V. Bodisco y O. Abreu. 2007. Departamento de Agricultura, FAO.
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Argentino
Introducción
En su
interesante libro sobre el ganado Criollo, Rouse (1977) incluyó dos mapas de
nuestro hemisferio correspondientes a los años 1800 y 1975. En el primero, toda
la América de habla castellana (el autor, lamentablemente, no incluyo en su
estudio al Brasil), desde la frontera de E.U.A. hasta la Patagonia, está
cubierta de color amarillo, correspondiente al Criollo. En el segundo, la misma
zona, con exclusión de Argentina y el sur de Chile, aparece rayada, indicando
que el Criollo, en todos los países de clima tropical y subtropical, fue
mestizado con el Cebú. En la región templada el mestizaje también se llevó a
cabo, pero con el uso de razas europeas. Rouse encontró pequeños núcleos de
Criollo solamente en 14 zonas aisladas, de las cuales 7 pertenecen a Colombia.
La
desaparición del Criollo fue observada también por Squibb quien en el año 1945,
en la feria ganadera de Guanacaste, Costa Rica, no encontró un solo animal
Criollo puro.
En Brasil,
según Atanassof (citado por Hill, 1967) existían 8 tipos distintos de ganado
Criollo, pero en la actualidad los colegas brasileños mencionan solamente la
raza Caracú. Una situación parecida se está creando aparentemente en Colombia,
puesto que la literatura consultada sólo suministra informaciones sobre las
razas Romosinuano, Sanmartinero, Blanco Orejinegro y Costeño con Cuernos.
Además, la gobernación de Valle (1976) tiene un programa para conservar y
perfeccionar el ganado Harton.
La FAO
publico en el año 1977 una bibliografía del ganado vacuno Criollo de las
Américas, preparada por Müller-Haye. La mayoría de las publicaciones incluidas
corresponden a artículos de divulgación redactados en los años 1930–40, que son
muy escasos en las bibliotecas. Otra parte corresponde a tesis estudiantiles de
postgrado que tampoco están disponibles. En toda la literatura consultada
solamente se encontró información - bastante incompleta - sobre las siguientes
razas del ganado Criollo que se utilizan para la producción de leche: 1)
Caracú, en Brasil; 2–3) Blanco Orejinegro (BON) y Costeño con Cuernos (CCC), en
Colombia; 4) el lechero de América Central (CLAC), seleccionado por el
Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA, ahora CATIE) en
Turrialba, Costa Rica y 5) el Criollo lechero Limonero de Venezuela (CLV).
En la
Republica Dominicana existen numerosos lotes de ganado Criollo lechero, al cual
se le prestaba poca atención hasta el presente. En la actualidad, el Centro de
Investigación y Mejoramiento de la Producción Animal (1978) tiene un amplio
plan para seleccionar el Criollo.
Además de
estos tipos, en Bolivia (Rouse, 1977) y Ecuador (Manlio et al., 1963) se
conservan pequeños núcleos de ganado Criollo con características diferentes
según las regiones ubicadas a distintas alturas topográficas. De acuerdo con
Iñiguez (1978), el Criollo es de suma importancia en los páramos andinos, donde
ningún otro tipo de ganado sobrevive. Lamentablemente, no existe ninguna
información sobre estos tipos.
Características
El ganado
Caracú, formado en el valle del río Pardo, en el Estado de Minas Gerais,
Brasil, fue caracterizado por Domingues (1961) en la forma siguiente:
“Pelaje de
coloración amarilla, variando del amarillo claro al amarillo naranja; mucosa
clara sin pigmentación. El grueso de la piel es mediana, suelta y suave,
recubierta de pelos finos; cabeza pequeña, perfil subconvexo, frente larga,
plana y ligeramente hundida entre las órbitas; testuz recta, corta, ancha;
cuernos medianos en forma de lira, delgados en las extremidades, sección
elíptica u ovalada, de inserción posterior en la frente alta, coloración clara
pero de puntas oscuras; orejas pequeñas, delgadas, pelos cortos y finos; mirada
dócil; pescuezo musculoso y en los toros con pliegues; cuerpo alargado y
cilíndrico, presentándose menor en la grupa que en el tórax; línea superior
recta; pecho ancho; costillas arqueadas, un tanto apretadas, ancas aplomadas y
separadas; grupa larga y ancha; nalgas redondeadas, altas; cola gruesa en la
base, afilándose en la extremidad, larga, poca borla. Forma y desenvolvimiento
regular de la ubre, bien extendida sobre el vientre, pezones bien implantados;
miembros relativamente cortos, fuertes, aplomados, debiendo ser mas separados;
piernas llenas; cascos claros o rojo oscuro. En los primeros años de su
explotación, el Caracú se destacaba como un animal de trabajo, muy necesario en
las fincas de la época, por lo que era bien cuidado y alimentado. Cuando se
inició su mejoramiento, la intención era formar una raza para la producción de
carne que, en verdad, no se consiguió después de años de selección. Hoy la
tendencia es convertirlo en una raza de doble propósito. Su leche presenta un
buen tenor butírico, pudiéndose aceptar una media superior al 4%. Maturidad
tardía. Precocidad y ganancia de peso por encima de los bovinos comunes. A los
dos años puede llegar, en buenas condiciones de manejo, hasta los 400 kg o más.
Su rendimiento medio en canal puede ser fijado alrededor del 60%. De
incomparable mansedumbre, que lo hizo de gran valor como animal de trabajo en
las fincas de Minas de Gerais y Sao Paulo en otras épocas. El Caracú llamado
Caldeano (Poço de Caldas) siempre fue reconocido como animal de aptitud
lechera, pero su fenotipo escapa en cierto modo a los establecidos como patrón
de raza. Esta variedad Caldeana de Caracú tiene hoy su registro genealógico y
es considerada una raza lechera, cuyos orígenes son remotos. En ella deberían
influir otros taurinos ( Bos taurus), explotados primitivamente para la
producción local de leche. Esto . explica la presencia de manchas blancas en el
ganado Caldeano. El número existente en Pozos de Caldas pertenece a la hacienda
“Recreio” y cuenta con una población numerosa de 1400 animales. Su pelaje va de
rojo oscuro a barroso (marrón), pasando por gamuza, crema amarillo y, a veces,
con manchas (5–7 %). Mucosa amarilla o pigmentada en su mayoría”.
De Alba
(1960) ofreció una descripción del ganado Caracú y del tipo Caldeano muy
parecida a la anterior.
Jordão et
al. (1957) determinaron el índice músculo-esquelético del Caracú, igual al
76.4%. Según el autor de este sistema (Gregory), los animales con un índice
menor al 78.5% pertenecen al tipo lechero.
El ganado
Blanco Orejinegro de las regiones cafetaleras (de 800 a 1 800 m sobre el nivel
del mar) se explota en los departamentos Cauca y Antioquia de Colombia, como
animal de doble propósito. Sus características, descritas por Pinzón et al.
(1957), son las siguientes:
“Como lo
indica el nombre de la raza, las características externas más salientes de este
ganado son el color blanco uniforme del pelo; las orejas negras y la piel
fuertemente pigmentada. Las mucosas, los labios, la punta de los cuernos y las
pezuñas son negros. La conformación de los cuernos es variable, siendo más
comunes los de sección circular, no retorcidos, con el extremo ligeramente levantado
hacia arriba. La conformación de este ganado es variable. Es una raza bastante
compacta, de un peso superior al de ejemplares de otras razas que presentan el
mismo tamaño. Existen diferentes tipos, desde los finos y angulosos hasta los
carnosos y pesados. El tipo lechero es el preferido, presenta un cuerpo bien
balanceado y con líneas anatómicas bastante armónicas, aunque tiene a menudo el
anca levantada, especialmente la raíz de la cola, como todas las otras razas
Criollas. La cabeza es fina, pequeña y muy viva. Las patas están muy bien
aplomadas, con cuartillas rectas; las cañas son delgadas y fuertes, pequeñas,
muy sólidas y bien conformadas. El dorso es fuerte, las paletas, el cuello y la
cruz muy finos; camina con gran agilidad y en forma decidida. La resistencia
del BON es ampliamente conocida por los ganaderos del país, ella se manifiesta
principalmente por su conducta ante la fauna parasitaria de los climas medios.
Su relativa resistencia al nuche ( Dermatobia hominis) es proverbial y
se manifiesta principalmente por la falta de trastornos generales fisiológicos
cuando las larvas entran en la piel, y por la baja o ninguna infestación de
gran número de animales. Una condición fisiológica realmente valiosa del BON es
su gran capacidad para aprovechar la alimentación pobre, los alimentos bastos
que se le proporcionan. Esta cualidad la desarrollo a través de muchos años de
evolución en zonas que, por ser pobres, eran adversas a su mejoramiento”.
Ospina (1950)
informa que los animales BON tienen la ubre, la vulva y el escroto de color
marrón.
Por su parte,
de Alba (1955) señala que el ganado BON tiene los espinazos rectos, paletas y
cuello fino, cabeza delicada, proporcionada; la pigmentación ideal. Según este
autor, además de pelajes blancos, deben admitirse los “azules” y las
combinaciones de los dos. De Alba considera que los tipos Orejimono y Dos Pelos
deben ser aceptados, al igual que el Orejinegro. Una característica muy
peculiar del BON es su modo de andar, que le permite desplazarse a grandes distancias
en poco tiempo.
Una
descripción más detallada del ganado BON se encuentra en el trabajo publicado
por Botero (1976).
El Costeño
con Cuernos que se cría en la región de la costa atlántica de Colombia según
Pinzón (1959) responde a las siguientes características:
“Los cuernos
en forma de lira abierta, media lira o corona; la piel es fina, la cabeza
mediana y refinada; la cara ligeramente cóncava, viva y con arrugas que rodean
los ojos. El hocico, que puede ser negro, claro o gris, presenta ollares dilatados
y boca mediana; las órbitas son prominentes y bien separadas, con ojos grandes,
brillantes y expresivos. Tiene las mucosas claras, grises u oscuras y manto
rojo “mono” o anaranjado “bayo” uniforme. Sin embargo, muchos ejemplares
presentan el color castaño (llamado “hosco” por los ganaderos), con
extremidades oscuras o quemadas hasta más arriba de las rodillas y de los
corvejones; lo mismo acontece en la cabeza, especialmente alrededor de los
ojos, en el hocico y en las orejas. Los ganaderos aceptan como puros los
animales con manchas blancas en el vientre, pero consideran fuera de la raza a
los berrendos. Se presentan variaciones en el color de las mucosas (negras
claras o grises), en el color de la piel (negra o rosada), en el color del pelo
(rojo, amarillo o berrendo); en la longitud del pelo y en el desarrollo de la
papada también hay variaciones. El cuello es medianamente largo y bien
implantado, tanto en la cabeza como en el tronco; el tórax es profundo, aunque
un poco estrecho. Los miembros son finos y sólidos, con pezuñas fuertes y
firmes. Los aplomos son algo defectuosos en las hembras y las pezuñas pueden
ser negras o rosadas. El dorso es recto en el macho, pero un poco arqueado en
las hembras; las costillas están correctamente arqueadas y con buena
separación; la cruz es angulosa en la mayoría de los animales. El sistema
mamario es bastante aceptable; tiene un desprendimiento posterior bastante alto
en la ubre; esta es flexible, sedosa, bien glandulosa; sin embargo, el
desprendimiento anterior es defectuoso y los cuartos, desparejos en muchos
animales. El anca es proporcionada al cuerpo, levantada al nivel del sacro y un
poco estrecha en la parte posterior. La mayoría de los ejemplares, como en
todas las demás razas Criollas, tiene la raíz de la cola descarnada y
levantada. Esta particularidad, que no corresponde a las reglas de conformación
europeas y americanas y que resta belleza a los animales, parece ofrecer
ventajas fisiológicas para el parto”.
Las personas
interesadas podrán encontrar una descripción amplia y completa en el informe
publicado por Rubio en el año 1976.
Según de Alba
(1955), el ganado CCC es muy parecido a los Criollos de Nicaragua, Honduras, El
Salvador y el Limonero venezolano.
En la
literatura revisada no se encontraron descripciones detalladas de las
características del ganado Criollo lechero de América Central.
De Alba
(1955) describe las características comunes de todos los Criollos lecheros en
la forma siguiente: cabeza, huesos y pelos finos; piel negra, poco pelo (escaso
o ausente en el dorso); línea dorsal firme, rabo descarnado con poca borla;
piel gruesa, resistente a la garrapata, formando pliegues entre los ojos y en
el cuello; papada prominente.
Heinsohn de
Brigard (1951), hablando sobre el Criollo de la provincia Rivas en Nicaragua,
adquirido por el IICA de Turrialba, señala que estos animales son de tamaño
comparable a la raza Ayrshire y tienen colores que van desde el casi blanco al
rojizo y marrón. La pigmentación es negra, como son también el hocico, base de
cuernos, patas, extremo de la cola y alrededor de los ojos. Buen desarrollo de
las ubres; la capacidad abdominal muy grande. Los animales son muy dóciles.
El ganado
Criollo lechero Limonero, conservado y perfeccionado por los métodos empíricos
en la región de Río Limón (distritos Mara y Páez) del estado Zulia, en
Venezuela, fue descrito por Ríos et al. (1959):
“Pelo corto,
escaso y brillante, piel gruesa, pigmentada en negro en su totalidad, con
arrugas entre los ojos y en las tablas del cuello, papada gruesa y algo
colgante; pelaje de color bayo, amarillo o pardo, permitiéndose las manchas
esfumadas de negro alrededor de los ojos y en las extremidades; asimismo, se
aceptan individuos que presentan manchas blancas en la barriga, ubre y verija;
cabeza relativamente larga, especialmente en la región de la cara; frente algo
cóncava entre los ojos; órbitas prominentes; testuz con una pequeña curva hacia
adelante; cuernos finos y delgados, blancos en su nacimiento y negros en las
puntas, dirigidos hacia adelante y hacia arriba; estampa decididamente lechera,
huesos finos; cuerpo alargado y de líneas angulosas; paletas finas; panza muy
desarrollada; ubre de regular tamaño, con pezones uniformes y desarrollo
conveniente; venas mamarias prominentes; cola delgada y corta, con muy poco
pelo en la borla y vértebras pronunciadas en su inserción”.
De acuerdo a
estas características, es acertada la corta y rústica descripción del Criollo
Limonero que usan los ganaderos de la región: “bayo pelón, rabo seco”.
Medidas bovinométricas
Las medidas
bovinométricas del ganado Caracú fueron publicadas por Jordãao (1949), las del
BON por Botero (1976), las del CCC por Rubio (1976) y las del Limonero por Ríos
et al., (1959).
Los datos que
se presentan en el cuadro 1 señalan una mayor robustez de la primera raza y una
mejor aproximación al tipo lechero de la última. Las informaciones de las razas
colombianas son incompletas.
En el cuadro
2 aparecen las medidas de la altura de toros y vacas registradas por la
literatura correspondiente. Las medidas del Caracú Caldeano son superiores a
las del tipo común de esta raza, probablemente porque se tomaron en un rebaño
mejor seleccionado. El CCC es notablemente más alto que el CLV. Botero (1976),
estudiando los distintos índices bovinométricos de la raza BON, llega a la
conclusión que ésta pertenece más al tipo para la producción de carne que de
leche.
Pesos corporales
Todas las
razas lecheras Criollas se explotan como ganado de doble propósito. Por esta
razón, los pesos al nacer y a distintas edades podrían ser de elevada
importancia, al demostrarse su influencia sobre el comportamiento productivo de
los animales.
En el cuadro
3 se presenta el peso al nacer de los becerros de razas Criollas lecheras. Es
notable la semejanza entre estos pesos. Únicamente los becerros Caracú Caldeano
pesan algo mas y los CCC algo menos que los de las restantes razas. La
dependencia de distintos factores de los pesos al nacer fue estudiada en la
CLAC ( entre otras razas) por Rincón y Muñoz (1966) en cuanto a pesos y edades
de las madres, y por Negrón et al.(1976) en cuanto a la duración de la
gestación. Bodisco y Morillo (1966) determinaron las correlaciones en el CLV.
Los
resultados obtenidos, que aparecen en el cuadro 4, demuestran la influencia
altamente significativa del peso de las vacas en el de sus hijos. En cambio, la
influencia de las edades es incierta, aunque Pereira et al. (1978)
encontraron diferencias significativas en el peso de Caracú Caldeano según los
distintos pastos: menor en los nacidos en el primero y mayor en los nacidos
entre el tercero y quinto.
Suponiendo
que las vacas con el mayor peso al primer parto pueden producir más leche, y
que los pesos al nacer podrían ser correlacionados con el primer factor, Verde
y Bodisco (1976) estimaron los índices de heredabilidad para los pesos al nacer
de becerros CLV machos (0.212) y hembras (0.277) y las correlaciones fenotípica
y genética del peso al nacer con el del primer parto de las hembras. El primer
coeficiente resulto igual a 0.37 y el segundo a 1.19, superior a la unidad y no
confiable.
Teodoro et
al. (1978) estimaron la heredabilidad de peso al nacer y al destete en
Caracú Caldeano, h2= 0.37 y 0.12
respectivamente, mientras que Lemos et al. (1978) para el peso a los 365
días obtuvieron el h2= 0.13.
Finalmente,
Ríos y Bodisco (1962) estudiaron el efecto del peso al nacer sobre el
crecimiento de hembras CLV y llegaron a la conclusión de que los becerros con
pesos menores al 80% del promedio (26.8 kg) tienen poca posibilidad de
convertirse en animales de mayor utilidad.
Para ilustrar
el crecimiento del ganado Criollo lechero, en el cuadro 5 se presentan los
pesos a distintas edades observados por diferentes investigadores.
Indudablemente, la raza Caracú es la mas precoz, aunque los máximos pesos de
BON a los 12 meses de edad también son satisfactorios.
Algunos
autores determinaron el incremento diario de peso en distintos períodos de
crecimiento y en diferentes condiciones. Así, Jordão y Santiago (1942)
obtuvieron en el Caracú un incremento de 634 g/día hasta la edad de 6 meses en
los machos, y de 563 g/día en las hembras; los mismos incrementos, hasta los 12
meses de edad, fueron de 624 y 584 g/día, respectivamente. Maltos et al.
(1962) estudiaron el efecto de la estación climática sobre el crecimiento de
becerros CLC. El mejor trimestre, según este estudio, fue el de marzo-mayo, con
441 g/día, y el peor, diciembre–febrero, con 270 g/día.
La
heredabilidad del crecimiento en el período que va del nacimiento al destete,
determinada por Pereira et al. (1978) para el Caracú Caldeano, resultó
muy baja (0.10).El crecimiento fue afectado por el mes de nacimiento (mayor en
el período de enero a julio y menor en el resto del año), edad de las vacas
(menor en primerizas, mayor en las de tercer parto) y sexo del becerro (mayor
en machos).
Según Botero
(1976), J.D. Acosta analizó los incrementos diarios de peso en machos y hembras
BON, obteniendo 0.400 y 0.250 kg respectivamente. Lamentablemente, no se
menciona el período a que corresponde este estudio.
En el cuadro
6 se exponen los pesos promedio de los animales adultos. Se nota que la raza
Caracú es mucho más pesada que los demás tipos Criollos, siendo poca la
diferencia entre los demás. Los pesos algo mayores en vacas CLV se deben
probablemente a la mejor atención prestada a estos animales en el Centro de
Investigaciones de Maracay.
La influencia
de los factores ambientales sobre el peso de las vacas CLV fue demostrada por
Bodisco y Pacheco (1962), que obtuvieron promedios de 391 kg en el período
seco, significativamente inferiores a los 404 kg en el período lluvioso.
En el mismo
Centro de Investigaciones se estudiaron en tres oportunidades los pesos de
vacas CLV en distintos partos. Los resultados obtenidos se registran en el
cuadro 7. Se nota una notable semejanza entre los datos de las tres columnas,
siendo de mayor precisión los promedios de la tercera porque proceden de las
mismas vacas. El crecimiento, muy elevado entre el primero y el segundo parto,
disminuye en los períodos posteriores y se hace insignificante a partir del
tercero. Desde el primero al cuarto parto, las vacas aumentaron su peso en un
26.3%.
El efecto del
peso sobre la producción lechera fue estudiado en CLV por Magofke y Bodisco
(1966).El peso solo influyó en la primera y segunda lactancia, con coeficientes
de regresión iguales a 9.55 kg y 2.63 kg respectivamente.
Algunos
autores estudiaron la influencia de la duración del período seco en vacas
Criollas. Dindart y de Alba (1963) observaron diferencias entre los aumentos de
peso en este período en vacas CLAC: fue mayor en el trimestre mayo–julio (546
g/día) y menor en noviembre–enero (255 g/día). Bodisco y Pacheco (1962)
demostraron que la influencia de la duración del período seco sobre el peso al
parir de las vacas CLV es altamente significativa, pero la interdependencia de
estos dos factores en relación a la producción de leche no fue estudiada.
Producción de leche
Existen
algunos datos sobre la producción de leche en las cinco razas Criollas lecheras;
se presentan en el cuadro 8. Estudios detallados sobre la productividad y su
dependencia de los principales factores endógenos y exógenos fueron realizados
solamente para las razas BON, CLAC y CLV.
En el cuadro
8 llama la atención el mal comportamiento productivo de las razas colombianas;
aunque ambas se explotan con doble finalidad, los promedios obtenidos por
distintos autores son bastante bajos.
Los cálculos
realizados en numerosas oportunidades sobre los posibles rendimientos diarios
de vacas que pastorean en potreros tropicales sin riego y suplementación,
señalan que la producción de 4–5 kg/día es normal en tales condiciones.
Aparentemente, la corta duración de las lactaciones es la principal razón del
bajo rendimiento de las razas BON y CCC, puesto que Pearson et al.(1968)
encontraron una correlación altamente significativa entre los dos factores.
Probablemente, los Criollos colombianos se secan en el período de escasez de
pastos, lo que les impide demostrar su verdadera capacidad genética de producción.
Según las
publicaciones de Botero (1976) y Rubio (1976), las vacas BON y CCC, con
lactancias más largas (246 y 266 días respectivamente), presentaron
rendimientos muchos mas elevados.
Los datos del
cuadro 8 elevan los promedios obtenidos en los rebaños estudiados, pero existen
informaciones sobre algunas vacas con rendimientos notablemente superiores.
Así, de Alba (1960) encontró entre vacas Caracú Caldeana a la “Barbasena” con
una producción de 3 386 kg, y a la “Barre Grande”, con 3 567 kg, esta última
con un solo ordeño diario. Entre las vacas CLAC y CLV son bastante frecuentes
los animales con rendimientos mayores a los 3 000 y hasta 4 000 kg/lactancia.
Es indudable que las razas Caracú Caldeana, CLAC y CLV representan un valioso
material para la producción de leche en el trópico.
La influencia
de los distintos factores endógenos y exógenos sobre la productividad lechera
de las razas BON, CLAC y CLV fue investigada por distintos autores.
El efecto de
la edad de las vacas, reflejado en los números de partos, fue estudiado por
Pearson et al. (1968) en BON; por Rubio (1976) y por Ríos y Bodisco
(1962) en CCC, ordeñadas con ternero; por Magofke y Bodisco (1966) y Bodisco et
al.(1968) en CLV. Los primeros cuatro trabajos fueron realizados en base a
todos los registros disponibles, mientras que el último se refiere a los mismos
animales observados durante las cuatro lactaciones consecutivas. Los resultados
se presentan en el cuadro 9.
La lectura de
estos datos otra vez llama la atención sobre la baja productividad del BON y el
CCC, la satisfactoria del CLV. Un comportamiento parecido al de este último fue
observado por Magofke et al. (1966) también en el CLAC, pero los autores
lo expresaron en forma de diferencias entre las lactaciones consecutivas, sin
presentar el promedio de la primera. De acuerdo a estos datos, las vacas CLAC
aumentan la producción hasta el cuarto parto y la disminuyen paulatinamente en
los partos posteriores. El mismo fenómeno se observa en la población estudiada
por Ríos y Bodisco (1962), mientras que según los datos de Magofke y Bodisco
(1966) y los correspondientes al BON, el incremento sigue para la última raza.
Los mayores rendimientos se observan en las vacas con 7 partos.
Un resultado
completamente contrario fue registrado por Bodisco et al. (1968).Las
vacas con lactaciones consecutivas apenas aumentaban su producción, alcanzando
el máximo en la tercera lactación y disminuyendo los rendimientos en la cuarta.
Entre las lactaciones, incluyendo la primera, las diferencias en los rendimientos
no fueron significativas.
Comportamiento
similar se observa también en las vacas CCC, estudiadas por Rubio (1976), donde
los niveles alcanzados en la primera lactación disminuyeron en la segunda y
tercera y apenas aumentaron en las dos posteriores. En la sexta y séptima
lactación el aumento fue notable (1 070 y 1 135 kg) pero se observo en muy
pocas vacas (14 y 5 respectivamente).
La
contradicción de estos resultados con los obtenidos por otros autores puede ser
explicada parcialmente por la diversa duración de los estudios que en el caso
del BON se prolongaron ochos años, y en el del CLV, diez. Indudablemente, la
selección aplicada a los rebaños estudiados, con la eliminación de vacas poco
productivas, favoreció los rendimientos en las lactancias sucesivas. A la vez,
en el estudio de Ríos y Bodisco (1962), realizado en un rebaño recién
adquirido, el incremento de la producción registrado desde la segunda lactación
fue insignificante. Aparentemente, las vacas CLV aumentan muy poco su
productividad.
La producción
en alto grado de leche por lactación depende de la duración de esta última. En
el cuadro 8 se presentan los promedios correspondientes. Se nota que solamente
la raza Caracú llega sin dificultades a producir durante 10 meses. Todas las
demás razas tienen lactaciones cortas. En este aspecto se destacan las
colombianas, que, según la mayoría de los estudios, se secaron a los 5 meses,
mientras que las Criollas centroamericanas y venezolanas lo hacen a los 8–9.
Aparentemente, el sistema de manejo que se empleaba en las décadas pasadas, con
el servicio de monta libre - realizado generalmente durante el primer celo
después del parto, disminuyendo la duración del intervalo hasta la próxima
parición - podría ser una de las causas de las lactaciones cortas en el
Criollo.
El comprobado
efecto fenotípico de la duración de la lactación sobre la producción, observada
por numerosos autores (Abreu et al., 1972; Bodisco et al.(1966 y
1968); Lemka et al (1973), Magofke et al. (1966), Pearson et
al. (1968), Perozo et al. (1977), sugiere la posibilidad de
considerar ese factor como un elemento de primordial importancia desde el punto
de vista de la selección.
En el cuadro
10 se presentan las duraciones de lactaciones consecutivas, cuyos rendimientos
fueron estudiados en el cuadro 9. La correlación entre los datos de los dos
cuadros es notable.
La influencia
de otros factores sobre la producción fue estudiada en las razas BON, CLAC y
CLV. En la primera raza (Pearson et al., 1968); el efecto de ano de
parto no fue significativo, pero las vacas que iniciaban la producción en las
estaciones climáticas favorables producían más que las paridas en las
estaciones adversas. Los peores rendimientos fueron observados en las vacas
paridas durante la estación de fuertes lluvias, correspondiente a los meses de
octubre y noviembre.
En la raza
CLAC, estudiada por Magofke et al.(1966) y Maltos y Cartwright (1971),
el efecto de las estaciones climáticas no resulto significativo, como tampoco
lo fue para el ganado CLV (Abreu et al., 1972 ; Magofke y Bodisco,
(1966). Sin embargo, el estudio de los promedios diarios de la producción
realizado por Bodisco et al.(1966) en esta raza, demostró que el período
de sequía (de enero a abril) afecta notablemente los rendimientos y las curvas
de lactancia de las vacas, observándose un desarrollo normal de la producción
sólo en animales paridos en el período mayo–diciembre.
El efecto de
ano de parto solo resultó significativo en el estudio de Abreu et al.(1972)
realizado con el CLV.
Las edades de
las vacas al producirse el primer parto se observan en el cuadro 11.La raza más
precoz es la CLAC, seguida por la CLV y CCC. Las vacas BON y Caracú comienzan
su vida productiva con un notable atraso.
La edad al
primer parto no demostró ejercer un efecto lineal sobre la producción en la
primera lactación de las vacas BON (Pearson et al., 1968) y no fue
significativa en las CLAC (Magofke et al., 1966; y CLV (Magofke y
Bodisco, 1966). En esta última raza también fue estudiado el efecto del peso de
las vacas al parir sobre los rendimientos lácteos, que resulto significativo
para la primera y segunda lactación (Magofke y Bodisco, 1966).
Pearson et
al. (1968) estimaron el índice de heredabilidad para la edad al primer
parto en las vacas BON, relativamente alto : h2 = 0.38, mientras que el mismo
índice obtenido por Pereira et al.(1978) para el Caracú (0.153) resultó
más cercano al observado en razas lecheras especializadas.
La duración
del período seco previo al parto fue determinada para el ganado BON, CCC (Lemka
et al., 1973), CLAC (Magofke et al., 1966), y CLV (Abreu et
al., 1972; Magofke y Bodisco 1966; Perozo et al., 1977),
obteniéndose los resultados del cuadro 12.Los CLV se comportaron en este
aspecto peor que las CLAC y las vacas de la estación experimental de la región
del Río Limón (Abreu et al., 1972) peor que en Maracay (Magofke y
Bodisco, 1966) donde los factores climáticos y los sistemas de alimentación y
manejo fueron superiores. Sorprendentemente, las vacas de fincas particulares
(Perozo et al., 1977) se comportaron mejor que en las estaciones
experimentales.
Los períodos
secos medidos por Lemka et al.(1973) en las razas colombianas resultaron
sumamente prolongados, guardando una relación inversa con la corta duración de
las lactaciones observadas por estos autores en vacas BON (73 días) y CCC (157
días).
En ninguno de
los estudios realizados la duración del período seco tuvo efecto sobre la
duración y el rendimiento de la lactación sucesiva. Maltos et al.(1962)
observaron los incrementos diarios del peso durante los períodos secos en las
vacas CLAC, pero no determinaron su influencia sobre la producción.
Otro factor
de gran importancia para la producción es el sistema de ordeño que se aplica a
las vacas Criollas. Desde su introducción en el continente americano, las vacas
se ordeñan en presencia de sus becerros, factor fundamental para el “apoyo” o
la bajada de la leche en la ubre. Las vacas acostumbradas a esta práctica no
aflojan la musculatura y no entregan toda la leche durante el ordeño, si el
becerro no esta presente. Todavía no se ha reunido una información convincente
sobre la razón de este fenómeno. Se supone que pesa la dependencia genética,
porque entre las novillas que se criaron en becerreras y no fueron utilizadas
para el “apoyo” de sus madres, siempre se encuentran ejemplares que no bajan la
leche sin la presencia de sus hijos. El efecto del “apoyo” con becerro en la
raza BON fue observado por Zapata (1970) y la producción de vacas “apoyadas”
resultó superior a las ordeñadas sin becerro: 573 kg contra 491,
respectivamente.
Rubio (1976)
publico un estudio más detallado, relativo a las vacas CCC. Estos animales,
ordeñados sin la presencia de sus becerros durante el período 1967–72,
producían 768 kg de leche en 177 días de ordeño. Las vacas contemporáneas,
apoyadas por los becerros, rendían en el mismo período 996 kg en 266 días.
Maltos
(1962), probando toros CLAC, observo que un promedio de 26.6% de novillas,
hijas de distintos toros, no “apoyaban” sin la presencia del becerro. En un
trabajo similar realizado con CLV, Ríos y Bodisco (1962) obtuvieron un
porcentaje similar: 25.5%.
Suponiendo
que la capacidad productora de las novillas puede influir sobre el problema del
“apoyo”, Carnevali y Bodisco (1966), durante la segunda lactación, ordeñaron
con la presencia del becerro a las vacas CLV que en la primera no “apoyaron”.
Las producciones fueron comparadas con las obtenidas en vacas contemporáneas
que no presentaron problemas desde el primer parto. Los resultados se presentan
en el cuadro 13.
Las vacas del
grupo “B” que fracasaron en la primera lactación debido a la aparente ausencia
del becerro aumentaron la producción en la segunda, pero sin llegar a
rendimientos satisfactorios comparables a los del grupo “A”. Los autores opinan
que la ausencia del becerro durante el ordeño afecta en mayor grado a las
novillas con poca capacidad productora y que este factor puede ser considerado
como un criterio de selección en CLV.
(a) Porcentaje de la
grasa
El ganado Criollo
es un buen productor de grasa en la leche, como indican los datos del cuadro
14. Los porcentajes mas notables se observan en vacas Caracú y BON. Sin
embargo, el menor porcentaje de grasa observado en CLV, de 4.55%, es más que
satisfactorio.
El contenido
de la grasa en la leche no sufre cambios notables durante la vida productiva de
la vaca, siendo insignificantes las diferencias entre distintas lactaciones
(Bodisco et al., 1968; Magofke y Bodisco 1966; Pearson et al.,
1968). Las vacas con mayores rendimientos tienden a disminuir los porcentajes
de la grasa, sin que esta correlación se haya comprobado estadísticamente
(Bodisco et al., 1968); Pearson et al., 1968). Los factores
ambientales aparentemente no afectan el contenido de grasa en la leche, aunque
Magofke et al., (1966) encontraron diferencias significativas en vacas
CLAC paridas en distintas épocas.
Se ha
prestado muy poca atención a los demás componentes de la leche producida por vacas
Criollas. En toda la literatura consultada solamente figura un trabajo de
Bateman y de Alba (1961), que estudiaron el contenido en proteínas y
encontraron que las vacas CLAC producen un porcentaje mayor (3.59%) que las
Jersey, Pardo Suizas y mestizas de Turrialba, Costa Rica.
(b) Parámetros genéticos
Los
parámetros genéticos para la producción de leche fueron estimados en el ganado
BON (Pearson et al., 1968;, CLAC (Álvarez et al., 1977 ; Magofke et
al., 1966 ) y CLV (Magofke y Bodisco, 1966). Los resultados obtenidos se
presentan en el cuadro 15.
Los índices
de heredabilidad para los rendimientos - 0.245 en CLV, 0.250 en CLAC, y 0.52 en
BON - señalan que la selección para el mejoramiento de este carácter tiene muy
buenas posibilidades en la ultima raza, siendo menor y comparable a las razas
europeas especializadas en las primeras dos. Solamente difiere el índice
estimado por Magofke et al.(1966) en CLAC. igual a 0.158.
Los índices
de repetibilidad son elevados y sorprendentemente uniformes entre las tres
razas, si no se toma en cuenta el estudiado por Álvarez et al., (1977),
que sólo asciende a 0.320.
La duración
de la lactancia, según los índices estimados, no es un carácter hereditario,
puesto que en las vacas CLAC el índice resulto sumamente bajo (0.009) y en CLV,
negativo. Indudablemente, el efecto de los factores ambientales y, entre ellos,
el “apoyo” con becerro, que no se practicó para las novillas en ambas razas,
fueron determinantes en estas estimaciones. No obstante, los índices de
repetibilidad para este carácter resultaron relativamente elevados: 0.458 en
CLAC y 0.365 en CLV.
Los
porcentajes de la grasa se heredan mejor en CLAC (h2 = 0.364) que en CLV (h2 =
0.229), siendo los índices de repetibilidad también mejores en la primera raza
(0.523 contra 0.212, respectivamente).
En general,
los parámetros genéticos obtenidos para el ganado Criollo deben ser
considerados con cierta reserva, por haberse estimado en las tres razas en base
a pocos registros y con números limitados de medias hermanas.
(c) Mejoramiento anual
genético
El
mejoramiento anual genético fue determinado en dos oportunidades para el rebano
CLAC en Turrialba, Costa Rica (Álvarez et al., 1977; Magofke et al.,
1966) y una vez para el rebaño CLV en Maracay, Venezuela (Magofke y Bodisco,
1966). En todas las estimaciones se uso el método de Rendel y Robertson (1950)
para las poblaciones cerradas, según el cual el máximo mejoramiento posible es
igual al 1% anual.
Los
resultados obtenidos, que aparecen en el cuadro 16, son algo bajos en la primera
estimación de CLAC (0.434%) pero muy satisfactorios en la segunda (0.613%) y en
CLV (0.626%). Los resultados podrían ser aún mejores si se practicara en los
rebaños la selección de vacas, eliminando las malas productoras y sus
descendientes, lo que no se efectuó en forma suficiente. Básicamente, el
mejoramiento genético se logró por la selección de toros, hijos de mejores
madres.
La diferencia
entre los dos resultados logrados en Turrialba se debe al mayor número de
registros disponibles para el segundo estudio (Álvarez et al., 1977),
realizado a los 25 años del inicio de la selección.
En general,
los datos obtenidos son muy satisfactorios e indican que la selección en estas
dos razas tiene buenas perspectivas. No obstante, es necesario señalar que con
este ritmo de mejoramiento genético, los rebaños CLV, para llegar a
rendimientos anuales de 2 500 kg necesitan 30 años de trabajo, y los CLAC, 64.
Al mismo tiempo, los 2 500 kg/vaca/ lactación se obtienen con relativa
facilidad en el primer cruce con toros Holstein y Pardo Suizos, siempre y
cuando los sistemas de alimentación y manejo sean adecuados.
(d) Pruebas de la
potencialidad genética de los toros
Pruebas de la
capacidad genética de los toros Criollos fueron realizadas en los rebaños CLAC
en Turrialba (de Alba et al., 1964; Maltos et al., 1961 y 1962) y
CLV en Maracay (Ríos y Bodisco, 1962). En ambos casos, el corto número de vacas
disponibles fue el factor que limitó los trabajos.
Resumiendo
los resultados obtenidos, de Alba y Muñoz (1964) señalan los obstáculos
iniciales para la prueba de toros en poblaciones experimentales:
consanguinidad, pocas vacas disponibles, escaso número de medias hermanas
obtenidas.
En la
actualidad, en la región del Río Limón (estado de Zulia, Venezuela), donde
existen numerosos rebaños particulares del ganado CLV, la Estación Experimental
de Carrasquero conduce un programa de prueba de la potencialidad genética de
los toros mediante el uso de la inseminación artificial.
La reproducción
En alto
grado, la producción láctea de los vacunos depende de su fertilidad, puesto que
los prolongados períodos de vacía y los intervalos entre partos disminuyen los
números de lactaciones y la producción de por vida.
Los datos de
los cuadros 17 y 18 demuestran claramente que la fertilidad de las vacas
Criollas lecheras es muy buena y constituye una de las características mas
importante de este ganado, puesto que la eficiencia reproductiva de las razas
europeas y de sus mestizos en condiciones tropicales y subtropicales es muy
baja (Abreu et al., 1972; Bodisco y Mazzari , 1962; Bodisco et al.,
1968; Carmona y Muñoz, 1966; Domingues, 1961; Hill, 1967;Ríos y Bodisco, 1962).
Según las
investigaciones realizadas en Turrialba (Carmona y Muñoz, 1966), la raza Jersey
debe ser exceptuada de esta afirmación: su fertilidad es similar a la de CLAC.
En el cuadro
17 se presentan los promedios de duración de los períodos de vacía (desde el
parto hasta la fecundación) y del número de servicios necesarios para lograr la
preñez, en vacas de distintas razas.
Tanto las
vacas CLAC como las CLV en su región de origen (Rincón et al., 1972)
fueron fecundadas a los 31/2 meses del parto. En Maracay (Bodisco y Mazzari,
1962), las novillas de esta última raza se comportaron en forma similar, pero
las vacas adultas prolongaron este período por más de cuatro meses.
Probablemente las lesiones sufridas en sus aparatos genitales durante las
preñeces anteriores fueron la causa de este fenómeno.
El número de
servicios necesarios para lograr la gestación fue muy similar en todos los
rebaños estudiados y muy satisfactorio, ya que osciló entre 1.4 y 1.6
servicios.
En el cuadro
18 se presenta la duración de los intervalos entre partos observados en las
vacas Criollas lecheras. Casi todos los intervalos que aparecen en este cuadro
son muy satisfactorios; indican que las vacas Criollas lecheras generalmente
producen un becerro e inician una nueva lactación cada 13 meses.
La excepción
es la raza CCC, cuyo intervalo entre partos oscila entre 422 y 433 días. La
reproducción, muy satisfactoria, del CLV en su región de origen, ubicada
relativamente cerca del área de distribución del CCC, así como la gran
similitud fenotípica entre estos animales, que permite suponer su parentesco,
ponen en duda que sea hereditaria la razón de la baja fertilidad de la raza
colombiana, y evocan la sospecha de que los sistemas de alimentación, manejo y
protección sanitaria son la causa primordial de sus intervalos prolongados.
Los 419 días de
intervalo en la raza BON que menciona Botero (1976) están en contradicción con
los 352 días registrados por Pearson et al. , (1968) y los 382 días
observados por Lemka et al., (1973).
Aún peor se
comporto el ganado Caracú Caldeano. Para explicar su prolongado intervalo de
440 días será necesario esperar la publicación del trabajo completo de Pereira et
al.(1978), puesto que el resumen solo contiene constantes de los efectos
fijos y aleatorios, sin discusión de los resultados obtenidos. La heredabilidad
del intervalo entre partos obtenida por los autores mencionados resultó algo
elevada (0.12).
El intervalo
entre partos se compone de dos períodos del ciclo reproductivo: el de vacía y
el de gestación. Mientras la duración del primero depende en alto grado de los
factores exógenos, el segundo primordialmente refleja los caracteres
hereditarios, a los cuales se suma el sexo del becerro engendrado.
Las
duraciones de gestación que se presentan en el cuadro 19 señalan la similitud
de este carácter entre distintas razas Criollas lecheras y su semejanza con las
razas europeas (Bodisco y Mazzari, 1962; Negrón et al., 1976). A la vez,
las gestaciones de las vacas Criollas son notablemente menos prolongadas que en
el Cebú (Domingues, 1961).
Es notorio
también que, al igual que en otros tipos de ganado, los becerros machos
Criollos necesitan una mayor prolongación de su vida embrional.
La influencia
de distintos factores sobre la fertilidad de las vacas Criollas fue estudiada
en el ganado BON por Pearson et al.(1968). Aunque las vacas presentaron
intervalos muy cortos después de los primeros dos partos (360 y 339 días,
respectivamente), fueron bastante prolongados después de los partos posteriores
(414, 440, 413 días). Los autores no registraron efectos significativos de la
edad de las vacas sobre el intervalo entre partos. Lamentablemente, la probable
influencia de otros factores sobre la fecundidad no fue investigada en este
trabajo.
En Turrialba,
Costa Rica, Carmona y Muñoz (1966) observaron una diferencia significativa en
el intervalo entre partos comparando diferentes razas (el de CLAC similar al de
Jersey, y ambos mejores que el de Pardo Suiza), distintas lactaciones (el
intervalo entre la quinta y la sexta es mayor que los demás), y la interacción
de estos dos factores. El mismo resultado se obtuvo al estudiar el número de
servicios necesarios para lograr la preñez.
De Alba
(1960) investigó la influencia del ordeño con ternero sobre el desarrollo de
los ciclos sexuales en las vacas CLAC y encontró que en las vacas “apoyadas”,
el primer celo aparecía a los 108 días del parto, mientras que en las vacas
ordeñadas sin becerro, a los 63 días.
Bodisco y
Mazzari (1962) observaron en las vacas CLV una mayor fertilidad de las
primerizas (109 días de vacía) que de las de dos y cuatro partos (123 y 138
días respectivamente), aunque similar a la del tercer parto (114 días). Este
estudio señala que los períodos de vacía se acortan en la estación lluviosa,
caracterizada por la abundancia de pastos frescos, y se prolongan en la seca, pero
sin una diferencia significativa de los promedios (134 contra 124 días en vacas
adultas, y 126 contra 96 días en las primerizas). El efecto de años de parto
tampoco fue significativo.
Resultados
similares se obtuvieron en el mismo ganado criado en su región de origen, donde
los animales se mantienen en un régimen pastoril sin suplementación con
concentrado (Rincón et al., 1972). Allí, el efecto de años resultó
significativo, como lo fue también el efecto de épocas, con el acortamiento del
período de vacía en la estación de pleno desarrollo de la vegetación. Como
registró el trabajo anterior, las vacas de mayor edad necesitaron más tiempo
para lograr su fecundación, con coeficientes de regresión lineal y cuadrática
iguales a 8.61 y -0.18 días, respectivamente, por cada 100 días de aumento de
la edad.
El número de
servicios por concepción, correlacionado estrechamente con los períodos de
vacía (r = .703), no fueron influenciados por los efectos de años y épocas del
parto, pero las vacas de mayor edad necesitaron más servicios que las jóvenes.
Según un
reciente estudio sobre el Caracú Caldeano (Pereira et al., 1978), tanto
los años como los meses del parto afectan los intervalos; en las vacas
primerizas se observaron los intervalos más prolongados, y en las de 4 partos,
los mas cortos. Las madres de becerros machos necesitaron 7.3 días más para
lograr su nuevo becerro.
La adaptabilidad
La buena
eficiencia reproductiva del ganado Criollo lechero demuestra claramente su
adaptación a las condiciones ambientales, por ser la fertilidad el factor
primordialmente afectado por las condiciones adversas. No obstante, existen
algunos trabajos que comparan la influencia de ciertos factores ambientales
sobre los animales Criollos y los europeos.
De Alba y
Sampaio (1957) midieron de día y de noche, en vacas instaladas en una cámara
climática, la temperatura corporal y el número de respiraciones por minuto a la
temperatura ambiental de 25 y 40.5°C. Las vacas Brahman y CLAC mantenían mejor
su temperatura corporal que las Holstein.
González
(citado por Rubio, 1976) encontró que en las horas calurosas de la tarde, en el
Valle del Sinú, se produce un incremento mayor de la temperatura corporal y de
las pulsaciones en las vacas europeas (41.6°C y 156 pulsaciones), que en los
CCC (40.2°C y 108 pulsaciones) .
Villares y
Berthat (1951) observaron que la glándula sudorípara de los Caracú tiene un
diámetro mayor (125) que en el Cebú y Gyr (103), el Guzerat (107) y las razas
europeas (Holstein 67, Guernsey 78).
Bodisco y
Carnevali (1960), estudiando la mortalidad de los becerros CLV y Pardo Suizos,
detectaron que hasta la edad de 12 meses y en igualdad de condiciones, murió el
17.4% de los primeros y el 31.1% de los segundos. Es un hecho notable que los
becerros CLV neonatales murieran en mayor cantidad durante su permanencia en
becerreras individuales (43%) que al ser sacados a los potreros a la edad de 8
meses (32%). En las Pardo Suizas estos porcentajes fueron exactamente inversos
(32% y 43%, respectivamente), indicando su menor resistencia a los efectos
directos del clima tropical.
Maltos et
al.(1968–70) observaron que los becerros CLAC traspasados de las becerreras
a los potreros no disminuían su ritmo de crecimiento, como lo hacían los Jersey
y los Cebú × Pardo Suiza.
La mortalidad
de los becerros fue también estudiada por Lemka et al.(1973) en BON y
CCC. Probablemente debido a los deficientes sistemas de mantenimiento, los
porcentajes obtenidos fueron bastante altos: 27% y 21%, respectivamente.
Kugienev
(1976), en su viaje por Colombia, observó vacas Criollas de 17–18 años de edad
que habían parido 15–16 hijos. Al mismo tiempo, es relativamente difícil
encontrar vacas europeas viejas en las regiones tropicales.
Rubio (1976)
encontró en un hato de CCC 114 vacas de más de 14 años de edad: cada una de
ellas tenía por lo menos 10 partos registrados.
Existen
informaciones sobre la buena resistencia del ganado Criollo a los
ectoparásitos. Botero (1976) cita numerosos estudios sobre la resistencia de
animales BON al nuche ( Dermatobia hominis).
Otro hecho
notable es que el ganado Criollo se adaptó perfectamente a los diversos
ecosistemas existentes en los distintos países, desde las frías y húmedas
alturas de los Andes, hasta las llanuras cálidas y secas. Manlio et al.(1963),
estudiando la distribución del Criollo en diferentes regiones de Ecuador,
observaron su mayor presencia en las zonas climáticas más adversas: tanto en
los páramos (3 000 – 4 000 msnm, con el 78% de la población total) como en la
hoya amazónica, cálida y húmeda (con el 93.5% de la población).
Conclusiones
Las
informaciones recopiladas en este trabajo señalan claramente el gran valor del
ganado Criollo lechero para las regiones del continente americano, donde los
factores climáticos y socioeconómicos no permiten explotar animales de razas
formadas en las regiones templadas, puras o mestizadas.
Las vacas
Criollas, con una capacidad productora de aproximadamente 1500–2000 kg/leche/
año, buena fertilidad y eficiencia reproductiva, adaptación al consumo y
aprovechamiento de pastos tropicales, su capacidad de recorrer largas
distancias en busca de forraje, su alto sentido maternal, su tolerancia y
resistencia a los factores climáticos adversos y a las enfermedades tropicales,
constituyen el mejor tipo de ganado para las rústicas condiciones reinantes en
las fincas lecheras de la mayor parte de la América tropical, donde los
animales son mantenidos exclusivamente bajo el régimen pastoril y las
explotaciones siguen rigiéndose según los métodos tradicionales.
Estas
condiciones del Criollo lechero aconsejan recomendar su conservación y
perfeccionamiento en las regiones donde se agrupa en rebaños numerosos y el
mejoramiento de las condiciones ecológicas y socioeconómicas de las
explotaciones es lento y no puede ser acelerado.
Es necesario
destacar que, en estos rebaños, el incremento de la producción por los métodos
de selección es poco eficiente, y que alcanzar niveles productivos similares a
los del ganado europeo puro o altamente mestizado es imposible. También es
importante señalar que la intensificación del mejoramiento por intercambio de
material genético (reproductores, semen de toros probados) entre los distintos
países, resulta muy difícil por los controles sanitarios existentes.
Lamentablemente, los dos países que cuentan con las razas lecheras más
prometedoras, el Caracú en Brasil y el CLV en Venezuela, están infectados por
la fiebre aftosa.
El muy
limitado número de vacas Criollas lecheras conservadas en distintos países impide
la rápida propagación de este ganado en las regiones que poseen las condiciones
adecuadas. La única posibilidad de influir con el ganado Criollo en el
mejoramiento de la producción de leche reside en el uso de toros seleccionados
para los cruzamientos con otros tipos de animal. Lamentablemente, ninguno de
los países interesados realizó los estudios del caso, cuyos resultados podrían
convencer a los ganaderos de que deben utilizar toros Criollos o su semen para
mejorar la producción de sus fincas. Es muy recomendable iniciar las
investigaciones respectivas, comparando los distintos efectos del cruzamiento
de vacas mestizas predominantes en distintas regiones con los toros Criollos,
Cebú y europeos, tomando en consideración todos los aspectos de la explotación
en las fincas de doble propósito y poniendo el acento en los costos de
producción de leche y carne por los mestizos y en el balance económico
definitivo.
Cuadro 1. Medidas bovinométricas en cm
|
Medidas |
Razas |
||||
|
Caracú a |
BON b |
CCC c |
CLV d |
||
|
Altura |
|
|
|
|
|
|
|
cruz |
128 |
|
123 |
122 |
|
|
dorso |
- |
- |
- |
122 |
|
|
lomo |
- |
- |
- |
124 |
|
|
sacro |
- |
122 |
- |
128 |
|
|
cola |
136 |
125 |
- |
124 |
|
|
nalga |
- |
- |
- |
109 |
|
Largo |
|
|
|
|
|
|
|
cabeza |
- |
- |
- |
47 |
|
|
cuerpo |
147 |
142 |
152 |
143 |
|
|
tórax |
- |
- |
- |
76 |
|
|
grupa |
44 |
- |
- |
46 |
|
Profundidad |
|
|
|
|
|
|
|
tórax |
67 |
63 |
- |
64 |
|
Perímetro |
|
|
|
|
|
|
|
tórax |
187 |
169 |
169 |
165 |
|
|
dactilar |
18 |
17 |
|
16 |
|
a
Jordâo, 1949; b
Botero, 1976; c
Rubio, 1976; d
Ríos et al., 1959. |
|||||
Cuadro 2. Alturas de la cruz en cm
|
Raza |
Sexo | |