Director:
Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de
Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia
de Córdoba, República Argentina
Volver a:
principal
> Raza
Criolla Argentina
Ing.
Zoot. Rubén Darío Martínez*. 1998. Revista Sociedad Rural de Jesús María,
107:34-40.
(*) Dpto. Prod. AnimaI FICA‑UNLZ,
Llavallol, pcia. Buenos Aires.
Las
primeras vacas que existieron en América, fueron introducidas por los españoles
a partir de 1493 y hasta mediados del siglo XVI (cabe recordar que en esa época
todavía no existían razas definidas en Europa). Llegaron a las grandes
Antillas: La Española, Puerto Rico, Jamaica y Cuba, después pasaron a Panamá.
Esta
primera etapa duró unos cincuenta años y se caracterizó por un intenso proceso
de selección natural en una región húmeda, boscosa y con importantes depredadores
(Rabasa 1993). A partir de entonces se dispersaron por todo el continente,
desde EE.UU. hasta la Patagonia argentina, tomando en cada región características
propias de acuerdo con el proceso histórico vivido.
La
cantidad estimada de bovinos que ingresaron los españoles fue menor al millar.
Este escaso número no impidió que se extendieran por todo el continente americano,
fenómeno que fue definido por Jorge De Alba (1978), como una verdadera
«maravilla biológica».
En
cada región lograron adecuarse a las condiciones climáticas imperantes y
fueron una pieza clave en la colonización de América por su aporte al mantenimiento
de las poblaciones humanas y al desarrollo de las economías regionales. Estos
animales que se adecuaron a los distintos ecosistemas americanos mediante años
de selección natural fueron los fundadores de la raza bovina criolla.
En
la Argentina, la evolución del bovino criollo se puede dividir en tres etapas:
la primera abarca trescientos años (1550‑1850), y se caracterizó por la
expansión tanto en número de animales, como en regiones abarcadas.
La
segunda etapa duró ciento veinte años (1850‑1970), y se produjo una gran
reducción del número de animales debido a cruzamientos absorbentes con razas
británicas que culminaron con la extinción del criollo pampeano y el
desplazamiento de la raza a zonas marginales. La tercera etapa lleva unos
treinta años (1970‑1997 ) y es de revalorización, caracterizándose por
el estudio de la raza, el retorno de la misma a la zona pampeana y la
reinserción en el esquema productivo nacional.
El
objetivo del trabajo es analizar en forma crítica el proceso mencionado y al
mismo tiempo tratar de capitalizar la experiencia acumulada durante ese
proceso histórico, para luego proponer algunas soluciones a los problemas
que hoy enfrenta nuestra ganadería bovina.
A
mediados del siglo XIX, el bovino criollo llevaba 300 años de adecuación al
ambiente y era el único bovino existente en la Argentina. Moldeado por la
selección natural, la variabilidad genética adquirida le otorgaba gran
variedad de pelajes, formas y aptitudes. Fue el pilar sobre el cual pudieron
prosperar las poblaciones y ciudades fundadas por el hombre blanco. Donde
había vacas existía la posibilidad de vivir (aportaba carne, leche, cuero y
trabajo), en su ausencia todo era mucho mas difícil. También fue muy importante
como bien de cambio y facilitó el comercio entre las distintas regiones del
país.
En
1850, existían aproximadamente unos 20.000.000 de cabezas ubicadas en su mayoría
en la región de la pampa húmeda. El primer censo oficial
de 1888 da cuenta de la existencia de 21.963.930 cabezas distribuidas en un 90
% en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos
y La Pampa (Lebedinsky, M., 1967).
En
el período transcurrido entre 1862 y 1866, los saladeros faenaron un total de
8.300,000 vacunos. En 1869 se promulga una ley por la cual se podía exportar
animales en pie, con lo cual comenzaron las ventas a Chile, Brasil y Uruguay.
En 1875 la exportación de animales en pie fue de casi 130.000 cabezas y el
tasajo elaborado significó el sacrificio de 450.000 animales, ambos mercados
requerían un tipo de res que la proporcionaba el ganado criollo (Carrazzoni J.
1997).
En
1881 José Hernández escribe: «con estas mismas haciendas criollas, tan fáciles
de domesticarse, que adquieren tan buen engorde, que necesitan tan poco
alimento, que viven a la intemperie y que completan su crecimiento en tan poco
tiempo; con estas mismas haciendas, decimos, viene el país presentándose a la
concurrencia de los grandes mercados del mundo; y
la mejora de los sistemas, y el mejor esmero en la elección de los
reproductores, han de darnos una superioridad que nos pertenece por muchas
otras razones". José Hernández era un estudioso de nuestro país y de las
costumbres argentinas y proponía la preservación y mejoramiento de la raza
criolla, haciendo hincapié en la capacidad que poseía para adecuarse al
ambiente.
Todas
las ventajas del ganado criollo mencionadas por José Hernández, adquiridas
durante un largo periodo de adaptación al ambiente, no fueron tenidos en cuanta
a la hora de satisfacer la demanda externa de carne con más contenido graso y
se optó por absorber la raza criolla con razas mejoradas de origen británico.
El
principal objetivo de la importación de las razas británicas Durham‑Shorthorn,
Hereford y Aberdeen Angus, fue el de obtener animales con mayor tendencia a la
gordura y mejor conformación carnicera en sentido convencional para
satisfacer la demanda de carnes refrigeradas para la exportación (básicamente
a Europa). Este mercado fue importante recién a fines del siglo XIX, que es
cuando se observa el mayor ingreso de reproductores desde el exterior, el que
al principio contó con la oposición de los saladistas de Buenos Aires.
Entre
1880 y 1907 se importaron 16.159 reproductores vacunos (Lebedinsky, M.,1967),
estos fueron utilizados principalmente en la región pampeana, donde para el año
1930 el bovino criollo puro ya había desaparecido por completo producto de la
mestización descontrolada. Este proceso de absorción también fue
desarrollándose en las demás zonas ganaderas, aunque más tardíamente. En algunas
con mayor intensidad y en otras en menor intensidad, producto de la falta de
adaptación al ambiente de las razas británicas, que no pudieron llegara
poblar zonas como el NOA y el NEA.
No
obstante la aceptación generalizada de que los cruzamientos absorbentes con
las razas británicas eran la única y definitiva solución para abastecer la
demanda de los mercados de la época, existieron quienes alertaron sobre
algunos inconvenientes de esta práctica, como por ejemplo el Dr. Wernicke que
en 1889 sostiene «que casi todas (por no decir todas) las plagas que diezman
nuestras haciendas son importadas» (Carrazzoni J., 1997), una enfermedad
importada en ese tiempo fue la tuberculosis bovina. Un año antes Estanislao
Zeballos, presidente de la SRA alertaba sobre «el peligro de importar animales
portadores de enfermedades». Los casos fueron tan frecuentes que se elevó una
nota al Ministerio del Interior para que se controlara el ingreso al país de
animales enfermos y defectuosos (Carranzzoni J 1997).
El
proceso de mestización fue realizado en un clima de marcada desvalorización de
lo que en ese momento constituía todo nuestro patrimonio vacuno nacional, la
raza criolla. Este hecho no permitió observar cuales eran las ventajas y las
desventajas tanto de las razas británicas como de la criolla y se le atribuyó
erróneamente todo el mérito de la mejora lograda a las razas importadas.
El
objetivo propuesto al importar las razas británicas se cumplió, es decir se
lograron animales con mayor tendencia a la gordura y mejor conformación
carnicera en el corto plazo, pero se desestimaron las consecuencias negativas
que este proceso podía acarrear en el largo plazo.
A)
Obtención de Vigor Híbrido, al aprovechar la heterosis producida al aparear
razas muy distanciadas genéticamente.
B)
Complementariedad entre las razas. La raza criolla aportó rusticidad,
fertilidad y longevidad y las razas británicas su mayor tendencia a la gordura
y mejor conformación carnicera.
A)
Extinción del bovino criollo pampeano sin estudiar sus aptitudes y, como consecuencia, desaprovecharlas.
B)
Pérdida de genes, menor variación genética y por consiguiente menor adecuación
al medio ambiente. Las razas británicas habían sido sometidas a selección
artificial y endocría por lo cual era un material genético más homogéneo que
el existente en la Argentina, pero también con menor variación genética para
adecuarse al ambiente.
C)
Desaprovechamiento de la aptitud combinatoria entre las razas y pérdida de
heterosis en la medida en que avanzaba la sustitución de las razas británicas
por la Criolla.
D)
Mayor incidencia de problemas sanitarios y reproductivos.
A)
No valorar nuestros propios recursos animales.
B)
Desestimar 300 años de adecuación al ambiente bajo selección natural del bovino
criollo y sustituirlo completamente por razas desadaptadas y con menor
variabilidad genética por el solo motivo de satisfacer una demanda momentánea
de animales con alto contenido de grasa.
ADAPTACIÓN
AL AMBIENTE:
Para
que una vaca pueda destinar la mayor proporción de energía a la producción,
debe estar cómoda en el ambiente donde se encuentra. La naturaleza por
intermedio de la selección natural nos provee de animales adecuados para los
distintos ambientes.
FERTILIDAD:
Debe
parir todos los años y sin dificultad un ternero sano. También es un carácter
favorecido por la selección natural.
APTITUD MATERNA:
Significa
ser buena madre, es decir destetar un ternero sano y con un peso adecuado a su
propio tamaño. Si fuese para producción de leche también es conveniente esta
característica, ya que su producción de leche será buena, aunque el destino de
la misma será otro.
MANSEDUMBRE:
Característica
fundamental para lograr un buen manejo del campo, además de contribuir a la
mejor calidad carnicera.
LONGITUD DE VIDA FÉRTIL:
Muy
importante porque significa disminuir el porcentaje de reposición y aumentar la
eficiencia del sistema.
H.
A. Molinuevo (1994), describe claramente lo realizado en nuestro país con la
genética zootécnica: «Los trabajos de genética zootécnica en el país se
iniciaron con la creación del INTA, anteriormente se realizaba en el país una
selección empírica por aspectos subjetivos que llevó a una excesiva disminución
del tamaño de los reproductores, que los hacía claramente inadaptados para las
exigencias del sistema de producción. A fines de la década del 50 y comienzos
del 60, el INTA comenzó a desarrollar dos líneas de investigación. Una que se
llamó “Selección por Producción” que consistía en la promoción de la selección
de reproductores de mayor ganancia de peso en rodeos comerciales controlados
y la otra línea consistió en el estudio de una buena cantidad de razas no
tradicionales además de Aberdeen Angus, Hereford y Shorthorn, de uso comercial
habitual, y la raza Criolla que se encontraba en proceso de extinción. Ambas
líneas se basaban en la búsqueda de un objetivo principal; la mayor tasa de
crecimiento. La hipótesis sostenía que mayor tamaño = mayor productividad
individual = mayor eficiencia. Esta hipótesis procedía de países con sistemas
intensivos de producción. Allí la hipótesis se verifica en la práctica. Pero en
las condiciones de engorde de la región pampeana, eminentemente en pastoreo, la
tasa de crecimiento verificada en el sistema apenas si alcanza al 50 % de la
tasa potencia¡ de crecimiento".
En
otra parte del artículo destaca «No obstante quedar clara la inconveniencia de
aumentar el tamaño para la producción en la etapa de cría no solo por el
incremento del costo de mantenimiento, sino también por la aparición creciente
de partos distócicos, el cuestionamiento de la mayor ganancia de peso en
invernada llegó posteriormente, concluyéndose que los genotipos de mayor
potencial de crecimiento, que se destacaban por su mayor tasa de ganancia con
buena disponibilidad de forraje, sufrían también más agudamente las épocas de
restricciones».
Estos
hechos son un reflejo de lo ocurrido en los rodeos comerciales de razas británicas,
donde la selección artificial fue cambiando en función de objetivos diversos y
en algunos casos muy contradictorios, como fue la selección por tamaño (en un
momento se prefirieron animales casi enanos y hace unos años se elegían a los
gigantes tanto en machos como en hembras).
Estos
vaivenes selectivos fueron modificando en mayor o en menor medida, algunos
caracteres de importancia económica para la vaca de cría, como la fertilidad,
la adaptación al ambiente, la longevidad, la tolerancia a patógenos, etc, que
en general no fueron tenidos en cuenta en los planes selectivos mencionados.
A
partir de los trabajos realizados en INTA Leales comparando la producción en
cría de la raza Criolla con la Hereford y la Nelore (ver cuadro) se comienzan
a reconocer, en la raza Criolla una serie de virtudes hasta ese momento
ignoradas y que se relacionan con las características productivas que debe
poseer una buena vaca de cría.
Cuadro 1: Producción en cría de la raza
Hereford, Criolla y Nelore (Florencío Sal Paz, 1986)
|
Raza |
n |
% Par |
% Mort |
% Marc |
kg. PD |
kg. PV |
PD/PV |
kg/ha/año |
|
Heref |
626 |
77 |
10,8 |
68 |
146 |
401 |
0,36 |
68,5 |
|
Criolla |
2109 |
75 |
2,0 |
74 |
174 |
383 |
0,45 |
93,2 |
|
Nelore |
653 |
76 |
6,4 |
71 |
179 |
394 |
0,45 |
89,5 |
|
%
Par‑‑ Porcentaje de Parición;
% Mort= Porcentaje de Mortandad %
Marc= Porcentaje de Marcación; PD=
peso al destete PV
= peso de la vaca; kg/ha/año =
Producción de carne |
||||||||
También
INTA Balcarce inicia en 1978 investigaciones tendientes a lograr altos niveles
de vigor híbrido, priorizando la capacidad reproductiva de las hembras Fl y
buscando a la vez la incorporación de caracteres de rusticidad en las mismas.
Comprendió la evaluación del Criollo Argentino en cruzamientos con A.Angus
para generar productos F1, F2, retrocruzas y cruzas con tres razas (Melucci L A, 1995).
Luego
de los conocimientos aportados por estas investigaciones se comenzó a
difundir la raza criolla en forma comercial en la región pampeana. Se formaron
varios planteles para la producción de toros puros, los que son utilizados
principalmente para resolver los problemas de partos distócicos en vaquillonas
británicas. El ternero media sangre se utiliza para hacer novillos que se terminan
un poco más pesados que los británicos puros y las terneras media sangre en algunos
casos se recrían y se usan luego como pie de cría y en otros casos se engordan
y van a faena.
Creo
que la vaca Criolla pura posee todas las condiciones que debe reunir una vaca
de cría productiva, por lo cual sostengo que si bien todavía no se ha difundido
como pie de cría en los rodeos comerciales, es necesario difundir sus aptitudes
en tal sentido y promover su utilización. En 1989, se encontró en el Parque
Nacional Los Glaciares Pcia de Sta. Cruz, una población asilvestrada de bovinos
criollos, cuyos antepasados remotos fueron los criollos pampeanos (se extinguieron
por el proceso de mestización). Actualmente La FICA‑UNLZ posee un rodeo
de 15 vacas adultas de este origen patagónico en plena región pampeana, cuyos
porcentajes de preñez, parición y destete fueron del 100 %, durante dos años
consecutivos.
¨ Es necesario estudiar nuestros
propios recursos y conocerlos, antes de incorporar material importado para
suplantarlo.
¨ En caso de ser necesario
incorporar material del exterior no desvalorizar lo nuestro, sino tratar de
mejorarlo y complementarlo,
Carranzzoni J, A. (1997): Crónicas del campo
argentino (Nuestras raíces agropecuarias). Academia Nacional de Agronomía y
Veterinaria, Serie Nro. 23 .
De Alba Jorge
(1978): Progress in the selection of the Latín American Criollo. Wld. Anim. Rev. FAO 28: 2630.
Hernández J. (1881); Instrucción de¡ Estanciero.
Edición publicada por el Circulo Militar de la Nación en 1929. Pag. 25.
Lebedinsky M. (1967): Estructura de la Ganadería,
Histórica y Actual. Ed. Quipo. Buenos Aires.
Rabasa S.L .(1988); El bovino criollo en los
distintos países de América. Ganado Bovino Criollo Tomo 3. Ed. Orientación
Gráfica pag 1‑13.
Molinuevo H.A.(1994); Lo principal de la
investigación en la genética zootécnica desarrollada en el INTA Balcarce. En
Mendeliana (Suplemento) Vol 11 (1) 52‑55.
Melucci L. M. (1995): Eficiencia reproductiva. En
Genética Zootécnica de Bovinos para carne. Editor H‑A. Molinuevo EEA
Balcarce Ira. Edición 27‑62.
Sal Paz Florencio (1986): El bovino criollo
argentino, historia características y productividad. En Ganado Bovino Criollo
Tomo 1 Ed. Orientación Gráfica Editora Pag.3/7.
Volver a:
principal
> Raza
Criolla Argentina > Principio del documento