Secretaría de Turismo de La Pampa. 2005.
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El ciervo colorado es originario de Eurasia y de Norteamérica, fue
introducido en el país en los primeros años del siglo pasado.
Es un animal de actitudes gregarias y a excepción de la época de brama vive
separado de las hembras.
Su magnífica cornamenta se renueva anualmente, es de conformación ósea y
durante el crecimiento se cubre de una felpa aterciopelada. En el otoño la
felpa cae y los ciervos ayudan al desprendimiento rozando sus cuernos contra
los árboles.

La cornamenta es un atractivo sexual incomparable y un arma defensiva para
la lucha contra sus rivales en el período de brama.
Entre los años 1907 y 1909 don Pedro Luro los introdujo en la Provincia de
la Pampa, en el parque de su propiedad llamado “San Huberto”.
En 1965 el Gobierno de la Pampa adquiere 3200 has. De la propiedad para
incorporar el predio a la actividad turística, alambrándolo con un tejido de
dos metros de altura.
La Reserva Natural de Parque Luro, distante
El avistaje de ciervos en brama en la Reserva Natural del Parque Luro
consiste en visitas guiadas que se ajustan a una serie de condiciones fundadas
en el respeto a los tiempos de la naturaleza y al ecosistema existente.
Aspectos que se relacionan con una actitud de compromiso con el entorno
natural.

Específicamente las visitas consisten en:
♦
Comienzo aproximado en la primera semana de marzo y hasta mediados de
abril, en un período estimativo de 45 días
♦
Programación estipulada en dos tiempos: el amanecer y a la tarde noche que
son los períodos de actividad de los ciervos.
♦
Excursiones de no más de 20 personas.
♦
Vestimenta apropiada que se mimetice con el paisaje.
♦
Están permitido el uso de cámaras fotográficas, filmadoras , prismáticos.
El primer propietario de lo que hoy conforma la Reserva Provincial del
Parque Luro fue don Ataliva Roca quién le cedió a su yerno el doctor Pedro
Olegario Luro las primeras 3.000 has. Luro llamó a su propiedad “San Huberto”.

Este nombre se relaciona con la intención de Pedro Luro de convertir la
propiedad en un coto de caza. San Huberto es precisamente el protector de
la caza en Europa.
En 1916 el Banco Hipotecario Nacional remata por primera vez a “San
Huberto” que es adquirido por Alejandro Luro, hijo de don Pedro Luro.
En 1939 se produce el segundo remate y pasa a ser su dueño don Antonio
Maura y Gamazo que vuelve a darle al predio el esplendor de la época de Don
Pedro Luro.
Finalmente, en 1968 el Gobierno de La Pampa compra a Doña Inés Maura la
totalidad de la propiedad y se designa al lugar con el nombre de parque Luro,
convirtiéndose en la única y mayor reserva de caldéense del mundo.
Recorrer el Castillo -Monumento Histórico Nacional- es casi una obligación
del visitante, quien puede retrotraerse al tiempo en que Don Pedro Luro
construye el Coto de caza más grande del mundo u un “chateau” francés en medio
del bosque de caldenes.
En las primeras semanas de marzo cuando el estío se desliza mansamente
hacia el otoño, el bosque pampeano de caldén se estremece con el bramido
profundo del ciervo colorado.
Es un llamado de amor de la naturaleza misma que interrumpe su calma
habitual; el rey del bosque se prepara para formar su harén y para luchas hasta
el final frente al rival que le dispute sus hembras.
La brama del ciervo es una especie de mugido ronco, muy alejado de lo
afinado y agradable al oído humano; pero imperioso y convocante para las
hembras; que permite que se cumplan las leyes naturales de selección y se
preserve la especie.
¿Y entonces, por qué resultan tan atractivo e impactante, de manera tal,
que quién tiene oportunidad de participar de un avistaje, siempre quiere
repetirlo?.
Las razones son muchas; pero la primera y fundamental es que nosotros
también somos parte de la naturaleza, y su poderío, su magnificencia y sus
secretos nos atraen irremediablemente.
Durante la brama el ciervo “marca” su territorio y le “avisa” al
contrincante que está dispuesto a defender con la vida a su harén. En esta
suerte de competencia sale favorecido el animal más fuerte que luego se
apareará con las hembras.
En este período la actitud del ciervo resulta realmente espectacular con su
cabeza levantada y su postura desafiante. Están en continuo movimiento, con un
ímpetu que los lleva a desplazarse sin cesar, arremetiendo contra troncos,
ramas y cualquier merodeador que se atreva a acercarse a su territorio.
La defensa de hembras y machos es mutua; los machos luchan entre sí entrelazando
sus cornamentas al punto de no poder separarse más, -el combate puede terminar
con la muerte de los dos ejemplares- la hembra vigía, la de más edad, protege
al grupo hasta el apareamiento que les asegure la perpetuidad de la especie.
Aproximadamente cuarenta días después del comienzo de la brama, el ciervo
retorna a su solitaria existencia, en el bosque intangible, donde espera que se
renueve su majestuosa ornamenta. De las profundidades del caldenal sólo
regresará en la próxima brama.
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