Philosophal Dr. Horacio Raúl
Terzolo. 2005. E.E.A. INTA Balcarce.
Volver a: Producción
avícola
Esta es una enfermedad del género Gallus causada por Haemophilus
paragallinarum. La bacteria necesita para su crecimiento de la adición del
ácido nicotín-adenín-dinucleótido (NAD), aunque se han descrito cepas
independientes en Sudáfrica que adquieren su independencia mediante un plásmido
transmisible por transformación. Los signos clínicos más comunes son descarga
nasal, hinchazón facial, lagrimeo, anorexia y diarrea. Es una dolencia muy
importante en gallinas ponedoras sobre todo porque reduce la producción de
huevos aunque también se han descrito brotes en pollos parrilleros en Norte y
Sud América. La enfermedad clásica afecta únicamente al tracto respiratorio
superior causando sinusitis y conjuntivitis aunque en asociación con otras
enfermedades se han encontrado lesiones de neumonía, aerosaculitis, septicemia
y artritis.
Esta bacteria sobrevive sólo pocas horas fuera del ave por lo cual sería
recomendable desarrollar un medio de transporte para hisopados del seno
infraorbitario. En el futuro el diagnóstico bacteriológico por el método
clásico de aislamiento podría ser reemplazado por una nueva prueba de PCR que
es más sensible y rápida pero que, sin embargo, no diferencia serovariedades.
El diagnóstico serológico todavía requiere de más investigación para
desarrollar una prueba que tenga aplicación en poblaciones avícolas. Los
antígenos hemoaglutinantes se relacionan con la patogenicidad. Se distinguen
tres serovariedades (A, B y C) por una prueba de hemoaglutinación inhibición.
En Argentina y Brasil existen cepas A variantes que no son detectadas por
los anticuerpos monoclonales específicos para cepas A. Las cepas B de la
Argentina son genéticamente distintas a otras cepas del mundo de cualquier
serovariedad. Tanto en Argentina como en Sudáfrica se han descrito cepas C que
no tienen protección cruzada entre sí cuando las aves vacunadas son desafiadas.
Las vacunas inactivadas destinadas al mercado internacional se elaboran por
grandes firmas comerciales con cepas estándar de las tres serovariedades mientras
en los mercados nacionales firmas comerciales locales preparan vacunas que
incluyen cepas regionales. El uso de cepas regionales serotipificadas se
justifica pues tanto en Argentina como en Sudáfrica se han producido fallas
vacunales debidas a la aparición de cepas variantes no incluidas en las vacunas
inactivadas que se utilizaban. Las futuras investigaciones deberían orientarse
hacia la búsqueda de nuevas vacunas vivas basadas en cepas atenuadas, que
pudieran utilizarse en reemplazo de las actuales bacterinas, para lograr de ese
modo protección cruzada entre las todas las serovariedades y sus variantes
antigénicas.
La Coriza Infecciosa es una enfermedad respiratoria de las gallinas
domésticas causada por la bacteria Haemophilus paragallinarum. Otras
especies animales no se enferman exceptuando los faisanes y gallinas de Guinea.
La enfermedad está difundida mundialmente y causa importantes pérdidas
económicas a la industria avícola sobre todo al disminuir la producción de
huevos. Recientemente se ha descrito también esta enfermedad en pollos
parrilleros de Norte y Sud América estando asociado H. paragallinarum
con otros agentes bacterianos y víricos. El ser humano no es susceptible y por
lo tanto la coriza no tiene implicancia para la salud pública.
El objetivo de esta revisión es brindar a los lectores las últimas
novedades y resaltar, de manera concisa, los principales aspectos generales de
interés para las ciencias veterinarias. También se advertirá sobre los temas en
los cuales se requiere dedicar más esfuerzos para investigar y cómo se deberían
desarrollar nuevas estrategias para la profilaxis y el control de esta
importante enfermedad. Por razones de espacio se han seleccionado las citas
bibliográficas de las últimas revisiones sobre el tema, agregando sólo algunos
trabajos específicos de interés para completar los conceptos que se discuten.
Se revisará con mayor detalle la información referente a nuestro país para
aportar elementos prácticos de consulta y sobre todo recomendaciones aplicadas
a nuestro medio.
El género Haemophilus ha sido tradicionalmente definido como
integrado por bacterias Gram negativas que requieren uno o dos factores de
crecimiento: hemina (factor X) y nicotín-adenín-dinucleótido (NAD o factor V).
Dentro de este género H. paragallinarum es el agente etiológico de la
coriza infecciosa. Otras tres especies bacterianas de la gallina doméstica,
antes integrantes del género Haemophilus y descriptas en conjunto como H.
avium, se encuentran actualmente ubicadas dentro del género Pasteurella:
P. avium y P. volantium y "Pasteurella especie
A". Las dos primeras son completamente apatógenas mientras que la última
se ha descrito como levemente virulenta para el tracto respiratorio de la
gallina, aunque ninguna de ellas es causante de coriza. Clásicamente estas
cuatro especies bacterianas requieren únicamente del NAD para desarrollar.
Originalmente la bacteria considerada el agente causal de la coriza infecciosa
se denominó H. gallinarum y erróneamente se demostró que requería ambos
factores de crecimiento. Ello fue debido a que los antiguos medios de cultivo
disponibles para las pruebas tenían serias deficiencias. Por ello, se cuestiona
la vieja descripción de H. gallinarum y sólo se considera la existencia
de H. paragallinarum, que necesita sólo del NAD para su crecimiento. Es
interesante acotar que varios de los discos comerciales actuales erróneamente
identifican a H. paragallinarum como dependiente del factor X por lo
cual se debe realizar la prueba de la porfirina en vez de la prueba con los
mencionados discos. H. paragallinarum es realmente un hemófilo atípico.
De hecho existe evidencia taxonómica de que esta especie bacteriana se
encuentra más estrechamente relacionada con el género Actinobacillus que
con el género Haemophilus.
El concepto taxonómico que hasta ahora se sustentaba para definir el género
Haemophilus ha sido bruscamente cambiado en la literatura internacional
cuando en Sudáfrica se describieron brotes de coriza infecciosa causados por
cepas de H. paragallinarum NAD independientes que son taxonómicamente
muy similares a las cepas clásicas. Estas bacterias adquieren la capacidad de
sintetizar el NAD al captar el DNA de un plásmido por transformación. Este
plásmido puede además difundirse por transformación entre distintas cepas de H.
paragallinarum y posiblemente también entre las citadas pasteurelas NAD
dependientes de las aves. Quizás por este motivo en Sudáfrica también existen
cepas NAD independientes de P. avium, P. volantium y "Pasteurella
especie A".
Es importante acotar que en este país también se describieron cepas de H.
influenzae de origen humano que desarrollan también independientes del NAD.
Esto significa que en Sudáfrica podría existir una infección generalizada por
el citado plásmido. Más interesante aún es que las cepas transformadas
mantienen inalterados sus antígenos hemoaglutinantes (AgHems) por lo cual sería
posible eliminar en el laboratorio la dependencia del NAD en cepas destinadas a
la elaboración de vacunas. Este nuevo concepto permitiría elaborar vacunas con
cepas de más fácil crecimiento al eliminar la dependencia del NAD. Esta
posibilidad debe ser considerada con mucha cautela pues las cepas de H.
paragallinarum independientes del NAD han demostrado ser muy patógenas y de
hecho van reemplazando paulatinamente a las dependientes en los brotes de la
coriza que se registran en Sudáfrica. Por ello, para un país como el nuestro,
en el cual no se han registrado aislamientos de cepas independientes del NAD
sería peligroso introducir este plásmido para transformar a las cepas
regionales, destinadas a la elaboración de vacunas, si no se cuenta con una muy
estricta seguridad biológica. Aún más, si bien la coriza infecciosa existe en
nuestro país desde hace varios años, hasta la fecha no se han detectado cepas
independientes del NAD por lo cual este tipo particular de coriza infecciosa
debería ser considerada una enfermedad exótica cuando es causada por cepas NAD
independientes.
H. paragallinarum infecta al ave por vía respiratoria y luego de un corto período de
incubación, que varía entre
En las gallinas ponedoras causa alta morbilidad, baja o nula mortalidad y
una importante pérdida en la producción de huevos, la que generalmente oscila
entre un 10% y un 40%. En pollos parrilleros puede causar un cuadro similar al
descrito como "cabeza hinchada". Los casos de neumonía y
aerosaculitis son menos frecuentes aunque también suelen ocurrir en las
infecciones puras por estos hemófilos cuando las cepas infectantes tienen
capacidad para producir septicemia. En estos casos se ha aislado H.
paragallinarum de órganos internos, articulaciones y de globos oculares con
o sin lesiones. Cuando se producen casos de coriza infecciosa complicada con Mycoplasma
sp. las lesiones respiratorias se agravan siendo comunes las neumonías y
aerosaculitis complicadas con E.coli, prologándose la duración de la
enfermedad hasta por 50 días. Muchas veces cuando las lesiones ya se encuentran
en franca remisión y H. paragallinarum ya no puede aislarse del tracto
respiratorio, P. gallinarum produce a continuación una sinusitis y
panoftalmía purulentas muy severas, con pérdida del globo ocular y reemplazo de
su contenido por masas caseosas. En Argentina P. gallinarum es el agente
infeccioso oportunista más común en gallinas ponedoras mientras que en aves más
jóvenes, como los pollos parrilleros la bacteria más frecuentemente asociada a
casos coriza infecciosa es E.coli.
La coriza infecciosa ha sido descripta como una enfermedad sólo importante
para la gallina en postura. Sin embargo esta enfermedad ocurre tanto en pollos
parrilleros y pollas en recría como en gallinas ponedoras y reproductoras. Los
síntomas más comunes son descarga nasal, tumefacción facial, lagrimeo, anorexia
y diarrea. Cuando la infección se difunde al tracto respiratorio inferior los
animales afectados evidencian rales. Como consecuencia de estos síntomas
disminuye el consumo de alimentos y agua con el consiguiente retardo en el
crecimiento o disminución de la postura, aumentando el número de aves que deben
descartarse4. En pollos parrilleros se han descrito casos más
severos, aunque menos frecuentes, caracterizados por celulitis fibrinopurulenta
de la cabeza y barbillones, aerosaculitis, septicemia generalizada y artritis.
En los casos de coriza no complicada generalmente se produce alta
morbilidad y baja o nula mortalidad. Sin embargo, si la cepa infectante es muy
patógena o si existe asociación con otros agentes infecciosos puede ocurrir
alta mortalidad. De hecho en Argentina, India, Moroco, Sudáfrica y Tailandia se
han descrito casos de Coriza infecciosa causantes de mortalidad producida cepas
por cepas de H. paragallinarum muy patógenas y con frecuencia asociadas
a otros agentes víricos o bacterianos.
Cuando H. paragallinarum se asocia con otros agentes se agrava el
curso de la enfermedad, que entonces se denomina "coriza infecciosa
complicada". Entre los agentes bacterianos más comunes deben mencionarse Escherichia
coli, P. gallinarum y Mycoplasma gallisepticum y menos
frecuentemente P. haemolytica. P. multocida, M. synoviae y
Salmonella enterica. Más recientemente se describe a una nueva especie,
denominada Ornithobacterium rhinotracheale, como agente asociado a
coriza infecciosa y con capacidad patógena para producir per se
infecciones respiratorias en gallinas ponedoras y pollos parrilleros. Las
citadas P. avium, P. volantium y "Pasteurella especie
A" también pueden asociarse con H. Paragallinarum. La coriza
infecciosa puede ocurrir en forma simultánea con diversas infecciones virales
del tracto respiratorio, siendo las asociaciones más frecuentes con la viruela,
bronquitis y laringotraqueítis infecciosas.
H. paragallinarum produce inflamación catarral aguda de las membranas mucosas de la nariz y
senos infraorbitarios. Frecuentemente se produce edema subcutáneo de la cabeza
y barbillones y conjuntivitis catarral. Los cambios en la mucosa de la cavidad
nasal, senos y tráquea consisten en descamación, desintegración e hiperplasia
del epitelio glandular y mucosal, edema e hiperemia con infiltración de
heterófilos, mastocitos y macrófagos en la lámina propia. Cuando se afecta el
tracto respiratorio inferior se produce bronconeumonía catarral aguda con
presencia de heterófilos y restos celulares que ocupan la luz de los
bronquiolos secundarios y terciarios; las células epiteliales de los capilares
se encuentran inflamadas e hiperplásicas. Los alvéolos tienen inflamación catarral
caracterizada por tumefacción e hiperplasia celular con abundante infiltración
de heterófilos. Los productos de la inflamación de los mastocitos, heterófilos
y macrófagos pueden ser los responsables de los severos cambios vasculares y
daño celular de la coriza infecciosa4.
Se reconocen tres tipos de antígenos: L (sensible al calor y a la
tripsina), HL (sensible al calor y resistente a la tripsina) y HS (estable al
calor y resistente a la tripsina). Los antígenos L existen en tres formas (L1,
L2 y L3). Los antígenos L1 y L2 son respectivamente responsables de la
especificidad de serovariedades de Page A y C. El resto de los antígenos (L3,
HL y HS) son comunes a todas las cepas.
El antígeno más importante de las cepas patógenas es el antígeno
hemoaglutinante (AgHem). Una cepa de H. paragallinarum es patógena
cuando es capaz de adherirse a las células que tapizan el epitelio
respiratorio. El requisito de adherencia al tracto respiratorio tiene estrecha
relación con la hemoaglutinación. Esto se debe a que los eritrocitos y las
células del epitelio respiratorio comparten antígenos comunes. De hecho, las
cepas que pierden su capacidad de hemoaglutinar también dejan de ser patógenas.
La vacunación de aves con AgHem purificado mediante anticuerpos monoclonales
(AcM) induce protección frente a desafíos23. Además la
administración pasiva por vía intraperitoneal de AcM contra el AgHem purificado
suprime el crecimiento de H. paragallinarum en el epitelio nasal o
sinusal22. Estos AcM tienen actividad bactericida in vitro y
posiblemente ejerzan mecanismos de opsonización in vivo. Este antígeno
hemoaglutinante no siempre se expresa espontáneamente pues algunas cepas lo
tienen enmascarado por antígenos capsulares superficiales que impiden su
expresión. Como veremos más adelante mediante procedimientos de laboratorio es
posible eliminar estas cápsulas para tornar a las cepas hemoaglutinantes7.
Además del AgHem se han descrito otros antígenos de H. paragallinarum
que también inducen protección en las aves inmunizadas. Entre ellos cabe
mencionar la cápsula, polisacáridos, lipopolisacáridos y proteínas de membrana
externa.
En todos estos esquemas se empleó suero policlonal hiperinmune de conejo
para clasificar antigénicamente a las cepas. El primer estudio serológico de H.
paragallinarum lo realizó Page, quien mediante pruebas de aglutinación en
placa describió tres serovariedades: A, B y C. Otros autores describieron
distintos esquemas de serotipificación que posteriormente se equipararon al
original de Page: Sawata 1 (Page A) y 2 (C) y Kume I (A), II (C) y III (B).
Actualmente las tres serovariedades de Page pueden ser reconocidas por pruebas
de inhibición de la hemoaglutinación (HI). Existen dos pruebas de HI que
utilizan cepas de referencia con AgHem de cada una de las tres serovariedades
de Page y eritrocitos de pollo fijados con glutaraldehído. Las cepas de la
serovariedad A son generalmente muy hemoaglutinantes mientras que las cepas de
las serovariedades B y C necesitan tratamientos previos de los antígenos antes
de realizar la prueba de HI. Para ello se utilizan tratamientos con hialuronidasa
o también sonicación combinada con tiocianato de potasio. La prueba de HI
descripta por Blackall et al. es la más utilizada y detecta las tres
serovariedades de Page mientras que la de Kume et al. permite la
detección de 4 subtipos dentro de cada una de las serovariedades A y C de Page.
Estos subtipos se denominan A1, A2, A3 y A4 y C1, C2, C3 y C4. Esta clasificación
se realiza mediante sueros adsorbidos aunque no se utiliza rutinariamente
porque la técnica es complicada y los subtipos no tienen relación con la
protección vacunal3.
Una mención especial merece la historia sobre las cepas de la serovariedad
B. Durante muchos años se creyó que esta serovariedad, representada por las
únicas 2 cepas disponibles (Spross y 0222), no existía realmente sino que
estaba compuesta por un grupo de cepas variantes apatógenas y no capsuladas de
la serovariedades A o C que habían perdido su antígeno específico de
serovariedad. Por ese motivo durante varios años la mayoría de las vacunas
contenían únicamente a las serovariedades A y C. Actualmente, debido a la
aparición de cepas patógenas y capsuladas de esta serovariedad en Argentina,
Sudáfrica, Brasil y Filipinas este antiguo concepto fue dejado de lado y
actualmente no se discute que las cepas de la serovariedad B existen como tales
y deben ser incluidas en las vacunas. Además Bowles et al. en un estudio
comparativo determinaron la diversidad genética y las relaciones entre 118
cepas provenientes de seis continentes analizando la variación de la movilidad
electroforética en 8 enzimas metabólicas codificadas por genes cromosomales. Es
interesante destacar que en este trabajo las cepas del mundo se agruparon en
dos clusters heterogéneos mientras 9 cepas de la serovariedad B de la Argentina
ocuparon un cluster diferente, demostrando que las mismas están genéticamente
bien distanciadas del resto de las cepas estudiadas, independientemente de la
serovariedad a la cual pertenecen. Esto significa que las cepas B de la
Argentina fueron incluso diferentes a otras cepas B de diversas regiones del
mundo.
Es evidente que existe diversidad antigénica entre las cepas de la
serovariedad B. Se ha demostrado que las vacunas bivalentes preparadas con la
serovariedades A y C brindan protección cuando las aves son desafiadas con la
cepa B Spross aunque estas mismas vacunas son ineficaces para proteger las aves
cuando se desafían con dos cepas B de Sudáfrica. En otro estudio realizado en
Argentina se demostró que una vacuna trivalente preparada con cepas de
referencia de las tres serovariedades fue ineficaz para proteger a las aves
cuando fueron desafiadas con cepas B de la Argentina. Por ello es necesario
subrayar que se requieren completar las investigaciones con las cepas B y es
posible que las mismas incluyan subtipos de interés para la selección de cepas
vacunales.
En Sudáfrica se utilizó un panel de 3 AcM de ratón denominados V1, F1 y VF3
para demostrar que el antígeno lipopolisacárido V1 que expresa la cepa vacunal
de referencia de la serovariedad A (0083) casi no existía en las cepas que
producían los brotes de coriza en el campo; en cambio en éstas predominaba el
antígeno proteico F1, que también era producido en menor cuantía por las cepas
vacunales. Este trabajo demostró que existen variaciones en la expresión los
antígenos a través del tiempo y que en esa oportunidad se producían vacunas con
cepas que tenían antígenos de poca utilidad para ejercer protección, pues no
eran representativos de la real situación de las cepas de campo presentes en
ese momento10.
En Japón se desarrolló un AcM de ratón que detecta a todas las cepas de la
serovariedad A del mundo excepto a algunas cepas de la serovariedad A de la
Argentina y del Brasil8. También se obtuvo otro AcM específico para
subtipos A1 y A2 de Kume y tres AcM para diversos subtipos C de Kume. Interesa
destacar que ninguna de las cepas de la serovariedad B es detectada por los AcM
conocidos anti-A o anti-C, ya sean sudafricanos o japoneses. Estos estudios
demuestran dos cosas: por un lado las cepas B son distintas y no representan
variables antigénicas de las cepas A o C. Por otro lado las cepas A de la
Argentina y del Brasil son diferentes a las cepas A del resto del mundo. Habría
que demostrar si estas diferencias antigénicas representan en realidad
diferencias en la protección vacunal de acuerdo con el tipo de cepa regional
que se utilice en la elaboración de las vacunas.
Se recomienda el estudio de 3 o 4 aves con síntomas agudos de coriza. Si se
seleccionan las aves luego del 5º al 7º día PI puede que H. paragallinarum
ya no se encuentre y sólo se obtengan bacterias complicantes de la enfermedad.
El procedimiento de toma de muestras se debe efectuar con estricta esterilidad.
Para ello, una vez sacrificada el ave, se cauteriza la piel ubicada debajo de
los ojos, se practica una incisión sobre el seno paranasal correspondiente, se
separa la piel en la incisión y se introduce en la cavidad del seno un hisopo
estéril humedecido en un caldo nutritivo o solución salina fisiológica
tamponada a pH neutro. Lo más recomendable es el cultivo antes de las 5 horas
debido a la reducida viabilidad de H. paragallinarum en los hisopados. En el
INTA de Balcarce hemos desarrollado un medio de transporte que permite la
supervivencia de las bacterias por varios días (datos no publicados) cuando se
combina caldo Columbia con sangre equina hemolizada al 7% y antibióticos para
inhibir a los contaminantes en una base de agar semisólido; consideramos que
estos estudios deberán ser profundizados dado que a veces se requieren efectuar
aislamientos en granjas distantes del laboratorio. Para la siembra de los
hisopos pueden usarse placas de agar sangre con el agregado de estrías
"alimentadoras" de Staphylococcus spp., que eliminan factor V,
o bien usar agar chocolate o agar con sangre hemolizada en vez de los
estafilococos. Las colonias de H. paragallinarum son mucho más grandes y
visibles cuando se utiliza agar con sangre chocolatada o hemolizada. El uso de
medios de cultivo selectivos con antibióticos e incubados a 37° C, durante 48
horas en una atmósfera microaerofílica, es un procedimiento que permite
diferenciar y aislar a los hemófilos en pureza, aún cuando la flora bacteriana
sea compleja. La atmósfera microaerofílica puede obtenerse mediante el clásico
método de la vela que consiste en incubar las placas en un recipiente
herméticamente cerrado con una vela que se mantiene encendida hasta que se
apaga al consumirse parte del oxígeno contenido en el recipiente o bien usando
las distintas opciones disponibles para la obtención de atmósferas para el
aislamiento de bacterias del género Campylobacter. La identificación de H.
paragallinarum debe ser efectuada mediante pruebas bioquímicas
diferenciales. Como se señaló anteriormente la dependencia o independencia del
NAD no permite inferir si se trata de H. paragallinarum o de
pasteurelas, sobre todo en aquellos lugares donde existen cepas independientes
del NAD.
Los hemófilos fermentan la glucosa con formación de gas y como las
pasteurelas reducen los nitratos a nitritos y son oxidasa positivos. Las
pasteurelas de las aves son todas catalasa positivas, mientras que el H.
paragallinarum y el O. rhinotracheale son negativos. O.
rhinotracheale no requiere NAD. La diferenciación fenotípica entre las
especies debe ser realizada mediante la acidificación de algunos hidratos de
carbono. H. paragallinarum no fermenta ni a la galactosa ni a la
trehalosa mientras que todas las pasteurelas del grupo "H. avium"
lo hacen rápidamente. Los H. paragallinarum NAD independientes son
negativos a la prueba de la b -galactosidasa y no fermentan a la maltosa
mientras que los NAD dependientes son siempre positivos a ambas pruebas. Una
característica diferencial descubierta por nosotros en el INTA de Balcarce es
la incapacidad de H. paragallinarum de reducir el clorhidrato de
2,3,5-trifenil-tetrazolio o TTC (incoloro) mientras que todas las pasteurelas y
enterobacterias lo reducen a formazán (de color rojo).
Cuadro
1. Diferenciación de H. paragallinarum, pasteurelas del grupo "H.
avium" y O. rhinotracheale
|
Pruebas |
O. rhinotracheale |
H. paragallinarum |
P. avium |
P. volantium |
Pasteurella species A |
|
Catalasa |
-a |
- |
+ |
+ |
+ |
|
Pigmento |
- |
- |
+ |
+ |
- |
|
Microaerofilia |
+ |
+ |
- |
- |
- |
|
b -galactosidasa |
+ |
+b |
- |
+ |
V |
|
Arabinosa |
- |
- |
- |
- |
+ |
|
Galactosa |
+ |
- |
+ |
+ |
+ |
|
Maltosa |
+ |
+b |
- |
+ |
V |
|
Manitol |
- |
+ |
- |
+ |
V |
|
Sorbitol |
- |
V |
- |
V |
- |
|
Sacarosa |
- |
V |
+ |
+ |
+ |
|
Trehalosa |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
-a: el 90% de
las cepas de O. rhinotracheale son catalasa negativas
+b: Los H.
paragallinarum NAD independientes son negativos a
la prueba de b
-galactosidasa y fermentación de la maltosa
Recientemente se han descrito sondas de ADN y pruebas de reacción en cadena
por la polimerasa (PCR) específicas para detectar el ADN de H.
paragallinarum directamente en hisopados de los senos paranasales. El PCR,
aunque todavía no está disponible comercialmente, parece ser una alternativa
factible para reemplazar los cultivos bacteriológicos por una técnica rápida.
Esta prueba permite obtener resultados en sólo 6 horas, lo cual constituye una
ventaja sobre los cultivos, que demoran en crecer entre 2 y 3 días y cuyo
diagnóstico identificatorio final demora por lo menos una semana. Además, por
esta técnica más de 40 cepas de H. paragallinarum fueron detectadas como
positivas, incluyendo las NAD-independientes de Sudáfrica y las variantes de
Page serovar A de Brasil y Argentina así como las particulares cepas B de la
Argentina15. El PCR, llamado HP-2, es específico puesto que ha dado
reacciones negativas con bacterias estrechamente relacionadas a H.
paragallinarum como las NAD-dependientes P. volantium, P. avium y
Pasteurella spp. así como también con O. rhinotracheale. El PCR
HP-
Se han desarrollado una variedad de pruebas serológicas para detectar
anticuerpos contra H. paragallinarum, tanto en aves vacunadas como en
enfermas. Así se han utilizado pruebas de aglutinación en placa, aglutinación
con látex, HI y agar gel precipitación. Los anticuerpos aglutinantes aparecen a
los 10 o 14 días después de la infección o vacunación y pueden persistir hasta
un año después del contacto con la bacteria. En cambio, los anticuerpos
precipitantes se manifiestan a la 2º semana PI y sólo se mantienen hasta la 11º
semana PI. Las aves se consideran serológicamente positivas cuando sus sueros reaccionan
sin diluir en las pruebas de aglutinación o bien con títulos bajos, de 1/5 o
mayores, en pruebas de HI. Antes de realizar estas pruebas se deben absorber
los sueros con suspensiones de 5 ó 10% de glóbulos rojos de pollo fijados con
glutaraldehído para eliminar las reacciones inespecíficas. Como se señaló
anteriormente, las cepas de distintas serovariedades de Page comparten
antígenos comunes y por ello las pruebas de aglutinación no detectan
anticuerpos específicos de serovariedad sino un nivel general de anticuerpos
contra coriza infecciosa. La prueba de HI es la más específica de las pruebas
pues puede realizarse con cepas de cada una de las serovariedades de Page y es
también la más conveniente puesto que, como se reseñó más arriba, los AgHems tienen
relación directa con la protección. Recientemente se desarrolló una prueba de
ELISA con AcM aunque esta prueba tiene serios inconvenientes que la hacen poco
práctica3. Por un lado no está comercialmente disponible y además
sólo sirve para la detección de algunas cepas de las serovariedades A y C.
Además de existir AcM específicos para detectar a las cepas de la serovariedad
B , los AcM A fallan en detectar el 40% de los aislamientos de la Argentina y
del Brasil y los AcM C no reaccionan con las cepas C-4 de Australia. Todos
estos resultados indican que hasta la fecha no existe una prueba serológica de
uso masivo que pueda usarse para evaluar en forma sistemática el nivel
inmunitario de la población avícola. Indudablemente, este es un tema en el que
se requiere más investigación.
En pollos parrilleros es importante diferenciar la coriza infecciosa del
síndrome de cabeza hinchada causado por el virus de la rinotraqueítis de pavo
(TRT); en esta enfermedad no existe inflamación de los senos paranasales sino
que la tumefacción se localiza únicamente alrededor de los ojos. En estos casos
la coriza infecciosa se confirma mediante la demostración de ausencia de
serología positiva a virus TRT y el aislamiento, PCR o detección por inmunoperoxidasa
en senos infraorbitarios de H. paragallinarum.
Cuando las cepas de H. paragallinarum son invasivas y producen
aerosaculitis, que puede estar o no asociada a otras bacterias, es importante
efectuar un diagnóstico diferencial con la enfermedad crónica respiratoria.
Cuando se produce extensión del proceso inflamatorio a barbillones es
importante distinguir esta enfermedad del cólera crónico por P. multocida.
Si se producen casos de artritis es importante cultivar también con medios que
posibiliten el aislamiento de H. paragallinarum además de buscar otros
agentes causales como virus, Mycoplasma gallisepticum, M. synoviae,
Staphylococcus aureus, P. multocida, P. gallinarum o Salmonella
enterica entre otros. También se cita que la hipovitaminosis A y la viruela
en ocasiones pueden producir síntomas clínicos similares7.
Como se expuso más arriba, exceptuando los faisanes y gallinas de Guinea,
ningún ave ya sea doméstica o silvestre es susceptible a la infección por H.
paragallinarum. Tampoco son susceptibles los animales de laboratorio como
los conejos, ratones o cobayos. Por ello, para reproducir experimentalmente
esta enfermedad lo mejor es utilizar su huésped natural, el género Gallus
gallus. El método de infección más adecuado es la inoculación en el seno
infraorbitario de cultivos de H. paragallinarum. Por la vía intranasal
también es posible reproducir la enfermedad pero en este caso los resultados
suelen ser variables.
Los pollitos BB son resistentes a la infección por vía respiratoria, por
ello se deben emplear pollitos de más de 7 días de edad cuando se utiliza esa
vía. Los pollos de 4-8 semanas se infectan en un 90% mientras que pollos de 13
semanas de edad o mayores son 100% susceptibles. En general, el período de
incubación se acorta y el curso de la enfermedad tiende a alargarse en aves de
mayor edad4.
Es necesario tener modelos de reproducción de la enfermedad para la
correcta selección de cepas de campo a emplear en las vacunas. Estos modelos pueden
utilizarse para conocer la difusión horizontal, patogenicidad y capacidad
septicémica de las cepas en estudio. Además, como veremos más adelante, los
mismo modelos combinados con la aplicación de vacunas experimentales pueden
utilizarse para evaluar el grado de protección que ofrecen las vacunas frente
al desafío de la cepa vacunal comparada con otras de distinto origen. Estos
ensayos se denominan pruebas de protección cruzada.
Para conocer el grado de difusión horizontal de las cepas se utiliza un modelo
que consiste e inocular una o dos aves por vía intrasinusal con diez millones
de bacterias viables y dejarlas alojadas durante 10 días en estrecho contacto
con otros 6-8 animales de igual tipo y edad; las aves se observan diariamente
para determinar grado contagio y al cabo de ese tiempo se cultivan ambos senos
infraorbitarios.
En cambio, para conocer la patogenicidad de las cepas, la misma dosis de
inóculo se aplica a todos las aves del grupo y éstas se sacrifican entre el 5-6
día PI, realizándose entonces cultivos bacteriológicos de ambos senos
infraorbitarios y globos oculares. Este último modelo se utiliza también para
evaluar vacunas en pruebas de protección cruzada. En estos ensayos el
porcentaje de protección se define como el porcentaje de aves vacunadas que no
presentan signos clínicos, que no tienen mucus en los senos infraorbitarios y
en los cuales no es posible aislar la cepa inoculada26.
Con el objetivo de determinar la capacidad septicémica de aislamientos de
campo se utiliza un modelo que consiste en inocular pollitos BB de un día de
edad, libres de patógenos específicos (SPF) o bien convencionales, por vía
intraperitoneal con 10 y 10 bacterias viables de H. paragallinarum. Sólo
las cepas invasivas son capaces de producir elevada mortalidad.
Las aves que se han recobrado de una infección natural adquieren inmunidad
contra infecciones subsecuentes, tanto causadas por la misma serovariedad de
Page que las infectó originalmente como contra cepas de las otras
serovariedades de Page. En otras palabras, la infección natural produce
protección cruzada entre las distintas serovariedades de Page. En forma
similar, cuando las aves son vacunadas con una cepa viva adquieren inmunidad
contra cualquiera de las tres serovariedades de Page. Esta inmunidad se
desarrolla a partir de la 2º semana post-vacunación y tiene larga duración. En
general, si las pollas se exponen a una cepa viva de H. paragallinarum
durante la recría quedan protegidas contra una caída de la postura en el
período de producción.
Por el contrario, cuando se inyectan cepas muertas de H. paragallinarum
la protección cruzada es muy baja o bien queda limitada a la serovariedad que
se utilizó para inmunizar a las aves. Se admitió entonces, durante varios años,
que si, por ejemplo, un ave se inmuniza con la serovariedad A este animal queda
protegido contra sucesivas infecciones por otras cepas distintas pero
pertenecientes a esa misma serovariedad A. Lo mismo se consideraba para el caso
la serovariedad C. Sin embargo algunos tipos de vacunas muertas podrían ejercer
algún tipo de protección cruzada parcial. De los tres tipos descriptos según el
tipo de cultivo empleado para su producción - caldo de cultivo, cultivo de
tejidos y embrión de pollo - sólo las dos últimas ofrecen alguna protección
cruzada2. Por lo tanto las bacterinas elaboradas en caldo de
cultivo, que son las que se utilizan habitualmente, no producen ningún tipo de
inmunización cruzada. Estas bacterinas, para ser eficaces, deben contener en su
formulación cepas regionales representativas de las serovariedades de Page
presentes en el área geográfica a dónde se van a usar.
Existen varias excepciones a lo enunciado arriba sobre la especificidad de
protección para cada serovariedad. Esto se debe a la aparición de cepas
variantes. Tanto en Argentina como en Brasil, existen alrededor de un 40% de
aislamientos de la serovariedad A de Page que hasta la fecha no han sido
reconocidos por el AcM específico para este serovar que reconoce todas las
cepas del resto del mundo. Se ha especulado que estas cepas A variantes pueden
ser bastante diferentes como para ocasionar fallas vacunales.
También, como se expuso anteriormente, los aislamientos de la serovariedad
B de la Argentina son genéticamente muy diferentes a las cepas de todas partes
del mundo, independientemente de la serovariedad a la que ellas pertenezcan.
Este hecho, unido a una falta de protección de las vacunas que contienen cepas
B aisladas en EE.UU. o en Europa cuando se desafían con cepas B de la
Argentina, señala que las últimas deberían ser incluidas en las vacunas a
emplear en esa región. Existe también más evidencia que respalda la posibilidad
de una diversidad antigénica dentro de la serovariedad B de Page. Las vacunas
bivalentes basadas en las serovariedades A y C proveen protección contra
desafíos efectuados con la cepa Spross de la serovariedad B pero no contra dos
serovariedades B de Sudáfrica. Más aún sólo existe protección parcial entre
distintas cepas de la serovariedad B. El hecho de que el esquema de Kume sólo
reconozca una sola serovariedad B (B-1) no es evidencia de homogeneidad
antigénica, sino más bien señala que se han examinado muy pocas cepas de esta
serovariedad y seguramente si estas se hubieran estudiado, las cepas B de la
Argentina posiblemente podrían conformar un nuevo grupo dentro del esquema de
Kume.
Por otra parte, los estudios de protección cruzada realizados en Argentina
sugieren la necesidad de incluir más de una cepa C en las bacterinas que se
usen en ese país. Estos resultados son comparables con lo descripto en
Sudáfrica en donde el aumento de la incidencia del subtipo C-3 de Kume, causó
brotes de la enfermedad en aves vacunadas con bacterinas elaboradas
exclusivamente con cepas de los subtipos C1 o C2.
Todos estos datos señalan la necesidad de efectuar estudios de protección
cruzada con aislamientos actualizados de serovariedades A, B y C presentes en
cada región para poder así definir cuantas cepas deberían usarse en las futuras
bacterinas. El actual concepto de una vacuna muerta de uso universal deberá ser
revisado de ahora en adelante y se evidencia la necesidad de elaborar vacunas
con cepas regionales, que posiblemente tengan que contemplar la inclusión de
más de una cepa de cada serovariedad. Esto significa que debe revisarse el
concepto actual de protección con biológicos y elaborar vacunas inactivadas con
mayor cantidad de cepas regionales o bien iniciar nuevas investigaciones con
vacunas vivas atenuadas que, en ese caso, sí podrían tener aplicación universal.
Es evidente que las investigaciones dirigidas hacia la búsqueda de una cepa
atenuada son prioritarias.
De acuerdo con lo expresado en el ítem anterior, las vacunas vivas
atenuadas deberían ser las de elección ya que las mismas producen inmunidad
cruzada entre las tres serovariedades de Page, además de brindar una sólida y
duradera inmunidad. Inicialmente estas vacunas habían dado resultados exitosos,
puesto que cultivos de una cepa C atenuada por mutaciones químicas, cuando
fueron instilados en el ojo protegieron contra el desafío de cepas patógenas de
la serovariedad C y A. Desafortunadamente, estas vacunas atenuadas no se
utilizan por su falta de seguridad, dado que se ha demostrado que estas cepas
revierten in vivo al tipo patógeno cuando se inoculan por vía
intrasinusal. Por otro lado, es posible obtener cepas apatógenas naturales o
mutadas in vitro que carecen del AgHem, pero se ha demostrado que estas
cepas son incapaces de proteger tanto contra serovariedades homólogas como
heterólogas de Page e inclusive fracasan en proteger a las aves vacunadas
contra su propia cepa parental patógena.
La falta de disponibilidad de cepas atenuadas ha determinado que en algunas
granjas se utilice el método de exposición controlada. Este procedimiento
consiste en vacunar las pollas con una bacterina entre las 15 y 18 semanas de
edad y luego, a las 20 semanas de edad, exponer a estas aves a una infección
con una cepa patógena regional. La exposición controlada tiene varios
inconvenientes, puesto que algunas aves pueden enfermar severamente, siendo
entonces necesaria la administración de antibióticos y además siempre quedan en
la granja aves portadoras de cepas patógenas que en el futuro pueden
desencadenar brotes de coriza infecciosa en aves susceptibles.
Las primeras bacterinas contra coriza infecciosa fueron elaboradas
inoculando H. paragallinarum en los sacos vitelinos de huevos
embrionados de 5-7 días de edad. En varios ensayos se ha demostrado que estas
bacterinas son incapaces de proteger a las aves vacunadas contra los síntomas
clínicos de la coriza infecciosa, a pesar de que disminuyen las lesiones
secundarias de septicemia y aerosaculitis y reducen la caída en la producción
de huevos. Por este motivo se han dejado de utilizar y tienen, en cambio,
amplia difusión las vacunas elaboradas en caldo de cultivo. Los medios más
utilizados son la infusión de carne de pollo, el medio Casman y el caldo
cerebro-corazón. Existe un único reporte sobre el empleo satisfactorio de cultivos
de tejidos, aunque en la práctica éstos no se utilizan para la producción de
estas vacunas. A continuación se describen las características de las
bacterinas en caldo de cultivo que son más frecuentemente empleadas.
Para que una bacterina en caldo brinde adecuada protección deben
considerarse varios aspectos que hacen a su producción. En primer término deben
usarse cepas vacunales representativas de las serovariedades predominantes en
la región en donde van a ser aplicadas. Además, estas cepas deben estar
mantenidas de modo tal que conserven inalterados sus atributos de virulencia;
para ello las cepas deben tener un mínimo de subcultivos desde que se realizó
su primo-aislamiento hasta que crecen en el fermentador. Para que ocurra la
expresión de antígenos superficiales que pueden estar relacionados con la
protección es muy importante que diversas condiciones del cultivo se ajusten.
Entre las mismas cabe citar el volumen de inóculo inicial, pH, porcentaje de
cloruro de sodio, nivel de hierro libre, atmósfera y tiempo de incubación. Una
vez logrado el desarrollado bacteriano el uso de distintos agentes inactivantes
tiene también mucha importancia y constituye un aspecto de discusión; mientras
que la inactivación rápida con formalina tiene resultados variables de
protección, la inactivación más lenta con timerosal es eficaz en todos los
estudios que hasta la fecha se han realizado. Con respecto a los agentes
adyuvantes tanto el hidróxido de aluminio como los aceites minerales brindan
adecuada protección. Sin embargo es necesario aclarar que el aceite mineral de
emulsión simple debe estar correctamente formulado pues se han descrito casos
de protección ineficaz con desarrollo de severas reacciones colaterales en el
punto de inoculación. En cambio, el aceite mineral de emulsión doble ha dado
siempre buenos resultados. Con respecto a la duración de la inmunidad se ha
descripto que la misma se prolonga hasta por 14 meses, tanto con adyuvantes de
hidróxido de aluminio como oleosos.
Actualmente las vacunas comerciales son todas inactivadas y debido a que
actualmente se admite que la serovariedad B debe ser incluida, puede asegurarse
que todas son trivalentes. Los grandes laboratorios internacionales que
elaboran estas vacunas las preparan con cepas estándar internacionalmente
reconocidas. Estas vacunas internacionales se fabrican para ser usadas en
diferentes países alrededor del mundo, basándose en el concepto de las
variaciones locales no justifican la inversión de incluir cepas regionales o
variar la composición de estas vacunas para adaptarlas a las necesidades de
cada región o país. Estas grandes compañías aseguran que sus vacunas son
siempre efectivas cuando son elaboradas con estas cepas internacionales y por
lo tanto no se preocupan en incluir cepas regionales. Sin embargo tanto en
Argentina como en Sudáfrica se han registrado y publicado evidencias concretas
de fallas de protección. Quizás por este motivo en Argentina existen algunos
laboratorios locales que comercializan bacterinas elaboradas con cepas regionales,
las que tienen buena demanda y aceptación en el mercado local.
Se recomienda vacunar con un nivel mínimo de antígeno de cien millones de
bacterias por dosis (1 x 108), inoculadas por vía subcutánea detrás
del cuello o intramuscular en la pechuga. Para pollas en recría es conveniente
vacunar antes de las 20 semanas de vida, administrando dos dosis separadas por
un intervalo de
Varios antibióticos en diferentes combinaciones han sido utilizados para
tratar la coriza infecciosa en los animales afectados. Entre los agentes
terapéuticos más utilizados cabe citar la oxitetraciclina, eritromicina,
quinolonas y estreptomicina solas o en combinación con sulfonamidas y
trimetoprima. Sin embargo, ninguno de estos agentes terapéuticos es bactericida
y H. paragallinarum rápidamente genera resistencia a los antibióticos y
quimioterápicos empleados. En las granjas afectadas por la enfermedad luego del
tratamiento se mantienen aves portadoras y muchas veces son comunes las
recaídas cuando el tratamiento con las drogas impide la inmunización de todas
las aves. Por ello, en esta enfermedad es muy importante la prevención, ya que
los tratamientos una vez instaurados no sólo no logran impedir la merma en la
producción sino que muchas veces es el mismo tratamiento el que agrava la caída
de la postura.
Dado que las aves portadoras que se han curado de la infección constituyen
el reservorio de H. paragallinarum en la granja, es fundamental la
compra de aves recriadas libres de la infección. Lo mejor es la cría de las
pollitas BB con un adecuado plan sanitario que contemple la vacunación contra
coriza infecciosa con bacterinas de reconocida eficacia y, si es posible, que
contengan cepas regionales representativas de la zona. La cría y recría de las
aves de reposición debe realizarse separadamente de las aves de mayor edad. En
una granja que ha sufrido una infección el único modo de eliminar el agente
completamente es despoblar los lotes afectados, puesto que las aves portadoras
son una fuente constante de infección para las nuevas aves jóvenes susceptibles
que ingresan al establecimiento. Además se deben desinfectar los galpones e
implementos y mantener las instalaciones libres de aves durante por lo menos
Volver a: Producción
avícola