Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Principal > Suplementación
proteica y con NNP
Martín Garriz
y Armando López*. 2002. Monografía
final del curso Nutrición en la Intensificación.
Cátedra de
Nutrición y Alimentación Animal de la Facultad de Veterinaria de la Univ. de
Bs. As.
*Director
En
los rumiantes, al igual que en los animales monogástricos, las necesidades de
nitrógeno de los tejidos son cubiertos por los aminoácidos absorbidos en el
intestino delgado.
Como
resultado de la actividad de los microorganismos del rumen, el modo de
utilización de las proteínas por los rumiantes difiere significativamente del
que tiene lugar en los animales monogástricos. Los microorganismos del rumen se
caracterizan por su gran capacidad para sintetizar todos los aminoácidos,
incluyendo los esenciales, necesarios para el animal. Por lo tanto los
rumiantes son menos dependientes de la calidad de la proteína ingerida. Por
otra parte, una parte del nitrógeno de los alimentos para los rumiantes puede
administrarse, en reemplazo de las proteínas, en forma de compuestos
nitrogenados sencillos como los compuestos de Nitrógeno No Proteico (NNP), como
la Urea y las sales de amonio (A. Bondi, 1988).
La
utilización de las proteínas ingeridas se realiza del siguiente modo (A. Bondi,
1988):
Durante
el paso de los alimentos por el rumen, gran parte de la proteína se degrada hasta
péptidos por acción de las proteasas. Los péptidos son catabolizados hasta
aminoácidos libres, y éstos hasta amoníaco, ácidos grasos volátiles y dióxido
de carbono (Gráfico 1).
El
amoníaco (NH3), especialmente, es utilizado por los microorganismos si existe
suficiente energía (carbohidratos), para la síntesis de proteínas y demás
componentes de las células microbianas como los componentes nitrogenados de la
pared celular y los ácidos nucleicos. Si bien el amoníaco es la fuente
principal de nitrógeno para los microorganismos, hay especies de bacterias que
obtienen un alto porcentaje (20-50 %) de su nitrógeno total a partir de
aminoácidos y péptidos. Por esto, se logra una mayor síntesis de proteína
microbiana y una mayor eficiencia en el uso del nitrógeno, cuando las dietas
con alto contenido de NNP son suplementadas con proteína verdadera.
Parte
del amoníaco liberado en el rumen no puede ser fijado por los microorganismos,
entonces se absorbe y es llevado por la sangre hasta el hígado, donde se
transforma en urea, siendo la mayor parte no utilizada por el animal y
excretada en la orina.
Los
microorganismos (bacterias y protozoos) del rumen; que contienen proteínas como
componente principal, pasan con las proteínas de la ración no modificadas en el
retículo-rumen, a través del omaso y abomaso, hasta el intestino delgado. La
cantidad de la proteína total de la ración que se digiere en el rumen varía
desde el 70-80 % o más para las proteínas más solubles, hasta el 30-40 % para
las proteínas menos solubles. Entre el 30 % y el 80 % de la proteína de los
forrajes se degrada en el rumen, la cantidad depende del tipo de alimento, del
tiempo de permanencia en el rumen y del nivel de alimentación.
Las
proteínas microbianas, las proteínas de los alimentos que no son degradadas y
las proteínas endógenas del animal, son digeridas en el intestino delgado por
proteasas y participan en el flujo de aminoácidos que son absorbidos en él.
Entonces, para el aporte de los aminoácidos esenciales, los rumiantes dependen
de la proteína microbiana y de la proteína de la ración que escapa a la
digestión en el rumen.
Por
otra parte, las vacas lecheras y los animales jóvenes en crecimiento tienen
altos requerimientos y su producción depende de que cierta cantidad de proteína
de la dieta pase el rumen sin degradarse, además de la fuente de proteína
microbiana dependiente de la energía disponible en rumen.
Por
lo tanto, la nutrición proteica del rumiante nos exige considerar
simultáneamente dos tipos de necesidades: las de los microorganismos del rumen
y las del animal "per se" (Astibia y col., 1982).
En
resumen, la proteína de la dieta puede seguir tres caminos (Stritzler y col.,
1983):
1-Convertirse en amoníaco y pasar a proteína
microbiana.
2-No ser degradada en el rumen y pasar como tal
a los compartimientos subsiguientes.
3-Ser utilizada en la fabricación de proteína
microbiana sin pasar a amoníaco (a partir de aminoácidos o péptidos).
Aproximadamente
el 90 % del nitrógeno total presente en el contenido ruminal, se encuentra en
forma insoluble. El nitrógeno del pool disuelto, aproximadamente el 10 % del
nitrógeno total, es principalmente nitrógeno amoniacal (el 70 % por término
medio), y el resto es una mezcla de aminoácidos libres y péptidos. El amoníaco
se encuentra en una concentración que oscila entre 2 y 50 mg por 100 ml,
dependiendo de la ración y del tiempo transcurrido desde la ingesta; la
concentración máxima de amoníaco se alcanza generalmente unas dos horas después
de la ingesta de los alimentos que aportan proteína.
El
amoníaco es el principal nutriente nitrogenado para las bacterias del rumen;
éstas lo utilizan si existen adecuadas fuentes de energía, principalmente
hidratos de carbono, para sintetizar los aminoácidos necesarios para cubrir sus
propias necesidades proteicas. Se estima que del nitrógeno microbiano del
rumen, el 50-80 % procede del amoníaco ruminal. Algunas bacterias también
pueden obtener hasta el 20 % o el 50 % de su proteína de otras fuentes
distintas al amoníaco, como péptidos y aminoácidos (A. Bondi, 1988).
Otras
fuentes de amoníaco para el rumen, aparte de la proteína ingerida y degradada,
es a partir de la urea de origen endógeno (a través de un mecanismo de
reciclaje endógeno), como de la urea y otros compuestos de nitrógeno no
proteico existentes en los alimentos. La degradación de la urea hasta amoníaco
y dióxido de carbono por la ureasa de origen bacteriano presente en el rumen,
es muy rápida.
A
pesar de la gran importancia del amoníaco para el crecimiento de los
microorganismos del rumen, no pueden nunca utilizar completamente el amoníaco
presente en el rumen, ya que existe un límite en la cantidad que pueden fijar
estos microorganismos. La síntesis de proteína en el rumen alcanza un máximo
cuando la concentración de amoníaco en el rumen se encuentra entre 5 y 8 mg por
100 ml. (Satter y
Roffler, 1975). En el
gráfico 2 se ve que al aumentar la ingestión de nitrógeno se produce un aumento
gradual en la concentración de amoníaco en el rumen, pero la producción total
de proteína microbiana llega a un máximo.
GRAFICO 1: Relación entre la
concentración de amoníaco en el rumen y producción de proteína microbiana (Buttery, 1977).

Aproximadamente,
la concentración de proteína bruta en la dieta a la cual se produce el máximo
crecimiento microbiano, es de 12-13 %. Por encima de estos niveles, la
concentración de amoníaco se incrementa sin aumentar la producción de proteína
microbiana. Este valor de 12-13 % de proteína bruta en la dieta no es para nada
fijo, ya que variará según el contenido de energía fermentecible, la cantidad
de NNP y la degradación de la proteína de la dieta (Satter y Roffler, 1975).
El
amoníaco producido en el rumen por encima de la capacidad de los
microorganismos para asimilarlo, se absorbe y por sangre, es transportado al
hígado y convertido en urea. Parte del amoníaco libre existente en el rumen se
absorbe directamente a través del epitelio del rumen, hasta la sangre; el resto
(en la mayoría de los casos, la mayor parte), pasa con los alimentos digeridos
hasta el intestino donde es absorbido, llega a la sangre y luego al hígado. La
mayor parte de la urea formada en el hígado se excreta a través de la orina;
una parte (hasta el 20 %) es reciclada al rumen con la saliva o por difusión
directa desde la sangre a través de la pared del rumen (A. Bondi, 1988).
Hay
una relación inversa entre la tasa de transferencia de nitrógeno del plasma al
rumen, a través del ciclo "rumino-hepato-salival", y la concentración
de amoníaco en el rumen. Solo en condiciones de bajos niveles de amoníaco en el
rumen, son relativamente altos los niveles de nitrógeno endógeno reciclado, que
sirve como una fuente secundaria de nitrógeno para los microorganismos y un
mecanismo ahorrador de este. Las raciones pobres en nitrógeno provocan un mayor
reciclaje y una menor excreción de urea en orina. En este caso (dietas pobres
en nitrógeno), la principal vía de transferencia del plasma al rumen sería a
través de la pared ruminal, y la trasferencia por la saliva tendría una
importancia secundaria. El mecanismo de control de transferencia sería
indirecto y estaría involucrada en él una subpoblación de bacterias productoras
de ureasa (bacterias adherentes al epitelio ruminal). Entonces las dietas
pobres en nitrógeno al provocar una baja concentración de amoníaco en rumen,
aumentan la concentración de ureasa en el epitelio y estas incrementarían la
difusión de urea hacia el rumen al transformar la urea en amoníaco y crear un
gradiente adecuado para que se produzca el pasaje por simple difusión de la
urea a través de la pared ruminal. Estas dietas aumentan el reciclaje de
nitrógeno porque la baja concentración de amoníaco limita la fermentación
microbiana para un nivel energético dado. De cualquier manera, la cantidad de
nitrógeno reciclado está muy por debajo de los requerimientos microbianos.
Debido a que hay una correlación negativa entre el nitrógeno de la dieta y el
reciclado, la eficiencia de re-utilización de la urea disminuye a medida que el
consumo de nitrógeno con la dieta se incrementa. Como la urea no se almacena en
los tejidos corporales, si no es transferida al tracto digestivo, se excreta en
la orina (Stritzler y col., 1983).
En
resumen, el amoníaco formado en rumen puede (Stritzler y col., 1983):
1-Incorporarse al protoplasma microbiano,
principalmente como proteína.
2-Ser absorbido por la pared ruminal y pasar al
torrente sanguíneo.
3-Salir del rumen por el orificio
retículo-omasal, y ser absorbido en el intestino.
La
urea en el alimento es bien utilizada cuando se incluye con cantidades
adecuadas de carbohidratos en la ración. La administración de cantidades de proteína
que superan las necesidades es un derroche, aunque no es perjudicial para el
animal ya que el exceso de amoníaco se transforma en urea en el hígado,
eliminándose la mayor parte en la orina. Sin embargo, la administración de
cantidades exageradas de urea o sales de amonio (NNP) a los rumiantes puede ser
perjudicial, especialmente si no consumen cantidades suficientes de
carbohidratos. Los mecanismos de detoxificación del amoníaco por conversión en
urea son sobrepasados si las cantidades de amoníaco superan los 80 mg por 100
ml en el rumen. Esta cantidad puede liberarse tras el consumo de urea en
exceso, pero no de proteína en exceso (A. Bondi, 1988).
La
absorción de amoníaco a través de la pared ruminal depende casi enteramente de
su concentración en rumen, pero solo se produce en presencia de la forma
no-ionizada. Esto depende del PH existente en el rumen (a mayor PH mayor
absorción), y si éste es inferior a 7, la absorción a través de la pared del
rumen no es tan alta. Los niveles de amoníaco extremadamente altos en el rumen
elevan el PH, su absorción y van unidos a altos niveles de amoníaco en sangre;
esto provoca una intoxicación por amoníaco que puede llevar a la muerte. Es el
caso de una suplementación excesiva con urea (Stritzler y col, 1983).
Por
otra parte, el empleo adecuado de urea como substituto parcial de la proteína
en la nutrición de los rumiantes resulta beneficioso, siempre que se aporte una
adecuada energía.
Como
se comentó, las proteínas de origen bacteriano son una importante fuente de
aminoácidos para los rumiantes.
En
un sistema microbiano anaeróbico, como es el rumen, la energía es el principal
factor que limita el crecimiento microbiano, razón por la cual, el suministro y
la eficiente utilización de esa energía para la producción de proteína es de
suma importancia. La síntesis de proteína microbiana requiere además de un
adecuado suministro de nitrógeno para alcanzar la máxima eficiencia. En este
sentido la degradabilidad de las proteínas y el reciclaje del nitrógeno (N) son
factores condicionantes. Si el nivel de N no fuese el adecuado podría ocurrir
una fermentación desacoplada sin producción útil de ATP. Si en cambio el nivel
de N es excesivo, la energía puede tornarse en el factor limitante para una
eficiente utilización de N.
Por
lo tanto, para lograr una máxima eficiencia de síntesis microbiana, el
nitrógeno y la energía disponible en el rumen deben estar balanceados.
La
eficiencia de síntesis de proteína microbiana es generalmente expresada como la
cantidad de N microbiana producido por materia orgánica (MO) digerida en el
rumen, se acepta como valor promedio una producción de 30 g de N de origen
microbiano por Kg de MO digerida.
Si
bien es ampliamente reconocido que el amoníaco es el principal nutriente
nitrogenado para los microorganismos (aproximadamente el 80 % de las especies
presentes pueden crecer con amoníaco como única fuente de N), algunas bacterias
también utilizan aminoácidos y péptidos, y aparentemente la presencia de
aminoácidos y péptidos preformados sería esencial para una síntesis eficiente
de proteína microbiana.
En
situaciones de pastoreo de buena calidad y con elevados contenidos de proteína
las concentraciones de amoníaco superan ampliamente la concentración
considerada óptima (de 5 a 8 mg/dl), llegando a valores promedios diarios de 42
mg/dl en pastoreo de alfalfa, con picos de más de 60mg/dl. Estos valores nos
indican claramente un ineficiente uso del N, por un desbalance
nitrógeno-energía de la dieta, que afecta la performance animal. En diferentes
trabajos en pastoreo sobre forraje fresco, se observa que hasta un 12-14 % de
proteína bruta (PB) los niveles de amoníaco en rumen son de aproximadamente
5mg/dl y de aquí en más se produce una explosión de amoníaco en rumen, debido a
la incapacidad de las bacterias para captar más amoníaco (indicando un
desbalance de energía-proteína en las pasturas con elevado nivel de N).
Los
hidratos de carbono tales como azúcares solubles y algunos tipos de almidón son
más efectivos que otros carbohidratos en incrementar la utilización del
nitrógeno proveniente de la dieta, promoviendo un rápido crecimiento
microbiano. Se observa un incremento en la utilización del amoníaco con el uso
de carbohidratos no estructurales (almidón) en lugar de los estructurales. Los
valores de crecimiento microbiano evidencian que la utilización del N por los
microorganismos fue más eficiente y que la proteína bacteriana fue
significativamente mayor cuando el nivel de carbohidratos no estructurales
aumentó.
La
eficiencia de captura del N amoniacal por los microorganismos está relacionada
directamente con la energía disponible, generada durante la digestión de los
componentes de la dieta.
En
los siguientes ejemplos se esquematizan los diferentes tipos de fermentación
que pueden alterar la eficiencia de captación del N (Gráfico 2).
GRAFICO 2: Esquema de las formas en las cuales la liberación de NNP y energía pueden alterar la
eficiencia de utilización de la proteína
degradable (Mc. Rae y Reeds
1980).
Gráfico A Gráfico B Gráfico C
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El
gráfico A, representa una dieta con un forraje tosco (de baja calidad), donde
el N es limitante, por ejemplo un forraje seco con un contenido de PB menor al
8-9 %. En este caso la liberación de NNP (amoníaco) por los microorganismos
está bien equilibrada con la liberación de energía y de esta manera los
microbios son capaces de capturar la mayoría de ese N disponible.
El
gráfico B, representa una dieta de forraje fresco, con un alto contenido de
proteína (mucha de la cual es soluble). En este caso la liberación del NNP es
muy rápida y considerables cantidades de amoníaco son absorbidos directamente
del rumen. Esta es la situación que se presenta en nuestro sistema pastoril.
El
gráfico C, representa la situación que ocurre cuando se suministran suplementos
nitrogenados fácilmente disponibles (urea) a animales con una dieta base de
forrajes de baja calidad. Se observa un desfasaje entre la rápida fermentación
del suplemento proteico y la más lenta de la energía del forraje, con la
consiguiente pérdida de N amoniacal por absorción a través de la pared del
rumen.
Se
habló de la fuente de N y la concentración de amoníaco, de la energía
disponible, de la fuente de carbohidratos; pero quedan otros nutrientes
requeridos por los microorganismos que por requerirse en menor cantidad no son
menos importantes. Tomando como ejemplo la síntesis de metionina y cisteína por
los microorganismos del rumen, se requiere para ello de azufre, y su
deficiencia puede limitar la síntesis de proteína cuando se usan grandes
cantidades de NNP. El azufre debe proporcionarse como sulfato o como metionina
y cisteína. Además, para la síntesis de ácidos nucleicos se necesita fósforo y
es por lo tanto esencial asegurar un suministro del mismo en la dieta.
Deficiencias pueden traer aparejado cambios en la concentración de los
productos finales de fermentación.
Como
regla general debemos admitir que cualquier deficiencia en primera instancia
disminuye la eficiencia digestiva ruminal, afectando la cantidad y la
proporción de los productos ruminales, reduciendo el consumo total de materia
seca y disminuyendo la performance de los animales.
Para
alcanzar los requerimientos proteicos de animales en crecimiento, en
terminación o con altos niveles de producción de leche; es necesario
suplementar sus dietas con fuentes exógenas de nitrógeno (Kilkenny, 1978 y
Leaver, 1978).
Nocek
y Russell (1988) establecen que existe una relación entre la suplementación
nitrogenada y el consumo de energía, dado que si se favorece la síntesis
microbiana por medio de la suplementación proteica, se incrementa la
digestibilidad, la tasa de pasaje y el consumo de materia seca (MS) ; de esta
forma se generan mayores cantidades de productos de la fermentación ruminal
disponibles para el animal (proteína bacteriana y AGV), por unidad de materia
seca consumida y por unidad de tiempo. Existen distintos trabajos en los que se
obtuvo respuesta en la performance animal a la suplementación de silo de maíz
(como fuente de energía), tanto con nitrógeno no proteico como con nitrógeno
proteico (Thomas y Wilkinson, 1975; Poos, Bull y Hemken, 1979; Horton, Pitman y
Pate, 1992).
Este
papel del Nitrógeno como regulador del consumo voluntario también se presenta
cuando los animales son alimentados con forrajes de baja calidad (con 50 % o
menos de digestibilidad). En estas dietas el déficit de nitrógeno en el rumen
puede actuar como factor limitante del consumo de energía porque deprime la
digestión de la celulosa. Por otra parte, el consumo de estos forrajes está determinado
por la tasa de "vaciado" de forraje del rumen, y debido a la menor
actividad bacteriana ésta se encuentra disminuida. La respuesta animal a un
aumento en la provisión proteica, generalmente conduce a un aumento en el
consumo voluntario, al incrementarse las tasas de digestión y de pasaje del
alimento (Stritzler, Gallardo y Gingins, 1983).
Como
fue comentado, dentro de la proteína que llega al intestino delgado para ser
absorbida y metabolizada por el animal, pueden distinguirse tres tipos: a)
proteína bacteriana, b) proteína dietaria y c) nitrógeno de origen endógeno
(Astibia et al., 1984). El nitrógeno endógeno posee una contribución
relativamente baja, por lo cual generalmente se lo desprecia, mientras que en
animales de altos requerimientos el primer tipo de proteína sólo alcanzaría
para cubrir los requerimientos de mantenimiento (Chalupa, 1975). Smith, Broster
y Hill (1980) encontraron que en dietas de alto porcentaje de fibra se obtiene
mejor respuesta productiva si se suplementa con proteína by-pass. Sin embargo,
estos autores señalan que las mejores respuestas atribuidas a la proteína no
degradable en rumen podrían deberse, en parte, a que a pesar de la mayor
proporción de proteína pasante en la dieta se alcanzó un nivel de amonio
ruminal adecuado para el crecimiento microbiano.
La
proteína puede ser suplementada en dos formas: solubles (mayor degradabilidad
ruminal, harinas vegetales y urea) y menos solubles (menor degradabilidad
ruminal, harinas de origen animal como de sangre, de pescado, de plumas, etc.).
Santini
y Dini (1986) expresan que en dietas con altos niveles de proteína, debe
considerarse el exceso de amonio que se genera y que debe ser eliminado. En
relación a esto Bunting, Boling y MacKown (1989), al suplementar dietas de
concentrados con dos niveles de proteína (18,8 y 10,2 % de proteína bruta sobre
la materia seca de la dieta) en vaquillonas Angus, concluyeron que altos
niveles de proteína resultan en un leve aumento en el consumo de materia seca,
mientras que la retención de nitrógeno (g/día) es significativamente mayor, al
igual que la cantidad de nitrógeno urinario y la eficiencia de síntesis de
proteína bacteriana (g de proteína bacteriana/100 g de materia orgánica
aparentemente fermentada). Sin embargo, el reciclaje de nitrógeno fue mayor en
la dieta de menor nivel de suplementación, lo que coincide con la correlación
negativa entre la cantidad de N consumido y el reciclaje del mismo que citan
Astibia et al. (1982); por lo tanto, la eficiencia de utilización del N (unidad
retenida por unidad consumida) disminuiría al incrementarse la cantidad de N
consumida. En el trabajo de Bunting et al. (1989), el nivel de proteína de la
dieta no afectó la digestibilidad de la materia seca, y la cantidad de proteína
bacteriana que alcanzó el abomaso fue similar para los dos tratamientos, lo que
indica que el N no fue limitante para el crecimiento bacteriano en la dieta con
menor proporción del mismo.
La
menor eficiencia de utilización del nitrógeno al incrementarse su consumo es
explicada por Satter y Roffler (1975), quienes establecen una concentración
máxima de amoníaco en el rumen (punto de acumulación de amoníaco), donde todo
el amoníaco ruminal que se genera (por desaminación, consumo o reciclaje) es
utilizado para la síntesis de proteína bacteriana, obteniéndose, de esta forma,
la mayor cantidad de proteína metabolizable (PM) por unidad de proteína
consumida (Gráfico 3 ).
GRAFICO 3: Esquema de la relación entre la
proteína metabolizable (PM),
la proteína cruda (PC) y el nitrógeno no
proteico (NNP) (Satter y Roffler, 1975).

a ) punto de acumulación de amoníaco; b)
eficiencia de conversión de PC a PM.
La
adición de nitrógeno no proteico (NNP) por sobre el nivel mencionado no aumenta
la cantidad de PM que llega al duodeno, mientras que si se suplementa con
proteína verdadera, la PM se incrementa en función de la cantidad de proteína y
aminoácidos que escapen a la fermentación que ocurre en el rumen; es aquí donde
disminuye la eficiencia de utilización del nitrógeno consumido. Se puede
advertir entonces que en el ensayo de Bunting et al. (1989) este punto ya había
sido alanzado con el nivel de 10,2 % de proteína, pues la eficiencia de
síntesis bacteriana no fue alterada por el nivel de proteína utilizado en la
dieta.
Veira
et al., (1980 a) al suplementar terneros de destete con distintos niveles de
proteína (10,2 – 12,2 – 14,1 – 16,1 %) con harina de soja en una dieta
restringida de grano de maíz molido, observaron que el punto de acumulación de
amoníaco se obtuvo con 12 % de proteína cruda (PC) en la dieta, y que si bien
los distintos niveles proteicos aportaron cantidades similares de proteína
bacteriana al duodeno, la cantidad de proteína total que llegó al mismo aumento
en forma conjunta con el porcentaje de proteína de la dieta. En otro trabajo de
características similares Veira et al., (1980 b), con niveles proteicos de la
dieta de 9,9; 12; 14,2 y 16,2 %, establecieron que el aumento en proteína se
reflejaba en aumentos en la digestibilidad de la materia seca, de la materia
orgánica, del nitrógeno, de la fibra detergente ácida (FDA) y del almidón. Los
aumentos diarios de peso vivo (ADPV) se incrementaron en forma lineal con el
aumento del porcentaje de proteína dietaria. Los autores consideran que para
lograr la máxima eficiencia de utilización del nitrógeno en animales de altos
requerimientos, la dieta debe proveer cantidad suficiente de nitrógeno para un
adecuado desarrollo bacteriano y cubrir el resto de los requerimientos
proteicos con proteína by-pass. Coleman y Barth (1974) sugieren que cuando el
nitrógeno suplementado en forma de urea (en dietas de silaje y grano de maíz)
aumenta desde 5,4 hasta 45,4 % del nitrógeno total, la eficiencia de retención
del nitrógeno del total absorbido, del consumido y la utilización neta de la
proteína disminuyen 17,9; 14,7 y 12,2 unidades porcentuales, respectivamente.
Los
compuestos con nitrógeno no proteico pueden utilizarse satisfactoriamente en
cierta cuantía como sustituto de la proteína, tanto en el engorde de bovinos
para producir carne como en la alimentación de vacas lecheras. A este respecto
se utilizan principalmente: amoníaco, urea, biuret, fosfato diamónico y
polifosfato amónico (Kolb, 1971).
AMONIACO
: es un gas que, en general, se disuelve en el agua. Es la fuente más barata de
nitrógeno que puede utilizarse en la alimentación del ganado, pero, como es
tóxica y difícil de manejar, se usa principalmente para aumentar el contenido
de nitrógeno de los alimentos pobres en proteína mediante la amonización en
escala industrial. El amoníaco se fija químicamente y no se libera hasta que el
pienso fermenta en el rumen .(El sitio de la Prod. bovina 1).
UREA
: es la fuente más barata de nitrógeno sólido. Es un polvo blanco, cristalino y
soluble en agua, que se usa como fertilizante y para la nutrición animal.
Actualmente se presenta en el mercado en forma granulada y perlada, siendo esta
última la más recomendable para el uso animal por su soltura y facilidad para
mezclarla con otros ingredientes. La urea fertilizante, que es más barata, es
higroscópica y se cuaja con mucha facilidad, lo que hace difícil mezclarla en
los piensos sólidos; sin embargo, puede utilizarse con los piensos si se añade
en forma de suspensión o de solución en melaza. Las semillas de algunas
leguminosas, especialmente la soja, contiene una enzima, la ureasa, que
descompone la urea y hace inapetecible el pienso. La ureasa queda en gran parte
destruida por tratamiento térmico, por el cual los granos y las harinas
oleaginosas pueden mezclarse con urea .(El sitio de la Prod. bovina 1).
BIURET:
Se produce a partir de la urea por calentamiento, y contiene un 41 % de
nitrógeno. Es apenas soluble en agua y no es tóxico, ya que el amoníaco se
libera lentamente en el rumen. Por consiguiente, tiene ventajas concretas en
comparación con la urea para utilizarlo en los piensos secos. Sin embargo, es
más caro y hace falta un período de adaptación de 2 semanas a 2 meses, antes
que se obtenga una respuesta en la alimentación con biuret. Esta adaptación se
pierde rápidamente cuando no se suministra biuret.(El sitio de la Prod. bovina 1).
FOSFATO
DIAMONICO: Se trata de un polvo cristalino de color blanco soluble en agua.
Contiene 21,4 % de nitrógeno y 23,7 % de fósforo. Tiene la ventaja, con
respecto a la urea, que mejora a la vez el aporte de fósforo.(El sitio de la
Prod. bovina 1).
POLIFOSFATO
AMONICO: Es una fuente corriente de fósforo y de NNP en los suplementos
líquidos. Se emplea en forma líquida, ya que tiene la ventaja, que no es
corrosivo. Contiene 11 % de nitrógeno y 16,1 % de fósforo.(El sitio de la Prod.
bovina 1).
Los
compuestos de NNP se hallan presentes ya naturalmente en los alimentos en más o
menos concentración. Particularmente rica en compuestos de NNP son las pasturas
tiernas (especialmente en otoño), en cuyo contenido de nitrógeno (N) entra el
NNP en proporción hasta del 25-30 %. La fracción principal del NNP de la
pastura está constituida por aminoácidos libres, amidas libres (glutamina y
asparagina), nitrato, basas púricas y sales de amoníaco (Kolb, 1971).
En
los sistemas de producción animal, el recurso de NNP más difundido es la "UREA".
Este suplemento es básicamente nitrógeno no proteico de rápida degradación
ruminal, a las 2 horas de ingestión se produce el pico de amoníaco en rumen y a
las 9 o 10 horas éste vuelve a tener el nivel que tenía antes de la ingestión.
Su aprovechamiento para la síntesis de proteína microbiana dependerá, entre
otros factores, del aporte simultáneo de energía en el rumen. La urea es un
compuesto de NNP comercial conteniendo aproximadamente 46 % de nitrógeno, por
lo tanto, 100 gramos de urea representan 287,5 gramos de proteína cruda (PC)
para el animal ( Kjeldahl, contenido de nitrógeno por 6,25) (Kolb, 1971).
Cuando
pensamos en incorporar urea a la dieta, motivados por su menor costo con
relación a otra fuente proteica, debemos tener presente que sólo aportará
nitrógeno; a diferencia de cualquier otro concentrado que aporta
simultáneamente cantidades variables de fibra, azúcares, grasas, etc (Kolb,
1971).
La
clave de suplementar con urea radica en asegurar un nivel constante de nitrógeno
amoniacal en el rumen a fin de maximizar el metabolismo microbiano. Por otra
parte, la urea en el rumen, puede descomponerse en el amoníaco más rápido que
lo que las bacterias pueden convertir esto en proteína. Ello dependerá por un
lado, de la frecuencia de consumo del suplemento durante el día y de la
cantidad consumida, y por otro, de la fracción de NNP presente en la dieta
base. En planteos de alimentación en feedlot, podemos asegurar el consumo
regular de urea durante el día; pero en pastoreo (vacas lecheras, por ejemplo),
el suministro se reducirá a una o dos veces por día, provocando picos de
producción de amoníaco en rumen que difícilmente puedan ser aprovechados por
las bacterias dado que no se equilibraría el aporte de energía y nitrógeno (Kolb,
1971).
Son
precisamente estos excesos de amoníaco los que a veces desencadenan casos de
intoxicación, pues el sistema hepático no alcanza a convertirlo en urea para
eliminarlo. La intoxicación por amoníaco produce una alcalosis, los síntomas
clínicos presentados por este tipo de anomalía fisiológica son: salivación
excesiva, dificultad para respirar, alteración de la coordinación motora,
tremores musculares, timpanismo, convulsiones, mugidos, rigidez en las patas
delanteras y finalmente la muerte. Si no se trata inmediatamente, el animal
morirá en un lapso de 3 horas. En los bovinos el tratamiento común de este tipo
de intoxicación, consiste en suministrar por vía oral una solución de 2 o 3
litros de vinagre disueltos en 20 o 30 litros de agua fresca, antes que el
animal alcance la etapa de rigidez muscular .(El sitio de la Prod. bovina 2).
Por
lo tanto, sería recomendable combinar urea con otra fuente proteica de
degradación más lenta (harina de soja), agregar una fuente energética de fácil
disponibilidad (granos de rápida digestión) y asegurar la completa
homogeneización de la mezcla para evitar elevados picos de amoníaco ruminal.
Otra manera de manejar esto, aparte de la adecuada sincronización con fuentes
de hidratos de carbono de rápida fermentación ruminal, sería disminuyendo la
velocidad de producción de amoníaco con fuentes de NNP de hidrólisis lente;
favoreciendo la formación de un PH más bajo que disminuya la absorción de
amoníaco a nivel ruminal (fosfato diamónico); repartiendo los aportes de NNP a
lo largo del día por métodos de distribución adecuados como mezclas de urea con
forraje que son ingeridos lentamente, libre acceso a bloques de urea para
lamer, o mezclas líquidas o de productos pulverulentos conteniendo urea
adicionados a la ración (Kolb, 1971).
También,
el uso de ciertos aditivos como el extracto de "Yucca schidigera" o
como la "zeolita" pueden servir de ayuda para atrapar el exceso de
amoníaco liberado en rumen. La primera es una planta que ha desarrollado un
sistema para atrapar el amoníaco cuando se encuentra en altas concentraciones y
retenerlo en forma no-tóxica y no-volátil, y así tenerlo disponible para cuando
se requiera. La zeolita es una sustancia mineral con alta capacidad de
intercambio iónico, este aluminosilicato también capta los iones de amoníaco
cuando estás en exceso y los libera cuando la concentración a nivel ruminal
disminuye a niveles limitantes para el óptimo desarrollo bacteriano. Estos
compuestos disminuyen las fluctuaciones de amoníaco ruminal a través del día y
esta mejora en el ambiente ruminal se refleja en la performance productiva de
los animales, especialmente en las vacas lecheras donde aumentó su producción
en aquellos casos donde el amoníaco era limitante en determinados momentos del
día (Rearte, 1992).
Es
preciso no solamente aportar energía y nitrógeno, sino también los demás
factores de crecimiento: una proporción de nitrógeno en forma de aminoácidos,
péptidos o polipéptidos pequeños; minerales, especialmente fósforo y azufre y
ciertos ácidos grasos volátiles ramificados que provienen de la desaminación de
los aminoácidos correspondientes. (Astibia y col., 1982).
La
adaptación del animal a la dieta también limita la cantidad de urea que puede
ser usada en el comienzo de la suplementación. Toma aproximadamente 10 días a
dos semanas para que el animal comience a adaptarse para una utilización total
de la urea, pero ésta puede perderse en períodos más cortos de 48 horas. Si se
suministra a un animal no adaptado una dosis grande de urea, se pierde una cantidad
sustancial de nitrógeno por orina. Se establece que la retención de nitrógeno
absorbido se mejora en 3 % por cada período de 10 días de suministro de urea.
La máxima capacidad de los microorganismos del rumen para asimilar el amoníaco
se alcanza a los 19 a 22 días de iniciar el consumo de una dieta rica en
urea.(El sitio de la Prod. bovina 3).
Para
animales de altos requerimientos proteicos como los jóvenes en activo
crecimiento (hasta 300 Kg. de PV) o las vacas lecheras de alta producción (más
de 20 l.) en su primer tercio de lactancia, la adición a la urea de fuentes de
proteína verdadera (harinas vegetales y animales) estimula el crecimiento y
metabolismo microbiano asegurando un mayor flujo de aminoácidos al intestino
(Astibia y col., 1982).
Se
recomienda que la urea usada como suplemento proteico, puede reemplazar un
tercio (1/3) del total de la proteína, o componer un 3 % de la materia seca
(MS) del concentrado o un 1 % del total de la MS de la ración (Briggs, 1967).
Según
lo descrito al hablar de suplementación nitrogenada, el NNP tendría
prácticamente el mismo valor nutricional que la proteína, si es suministrado
hasta alcanzar el punto de máxima utilización del amoníaco ruminal (Satter y
Roffler, 1975). Valores de amoníaco ruminal entre 5 y 8 mg/dl determinarán una
máxima eficiencia de síntesis de proteína bacteriana. Cantidades superiores de
amoníaco solo serán utilizadas en la formación de proteína si se asegura un
correcto balance en el tiempo de energía:proteína dentro del rumen; de lo contrario
el exceso de amoníaco será absorbido y eliminado. Satisfacer los requerimientos
de N de los microorganismos, así como asegurar el balance energía:proteína para
maximizar su metabolismo repercutirá, no solo en el aporte de proteína
bacteriana que arribará al intestino, sino que mejorará la digestión ruminal de
la fracción fibrosa de toda la dieta así como el consumo total de MS (Astibia y
col., 1982).
Barth
et al. (1974) afirman
que con urea se pueden alcanzar las tasas de digestión de la celulosa que se
logran con la suplementación con proteína vegetal, e inclusive se podrían
superar; Wales, Moran y Farrel (1993) sugieren que la urea puede ser utilizada
exitosamente como única fuente nitrogenada en dietas de silaje de maíz para el
engorde de novillos; esto se debería al elevado contenido de almidón del silaje
como fuente de energía (Phipps, 1978). Moran y Pritchard, (1987) comentan que
en animales de más de 200 kg es posible alcanzar ganancias de 0,8 a 1 kg/día
utilizando 1 % de urea sobre la MS total de la dieta, pero si se buscan mayores
ganancias de peso se debería utilizar algún concentrado energético. Para Amos y
Evans (1976) la suplementación con urea sólo aporta beneficios en dietas de
elevada digestibilidad. Chalupa (1975) expresa que en dietas purificadas donde
la urea es la única fuente nitrogenada, toda la proteína metabolizable
disponible para el animal es de origen bacteriano, y como se citó
anteriormente, ésta no alcanzaría a cubrir los requerimientos proteicos de
animales en crecimiento o en lactancia. Cottrill et al, (1976) y Kilkenny
(1978) coinciden con Chalupa y no esperan buenos resultados al suplementar
animales jóvenes con urea como única fuente de nitrógeno. Huber (1975) en una
revisión sobre la utilización de la proteína y el NNP en dietas para vacas
lecheras, evidencia la posibilidad de utilizar urea como único suplemento
nitrogenado en vacas con una producción menor a los 20 lts/día alimentadas a
base de grano o de silaje de maíz; pero si el nivel de producción de las vacas
es mayor, se debería suplementar con una fuente de proteína verdadera.
Ensilaje
de gramíneas: para
este fin se pueden agregar entre 5 y 6 kg de urea (0,5 % sobre base húmeda) por
tonelada de material a ser ensilado (maíz, sorgo, pasto de corte) en el momento
de llenar el silo y previamente disuelto en 20 kg de melaza. Para este
procedimiento, aunque resulte más costoso, se prefiere utilizar el biuret para
más seguridad.(El sitio de la P. Bovina 3).
Concentrados
comerciales: en los
alimentos comerciales balanceados puede ser incluido hasta el 3 % de urea en su
elaboración. El fin principal de su uso es disminuir en gran parte la
utilización de proteína en su preparación, tanto de origen animal como vegetal,
que son más costosas.(El sitio de la P. Bovina 3).
Mezclas
sólidas: es una
práctica de administrar urea acompañada de sales minerales y sal común,
representando una manera de disminuir las deficiencias minerales y de nitrógeno
a la flora microbiana del rumen. Este tipo de suplementación ha sido usado en
otros países, variando considerablemente sus porcentajes y logrando usarse
hasta el 45 % de urea.(El sitio de la P. Bovina 3).
Mezclas
semisólidas: este
tipo de suplemento combina urea, melaza, harina de maíz, sal común y harinas de
origen animal para suministrar proteínas, energía y minerales a los animales.
La textura de la mezcla viene a jugar un papel muy importante en su consumo por
parte de los animales, ya que mientras más pastosa sea la mezcla (contenga
menos melaza), ella puede ser suministrada a los terneros de 7 meses de edad
sin problemas de sobre consumo. La urea en este tipo de mezcla puede alcanzar
hasta el 10 %.(El sitio de la P. Bovina 3).
Mezclas
líquidas: este tipo
de mezcla incluye hasta el 10 % de urea, en melaza, pero requiere de mayor
atención durante el período de adaptación del ganado. Se recomienda disolver la
urea en agua antes de mezclarla con la melaza, con el fin de homogeneizar la
solución. También se pueden incluir otros ingredientes como sal común, sales
minerales y flor de azufre. Para evitar desperdicios de la mezcla y posibles
consumos exagerados por los animales, se recomienda usar una rejilla de madera
que flote sobre la superficie de la mezcla. También la utilización de un
rodillo de madera que gire sobre una varilla metálica que servirá como eje,
cubriendo la mayor parte del recipiente con la mezcla. Los suplementos líquidos
son baratos, están preparados con ingredientes no costosos y disminuyen los
desperdicios. Debido a que contienen melaza, el ganado los consume gradualmente
a lo largo de un prolongado período de tiempo. Se evitan problemas de
apetecibilidad, de toxicidad y se mejora la utilización; por todo esto es que
son muy populares.(El sitio de la P. Bovina 3).
Bloques
multinutricionales:
constituyen la forma más segura y sencilla de suministrar urea a los rumiantes
en condiciones de campo. En sí, los bloques son un producto alimenticio que
posee en su composición los nutrientes básicos que el animal necesita, siendo
mezclados, compactados y presentados en forma cúbica o cilíndrica, con un peso
que oscila entre 14 y 50 kg. Bajo esta forma de suministro, la urea puede
alcanzar hasta el 15 %. Los bloques que contengan urea deben verterse dentro de
una lata o cajón fuerte, para evitar que los animales lo mordisqueen. Deben
también protegerse de las lluvias, de forma que los animales no beban una
solución de urea. Los animales hambrientos de sal pueden inadvertidamente
ingerir una dosis excesiva de urea en su deseo de consumir sal.(El sitio de la
P. bovina 3).
Agregada
a forrajes maduros:
en este caso se recomienda utilizar urea al 5 % y aplicar 15 litros de solución
por cada 100 kg de forraje, y subsecuentemente mantenerlo cubierto con plástico
o bolsas de plástico durante 48 horas. En estos casos es posible utilizar una
urea de categoría fertilizante, que es más barata, si se añade en forma de
suspensión o de mezcla en la melaza.(El sitio de la P. Bovina 3).
Agregada
a forrajes verdes:
para este fin es utilizada la caña de azúcar o pasto de corte picado,
empleándose hasta 800 gr de urea por cada 100 kg de material verde. Se requiere
incrementar paulatinamente la urea a partir de 200 gr durante la primera
semana.(El sitio de la P. Bovina 3).
Rociado
en potreros: esta
técnica es oriunda de Sud África. El animal aprovecha el nitrógeno incorporado
en los potreros de pasto seco durante el verano. La mezcla rociada consiste en
urea al 8 % en melazas. Se utiliza poco por su elevado costo y por su gran
desperdicio.(El sitio de la P. Bovina 3).
Distintos
trabajos se han realizado con el objeto de determinar la influencia de la
suplementación con urea en las características del ambiente ruminal.
En
una conferencia dictada por el Ing. D.H. Rearte (1992),especialista en
alimentación, establece que la máxima actividad bacteriana se logra cuando el
ambiente ruminal es óptimo, es decir que tanto la digestión de la fibra como la
multiplicación bacteriana alcanza su punto máximo. Se observó que dicho
ambiente se daba cuando el Ph del líquido ruminal estaba en el rango de
6,7-6,8, la concentración de amoníaco (NH3) es de 5-8 mg/dl y la de los ácidos
grasos volátiles (AGV) de 79-80 mMol/l y una relación acético:propiónico de 3,3-3,5:1
, para una adecuada producción y composición de la leche.
Flores
y col. (1990), realizaron un estudio para ver el efecto de la urea en el Ph y
el NH3 a nivel ruminal (Cuadro 1; Gráfico 5). Para esto, utilizaron novillos
Holando argentino de 2 años de edad y 250 kg, alimentados con tres diferentes
dietas, a las que luego se les adicionó urea. Las dietas eran: 1) heno de baja
calidad, 8 % de PC, 2) heno, 8 % PC, más 2 kg de maíz molido y 3) fardo de
alfalfa de alta calidad, 18 % de PC. Las variaciones del Ph y del NH3 fueron
los siguientes:
CUADRO 1: Variación del Ph y del N amoniacal
ruminal con distintos alimentos (Flores y col. 1990).
|
|
Heno |
Heno
c/urea |
Heno-maíz |
Heno-maíz
c/urea |
Alfalfa |
Alfalfa
c/urea |
|
Ph ruminal
: |
7.32 |
7.25 |
7.00 |
6.24 |
6.70 |
6.81 |
|
N NH3
(ppm) : |
35.4 |
110.6 |
1.7 |
2.1 |
26,8 |
27.3 |
GRAFICO 4: Amoníaco en el líquido rumen (Flores y col. 1990)

Con
respecto al Ph ruminal, se observó que no hay diferencias significativas para
un mismo alimento con el aditivo de urea o sin la urea. Los valores más bajos
para las dietas 2 y 3 indican una mayor actividad microbiana con mayor acumulo
de AGV.
En
el caso del NH3 ruminal, al suministrar la dieta 1 (heno), se observaron
valores más estables en el tiempo del contenido de amoníaco. Al adicionarle
urea se obtienen valores más elevados (260 ppm) y muy variados. El valor mínimo
se encuentra luego de las 4 horas de suministrado el alimento, lo cual coincide
con otra bibliografía. Estos valores reflejan la poca adaptación del líquido
ruminal al aditivo de urea, en caso de emplearse una alimentación pobre en
proteínas e hidratos de carbono solubles. El NH3 se mantiene elevado, al no ser
utilizado en la síntesis de proteína bacteriana, debido entre otras cosas a la
falta de cadenas carbonadas.
En
el caso de la dieta 2 (heno y maíz), el amoníaco se mantiene muy bajo tanto en
el caso de emplearse urea, como en el caso de no usarla. El maíz molido incorpora
un elevado porcentaje de almidón, el cual por su mayor degradación en
comparación con el maíz entero, suministra AGV que pueden ser utilizados junto
al N para la síntesis de proteína bacteriana. Con la dieta 3 (alfalfa), con
buen porcentaje de proteína e hidratos de carbono de alta digestibilidad, se
obtienen valores de NH3 superiores a la dieta 2, pero menores a la dieta 1; y
el agregado de urea no afectó significativamente estos valores.
Los
autores determinan que el N proveniente de la urea es aprovechable siempre que
se le suministre una dieta rica en proteína y/o hidratos de carbono de alta
digestibilidad para la síntesis de proteína bacteriana.
Poos
et al, (1979), alimentando animales con dos fuentes diferentes de proteína,
urea y harina de soja, en distintas concentraciones; obtuvieron las siguientes
concentraciones de amoníaco en rumen (Gráfico 5).
Entre
una dieta con 3,7 % de urea sobre la MS y otra con un 17,4 % de harina de soja
sobre MS:
GRAFICO 5: Concentración de amoníaco ruminal luego
de la alimentación (Poos et al. 1979).

El
patrón de concentración del N amoniacal para estas vacas alimentadas con dietas
suplementadas con urea o con harina de soja, son diferentes, como muestran los
valores de los picos de concentración de cada dieta. El hecho de que ambas
dietas suplementadas mantienen concentraciones de amoníaco de más de 7,5 mg/dl,
sugieren que el N no era limitante para la fermentación ruminal. Los mismos
autores, usando dos dietas: una con un 1,2 % de urea y 3.5 % de harina de soja,
y la otra con un 13,6 % de harina de soja, encontraron que los picos de N
amoniacal en los animales alimentados con estas dietas suplementadas, eran más
bajos con respecto a aquellos observados en el primer experimento; sin embargo,
la digestibilidad de la dieta total fue similar debido a que se alcanzan
concentraciones de amoníaco ruminal capaces de producir el máximo crecimiento
microbial.
El
Ing. E. Pavan (1996), comparando urea con expeller de girasol en animales de
feedlot, encontró que el promedio del Ph ruminal fue mayor para las dietas
conteniendo urea (Cuadro 2 y Gráfico 7). Entre otros factores, el nivel de Ph
está influenciado por el consumo (por su efecto sobre la rumia) (Owens y
Goetsch, 1984) y la concentración de AGV en el rumen; así, el mayor Ph
encontrado con la urea sería consecuencia de una mayor rumia, generada por el
menor consumo de esta dieta con respecto a la dieta con expeller de girasol.
Por otra parte, la suplementación con expeller de girasol mejora el crecimiento
bacteriano con respecto a la urea (Amos y Evans, 1976); esto originaría una
mayor producción de AGV, lo que explicaría su bajo Ph. Las menores variaciones
diarias del PH para la dieta con urea se podría atribuir a un posible efecto
"buffer" del amonio (Counotte et al., 1979), producto de las altas
concentraciones de amoníaco liberado por la urea (Gráfico 7 ) en el momento de
mayor producción de AGV.
CUADRO 2: Caracterización del ambiente
ruminal. (Pavan 1996)
|
|
Dieta 1 |
Dieta 2 |
|
(29.3 % de
expeller de girasol) |
(2.9 % de
urea) |
|
|
Ph |
6.3 |
6.44 |
|
NH3
(mg/dl) |
17.8 |
34.07 |
GRAFICO 6: Variación diaria del Ph ruminal
con las distintas dietas (Pavan 1996)

La flecha indica el momento de alimentación.
GRAFICO 7: Variación diaria de la
concentración del amoníaco ruminal con las distintas dietas (Pavan 1996).

La flecha indica el momento de
alimentación
Los
valores de amoníaco ruminal presentan poca variación para las dietas con
expeller de girasol, mientras que con la urea se evidencia un gran pico en el
momento en que el consumo sería máximo para luego disminuir abruptamente. La
gran variación en la concentración de amoníaco con la urea, también encontrada
por Smith et al. (1980) cuando suplementaron dietas fibrosas con urea, se
debería a que como la urea es 100 % soluble incrementa las concentraciones de
amoníaco ruminal al poco tiempo de haber sido ingerida, pues los
microorganismos del rumen no tienen la capacidad ni la disponibilidad de
energía suficiente para metabolizarlo en su totalidad. La más lenta degradación
de la proteína del expeller de girasol permitiría un mejor sincronismo entre la
disponibilidad energética y la nitrogenada para el desarrollo de las bacterias,
con lo que la utilización del N se hace más eficiente y las concentraciones de
amoníaco menores.
Adamu
et al,(1989) en animales alimentados con dietas de silaje de rastrojo de maíz
suplementadas con concentrado proteico que poseían distintas proporciones de
urea, encontró que el máximo crecimiento microbiano, medido a través de la
cantidad de N-bacteriano que llega a duodeno, se produjo cuando el nivel de
amoníaco en rumen alcanzó 4,9 mg/dl, mientras que el nivel óptimo para
maximizar el consumo y la digestibilidad de la MS se alcanza cuando, en los
animales alimentados 4 veces por día, el valor era de 13,3 mg/dl. Este autor
concluye que para mantener el valor de amoníaco ruminal por sobre los 13,3
mg/dl en animales alimentados una vez por día se debería alcanzar, a las 2
horas del pico de alimentación, un nivel superior a los 18,2 mg/dl.
Para
maximizar la síntesis de proteína microbiana en el rumen, se requiere la
oportuna disponibilidad de fuentes adecuadas de N y de Hidratos de Carbono para
un rápido crecimiento bacteriano. Nocek y Russell (1988) sugieren que la
eficiencia del crecimiento microbiano y de la producción de proteína
microbiana, pueden ser mejoradas por el balanceo de la ración en energía y
nitrógeno disponible en el rumen. Henning et al. (1993)
demostraron que únicamente mejorando el grado de sincronización entre la
proporción de energía y de N liberados en el rumen, no se aumenta la producción
microbiana; también son necesario adecuados niveles de aporte de energía y de N
(dietas balanceadas). Está comprobado que las dietas conteniendo menos del 35 %
de carbohidratos no estructurales traen problemas en la síntesis de proteína
microbiana; y aquellas con más del 40 % de éste tipo de carbohidratos producen
un exceso de AGV y problemas de acidosis.
La
consecuencia de un asincronismo en la digestión de las fuentes de N y de
energía, es un aumento en la absorción del amoníaco ruminal dentro del torrente
sanguíneo y conversión a urea en el hígado. Esta detoxificación hepática del
exceso de amoníaco ruminal, requiere un gasto calórico para los rumiantes de
0,2 Mcal de Enl/100 gr de exceso de proteína cruda consumida (Twigg and Van
Gils, 1988). También la elevación del N ureico en plasma, como consecuencia de
esto, puede estar asociado con el deterioro en la performance reproductiva de
las vacas lecheras de alta producción (Ferguson et al. 1993; Mc. Cormick et al.
1999). Además, el ineficiente uso del N por los rumiantes y la excesiva
excreción urinaria de N pueden tener un impacto negativo en el medio ambiente
(Tamminga, 1992).
La
suplementación con maíz molido a una pastura tierna con alto porcentaje de PC,
puede mostrar una reducción en la concentración de amoníaco ruminal y un
aumento en la síntesis de proteína microbiana en sistemas de cultivo in vitro
(Bach et al, 1999) o con vacas lecheras en lactación in vivo (Berzaghi et al,
1996). Arieli el al. (1996), en otras investigaciones comparando altas y bajas
fuentes de Hidratos de Carbono degradables en rumen; revelaron que la
suplementación de la dieta con granos de cereales conteniendo altos
carbohidratos fácilmente degradables, tales como la cebada o la tapioca,
reducen la concentración de amoníaco ruminal y mejoran el uso de N, en mayor
cantidad que la suplementación con granos de maíz. El mejoramiento en el uso de
N y en la síntesis de proteína bacteriana, también fue registrado cuando el
almidón del trigo fue reemplazado, en las dietas basadas en silo de pastura,
por otras fuentes energéticas como la sacarosa y la lactosa de mejor
disponibilidad a nivel ruminal, en la alimentación de corderos (Chamberlain et
al, 1993).
Mc
Cormick et al. (2001), demostró que en dietas basadas en pasturas con la
suplementación de grano de maíz molido y harina de soja, administradas a vacas
lecheras, la adición de sacarosa a un nivel del 5 % sobre base seca, mejora el
uso del N. Pero no observaron lo mismo cuando se suplementó lactosa, en lugar
de la sacarosa.
Cuando
se suplementa con NNP, se observa que la gran solubilidad de la urea aumenta
rápidamente los niveles de N amoniacal en el rumen; en dietas con elevada
proporción de urea, la retención del nitrógeno en el animal se correlaciona
positivamente con la cantidad de hidratos de carbono fácilmente fermentecibles
(Coleman y Barth, 1974). Si se busca mantener los niveles de amoníaco ruminal
dentro de los rangos adecuados para lograr un óptimo aprovechamiento del
nitrógeno (máxima obtención de proteína metabolizable), la cantidad necesaria
de este tipo de azúcares será mayor en las dietas donde la urea es la principal
fuente de nitrógeno, pues los microorganismos deben disponer simultáneamente de
ambos nutrientes (Shirley, 1986).
La
absorción del amonio a través de las paredes del rumen se da bajo su forma no
ionizada; por lo tanto, este proceso es regulado por la cantidad total de
amoníaco y el Ph ruminal (Nolan, 1993). Según Bartley (1976) se podrían tolerar
altos niveles de amoníaco ruminal sin problemas de toxicidad si la dieta posee
suficiente cantidad de hidratos de carbono fácilmente fermentecibles para
mantener el Ph por debajo de 7,4 . Russell et al. (1983),
comentan que la concentración de amoníaco ruminal, es inversamente proporcional
a los hidratos de carbono solubles adicionados a la dieta.
Casper
and Schingoethe (1986), demostraron que las menores concentraciones de amoníaco
ruminal y de la urea sérica, en los animales alimentados con dietas suplementadas
con urea y suero de queso; indica que el suero desecado aumenta la utilización
del N en las dietas con urea (al 1 % de la MS), por estimular la síntesis de
proteína microbiana. Esto también fue reportado por Windschitl and Schingoethe
(1984). El aumento en la utilización del N por suplementar con suero seco,
puede ser debido al aumento en la cantidad de lactosa fácilmente fermentecible
como una fuente de energía y de esqueletos carbonados para la síntesis proteica
(el suero contiene un 70 % de lactosa). Aunque las dietas eran altas en N
degradable, la concentración de amoníaco ruminal era reducida por una rápida
disponibilidad de carbohidratos fácilmente fermentables.
Un
punto importante a tener en cuenta con respecto a los granos de cereales en la
suplementación de las dietas con urea, es el sitio de digestión del almidón.
Clasificando a los granos de mayor a menor degradabilidad ruminal de su
almidón, tenemos: trigo, cebada, avena, maíz y por último el sorgo (éstos dos
últimos se digieren principalmente a nivel intestinal). Por lo tanto, si se
utilizan fuentes proteicas de rápida degradación en rumen, como la urea, sería
conveniente utilizar granos de alta digestión en rumen como la avena, el trigo
o la cebada; para hacer una mejor utilización del amoníaco ruminal rápidamente
disponible y lograr una buena síntesis de proteína bacteriana. Esto, como ya
fue comentado, es de suma importancia porque entre el 60 y el 80 % de la
proteína que es utilizada por el rumiante tiene este origen (Elizalde y Santini,
1992).
Muchas
veces la combinación de granos con diferente utilización ruminal de su almidón
sería lo más recomendable, tal es el caso de vacas lecheras con altos
requerimientos energéticos y proteicos a principios de lactación. En estos
casos la fermentación ruminal del grano de avena, cebada o trigo daría la
energía necesaria para el crecimiento microbiano, y la inclusión en la dieta de
maíz o sorgo aportaría, por su menor digestión ruminal, almidón directamente en
intestino delgado donde se absorbería como glucosa. Esta nutriente es de gran
importancia como proveedor de energía, y para la síntesis de lactosa de la
leche, o de grasa corporal en el novillo en terminación (Elizalde y Santini,
1992). Por otra parte, éste aporte de glucosa disminuye la gluconeogénesis en
el hígado a partir de los aminoácidos, y éstos quedan disponibles para ser
utilizados en la síntesis de proteínas.
Por
otro lado, existen granos que serán mejor utilizados a lo largo del tracto digestivo
cuando se dan procesados, caso del maíz y el sorgo. En éstos, los gránulos de
almidón están encerrados por una cobertura proteica y si esta no se rompe
(quebrado o molido), la digestión del almidón es muy lenta. Los grano de cebada
y trigo, si bien tienen una estructura distinta, su utilización aumenta con el
proceso de partido o aplastado. La avena no sufre demasiados cambios de
utilización si se la da entera o aplastada.
Una
forma de mejorar la utilización del grano de maíz en la sincronización con
dietas conteniendo urea, es por medio de la confección de silos de grano húmedo
de maíz (D.H. Rearte 1995). Se ha comprobado que el ensilado de grano húmedo de
maíz suele presentar una mayor digestibilidad que el grano de maíz seco (Tyrrel
y Vargas, 1984). Se indica que la degradabilidad ruminal del almidón
proveniente del grano húmedo de maíz es mayor que la del maíz seco y similar a
la de la cebada. Esta mayor degradabilidad ruminal se produce como consecuencia
de la mayor cantidad de agua en el grano, lo que altera las uniones
hidrogenadas del almidón, originando una masa más amorfa. El aumento de este
amorfismo de los gránulos de almidón incrementa el grado de solubilidad del
mismo en el rumen o la tasa de penetración y digestión bacteriana (Nocek, 1987).
Esto proveería una mayor cantidad de energía rápidamente disponible para las
bacterias del rumen, lo cual aumenta la eficiencia de utilización del N
liberado por la urea, mejorando la performance animal.
La
mayoría de las bacterias ruminales pueden utilizar NNP como fuente de
nitrógeno; otras en cambio, requieren aminoácidos preformados y péptidos
(Al-Rabbat, Baldwin y Weir, 1971; Hoover y Stokes, 1991). La falta de estos
aminoácidos, según Shirley (1986), podría afectar la eficiencia del crecimiento
microbiano del rumen; Hoover y Stokes (1991) consideran que para alcanzar el
óptimo crecimiento microbiano se dependería de la utilización de las formas
orgánicas del nitrógeno. Chalupa (1975) señala que posiblemente los aminoácidos
sean necesarios como sustrato para la producción de ácidos grasos de cadena
ramificada, que son factores de crecimiento bacteriano. Al-Rabbat et al. (1971)
encontraron que del total del nitrógeno microbiano, el 61 % provenía del amoníaco
y el 39 % de aminoácidos y péptidos; es por esto que la adición de aminoácidos
preformados en las dietas con urea, incrementaría la actividad ruminal y la
cantidad de proteína bacteriana que sale del rumen (Hume y Purser, 1974; en
Nocek y Russell, 1988).
La
utilización de proteína de elevada degradabilidad mejoraría la digestión de la
celulosa respecto a la utilización de urea o aminoácidos como única fuente de
nitrógeno (Hoover y Stokes, 1991).
Burris
et al. (1976) al realizar infusiones de lisina en el abomaso de terneros
suplementados con urea, encontraron que dicho aminoácido era limitante para el
crecimiento de los animales. Estos autores observaron que los animales en
crecimiento en los cuales todo el nitrógeno suplemental en la dieta era derivado
de la urea, presentaban un nivel de lisina en el plasma menor al encontrado en
aquellos animales alimentados con otra fuente de proteína natural como la
harina de soja; y sugirieron que este aminoácido estaría limitando la
performance de los novillos en crecimiento (con altos requerimientos). La
infusión abomasal de lisina para éstos novillos alimentados con NNP, dio como
resultado un incremento en la cantidad de nitrógeno retenido. Además, la
retención máxima de nitrógeno se observó con la infusión de 24 gr de lisina por
día.
En
un trabajo posterior, Richardson y Hatfield (1978) llegaron a la conclusión de
que en dietas donde la proteína bacteriana es la única fuente proteica para el
animal, el crecimiento del mismo se ve limitado por la disponibilidad de
metionina, lisina y treonina. Hogan (1975), cita que de la comparación entre
los aminoácidos presentes en los productos animales (carne, leche y lana) con
los presentes en la digesta, se puede concluir que las proporciones son
bastante similares, a excepción de lisina y los aminoácidos azufrados.
Según
Satter (1979; en Shirley 1986), en dietas con elevada proporción de NNP, la
metionina junto con la fenilalanina serían limitantes para las bacterias.
Zinn
y Shen (1998), en un trabajo realizado sobre novillos en feedlot alimentados
con una dieta suplementada con un 0,8 % de urea (sobre MS); encontraron que
usando tejido bovino como la referencia de proteína, el valor biológico de las
proteínas que llegaban al intestino es en promedio del 73 %, y la metionina fue
el primer aminoácido limitante. Los requerimientos de metionina metabolizable
(gr/día) de los novillos en feedlot, pueden ser confiablemente predecidos a
partir del peso corporal y la ganancia diaria de peso.
Para
la síntesis de metionina, cisteína y cistina en el rumen, los microorganismos
requieren una fuente de azufre (Shirley, 1986). Generalmente las dietas tienen
suficiente cantidad de este elemento para satisfacer los requerimientos; pero
cuando el porcentaje de NNP en la dieta es elevado, el azufre puede ser escaso
(Shirley, 1986).
Brondani
et al. (1991) hallaron que cuando se combina la suplementación de N con azufre,
en ovejas alimentadas con dietas de alta proporción de fibra, se obtiene una
mejora en la fermentación ruminal; mientras que si alguno de los dos es
limitante, el agregado del otro nutriente no produce mejora alguna. Jacobson et
al.(1967) informaron que la adición de sulfato a los concentrados conteniendo
urea, mejora la performance de los animales alimentados. Por otra parte,
Plummer et al. (1971), no lograron mejorar el uso del concentrado conteniendo
urea, con la adición de sulfato de sodio. En animales alimentados con forrajes
de baja calidad a los que se suplementa con urea, sería recomendable la adición
de azufre a un nivel del 0,1 % de la MS de la ración.
Barth
et al. (1974),
trabajando sobre novillos alimentados con distintos niveles de urea;
encontraron que la adición de carbonato de calcio a estas dietas con elevado
NNP, mejora la retención del nitrógeno consumido, la eficiencia de utilización
de nitrógeno y la utilización de la PC de la dieta.
Chalupa
(1968) sugirió que cuando la urea es suplementada a la ración, es necesario
adicionar fósforo a la dieta para mejorar la eficiencia de uso del NNP.
Poos
et al (1979) al suplementar con urea (3,7 % de la MS) una dieta de silaje y
grano de maíz (46,4 y 36,1 % de la MS, respectivamente) con un potencial de fermentación
de la urea (UFP*) de +5,2 , para alcanzar un 16 % de proteína total
(PC); encontraron que la urea afectó negativamente el consumo pero no la
digestibilidad de la materia seca, en comparación con la suplementación con una
fuente de proteína natural como la harina de soja, asignando esta disminución
en el consumo a una menor palatabilidad y a las elevadas concentraciones de
amoníaco en el rumen. Por otra parte Wilson et al. (1975) demuestra que esta
disminución se debe principalmente a causas fisiológicas, y no al mal sabor que
producía la urea. Cuando Poos et al. (1979) suplementaron con un 1,2 % de urea
(llevando la dieta a una PC de 15,2 %), el consumo alcanzó niveles similares a
los obtenidos con la suplementación con harina de soja, y las concentraciones
de amoníaco disminuyeron considerablemente; en este caso el UFP de la dieta
base fue menor a cero (-1,14). Es decir que el consumo se vería afectado si se
suplementa con NNP dietas que poseen un UFP mayor a cero, o si la
suplementación lo eleva por sobre dicho valor. Aparentemente, la eficiencia de
la suplementación con NNP es limitada por varios factores, uno de ellos es el
porcentaje de PC degradable en la dieta basal.
*UFP: es la relación entre la proteína
de la dieta degradada en el rumen y nutrientes digestibles totales (TND) que
son transformados en proteína bacteriana; expresa el exceso (valor positivo) o
el déficit (valor negativo) de nitrógeno para alcanzar el equilibrio en la
cantidad de urea (gr) por kg de dieta o componente de la misma.
Van
Horn, Foreman y Rodríguez (1967) y Van Horn et al. (1975) indican que niveles
de urea mayores al 1 % de la MS de la dieta disminuyen el consumo. Estos
autores, en un experimento suplementando las dietas con urea a un nivel del 2,2
% y del 2,7 % (de la MS), para alimentar vacas lecheras, observaron una
disminución de la producción como consecuencia de un menor consumo. Puede
asumirse, sin embargo, que la adición de un 1 % de urea al concentrado es
aceptable en vacas lecheras, ya que no disminuyó el consumo. También observaron
que la adición de urea al silo de maíz en el momento de la confección de éste,
en un nivel de 5 kg de urea por tonelada de silo (0,5 % de urea por tonelada en
base húmeda), no produjo problemas con la palatabilidad y el consumo.
Plummer et al. (1971), mostraron que las dietas de silo de maíz para vacas lecheras con la suplementación de urea a niveles del 2 al 3 % de la MS del concentrado, no causaron una disminución en el consumo de MS total comparado con la suplementación con harina de soja; este mantenimiento en el consumo del concentrado se atribuyó a la manera en la cual las vacas fueron gradualmente adaptadas a la dieta con alto contenido de urea. Por otro lado encontraron que si bien se mantuvo el consumo, éste era más lento y se le debe dar al animal el tiempo suficiente. Estos investigadores no observaron diferencias significativas en el consumo y en la producción con las dietas suplementadas con urea, al cambiar el suministro del alimento a los animales de 2 veces diarias a 6 veces diarias.