J. de Alba. 2007.
Departamento de Agricultura, FAO.
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Argentino
Introducción
No es posible
sustanciar completamente, con citas bibliográficas, el tema asignado.
Prácticamente no hay investigaciones relativas a las enfermedades del ganado
Criollo, excepto las que se refieren a la resistencia a los parásitos externos.
Las características de la adaptación al clima tropical son, por su parte,
parcialmente detectables, por ser los elementos del clima muy difícilmente
aislables del ambiente total, que incluye la alimentación, la capacidad de
pastoreo, la resistencia a la insolación. Las pocas pruebas existentes son, en
realidad, menores o constituyen medidas imprecisas de la adaptación total al
medio. Esta adaptación total se expresa en las tasas de sobrevivencia,
fertilidad, longevidad, algunas de las cuales serán examinadas por otros
ponentes.
Los factores climáticos
y la termoneutralidad
En América,
es mayor la preocupación por la ganadería de clima tropical. El énfasis menor
puesto en la de climas templados se debe a que los tipos de ganado y de
forrajes, y las técnicas de su explotación, provienen de Europa o de otras
regiones templadas y por eso se implantan con relativa facilidad en las áreas
de clima templado de América Latina. Estas áreas se extienden al norte y al sur
de los paralelos 23°27', es decir, el trópico de Cáncer en el norte y el
trópico de Capricornio en el sur. A nivel del mar, toda la franja acotada por
ambos paralelos es tropical, con ausencia total de heladas pero con humedad muy
variable. En montañas y valles sobre el nivel del mar, la masa terrestre se
modifica y adquiere características templadas, cuya variación estacional es
menor a medida que la zona se aproxima al Ecuador.
Lo dicho, que
es obvio para cualquier habitante de los países comprendidos en la faja
tropical, suele ser olvidado por algunos investigadores de clima frío que
consideran como adaptación tropical la de ganados europeos instalados en México
a 1 500 msnm. Desde luego: una mayor proximidad al Ecuador requeriría alturas
mayores para obtener la misma semejanza con los climas templados. Además de la
altura, los vientos y las lluvias pueden introducir modificaciones particulares.
Por tal motivo, es conveniente describir el clima al menos a través de dos de
sus principales elementos, es decir, la temperatura y la humedad relativa. En
ausencia de datos sobre la última, se pueden utilizar las cifras que registran
la precipitación pluvial. Ambos elementos, medidos cada mes, proporcionan 12
puntos que, desarrollados en ordenadas y coordenadas, describen gráficamente el
clima de un lugar determinado.
Es corriente
dividir este desarrollo gráfico en cuatro porciones, mediante una línea horizontal
a los 21°C y una línea vertical a la altura del 55% de humedad. Las curvas
formadas por la unión de las 12 mediciones mensuales determinan, si se hallan
por encima de los 21°C, lo que convencionalmente se designan como climas
tropicales; si, además, se encuentran a la derecha del 55% de humedad, se los
considera tropicales húmedos.
Un estudio de
esta naturaleza fue realizado por French (1958) para analizar la ganadería de
Venezuela. No hemos localizado estudios similares de la ganadería de otros países
involucrados en esta reunión.
La división
de climogramas según se hallen por encima o por debajo de los 21°C se traduce
en bases fisiológicas relacionadas con la ganadería. Mediante una serie de
investigaciones efectuadas en cámara climática, Johnson (1965) descubrió que
las razas lecheras menos adaptadas a los ambientes cálidos empezaban a realizar
gastos energéticos extraordinarios - es decir, salían de la zona de
termoneutralidad - precisamente por encima de los 21°C.
Porque,
justamente, la respiración es, en ambientes cálidos, lo primero que reacciona
en el bovino como mecanismo adicional de ventilación pulmonar y evaporación
para mantener la homeotermia. Si este gasto fisiológico adicional fracasa, se
eleva la temperatura rectal. Basándose en estas observaciones, se desarrollaron
en América Latina ideas relativas al índice de tolerancia al calor. En Brasil,
Rhoad (1944) elaboró lo que se ha conocido luego como la Prueba de Iberia de
tolerancia al calor y Benezra (1952) en Venezuela trató de mejorarla incluyendo
la consideración del ritmo respiratorio. Ambas pruebas cayeron en desuso ante
la evidencia acumulada de que la verdadera adaptabilidad al clima tropical
incluía muchos otros factores, no tomados en cuenta por esos índices
simplistas. La vida total del animal, en relación con el medio que lo rodea,
incluye la fortaleza neonatal, la sobrevivencia, el rápido desarrollo de la
inmunidad a las enfermedades y a la parasitosis endémica, la capacidad de
pastoreo, la resistencia prolongada a la insolación, además de la resistencia
al calor y a la humedad. Parecía lógico medir la productividad del ganado y
tomarla como índice de adaptabilidad. Sin embargo, se hicieron algunas
observaciones en Costa Rica y Venezuela que incluían las reacciones directas al
clima de los ganados Criollos. Esas investigaciones se resumen a continuación.
Estudios de climatología
del bovino Criollo
En Turrialba,
Costa Rica (de Alba y Couto Sampaio, 1957), se efectuaron pruebas de seis
horas, con ocho grupos raciales, en dos ambientes distintos: 25°C y 13 mm de
presión de Hg, y 40.5°C y 25.5 mm de presión de Hg. En ambos casos las pruebas
se realizaron tanto de día como de noche. La prueba adolecía de restricciones
de muestreo, ya que solamente se podían emplear ocho animales en la cámara, de
dos tipos diferentes, o sea, cuatro animales de cada raza. Algunos grupos
(Jersey, Brahman) estaban constituidos por vaquillas producidas por el mismo
toro. Esta restricción se originaba en que solo se quiso utilizar animales
criados en la vecindad de Turrialba, para evitar la interacción con
experiencias previas provenientes de otros climas. La prueba reveló algunos
aspectos interesantes, que deben considerarse más como una orientación general
sobre las diferencias que como el conocimiento exacto de las razas del
muestreo.
Los
resultados de las pruebas nocturnas en materia de temperatura rectal y número
de respiraciones por minuto se resumen en el cuadro 1.
Cuadro 1. Promedios de temperatura rectal y
respiraciones por minuto en cámara climática
a 25°C y a 40.5°C para ocho grupos raciales
|
Grupo racial |
Temperatura rectal |
Respiración por minuto |
||
|
25°C |
40.5°C |
25°C |
40.5°C |
|
|
Brahman |
39.0 |
39.8 |
21 |
103 |
|
St.
Gertrudis |
38.9 |
40.0 |
34 |
121 |
|
Criollo
lechero centroamericano |
38.8 |
39.7 |
30 |
145 |
|
F2 Pardo
Suizo × Cebú |
39.0 |
39.7 |
27 |
148 |
|
Holstein |
39.2 |
40.3 |
32 |
144 |
|
Guernsey |
39.0 |
40.0 |
52 |
148 |
|
Ayrshire |
39.7 |
40.9 |
60 |
155 |
|
Jersey |
39.0 |
40.3 |
37 |
154 |
Una de las
observaciones más sobresalientes del estudio indica que el ganado Brahman
reveló constantes de temperatura rectal estadísticamente diferentes según que
la prueba fuera diurna o nocturna. Esto se refleja claramente en el número de
respiraciones por minuto durante la prueba en cámara: a 40.5°C, promediaron 86
en las diurnas y 103 en las nocturnas. En la prueba nocturna los animales
parecían mas nerviosos, lo cual permite suponer que logran una mayor capacidad
de resistencia al calor durante el día reduciendo su metabolismo y su actividad
muscular, pero a condición de recuperar su nivel metabólico por la noche. Las
vaquillas de Criollo lechero centroamericano experimentaron las mismas
reacciones, tanto de día como de noche. Esto indicaría que los mecanismos de
resistencia tropical desarrollados por cada uno de esos dos tipos de ganado no
son iguales. En materia de temperatura rectal, el comportamiento del Criollo
centroamericano fue muy similar al del F2 Pardo Suizo × Cebú, y decididamente
superior al de las razas europeas lecheras más especializadas.
En Venezuela
se efectuaron pruebas de campo relacionando el clima con la producción y
algunas constantes fisiológicas de ejemplares del Criollo lechero Limonero
comparadas con las del Pardo Suizo. Estas experiencias se realizaron en Maracay
(Bodisco y Castillo, 1962).A una temperatura de 24°C se detectó en ambas razas
una producción de leche inferior al promedio individual; sólo a temperaturas
superiores a los 25.9°C el descenso era más pronunciado en el Pardo Suizo que
en el Criollo lechero Limonero. Sin embargo, en los meses de mayor
precipitación pluvial, estos últimos producen mas leche que durante los meses
secos (103.6%), mientras que el Pardo Suizo desciende al 98.7% y hasta al 96.4%
en los meses más húmedos. Esto indica que la mayor disponibilidad de forrajes
en pradera es mejor aprovechada por el Criollo lechero Limonero, mientras que
el Pardo Suizo, con mayor humedad, encuentra más difícil pastorear y aprovechar
ese forraje. Estas observaciones fueron sustanciadas por otro estudio (Castillo
y Bodisco, 1964) que midió el comportamiento en pastoreo de ese ganado.
Para las
pruebas se escogieron cinco vacas de cada raza; las observaciones, diurnas y
nocturnas, se extendieron tres días en marzo (estación seca) y otros tantos en
setiembre (estación lluviosa). Las variaciones individuales observadas no
permitieron conclusiones muy claras. Sólo se pudo afirmar que la diferencia de
tiempo dedicado al pastoreo - según se produjera en la estación seca o en la
lluviosa - era mayor en el Criollo Limonero que en el Pardo Suizo; y que las
variaciones, según el día de prueba, eran mayores en el último que en el
primero. El número de respiraciones por minuto se reveló más uniforme en el
Criollo Limonero con un promedio de 44.6 en marzo y de 43.1 en setiembre. En
cambio, los promedios del Pardo Suizo fueron de 61.2 y 70.7, respectivamente.
Al parecer, esta respiración acelerada interfiere el proceso de prehensión de
pasto en la pradera: el Criollo Limonero promedió 29.6 prehensiones por minuto
durante la actividad de pastoreo en marzo, contra 19.4 en setiembre. Por el
contrario, el Pardo Suizo promedió 24.6 y apenas 16.6 prehensiones por minuto,
respectivamente. Es lógico suponer que el consumo total de forraje se relaciona
con esta diferente capacidad para morderlo.
Esta clase de
pruebas no se repitieron en ninguno de los estudios posteriores realizados por
los países con interés en el ganado adaptado al trópico. Debe señalarse, no
obstante, que en Brasil se efectuó un estudio que toma en cuenta algunas
constantes fisiológicas como coadyuvantes a la selección del ganado de carne en
ambientes tropicales (Gomes da Silva, 1973). Se detecto una correlación
genética entre incremento diario de peso y temperatura rectal (r=0.90), y entre
incremento de peso y ritmo respiratorio, en 192 animales de cruzamiento entre
Cebú y Charolais.
Resistencia a parásitos
y enfermedades
Este tipo de
investigaciones no están contempladas en los programas de mejoramiento genético
de ganados Criollos. El único trabajo conocido (Ulloa y de Alba, 1957) se
refiere al conteo de garrapatas ( Boophilus microplus) y de nuche o
tórsalo ( Dermatobia hominis) en diversas áreas del cuerpo del bovino
durante 9 meses del año; se trataba de sendas superficies de 10 cm2 en el
costillar, el escudo y la paleta. El estudio incluyó a Criollos lecheros
centroamericanos de tres orígenes, San Rafael (Rivas) y Reyna, ambos de
Nicaragua, y un tipo proveniente de Honduras, así como al Jersey y F1 Suizo ×
Cebú. Los promedios mensuales aparecen en el cuadro 2.
Cuadro 2. Promedios de conteo de garrapatas y
tórsalos en cinco grupos raciales.
|
Grupo racial |
Número de garrapatas |
Número de tórsalos |
|
San Rafael |
11.1 |
5.0 |
|
Reyna |
10.9 |
2.3 |
|
Honduras |
4.2 |
1.5 |
|
Jersey |
21.8 |
10.0 |
|
F1 Suizo ×
Cebú |
10.2 |
6.7 |
|
Diferencia
más significativa |
5.43 |
2.83 |
Sé calculo la
correlación entre las infestaciones provocadas por los dos parásitos en conteos
por vaca individual, lo que arrojó un índice no significativo. Esto se debe a
que, aunque los grupos más resistentes al tórsalo (Honduras) también lo fueron
a la garrapata, la variación individual no mostraba esa correlación.
Precisamente en el grupo mas resistente el conteo detecto vacas con cero
tórsalos y más de 100 garrapatas durante todo el período de observación. Las
técnicas de detección del desarrollo de la inmunidad a las garrapatas que
progresaron en Australia (Hewetson y Nolan, 1967) no han sido aplicadas al
ganado Criollo americano; tampoco las relativas al desarrollo de la inmunidad a
las enfermedades transmitidas por la garrapata. Hay que anotar que el Criollo
Blanco Orejinegro de Colombia debe su existencia y prestigio a su demostrada
resistencia al tórsalo. Se ha localizado un solo trabajo que cuantifica esa
resistencia, estableciendo comparaciones entre el Blanco Orejinegro y el
Costeño con Cuernos. La observación de 10 animales de menos de un año, a los 80
días de haber sido desparasitados, arrojó el siguiente resultado: 4 tórsalos
por cada Blanco Orejinegro contra 284 por cada Costeño con Cuernos (Botero,
1976).
La carencia
de datos experimentales sobre la resistencia a los parásitos internos y otras
enfermedades obliga a recurrir a algunas observaciones empíricas. En Turrialba,
Costa Rica, una región particularmente infestada por el gusano del pulmón ( Dictyocaulus
viviparus), las estirpes que formaron el Criollo lechero - provenientes de
un clima tropical mas seco que el de Turrialba, donde es escasa la presencia
del Dictyocaulus- no han mostrado alguna resistencia palpable a ese
parásito. En zonas con fiebre aftosa endémica tampoco se ha observado ninguna
resistencia en las estirpes Criollas.
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