Med. Vet. Marcelo Ricci Correa. 2006.
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Resumen
Las
micoplasmosis aviares causan importantes pérdidas económicas en la avicultura
industrial en América Latina. Causan esta enfermedad, Mycoplasma gallisepticum
y synoviae, pudiendo actuar por separado o conjuntamente.
Es
fundamental para enfrentarlos exitosamente, ingresar aves libres de estos
patógenos, y mantener el status sanitario a través de medidas de bioseguridad.
En situaciones donde no es posible garantizar el mantenimiento de las aves
libres, se puede trabajar en la prevención, mediante el uso de vacunas vivas
y/o inactivadas, las cuales permiten adquirir protección para enfrentar la
infección.
Los
antibióticos específicos son bien conocidos y siguen siendo útiles en el
control de los signos clínicos y de las pérdidas económicas, ocasionadas por
esta enfermedad.
Los objetivos
de esta presentación son:
Los
micoplasmas aviares son microorganismos patógenos que atacan primariamente al
tracto respiratorio, con capacidad para invadir el resto del organismo,
afectando los resultados productivos de las aves con las consiguientes pérdidas
económicas.
Durante
décadas se ha luchado contra estos microorganismos, trazándose en varios países
del continente planes de erradicación y control, buscando mejorar el estado
sanitario de los planteles de reproductoras y abuelas para poder contar con
pollos y pollitas de reposición libres de estas enfermedades, como primer paso
para erradicarlas.
Es primordial
el concepto de manejar granjas con aves de una sola edad, lo cual es
relativamente factible en abuelas, reproductoras y pollos.
Esto es de
difícil concreción en ponedoras comerciales, donde la comercialización requiere
contar con una provisión constante de huevos de diferentes tamaños y pesos.
Además la producción de huevos, tanto en pequeña escala como en los proyectos
más importantes, tiende a planearse desde un inicio como operaciones de edades
múltiples.
En estos
establecimientos, los micoplasmas tienden a perdurar en el tiempo dado que al
ingresar, las aves nuevas estas se contaminan de las aves mayores que se han
infectado o enfermado, originando así un ciclo que perpetúa la enfermedad.
Los Micoplasmas Aviares
Las
micoplasmosis aviares, en pollos y gallinas, son ocasionadas por Micoplasma
gallisepticum (MG) y Micoplasma synoviae (MS). Las aves pueden ser afectadas
por una de estas bacterias o por ambas a la vez.
Los
micoplasmas, además de su acción directa sobre el tracto respiratorio, son
agentes inmunosupresores, que facilitan la acción de otros patógenos, como por
ejemplo E. coli, provocando la Enfermedad Crónica Respiratoria (ECR) y de otras
bacterias y virus (Coriza infecciosa, bronquitis infecciosa, enfermedad de
Newcastle, Síndrome de Cabeza Hinchada, etc.).
La acción
simultánea de micoplasmas y otros patógenos respiratorios hace que el curso de
las enfermedades sea más severo.
Cuando el
tracto respiratorio se ve afectado, dada las características anatómicas del
mismo, los procesos infecciosos se generalizan, afectando a la totalidad del
organismo de las aves.
Habitualmente
se describió a MS como un germen poco patógeno. Sin embargo, en los últimos
años en Latinoamérica y otros lugares del mundo, se han encontrado cepas de
alta patogenicidad, que afectan no sólo a las membranas sinoviales y
articulaciones, sino que colonizan y causan daños al tracto respiratorio en su
conjunto, afectando la sanidad y resultados productivos.
En pollos son
responsables de severas infecciones respiratorias, muy difíciles de controlar,
con la consiguiente pérdida en los parámetros productivos (crecimiento diario,
viabilidad, conversión), y en ponedoras comerciales y reproductoras ocasionan
la pérdida de hasta 20 huevos por ave alojada.
Las
infecciones conjuntas con MG y MS, provocan cuadros más serios y más difíciles
de controlar que cuando las aves son afectadas sólo por uno de ellos. En
postura comercial, retrasa y disminuye el pico de producción y la persistencia
es menor.
Programas de prevención
y control
El primer
paso es recibir aves libres de MG y MS. Siempre se debe evaluar si las aves son
reactoras por prueba de Aglutinación en placa a MG y MS. Esta prueba no
requiere de inversiones en equipamiento y puede ser realizada por personal con
entrenamiento básico. En caso de haber reactores positivos, puede confirmarse
el diagnóstico por pruebas más sofisticadas.
Bioseguridad
Debemos tomar
todas las medidas necesarias para evitar que la enfermedad ingrese en la
granja. La transmisión a través del aire es posible en distancias de hasta 1
km, sin embargo la transmisión mecánica es mucho más frecuente, ya sea a través
de vectores como aves silvestres y roedores, o a través del personal o
implementos entre distintas granjas.
Los
micoplasmas son microorganismos frágiles, que viven fuera de las aves menos de
1 semana, por lo cual el vacío sanitario UtotalU entre lotes, de al menos 4
días garantiza que el ciclo de enfermedad termine.
Medidas a tomar
Los objetivos
principales de todos los programas de control son:
♦
Evitar el
ingreso de la enfermedad por medio de estrictas medidas de bioseguridad
♦
Buscar que
si las aves son infectadas el impacto económico sea mínimo.
♦
Si no se puede
garantizar que la enfermedad ingrese a la granja, debe efectuarse un programa
de prevención, manteniendo la integridad del sistema inmune y con cronogramas
de vacunación específicos contra las enfermedades respiratorias, incluyendo
micoplasmas.
Programas con antimicoplásmicos
Los
antibióticos que se utilizan en la prevención y tratamiento de las
micoplasmosis aviares, pertenecen al grupo de los macrólidos. Estos actúan
inhibiendo la síntesis proteica en los microorganismos sensibles.
Las drogas
utilizadas más frecuentemente son:
♦
Tilosinas
♦
Eritromicina
♦
Tiamulina
♦
Tilmicosina
♦
Josamicina
♦
Lincomicina-espectinomicina
♦
Espiramicina
♦
Kitasamicina
Una de las premisas en el tratamiento y control a través de antibióticos de los micoplasmas, es tener en cuenta que éstos, aunque tienen una gran capacidad de difusión, necesitan de varias semanas luego de la colonización, para causar lesiones serias en las aves.
Aprovechando
esta característica, se han planteado esquemas de medicaciones periódicas con
estos productos, a dosis terapéuticas, como lo son los esquemas de 1 semana de
medicación cada 4 a 5 semanas o de 5 días cada 30.
Hablar de
dosis terapéuticas significa que debemos alcanzar niveles de Concentración
Inhibitoria Mínima, por al menos 3 a 5 días, en los sitios donde se acantonan y
multiplican los micoplasmas.
El objetivo
de estos tratamientos es mantener una carga mínima de micoplasmas entre
tratamientos, logrando así que el ave los controle, disminuyendo los efectos
negativos de los mismos.
Debemos tener
especial cuidado en los momentos de máximo estrés, como despiques, vacunaciones
de virus de replicación respiratoria, traslados, y en el pico de producción de
reproductoras y ponedoras (donde mantienen un alto nivel de producción e
incrementan el peso corporal y del huevo).
Muchos
estudios muestran el sinergismo, in vitro, de la adición de distintas sales de
tetraciclinas a los macrólidos.
Dosificaciones de los antimicoplásmicos
utilizados con mayor frecuencia

Al medicar reproductores, revisar la dosificación de acuerdo a ingesta diaria y peso corporal.
La medicación
continua de las aves a dosis inferiores a las terapéuticas, es una práctica
utilizada por algunas empresas. Esta clase de programa, con el correr del
tiempo, puede permitir la aparición de bacterias resistentes.

La vía
inyectable puede ser utilizada. Sin embargo, para poder alcanzar niveles
terapéuticos prolongados habría que realizar sucesivas inyecciones diarias, con
el estrés y reacciones locales y generales en las aves.
Uso de vacunas
La utilización de vacunas permite generar inmunidad contra estas bacterias, sin que se produzcan residuos de antibióticos que requieran de períodos de retiro.
Una
condición imprescindible para que sean exitosas es llegar al momento de la
vacunación con aves libres, sin infección de campo de micoplasmas.
Por lo
tanto, solo podremos vacunar aves que hayan sido recibidas libres y mantenidas
en esta condición hasta la vacunación.
Vacunas inactivadas
Las bacterinas, tanto para MG como para MS, permiten reducir la diseminación y multiplicación de los micoplasmas dentro del ave, disminuyendo la transmisión horizontal y vertical y minimizando las pérdidas productivas. No previenen la infección de las aves.
La respuesta de anticuerpos que originan, complica los métodos tradicionales de diagnóstico y dificulta conocer el momento en que los lotes toman contacto con los micoplasmas de campo.
Para obtener una protección duradera, deben recibir durante la crianza 2 dosis. Su costo es elevado y son aplicadas en forma individual.
Vacunas vivas
Hay disponibles vacunas vivas contra MG, como la Cepa F, y las cepas termosensibles 6/85 y TS 11. Para MS se ha desarrollado la cepa termosensible MSH.
Estas vacunas colonizan principalmente el tracto respiratorio superior y brindan protección contra la infección por cepas de campo.
Por diferentes motivos, no todas estas vacunas están disponibles en varios países de Latinoamérica.
Hay numerosos reportes de desplazamiento de cepas de campo de MG a través del uso de la Cepa F. Esta cepa es patógena para los pavos.
Las diferentes cepas vacunales varían en su capacidad de diseminación entre aves y en sus niveles de protección, coincidiendo todas en que una sola dosis, si es realizada correctamente sobre aves libres, brinda un período de protección prolongado.
Las cepas termosensibles no crecen a las temperaturas normales del tracto reproductor, de al menos 41°C, por lo cual no hay transmisión vertical de estas cepas.
No deben utilizarse productos antimicoplásmicos al menos por varias semanas después de haber vacunado, dado que pueden eliminar la cepa vacunal, perdiéndose la capacidad protectiva de las mismas.
Debe tenerse en cuenta que en muchos casos hay infecciones conjuntas de MG y MS, por lo cual, si vacunamos solamente con un tipo de micoplasma con vacunas vivas, y las aves son infectadas por el otro, no habrá protección contra este, y se complicará la medicación de las aves si no queremos eliminar el micoplasma vacunal.
En Australia, se han realizado numerosas experiencias con vacunación simultanea contra MG y MS con vacunas vivas, con reportes positivos al respecto.
En varios países de Latinoamérica hacen primovacunación con vacuna viva de MG y revacunan con bacterina de MG obteniendo buenos resultados, pero a un costo elevado.
En general la primera vacunación contra micoplasmas, ya sea con vacunas vivas como inactivadas, se realiza entre las 4 y 8 semanas de vida. A esta edad, la mayoría de las muestras analizadas por aglutinación (ARP) o HI son negativas, ya sea por que realmente las aves no han tomado contacto con los micoplasmas, o por que el sistema inmune no ha sido todavía capaz de producir anticuerpos medibles por estas técnicas. Este “período ventana”, puede resolverse a través de técnicas rápidas de identificación como PCR, aunque no en todos los países se dispone en forma práctica esta técnica.
Si no se puede asegurar que las aves lleguen libres hasta la primovacunación por medio de bioseguridad, puede optarse por medicar con macrólidos hasta 1 semana antes de la aplicación de las vacunas vivas contra micoplasmas o hasta 1 semana después de la primera dosis, si se elige aplicar vacunas inactivadas.
Consideraciones finales
Los micoplasmas aviares siguen siendo un problema serio en las explotaciones avícolas, especialmente en áreas de alta densidad de aves.
Cada vez es más común ver infecciones conjuntas con ambos micoplasmas, y en consideración del autor, cada día son más difíciles de controlar con los programas tradicionales.
Por ello, se debe trabajar con aves provenientes de planteles libres de micoplasmas, y tratar de mantenerlas en esta forma a través de medidas estrictas de bioseguridad, que incluyan la ubicación de las nuevas granjas alejadas de otras, como lo contemplan la mayoría de los Programas Nacionales de Mejora Avícola.
En operaciones de reproductoras y broilers, se debe trabajar únicamente con sistemas de una sola edad. En granjas de postura comercial de múltiples edades, debemos contar con instalaciones de levante aisladas, donde se pueda realizar un efectivo programa de vacunación contra las enfermedades prevalentes en la región, incluyendo si se tienen disponibles, vacunas contra micoplasmas.
Utilizados racionalmente, los antibióticos antimicoplásmicos pueden ser de utilidad por mucho tiempo más, siempre que los usemos en niveles terapéuticos, respetando los períodos de retiro.
Es posible
que en el futuro se vayan desarrollando nuevas formas para controlar los micoplasmas
aviares, mientras tanto, debemos utilizar correctamente las herramientas de las
que disponemos actualmente, buscando
lograr la expresión del máximo potencial productivo de las aves.

Sinovitis Tarsal
Aerosaculitis Abdominal Caseosa

MS Bursitis Pectoral
Gleeson
J. MG/MS: Las vacunas y la bioseguridad. Industria Avícola, 1998.
Kleven
S.H. Control y erradicación de micoplasmosis. XVI Congreso Latinoamericano de
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Kleven S.H. Some perspectives on micoplasma
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Sumano,
H. Farmacología Veterinaria, 2ª edición. McGraw-Hill.
Interamericana
Whithear, K. Control of avian mycoplasmoses by
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