J. J. Salazar y A. Cardozo. 2007. Departamento de Agricultura, FAO.
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Argentino
Introducción
En el
conjunto regional de la economía latinoamericana, la ganadería bovina
constituye una de las fuentes mas importantes de producción de proteínas,
genera una gran utilización de mano de obra y ocupa una extensa área de nuestro
territorio. A pesar de esta incidencia socio-económica en las estructuras
latinoamericanas, la producción y productividad bovinas son inferiores a las de
otra clase de industrias que, en la mayoría de los casos, no ofrecen las
características de imprescindibilidad e importancia que representa el producto
de la industria ganadera ni su naturaleza de renovación. La tarea del futuro en
una zona que, en general, se distingue por el bajo nivel nutricional de sus
habitantes, es estimular la producción proteínica y desarrollar
prioritariamente una industria que permita cubrir al menos los mínimos
requerimientos nutricionales de la población, generando al mismo tiempo
productos de exportación a fin de incrementar las divisas necesarias para el
desarrollo integral de nuestros países.
La
problemática del ganado bovino es compleja. Se trata de un sistema de factores
cuya resultante emerge de la suma e interacción de cada uno de ellos entre sí.
En general, se ha señalado que la alimentación es uno de los aspectos más
críticos del problema. Sin embargo, no podrían dejar de mencionarse otros
factores tales como la sanidad, por las cuantiosas pérdidas que representa en
materia de mortalidad y principalmente de morbilidad. Igualmente, el factor
manejo - en el sistema y en el hato - es considerado de primordial importancia
en cuanto al control de los desequilibrios del esquema. También la capacidad de
producción que deriva de la naturaleza genética es motivo de grave
preocupación, porque afecta directamente a la economía y repercute en la
producción y productividad de la empresa pecuaria. La producción bruta medida
en kilos de canal o litros de leche en el hato podría ser considerada como un
resultado absoluto. Sin embargo, el rigor económico requiere un análisis
integral a fin de conocer el quantum de la inversión y la producción neta para determinar
el concepto de productividad. Esta tampoco puede ser medida rígidamente, sino
según el ecosistema y de acuerdo a cada sistema de producción.
La
experiencia indica que, en diferentes sistemas de producción, el componente
bovino Criollo muestra, aparentemente, un grado importante de eficiencia. Sin
embargo, como el bovino Criollo no ha sido seleccionado para la producción sino
para la adaptación a los distintos sistemas, no puede pensarse que constituya
la única alternativa para el componente genético. Lo que se trata de expresar
es que el bovino Criollo es una base importante, tal vez insustituible en
ciertas condiciones latinoamericanas, para la consideración del componente
genético. Afirmar lo contrario sería pensar que pasaron en vano casi 500 años
de selección natural por adaptación al medio latinoamericano.
El ganado de España
La ganadería
de la Península Ibérica, particularmente de España, era a fines del siglo XV
una ganadería parcialmente importada. Había recibido masivas migraciones de África
y del Cercano Oriente y estaba in proceso de aclimatación. Este período de
aclimatación fue menor que la etapa a lo largo de la cual continuarían aclimatándose
los bovinos en América. Por lo tanto, cuando se señala el origen ibérico de la
ganadería latinoamericana, es necesario asumir que la Península, en realidad,
fue el puente en la dispersión de ganado a partir de otro origen primario hasta
un hábitat que hoy es más nativo que el español.
En todo caso,
cuando Cristóbal Colon llegó por segunda vez a América en 1493, trajo consigo
los primeros bovinos. Provenían de esa ganadería en formación que se estaba
desarrollando en las tres principales regiones de España. En efecto: al norte y
al sur de España se adaptaron ganados que fueron mostrando diferencias de
fenotipo y producción. Pero, tal vez, los reproductores fundadores de la
ganadería latinoamericana provienen principalmente del centro de España.
Aparentemente, el mayor recurso genético bovino se recibió de Andalucía. Tres
arquetipos generales han originado la ganadería latinoamericana: los bovinos de
cara cóncava morena, de cara convexa roja y de cara convexa rubia. Desde el
punto de vista cuantitativo, los últimos son los más importantes.
Los españoles
desembarcaron en el Caribe con estos bovinos importados y desde allí se inició
su dispersión, con tal éxito que antes de 40 años, en 1524, ya se informa sobre
la existencia de bovinos en todos los países de América del Sur. Ingresaron por
Santa Marta, Colombia, en primer término. Una sub-corriente entró a Venezuela.
Hacia el sur, Lima constituyó el foco principal de dispersión. Desde allí
atravesaron Bolivia, Paraguay y Chile hasta alcanzar la República Argentina y
Uruguay. Otra corriente llego desde el Brasil y el propio Río de la Plata se
convirtió en un foco importante de dispersión. Desde 1524, América comenzó a
poblar su territorio de bovinos y a introducirlos en sus sistemas ecológicos,
generando el equilibrio del momento actual.
Esos bovinos
tenían sutiles diferencias fenotípicas y originaron tipos parcialmente
incubados en España, pero que se desarrollaron ampliamente en América. Hoy, es
corriente observar esa gran diferenciación en los diversos ecosistemas de
América. Sin embargo, podrían determinarse al menos tres arquetipos de bovinos
Criollos:
Estos
arquetipos evolucionan y lo harían mas dinámicamente si su evolución no se
viera obstaculizada por la inclusión de otras razas y la dirección preconcebida
en materia de nuevos patrones de selección. Permanecen, no obstante, como el substratum
de la mayoría de las ganaderías latinoamericanas asentadas en los diferentes
países.
Desarrollo
El ganado
bovino fue absorbido en América con suma facilidad y eso explica su rápida
difusión. Sólo los pueblos primitivos de los Altos Andes tenían a su
disposición animales domésticos de cierta talla, como los camélidos. Las demás
especies eran menores. El bovino se integró con facilidad al nuevo medio que,
ecológicamente, enmarco su desarrollo.
El nomadismo
de las primeras poblaciones americanas, aparecidas a comienzos del neolítico,
dio gradualmente paso a los primeros asentamientos. La domesticación del ganado
consolidó la necesidad de fijarse en sitios determinados. El cultivo de
cucurbitáceas y algodón de los pueblos mas primitivos de Perú y Ecuador, hasta
entonces rudimentario y realizado a mano, encontró en el buey un instrumento
que hizo menos fatigosa la tarea. Así, el bovino se convirtió en una
herramienta indispensable.
La
transferencia de tecnología de los españoles permitió utilizar a los bovinos en
la producción de leche y carne. Lamentablemente, por circunstancias derivadas
de la transculturización, de la desarticulación colonial de la organización
social pre-existente, de las nuevas pautas socioeconómicas introducidas, la
tecnología no aceptó la hibridación. Ni se absorbió plenamente la mediana
tecnología española ni hubo aportes significativos al mejoramiento zootécnico
por parte de un pueblo que aprendía a criar bovinos. Así, el desarrollo
zootécnico se redujo al uso de una tecnología mínima y, sobre todo, a la rutina
de la crianza.
Por estos
factores, someramente indicados, la selección de los bovinos en América
consistió preponderantemente en su adaptación al nuevo ecosistema. El hombre
fue, posiblemente, el que mayor influencia debió ejercer sobre el ecosistema.
Una ganadería sin mejores pasturas, hasta hoy, evolucionó adaptándose a
pasturas pobres y en ese ejercicio demostró una rusticidad que trajo
potencialmente de España. Pero continuó ejerciendo su presión de selección y
conservó a los animales más parcos en comer, más resistentes a los embates de
las enfermedades y los parásitos, a las condiciones climáticas y al trabajo
duro. En muchas regiones de América, los bovinos disponen de niveles
nutricionales equilibrados sólo durante cinco meses del año. Es normal que los
terneros padezcan una dieta restringida, por ejemplo períodos de apenas 120
días de lactancia. El trabajo agrícola arduo, la mala alimentación, la
reproducción sostenida, han formado una raza adaptada a esas condiciones que
prueba su fortaleza. Como elemento irrebatible de su adaptación, muestran una
fertilidad tanto o más alta que cualquier otra raza moderna.
La selección
en tándem ha producido una serie de caracteres estables de permanencia y
solidez garantizadas, particularidad considerada como la mejor de las razas
primitivas y que ha llevado a la creación de lo que se denominan “poblaciones
sanas”. Por el contrario, la selección de caracteres individualizados
específicamente puede crear desequilibrios orgánicos en la población cuyas
consecuencias suelen manifestarse en deficiencia productiva, inestabilidad en
el aspecto sanitario, incremento de requerimientos, etc. Estas particularidades
son perceptibles en las razas altamente especializadas. Este hecho podría
compararse, en el plano intelectual, con el ejemplo de un científico altamente
especializado pero incapaz de cumplir tareas sencillas al margen de su
especialidad. Inversamente, en la lucha por la vida, un hombre sencillo podría
desenvolverse mejor en condiciones críticas.
El desarrollo
de los bovinos Criollos fue admitido por el hombre americano debido a una
coyuntura económica. El bovino llego oportunamente para ampliar una agricultura
renovada por la introducción de nuevos cultivos. Como instrumento, fue
eficiente.
Esta
herramienta fue considerada por el hombre como estable y permanente, pero
debido a su inexperiencia en el manejo ganadero, no supo conservarla. Sin
praderas, la ganadería quedó librada a su suerte. Desarrolló su enorme
potencialidad ajustándose al nuevo ambiente, sin otro requisito que el de no
extinguirse, servir para el trabajo y comer poco. El bovino Criollo respondió a
las condiciones adversas con alta reproducción, fecunda longevidad y una
estabilidad genética de “población sana”.
Proyección del bovino
Criollo
Las
consideraciones precedentes justifican el interés de los autores en señalar que
los bovinos Criollos constituyen un recurso genético gestado en el ecosistema
americano. Su valor más alto reside en la capacidad de acomodación al ambiente.
Para alentar su preservación y promover su evolución, se debe tener en cuenta,
de una vez por todas, que no se trata de una “preservación por la mera
preservación”. Lo que se busca es utilizar su capacidad de resistencia al medio
(ecológico, económico y social).Tampoco se trata de establecer un zoológico de
especies Criollas ni de crear un dominio absorbente del bovino Criollo. El
objetivo, en síntesis, es combinar la capacidad adaptativa con los
requerimientos de producción y productividad del mercado moderno.
En el último
siglo, la introducción de razas especializadas en la ganadería americana ha
merecido gran atención y el empleo de enormes recursos financieros. Al margen
de la crítica técnica - las importaciones se han considerado el único vehículo
para mejorar la ganadería - se ha subestimado el valor de los bovinos Criollos.
Es posible admitir el aspecto comercial de la introducción de razas. Pero, en
muchos casos, la sobrevalorización de las razas introducidas se ha basado en comparaciones
defectuosas. El bovino Criollo, en términos generales de latitud y altitud, no
puede competir en producción con razas especializadas. El bovino Criollo, su
diferenciación racial y etnológica, no han tenido una evolución especializada y
en conjunto, deben considerarse como razas primitivas. Esto establece una clara
diferenciación con las razas especializadas, es decir, las razas introducidas.
Pero el bovino Criollo ofrece la posibilidad de sumar la rusticidad, la
resistencia al medio y sus consecuencias, la fertilidad y la longevidad, a la
capacidad productiva de las razas especializadas.
El primer
efecto de esta combinación de caracteres es sobradamente conocido: se trata del
vigor híbrido obtenido sin excepción a partir de todas las razas con las que se
ha experimentado. Este vigor híbrido ha estimulado la mayor producción de las
razas a las que ha sido asociado y se verifica claramente en el aumento de la
fertilidad y la longevidad de los productos obtenidos. Naturalmente, esto ha
inducido a interpretaciones erróneas que sostienen que la raza “mejorante” ha
sido el bovino introducido. En justicia, ambas lo son, pero la calidad de raza
mejorante depende de los caracteres a los que está referida la mejora. Sin
embargo, por conceptos de transculturización, normalmente siempre se ha
considerado mejorante al bovino introducido.
La abundante
literatura sobre el tema prueba que esa opinión constituye una regla, que
invita a minimizar, casi sin excepciones, la contribución del bovino Criollo en
los cruzamientos. Frente a la realidad experimental en el campo productivo, las
alternativas del futuro para garantizar el mejoramiento de la producción
ganadera están dadas por las pautas que dicta la práctica. Es decir, si se
utiliza al bovino Criollo como base, todas Tas mejoras son posibles y
económicas.
Esta
conclusión indica que, para el mejoramiento bovino en determinadas áreas
latinoamericanas, habrá que recurrir permanentemente a los ejemplares Criollos.
Lamentablemente, el menosprecio hacia ellos ha reducido enormemente las
poblaciones puras. La detección de bovinos Criollos puros es muy dificultosa en
muchos países y su aumento poblacional apenas puede esperarse a muy largo
plazo. Para dar un ejemplo: sólo hacia los primeros años del próximo siglo, y
siempre que haya una política efectiva y sostenida, se podría alcanzar la
población mínima de la raza Romosinuano - estimada en unas 20 000 cabezas -
necesaria para promover su dispersión. Y la situación del Romosinuano no es la
peor de los bovinos Criollos en América Latina. Por lo tanto, hoy constituye
una preocupación obtener la cantidad de ejemplares que representen una
significativa población bovina Criolla pura.
Posiblemente,
la acción de los países en esta área sea insuficiente, lenta en la recuperación
de los bovinos Criollos. En cambio, la cooperación internacional es una de las
pocas estrategias que permitiría alcanzar el objetivo de lograr aumentos
poblacionales significativos. Por la variabilidad genética, por la dimensión de
los rebaños identificados, por las posibilidades espaciales de expansión, la
formación de hatos internacionales con intercambio de material de reproducción
puede ser la única vía de conservación, mejoramiento y estabilización de la genética
de los bovinos Criollos.
En
consonancia con las metas que se persigan, las normas que se impongan, los
métodos que se adopten, podrían formularse con carácter preliminar, incluso en
esta reunión, las bases para establecer una acción institucional, de personal y
de políticas a nivel continental. De otro modo, sería difícil visualizar el
éxito de cualquier proyecto.
En esta
materia, la FAO a nivel mundial y el IICA a nivel continental han realizado
gestiones para lograr una concientización sobre el problema y una acción de
búsqueda de soluciones. Los países también lo han intentado en su ámbito,
algunos con perspectivas de enorme esperanza. Sin embargo, y es penoso decirlo,
los proyectos nacionales están regidos por criterios de aislamiento y nunca se
consideraron posibilidades de cooperación, y menos de integración, ni aún entre
países que participan de los mismos ecosistemas: Colombia, Venezuela, Ecuador,
Bolivia, Perú, Paraguay, Argentina y Brasil.
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