Raúl de la Torre. 2007. Departamento de Agricultura, FAO.
Volver a: Criollo
Argentino
Resumen
Las bajas
tasas de crecimiento que caracterizan a los animales nativos determinan su
menor precocidad, manifiesta en su mayor edad al primer parto. Sin embargo, la
información disponible sobre el número de servicios por concepción, los
porcentajes de preñez y natalidad, el intervalo entre partos y la mortalidad
pre y postnatal, demuestra que las razas de ganado Criollo pueden compararse
favorablemente e incluso superar al ganado europeo y cebuino en cuanto a
fertilidad.
Partiendo de
la superioridad del comportamiento reproductivo exhibido por madres híbridas
resultantes del cruzamiento del Criollo con Cebú o con razas europeas, y
tomando en consideración los bajos índices de herencia registrados para estas
medidas de fertilidad, se puede concluir que el cruzamiento parece ser el mejor
camino para elevar la capacidad reproductora del ganado en América Latina.
Introducción
Del ganado
Criollo de América Latina se dice, con frecuencia, que su extraordinaria
adaptación al ambiente tropical se desarrolló durante siglos a costa de la
pérdida de productividad. Uno de los factores más relacionados con la
productividad de un hato ganadero es, incuestionablemente, la reproducción: de
la fertilidad de los animales depende la cantidad de terneros que nacen en un
período determinado. De allí que la poca productividad del ganado Criollo se
asocie, a menudo, con un comportamiento reproductivo de bajo nivel.
Sin embargo, los
resultados de diversos estudios en varios países de este continente, realizados
en condiciones controladas de manejo, sanidad y alimentación, demuestran que el
ganado nativo puede compararse favorablemente con el ganado europeo o cebuino,
y aun superarlos, en cuanto a fertilidad.
La razón por
la cual se subestima la real capacidad reproductora de las razas Criollas
radica en la índole de su explotación. El ganado Criollo que todavía perdura en
la mayoría de los países de América Latina, por lo general diseminado en
núcleos relativamente pequeños, esta en manos de campesinos o de pequeños
ganaderos de modestos recursos económicos. El manejo, la sanidad y la
alimentación que esos sectores pueden proveer son tan pobres que las
enfermedades, en especial las que afectan la capacidad reproductiva, y las
deficiencias nutricionales, constituyen hechos corrientes y determinan en gran
medida los bajos índices de reproducción que se observan a menudo. Por otra
parte, hay que tener en cuenta que es práctica común entre los ganaderos
ordeñar las vacas en presencia del ternero, o con la cría al pie, y que también
esto puede contribuir al comportamiento reproductivo anormal. En efecto, de
Alba (1960) sostiene que el ordeño con ternero tiende a alargar el intervalo
entre partos, debido a la ausencia de celo después del parto (Donaldson, 1962;
Pittaluga, 1970; Villar y Huertas, 1973).
A los efectos
de la discusión y organización de este trabajo, se han considerado como medidas
de fertilidad el intervalo entre partos, la edad al primer parto y el número de
servicios por concepción o preñez, y la información disponible sobre el ganado
Criollo correspondiente a cada una de estas medidas será presentada a
continuación en el mismo orden.
Intervalo entre partos
El intervalo
entre partos es uno de los parámetros más frecuentemente utilizados para
evaluar la fertilidad de los animales de un hato ganadero. Asumiendo que no
existen diferencias en cuanto al período de gestación, el intervalo entre parto
y parto está determinado por la duración del período de servicio y éste, a su
vez, por el tiempo transcurrido desde el parto hasta el primer servicio y por
el intervalo entre el primer servicio y la concepción (Rodríguez, 1976).
Investigaciones
realizadas en Venezuela (Cevallos et al., 1968; Bodisco et al.,
1968), Colombia (Hernández, Koch y Dickerson, 1971; Salazar y Huertas, 1975) y
Costa Rica (Carmona y Muñoz, 1966; Torres, 1972; Álvarez, 1975) ponen de
manifiesto la superioridad del ganado Criollo, en comparación con el europeo o
cebuino en iguales condiciones de producción, en lo que respecta a este índice
de fertilidad. Solamente Torres (1972) registra un mejor comportamiento de la
raza Jersey en relación al Criollo en Turrialba, Costa Rica, en términos de
intervalos entre partos.
El cuadro 1
muestra los valores del intervalo entre partos en el ganado Criollo observados
por los autores que se mencionan más arriba. Como puede advertirse, el nivel
mas bajo, 374 días, corresponde a vacas Criollas de la raza Romosinuano en la
región noroccidental de Colombia (Hernández, Koch y Dickerson, 1971) y el
extremo más alto (457 días) a ganado Criollo venezolano de la región de Carora
(Cevallos et al., 1968). McDowell (1971), citado por Álvarez (1975), detecta
un valor ligeramente inferior al determinado por Hernández y sus colaboradores
(372 días) en el ganado Blanco Orejinegro colombiano. Cabe señalar que en el
estudio de Hernández, Koch y Dickerson (1971), más de la mitad (54.3%) de los
intervalos entre partos registrados fueron inferiores a 365 días.
Cuadro 1. Intervalo entre partos en ganado
Criollo
|
Autores |
Año |
País |
Valor observado (días) |
|
Hernández, Koch y Dickerson |
1971 |
Colombia |
374 |
|
Salazar y Huertas |
1975 |
Colombia |
422 |
|
Bodisco et al. |
1968 |
Venezuela |
387 |
|
Cevallo et al. |
1968 |
Venezuela |
457 |
|
Carmona y Muñoz |
1966 |
Costa Rica |
390 |
|
Torres |
1972 |
Costa Rica |
387 |
|
Álvarez |
1975 |
Costa Rica |
378 |
De Alba
(1970) estima que los intervalos entre partos mayores de 420 días indican un
comportamiento reproductivo deficiente, ocasionado sobre todo por factores de
manejo que tienen consecuencias económicas de consideración, especialmente en
las explotaciones lecheras. Por otra parte, los intervalos cortos entre parto y
parto tienen gran importancia, porque además de aumentar la producción de
crías, disminuyen el intervalo entre generaciones, favoreciendo la selección.
En el cuadro 1 se observa que, de los siete trabajos citados, solamente dos
registran valores que sobrepasan el límite crítico de 420 días señalado por de
Alba (1970), en tanto que los promedios evaluados por los cinco restantes son
notablemente inferiores y se aproximan a la cifra deseable de una cría por año.
En Ecuador,
datos no publicados de 142 partos en 24 vacas Criollas fundadoras del hato para
producción de carne de la Estación Pichilingue arrojan como resultado un
intervalo entre partos de 380 días, lo que corrobora la apreciación de los
investigadores de otros países sobre el buen comportamiento reproductivo del
ganado Criollo.
Los
cruzamientos de las razas Criollas con razas europeas o cebuinas han mejorado
este índice de fertilidad en los animales mestizos con respecto a los europeos
y/o el Cebú. Hernández (1975), citado por Torres (1972), registra diferencias
de más de 100 días en favor de las vacas mestizas del grupo Criollo-Pardo Suizo
en relación a la Pardo Suiza pura. Idéntico fenómeno es verificado por otros
trabajos sobre el cruzamiento del Criollo con razas lecheras europeas (Bodisco et
al., 1975; Salazar y Huertas, 1975; Torres, 1972; Rodríguez et al.,
1975), y sobre animales mestizos del cruzamiento Criollo × Cebú (Plasse et al.,
1975). En Pichilingue, Ecuador, el examen de 319 partos de vacas mestizas media
sangre Criollo-Brahman arroja un valor de 416 días para el intervalo entre
partos, cifra menor a la registrada por el ganado Brahman puro.
En cuanto a
los factores que afectan el intervalo entre partos, la edad de la vaca parece
ser el de mayor consideración, aunque la literatura sobre el tema refleja una
cierta disparidad de resultados. Para algunos autores (Verley y Touchberry,
1961;Dhillon et al., 1970), dicho intervalo tiende a disminuir con la
secuencia del parto, es decir, cuando aumenta el número de partos, y,
consecuentemente, la edad. Según Hernández, Koch y Dickerson (1971), en las
vacas viejas y las jóvenes los intervalos son menores que en las vacas de edad
intermedia, aunque su estudio revela que en el ganado Romosinuano los
intervalos más cortos correspondieron a vacas con edades que oscilaban entre
los 10 y 12 años. Finalmente, existen trabajos cuyos resultados no indican que
la edad de la vaca o el número de partos tengan algún efecto sobre el intervalo
entre partos (Torres, 1972).
Como se dijo
anteriormente, el intervalo entre partos está determinado por el período de
gestación - considerado constante, aunque hay evidencias de que las gestaciones
de vacas Criollas o de otras razas apareadas con toros Criollos son mas largas
(Negron, Deaton y Muñoz, 1975)-y por la duración del período de servicio.
Torres (1972) registró en vacas Criollas del hato lechero de Turrialba, Costa
Rica, un período de servicio promedio de 103 días, superior al de las vacas
Jersey ( 98 días) y al de las vacas cruzadas Criollo-Jersey (92 días). El mismo
autor obtuvo para el intervalo entre el primer servicio y la concepción,
valores de 26, 43 y 23 días, respectivamente, para los mismos grupos raciales
indicados. Como el período de servicio es el componente más importante del
intervalo entre partos, su mejoramiento debe traducirse en una reducción del
intervalo entre parto y parto. En efecto, Everett, Armstrong y Boyd (1966)
encuentran una correlación de 0.93 entre estos dos índices.
Edad al primer parto
La edad al
primer parto esta íntimamente relacionada con la edad en que se produce el
primer servicio de las vaquillas, y depende principalmente del manejo y la
alimentación que se les proporciona durante el período de crecimiento. A pesar
de no constituir exactamente una medida de fertilidad, la edad al primer parto
afecta significativamente la eficiencia reproductiva.
Se sabe que
existen diferencias inherentes a las razas europeas y cebuìnas: las segundas,
por lo general, son mas tardías en llegar al primer servicio y, por ende, al
primer parto. Asimismo, la literatura sobre el tema muestra que las hembras de
razas europeas, aun en el ambiente tropical, tienen su primer parto a una edad
más temprana que las de razas Criollas. Álvarez (1975), en Costa Rica, encontró
que la edad al primer parto fue de 34.7 meses para vacas Criollas, 32.7 para
vacas Jersey y 33.3 meses para vacas media sangre Criollo-Jersey; Verde y
Bodisco (1976) fijan en 36.63 meses la edad promedio al primer parto en
animales Criollos Limoneros venezolanos. McDowell (1971), citado por Álvarez
(1975), detectó, a su vez, una edad al primer parto de 41 meses en vacas
Criollas Blanco Orejinegro de Colombia, mientras que Salazar y Huertas (1975),
también en Colombia, registraron en hembras de raza Costeña con Cuernos un
promedio de 37.8 meses, significativamente superior al observado en los cruces.
Por su parte, Torres (1972), en Costa Rica, determinó que la edad de las
vaquillas Criollas al primer servicio fue de 25.7 meses, significativamente
mayor que en las hembras de otros grupos raciales, tanto europeos como mestizos
con Criollos.
Como se dijo,
la edad al primer parto depende en gran medida de la edad de las vaquillas al
primer servicio, la cual, a su vez, depende del momento en que alcanzan la
pubertad. La presencia del celo acompañado por la ovulación en la hembra es el
fenómeno que marca el inicio de la pubertad, y su determinación permite una
buena estimación de la precocidad de la vaquilla para iniciar su función
reproductora. En Venezuela, Ordóñez et al., (1973) y Linares et al.,
(1973) determinaron la edad de aparición del primer cuerpo lúteo, y encontraron
que las vaquillas cruzadas Criollo-Cebú aventajaban en aproximadamente un 10% a
las vaquillas puras. En el estudio mencionado en primer término, las vaquillas
Criollas registraron una edad de 737 días al primer cuerpo lúteo; las Brahman,
717 días; y las cruzadas, 649 días. En el segundo estudio, la edad al primer
cuerpo lúteo fue de 767 días para hembras Criollo Limonero; 694 para las
Criollas Llaneras-Limoneras; y 639 y 691 días, respectivamente, para las
mestizas Limonero-Brahman y Llanero-Brahman.
Estos datos
ponen de manifiesto la menor precocidad que caracteriza a las razas Criollas,
fruto de su lento crecimiento. Confirmando lo expuesto, los resultados de un
estudio sobre el crecimiento hasta los 18 meses de becerros machos y hembras
pertenecientes a distintas razas que incluían el Criollo Limonero y el Llanero
venezolano (Frómeta et al., 1973), permiten apreciar los menores
incrementos de peso por día de vida de estos dos grupos (379 g y 384 g,
respectivamente) en comparación con los del Brahman (431 g) y sus cruces (480 g
y 462 g, respectivamente). La superación de esta característica es, por lo
tanto, esencial, ya que las edades mayores al primer parto aumentan el
intervalo entre generaciones y, en consecuencia, retardan la selección y el
proceso de mejoramiento.
Número de servicios por
concepción
El número de
servicios por concepción es una medida extremadamente correlacionada con el
intervalo entre el primer servicio y la concepción, así como con la duración
del período de servicio (Everett, Armstrong y Boyd, 1966).Este índice
reproductivo depende de la fertilidad de los toros, de la calidad del semen y
de la técnica de la inseminación artificial (de Alba, 1970).
Son pocos los
resultados publicados sobre el número de servicios requeridos por hembras
Criollas para concebir. Sin embargo, como lo expresa Verde (1973), estos pocos
trabajos demuestran que las razas nativas se comparan ventajosamente con las
razas europeas no sólo cuando estas producen en el trópico, sino también en
regiones de clima templado. El promedio de los valores compendiados por este
autor señala que los animales europeos requerían 3.35 servicios por concepción,
en tanto que los animales Criollos solamente 1.63 servicios.
Torres (1972)
encontró valores de 1.70 servicios por concepción para vacas Criollas, 2.20
para vacas Jersey y 1.70 para vacas media sangre Criollo-Jersey, en tanto que
años antes Carmona y Muñoz (1966) habían registrado valores más bajos, tanto
para hembras Criollas (1.58 servicios) como para Jersey (1.55).
Sobre los
factores que influyen en la variación del número de servicios por concepción,
Fuentes, Deaton y Muñoz (1971) descubrieron una correlación significativa entre
el grado de consanguinidad y el número de servicios por preñez. Según estos
resultados, la consanguinidad, aparentemente, aumento el número de servicios
requeridos por las vacas de un hato de Criollo lechero para concebir.
Hay ciertas
evidencias que sugieren también la existencia de un efecto de la edad de la
vaca sobre esta medida (Verley y Touchberry, 1961), por el cual las vaquillas
de primer parto tienden a necesitar mayor número de servicios que las vacas de
mayor edad, Sin embargo, los resultados de Torres (1972) en Costa Rica no
muestran efecto alguno de la edad de la vaca, a pesar de que su estudio incluye
edades que van desde los 18 meses hasta los 15 años.
Los valores
relativos al número de servicios por parto presentados corroboran las
apreciaciones de Verde (1973) sobre la eficiencia reproductiva del ganado
Criollo, ya que índices que oscilan entre 1.5 y 1.8 servicios por concepción
son indicativos de alta fertilidad (de Alba, 1970).
Otras medidas
Los promedios
de porcentajes de concepción en hatos de ganado Criollo de varios países varían
entre el 45% en vacas Limoneras venezolanas (Linares et al., 1973) y el
95% en vacas pertenecientes a un hato altamente seleccionado de Bolivia (Plasse
et al., 1975).Entre estos extremos - que denotan un comportamiento
reproductivo pobre, por un lado, y una excelente fertilidad, por otro - se
ubican datos registrados por otros autores; entre ellos los citados por Plasse
y sus colaboradores (1975).Peralta (1977), al comparar nueve grupos raciales de
ganado para la producción de carne que incluían las razas Criolla, Brahman,
Santa Gertrudis y sus cruces, determinó que el promedio de nacimientos de las
madres híbridas fue superior al promedio de las madres de razas puras; entre
ellas, las vacas Criollas acusaron los índices más bajos (60%). La razón de
este bajo comportamiento reproductivo de la raza Criolla fue explicada por el
hecho de que la mayoría de esas vacas eran animales de desecho del hato lechero
del CATIE en Turrialba, Costa Rica, por baja producción de leche y/o difícil
concepción con inseminación artificial. En el hato para producción de carne de
Criollo Esmeraldeño de Pichilingue, Ecuador, se han registrado, en cambio,
porcentajes de natalidad del 89% en 1976 y del 81% en 1977.
La
superioridad de las hembras mestizas Brahman-Criollo en cuanto a este índice de
eficiencia reproductiva se manifiesta en los trabajos de Medina, Muñoz y Deaton
(1973), Plasse et al., (1975), Peralta (1977), confirmando una vez más
que los cruzamientos alternos entre Criollo y Cebú serían muy beneficiosos para
mejorar las características de reproducción de las ganaderías destinadas a la
producción de carne.
Verde (1973)
considera que otro posible indicador de la superioridad reproductiva de las
razas Criollas en relación a las europeas en el trópico son los datos
disponibles de mortalidad pre y postnatal. Este autor cita dos trabajos realizados
en Venezuela, uno por Bodisco y Mazzari (1962) - según el cual se determinaron
porcentajes de abortos del 3.8% y 11.2% para ganado Criollo y europeo,
respectivamente - y otro conducido por Bodisco y Carnevali (1962) que registró
que la mortalidad de terneros entre el nacimiento y el destete fue del 17.3%
para la raza nativa y del 34.1% para la raza Pardo Suiza. Los datos de
nacimiento y destete dados a conocer por Peralta (1977), sin embargo, muestran
una ligera superioridad del ganado Criollo frente al Brahman en cuanto a
mortalidad postnatal (5.49% y 5.6%, respectivamente).
Volver a: Criollo
Argentino