas británicas o europeas continentales y que fuera estimado por Félix de Azara en 42 millones de cabezas en 1780 que, según dijera, tenían sangre de la raza Andaluza.
En cambio, en nuestras Islas Malvinas, el origen de los vacunos se debió a su introducción por el explorador francés Luis de Bougainville, que fundó Port Louis en la isla Soledad en 1764 y al inglés John Byron que estableció Port Egmont en la Gran Malvina al año siguiente. Luego, durante el período en que las islas estuvieron bajo el dominio de España y de los gobiernos patrios se siguieron llevando vacunos, especialmente desde la banda Oriental. Carlos Darwin, que visitó las islas en 1834, poco después de ser usurpadas, dejó interesantes observaciones y comentarios sobre el ganado que las poblaba, destacando por ejemplo, que los equinos se degeneraban por lo que había que renovarlos constantemente desde el continente, lo que no ocurría con los vacunos.
Al principio de la Conquista los
españoles le dieron preferencia a los lanares sobre los vacunos, porque
aquellos eran más fáciles de arrear y costaba menos traerlos,
pero una vez que las poblaciones estaban bien establecidas se las dotaba de
ganado bovino. En nuestras tierras se le dio preferencia en el Norte a los
ovinos porque son menos exigentes en la calidad de pasto y porque las
poblaciones indígenas eran sedentarias y sabían tejer la lana de
sus camélidos, lo que facilitaba la mano de obra necesaria. En cambio,
en las llanuras pampeanas pobladas de buenos pastos y de indígenas
nómades, la cría del vacuno se difundió inmediatamente.
Entre 1550 y 1570 el Norte
argentino fue poblado de vacunos desde el Alto Perú, que se
multiplicaron tanto que a fines del siglo XVI los habitantes del Tucumán
comenzaron a abastecer a la populosa ciudad de Potosí, por entonces gran
centro minero.
En 1585 se fundó
Concepción del Bermejo, en plena región chaqueña, con la
finalidad de establecer un nexo entre Asunción y el Tucumán, pero
la resistencia de los indígenas obligó a despoblarla en 1632.
Esto originó que varios miles de cabezas vacunas y de otras especies se
diseminaran siguiendo las orillas de los ríos Bermejo y Teuco, poblando
así la región.
Durante el siglo XVI y hasta comienzos del siguiente el ganado vacuno se multiplicó en la región pampeana sin problemas: todavía no se exportaban cueros y los indígenas se preocupaban más por los equinos que por los bovinos. Además, la demanda de carne por los pobladores era mínima en comparación con la cantidad de cabezas existentes.
Hasta 1610 no parece haber habido
demasiado ganado vacuno en los alrededores de Buenos Aires, porque
recién ese año el Cabildo prohibió tener ganado dentro de
la ciudad y en un ejido de una legua.
Se puede considerar que la
multiplicación y difusión del vacuno tuvo lugar desde su llegada
a nuestras tierras hasta principios del siglo XVII, pero a partir de entonces y
hasta mediados del siglo XVIII, al internarse el ganado en las pampas hubo
necesidad de recurrir a las "vaquerías" para lograr
"cazarlo". Las vaquerías eran expediciones generalmente
riesgosas, debido al probable ataque de los indios de la zona, que
consistían en un grupo de hombres a caballo, con experiencia en enlazar
animales y cuerearlos, que bien montados y acompañados de perros, se
internaban en la llanura salvaje en busca del ganado cimarrón (sin
dueño) para sacrificarlo y sacarle el cuero especialmente, porque la cantidad
de carne que se aprovechaba era mínima. Desde mediados del siglo XVII
hasta fines de ese mismo siglo se calcula que se exportaron alrededor de 20.000
cueros anuales. Pero esa cantidad se elevó a 70.000 cueros anuales entre
los años 1700 y 1725.
La gran valorización de los
cueros debido a las exportaciones legales y al contrabando, hizo que la
hacienda aumentara su valor y a medida que fueron desapareciendo las
vaquerías, comenzaron a aparecer las estancias coloniales, donde la
hacienda se marcaba y se pastoreaba, evitando su dispersión. La
cría del ganado en estancia permitió mejorar el secado de los
cueros y un mayor aprovechamiento de la carne. Esta situación no
varió desde fines del siglo XVIII hasta mediados del siglo siguiente en
que comenzó a difundirse el alambrado.
Durante
los siglos XVIII y XIX comenzaron a mencionarse
variedades del vacuno Criollo identificadas como el "Ñato" y
el "Mocho".
Los bovinos Ñatos fueron
descriptos muy bien tanto por Félix de Azara como por Alcides D'Orbigny.
El vacuno Ñato
despertó la curiosidad de Darwin, que le solicitó a nuestro
sabio, el Dr. Francisco J. Muñiz, asesoramiento sobre este tema, quien
le hizo saber que tendían a desaparecer por su dificultad en
alimentarse, sobre todo en épocas de sequía. Actualmente se sabe
que estos animales, de perfil ultracóncavo y mandíbula inferior
pronunciada (prognatismo), son producto de factores subletales hereditarios que
provocan un desarrollo óseo anormal.
Hoy día se pueden hallar ejemplares
en Jujuy, donde fueron estudiados por el Dr. Eduardo Hansen y actualmente por
el Ing. Zoot. M. Sánchez Mera.
Con respecto a los bovinos
Criollos sin cuernos o Mochos, si bien no son comunes, algunos ejemplares los
poseen, como lo demuestran las razas Romo Sinuano de Colombia y Mocho Nacional
de Brasil.
Según Félix de Azara
los primeros Criollos Mochos fueron los que aparecieron en la estancia
correntina de los jesuitas "Rincón de Luna", en el año
1770. Hay constancias que diez años después se llevaron de esa
estancia algunos a la Banda Oriental. En 1882 don José Hernández
sostenía que los vacunos mochos eran una excepción en el
país y don Ricardo Hogg escribió que vio en 1894 en el
departamento de Punilla (Córdoba), un lote de vacas Criollas bayas y
mochas.
Desde la última mitad del
siglo XVIII hasta comienzos de la segunda mitad del siglo XIX, o sea por
aproximadamente un siglo, los vacunos fueron criados en la estancia colonial,
pues los ganados cimarrones escaseaban y además se los encontraba muy
distantes de las poblaciones de cierta importancia.
Las estancias coloniales fueron
apareciendo en la región pampeana ante la necesidad de disponer de
ganado bovino para satisfacer la gran demanda de los cueros y comenzar a
aprovechar mediante la salazón la carne que quedaba desperdiciada en los
campos, así como la de defender del ataque de los indígenas que
se llevaban grandes cantidades de animales para negociar en Chile.
Las estancias eran campos grandes
o medianos, bien empastados, que disponían de una fuente de agua. El
casco estaba constituido por algunos ranchos o casas primitivas donde
vivían el dueño con su familia o el encargado, ubicado en un
alto, donde también se plantaba un grueso poste o "rascadero".
Alrededor de él se rodeaba la hacienda hasta "aquerenciarla",
o sea hasta que el animal se acostumbraba a no alejarse. A veces también
se les distribuía sal, porque generalmente eran muy afectos a
consumirla. Los animales eran vigilados día y noche y una vez por
día se los acercaba a la aguada. Una o dos veces por semana los animales
eran rodeados para curar las "bicheras" y al momento del destete se
procedía a marcar a fuego las crías y en los casos convenientes a
castrar los terneros. Era muy común que también se criaran
yeguarizos y que se produjeran mulas para vender en las ferias de Salta y
Jujuy.
Las estancias ubicadas en regiones
donde se disponía de piedra o de suficiente madera, tenían el
casco y algunos potreros con cercados construidos con esos materiales.
A fines del siglo XVIII comenzaron
a instalarse los primeros saladeros en la región del Río de la
Plata, en la Banda Oriental, pero se tendría que llegar al año
1810 para que se dispusiera de uno cerca de Buenos aires, en la localidad de
Ensenada.
A partir de entonces, la venta al
exterior de carne salada y de cueros vacunos fueron las exportaciones
más importantes de las Provincias Unidas y de la época Rosista,
hasta que pasada la mitad del siglo pasado las lanas ocuparon el primer lugar
por cuatro décadas. Baste decir que entre 1852 y 1862, las exportaciones
de lana aumentaron un 266 %, en tanto que las de cueros y carnes saladas de
vacunos disminuyeron el 21 % y el 30 %, respectivamente.
Durante la época de Rosas
llegó al país el primer toro importado con el fin de mejorar la
calidad de la hacienda criolla, a la que se le reprochaba la dureza de su
carne. El escocés John Miller trajo el reproductor "Tarquino"
de raza Shorthorn, en el bergantín "Cariboo", que fue
desembarcado el 12 de marzo de 1836, fecha que hasta hace algunos años
no se había podido precisar. El toro británico, al decir de algunos ganaderos,
tuvo más aceptación por la buena producción lechera de sus
hijas logradas con vientres Criollos, que por sus novillos, lo que resulta
lógico, si se tienen en cuenta la falta de rusticidad suficiente de los
animales con sangre Shorthorn para progresar en el medio pampeano y que la
demanda de la época era por novillos con cueros gruesos y resistentes y
carne con poca grasa, apta para la salazón y que aquellos no
podían proveer.
Don Ricardo Newton fue quien
primero instaló un alambrado en el país, en el año 1846,
al cercar el casco de su estancia "Santa María"; pero quien primero
alambra todo el perímetro de un establecimiento fue Don Francisco
Halbach, que cercó "Los Remedios" en Cañuelas, en 1855.
La difusión del alambrado
no se hizo rápidamente, lo que llevó a Sarmiento, amigo de
Halbach, a escribir: "¡Cerquen, no sean bárbaros!".
Pero ya en 1882, Don José
Hernández escribe: "Desde muchos años a esta parte, la
modificación de mayor consecuencia introducida en la industria rural, ha
sido la de los campos alambrados".
La segunda importación de
reproductores británicos se produjo recién en 1856, siendo Juan
N. Fernández quien trajo cuatro vientres y dos toros, ejemplo que fue
seguido por Leonardo Pereyra, Jorge Atucha y otros. Luego de pocos años,
entre 1862 y 1864, Leonardo Pereyra trajo los primeros Hereford y en 1879 Carlos
Guerrero importó los primeros Aberdeen Angus.
Algunos autores consideran que
desde la importación que realizara Fernández en 1856 hasta 1889
se extiende la "Era del Pedigree", año en que la Sociedad
Rural Argentina se hizo cargo de los Registros Genealógicos de las razas
Shorthorn y Hereford.
Poco a poco la absorción de
la raza Criolla se fue haciendo mediante el empleo de los toros de las tres
razas británicas, debido a que la refrigeración de la carne fue abriendo
nuevos mercados que demandaban un tipo de res distinto al que proporcionaba el
ganado nativo, al que despectivamente se lo acusaba de ser "puro hueso,
cuero y guampas".
Hasta entonces el vacuno Criollo
había provisto perfectamente a los mercados exteriores que demandaban
cueros y carnes magra apta para la salazón. A fines del siglo pasado los
mercados comenzaron a solicitar carnes tiernas y con grasa de cobertura, lo que
no podían suministrar los novillos Criollos de esa época.
El camino elegido para obtener ese
propósito fue el cruzamiento de vacas Criollas con toros Shorthorn,
Hereford y Aberdeen Angus, que proporcionaban un ternero con suficiente
rusticidad para el medio (vigor híbrido) y con una buena calidad de res.
Al mismo tiempo se fueron mejorándolas pasturas (se difundió la
alfalfa) y se popularizó el alambrado en la región pampeana (se
mejoró el manejo). Paralelo a estos mejoramientos, en las crías
fue predominando la sangre británica y comenzaron así a ser un
excelente producto de exportación, situación que no
cambiaría hasta después de la Segunda Guerra Mundial.
De este gran negocio no pudieron
participar los ganaderos del Norte, en zona de garrapatas, porque los animales
muy mestizados con sangre británica no pudieron adaptarse a las condiciones
ambientales, con altas temperaturas, pastos duros y gran cantidad de parásitos.
A la luz de los conocimientos
actuales se podría objetar que mejor que absorber el Criollo hubiese
sido seleccionarlo con el fin de mejorar sus aptitudes carniceras, pero este
era un camino que demandaba mucho más tiempo que el cruzamiento y que
era además, casi desconocido en esa época. Se puede recordar que
De Vries, Tschermak y Correns redescubrieron recién en 1909 las Leyes de
Mendel, que luego aplicarían también en el reino animal.
Sin embargo no puede dejar de
puntualizarse que en pleno proceso de mestización por las razas
británicas hubo voces muy autorizadas que llamaron la atención
sobre las cualidades de las haciendas criollas. Comenzaremos por destacar lo
que dijera Don José Hernández, gran impulsor de los estudios
superiores de Agronomía, Zootecnia y Veterinaria, un año antes de
fundarse el Instituto de Santa Catalina: "Con estas mismas haciendas
criollas, tan fáciles de domesticarse, que adquieren tan buen engorde,
que necesitan tan poco alimento, que viven a la intemperie y que completan su
crecimiento en tan poco tiempo; con estas mismas haciendas, decimos, viene el
país presentándose a la concurrencia en los grandes mercados del
mundo; y la mejora de los sistemas, y el mayor esmero en la elección de
los reproductores, han de darnos una superioridad que nos pertenece por muchas
otras causas".
Otra opinión digna de ser
citada es la del Dr. Mariano Demaría, primer Director del Instituto
Agronómico-Veterinario de Santa Catalina, que expresó, entre
otros conceptos: "hasta ahora nuestros caudal de ciencia y experiencia es
muy limitado. Nos han faltado medios de experimentación y
términos de comparación. Se puede asegurar con verdad, que no hay
en el país quien pueda decir, con perfecta competencia y con mayores
elementos de juicio, cuáles razas ofrecen mayores ventajas y que
convenga propagar en las diversas secciones de la República,
cuáles son las que mejor se adaptan a la variedad de su clima, pastos,
etc. De aquí proviene la anarquía de opiniones entre criadores,
lo que induce a unos a creer pésimo lo que otros consideran inmejorable,
según sean los resultados obtenidos en un estrecho campo de
observación".
Finalizando el siglo pasado, Don
Eduardo Olivera, primer Secretario de la Sociedad Rural Argentina, que fuera
designado "Patriarca de la ganadería argentina", durante la
Exposición de Palermo realizada en honor del Centenario de la
Revolución de Mayo, dejó escrito en 1897: "Por edad,
experiencia y antecedentes, os aconsejo, tened confianza en vosotros mismos...
buscad dentro del país, sin salir de él, los mejores elementos y
más adaptados a nuestro clima y a las condiciones económicas de
nuestros mercados que los que hacéis venir a gran costo del extranjero".
Estos tres párrafos de
Hernández, Demaría y Olivera demuestran que hace más de un
siglo que el vacuno Criollo era valorado por hombres muy vinculados a las
Ciencias Agropecuarias y que el ostracismo al que fue sometido por muchas
décadas, en vez de ser evaluado y comparado con otras razas extranjeras
en las mismas condiciones de medio y manejo, nos ha privado de contar hacer ya
tiempo con un animal rústico y productivo, como se verá
más adelante.
Todavía en 1946, en su
Bovinotecnia, dos de los más renombrados zootecnistas argentinos, los Dres. Daniel Inchausti y Ezequiel Tagle,
ante la falta de investigaciones científicas que pusieran de manifiesto
el valor real del vacuno Criollo, decían: "Ha sido preconizada la
selección del ganado criollo, para perfeccionarlo sin introducir sangres
mejoradas, pero éste es un procedimiento lento y que requerirá
mucho cuidado".
Faltaría
agregar que la raza Frisia (Holando) llegó al país en 1883, pero
la situación que se vivía no justificaba explotar animales
solamente por la producción lechera, por lo que tardó
aproximadamente cuatro décadas en imponerse. Además, su leche con
bajo contenido en grasa, en comparación con la de la vaca Criolla,
influyó también para retardar su difusión.
Así
se llega al año 1959, en que las haciendas criollas pastoreaban en los
campos más inhóspitos del país, donde sólo
podían vivir gracias a una rusticidad producto de una adaptación
de cuatro siglos. Su número posiblemente no debe haber alcanzado a las
200.000 cabezas, casi todas distribuidas por la Región Chaqueña,
que ocupa gran parte de las provincias de Salta, Chaco, Formosa y Santiago del
Estero y algo de algunas vecinas.
El Dr. Jorge de Alba, notable científico y especialista en Producción Animal y maestro de innumerables técnicos latinoamericanos, entre los que tengo el honor de contarme, fue quien insinuó la conveniencia de recuperar el Bovino Criollo Argentino, cuando ya muy pocos lo tenían en cuenta. El Dr. de Alba hacía ya unos años que venía trabajando en el tema del ganado Criollo de América y tenía a su cargo el rodeo de Criollo Lechero de Turrialba, del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA).
La idea surgió de una conversación que mantuviera, recién creado el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), con el Dr. José M. R. Quevedo, por entonces Director de Investigaciones Ganaderas, quien se puso en contacto con el Ing. Agr. Roberto Fernández de Ullivarri, Director del Centro Regional del Noroeste, para organizar la selección del ganado Criollo en la Subestación de Leales (Tucumán). Como el Dr. Rodolfo C. Viñas, procedente de la ciudad de Corrientes, recién se había hecho cargo de la dirección de la Subestación de Leales y acababa de recibirse de Médico Veterinario, se me comisionó para asesorarlo en la tarea inicial de selección y evaluación del Criollo. Con la valiosa colaboración del Dr. Nabor Diez, un veterinario salteño con amplia experiencia en el tema y el apoyo de los citados Directores, se logró comprar un pequeño lote de Criollos procedente del Chaco salteño (Departamento Rivadavia), compuesto por 35 vientres y 2 toros, con los que se iniciaría la multiplicación, selección y comparación de los animales con los de otras razas. Durante este proceso se fueron adquiriendo más animales, tanto de Salta como de Jujuy, Santiago del Estero y Tucumán. (ver fotos A, B, C y D).

Foto A: Cambiando ideas en Leales, Tucumán, con
el Dr. R. t. Clark (de espaldas) sobre la selección del Ganado
Bovino Criollo. De frente, en el centro, sentado, el
Ing. Agr. R. Fernández de Ullivarri. Mayo de 1950.
Foto B: De frente, a la derecha del autor, el Dr.
Clark hablando a los presentes. El primero de la izquierda
es el Agr. Griffith, por entonces director de la
Subestación Leales (INTA). Mayo de 1958.

Foto C: El Dr. Nabor Diez, de negro, al lado del
autor, en la Estancia de la sucesión Linares, en Cabeza de Buey (Salta).
Mayo de 1958.
Foto D: Un toro y una vaquilla, supuestamente de raza
Criolla, en el camino entre Salta y Jujuy. Mayo de 1958.
Corría el año 1959 y comenzaba para el Bovino Criollo Argentino una nueva etapa, que de acuerdo a los resultados de las investigaciones que se han venido obteniendo desde entonces, lo colocan como uno de los pilares de nuestra ganadería y lo rehabilitan ante la consideración de los ganaderos argentinos.
Los trabajos que inició el Dr. Rodolfo C. Viñas, después de unos años fueron continuados por el Ing. Zoot. Florencio Sal Paz hasta la fecha, obteniéndose importantes resultados de numerosas investigaciones. Sin embargo, para que esos resultados de tantos años de trabajos en Leales tomaran la difusión debida, hubo que llegar al año 1983, en que la curiosidad científica y responsabilidad del Ing. Agr. Gonzalo Ruiz Sempere, por entonces Jefe de la Agencia de Extensión de Jesús María (Córdoba) del INTA, lo llevara a realizar las actividades necesarias para impulsar nuevas investigaciones y a difundir viejos y nuevos resultados.
Las cartas con consultas del Ing. Agr. Gonzalo Ruiz Sempere al Ing. Zoot. Florencio Sal Paz de Leales y al Dr. Héctor A. Molinuevo, de la E.E.A. de Balcarce (INTA), pusieron en marcha una nueva y definitiva etapa para el vacuno Criollo, en la que contó con la invalorable colaboración y apoyo del Médico Veterinario y ganadero Dr. Enrique Andreani y del Médico y ganadero Dr. Sol Rabasa.
Pero es conveniente volver a la correspondencia citada, que en la carta inicial (del 9 de junio de 1983) Gonzalo Ruiz aclara: "(... ) estoy excitado con el tema "criollo". No soy nacionalista irracional ni mucho menos "chauvinista" pero el tema me ha interesado, sorprendido e intrigado".
Por su parte, el Dr. Molinuevo, en su contestación sobre la posibilidad de emplear el Criollo, dice en uno de los párrafos de su carta: 1) El cruzamiento de nuestros antiguos rodeos criollos por toros de razas británicas fue exitoso al producir un tipo de animal de fácil comercialización y adaptado al medio como consecuencia de las aptitudes de ambas razas y un grado no determinado de vigor híbrido. 2) Al haberse atribuido la mejora de la productividad de los rodeos a las razas británicas y no a la interacción entre ellas y el ganado criollo (lo que hubiera llevado a concluir en la conveniencia de mantener el criollo para cruzamiento o un biotipo intermedio entre ambas razas, "cuarterón"), se continuó con el cruzamiento absorbente por la raza británica hasta que los rodeos perdieron la rusticidad necesaria".
En uno de los párrafos de su respuesta a Gonzalo Ruiz, Florencio Sal Paz aclara porqué hasta entonces no había trascendido mayor información sobre el ganado Criollo, diciendo: "Los trabajos han sido publicados en revistas de diferentes niveles, y se ha participado en reuniones regionales e internacionales sobre el tema, con los resultados de nuestras investigaciones. La poca difusión que tiene se debe a que en general el Criollo no gusta por su aspecto fenotípico y se lo castiga con un menor precio de comercialización ".
Convienen señalar desde ya que esa situación no ha cambiado totalmente, por lo que es uno de los temas más importantes a revertir, si se quiere aprovechar las ventajas de esta raza. Quizás por eso sea oportuno adelantarnos a recordar que el ganado Criollo no será posiblemente el que desteta los "más lindos terneros" para la generalidad de los compradores de hacienda, pero que la vaca Criolla es a la que se le mueren menos crías al pie, no ofrece dudas. Por lo tanto tiene razón aquel que dice: "El novillo más feo es el ternero muerto .....".
Gran cantidad de trabajos sobre el ganado criollo y sus cruzas se sucedieron desde entonces, producto de investigaciones realizadas en distintas reparticiones del INTA, de la Universidad Nacional de Tucumán, de la Universidad Nacional de La Plata, de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, de la Universidad Nacional de Rosario y otros organismos oficiales y privados, inclusive varios del exterior, que han sido publicados. Cuatro tomos de "Ganado Bovino Criollo", editados por la Asociación Argentina de Criadores de Ganado Bovino Criollo (A.A.C.G.B.C.), fundada en 1984, recopilan una parte del material existente.
La Asociación lleva efectuadas 14 Jornadas Nacionales del Bovino Criollo en Jesús María (Córdoba), habiéndose publicado los trabajos presentados en las primeras 8 jornadas en los 4 tomos citados aparecidos entre 1986 y 1995, contándose entre sus autores destacados científicos nacionales y extranjeros.
A continuación se dan algunos datos relativos a la productividad del Bovino Criollo Argentino, como una contribución más destinada a favorecer la ganadería del país.
La vaca Criolla es de
tamaño mediano y pesa entre 400 y
La longevidad y fertilidad de la vaca Criolla hace que no sean raros los casos vientres que a los 13 ó 15 años estén pariendo su décimo segundo ternero .
El dimorfismo sexual es bien
acentuado, pues el toro tiene una conformación más carnicera y es
de mayor tamaño, oscilando su peso entre 600 y

Foto 1: Toro de raza Criolla.
Foto 2: Toro de raza Criolla.
Foto 3: Vientres Criollos con ternero al pie.
Fotos gentileza Ing. Agr. Gonzalo Ruiz Sempere.
Los Criollos son dóciles para el trabajo y las vacas son excelentes madres, muy indicadas para ambientes rigurosos o de monte. El macho repunta las hembras, comportamiento típico de animales silvestres y además poseen la cualidad de beber a largos intervalos, lo que los hace aprovechar amplias superficies de pastoreo, sobre todo en época de sequía o en campos con poca densidad de pastos.
Como no ha sido seleccionado por el hombre, presenta todos los tipos de pelajes, producto de dos pigmentos básicos, el negro y el colorado, y de la ausencia de color blanco.
El Criollo chaqueño, el más numeroso del país y origen del plantel de Leales, presenta el pelaje doradillo predominantemente, con tonalidades que van del bayo al colorado. Según estudios genéticos realizados por el Dr. Sol Rabasa y colaboradores en 1976, se considera que la policromía del Criollo no se debe a cruzamientos indiscriminados sino a un sistema polimórfico equilibrado, donde la frecuencia de los distintos pelajes se debe a la ventaja selectiva de cada uno de ellos con respecto al medio y a las distintas funciones a que pueden estar asociados.
El pelo corto y el cuero grueso y flexible, demuestran su adaptación al clima cálido, siendo más resistente a la invasión de parásitos externos y a la Queroconjuntivitis que los vacunos británicos y europeos continentales.
El hallazgo de un rodeo de Criollos en estado de pureza en 1989, por los docentes de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Ingenieros R. D. Martínez y C. A. Rodríguez, en el Parque Nacional Los Glaciares, situado al S.O. de la provincia de Santa Cruz, demuestra la adaptabilidad de este ganado a un medio totalmente diferente al del Norte y de la región Pampeana.
En 1976, el Dr. Indalecio Quinteros de la Universidad Nacional de La Plata, analizando grupos sanguíneos, encontró que el Criollo tenía 13 de 22 fenogramas del sistema B diferentes a otras razas de Bos taurus; pero también halló coincidencias con el Longhorn de los Estados Unidos, lo que no debe extrañar de acuerdo a la historia de los vacunos traídos desde España a las Américas.
Al comienzo las investigaciones
desarrolladas en Leales trataron de poner de manifiesto resultados comparativos
de cruzas entre bovinos de razas europeas y el cebú Nelore y el Criollo,
a fin de poder identificar un ganado rústico con buena producción
de carne, apto para ser explotado en el Norte Argentino. Pero a medida que fue
pasando el tiempo, el rodeo de Criollos, que era necesario mantener en pureza,
fue manifestando cualidades insospechadas que llevaron al convencimiento que
debía ser estudiado también como una raza pura y no sólo
los resultados de sus cruzas.
Así fue que desde Leales se
fueron proporcionado pequeños rodeos a otras Estaciones Experimentales
del INTA, ubicadas en las provincias de Buenos Aires, Formosa, La Pampa,
Santiago del Estero, La Rioja y San Luis, entre otras, para proseguir los
estudios sobre su comportamiento en diferentes ambientes.
Resultados reproductivos obtenidos en Leales, pueden observarse en el cuadro Nº 1, donde se han colocado los obtenidos tanto con razas puras como con cruzamientos. Allí se comprueba que si bien el Criollo no presenta uno de los más altos porcentajes de parición (74 %), en cambio muestra uno de los más altos destetes en raza pura (73 %), demostrando que como su mortalidad al pie de la madre es muy baja, finalmente desteta una buena cantidad de crías.
Cuadro Nº 1: RESULTADOS REPRODUCTIVOS DE 16 AÑOS EN LEALES
(Alicia R. de Sal Paz, INTA Leales)
|
Padre |
Madre |
Nº observaciones |
Parición % |
Destete % |
|
Criollo |
Criollo |
978 |
74 |
73 |
|
Angus |
Angus |
279 |
76 |
67 |
|
Hereford |
Hereford |
400 |
79 |
69 |
|
Nelore |
Nelore |
317 |
81 |
76 |
|
Nelore |
Criollo |
76 |
74 |
71 |
|
Nelore |
Angus |
407 |
75 |
72 |
Según distintos ambientes y
manejos, los terneros Criollos y sus cruzas se han destetado entre los cinco
meses y medio y los ocho meses de edad.
El Ing. Agr. Guillermo Joandet, en
momentos en que se desempeñaba como Director Nacional de Investigaciones
del INTA, comentó sobre el proceso evolutivo del ganado Criollo en los
400 años de permanencia en nuestro país: "(…) no
sólo han logrado sobrevivir, sino que, además, han demostrado una
total adaptación, como lo certifica el hecho de que poseen un muy buen
comportamiento reproductivo".
El cuadro Nº 2 presenta los resultados comparativos obtenidos exclusivamente entre razas puras. Puede observarse que tanto el Criollo como el Nelore superan al Hereford en casi todos los parámetros considerados, dada su mayor rusticidad y adaptación al medio. Es interesante destacar que el Criollo supera a los dos restantes en cantidad de kilos producidos por hectárea por año.
Cuadro Nº 2: PRODUCCIÓN EN CRÍA DE LAS RAZAS HEREFORD, CRIOLLO Y NELORE
(F. Sal Paz, INTA Leales)
|
Raza |
Nº |
Par. % |
Mort. % |
Marc.% |
PD kg. |
PV kg. |
PD/PV |
Kg/Ha/año |
|
Hereford |
626 |
77 |
10,8 |
68 |
146 |
401 |
0.36 |
68,5 |
|
Criollo |
2.109 |
75 |
2,0 |
74 |
174 |
383 |
0.45 |
93,5 |
|
Nelore |
653 |
76 |
6,4 |
71 |
179 |
394 |
0.45 |
89,5 |
|
Referencias: PD: Peso Destete; PV: Peso Vivo;
Kg/Ha/año: kilos por Hectárea por año |
||||||||
También en Leales se han investigado el peso al destete, el peso materno y la eficiencia materna, tal como se puede observaren el cuadro Nº 3. Se demuestra que la eficiencia materna de la vaca Criolla es superior a la de otras razas y muy similar a la de los vientres producto del cruzamiento de europeos con Nelore.
Cuadro Nº 3: PESO DE DESTETE, PESO MATERNO Y EFICIENCIA MATERNA
(Florencio Sal Paz, INTA Leales)
|
Raza o cruza |
Nº |
P.D.en Kg. |
P.M.en kg. |
Ef.M.PD/PM |
|
Angus |
237 |
146 |
380 |
0,39 |
|
Hereford |
420 |
163 |
422 |
0,39 |
|
Pardo Suizo |
301 |
193 |
502 |
0,38 |
|
Nelore |
324 |
176 |
395 |
0,45 |
|
Criollo |
980 |
185 |
387 |
0,48 |
|
Angus - Nelore |
947 |
193 |
408 |
0,48 |
|
Hereford - Nelore |
2743 |
200 |
411 |
0,49 |
|
P. Suizo - Nelore |
1669 |
213 |
450 |
0,47 |
Sobre la capacidad de servicio de
los toros el Dr. Marcelo Canosa ha realizado, con otros veterinarios, trabajos
que pueden tomarse como referencia solamente, pues no cabe la
comparación con otras razas. Se observan en el cuadro Nº 4 y se
puede inferir que los toros Criollos poseen una "Capacidad de
Servicio" similar a los de razas europeas.
Cuadro Nº 4: CAPACIDAD DE SERVICIO DE TOROS CRIOLLOS Y BRITÁNICOS
(Dres. Canosa, Ballester y Cornejo; Dres. Canosa,
Marinelli y Peñafort. Todos estos profesionales se desempeñan en
la actividad privada)
|
|
Criollos A. |
A.Angus y Hereford |
||
|
Nº |
% |
Nº |
% |
|
|
Alta |
37 |
70 |
184 |
74 |
|
Media |
12 |
23 |
50 |
20 |
|
Baja |
4 |
7 |
16 |
6 |
|
Totales |
53 |
|
250 |
|
Por
su parte, el Ing. Agr. Gonzalo Ruiz cita el caso de 400 vaquillonas servidas
por sólo siete toros Criollos (o sea con 1,75 %), que en 50 días
de servicio dieron un porcentaje de preñez del 92 %. Otro dato aporta el
Médico Veterinario Andrés Cornejo, en un campo de la Cuenca del
Salado: sobre 293 vaquillonas A. Angus, en 64 días de servicio, se
logró 90 % de preñez empleando sólo dos toros Criollos de
"Alta Capacidad de Servicio".
En otra investigación se
estudió la eficiencia de conversión alimenticia de novillitos en
la etapa postdestete, comparando animales Criollos con cruza Hereford - Nelore
(5/8 y 3/8 respectivamente), hallando que no había mayores diferencias, como
puede verse en el cuadro Nº 5.
Cuadro Nº 5: EFICIENCIA DE CONVERSIÓN ALIMENTICIA EN LA RECRÍA
(Florencio Sal Paz, INTA Leales)