Estación Experimental Agropecuaria INTA Rafaela. 2007.
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En el Tambo
Durante la inundación
es poco lo que se puede hacer, y lo que se puede hacer es lo que se está
haciendo. La cuestión es cómo evitar lo más posible las pérdidas cuando se va
el agua y poder pasar los próximos meses.
Con este objetivo
claro, los profesionales del INTA Rafaela generaron esta información sobre
sanidad, reproducción, nutrición y forrajes en los sistemas tamberos, para los
productores de las zonas anegadas.
La mastitis
es el resultado de la interacción entre la vaca, el ambiente y los
microorganismos. Y en épocas húmedas y lluviosas es cuando más hay que extremar
las medidas de control para evitar el contagio con los patógenos ambientales
provenientes del medio donde vive la vaca. Las bacterias se multiplican con facilidad
en los depósitos de agua y barro (streptococcos ambientales y coliformes), por
eso se recomienda:
♦
Higiene en
la sala de ordeñe
♦
Limpiar
los pezones con la menor cantidad de agua posible.
♦
Sellar
cuidadosamente los pezones (si es un producto a base de yodo, usar 5000 ppm.)
♦
Evitar
llevar a las vacas a potreros con barro y agua después del ordeño.
♦
Realizar
los tratamientos con antibióticos de vacas secas
♦
Mantener
las vacas secas y vaquillonas en un entorno lo más limpio posible, sobre todo
durante las dos semanas anteriores a la parición.
Ante un aumento explosivo de células somáticas, consultar urgentemente al veterinario.
Entramos en una temporada clave para lograr la preñez. Bajo circunstancias de anegamiento, la condición corporal de las vacas y, en consecuencia, la reproducción son, además de la producción, las situaciones que más se resienten. Por eso, hay que:
♦ Prestar especial atención al mantenimiento de un buen estado corporal en el pre parto y parto.
♦ Frente a una falta o reducción de suplementación, aprovechar los servicios de los primeros celos posparto.
♦ Si las vaquillonas de reposición están en buen estado, priorizar esos servicios.
♦ Si utiliza servicio natural, evitar el desgaste y las lesiones del toro, que son las alteraciones más frecuentes en estas circunstancias. Si es posible, implementar el servicio a corral.
La pasturas
base alfalfa, no sólo han comenzado a declinar aceleradamente su tasa de
crecimiento, sino que el “estand” de plantas en los potreros ha disminuido en
forma significativa.
Frente a esta
situación, los patrones de alimentación de las vacas deben cambiar rápidamente
para evitar que la sub-nutrición domine el panorama actual y se produzcan los
indeseables “efectos residuales negativos” el resto del año.
Las
estrategias coyunturales de alimentación deben orientarse hacia sistemas de
alimentación de tipo “estabulados”. La formulación de estas dietas debe
realizarse teniendo en cuenta que la fuente de forraje voluminoso a utilizar es
de fundamental importancia y que sobre ella se debe planificar la
suplementación con concentrados.
Si el
principal volumen lo representan los silajes (de maíz o de sorgos) o la
combinación de éstos con verdeos (avena/trigo), es fundamental la corrección
del déficit de proteína. Se pueden utilizar combinaciones de expellers de
oleaginosas (girasol, soja, maní), con subproductos (sojilla, afrechillo de
trigo, gluten meal; hez de malta, semilla de algodón), o incluso, poroto de
soja.
Cuando la
base forrajera principal son los henos de alfalfa, los silajes de pasturas, o
los verdeos en pastoreo, la prioridad en la suplementación la tienen los
alimentos energéticos, por ej. los granos clásicos de maíz, sorgo, trigo,
cebada, que son fuentes excelentes de almidón.
Se debe
considerar especialmente que la relación grano a leche es actualmente muy
ventajosa y que incluso no debe desperdiciarse la oportunidad de suplementar
con granos para recomponer las reservas corporales de las vacas.
Si la
cantidad de concentrados a suministrar es importante (+ 45% de la materia seca
total) y/o el tamaño de picado de los silajes es demasiado pequeño y/o los
verdeos son muy tiernos y aguachentos, habrá que considerar el uso de
ingredientes que aporten fibra efectiva, para evitar trastornos ruminales y la
acidosis clínica o subclínica.
Hay que tener
muy en cuenta que los rastrojos de soja y sorgos graníferos son de muy baja a
nula calidad nutricional y bajo ninguna circunstancia debe abusarse de su
utilización, ya que sólo provocarán efecto “llenado ruminal” acompañado con una
profunda sub-nutrición .
Con altas
relaciones concentrados a forrajes o dietas muy ácidas y húmedas (fuertes en
silajes, granos fermentados, suero de leche o permeado de suero), la
adquisición de compuestos minerales de tipo “buffer” (antiácidos ruminales) no
debería descartarse.
Por último,
estas situaciones nutricionales atípicas deberían ser exclusivamente sugeridas
y monitoreadas por los profesionales, para que los resultados sean los
deseables y la rentabilidad y sostenibilidad actual del tambo no se pierda.
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