PRODUCCIÓN BOVINA DE CARNE

Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,

Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina

 

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¿Hay que matar a las vacas del glaciar?

Periodístico. 2003. Viva, Revista de Clarín, 14.09.03:26-31 y  

Rev. de la Sociedad Rural de Jesús Maria, 140:51-55.

Introducción

Son 1.500 ejemplares de una raza que se creía extinguida. Las autoridades del Parque Nacional Los Glaciares dicen que hay que eliminarlas como sea porque afectan el ecosistema. Pero un programa de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora intenta rescatarlas.

El aviso lo dio Verónica, la guía, antes de atravesar el bosque de lengas, en Bahía Onelli: "Durante el camino es probable que nos crucemos con alguna vaca o con un toro. Son animales salvajes. Traten de no acercarse".

El grupo, dominado por turistas españoles, murmuró asombrado. ¿Vacas acá, en medio de montañas escarpadas, caminos de cornisa, temperaturas que suelen bajar un par de decenas debajo del cero? Es tierra de glaciares. Santa Cruz, Patagonia. La guía siguió: "Estos animales fueron introducidos por los primeros colonos de la zona. Pero cuando se creó este Parque Nacional tuvieron que dejar sus tierras y quedaron las vacas, que se adaptaron de forma sorprendente a duras condiciones de vida.
Hay un proyecto para sacarlas. Algunos están a favor y otros en contra”.

Fue una explicación somera y lineal sobre la historia de 1.500 animales de una raza que se creía extinguida: el ganado criollo patagónico. Ejemplares en peligro de ser eliminados por resolución de la Administración de Parques Nacionales.

Los turistas no se mostraron demasiado interesados en el tema; rodeados de un paisaje de auténtico paraíso, lo único que querían era sumergirse en el bosque camino al lago Onelli, donde se descuelgan tres glaciares, en una visión casi onírica de la belleza patagónica.

Por el camino se vio un toro. Le sacaron fotos, El animal, ni mu.

 

 

a) Un toro come brotes en un bosque de lengas de Bahía Onelli;   b) Vaquillonas salvajes en la Península Avellaneda.

Proyecto gen

A decir verdad, estas vacas de salvajes no tienen nada más que estar ahí, aisladas de todo desde hace casi un siglo, y gracias a una extraordinaria adaptación natural que es investigada por científicos de la Universidad de Lomas de Zamora (UNLZ).

Según estos estudios, el ganado criollo patagónico constituye un grupo único que quedó encerrado por barreras naturales dentro de Bahía Onelli y la Península Avellaneda, en el Parque Nacional Los Glaciares. Son descendientes directos de los vacunos introducidos por los españoles durante la colonización. Y hace pocos días, la Comisión de Agricultura y Ganadería del Congreso, aprobó un proyecto para que la investigación de la UNLZ se declare de interés parlamentario. Y por ende, también las vacas. Sin embargo, para Parques Nacionales se trata de un ganado exótico que depreda extensas áreas de bosques. La polémica parece haberse instalado en medio de los g1aciares santacruceños.

Pero, ¿corno llegaron esos animales hasta los pies del Hielo Patagónico? ¿Cómo hicieron para sobrevivir a temperaturas que llegan a los 22 grados bajo cero y alimentarse sólo con líquenes y brotes? ¿Cómo funciona un animal doméstico sin la interacción del hombre?

En la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Lomas se entusiasman. Y proyectan a futuro: "Si hiciéramos, por ejemplo, un convenio con alguna universidad de los Estados Unidos, ¿cuánto vale un gen de resistencia al frío en bovinos, como tienen estos animales?", avanza Fernando Rumiano, decano de esa facultad. La respuesta queda en suspenso. Rumiano enumera tres razones importantes para la investigación de estos animales:

1) La riqueza genética diferencial (genes de adaptación al medio).

2) la selección natural que experimentaron sin intervención de la mano del hombre.

3) La garantía de la pureza de la raza, debido a que quedó aislada geográficamente, sin posibilidades de entrecruzamientos. Más aún: las vacas que están en la Península Avellaneda podrían tener alguna variación genética respecto del grupo de Bahía Onelli, porque nunca se cruzaron entre sí, ni con otras razas.

Diet Beef

El criollo patagónico, dicen los investigadores, tiene algunas características ventajosas: permite el destete de los terneros con un peso superior al 50 % del peso de las madres; la mortalidad en el nacimiento es casi cero porque las hembras tienen mejor canal de parto; su variabilidad genética permite cruzar con mayor vigor híbrido (las cruzas superan a los padres); y además, existe una variedad lechera que produce más de 6 litros de leche por día.

La carne es magra. Y se vio que las crías de cruzamientos con otros ganados (Hereford o Aberdeen Angus, por ejemplo) heredaron sólo la grasa interfibrilar, que da el sabor a la carne. Pero no la grasa de cobertura. "Los llamamos los diet beef, bromea Rumiano.

Por eso, el proyecto Conservación de Germoplasma de Bovinos Criollos - Biotipo Patagónicos apunta a formar un banco de semen para cruzarlos con otros de otras razas buscando optimizar SU producción.

Haciendo un poco de historia, el ganado bovino llegó a América en 1493, durante el segundo viaje de Cristóbal Colón. A territorio argentino arribó un poco más tarde, en 1549. Entró por el noroeste (desde Perú, Bolivia o Chile), por el este (vía Brasil) y por el Río de la Plata. Fueron los primeros bovinos criollos, que a mediados del siglo XIX eran unas 20 millones de cabezas (el 90 % de todo el ganado).

Entre 1880 y 1907, con el auge de la ganadería se importaron vacunos de razas británicas, y perdió valor la criolla hasta desaparecer. ¿Como llegaron hasta los glaciares patagónicos? A fines del 1800, con los primeros colonos.

Sixto Waldy, un inglés de los muchos que poblaban las costa del Lago Argentino, se afincó en Bahía Onelli. Usó el camino de1 arreo que hacían los tehuelches para llevar 80 vacas criollas desde La Pampa. Y las cruzó en barco de madera, de una orilla a la otra. En 1937, cuando se creó el Parque Nacional Los Glaciares, quienes se habían instalado dentro del perímetro (726.900 hectáreas) tuvieron que irse. Entre ellos, Waldy. Se llevaron lo que pudieron; las vacas quedaron aisladas.

Desde entonces, pasaron una fantástica transformación para adaptarse a las durísimas condiciones de vida (clima extremadamente frío, poca comida, suelo escarpado y montañoso). Desarrollaron un pelaje larguísimo (tipo bos taurus, con todas las combinaciones posibles); se acostumbraron a comer poco y distinto (líquenes y brotes en lugar de pasto); se convirtieron casi en equilibristas para andar por senderos de cornisa. Algunos dicen que para eso adaptaron sus pezuñas. Pero en realidad, algunas vacas pueden presentan pezuñas tipo zapato chino: "Un defecto muy poco frecuente, pero que no es propio de estos animales, sino que está presente en todas las razas de bovinos", apunta el ingeniero zootecnista Rubén Martínez, profesor adjunto de la Cátedra de Genética Animal de la UNLZ.

Un punto que asombra a los científicos es la plasticidad que muestran para adaptarse al medio. Por ejemplo, cuando las traen a Buenos Aires, al poco tiempo el pelo se les acorta. Aunque el dato más impactante es que no dejan de reproducir.

"Desde el punto de vista zootécnico, es la única raza presente en la Argentina adaptada a las muy duras condiciones climáticas reinantes en esta región austral, se lee en la declaración hecha por los diputados.

Mejor sacarlas

Vacas criollas patagónicas, ganado bagual, vacas salvajes. Ostentan cuernos enormes donde cada anillo es un año de vida; son altos de grupa, huesudos, toscos. Una vaca adulta pesa 450 kilos; un ternero al ser destetado, 200 kilos, y un toro adulto, 650. En general, son esquivos al contacto con los humanos.

Viva recorrió a bordo de un barco de la Prefectura Naval la Península Avellaneda, donde se estima que viven 1.000 ejemplares, y parte de Bahía Onelli, donde habría entre 300 y 500 animales. Lugares donde todavía quedan huellas de los primeros colonos, que talaron árboles y quemaron varias hectáreas de bosques antes de instalarse. El paso de las vacas criollas también deja heridas en el piso, revolcaderos que parecen cráteres y ramas mordidas de árboles que empiezan a brotar. "Es cierto que el primer depredador es el hombre, por los incendios causados por los primeros colonos o los mismos tehuelches mucho antes. Pero es muy clara la diferencia de los bosques vírgenes de aquellos donde hay vacas salvajes", argumenta Carlos Corvalán, titular del Parque Nacional Los Glaciares.

Corvalán recibe a Viva en su oficina de El Calafate y asegura que el ganado salvaje depreda unas 50.000 hectáreas de bosques. Y por eso, hay que eliminarlas del paisaje. Dice que las vacas criollas patagónicas se alimentan con los renovales de las lengas, cipreses y canelos. Y sobre todo preocupan - dice Corvalán - las que están en las zonas intangibles, áreas vedadas al turismo, donde solo se accede para control o estudios. Es el caso del Valle Mascarello, al norte, una zona de huemules, especie que corre peligro de extinción. Allí, además de vacas criollas (cruzadas con otras razas), se detectó un grupo de caballos salvajes.

Uno de los dilemas ahí es: si se sacan los caballos y las vacas, probablemente aumente la depredación de los pumas sobre los huemules. Corvalán agrega que donde las vacas fueron sacadas, se empezaron a ver más guanacos.

Las otras áreas intangibles acechadas son: la zona del Glaciar Ameghino (donde predomina un bosque puro de lengas), y la del Río Camisetas, vecino del Glaciar Perito Moreno, donde se ven afectados los canelos y cipreses. Pero en ninguno de estos casos se trata de ganado criollo puro, sino cruzado con otros, corno el Hereford y el Charolais.

 


Restos del cráneo de una vaca en Lago Onelli. Los animales que mueren

no se pudren, se secan, por las bajas temperaturas.

 

¿La solución? Para Corvalán no hay vueltas: hay que eliminarlas. Ya sea extrayendo esos animales o matándolos, si lo primero no fuera posible. “Calculo que un 25 % de la hacienda tendrá que ser sacrificada”. La orden de exterminio es anterior a 1980. Y Corvalán quiere llevarla a cabo.

"Para responder si es positivo o no que las vacas criollas se saquen de ahí, hay distintos conceptos -sostiene Rumiano- Por ejemplo, ¿qué se considera un animal exótico como Parques Nacionales define a este ganado,? También es relativo si compiten o no con otros herbívoros de la zona. No conozco estudios sobre este caso". Algunos sospechan que el interés de sacar las vacas está ligado a fines turísticos. Y Corvalán no lo desmiente: la extracción es primordial no sólo por el deterioro ambiental, también porque causan problemas en el servicio turístico".

¿Dejarlas, sacarlas, matarlas'? Las opiniones se parten al medio. Desde la UNLZ, el ingeniero Martínez espera que "al menos, no se mate el ganado sin tener en cuenta su valor genético y natural". Esta historia continuará", sonríe Corvalán.

DESDE HACE 10 AÑOS HORACIO ECHEVARRíA ES CRIADOR DE LA RAZA

Horacio Echeverría tiene un pequeño campito en medio de la estepa, en la Colonia Perito Moreno, cerca de El Calafate. Son unas 650 hectáreas donde cría ganado criollo patagónico desde hace 10 años. Son vacas de Bahía Onelli que reproduce con la prioridad de vender sus crías a la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. "Tengo 45 vientres, 20 son de reposición, vaquillonas de un año que entraron en servicio, y 38 terneros ", detalla Echeverría. "Acá nadie quiere a los criollos. Todos crían la raza británica. Pero yo me encariñé y ya tengo mi plantel como reserva ", dice el hombre en medio del corral.

 

Horacio Echeverría y un asistente en el campo donde las cría

 

Además de costoso, extraer vacas de Bahía Onelli no es fácil. Con los vaqueanos suele ir Juan Carlos Amendolara, empleado de la Universidad de Lomas, que coordina los operativos. Van con perros entrenados, "raza perro" y sólo machos para evitar que si se quedan perdidos se reproduzcan. La expedición puede durar semanas enteras. Y muchas veces hay que lidiar con temperaturas de hasta 15 grados bajo cero.

Los vaqueanos encuentran el rastro y largan a los perros, que acorralan a los vacunos -detalla Amendolara-. Las vacas se escapan de los perros bajando por las montañas hasta el lago y muchas, incluso, se tiran al agua. "Ese último recurso desesperado permite que sean enlazadas y subidas al barco. Si no, una vez que se las atrapa, se las ata a un árbol durante 4 ó 5 días; período en el que los animales se estresan muchísimo, adelgazan por la falta de agua y alimentos y se debilitan.

Algunas mueren porque se les infectaron las mordeduras de los perros. "Por eso, hay que andar con antibióticos. Los mejores perros para estos casos son los que las acorralan mordiéndoles la nariz", apunta Echeverría. Peleadoras de su libertad, sin embargo, una vez que se amansan son muy dóciles. "Sé que Parques Nacionales quiere sacarlas porque son incompatibles con sus leyes. Pero no sé... A mí me gustan. Es un ganado lindo. Hace 40 años, por acá era todo ganado criollo, pero lo fueron eliminando", recuerda Echeverría.

Los vaqueanos cuentan que siempre existieron las “vaquerías” (matanzas de estos animales).

Y en la Universidad de Lomas agregan que en el Parque Doñana (Huelva, España), hay ejemplares parecidos, que son  muy apreciados. En la Argentina, al parecer, lo mejor es borrarlas del mapa.

De Santa Cruz a Buenos Aires: YA HAY 170 VACAS RESCATADAS

Fue afines de los 80. Un grupo de investigadores de la Universidad de Lomas de Zamora quería describir el ganado criollo patagónico que creían extinguido. Pero no encontraban datos en los libros especializados. De casualidad, en la biblioteca de la Administración de Parques Nacionales un guardaparque le describió a Rubén Martínez (que estaba detrás de esos animales) un tipo de ganado salvaje que habitaba en la zona de los glaciares patagónicos. Esa fue la punta. Martínez y otro investigador, Alejandro Rodríguez, recorrieron la zona de Bahía Onelli. Recién a los cinco días vieron el primer ejemplar. Era 1988.

Dos años más tarde, se firmó un convenio entre la Universidad de Lomas y Parques Nacionales, para que se pudiera extraer los animales que interesaban estudiar. El trato sigue en pie. Y desde entonces, cada 15 días, un grupo de investigadores viaja hasta la provincia de Santa Cruz para seleccionar los ejemplares que van a traer a Buenos Aires. Ya hay unos 170 vacunos en tres campos bonaerenses. La última extracción de ejemplares se hizo en abril. “Tenemos pensado sacar más vacas el año que viene. Pero eso será posible si obtenemos un subsidio, que estamos gestionando. Hay que tener en cuenta que cada operativo de estos nos sale más de 200.000 pesos de gastos directos”, comenta Fernando, Rumiano, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias.

 

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