Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto,
Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
Volver a:
principal > Suplementación
Méd. Vet. Darío N. Camps y Guillermo O. González. 2003. Área de Nutrición y Alimentación Animal,
Departamento de Producción Animal, Facultad de Ciencias Veterinarias,
UBA.
El
grano de maíz representa para nuestro país y la mayoría de los países del
mundo, el ingrediente más utilizado como suplemento energético en la
alimentación del ganado bovino. El grano de sorgo y el de avena ocupan un
distante segundo lugar. Por ser su uso tan frecuente y extendido, la ciencia ha
generado una importante cantidad de información básica y aplicada en relación
al manejo del GM “en distintas situaciones de alimentación”.
Por
otro lado, no existe ni existirá una receta universal que contemple todas las
situaciones que se presentan a diario en las explotaciones agropecuarias, dados
las diferentes composiciones de las dietas, tipo de animales y producción a las
que son destinadas, efectos buscados con el procesamiento, interacciones entre
los distintos componentes, etc.
Es
así, que debido a esta importante cantidad de variables, se ha generado entre
los hombres de la producción de carne y leche, no pocas discusiones en torno al
GM. Una de ellas es la que está hoy en el centro de la escena y la que motiva
la redacción de este trabajo: ¿es necesario partir el GM o puede darse entero
con el mismo resultado?.
Es
esta una pregunta fundamental, ya que si el procesamiento fuera innecesario, se
podría bajar el costo de la suplementación gracias a la utilización de menor mano
de obra y maquinaria para el partido o molienda del grano.
Como
punto de partida vamos a aceptar que el GM entero y el GM partido o molido no
son la misma cosa. Entonces la pregunta que aflora es ¿qué cambia?
El
procesamiento del grano de maíz (GM), puede afectar:
1. su digestibilidad (cantidad del
grano que es aprovechada por el animal),
2. su degradabilidad (cantidad del
grano que es digerida en el rumen) y el sitio de digestión.
Todos
estos parámetros pueden ser utilizados por el productor para mejorar la
eficiencia de conversión grano/carne (cantidad de grano necesaria para producir
un kilogramo de carne), invirtiendo más eficientemente su dinero.
Cuando
un grano entero es ingerido por un bovino, se mastica ligeramente. Cada bocado
recibirá de 20 a 30 golpes masticatorios en unos 15 a 20 segundos, esto produce
una quebradura del grano, aunque muchos de los granos no llegan a triturarse
por los molares y pasan enteros al retículo rumen. Una vez allí, una parte más
liviana se ubican en la porción superior, mientras van hidratándose y son
colonizados por las bacterias ruminales.
Parte
de ese material es atrapado en el puente de forraje (alfombra de forraje
grosero que flota en el líquido ruminal). Las partículas más pesadas se ubican
en el fondo del rumen, que es el sector de mayor actividad fermentativa. Hay
dos factores que hacen pasar por el esfínter retículo-omasal (ERO) ,que es el
orificio de salida del retículorrumen, las partículas del contenido ruminal y permiten
su avance hacia el intestino: uno es la gravedad específica funcional (elevado
peso en relación al volumen) y el otro es el tamaño de partícula; de los dos
factores, el más importante es la gravedad específica. Debido a que el orificio
no está ocluido, sino semicerrado permite en determinadas circunstancias el
paso de partículas mayores pero que posean una alta gravedad específica y los
granos enteros pueden pasar al intestino; estos granos no son digeridos debido
a su cubierta protectora y son fácilmente reconocibles en la materia fecal.
En
los animales que pesan entre 70 y 280 Kg. el menor tamaño del esfínter
retículo-omasal impediría el pasaje del grano entero al intestino; estos granos
permanecerían en el rumen hidratándose, hasta alcanzar a través de su rumiación
y fermentación un tamaño que les permita atravesar el ERO y continuar su
digestión intestinal.
Como
mencionáramos al comienzo, el grano de maíz es un concentrado energético y la energía
del mismo es aportada principalmente por su alto contenido de almidón el cual
representa alrededor del 75% del peso del grano. El gránulo de almidón del maíz
tiene características particulares que lo distinguen de la cebada, el trigo o
la avena. Esta especial propiedad, que comparte, con algunas diferencias, con
el grano de sorgo, está determinada por la presencia de una envoltura proteica
que recubre el gránulo de almidón y en parte lo protege de la acción de las
enzimas bacterianas del rumen. Esto determina que una fracción importante del
mismo llegue intacto al intestino delgado. Este no es solamente un fenómeno de
curiosidad científica sino que tiene importancia en producción, debido a que el
almidón que es hidrolizado y fermentado en el rumen, aporta menor cantidad de
energía para el animal (pérdidas de calor y gases durante la fermentación), que
aquel que una vez convertido en glucosa es absorbida como tal en el intestino.
Como consecuencia de un aumento de la degradabilidad ruminal del grano partido
o molido se verifica una mayor caída del pH del líquido ruminal.

Resumiendo
estos últimos conceptos, podemos decir que el almidón que pasa inalterado hasta
el intestino delgado (almidón by-pass) es, en términos de energía, más
eficiente (42% mayor) que aquel que es fermentado a Ácidos Grasos Volátiles,
con producción de anhídrido carbónico y pérdidas de metano y calor. Ese almidón
puede llegar al intestino delgado gracias a la capa proteica (zeína) que lo
recubre y protege de la acción enzimática del medio ruminal, influyendo también
la variedad del grano en relación a su contenido de amilosa y amilopectina. Es
así que los granos cerosos que no contienen amilosa son más digestibles.
Ahora
bien, si molemos el grano, lo que logramos es en primer lugar, romper su
envoltura protectora, es decir, la cáscara del grano (pericarpio) y, a su vez,
transformar una partícula grande (grano entero) en una cantidad variable (según
tamaño) de partículas pequeñas, las que aumentarán la superficie de ataque y
quedarán directamente expuestas a la colonización por parte de los microbios
del rumen y a la acción de sus enzimas fermentativas. Al suceder esto, es
lógico pensar que una cantidad mayor de almidón será degradado (digerido) en el
rumen y esto en realidad es lo que sucede. Veámoslo en el siguiente gráfico:

En
el gráfico se destaca la diferencia que habíamos mencionado. Es mayor la
digestión ruminal en el maíz partido, siendo apreciablemente menor la cantidad
de almidón digerido en el intestino delgado. También se observa en el gráfico
que en el caso del maíz partido, una parte del almidón que pasa al intestino no
es digerida en éste y pasa al intestino grueso (ciego y colon), cuyo patrón de
digestión es similar a la observada en el rumen con desprendimiento de calor y
gases.
Si
prestamos atención a la cantidad de almidón presente en las heces (pérdidas
fecales, almidón no aprovechado), éste resulta mayor para el partido. Este
fenómeno normalmente no se puede apreciar a simple vista, ya que las partículas
son muy pequeñas, en cambio la presencia de grano entero, es fácilmente
percibida y por su espectacularidad, conduce a errores de interpretación.
De
los resultados expuestos en el gráfico podemos concluir en primer lugar que,
cuando el maíz constituye una parte importante de la dieta (igual o mayor del
75%), la digestibilidad (se considera como lo que el animal aprovecha), es
mayor con grano entero, pues hay más cantidad de almidón en las heces de los
animales alimentados con grano partido. Y en segundo término se aprecian
cambios en los sitios de digestión.
En
esta última conclusión, hemos incluido un dato que no había sido considerado
hasta el momento y que en cierta forma representa el nudo del problema. Cuando
hacemos mención a dietas con un contenido igual o mayor a 75% de grano de maíz
(procesado o no), estamos definiendo lo que se denomina dietas altas en grano o
"High-Grain Diets" a diferencia de las dietas bajas en grano (dietas
mixtas) o "Low Grain Diets". Y ¿porqué esta división?; la respuesta
es que el grano de maíz se comporta de manera diferente en relación a su
concentración en la dieta. Justamente, debido a esta particularidad es que se
ha originado la confusión al interpretarse los resultados de los diferentes
ensayos.
Dietas
Alto Grano o High Grain Diets:
Está
ampliamente demostrado que el GM, no necesita ser partido o molido cuando la
inclusión de grano en la dieta supera o iguala el umbral al que hemos hecho
mención (igual o mayor al 75% de grano en la dieta). Ya se encuentran datos en
los trabajos de Hale en 1980 y revisiones del NRC (1984); Theurer (1986) y
Owens y colaboradores (1986 y 1997), en cuanto a que para este tipo de dietas,
el procesamiento no resulta provechoso en términos de la economía, no
percibiéndose mejoras en la digestibilidad ni en la conversión.
El
siguiente gráfico (Secrist, D.S y col., Oklahoma State University, 1996), que
corresponde a un ensayo realizado con novillitos de 240 kg. alimentados con una
dieta Alta en Grano de maíz, coincide con lo que se viene sosteniendo en
relación a los resultados a esperar cuando el GM es utilizado entero o quebrado
en los feed-lots. Observando el gráfico podemos apreciar que el consumo de
grano partido fue mayor. Esto era de previsible, ya que al disminuirse el
tamaño de partícula, la velocidad con que el grano partido o molido abandona el
rumen, es mayor, desalojándose más rápidamente el mismo, lo que permite un
mayor consumo. A pesar que el maíz partido produjo una ganancia de peso
ligeramente superior, la conversión con la dieta del maíz entero fue mejor, es
decir, se precisó menos grano por kg de carne ganado. El mayor aprovechamiento
del grano entero, se ve también reflejado en la mayor cantidad de energía
aportada, expresada como Energía Metabolizable (EM en el gráfico).

Dietas
Mixtas o Mixed Diets:
Numerosos
reportes se encuentran en la bibliografía referidos al uso de granos en dietas
mixtas conteniendo alrededor de 50% de forraje. Los resultados son
concordantes.
Entre
ellos, en un interesante trabajo conducido por Moe y Tyrrel en USA, en el cual
se compararon tres dietas (55% de forraje en forma de heno y 45% de grano:
entero, partido y molido), se concluyó que los valores de Energía Digestible de
las dietas conformadas por Heno/GM partido o molido fueron superiores a la
dieta Heno/GM entero. En dietas mixtas, los métodos físicos de procesamiento de
granos han conducido a incrementar hasta el doble, la digestibilidad del
almidón en relación al uso de grano entero (Campling R.C. 1991).
Para
maíz la recomendación usual es partir o quebrar el grano antes de utilizarlo en
dietas mixtas para el ganado bovino adulto.
Un
aspecto importante a considerar cuando pensamos en el procesamiento de
cualquier grano destinado a la alimentación animal, es que la decisión en
términos de la economía depende de las circunstancias individuales de cada
explotación ganadera y de su conversión alimenticia.
El
procesamiento del GM cuando es innecesario, resulta en general antieconómico y
en ciertos casos, contraproducente para la performance de los animales. Esto
suele suceder cuando, por ejemplo, en dietas con alto contenido de granos ( más
del 75%) tal como ocurre en el engorde intensivo, se aumenta mediante el
procesado del mismo su degradabilidad a nivel ruminal. Esto ocasiona un aumento
en la cantidad de ácidos grasos volátiles (AGV) a nivel del rumen con el
consecuente peligro de acidosis, entidad clínica o subclínica responsable de
importantes pérdidas en los feedlots . En estas situaciones, se recomienda el
suministro del GM entero.
En
las dietas mixtas en las cuales el GM constituye hasta el 60% de las mismas es
deseable el procesamiento del grano para optimizar su aprovechamiento. Si bien
el GM presenta una alta proporción de almidón pasante (by pass), al molerse o
quebrarse, se aumenta la degradabilidad ruminal del mismo y el consecuente
riesgo de acidosis digestiva; este aspecto deberá ser contemplado para evitar
estos efectos indeseables a través del suministro repartido en varias tomas o
de su inclusión en TMR en dietas mixtas.
Estas
recomendaciones se encuentran respaldadas tanto por las experiencias que han
medido la respuesta animal al procesamiento del GM en relación a su porcentaje
de inclusión en las dietas así como también por la determinación de las
modificaciones en los sitios de digestión y la eficiencia de conversión de su
energía en términos de EM.
En
los animales de hasta 280 kg no sería necesario procesar el GM ya que las
características fisiológicas de estas categorías determinan un adecuado
aprovechamiento de los granos enteros.
Volver a:
principal > Suplementación > Principio
del documento