AA. 2007.
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de carpinchos
Introducción
Es el más
grande de los roedores que habita en varias regiones de América del Sur. Por su
pelo duro, medio cerdoso y la forma general del cuerpo, tiene cierta similitud
con el cerdo doméstico. Este animal vive en la orilla de los ríos, lagunas y
bañados, en cuyas aguas se zambullen rápidamente cuando les amenaza algún
peligro, pues son muy perseguidos por los tigres y los cazadores; éstos últimos
no sólo estiman su carne sino también su piel, para cuya venta encuentran
siempre fácil mercado.
Las
principales características de estos animales son: cabeza regular, orejas
chicas, cuello corto, ojos redondos y más bien pequeños; hocico redondo, patas
cortas, incisivos cortos y grandes, carece de cola y se alimenta de vegetales.
El marco natural
Dentro de la vasta área de distribución del carpincho -que abarca Panamá, Colombia, noreste de Perú, parte de Bolivia, Venezuela, Brasil, Uruguay, Paraguay y noreste y este de Argentina-, sus hábitat más característicos son las sabanas, las selvas húmedas y de galería, las selvas de hojas caducas y las cuencas de ríos y pantanos. Siempre se trata de zonas cercanas al agua y provistas de vegetación capaz de proporcionarle alimento y también refugio, ya que esta especie no construye albergues ni excava túneles sino que aprovecha los refugios naturales, incluso en el período de la reproducción.
Refiriéndose a los carpinchos de Venezuela -hasta ahora los mejor estudiados-, Ojasti caracteriza así los diferentes hábitats que los albergan:
♦
selvas en
galería, donde la vegetación cerrada brinda excelente refugio, pero con la
desventaja de la escasez de hierbas, lo que obliga al animal a salir a la
sabana próxima e incluso a emigrar a ella en épocas de lluvia.
♦
orillas de
lagunas permanentes en medio de un bosque, hábitat que tampoco es óptimo ya que
el principal alimento disponible es sólo vegetación
acuática;
♦
arroyos
anegados y esteros con vegetación acuática, que sirven de refugio pero
únicamente proporcionan alimentación de emergencia;
♦
esteros
rodeados de sabanas, muy frecuentados por los carpinchos aunque carecen de
abrigo natural, salvo algunos grupos dispersos
de árboles;
♦
matorrales
espinosos a orillas de aguadas, que además de permitir la cómoda obtención de
alimento ofrecen muy buen refugio.
Una especie apacible
Por la mañana
descansa. Lo hace preferentemente a la sombra, sobre el vientre, con la cabeza
levantada del suelo o apoyada en las patas delanteras. Así lo describe Darwin
cuando, en 1832, visita Maldonado (Uruguay):
"Durante
el día están tendidos entre las plantas acuáticas o van tranquilamente a pacer
la hierba de la llanura. Vistos desde cierta distancia su paso y su color les
hace parecerse a los cerdos; pero cuando están sentados, vigilando con atención
todo lo que pasa, vuelven a adquirir el aspecto de sus congéneres los cavias y
los conejos. La gran longitud de su maxilar les da una apariencia cómica cuando
se les ve de frente o de perfil".
Hacia el
mediodía, cuando aumenta el calor, se sumerge en el agua hasta regular la
temperatura de¡ cuerpo y combatir, de paso, los parásitos externos.
A mitad de la
tarde y hasta las primeras horas de la noche se dedica a comer, paciendo con la
boca a ras del suelo. Mastica lenta y concienzudamente, moviendo las mandíbulas
de atrás hacia adelante.
Si bien en
ambientes tranquilos se lo puede ver activo durante el día, es un animal de
hábitos crepusculares y nocturnos y en zonas en que es muy perseguido sólo se
aventura de noche. Algunos individuos son más mansos que otros, pero, en
general, es posible mantenerlos en cautividad o semi-domesticidad. En ciertas
zonas de Venezuela, por ejemplo, no es raro observarlos de noche en los patios
de las casas.
La convivencia en la
manada
Tras una
gestación relativamente prolongada -según distintos autores el promedio varía
entre 122 y 153 días-, las crías (de una a siete) nacen en un estado de
desarrollo avanzado, y a los pocos días están en condiciones de seguir a la
madre. La hembra, que posee cinco o seis pares de pezones vientre laterales
poco salientes, amamanta a los hijos hasta los cuatro meses. Lo hace de pie y
con las crías acostadas a cada lado. No parece haber, posteriormente,
entrenamiento ni cuidados especiales para con los hijos.
Las familias
constituidas se mantienen, ya que los jóvenes acompañan a los padres tanto en
el reposo como en la actividad.
Otros grupos
familiares están compuestos por un macho y varias hembras, con o sin crías. De
hábitos gregarios, el carpincho vive en manadas sedentarias y de tamaño
variable según las estaciones.
Integradas
por individuos de ambos sexos y distintas edades, las manadas están originadas
probablemente en una sola familia y responden a la necesidad impuesta por la
dependencia de¡ animal con el cuerpo de agua que debe compartir. Parecen
constituir sociedades relativamente
cerradas, con organización jerárquica e intolerancia por parte de los machos
hacia los ejemplares de su mismo sexo pertenecientes a otras manadas o
solitarios.
El número de
individuos de cada manada es variable: en el Parque Nacional de El Palmar (Entre
Ríos) y en la laguna La Brava (provincia de Buenos Aires) se han observado
grupos de doce a treinta integrantes. Ojasti consigna que la media del tamaño
de las manadas en Apure (Venezuela) varía entre seis y dieciséis individuos. En
época de sequía es posible observar:
♦
Debido a
la reducción del hábitat apto para la especie, agrupamientos de manadas que
superan treinta miembros.
♦
La
distancia entre individuos varía entre cincuenta centímetros -cuando están en
reposo- hasta cien metros, mientras pastorean, momento en que se registra la
mayor dispersión. Durante los desplazamientos de las manadas, que se realizan
en fila india, también se conservan las distancias. En éstos casos el pisoteo
continuo va formando una zanja que, al profundizarse, llega a actuar como cauce
de drenaje.
♦
Dentro del
área de acción del carpincho Azcárate reconoció tres tipos de lugares: uno de
reposo, otro para bañarse y uno de pastoreo. Animales de una misma manada
suelen superponer sus áreas, pero cuando individuos de una manada invaden el
área de otra pueden producirse encuentros agresivos entre los machos, las
hembras o los jóvenes.
♦
En
general, las actitudes antagónicas tienen que ver con las relaciones
jerárquicas y con las rivalidades sexuales momentáneas. Hay parejas, por
ejemplo, que no toleran la presencia de ejemplares jóvenes en las proximidades
y llegan a atacarlos con su poderosos incisivos. La comunicación entre
individuos se establece a través de diversas señales: gritos, aullidos, saltos,
erizamiento del pelo, etc.
Cómo se alimenta
Esta singular
adaptación del carpincho o "puerco de agua", según lo bautizó Linneo,
llevó a algunos estudiosos del siglo pasado,
como Humboldt y Buffon, a incluir peces en su dieta. Pero el carpincho es casi
exclusivamente herbívoro. Y si bien puede
alimentarse de plantas acuáticas, prefiere las gramíneas ribereñas,
seleccionando los pastos diminutos y tiernos.
También suele
roer la corteza de los árboles, para lo cual está provisto de poderosos
incisivos que -como en todos los roedores-
crecen continuamente, varios milímetros por semana, para compensar la abrasión
a que se ven sometidos. Los animales
jóvenes son capaces de destruir cultivos de maíz y de caña de azúcar.
Mantenidas en cautividad, las crías pequeñas
se alimentan con leche de vaca, pan, raíces, etc.
El pelaje
Aunque no hay
suficiente información al respecto, se supone que el animal renueva su pelaje
de tanto, en tanto, ya que éste, se ve permanentemente afectado y desgastado
por los restos de arcilla que le quedan adheridos después de los frecuentes baños por el contacto con los matorrales en los
que se refugia. De cualquier manera, el pelaje va variando con la edad, llegando a ser más denso y más completo a
partir de la edad juvenil. En el recién nacido, los pelos que cubren el dorso y
los flancos son cortos y rígidos, oscuros en los
extremos y con una banda pardo clara en el centro, mientras los que cubren la zona ventral son de un solo color: pardo claro.
El pelaje del adulto está compuesto por pelos largos y aplanados, pardos y rojizos; el pelo original sólo persiste en la
parte superior del hocico y, a veces, en la frente. En ocasiones, el pelaje
dorsal es muy ralo y deja ver la
epidermis marrón oscura, en oposición a la del vientre, que es clara.
Un hábitat compartido
El carpincho
puede compartir un cuerpo de agua con vacas y caballos sin prestarles mayor
atención. En ocasiones se lo ve también junto a yacarés -aunque éstos llegan a
atacar a las crías en el agua-, y hasta permite que algunas aves se posen sobre él y le registren
el pelaje o lo utilicen como mirador para atrapar insectos. Los enemigos
naturales del carpincho son el yaguareté, el ocelote y los cánidos, pero en la
actualidad, y dada la virtual desaparición
de los grandes felinos, los principales depredadores son los perros y,
fundamentalmente, el hombre. Cuando el carpincho es sorprendido lanza un grito
-"una especie de gruñido sordo"... parecido al "primer ladrido
ronco de un perro grande", según Darwin- y huye alborotadamente,
escondiéndose en los pastizales altos, los matorrales o la vegetación acuática,
o zambulléndose en el agua. Sí advierte de lejos la presencia de¡ hombre -y en
condiciones en que está muy acosado es capaz de descubrirlo a través de un
kilómetro de distancia - escapa lo más sigilosamente posible. Las hembras huyen
primero, junto con los más jóvenes, mientras
los machos vigilan, lanzando voces de alarma o castañeteando los dientes, y
resistiendo tenazmente si son acorralados. Parece ser que, por esta razón, los
machos son capturados mucho más fácilmente que las hembras.
Temen mucho a
los perros y escapan rápidamente frente a uno solo que les ladre. Cuando se ven rodeados se defienden a
mordiscones, pero, en general, en forma individual y poco eficiente. Los
que más sufren la depredación son los animales jóvenes, que pueden ser abatidos
por un solo perro.
El cortejo
acuático
El carpincho,
cuyo ciclo vital alcanza alrededor de diez años, ya está preparado para la
procreación entre el año y medio y los dos de vida. A primera vista es difícil
distinguir el sexo, puesto que los genitales externos de machos y hembras están
encerrados por el pliegue anal. Según algunos autores, el macho sería de mayor
tamaño que la hembra; sin embargo, Ojasti registra un peso promedio mayor en
las hembras que en los machos. Al macho se lo suele reconocer por una
protuberancia sobre el hocico, llamativa en algunos ejemplares y muy poco
desarrollada en otros. Se trata de una glándula -el morrillo- que crece a
partir de un cierto peso del animal (entre 35 y 40 kg) y que está aparentemente relacionada con la
marcación territorial. Entre los machos adultos tiene más de dos centímetros de
altura, carece de pelo y está cubierta de una piel negra y brillante.
Otros signos
de diferenciación son los incisivos, significativamente más anchos en los
machos que en las hembras, y el color de¡ pelaje que cubre nalgas y bajo
vientre, más oscuro en el macho. La dependencia del carpincho con el medio
acuático incluye el momento del cortejo y la cópula. Cuando el macho comienza a
perseguir a la hembra, olfateándole y tocándole la región genital, ella, sin
alterar el paso y como indiferente, guía a su compañero hasta un cuerpo de
agua, donde ambos se bañan. La hembra se zambulle varias veces, desapareciendo de la superficie y
alejándose del macho, que vuelve a buscarla. Finalmente, y en aguas de poca
profundidad (menos de cincuenta centímetros), el macho cubre a la hembra, que
puede sumergir la cabeza y elevar la cola mientras lanza breves chillidos. La
cópula es breve, apenas unos pocos segundos. Luego ambos nadan y la repiten
unas quince veces seguidas y hasta tres en un minuto.
No es raro
que varias parejas copulen a la vez y en un mismo cuerpo de agua,
produciéndose, de tanto en tanto, intercambios de compañero. Ocasionalmente,
una hembra puede interferir los cortejos de una pareja, o un macho disputarle
la hembra a otro.
Importancia ecológica y
económica
Tanto por su
carne, importante alternativa en el consumo de proteínas, como por su cuero,
utilizado en marroquinería y tapicería y muy cotizado en Europa, el carpincho
puede considerarse como un significativo recurso natural, lo que ha motivado
una explotación irracional que afectó sensiblemente las poblaciones naturales,
que se han visto muy mermadas en algunas zonas de Entre Ríos y Corrientes y en
Uruguay. Abundante en las sabanas de Venezuela y Colombia, así como en el este
de Paraguay, el pantanal del Matto Groso, la región boliviana del Beni y la
cuenca amazónica, el carpincho se encuentra protegido en la Argentina en los
parques nacionales El Palmar, lberá e Iguazú y en la reserva natural Formosa.
En Venezuela
y Colombia el interés fundamental reside en la carne, blanca y por lo general
sabrosa, aunque ocasionalmente puede estar afectada por un cierto sabor a
almizcle. Curiosamente, este tipo de carne es todavía muy poco consumida en
Argentina y Uruguay, donde, en cambio, el carpincho ha sido perseguido -hasta
casi llegar a su extinción en algunas zonas- por el valor comercial de su
cuero, con el que se fabrican guantes, zapatos, cinturones, abrigos y
artesanías.
Visto que no
se lo puede considerar como un competidor serio del ganado por el forraje -lo
es sólo en grandes manadas y en la estación seca- y que carece de enemigos
naturales significativos, parecería lógico suponer que un manejo racional de
sus poblaciones por parte del hombre puede transformar al carpincho en un
recurso natural importante, que proporcione en forma rentable y continua carne
para la alimentación humana en áreas poco propicias para la ganadería y
productos primarios para marroquinería. A este respecto es interesante
consignar el desarrollo que en Venezuela y Brasil tuvieron, en los últimos
años, algunos proyectos de investigación tendientes a su explotación racional,
tanto en estado salvaje como en cautividad o semi-domesticidad.
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