Salvador Di Carlo*. 2006. Venezuela Bovina,
74:62.
*Econ. Ambiental. Agropecuaria Mata Larga, C.A.
agropecuariamatalargaca@hotmail.com
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de búfalos
Es pertinente
manifestar al inicio de este artículo que la producción bubalina mundial ha
experimentado cambios de matices en el transcurso de la historia, dado que
inicialmente en la China y la India (de donde es originaria la especie) el
Búfalo de Agua era considerado un “Dios”, y luego es usado por el hombre
como instrumento de trabajo en la preparación de la tierra. Posteriormente, en
Europa, se considera importante su producción de leche, y es utilizada la misma
para la elaboración de derivados lácticos, principalmente en virtud de su
elevado contenido de grasa y sólidos totales, lo cual incrementa
extraordinariamente el rendimiento de los mismos en comparación con sus
homólogos elaborados con leche de vacunos. Y finalmente, en la última década,
la producción de carne de búfalo ha llegado a situarse casi a la par con la de
otras especies que durante mucho tiempo se consideraron perfectamente
posicionadas en el mercado mundial de proteína cárnica animal.

Ciertamente,
el búfalo de agua había sido considerado hasta finales del siglo pasado como
especie suplidora únicamente de leche para el abastecimiento del consumo humano,
tal y como lo expresa Don Pablo Moser, quien sostiene que “debemos hablar de
Búfalas y no de Búfalos”, por su excelente característica de planta lechera. No
obstante, habría que anexar que la superioridad de la leche de búfala sobre la
del vacuno, es mayormente en valores cualitativos que cuantitativos, es decir,
en relación a las propiedades organolépticas que presenta este producto
natural, como se demuestra en la siguiente tabla, dado que si comparamos la
producción diaria de una búfala frente a cualquier ejemplar vacuno de la raza
Holstein, la producción láctica de la búfala resultará efectivamente menor. Sin
embargo, al utilizar la misma cantidad de leche de ambas especies para la
fabricación de cualquier tipo de queso, se revierte el análisis dado que se
producirá mayor cantidad de queso con la leche de búfala. De allí que, Don
Pablo exprese que prefiere hablar de búfalas y no de búfalos, y recomiende
fervientemente ordeñar las búfalas sea cual fuese su producción, aun cuando
ante esta última opinión, particularmente pienso que resulta menospreciar la
visión moderna del búfalo como productor de proteína cárnica animal.
La ventaja de
producir un tipo de carne frente a la otra es comparativa, más no competitiva,
es decir, el búfalo no presenta el mismo rendimiento cárnico en cualquier tipo
de ecosistema natural en relación con el vacuno, como el caso de
ambientes secos, áreas geográficas para los cuales nació y se adaptó muy bien
el ganado vacuno, y mucho menos si se compara con razas de vacunos altamente
productoras de carne como por ejemplo el Senepol y el Angus. El búfalo produce
bien en este tipo de ecosistemas más no lo hace a su máxima potencia dado que
su hábitat natural idóneo requiere de elevada humedad relativa ambiental y
amplia disponibilidad permanente de agua, en virtud de que este animal presenta
escasa cantidad de glándulas sudoríparas para disipar calor, aun cuando
efectivamente puede ubicarse en pisos que van desde 0 hasta 40ºC.
Por el
contrario, en ecosistemas de bajíos y áreas inundables, donde al ganado vacuno
no le es posible desarrollarse como potencial fuente proveedora de proteína
para el hombre, el búfalo de agua presenta la virtud no sólo de lograr
valores promedios de ganancia de peso diaria (GPD) de hasta 1000 gramos, en
pastos naturales de baja calidad nutricional y suelos pobres, sino que
adicionalmente provee cada hembra durante el período de lactancia un mínimo de
4 a 5 litros/día de leche (con lo cual se fabrica 1 kilogramo de queso),
ambiente natural en el que la producción vacuna de ambos rubros (carne y leche)
es relativamente baja.

Por tanto,
debemos comprender que ambas especies bovinas no están en condición de competir
entre sí en cualquier tipo de ecosistema, sino que el búfalo viene a
complementar las explotaciones ganaderas modernas y en las cuales puede existir
diferentes ambientes (esteros, bajíos y colinas), aprovechando las áreas bajas
e inundables no atendidas por el vacuno, tal y como lo vemos a lo largo y ancho
de la geografía nacional, en la que una gran cantidad de unidades de producción
combinan el desarrollo de ambas especies, y mediante las cuales realizan un
aprovechamiento integral de los recursos forrajeros disponibles (pasto
chigüirera, arrocillo, entre otros), optimizando los resultados económicos de
la actividad pecuaria.


No obstante,
fuera de considerar el tipo de ambiente bajo el cual una especie presenta
ventajas relativas de producción con respecto a la otra y sin entrar a
verificar las diferentes razas dentro de cada especie y las bondades de cada
una de éstas, el búfalo tiene una gran precocidad, y quizás sea ésta su mejor
característica en relación al ganado vacuno, tal y como se puede apreciar en la
anterior tabla comparativa. Y que por supuesto, estos valores referentes a:
peso al nacer, edad a la primera concepción y al primer parto, edad al
beneficio comercial de los machos, eficiencia reproductiva, entre otros, se
presentan en su máxima expresión si, además, el búfalo se desarrolla en un tipo
de ecosistema totalmente ajustado a las condiciones naturales idóneas exigidas
por la especie (véase la siguiente tabla de parámetros zootécnicos). Por ello,
vemos que existen en Venezuela crías de búfalos desde los campos de El Sombrero
(estado Guárico), pasando por las sabanas de Anzoátegui, en Delta Amacuro y el
estado Bolívar, en la zona sur del Lago de Maracaibo (estado Zulia), en las
montañas de Táchira, Trujillo y Mérida, y en general en cualquier parte del
país, hasta en la región central (Valles de San Diego, estado Carabobo, y
Valles de Turmero, estado Aragua).
Este análisis está sustentado, adicionalmente, por las siguientes
investigaciones de la especie, elaborados tanto fuera como dentro de nuestro
país, en diferentes aspectos y criterios pertinentes de estudio.
Investigaciones realizadas para comparar la utilización de los forrajes
tropicales, entre vacunos y búfalos, indican que estos últimos presentan un
mayor rendimiento bajo condiciones rústicas de pastoreo Shultz (1997). Por su
parte Ribeiro (1994), indica que en iguales condiciones los búfalos pueden
consumir diariamente la misma proporción de su peso vivo de materia orgánica
que los vacunos, pero con una mejor eficiencia del alimento. En estudios realizados
por Fundora (2001), al evaluar la conducta de las búfalas lactantes en
pastoreo, observó que dedicaron relativamente el mismo tiempo al pastoreo en
horario diurno y nocturno, pero rumiaron más en horario nocturno con 62.1%, y
descansaron más durante el día con 55% del tiempo. Sin embargo, al comparar en
condiciones de pastoreo en pasto estrella, 6 toros e igual cantidad de butoros,
encontró que los últimos dedicaron un menor tiempo a la ingestión de pastos que
los vacunos, pero su rumia, aunque no existió diferencia significativa, fue
ligeramente mayor que la de los vacunos (Fundora, 2003).
Sin embargo Kennedy (1992), en estudios realizados con la utilización de
dietas ricas en fibra, demostró el menor tiempo de rumia en búfalos (425
min/día) comparados con los vacunos (625 min/día), diferencias que le son
atribuidas a la mayor fuerza de contracción en el rumen y menor velocidad de
pasaje del alimento por el rumen en los búfalos según Bartocci (1997).
Los resultados obtenidos anteriormente reflejan, que para las condiciones
del trópico los búfalos dedican menor tiempo a la ingestión del pasto,
particularmente en el horario de mayor temperatura ambiental y este mismo
horario lo emplean en la rumia, el descanso y caminar en busca de la selección
del pasto de mejor calidad, siempre que sea posible.
En condiciones de estabulación también se han realizado estudios
comparativos entre búfalos y vacunos, alimentados con forraje tropical en
diferentes estados vegetativos; Shultz (1997), encontró que en estas condiciones
de crianza, cuando los animales eran alimentados con forrajes de buena calidad
los vacunos dedicaban 458, 556 y 426 minutos a la ingestión, la rumia y el
descanso respectivamente, mientras que los búfalos empleaban 413, 588 y
439 minutos a la ingestión, la rumia y el descanso. Por otra parte, cuando
fueron alimentados con forrajes de baja calidad, los búfalos aunque dedicaban
menor tiempo a la ingestión (362 minutos) a diferencia de los vacunos (429
minutos), si empleaban un mayor tiempo a la rumia en proporción con el vacuno,
este autor plantea que similares resultados fueron obtenidos por Schake y Riggs
(1966), bajo condiciones de confinamiento pero en clima templado.
Estos resultados se deben a una particularidad que los búfalos tienen con
respecto a todas las especies de herbívoros: sus mandíbulas (distancia entre
los cuartos dientes incisivos que pasan de 12 cm, mientras los vacunos tienen
6-8 cm). Esta característica anatómica indica que los búfalos tienen mayor
capacidad para cosechar y digerir forrajes y excretar heces que los vacunos.
Por ende, el búfalo se perfila como la “máquina” ideal para efectuar limpiezas
de sabana, sin empleo de tractores y desmalezadoras, a muy bajo costo, pero
además respondiendo positivamente con excelente producción.
Un estudio reciente (2006), comparativo de producción cárnica entre vacunos
y bubalinos, del Ing. Marco Zava (Prof. ISEA, Buenos Aires, Argentina) demostró
que en iguales condiciones de factores de producción, y en ambiente de sabana
tropical, se obtiene una mayor producción con la especie bubalina. Al respeto
el Ing. Zava formula el siguiente análisis:
En el ámbito nacional, un trabajo conjunto de la Universidad de Oriente y
la Universidad del Zulia, desarrollado por los autores Mansutti, Sencleer,
González, Rodas-González y Huerta-Leidenz llegó a la conclusión de que “los
búfalos de predominancia Murrah rinden menos en canal que los vacunos de
predominancia Cebú debido primordialmente a cueros más pesados y a la mayor
proporción de su peso vivo lleno como tracto gastrointestinal y por ende,
su mayor contenido digestivo”...aspecto extensible a todas las razas de búfalos
y ampliamente conocido en nuestro país por una gran parte de productores
ganaderos, situación que no desacredita al búfalo frente al vacuno, dado que su
precocidad resta importancia a esta cualidad productiva.
Igualmente, dentro de nuestras fronteras, el autor Montiel Urdaneta
(Universidad del Zulia) presenta un estudio comparativo de producción entre
vacunos y bubalinos en un bosque húmedo tropical del estado Zulia, llegando a
la conclusión de que tanto “la producción de leche, duración de la lactancia y
la cantidad de leche por intervalo entre partos fueron mayores para los
bubalinos con una diferencia de 61 L/lactancia; se observó mejores pesos al
nacer (39/32), al destete (183/146) y doce meses (378/255) para los búfalos,
producto de mejores ganancias diarias (0.928 kg/día). El rebaño de búfalos
produjo 1396,1 Bs/día/IP debido al menor IP (405 contra 410 días para los
vacunos). Los ingresos por hectárea fueron superiores en 10,16% en el rebaño de
búfalas. En la zona en estudio bajo las mismas condiciones de manejo los
búfalos se comportan en forma más eficiente y con un mayor margen de ganancia
que los vacunos.”
En definitiva, la gran utilidad de los búfalos es la extraordinaria
capacidad que tienen en la limpieza de campos sobrepoblados y mal manejados.
Tienen una mayor capacidad de digerir la celulosa, con relación a los vacunos.
En una sabana en que éstos pierden peso, los búfalos se mantienen; en otros en
que los vacunos ganan poco, los búfalos ganan peso medianamente. En regímenes
de pasto abundante, los búfalos ganan más peso que los vacunos.
Todas estas condiciones y características expuestas son factores muy
favorables para que en los países del trópico se multipliquen los proyectos de
utilización intensiva y racional de las pasturas (naturales e introducidas) con
los búfalos.
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