Quiles, A. y Hevia,
M.L. 2005. Departamento de Producción Animal,
Facultad de Veterinaria, Universidad de
Murcia.
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En este artículo se tratan aspectos cualitativos
-calidad del agua, en su vertiente físico-química y microbiológica- algunos de
los cuales pueden intervenir directamente en los aspectos técnicos de la
explotación avícola. Se recomienda efectuar un análisis del agua de forma
rutinaria, una o dos veces al año, como medida de bioseguridad; cuando se
presentan procesos patológicos crónicos; ante circunstancias que puedan cambiar
la calidad del agua y antes de llevar a cabo cualquier tratamiento del agua.
Palabras Clave: agua,
alimentación, avicultura
El agua es quizás el elemento al que menos atención prestan los técnicos en
la alimentación y en el manejo de las aves, siendo, sin embargo, en ocasiones
responsable de algunos de los problemas presentes en las explotaciones.
En este artículo no vamos a tratar los aspectos cuantitativos, es decir,
las necesidades hídricas de las aves, en las diferentes fases del ciclo
productivo y en las diferentes épocas del año, porque entendemos que son
aspectos que ya han sido tratados en profundidad por varios autores, y, que por
lo tanto, el lector puede encontrar una amplia bibliografía al respecto, sino
que vamos a incidir sobre los aspectos cualitativos –calidad del agua, en su
vertiente físico-química y microbiológica- algunos de los cuales pueden
intervenir directamente en los aspectos técnicos de la explotación.
¿Cuáles son los parámetros de seguridad y calidad que nos van a marcar que
una determinada fuente de agua sea apta para el consumo de las aves?. La
respuesta a esta pregunta es a menudo compleja y difícil, ya que la calidad del
agua puede ser evaluada de multitud de formas. Puede ser analizada mediante el
recuento microbiológico (bacterias, virus u otros microorganismos), mediante
análisis de macrominerales y oligoelementos o bien mediante una serie de
análisis químicos y/o físicos.
¿Cuándo recomendamos efectuar un análisis del agua?
La contaminación microbiana del agua puede tener su origen en la propia
fuente del agua, o bien, durante el sistema de transporte o almacenaje del
agua, o incluso, en la propia instalación.
El agua puede contener gran cantidad de bacterias (principalmente Salmonella
spp, Vibrio cholerae, Leptospira spp, y Escherichia coli) y de virus. Así como
también, protozoos patógenos y huevos de helmintos intestinales.
Generalmente, los análisis microbiológicos van encaminados al recuento e
identificación de bacterias. Las principales variables utilizadas en estos test
son: número total de bacterias o número de bacterias coliformes. En ocasiones
también se utiliza el número de bacterias coliformes fecales.
Las bacterias coliformes son organismos presentes en el tubo digestivo de
los animales, siendo su presencia en el agua considerada como una señal de contaminación
fecal. El agua es considerada de buena calidad, desde el punto de vista de
microbiológico, si su contenido en bacterias es inferior a 100/ml o inferior a
50 bacterias coliformes/ml.
Actualmente, es bien conocido la importancia de la carga microbiana del
agua sobre el rendimiento de las aves, de tal manera que la presencia de
bacterias en el agua de bebida disminuye los rendimientos, tanto cárnicos como
de producción de huevos. Por lo tanto, niveles próximos a cero en cuanto a la
concentración de bacterias sería lo deseable en una explotación avícola.
Normalmente, las principales causas de un alto contenido bacteriano en los
manantiales y pozos que abastecen a las explotaciones avícolas suelen ser las
contaminaciones provocadas por la utilización de aguas residuales
deficientemente tratadas, de pozos mal construidos, viejos, mantenidos
inadecuadamente o con falta de limpieza, o bien por la utilización de pozos
localizados demasiado cerca de aguas residuales.
El control microbiano del agua cobra cada vez mayor importancia en
avicultura. Ante la presencia de una elevada contaminación microbiana no es
recomendable la desinfección en pozos o manantiales, ya que cualquier método
que utilicemos no nos asegura un control total y, por lo tanto, las aves estarían
expuestas a altos niveles microbianos. La mejor solución en estos casos es la
eliminación de la fuente de contaminación, y en el caso de que esto no fuera
posible, la mejor alternativa es la construcción de un nuevo pozo.
Cuando el análisis efectuado revele un baja carga microbiana, también hemos
de mantenernos alerta ya que las aves pueden quedar expuestas a un alto nivel
microbiano debido al crecimiento y multiplicación de los microorganismos en los
propios bebederos, sobre todo cuando la higiene y limpieza de los mismos es
deficitaria. Debido a esta gran capacidad de crecimiento y multiplicación de
las bacterias, tenemos que insistir en llevar a acabo un control y limpieza de
los bebederos todos los días.
La cloración del agua, junto con la limpieza diaria de los bebederos, son
las medidas más eficaces para controlar la carga microbiana. Para que la
cloración realice el efecto deseado, es necesario que la concentración de cloro
a nivel de bebederos sea de 1 mg/l, ya que una vez que el agua entra en
contacto con el aire el cloro se evapora rápidamente. Para una correcta
identificación de los niveles de cloro, es conveniente analizar el agua tomada
de los bebederos tan pronto como sea posible, utilizando para ello cualquier
tipo de test estándar existente.
La supercloración o los tratamientos continuos de cloro en los pozos o
depósitos de agua, sin unos análisis periódicos del agua de bebida, no son
prácticas muy recomendables, ya que un exceso de cloro puede provocar un
descenso en el consumo de agua por parte de las aves.
Por otra parte, el uso de desinfectantes a base de iodo, consiguen un mejor
control de los niveles microbianos, si bien son tratamientos mucho más caros
que la cloración. Dos gotas de tintura de yodo son suficientes para tratar un
litro de agua.
Finalmente, si optamos por la desinfección del agua, hemos de asegurarnos
que las concentraciones presentes en las tuberías y bebederos no sean
incompatibles con los medicamentos o vacunas añadidas en el agua de bebida.
El conocimiento de la composición química del agua de bebida es de vital
importancia en avicultura ya que la presencia de determinados macrominerales
y/o oligoelementos en concentraciones elevadas, pueden causar serios problemas
de salud, así como, una merma importante de las producciones.
Se recomienda que se lleven a cabo periódicos análisis del agua en las
explotaciones avícolas. Estos análisis, generalmente, van enfocados a
determinar y controlar el "total de sólidos disueltos" (TDS). Ahora
bien, cuando éste alcance un valor superior a 1000 ppm sería conveniente
efectuar una serie de análisis secundarios o complementarios buscando posibles
concentraciones elevadas de determinados minerales: test del sulfato, del
sodio, del magnesio, del cloro, del calcio, del potasio o del manganeso.
Junto con el test del TDS se pueden llevar a cabo otra serie de test
primarios con carácter periódico o rutinario como son: determinación del pH, de
la dureza, del hierro, y de los nitratos/nitritos.
La dureza del agua es una medida que hace referencia principalmente a las
cantidades de sales de calcio y magnesio disueltas en el agua. La dureza no es
en sí una variable perjudicial para la salud de las aves. Sin embargo, sí es
importante su control ya que la precipitación de estas sales puede dañar el
sistema de purificación y distribución del agua, siendo la principal causa de
obstrucción de los bebederos. Por lo tanto, la dureza puede llegar a
convertirse en un verdadero problema para la explotación si llega a
obstaculizar la distribución del agua de bebida.
Un agua se considera blanda si tiene de
En ocasiones para reducir la dureza del agua se lleva a cabo un intercambio
de iones, en donde el calcio y el magnesio son sustituidos por sodio. Ahora
bien, este sistema presenta el inconveniente que puede elevar el contenido de
sodio del agua, pudiendo resultar perjudicial para la salud de las aves, si el
nivel de sodio del pienso es elevado.
Normalmente el pH del agua en las explotaciones ganaderas suele oscilar
entre 6,5 y 8,5. Raramente el pH del agua suele provocar problemas a los
animales. Si bien es interesante saber que pH elevados debilitan el efecto de
la cloración del agua y que pH bajos pueden ser la causa de la precipitación de
ciertos medicamentos administrados en el agua, lo que podría ocasionar
problemas de residuos en las canales de los pollos próximos al sacrificio. Así
mismo, pH ácidos pueden afectar a los procesos digestivos y dañar el sistema de
distribución del agua (tuberías, bebederos, válvulas, etc.).
La presencia de nitratos y nitritos en el agua de bebida puede ocasionar serios
problemas de salud a los animales ya que van a disminuir la capacidad de
transporte de oxígeno en la sangre. Ya que la hemoglobina reacciona con los
nitritos y forma metahemoglobina, perdiendo su capacidad para transportar el
oxígeno. Los animales presentan cianosis, diarreas, retrasos del crecimiento e
incoordinación de movimientos y finalmente la muerte.
Los nitratos (NO3) se producen en la fase final de la
descomposición de la materia orgánica. Su presencia en el agua es indicativo de
contaminación, bien por residuos humanos o animales, o bien, por aguas de
escorrentía con presencia de fertilizantes. Por el contrario, los nitritos (NO2)
son producidos en las fases intermedias de la descomposición de los compuestos
orgánicos.
El efecto tóxico de los nitratos sobre las aves depende de la edad de los
animales, siendo los adultos mucho más tolerantes que los jóvenes. Niveles por
encima de 50 mg/l han ocasionado daños irreparables a las aves en ensayos de
laboratorio. Recientes estudios han demostrado que niveles por encima de 20
mg/l repercuten negativamente en la ganancia media diaria, en el índice de
transformación y en la velocidad de crecimiento de los broilers. Asimismo,
niveles entre 3-20 mg/l pueden afectar al desarrollo y crecimiento normal de los
broilers.
Por su parte, los nitritos a dosis más bajas son mucho más tóxicos que los
nitratos, de tal manera que dosis de 1 mg/l pueden resultar tóxicas para las
aves.
El sodio per se no ocasiona problemas a las aves, pero normalmente
está presente en el agua junto a iones bicarbonatos, cloruros o sulfatos. De
todos ellos el bicarbonato sódico apenas repercute en la salud de los animales,
no así, los otros dos y, sobre todo, el sulfato sódico el cual en cantidades
moderadas puede ocasionar graves diarreas por su efecto laxante.
Los niveles aceptables de sodio se sitúan entorno a los 32 mg/l.
Concentraciones de 50 mg/l pueden afectar al desarrollo de las aves si
coinciden con cifras de sulfatos o de cloruros superiores a 50 mg/l y 14 mg/l,
respectivamente.
En la mayoría de las ocasiones la concentración del cloro suele ser baja,
no ocasionando problemas de salud a las aves. El nivel medio recomendable es de
14 mg/l.
Valores de 25 mg/l no suelen afectar a los rendimientos productivos, siempre
y cuando los niveles de sodio se mantengan normales. Sin embargo, cifras de 14
mg/l de cloro, sí pueden interferir en el normal desarrollo de los pollos, si
se combinan con valores superiores a 50 mg/l de sodio.
La principal consecuencia de un elevada concentración de ClNa en el agua de
bebida es que los pollos van a consumir grandes cantidades de agua, provocando
heces muy líquidas que harán que aumente considerablemente el porcentaje de
humedad de la yacija, con los consiguientes perjuicios para la cría de
broilers.
Este problema puede mitigarse en parte reduciendo la cantidad de ClNa del
pienso, si bien dichos cambios deberían ser efectuados por un técnico
especializado en nutrición animal.
Es posiblemente uno de los principales responsables de la mala calidad del
agua en las explotaciones animales. Los sulfatos no son bien tolerados por las
aves, provocando diarreas y retrasos en el crecimiento.
Los niveles medios recomendables se sitúan entorno a los 125 mg/l. Sin
embargo, cifras de 50 mg/l pueden resultar perjudiciales si se combinan con
valores de magnesio o sodio superiores a 50 mg/l.
El magnesio como tal, rara vez ocasiona problemas en las aves. Ahora bien,
cuando se combina con el ión sulfato para formar el sulfato de magnesio, puede
ocasionar enormes diarreas en los animales.
Valores medios de 14 mg/l serían los ideales. Investigaciones recientes
apuntan que concentraciones de 50-100 mg/l de magnesio por sí solas no afectan
al crecimiento de los pollos. Sin embargo, valores cercanos a 50 mg/l sí que
pueden retrasar el desarrollo si se combinan con niveles de sulfatos superiores
a 50 mg/l.
El hierro presente en las aguas subterráneas está en forma soluble. Cuando
el agua aflora a la superficie y entra en contacto con el oxígeno, el hierro
precipita, pudiendo bloquear el sistema de conducción de agua o los propios
bebederos. Para evitar este problema se pueden colocar filtros especiales para
el hierro.
El manganeso al igual que el hierro se encuentra en forma soluble en las
aguas subterráneas y solamente precipita cuando entra en contacto con el aire.
Un exceso en el agua puede modificar su sabor, al igual que el cobre.
El calcio no ocasiona problemas de salud a las aves, las cuales toleran
cifras de hasta 400 mg/l, siendo las cifras deseables de 60 mg/l.
Finalmente, una alta presencia en el agua de iones fosfatos es indicativo
de una contaminación con aguas fecales o residuales.
El análisis de agua efectuado en su explotación sólo será fiable si la
muestra ha sido tomada correctamente. Para lo cual debe dejar correr el agua a
través de las conducciones durante unos minutos, de esta manera tomará una
muestra representativa de su pozo o fuente de suministro.
Asimismo, la muestra de agua debe depositarla en un recipiente estéril. La
muestra así obtenida debe llegar al laboratorio para su análisis dentro de las
24 horas posteriores a su recogida, para que el test microbiológico sea lo más
fiable posible.
Si el análisis es sólo químico bastará con tomar una sola muestra a la
entrada del agua en la nave, pero si va a ser bacteriológico sería conveniente
tomar dos muestras, una a la entrada de la nave y otra al final de la línea de
los bebederos, ya que los niveles bacteriológicos pueden variar a lo largo del
circuito de los bebederos.
Recuerde que muchos de los problemas y descensos de los rendimientos en las
explotaciones avícolas, pueden tener su causa en la pobre calidad del agua. De
ahí la importancia de los controles periódicos y rutinarios efectuados sobre la
misma.
Cuando detectemos anomalías y/o desviaciones respecto a las medias
recomendadas en algunas de las características o parámetros anteriormente
expuestos, se hace necesario una pronta corrección de las mismas, buscando la
causa de dichas alteraciones y corrigiendo el problema si fuese posible. En
ocasiones extremas es necesario la búsqueda de nuevas fuentes de agua para
solucionar el problema.
Tabla 1. Guía para el
control de la calidad del agua en las explotaciones avícolas
(Waggomer,
W. y Good, R. 1984. Calidad del agua y desarrollo de las aves.
Proceedings
AVMA Annual Conference, Julio, 1984.)
|
Contaminante |
Niveles medios
recomendables |
Niveles máximos
permitidos |
Observaciones |
|
Total de bacterias |
0/ml |
100/ml |
Valores próximos a 0/ml es lo deseable. |
|
Bacterias coliformes |
0/ml |
50/ml |
Valores próximos a 0/ml es lo deseable. |
|
Nitratos |
10 mg/l |
25 mg/l |
Niveles entre 3-20 mg/ml pueden afectar al
crecimiento y desarrollo de las aves. |
|
Nitritos |
0,4 mg/l |
4 mg/l |
|
|
Calcio |
60 mg/l |
200 mg/l |
|
|
Cloro |
14 mg/l |
250 mg/l |
Niveles por debajo de 14 mg/ml pueden ser
peligrosos si coexisten con valores superiores a 50 mg/ml de sodio |
|
Cobre |
0,002 mg/l |
0,6 mg/l |
Niveles más altos de cobre confieren un sabor
amargo al agua |
|
Hierro |
0,2 mg/l |
0,5 mg/l |
Niveles más altos provocan un sabor y olor
desagradable al agua |
|
Plomo |
- |
0,02 mg/l |
Niveles más altos pueden ser tóxicos |
|
Magnesio |
14 mg/l |
125 mg/l |
Niveles más altos pueden tener un efecto laxante.
Concentraciones superiores a 50 mg/ml pueden resultar tóxicas si se combinan
con altos niveles de sulfatos |
|
Sodio |
32 mg/l |
- |
Niveles superiores a 50 mg/ml pueden afectar al
desarrollo si se combinan con altas concentraciones de sulfatos o cloruros. |
|
Sulfatos |
125 mg/l |
250 mg/l |
Niveles más altos tienen un efecto laxante. Niveles
superiores a 50 mg/ml pueden afectar al desarrollo si se combinan con altas
concentraciones de Mg y Cl. |
|
Cinc |
0,5 mg/l |
1,5 mg/l |
Niveles más altos son tóxicos. |
|
pH |
6,8-8.5 |
- |
Hemos de evitar pH por debajo de 6. Se compromete
el desarrollo y crecimiento de las aves. |
|
Dureza |
60-180 |
- |
Niveles de dureza por debajo de 60 son
infrecuentes. Por encima de 300 son consideradas aguas muy duras. |
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