El capibara o carpincho (Hydrochoerus hydrochaeris), estado actual de su producción

FAO, Departamento de Agricultura. 2007.

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1. EL ANIMAL

1.1 clasificación

El capibara (Hydrochoerus hydrochaeris) es el roedor más grande del mundo, y pertenece al suborden Caviomorphae, a la familia Hydrochoridae y a la subfamilia Cavioidae.

Anteriormente fue clasificado con los siguientes nombres científicos (Mones y Ojasti, 1986):

Cavia capybara (Pallas, 1766).

Sus hydrochaeris (Linnaeus, 1776).

Hydrochoerus capybara (Erxleben, 1777).

Capiguara americana (Liásis, 1872).

Hydrochoerus irroratus (Ameghino, 1889).

Hydrochoerus urugnayensis (Ameghino y Rovereto, 1914)

Hydrochoerus cololoi (Berro, 1927).

Mones (1981) suministra sinonimias adicionales. Sin embargo, el género Hydrochoerus incluye actualmente solo dos subespecies: Hydrochoerus hydrochaeris e Hydrochoerus isthmius. El H. isthmius es más pequeño que el H. hydrochaeris, y presenta además frontales más espesos y anchos, un diastema más largo y terigoides más cortos y gruesos.

La evolución histórica de este roedor ha sido investigada por paleontólogos uruguayos y argentinos. Es uno de los mamíferos que evolucionaron en América durante la era Cenozoica. Su filogenia se remonta al Oligoceno inferior sudamericano. En el Mioceno la evolución produjo una divergencia entre los Eocardidae e Hydrochoeridae (antiguos capibaras), que se desarrollaron conjuntamente, y los Cavioidae (donde se encuentran los cobayos o cuyes) que lo hicieron en forma independiente. El animal ancestral se llamó Cardiatherinae, de mayor corpulencia y tamaño. En el Pleistoceno existían por lo menos seis géneros con varias especies, según los fósiles descubiertos desde el sur de los Estados Unidos hasta el sur de la Argentina. Estos fósiles provienen de individuos de hasta el doble de tamaño que los actuales capibaras y con mayor especialización.

La especie actual proviene del Sudamérica y como dice Ojasti (1971) : “A pesar de su antigüedad, es una especie vigorosa, bien adaptada y ampliamente distribuida en gran parte de la América tropical.”

1.2 Nombres Comunes

Los nombres comunes de este roedor son numerosos. Su denominación cambia entre y dentro de los países siguiendo vocablos indígenas.

En Argentina se le llama en el norte capibara o capivara, y en el sur capiguara y carpincho, siendo este último el nombre más común en el país.

En Colombia recibe los siguientes nombres por regiones, capibara en el Amazonas; dia-baj en Tucumo; capybara y julo en el Caquetá y en Guayabero; capibara y jesús en el Ariari Sur; chigüiro, tanacoa, pataseca, bocaeburro y culopando en la Intendencia del Arauca-Casanare; ponche y cabiari en el río Magdalena; y sancho en el Cauca.

En Panamá se le llama poncho; en Paraguay, carpincho, capybara y capiguara; y en Perú, ronsoco, samanai y capibara. En Venezuela es conocido actualmente como chigüire, como lo llamaban los indígenas Cumanagotos y Palenques, pero anteriormente recibía los nombres de capigua por los Caribes, capiba por los Tamanacos, kiato por los Manipures, chindó por los Yaruros y chindoco por los Guahibos.

Es conocido en el mundo anglosajón por la voz Guaraní de capybara. En alemán lo llaman wasserschwein y en holandés (Surinam) waterzuyn. En la Guayana Francesa se le conoce como cochon d'eau o cabiai.

Sin duda el nombre más generalizado es capybara, pero en Venezuela y Colombia los nombres de chigüire o chigüiro están muy enraizados y difícilmente se podrán cambiar.

1.3 Distribución

La distribución actual del capibara está indicada en la figura 1.

 

Figura 1

Figura 1

 

La subespecie H. isthmius está presente en Colombia en la zona noroeste; en la costa atlántica; en los valles bajos de los ríos Sinú, Atrato y Cauca; y en los valles del bajo y medio Magdalena y del César. Hay todavía unos pocos capibaras de la misma subespecie en el departamento del Valle y en el litoral pacífico (Mendoza 1991). En Venezuela se encuentra en el noroeste y en los márgenes del lago de Maracaibo, y en Panamá está presente en el Tapón de Darién, llegando hasta el canal.

El H. hydrochaeris se encuentra en el este de Colombia, en los Llanos Orientales, en los llanos de Venezuela, en Surinam, en Guyana y en Guyana Francesa. Lo mismo que en las región amazónicas de Ecuador, Perú, Bolivia y Brasil. En este último país se encuentra ampliamente distribuido excepto en Nordeste. También se encuentra en Paraguay, en Uruguay y en la parte norte de Argentina, llegando hasta el río Quenequen en la provincia de Buenos Aires. Por lo tanto, geográficamente corresponde a las cuencas hidrográficas de los principales ríos sudamericanos, Orinoco, Amazonas, Paraná y Río de la Plata. No hay referencias de su existencia por encima de los 1,300 msnm (Ojasti, 1973), y por tanto no está presente al otro lado de los Andes.

Lo anterior soporta el argumento que el H.isthmius sea considerada como una subespecie, con un origen más antiguo que la resurgencia del macizo andino.

Los datos sobre los fósiles de Hydrochoerus han sido muy bien estudiados y reportados. Mones y Ojasti (1986) dicen que las tres subfamilias reconocidas como Hydrochoeridae son: Cardiatheriinae del Mioceno superior y del Plioceno superior; la subfamilia Protohydrochoerinae del Plioceno y la subfamilia Hydrochoerinae del Plioceno reciente. La subfamilia Hydrochoerinae incluye tres géneros fósiles, Neochoerus e Hydrochoeropsis, desaparecidos totalmente, y Hydrochoerus que ha dado origen a las dos subespecies existentes actualmente.

1.4 Descripción del Animal

El capibara tiene por lo común de 1 a 1.5 m. de longitud, 0.5 a 0.65 m de altura a la cruz y 50 kg o más de peso adulto. Donaldson (1975) obtuvo un peso de 75.8 kg en los EE.UU.

Su peso y talla se incrementan con la latitud hacia el sur. En los llanos (Venezuela y Colombia) tiene un peso entre 45 y 50 kg, mientras que en Argentina y al sur de Brasil sobrepasa los 80 kg. La calidad y la abundancia de los pastos, que aumentan del ecuador hacia el sur, podrían explicar estas diferencias en tamaño.

El cuerpo del capibara es ancho y macizo, con cuello corto y cabeza prolongada, alta y ancha. El hocico es obtuso, con labios superiores hendidos. Las orejas son pequeñas, sin pelos y muy movibles. Los ojos y orificios nasales están situados en la parte superior de la cabeza como adaptación a la vida acuática. Sus extremidades son cortas en relación al volumen corporal, siendo las traseras más largas (20 a 25 cm) que favorecen un rápido arranque. En reposo se para sobre sus patas posteriores. Las patas anteriores tienen cuatro dedos y las posteriores tres, como el danta (Tapirus terrestris). Todos los dedos están unidos entre sí por pequeñas membranas natatorias y están dotados de uñas fuertes y gruesas. Este animal puede nadar vigorosamente y permanecer debajo del agua bastante tiempo.

 

Fotografía 1  Fotografía 2

Fotografía 1. Cabeza del capibara mostrando la glándula sebácea o morrillo.

Fotografía 2. Hembra amantando de pie a sus crías.

 

Carece de cola y tiene en su lugar un repliegue que oculta el ano y las partes genitales. Todos los animales presentan una glándula sebácea en la parte superior de la cabeza, con apariencia de una protuberancia oscura o verruga grande (Fotografía 1). Este morrillo es visible desde al primer año de edad en los machos y se continúa desarrollándose en los machos adultos hasta alcanzar un tamaño de entre 8 y 10 cm. Consiste en numerosas células secretoras de un líquido blanco y pegajoso que les sirve para marcar el territorio del grupo familiar.

Las hembras poseen seis pares de tetas funcionales, distribuidas desde el área pectoral hasta la inguinal, y amamantan a sus crías paradas (Fotografía 2).

El capibara, a diferencia de los otros roedores, es el único que presenta en su piel glándulas sudoríparas (Pereira et al., 1980), aunque en menor proporción que otros animales domésticos. Su epidermis es ondulada con numerosas cavidades y pliegues. La dermis contiene numerosos folículos pilosos, generalmente en grupos de tres, cada uno de los cuales tiene asociada una glándula sudorípara desarrollada. Cada pelo emerge en un ángulo muy agudo y cada folículo piloso tiene asociado un músculo piloerector y glándula sebácea respectiva. Estas características permiten identificar la piel del capibara y diferenciarla de otras de menor valor.

El capibara se mueve en tierra con agilidad, corriendo con destreza y gran velocidad distancias de hasta 100 a 200 m, pero luego se agota con facilidad. Generalmente se dirige hacia el agua, donde se zambulle y sumerge hasta por varios minutos. Al estar distante del agua es presa fácil de sus predadores, o cazadores a caballo, por falta de guarida. Si corre prolongadamente se fatiga y entra en hipertermia, (se ha medido más de 41°C de temperatura corporal antes de morir). Es un animal de hábitos nocturnos cuando es muy perseguido, pero por lo general es manso y diurno. Gusta de la sombra y el resguardo de los árboles, y sobre todo de los arbustos, para esconderse con toda la manada o grupo familiar (Fotografía 3).

 

Fotografía 3

Fotografía 3. Crías al resguardo de los arbustos

 

Generalmente permanece cerca de los cuerpos de agua (Ojasti, 1991) y no se aleja más allá de los 500 m. Es considerado animal semiacuático ya que su distribución en la sabana está limitada por la presencia de los cuerpos de agua.

2. COMPORTAMIENTO Y ECOLOGÍA

El papel ecológico de una población animal dentro de un ecosistema está determinado por su ubicación dentro de éste y sus relaciones determinadas por la trama trófica del sistema. Su importancia la definen la abundancia de la producción primaria, su disponibilidad y distribución anual.

El capibara es el mamífero nativo de mayor talla que comparte el nicho ecológico del herbívoro que pastorea la sabana inundable. Por lo tanto, su función dentro del ecosistema es transformar la biomasa vegetal -el pastizal - en carne, es decir, en biomasa animal. Sus efectos sobre la vegetación, circulación de nutrientes y suministro de energía a biofagos secundarios incluyendo al hombre puede considerarse como su papel fundamental en los ecosistemas sabaneros (Ojasti, 1991).

Las sabanas inundables constituyen los pastizales naturales más productivos de los ecosistemas sabaneros. En Venezuela, la sabana ocupa la cuarta parte del territorio nacional (alrededor de 220.000 Km2). Las sabanas inundables comprenden la cuarta parte de este ecosistema, es decir, más de 5 millones de hectáreas.

En Sudamérica el ecosistema pastizal natural sobrepasa los tres millones de kilómetros cuadrados, ocupando la sabana la mayor parte de este ecosistema. Las sabanas inundables están ampliamente distribuidas en Sudamérica, ocupando desde el norte de Argentina hasta el sur de Venezuela amplias zonas anegadizas de los innumerables ríos, manteniéndose un paisaje y una composición botánica muy similar a todo lo largo de este gradiente latitudinal. Podríamos decir, que las sabanas mal drenadas del Beni (Bolivia), del Chaco y Corrientes (Argentina), Las Varceas (Brasil) y las de Banco, Bajío y Estero (Venezuela y Colombia), representan un continum ecológico de un pastizal natural muy utilizado por la ganadería del continente, por su amplia gama de forrajes, su alto valor nutritivo y amplio período de producción.

En Venezuela, el término de sabana inundable o mal drenada se contrapone al de sabanas altas bien drenadas, llamadas de Trachypogon por ser esta la especie de gramínea dominante.

Las mal drenadas comprenden dos grandes tipos de sabanas: las anegadizas ó sabanas de drenaje dificultoso, malo en general por poseer suelos poco permeables y escasa pendiente (menos de 0, 02%) y que se inundan por el represamiento natural de los ríos Apure y Orinoco, haciendo que las aguas pluviales inunden el llano bajo al inicio, del período de lluvias (junio-julio). Se caracterizan por un anegamiento de tipo pluvial, éstas son las sabanas llamadas por Ramia (1967), de Banco, Bajío y Estero.

Las sabanas de inundación, producto del desbordamiento de los ríos Apure y Orinoco, son sabanas con un aporte de nutrientes de origen aluvional que determinan una elevada fertilidad del suelo, lo que determina un pastizal abundante y de alta productividad, como lo es el Paspalum fasciculatum, llamado paja chigüirera o gamelote que de manera exclusiva se desarrolla en estas sabanas y le ha dado su nombre (Escobar, 1977).

Estas sabanas mal drenadas o inundables carecen de sustrato leñoso, que según Sarmiento y Monasterio (1969) caracteriza el ecosistema sabanero conjuntamente con el sustrato bajo graminiforme. Las sabanas inundables se distinguen por el doble juego de las condiciones edáficas y de relieve que junto al de una pluviometría muy abundante y estacional generan una formación típica de graminetum con ausencia del estrato leñoso (González Jiménez y Escobar, 1976). Este vasto ecosistema sudamericano constituye el lugar de origen y ecosistema donde vive el capibara actualmente.

2.1 Comportamiento

Los estudios de comportamiento realizados sobre esta especie son de singular importancia para poder manejar las poblaciones animales, tanto en los sistemas abiertos en condiciones naturales donde se cosecha al capibara como en los sistemas de confinamiento con miras a su domesticación.

El capibara es un animal muy sociable. La formación de los grupos familiares depende fundamentalmente de los siguientes factores del ecosistema donde vive: la sabana inundable, los períodos de lluvias, la topografía, la presencia de bancos con matorrales, la sequía, los diques que les permiten atravesar en invierno las sabanas inundadas, los predadores y el hombre. Todos estos factores determinan un comportamiento social que se necesitan conocer para implementar un sistema de producción acorde al ecosistema.

Los capibaras como la mayoría de los animales silvestres tienen un fuerte sentido de territorialidad. Sus actividades de pastoreo, reposo, baño y nado, reproducción y cópula se realizan dentro de un territorio o localidad que aporta una cantidad apreciable de agua.

La disponibilidad de cuerpos de agua con sus áreas de pastoreo, descanso, defecación y matorrales para guarecerse, constituyen el territorio ideal para que la manada viva y se reproduzca. Las sabanas denominadas de Banco, Bajío y Esteros (cuerpos de agua casi perennes) constituyen el ecosistema natural ideal donde vive esta especie en forma silvestre.

La ausencia de arbustos, la carencia de bancos con elevados y la disponibilidad de agua, hacen que el capibara emigre hacia otras áreas en busca de estos y de los pastizales requeridos para su alimentación. Los grupos de capibaras van a depender fundamentalmente de la disponibilidad de los cuerpos de agua, mientras mayor sea la disponibilidad, más dispersos estarán los grupos familiares y habrá menos predación.

En el verano, caracterizado por la ausencia de lluvia, los cuerpos de agua se reducen, las manadas se concentran y el grupo social se relaja. En este momento la predación es muy grande y la cacería más fácil. Actualmente la cosecha de las poblaciones de capibaras se realiza en marzo, bajo el sistema de control implementado en Venezuela (Ojasti, 1991).

La estabilidad del grupo social varía estacionalmente, siendo la cohesión más baja en al período seco del año, cuando en los grupos familiares hay animales ausentes y están presentes miembros extraños. La variación del tamaño del grupo es en este momento muy aleatoria, condicionando fluctuaciones muy marcadas. Al llegar las lluvias y la inundación, la subdivisión de estos grandes grupos y la reagrupación en los viejos grupos familiares son muy características (Ojasti, 1973). Estos grupos familiares se forman y reconstituyen año en la temporada de lluvias.

Aunque la filiación del grupo contempla un gran componente familiar, algunos grupos contienen miembros que entran y salen de él. En general los animales viejos, enfermos o agresivos son expelidos de las familias.

En un grupo típico existen en promedio 3 a 4 machos y 6 hembras (Azcarate, 1978). Sin embargo, en el grupo es admitido sólo un macho funcional, quien lidera al grupo, marca el territorio y ejerce la supremacía. El número de jóvenes varía según la época de pariciones, la cual depende muchas veces de la estacionalidad de las lluvias y de la existencia de cuerpos de agua, donde generalmente se realiza la cópula, (Ojasti, 1968).

La población de capibaras de un hato está estructurada en grupos estables de 8 a 40 animales de ambos sexos. El promedio de cada grupo se encuentra entre 7 y 10 animales. Cuando se incluyen los jóvenes puede sobrepasar los 15 animales. Con el advenimiento del verano las manadas pasen a ser de mayor tamaño, hasta 100 o más animales (Ojasti, 1973; Herrera, 1986; Azcarate Bang, 1978). Por lo tanto el promedio mensual de individuos por grupo familiar, contando sólo adultos, pasa por un mínimo de 5 a 6 individuos en julio, máximo del período de lluvias, a 15 y 16 en marzo, mes de mayor sequía.

La estructura del grupo está conformada por un bloque central de hembras con sus crías, los machos se encuentran en la periferia guardando al grupo y el macho dominante atisbando la trasgresión del territorio por cualquier extraño. Los machos subordinados muchas veces cambian de manada. Las crías siempre están integradas al grupo, pues es a ellas a quienes se defiende, ya que son los más buscadas por los predadores. La ausencia de vegetación arbustiva genera una mayor predación y una difícil estructuración del grupo familiar. Sin embargo, en condiciones muy favorables, en áreas de pastizal abundante, con agua y abrigo, los jóvenes capibaras llegan a conformar nuevos grupos de donde saldrá una nueva familia (Fotografía 4).

 

Fotografía 4

Fotografía 4. Grupo de capibaras jóvenes

 

Generalmente los capibaras, machos o hembras, llegan a la pubertad, cuando cumplen su primer año de vida y se van a constituir en nuevas unidades grupales quedándose muy pocos con el grupo familiar inicial. En este caso, cuando se están conformando los nuevos grupos muchos pelean y algunos llegan a morir.

En el Hato El Frío (Apure, Venezuela), y en los otros que practican la cosecha anual durante el verano, los ejemplares jóvenes que quedan después de matar a los adultos, se constituyen en grupos, pues las ventajas de estar integrados en un grupo son mayores que las de vivir individualmente defendiéndose todo el tiempo. Sin embargo, muchos son los machos que viven en la periferia de los grupos, pues la estructura social dominada por el macho más grande del conjunto le impide convivir dentro de éste. Sin embargo, algunas veces puede hasta preñar alguna hembra.

La protección ofrecida por el grupo es de gran valor en la vida silvestre. La vigilancia constante es la mejor defensa ante el intruso o predador. El amamantamiento de los jóvenes por las madres del grupo es comunitario, los jóvenes capibaras maman de todas las hembras recién paridas. Los capibaras comen hierba y maman desde que nacen, y dependen solo unas cinco semanas de la leche materna. Más que todo, estos jóvenes recién nacidos requieren del cuidado, de guarida y de defensa, para poder sobrevivir a los predadores. Este es el momento de la más alta mortalidad en la vida de este animal.

2.2 Comportamiento Territorial

El territorio de una manada comprende varias zonas determinadas donde ésta desarrolla sus actividades. Así, se encuentran zonas de descanso, defecación, de baño y otra de pastoreo, siendo esta última la más extensa. Frecuentemente los territorios no tienen limites bien definidos, produciéndose entonces verdaderas batallas entre las manadas. Dichos enfrentamientos, según Azcárate-Bang (1978), se realizan generalmente entre macho-macho, hembra adulta-hembra adulta, joven-joven y muy raras veces entre machos y hembras, machos y jóvenes o hembra y jóvenes. Al terminar la batalla, que normalmente dura unos 20 minutos, con el repliegue de las dos manadas hacia el interior de su territorio, varios animales quedan heridos, presentando en el lomo, el hocico y otras partes del cuerpo, como las patas, heridas sangrientas y profundas producidas por los mordiscos.

Existen varias formas de marcar el territorio, y en ello participan todos los integrantes de la manada, con diferentes sistemas de marcación. Los machos adultos, generalmente el padrote o macho funcional, restriegan contra las ramas de arbustos, plantas, herbáceas u otra vegetación existente, la glándula que poseen en el morrillo. Por otro lado pueden él y los integrantes del grupo pasarse las plantas elegidas para la marcación por toda la parte ventral del cuerpo, orinando al final sobre éstas, al mismo tiempo que estiran el cuerpo hacia adelante y presionan sus genitales contra las hierbas. Este último marcaje, según Azcárate-Bang (1980), es el más importante dada la frecuencia con que se efectúa y la posibilidad de ser realizado plenamente por todos los animales de la manada.

También los machos subordinados, los machos solitarios que se aislaron del grupo y los perdedores de las luchas por la supremacía en las manadas, han sido observados marcando territorio.

La marcación territorial sirve fundamentalmente para defender al grupo familiar, a la manada y al propio individuo solitario. Los capibaras al detectar la presencia de un intruso su principal reacción es la de emitir un ruido gutural muy estridente, para alertar al grupo. La reacción de alerta comienza cuando se yerguen sobre sus patas traseras, paran los pelos de la nuca y ciertas partes del dorso y va seguido de una carrera del grupo hacia el agua o refugio. En la vanguardia huyen las hembras con sus crías, en la retaguardia los machos. Estos últimos cuando perciben que la distancia se ha acortado mucho entre ellos y la causa del disturbio emiten otro bramido de alerta, más ronco y fuerte que el primero. Así se produce la estampida que los lleva a unos 200 ó 300 metros, lo cual los agota fácilmente. Agotados se esconden dentro del matorral o pajonal cuando no consiguen alcanzar su refugio acuático o cuando no tienen suficiente agua en el verano, también en esta época pueden esconderse dentro de una zanja profunda (Cruz, 1974).

En el invierno, periodo de abundantes aguas, cuando los animales se encuentran cerca de algún cuerpo de agua, lo más frecuente es que naden después de zambullirse durante algunos minutos (Fotografía 5) y se distancien del predador o intruso.

 

Fotografía 5

Fotografía 5. Capibaras nadando hacia un lugar seguro.

 

La natación se realiza mediante el movimiento alterno de los miembros con parte de la cabeza fuera. Sin embargo, puede permanecer sumergidos hasta 10 minutos para liberarse de algún predador.

El capibara siempre escoge cuerpos de aguas suficientemente grandes y conocidos por la manada para sentirse más seguro (Mendoza, 1991).

La especie ocupa según Ojastí y Mones (1986) una variada gama de hábitats además de las sabanas de Banco, Bajío y Esteros, y los márgenes de los ríos con de paja chigüirera, como son los manglares costaneros del delta y los deltas internos de la Amazonia, Orinoquia y el Pantanal del Matogroso, Brasil (Schaller y Crawshaw, 1981).

2.3 Hábitat

Las sabanas inundables son las típicas sabanas de capibaras. A primera vista, dan la impresión de tener una topografía plana, pero en realidad el terreno es discretamente ondulado. Los lugareños (llaneros) han distinguido tres distintas categorías: de Banco, Bajío y Estero. Cada una tiene diferentes niveles de inundación, diferencias fisonómicas y florísticas marcadas, así como características edáficas propias.

Banco: Los Bancos son sitios altos que no se inundan durante los meses de lluvia. Su origen es aluvial. En este existen numerosas plantas altas que sirven de resguardo al capibara. La Mimosa pigra, una leguminosa armada por la presencia de espinas, constituye la guarida ideal para las manadas de capibaras. (Ver Fotografía 3).

La cubierta herbácea es de porte mediano y bajo y está integrada por pastos altos, poco apetecidos por el capibara.

La composición de gramíneas varía entre un banco y otro, pero hay un grupo de especies propias de esta subunidad. Entre las más comunes están: Andropogon selloanus, Sporobolus indicus (tupuquén), S. cubensis, Paspalum plicatulum (gamelotillo), P. stellatum; Eragrostis, Leptocoryphium lanatum, Axonopus purpusii, A. crysoblepharis y Aristida capillacea.

También crecen en los bancos muchas leguminosas de los géneros Desmodium, Eriosema, Galactia e Indigofera de baja palatabilidad para el capibara.

Bajío: Los bajíos en este tipo de sabana se inundan durante la época de lluvias, pero en general el agua no alcanza una altura mayor de 20 cm. Sus suelos son comúnmente de textura pesada y ricos en arcilla.

La vegetación de gramíneas de los bajíos está constituida por pajas de diferentes portes y aspereza. Entre las gramíneas altas y toscas que ahí crecen están la cola de vaca (Andropogon bicornis), el carrizo (Panicum sp.) y la víbora (Imperata contracta). Entre los pastos suaves se encuentra particularmente la lambedora (Leersia hexandra) y la paja carretera (Paratheria prostata), que sólo es asequible al capibara y los caballos por su tamaño.

Esteros: Son estos los sitios más bajos de las sabanas y permanecer inundadas casi todo el año.

La cubierta de gramíneas de los esteros es baja. Abundan la lambedora (Leersia hexandra), la paja carretera (Paratheria prostata) y Reimarochloa spp. Además son frecuentes las colonias de platanico (Thalia geniculata) y de celedonia (Ipomoea crassicaulis).

Cuando el estero se inunda su aspecto cambia radicalmente. La vegetación herbácea queda cubierta por el agua. Se inicia el crecimiento de especies acuáticas y semiacuáticas, que a mitad de la temporada lluviosa llegan a formar tupidos colchones vegetales flotantes. Aparece un grupo de gramíneas propias de este hábitat y se propagan las llamadas pajas de agua (Panicum dichotomiflorum, P. elephantipes, Paspalum repens, Hymenachne amplexicaulis), los arrocillos (Oryza spp.), los boros (Eichornia spp.) y el boro dormilón (Neptunia sp.).

Sabanas de Paspalum: Las sabanas de Paspalum fasciculatum cubren todo el Bajo Apure y los rebalses de los ríos de la cuenca Orinoquense y de los grandes ríos de América tropical.

Constituyen una forma peculiar de la sabana inundable, que cubre grandes extensiones y su cubierta vegetal está prácticamente integrada por una sola especie, el gamelote chigüirero (Paspalum fasciculatum). Además, su topografía es muy plana, las inundaciones alcanzan un nivel muy alto y el suelo es aluvial.

El gamelote, también llamado paja chigüirera, es una hierba robusta, de gran desarrollo, que alcanza hasta dos metros de altura y una abundante producción de materia seca (Escobar, 1977). Retiene su verdor durante la sequía y es utilizada por las manadas de capibaras que viven en los márgenes de los ríos tanto como alimento como de refugio.

2.4 Comportamiento en Pastoreo

La utilización que hace el capibara de su hábitat sigue un conjunto de patrones bien establecidos como el de la mayoría de los herbívoros. Los ciclos de pastoreo son naturales y repetitivos, pudiendo ser nocturnos cuando existen cazadores, además sus hábitos nocturnos de roedor no desaparecen por su condición de pastoreador.

En un estudio de comportamiento realizado en Colombia por Gil y Jorgerson (1979), se observaron las actividades de pastoreo, reposo (acostado en tierra y en el agua), nado y juegos acuáticos. Se pudieron conocer las pautas de su comportamiento en pastoreo y se notó que el patrón del ciclo diario de actividades se repite cronológicamente. El pastoreo y el reposo ocurren desde las 7:00 hasta las 9:00 horas. En el Bajío y en el Banco pastan hasta que llega el mediodía. En el período de mayor calor e incidencia de los rayos solares, del mediodía hasta las 15:00 horas, se bañan, nadan, juegan y se reposan en el agua, pastorea esporádicamente hasta las 16:00 horas. El segundo período más intenso y definido de pastoreo comienza al inicio del crepúsculo entre las 18:00 y las 19:00 horas y puede durar hasta las 22:00 horas. Este pastoreo se realiza fundamentalmente en el bajío mientras existe abundante pasto. Puede pastorear de nuevo tarde en la noche, entre las 2:00 y las 5:00 horas, cuando se inicia el nuevo ciclo de pastoreo. Gil et al. (1976) constataron que estas actividades necesitaban un área de 10 a 15 hectáreas para poder realizarse. Sin embargo, advirtieron que los bordes de estas áreas podían ser compartidas por manadas adyacentes, mientras que el sitio para la siesta es privativo para cada grupo familiar.

Hay cambios del patrón con las estaciones, durante el período de lluvias dedican menos tiempo al pastoreo y demoran más tiempo metidos en el agua, retozando, nadando, jugando y reposando.

 

Cuadro 3.- Contenido proteico y consumo de las forrajeras del sistema banco, bajío y estero

en función de su estrategia metabólica (C3 ó C4) (González-Jiménez y Escobar, 1977)

Especies

Proteína Cruda %

% en la dieta

C3

C4

Hymenachne amplexicaulis

10.44±1.82

34.96

×

 

Leersia hexandra

9.43±0.98

29.16

×

 

Panicum laxum

8.52±0.93

11.88

×

 

Paspalum chaffanjonii

5.66±0.87

4.32

 

×

Sporobolus indicus

4.10±0.61

2.72

 

×

Eragostris acutiflora

3.96±0.28

1.04

 

×

Paspalum orbiculatum

4.00±0.53

0.94

 

×

 

 

85.02

76%Vs

9%

 

El consumo de los forrajes de la sabana de Banco, Bajío y Estero fue analizado por Escobar y González-Jiménez (1973), mediante la técnica análisis microscópicos de los remanentes cuticulares en las heces de esta especie. Este trabajo se realizó durante los tres períodos más críticos del año, el período de inundación, al retirarse las aguas y durante la sequía. Se obtuvieron los valores presentados en el cuadro 3, donde se nota cómo Hymenachne amplexicaulis, Leersia hexandra y Paratheria prostata constituyen las gramíneas más consumidas de este hábitat.

Además, se puede decir que el contenido proteico de estas gramíneas es el que define su preferencia (González-Jiménez y Escobar, 1977). Por otra parte, se puede señalar que tres cuartas partes del consumo de materia seca ingerida por los capibaras en ese ecosistema son gramíneas.

3. DIGESTIÓN Y ALIMENTACIÓN

El herbívoro juega un papel muy importante dentro del ecosistema del pastizal. Al consumir el forraje existente promueve un mayor crecimiento de las especies que conlleva a una mayor productividad de la sabana inundable.

El herbívoro es el reciclador de nitrógeno más eficiente de todos los animales, ya que en cuestión de horas, a través de la orina principalmente, hace soluble muy importantes cantidades de nitrógeno, que regresan de nuevo al pastizal y mantienen su fertilidad. Las grandes extensiones de sabanas tropicales y pastizales de los altiplanos y climas templados no existirían sin la presencia de los herbívoros.

Los carbohidratos estructurales de las plantas (celulosa, hemicelulosa, etc.) constituyen la fuente más abundante de la producción primaria de los ecosistemas. Los animales superiores no pueden utilizar estos compuestos directamente, debido a que no disponen de las enzimas requeridas para su hidrólisis o descomposición, y solamente mediante su asociación con bacterias que viven en su tracto digestivo es que los pueden utilizar. Todos los animales probablemente mantienen microorganismos en su tracto digestivo en una relación simbiótica provechosa. El beneficio para el animal depende de la estructura del tracto digestivo y de la naturaleza del alimento consumido (Parra, 1977).

3.1 El Sistema Digestivo del Capibara
3.1.1 Dentición y Masticación

La dentición de las diferentes especies animales varía de acuerdo a los hábitos alimenticios y otras funciones que tienen que desempeñar.

El capibara, al igual que otros roedores, se caracteriza por poseer cuatro incisivos muy desarrollados y la ausencia de caninos. Posee a cada lado cuatro dientes molariformes. La fórmula dentaria es la siguiente:

 

 

Los incisivos, de crecimiento continuo, son fuertes, largos y afilados, y cada par está íntimamente unido. El ancho del corte es de 2 a 3 cm (Escobar y González-Jiménez, 1971).

Entre los incisivos y el primer alveolo molar existe un espacio desprovisto de dientes (el diastema o espacio interalveolar), de 2 cm de ancho en el adulto. Los dientes molariformes se presentan en número de 4 en cada lado de las arcadas dentarias. Se componen de prismas transversales en el caso del último molar superior, que es tan largo como los tres molariformes anteriores juntos. Las caras masticatorias son aplanadas y unen a los prismas en toda su extensión y van dispuestos en plano inclinado con pendiente negativa.

Por este carácter, los molariformes superiores e interiores realizan un contacto muy íntimo de las caras masticatorias.

La articulación mandibular es muy peculiar; además de articular con el temporal lo hace también con el hueso molar. Las caras articulares del temporal y del molar forman un canal en el cual se desplaza con mucha libertad en el sentido horizontal el cóndilo de la mandíbula, lo que permite la predominancia de los movimientos de propulsión y retropropulsión por el gran desarrollo de los músculos masticatorios: digástrico y maseteros. Esto permite a la articulación mandibular realizar los largos movimientos anteroposteriores de masticación, molienda, desmenuzamiento y deglución que realiza este animal (Mendoza, 1977).

La molienda es muy efectiva por su potente capacidad de masticación, reduciendo los forrajes a partículas finas de 0, 001 a 0,3 mm2, Ojasti (1973), contribuyendo a la eficiencia digestiva de este roedor herbívoro. Baldizan et al. (1983) estudiaron este aspecto y reportaron que el 46, 5% de las partículas de alimento en el estómago tenían un tamaño menor a 0,15 mm2, demostrando su capacidad masticatoria. Este desmenuzamiento tan efectivo permite una mayor eficiencia en la extracción de substancias solubles y en el ataque microbiano.

En la lengua predominan de glándulas serosas (de Von Ebner), cuya finalidad es la de diluir las sustancias que llegan al surco circunvalador de las papilas donde se encuentran las cápsulas gustativas. Esto según Leal-Medina (1978) puede ser una de las razones por las cuales el capibara es un animal de palatabilidad selectiva. Tal vez dicha secreción sirva también para ayudar a la masticación tan minuciosa de este animal, la cual también sería ayudada por las papilas filiformes, cuya estructura está formada casi exclusivamente por la capa cornea. El capibara tiene una elevada producción salival que se explica por ser el parénquima de la parótida rico en acinis y numerosos conductos excretores.

3.1.2 Esófago y Estómago

El esófago tiene un epitelio cornificado. Esto obedece a que la mucosa tiende a protegerse del paso de los alimentos toscos como son los forrajes y más aún cuando están secos. Este órgano no presenta glándulas ni siquiera en la submucosa. Así que su lubricación, la cual normalmente debe existir para el deslizamiento del bolo alimenticio, estaría asegurada por la excesiva secreción de las glándulas salivales y linguales ya mencionadas.

En el estómago se observan las regiones que caracterizan los estómagos de los monogástricos, donde la porción cardial es muy pequeña, la fúndica muy desarrollada y la pilórica un poco mayor que la cardial.

Llama poderosamente la atención la gran cantidad de células parietales en las glándulas fúndicas, lo cual indica una gran producción de ácido clorhídrico. Este ácido, como ha sido demostrado, actúa como agente bacteriostático y también dando actividad al pepsinógeno para transformarlo en pepsina.

3.1.3 Intestinos

El intestino delgado presenta en la región del duodeno vellosidades cortas muy parecidas a las de los rumiantes.

Las vellosidades conniventes son muy desarrolladas, indicio de un alto poder de absorción, al igual que ocurre en los rumiantes. Las glándulas de Bruner no existen ni en el duodeno ni en el yeyuno. Como las células de estas glándulas son de tipo mucoso, podría ser que su secreción sea sustituida por la excesiva producción de mucus en el intestino grueso por parte de las glándulas de Lieberkuhn (Leal-Medina, 1978).

El yeyuno se presenta formado por vellosidades sumamente cortas que contrastan con las de los demás mamíferos. En apariencia la capacidad de absorción se vería compensada por su gran número y por el desarrollo de las glándulas conniventes del duodeno.

El intestino grueso es semejante al de los otros mamíferos, con la diferencia de que el ciego presenta pliegues, es allí donde se efectúa la absorción del agua y todos aquellos componentes hidrolizados tal como sucede en los otros roedores y herbívoros con fermentación bacteriana. Por último, en las observaciones al microscopio electrónico realizadas por Leal-Medina (1978) encontró que las glándulas fúndicas de este animal son muy parecidas a las de los otros animales, presentando sólo pequeñas diferencias en cuanto a la unión con las células vecinas, donde predominan las interdigitaciones.

3.1.4 Tamaño del Sistema Digestivo

El sistema digestivo en términos de tamaño, capacidad y volumen fue estudiado por Parra y González-Jiménez (1970). Sus pesos (Cuadro 4) muestran que el ciego es el mayor de los órganos de este roedor (37.7%), constituyendo los intestinos delgado y grueso casi el 70% de todo el tracto. Fernández (1981) en sus estudios anatómicos sobre el abdomen de esta especie hace un análisis topográfico de estos y estudia su irrigación. Mendoza (1984) estudia además de la topografía de órganos los trayectos vasculonerviosos.

 

Cuadro 4.- Peso de los órganos del tracto digestivo (Parra y González-Jiménez, 1972).

 

Peso (g)

% del peso vivo

% del peso del tracto digestivo total

Estomago

223±33

0,55

10,4

Intestino delgado

650±152

1,61

30,7

Ciego

798±132

1,97

37,7

Colon

273±97

0,68

12,9

Recto

175±43

0,43

8,3

Total

2188±37*

5,24

100,0

Promedio ± desviación estándar.        *Peso vivo promedio: 40,5±78

 

En la figura 2, se pueden ver las longitudes de los componentes del tracto. Si se compara su longitud relativa con otros herbívoros se nota cuán importante es el ciego en esta especie. Esto se evidencia cuando se pesó el contenidos del tracto digestivo del capibara (Cuadro 5), de donde se concluye que el 74% de la ingesta total de este animal se encuentra en el ciego.

 

Figura 2.- (Para y González Jiménez, 1972).

Figura 2

 

Cuadro 5.- Peso de los contenidos del tracto digestivo del capibara (g) (Parra y González-Jiménez, 1972).

 

Ingesta fresca*

Materia Seca

en % del total (MS)

Estómago

747 ±     275

113 ±   58

9,6

Intestino delgado

403 ±     250

38 ±   16

3,2

Ciego

4746 ±   1027

869 ± 274

74,0

Colon

386 ±       95

78 ±   31

6,6

Recto

231 ±     138

76 ±   59

6,5

Total

6672 ± 1391*

1175 ± 315

100,0

promedio ± desviación estándar.

 

Cuando se compara con otros animales la capacidad relativa de los diferentes comportamientos del tracto digestivo (Cuadro 6), definitivamente se concluye que el capibara es un herbívoro de digestión cecal y es el monogástrico que presenta la mayor capacidad relativa para este órgano.

 

Cuadro 6.- Comparación del volumen gastrointestinal del capibara con otras especies

Especies

Contenido total

Retículo Rumen

Estómago (abomaso)

I.D.*

Ciego

C+R**

(en % del peso corporal)

Vacuno

13–18

9–13

0.5

0.8

0.8

0.8–1.5

Bovino

12–19

9–13

0.7–1.6

0.9

0.9–1.6

0.5–0.7

Capibara

16–25

-

1.8

1.0

11.0

1.3

Conejo

7–8

-

2–7

0.6–1.8

2.5–7.8

0.7–1.3

*Intestino delgado         ** Colon y recto

 

Los herbívoros pueden ser clasificados en dos grandes categorías de acuerdo a la fisiología digestiva y al órgano principal de la digestión microbial (Parra, 1977). Los rumiantes tienen un comportamiento pregástrico muy desarrollado donde se efectúa la digestión microbial, es decir, donde esta digestión microbial precede a la gástrica. El otro grupo lo constituyen aquellos animales con un compartimiento postgástrico grande en los cuales la digestión gástrica e intestinal ocurre antes de la fermentación microbial, donde ubican un gran número de animales como el capibara, los equinos, los conejos y los elefantes entre otros.

3.2 Fisiología Digestiva

La característica fundamental del herbívoro es la gran capacidad del tracto digestivo para almacenar alimentos si se compara con los omnívoros y carnívoros.

Esto se debe a la dieta tan voluminosa que ingieren y a la necesidad de mantener por largo tiempo la digesta, para que el lento proceso fermentativo de la digestión bacterial pueda realizarse. Parra (1977) mostró que para rumiantes y no rumiantes (herbívoros monogást