Néstor E. Obispo*.
2005. Revista Digital CENIAP HOY Número 8, Maracay,
Aragua, Venezuela.
URL: www.ceniap.gov.ve/ceniaphoy/articulos/n8/arti/obispo_n/obispo_n.htm
*Centro
Nacional de Investigaciones Agropecuarias (CENIAP) del Instituto
Nacional de
Investigaciones Agrícolas, UCV, Maracay.
www.produccion-animal.com.ar / www.produccionbovina.com
Volver a: Prod. Bovina de Carne > Suplementación proteica y con NNP
La producción con rumiantes, en los países tropicales, depende de la
disponibilidad de la biomasa forrajera, abundante en el período de lluvia y es
en extremo escasa durante la sequía. Cuando el forraje es disponible, en la
mayoría de los casos, existen problemas con la calidad, lo que compromete el
aporte de nutrientes para los animales.
Los niveles de proteína de los pastos en las sabanas bien y mal drenadas,
se sitúan en valores promedios de 5,31 y 9,13%, respectivamente (Baldizan y
Chacón, 1998). Estos valores se encuentran alrededor de una línea crítica, que
compromete la actividad de los microorganismos presentes en el rumen,
especialmente cuando los valores de PC son inferiores a 7% (McCollum III,
1997). Con el avance de la madurez, los forrajes incrementan su contenido de
lignina, lo cual ocasiona un mayor descenso de la degradabilidad de los
elementos contenidos en la pared celular, lo que reduce la disponibilidad
energética para el animal hospedero (Van Soest y Wine, 1967; Parra et al.,
1972; Minson, 1981).
Entre los factores que más limitan la utilización eficiente del forraje con
fines productivos en el trópico los siguientes se han sugerido los siguientes (Leng,
1990):
a) Baja disponibilidad de los nutrientes para
sostener un crecimiento microbiano eficiente.
b) La proporción de los componentes celulares
solubles en relación con los carbohidratos de la pared celular afecta en forma
directa la población de la microbiota ruminal.
c) Las características físicas y químicas del
forraje determinan la proporción de alimento digerido en la fermentación
ruminal y de aquellos nutrientes de la dieta que escapan de la misma los cuales
son disponibles para la digestión y su absorción en el tracto gastrointestinal
posterior.
Los pastos contienen compuestos nitrogenados de origen proteico y no
proteico, que pueden variar dependiendo de la madurez de la planta (Church y
Fontenot, 1979; Jarrique et al., 1981). En el caso de los pastos de
pobre calidad (mucha fibra y poca proteína), el contenido total de este
nitrógeno (N) no siempre resulta completamente utilizable a nivel digestivo, ya
que parte de este N se encuentra incrustado en la pared celular indigestible
(Pichard y Van Soest, 1977; Van Soest, 1982), lo que puede reducir el
aprovechamiento del nitrógeno ingerido.
La disponibilidad de energía y nitrógeno constituyen importantes limitantes
para los procesos digestivos del rumiante. Cuando la disponibilidad de N
soluble, requerido por las bacterias del rumen, está comprometida y pudiera no
estar presente en concentraciones adecuadas en los forrajes, se pueden utilizar
fuentes de nitrógeno no proteico (NNP). Estas fuentes, cuando son adicionadas
en las raciones como suplementos, propenden a incrementar la digestibilidad del
forraje y por ende su consumo (Preston y Leng, 1990; Preston y Leng, 1986).
En los rumiantes, los requerimientos proteicos son aportados por la
proteína microbiana y la dietaria que escapa de la degradación ruminal. Si el
requerimiento microbiano por N no es satisfecho y no hay crecimiento
microbiano, se reduce la producción de proteína en el rumen. Cuando esta
deficiencia es corregida, el consumo se incrementa debido a una mayor tasa de
fermentación y generación de proteína microbiana en el rumen (Ørskov, 1976).
La productividad del rumiante a pastoreo va a depender básicamente del
consumo y digestibilidad de los forrajes. Los forrajes de pobre calidad
representan mucho volumen para el rumen y poca respuesta productiva (Thornton y
Minson, 1972).
El control de la cantidad de alimentos consumidos es, junto con el de los
gastos energéticos, una parte integral de la regulación del balance energético
del animal (Jarrique et al., 1981). El máximo nivel de consumo va a
depender en último término del equilibrio adecuado de nutrientes en los
productos de la digestión. Por lo tanto, una corrección del balance de
nutrientes va a promover un mayor consumo y con ello un aumento en la eficiencia
energética total (Forbes, 1993; Preston y Leng 1989).
En atención a las características del alimento, el consumo decrece cuando
el animal se alimenta de forrajes con un alto contenido de fibra. Esto hace que
se recargue la capacidad del rumen (mucho volumen) y se incremente el tiempo de
permanencia de esta fibra en el tracto digestivo (Jung y Allen, 1995; Mertens,
1994; NRC, 1985).
En rumiantes consumiendo forrajes altos en fibra y bajos en proteína, la
suplementación con proteína sobrepasante (PS) ha resultado en mejoras en el
consumo e incrementos en la ganancia de peso. Esto ha sido relacionado con una
mayor disponibilidad de aminoácidos para el animal que ayuda a sobreponer la
carga metabólica de compuestos cetogénicos sobre los gluconeogénicos (Forbes,
1986; Godoy et al., 1993; Obispo et al., 2001) con consecuentes
mejoras en el balance proteína-energía (Combellas, 1986; Obispo et al.,
2001) de los productos absorbidos. Similarmente, dietas deficientes en uno o
más minerales, vitaminas, reducen en forma variable el consumo de alimentos
(Forbes, 1986).
En rumiantes al destete, el consumo de pastos toma importancia
significativa, y va a depender mucho de la calidad, clase y cantidad
aprovechable del mismo (Gibb y Treacher, 1980). A medida que el animal crece, y
se adapta al nuevo alimento, el consumo de forraje aumenta progresivamente,
hasta alcanzar un nivel donde se estabiliza y se hace constante, lo que permite
cubrir en parte alguno de los requerimientos nutritivos del animal (Combellas,
1980). En general, los rumiantes han de incrementar la ingestión de MS para
compensar la menor digestibilidad y concentración energética de la dieta
(Balcells et al., 1987), lo cual señala una relación inversa entre el
consumo y la digestibilidad (NRC, 1985).
El crecimiento estacional de los pastos, como se indicó anteriormente,
ocasiona que los suplementos concentrados desempeñen un papel importante en la
dieta de los rumiantes, permitiendo elevar de forma aditiva el consumo total de
energía y proteína del animal. Sin embargo, la suplementación de las dietas
pueden deprimir la ingestión de forrajes al actuar el alimento concentrado como
un sustituto más que como un suplemento (Forbes, 1986). La magnitud de esta
sustitución va a depender de la calidad y cantidad del pasto ofrecido, así como
de la cantidad y tipo de suplemento.
La suplementación alimenticia en los rumiantes es una alternativa valida
para corregir y mejorar la disponibilidad de los nutrientes limitantes, tanto
para los procesos fermentativos en el rumen, como por su aporte para la
digestión propia del animal (enzimática). Con esta práctica se pueden obtener
mejores eficiencias en el uso de los pastos de bajo valor nutritivo y mejorar
las ganancias de peso.
Lo que se desea con la suplementación es obtener una relación entre energía
y proteína que favorezca un mayor crecimiento microbiano en el rumen, y una
buena absorción de los ácidos orgánicos, con aumento la digestibilidad de la
fibra, extracto libre de nitrógeno para poder cubrir la demanda nutritiva del
animal (De León Godoy y Chicco, 1991b).
El efecto de la suplementación debería observarse sobre el consumo
voluntario, digestibilidad, o en la eficiencia con que el animal utiliza los
productos de la digestión (De León Godoy y Chicco, 1991b; Riquelme, 1984). El
consumo voluntario y digestibilidad están relacionados con las tasas de
degradación y remoción del material alimenticio que llega al rumen, aunque
también, la tasa de degradación también depende de las características intrínsecas
de cada forraje y de la cantidad, tipo y actividad de los microorganismos
presentes (Conrad et al., 1964).
La utilización de ciertas fuentes NNP en el rumen, como es el caso de la
urea, pueden verse limitada en sus efectos por deficiencias de estas fuentes
durante ciertos períodos del día, especialmente debido a la alta tasa
fermentativa de este producto. Esta tasa, por lo general, alcanza su pico
máximo a las dos horas después del consumo (Ørskov, 1982).
En el caso de la suplementación con proteínas preformadas como tal, al
igual que con en el uso de las fuentes de NNP, las respuestas productivas han
resultado un tanto variables. Por ejemplo, se han observado que unos pocos
gramos por día de proteína sobrepasante pueden dar respuestas de diferentes magnitudes,
las cuales no pueden ser explicadas a través de análisis en las tablas
tradicionales usadas para la formulación de dietas, aunque siempre las mejores
respuestas están asociadas a forrajes de baja calidad (FAO, 1995). A pesar de
lo variable de las respuestas, en ambos casos, lo importante de la
suplementación nitrogenada radica en que la misma ha de dirigirse a resolver,
en primera instancia, los problemas carenciales del ecosistema ruminal.
Las bacterias del rumen degradan la proteína dietaria a formas más simples
de N tales como amonio, aminoácidos y péptidos para incorporarlos dentro de la
proteína bacteriana (Figura 1). Un nivel óptimo de nitrógeno en el ambiente
ruminal tiende a favorecer un buen crecimiento microbiano, particularmente de
las bacterias celulolíticas, y mejora la degradación del componente fibroso del
alimento (De León Godoy y Chicco, 1991). Por otro lado, la fracción que escapa
a la degradación microbiana en el rumen debe tener una alta digestibilidad a
nivel del intestino delgado para su aprovechamiento por el animal (Figura 2).
Figura 1.- Utilización de
las diferentes fuentes de nitrógeno por los microorganismos del rumen (Nava y
Díaz, 2001)

Figura 2.- Rutas
metabólicas más importantes del N en el rumiante y microbios del rumen (Nava y
Díaz, 2001).

El nivel de amoniaco en el rumen es importante para una eficiente
fermentación microbiana (Figuras 1 y 2). La concentración de amonio en el
rumen, por lo tanto, pudiera ser usada para diagnosticar la deficiencia de N
fermentecible en la dieta (Preston y Leng, 1986). El nivel critico de amonio en
el rumen para una eficiente actividad microbiana en un momento dado, dependerá
de la solubilidad de la fuente. Se ha establecido una regla empírica de que la
concentración de amonio debe ser al menos de 5 mg/100 mL de licor ruminal. Sin
embargo, valores más altos puede que sean necesarios para una óptima
fermentación de los alimentos fibrosos (Satter y Slyter, 1974). De acuerdo con
lo anterior, las concentraciones de amoniaco en el rumen deberían estar por
encima del nivel crítico por prolongados períodos cuando se trata de dietas
abundantes en componentes fibrosos, los cuales son los que se degradan más
lentamente. Esto es importante a considerar cuando se desean establecer planes
de suplementación.
Las fuentes de NNP, como la urea, son usadas frecuentemente en dietas para
cubrir los requerimientos de nitrógeno a nivel ruminal. Sin embargo, su uso
tiene límites. Los excesos pueden afectar el consumo voluntario de alimentos y
causar daños irreversibles, e incluso la muerte del animal (Church, 1974).
El uso del NNP debe ir aparejado con el consumo de carbohidratos de cierto
grado de fermentecibilidad ruminal. Se ha observado que cuando las raciones son
bajas en carbohidratos pueden ocurrir, con más frecuencias, síntomas de
toxicidad con cantidades de urea tan bajas como 0.3 g/kg PV, particularmente en
animales que no han sido acostumbrados al consumo de este producto. Cuando los
animales reciben adecuadas cantidades de carbohidratos en su ración
Con la inclusión de urea en las dietas de los rumiantes se ha logrado
regularizar y mantener niveles altos de amoniaco (200 mg/L de amoniaco) que han
mostrado ser favorables a un buen desarrollo de la flora ruminal (Orskov, 1982;
Preston y Leng 1989; Combellas 1992), con mejoras en las tasas de consumo,
degradación y digestibilidad de los alimentos fibrosos. Esta mejora en la
función ruminal, permite balancear el déficit de proteína e incrementar la
eficiencia de utilización a nivel ruminal de los carbohidratos fermentecibles
(Sansoucy, 1986; Saadulah, 1991).
La relación que existe entre la disponibilidad de carbohidratos
fermentecibles y las fuentes de proteínas (o nitrógeno), ejerce un fuerte
impacto sobre la producción de células microbianas, y finalmente sobre la
nutrición del huésped. De acuerdo con Owens y Bergen, (1983), lo anterior se
explica porque la mayoría de los microorganismos ruminales sintetizan proteína
a partir del amoniaco proveniente de fuentes no proteicas (NNP) de origen
alimenticio y de origen endógeno a través del reciclaje de urea vía la saliva o
a través del epitelio del rumen en forma de amonio y mucoproteínas salivales y
de la acción de bacterias proteolíticas presentes en el rumen (Figura 3).
Figura 3.- Diagrama del
flujo de las fuentes nitrogenadas en el rumiante (Modificado de Godden,
2001).

Es importante señalar que el uso de este NNP por los microorganismos se
hace posible siempre que exista el suministro de carbohidratos fácilmente
disponibles y en conjunción con el aporte de cierto N en forma de aminoácidos y
péptidos. La suplementación nitrogenada adecuada (en calidad y cantidad) genera
un aumento o mantenimiento del consumo de la ración basal, lo cual produce un
aumento en el consumo total de la ración, lo que se traduce en una mejor
respuesta animal (Parra, 1984; Satter y Roffler, 1981).
El NNP es utilizado más eficientemente cuando se suministra en pequeñas
cantidades varias veces al día, particularmente cuando las dietas son bajas en
proteínas y relativamente altas en energía digestible. Ese mismo principio es
aplicado al caso de la urea, la cuál debe suministrarse en cantidades que
generen amoníaco en una proporción que no exceda la capacidad de los microbios
para asimilarla. Por ejemplo, se señala que para el ganado lechero la urea no
proporciona ningún beneficio en dietas que contengan más de 13% de proteína
cruda. Este valor no se puede considerar como fijo, ya que son variables las
condiciones de las dietas y los animales (Maynard et al., 1981; Slyter et
al., 1979).
Cuando se suministra NNP, es igualmente importante asegurar un adecuado
suministro de azufre en la dieta (10:1, nitrógeno:azufre), ya que los
microorganismos del rumen lo requieren como elemento esencial para la síntesis
de algunos aminoácidos azufrados (Church y Pond, 1977). En ganado de carne se
recomienda la inclusión de 0,15% de la dieta (NRC, 1996), al igual que un
adecuado balance entre otros elementos minerales (NRC, 1980).
Igualmente, los microorganismos del rumen necesitan pequeñas y equilibradas
cantidades de aminoácidos para un crecimiento eficiente (Preston y Leng, 1989),
lo cual se comprueba por el aumento de los microorganismos que degradan
carbohidratos estructurales al proporcionar aminoácidos de cadenas ramificadas
(Sniffen et al., 1983).
Los aminoácidos son esenciales para la síntesis de tejidos, proveen
precursores glucogénicos, reparan las perdidas de tejidos y reemplazan las
secreciones proteicas que ocurren como consecuencia del trabajo desarrollado
por el animal, satisfacen las mayores demandas que con relación a la energía
total se establecen durante el mantenimiento (Preston y Leng, 1989) y estimulan
el consumo voluntario de alimento y las ganancias de peso diario (NRC, 1985).
La proteína que se fermenta en el rumen se desperdicia en gran parte, ya
que sólo de
Cuando la proteína de origen bacteriano es insuficiente para cubrir los
requerimientos de los tejidos en algunas etapas fisiológicas como el crecimiento
y la lactancia y se presentan desbalances de los aminoácidos en el intestino,
es necesario cubrir las deficiencias con proteína sobrepasante, con el fin de
mejorar la calidad de los nutrientes absorbidos, favoreciendo así su
utilización en la ganancia de peso (Orskov, 1976; ARC, 1984; Combellas, 1992).
En resumen, el consumo deficitario de proteínas trae como consecuencia una
reducción en el apetito, disminución en la ingestión de pastos, disminución de
la eficiencia de utilización del alimento, retraso del crecimiento y desarrollo
muscular. En condiciones extremas se observan trastornos digestivos, anemias y
edemas. (Church y Pond, 1977; NRC, 1985).
La suplementación con proteínas verdaderas (harinas de soya, harinas de
pescado, harinas de semilla de algodón, harina de semilla de ajonjolí, etc.),
generalmente ocasiona efectos favorables en el rendimiento animal, por su valor
biológico, debido a que el nitrógeno se encuentra formando parte de los
aminoácidos, conteniendo además sustratos de alto aporte energético (Oldham et
al., 1977; Tamminga, 1979; Maynard et al., 1981).
En el rumiante, por los procesos fermentativos, parte de estos componentes
nitrogenados están sujetos a una extensa degradación por acción de las enzimas
de los microorganismos ruminales y sólo una parte de lo degradado es convertido
en amoniaco y utilizado para la síntesis microbiana (Nolan y Leng, 1972;
Mazanov y Nolan, 1976; Kennedy y Milligan, 1978).
La nutrición proteica de los rumiantes es, entonces, el resultado de un
balance entre la degradación en el rumen de las distintas fuentes nitrogenadas,
de la síntesis de la proteína microbiana y de aquellas fuentes no degradadas
por los microorganismos ruminales. De ese balance van a depender los adecuados
planes de suplementación proteica y mineral para optimizar los sistemas
productivos.
En general, la suplementación de la dieta de los rumiantes con NNP es una
posibilidad gracias a su relativo bajo costo, especialmente la urea, en
contraposición con las fuentes de proteína preformada de origen animal o
vegetal que, por lo general, son costosas.
♦
Ausencia o un inadecuado período de adaptación a la fuente de NPN.
♦
Consumo intermitente de la fuente de NNP.
♦
Inadecuada suplementación con azufre.
♦
La ración ya es adecuada en proteínas.
♦
Oferta de la fuente de NNP en un poco apetitoso vehículo.
♦
Una ración no bien balanceada.
♦
Insuficiente cantidad de carbohidratos solubles.
♦
Los microbios del rumen degradadores de la fibra necesitan, además de
pequeñas cantidades de péptidos y aminoácidos, mayormente de NNP.
♦
Los rumiantes pueden fabricar carne y leche usando fuentes de NNP.
♦
Las fuentes de NNP son más económicas que las proteínas naturales.
♦
El suplemento eficiente con NNP requiere un más eficiente manejo de la
alimentación que la suplementación con proteínas naturales.
Agricultural Research Counsil (ARC). 1984. The
nutrients requirements of ruminant livestock suplement. No.1. Agricultural
Research Council. Commonwealth Agricultural Bureaux. London. 45p.
Balcells, J., C. Castrillo, J. Guada, y M.
Fondevila. 1987. Efecto de la dilución con paja de dietas destinadas al engorde
de corderos sobre la ingestión voluntaria y el ritmo de ganancia en peso. I.T.E.A.
Vol. Extra No. 7. II jornadas sobre Producción Animal. pp. 37-41.
Baldizan, A y E. Chacón. 1998. Valor nutritivo de
las forrajeras y otros recursos alimentarios en los llanos centrales de
Venezuela. En: I curso sobre manejo de pasturas para la producción con
rumiantes. Universidad Experimental Rómulo Gallegos. Edo. Guarico. 65p.
Church, D. 1974. Fisiología digestiva y nutrición
de los rumiantes. Edit. Acribia,. Zaragoza. España. 544p.
Church, D. C. y J. P. Fontenot. 1979. Nitrogen
metabolism. In: Digestive Physiology and Nutrition of Ruminants. Vol 2.
Ed. D.C. Church, O & B. Books, Inc. Oregon.
Church, D. y Y. Pond. W. G. 1977. Bases científicas
para la nutrición de los animales domésticos. Edit. Acribia. Zaragoza. España.
462p.
Combellas, J. de. 1980. Parámetros productivos y
reproductivos de ovejas tropicales en sistemas de producción mejorados.
Producción Animal Tropical. 5(3) 290-297.
Combellas, J. de. 1986. Alimentación de las vacas
lecheras en el trópico. Luna print. Maracay. 160p.
Combellas, J. de 1992. Suplementación proteica de
bovinos de doble propósito. En III ciclo de conferencias, producción de leche.
Facultad de Ciencias Veterinarias. Universidad Central de Venezuela. pp.
Conrad, H. R., A. D. Pratt y J. W. Hibbs. 1964.
Regulation of feed intake in dairy cows. 1. Changes in the importance of
physical and physiological factors with increasing digestibility. J. Dairy Sci.
47:54-62.
León Godoy S. de., y C. F. Chicco. 1991a.
Suplementación con urea y niveles crecientes de harina de algodón en bovinos
alimentados con forraje de pobre calidad. . Zoot. Tropical. 9:105-129.
León Godoy S. de., y C. F. Chicco. 1991b.
Suplementación de bovinos alimentados con forraje de pobre calidad con fuentes
de proteínas de diferentes tasas de degradación ruminal. Zoot. Tropical.
9:131-144.
Food and Agriculture Organization of the United
Nation (FAO). 1995. Evaluation of tropical feed resource for ruminant. Draft
Working Paper for First FAO Electronic Conference on Tropical Feeds and Feeding
Systems. 22p.
Ferguson, J. D. 2001. Milk Urea Nitrogen. Center
for Animal Health and Productivity, University of Pennsylvania
(http://cahpwww.vet.upenn.edu/mun/mun.html).
Forbes, J. M. 1986. The voluntary food intake of
farm animals. Butterworth, London.
Gibb, M., y Treacher, T. 1980. The effect of ewe
body condition al lambing on the performance of ewes and their lambs at
pasture. J. Agricul. Sci.. 95(3):631-640.
Godden, S. S. 2001. Milk Urea Nitrogen Testing.
Vol. . No. 2. Ontario DHI fact finder, 41-006-98. [Online] Available:
http://www.westerndairyscience.com/html/WDDigest/WDD%201.2%20Winter%202000/html/1220aMilkUrea.html
Godoy S., C. F. Chicco y N. E. Obispo. 1993.
Suplementación de bovinos en crecimiento y engorde con concentrados
nitrogenados con y sin tratamiento con formaldehído. I. Ganancia de peso y
digestibilidad. Zoot. Tropical 11(2):211-240.
Jarrique, R., M. Journet y R. Verite, 1981.
Nitrógeno. En: Alimentación de los rumiantes. Ed. I.N.R.A. Mundi-Prensa.
Madrid. pp. 37-139.
Jung, H. G. y M. S. Allen. 1995. Characteristics of
plant cell walls affecting intake and digestibility of forages by ruminants. J.
Anim. Sci. 73:2774-2790.
Kennedy, P. M. y L. P. Milligan. 1978. Transfer of
urea from the blood to the rumen of sheep. Br. J. Nutr. 4.
Leng, R. A. 1990. Factors affecting the utilization
of poor quality forages by ruminants particularly under tropical conditions.
Nutr. Res. Rev. 3:277-303
Loosli, J. K. e I. W. McDonald, I. W. 1969. El
nitrógeno no proteico en la alimentación de rumiantes. Estudios Agropecuarios.
N°.75. F.A.O. Roma. 107 pp.
Maynard, L. A., J. K. Loosli, H. F. Hintz y R. G.
Warner. 1981. Nutrición Animal. Ed. McGraw-Hill. México. 640 pp.
Mazanov, A. y J. V. Nolan. 1976. Simulation of the
dynamics of nitrogen metabolism in sheep. Br. J. Nutr. 35:149-174.
McCollum III, T. 1997. Supplementation strategies
for beef cattle. [On line]
Avalaible:http://agpublications.tamu.edu/pubs/eanim/b6067.pdf. [Octubre 15,
1997].
Mertens, D. R. 1994. Regulation of forage intake.
In: G. C. Fahey, Jr., M. Collins, D. R. Mertens, and L. E. Moser (Ed.) Forage
Quality, Evaluation, and Utilization. pp 450-493. ASA-CSSA-SSSA, Madison WI.
Minson, D .J. 1981. Effects of chemical and
physical composition of herbage eaten upon intake. In: Nutritional limits to
animal production from pastures proceedings of an International Symposium heald
at Sta. Lucia. Ed. J.R. Hacker, Queensland, Australia. pp. 187-197.
National Research Council (NRC). 1980. Mineral
Tolerance of Domestic Animals. National Academy Press. Washington, D.C.
National Research Council (NRC). 1985. Nutrient
Requirement of Sheep. Sixth revised edition. National Academy of Sciences,
Washington, DC, USA. 99pp.
National Research Council (NRC). 1996. Nutrient
requirements of beef cattle. Seventh revised edition. National Academy Press.
Washington, D.C.
Nava C. y A. Díaz. 2001. Introducción a la
Digestión Ruminal. Departamento de Nutrición Animal. Facultad de Medicina
Veterinaria y Zootecnia UNAM. [Online] Disponible:
http://www.veterin.unam.mx/fmvz/enlinea/Ruminal/digest_ruminal.htm.
Nolan, J.V. y Leng, R.A. 1972. Dynamic aspects of
ammonia and urea metabolism in sheep. Br. J. Nutr. 27:177-194.
Obispo, N. E., P. Pares, C. Hidalgo, J. Palma y S.
Godoy. 2001. Consumo de forraje y ganancia diaria de peso en bovinos de carne
en crecimiento suplementados con fuentes proteicas. Zootecnia Trop.,
19:423-442.
Oldham, J. D. P. J. Buttery, H. Swan y D. Lewis.
1977. Interactions between dietary carbohydrate and nitrogen and digestion in
seep. Br. J. Nutr. 89:467-479.
Ørskov, E. R. 1976. Factores que influencian la
utilización del nitrógeno proteico y el no proteico (NNP) en rumiantes jóvenes.
Producción Animal Tropical. 3: 95-102.
Ørskov, E. R. 1976. The effect of processing on
digestion and utilization of cereals by ruminants. Procedings Nutrition Society
35:245-252.
Ørskov, E. R. 1982. Protein nutrition in rumiantes.
Academic Press, Inc. Londres.
Owens, F. N. y W. G. Bergen. 1983. Nitrogen
metabolism of ruminant animals: Historical perspective, current under-standing
and future implications. J. Anim. Sci. 57:498-518.
Parra, R. 1984. Aspectos básicos de la nutrición
nitrogenada de los rumiantes en el trópico. En: I curso sobre
alternativas para la intensificación del engorde de bovinos en el Trópico.
COLVEZA. Medellín. Colombia. 33p.
Parra, R; J. Combellas y E. González. 1972.
Composición y valor nutritivo de forrajes producidos en el trópico. 2.
fracciones químicas que afectan la disponibilidad de los componentes fibrosos.
Agron. Trop. 22: 219-230.
Pichard, G. y P. J. Van Soest. 1977. Protein solubility
of ruminant feeds. Proceeding of Cornell Nutrition conference for feed
manufacturers. pp.91-98.
Preston, T. y R. Leng. 1986. Supplementation of
diets based in fibrous residues and by products. Elservier Press. Amsterdam.
pp. 373-413.
Preston, T. y R. A. Leng. 1990. Ajustando los
sistemas de producción pecuaria a los recursos disponibles: aspectos básicos y
aplicados del nuevo enfoque sobre nutrición de rumiantes en el trópico. Segunda
edición. CONDRIT, Cali, Colombia.
Preston, T.R. y R. A. Leng. 1989. Ajustando los
sistemas de producción pecuaria a los recursos disponibles: Aspectos básicos y
aplicados del nuevo enfoque sobre nutrición de rumiantes en el trópico.
Consultorías para el Desarrollo Rural Integrado en el Trópico (CONDRIT). Ltda.
Cali, Colombia. Pp.312
Riquelme, E. 1984. Suplementación y efectos
asociativos en dietas basadas en sub.-productos agrícolas. Memorias del
seminario sobre utilización de subproductos agroindustriales en la alimentación
de rumiantes. Colegio de Posgraduados. México pp 1-24.
Saadulah, A. 1991. The importance of urea-molasses
block and bypass protein in animal production the situation in Bangladesh. En:
International Symposium on nuclear and related techniques in animal production
and healt Vienna- 145-151.
Sansoucy, R. 1986. Fabricación de bloques de melaza
urea. Revista Mundial de Zootecnia. 166p.
Satter, L. D. y L. L. Slyter. 1974. Effect of
ammonia concentration on rumen microbial protein in vitro. Br. J. Nutr.
32:199-208.
Satter, L. D. y R. E. Roffler. 1981. Influence of
nitrogen and carbohydrate inputs on rumen fermentation. In: Haresign, W. and
D.J.A. Cole (eds), Recent Developments in Ruminant Nutrition, Butterworths:
London, pp. 115-139.
Slyter, L. L. L. D. Satter y D. A. Dinius. 1979.
Effect of ruminal ammonia concentration on nitrogen utilization by steers. J.
Anim. Sci.. 48:906-912.
Sniffen, C., J. Russell y P. Van Soest. 1983. The
influence of carbon source, nitrogen source and growth factors on rumen
microbial growth. Proceeding Cornell Nutrition Conference for feed manufacture.
26-33.
Tamminga, S. 1979. Protein degradation in the
forestomach of ruminants. J. Anim. Sci. 49:1615-1630.
Thornton, R. F, y D. J. Minson. The relationship
between apparent retention time in the rumen, voluntary intake, and apparent
digestibility of legume and grass diets in sheep. Australian J. Agricul. Res.,
24: 889 – 898.
Van Soest, P. J. 1982. Nutritional Ecology of the
ruminants. O. & B. Books, Inc., Corvallis. Oregon. USA. 374p.
Volver a: Prod. Bovina de Carne > Suplementación proteica y con NNP