PRODUCCIÓN ANIMAL
Director: Guillermo Alejandro
Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne,
Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río
Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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y ganadería
Ing. Luis Crusta y productor Hugo Angeleri. 2002. Acaecer,
27(305):22-24.
De una vez por todas tiene que quedar en claro que para evitar las catastróficas inundaciones que hoy se padecen en muchos puntos del país, hay que hacer que el agua se quede donde cae: si no se la ataja en los campos, no habrá una verdadera solución" , sentenciaron el ingeniero Luis Crusta y el productor Hugo Angeleri, al efectuarse en la localidad cordobesa de Los Cóndores, el Proyecto de Saneamiento Rural en la Cuenca del Río Tercero. Se trata de una propuesta que "se adelanta 20 años" a los problemas de las inundaciones que se registran en diversos puntos.
Más vale
tarde que nunca, podría decirse. Porque las líneas de trabajo que constituyen
la médula de ese programa se conocen hace tiempo y ofrecen contundentes
testimonios de su eficacia en la provincia de Córdoba. Sin embargo, las
inundaciones vuelven, motivan estridentes demandas de las comunidades cuando el
agua les llega al cuello y se silencian cuando retorna la "normalidad".
Entre una y otra invasión de las masas de agua, las causas que las originan se
agigantan. Así de rotunda es la realidad y de nada sirve ocultarla ni diluirla.
El Proyecto cordobés abarcará 250 mil hectáreas, en las que el municipio de Los Cóndores se ubica en el epicentro. Son parte del pedemonte de las sierras cordobesas, donde una precipitación medianamente fuera de lo normal, hace nacer las correntadas que han sólido inundar a ciudades como Hernando. O situadas más lejos aún, Oncativo, por caso, atravesada alguna vez por imparables aluviones. Por estos días, el drama de las inundaciones se vive en el sur provincial, en torno a Laboulaye. En este caso, el problema tiene otro origen.
Crusta y Angeleri conocen a fondo lo que es trabajar de un modo completamente distinto al que sigue la "corriente". El primero fue uno de los técnicos de la exitosa experiencia del Consorcio de Conservación de Suelos El Salto; el productor es uno de los fundadores, en 1984, de ese consorcio y actualmente se desempeña como su presidente. Angeleri es socio de la Cooperativa Agropecuaria de Almafuerte, adherida a la Asociación de Cooperativas Argentinas.
Dos productores que se han embarcado en el nuevo
proyecto, Eduardo del Bianco y Omar Bergoglio, en una recorrida por las
inmediaciones de Los Cóndores mostraron un sector de profundas cárcavas.
Eduardo del Bianco cuenta que "cuando llueven
Esa imagen se multiplica. El agua no queda retenida en los campos, comienza a bajar pasando de un campo a otro, cobra velocidad y termina en los caminos secundarios o terciarios. Por estos, convertidos a su vez en vías conductoras por la repetición de las correntadas y el subsiguiente "arreglo" con máquinas niveladoras que no hacen más que profundizarlos, la masa de agua corre rauda para ir a inundar pueblos y terrenos más bajos.
Esto no es obra de la naturaleza ni de las lluvias
copiosas: es exclusivamente consecuencia de lo que ha hecho el hombre. Omar
Bergoglio certifica que "hace 30 años atrás yo he estado trabajando
contratos de cosecha en este mismo lugar: era todo campo, no faltaba ni un kilo
de tierra, no se habían producido estas barrancas, que hoy tiene más de un
kilómetro de largo. Si no encaramos una solución más o menos enseguida nos
vamos a quedar sin campo", advierte del Bianco, que ha tomado conciencia
de la génesis del problema de la degradación de su explotación rural y el
posterior problema de las inundaciones.
Similar a esa era la situación en un área comprendida entre las poblaciones de Corralito, Río Tercero y Almafuerte. Algún desprevenido podría suponer que estaba presenciando un paisaje milenario de "cañones" que invitan a la aventura de explorarlos. No: se trataba (y perduran todavía) de las consecuencias de la demoledora erosión hídrica que se llevó de los campos millones de toneladas de tierra fértil.
Allí fue donde en 1984 un grupo de 13 productores -no repararon en la mala fama del número- fundaron el Consorcio de Conservación de Suelos El Salto. Se constituyó en un modelo que llamó la atención dentro y fuera de la provincia. Sin embargo, es de lamentar que luego hubiera sólo un puñado de experiencias similares. En el tema, ganó el olvido de los sucesivos gobiernos que perdieron en algún cajón burocrático las bases del mecanismo que impulsó a poner en marcha ese movimiento. El Salto llegó a estar integrado por 30 productores. Diez y ocho años después de su formación, el grupo sigue trabajando y mostrándose como un ejemplo de lo que se puede hacer bien, Hugo Angeleri, no duda en juzgar que en su zona se puede hablar de "un antes y un después" de haberse decidido a encarar la sistematización de los campos.
Ejecutaron cientos de curvas de nivel, terrazas, canales empastados y microembalses que junto con prácticas de labranza, rotaciones y otros manejos cambiaron la realidad hasta entonces imperante en los campos de los productores participantes. "Después de 18 años las obras están funcionado a pleno y con los suelos cada vez más productivos, mientras que el campo de al lado, que no se sumó al Consorcio, vemos que tiene lugares donde ni los yuyos nacen actualmente", grafica.
La sistematización no avanzó, ya que no se
generalizó a todas las explotaciones rurales de la región. El proceso se frenó
debido a que los gobiernos nacional y provincial se retiraron inexplicablemente
y cancelaron el sistema de subsidios no reintegrables para favorecer los
programas de saneamiento. "Yo siempre digo que el factor principal es el
incentivo al productor -apunta Angeleri, a nosotros se nos abrió la puerta
gracias a la Ley Nacional de Conservación a la que también adhirió la
provincia, eso fue lo que nos animó".
Hoy, con un Estado quebrado, piensa que el "incentivo" tiene que estar presente: "es una inversión, es un dinero bien gastado: después de una inundación se pone un millón de pesos para hacer una alcantarilla. Así se le está dando un 'remedio' a un síntoma del mal y no haciéndose nada para 'curar' la enfermedad. Con ese mismo millón se pueden hacer miles de hectáreas de conservación de suelos, tratando el problema en su verdadero origen".
Esas convicciones fundamentan al flamante Proyecto de la Cuenca de Calamuchita. Para ponerlo en marcha, se firmó un convenio entre el Municipio de Los Cóndores -que obrará como centro coordinador del programa- y las subsecretarías de Recursos Hídricos y de Asuntos Vecinales de la Nación. La primera aportó 300.000 pesos para iniciar estudios en la zona y trabajos.
El intendente local, Marcelo Bonetto, estuvo acompañado por sus colegas de Tancacha, Almafuerte, Berrotarán, San Agustín, La Cautiva -una de las poblaciones permanentemente amenazada por las aguas-, La Cruz, Parque Los Reartes y Las Peñas Sur. Bonetto interpretó que con esta iniciativa "tratamos de adelantarnos 20 años en la solución de los problemas que hoy padece el sur de Córdoba, con cuya gente nos solidarizamos".
El ingeniero Luis Crusta, a cargo de la parte técnica del Proyecto, explicó que "apunta fundamentalmente a que el agua se quede en los campos a través de una serie de técnicas agronómicas para aumentar su almacenaje en el sitio donde cae; la que no puede ser retenida, por la abundancia de una precipitación, es conducida por obras de ingeniería hacia desagües naturales, pero en forma ordenada para que no cause daños en las obras de infraestructura o en las localidades urbanas de la cuenca".
Por lo general, al problema de las inundaciones se
lo trata de resolver ejecutando obras que "atenúan los efectos pero no
solucionan la causa". En el Consorcio El Salto y otras cuencas "hemos
podido reducir desde
El agua que se retiene en el campo no es un
problema sino un beneficio que potencia la productividad del suelo. Los números
dan sostén a esa certeza: mejorar la infiltración de agua en
En todo esto hay verdades casi de Perogrullo. Pareciera que los únicos que ni siquiera aprenden ésas, son los argentinos. "El agua que se va no sirve para nada -observa Crusta-: en cualquier lugar del mundo es una riqueza invalorable. Pero para no ir muy lejos, hay que preguntarle a los productores que riegan, que saben cuánto cuesta cada milímetro que aplican".
Definitivamente, la solución a las catastróficas inundaciones debajo de las cuales han quedado sumergidas miles de hectáreas de campo y algunas poblaciones, no son los canales. En la Cuenca de Calamuchita ejerció su profesión hace dos décadas uno de los firmantes del convenio de Los Cóndores, el subsecretario de Recursos Hídricos, ingeniero Daniel Di Giusto,
Tampoco él tiene dudas. "Al agua hay que pararla donde cae en lugar de derivarla hacia otro lado. Hay situaciones de exceso que no tienen otra solución, por ahora, que no sea el canal, pero es bueno saber que los canales por sí solos no van a dar nunca una solución de fondo", sentenció.
El proyecto lanzado en Los Cóndores cuantificó las pérdidas totales por año que provoca no entender el problema de esa manera: la sumatoria trepa a 14.820.000 pesos. Vale tomar en cuenta el dato: por año. Con muchísimo menos, el agua se quedaría donde cae.
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