Antoon
de Vos*. 2005. Depósitos de Documentos de la FAO, Departamento de Montes.
*Ex profesor de biología
de la fauna silvestre; ex miembro del personal de la FAO;
experto en ordenación de
la fauna silvestre, residente en Queensland, Australia.
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de ciervos
El presente artículo describe lo que se ha hecho en Nueva Zelandia como
orientación para los proyectos de cría del ciervo que se están llevando a cabo
o preparando en los países en desarrollo de la región de Asia y el Pacífico. Se
habla, en particular, de una granja establecida en Tailandia con carácter
experimental, de la cual fue asesor técnico el autor de este artículo en el
marco de un proyecto del Programa de Cooperación Técnica (PCT) de la FAO.

En Nueva Zelandia los ciervos casi son ya animales
domésticos
Las especies de ciervo que actualmente existen en Nueva Zelandia fueron
introducidas por colonizadores europeos desde el decenio de 1840. Hacia 1960 se
comprendió que, sin la amenaza de enemigos naturales, el número de ciervos en
libertad alcanzaba proporciones alarmantes en las áreas protegidas y causaba
daños considerables a los pastizales naturales. El Gobierno empleó cazadores
para ponerles límite. Al principio no se aprovechaban las canales, pero pronto
se creó una industria para comercializar la carne. Enseguida algunos
agricultores exploraron la posibilidad de capturar ciervos y criarlos, como
ganado, en recintos cerrados. A pesar de que los primeros resultados no fueron
muy alimentares por causa de problemas técnicos y administrativos, la cría
comercial del ciervo se fue afianzando poco a poco. El número de agricultores
que la practican en Nueva Zelandia ha aumentado espectacularmente en el último
decenio, estimulados por la tendencia al aumento de sus utilidades económicas
en momentos en que es inversa la tendencia de las actividades agrícolas en
general.
El número de criadores ha aumentado de 979 en
En el año que acabó en junio de 1989 el valor de la carne de venado
exportada por Nueva Zelandia alcanzó unos 32 millones de dólares NZ (18,6
millones de dólares EE.UU.). Incluyendo la borra de cuerna, muy apreciada como
medicamento (véase recuadro) y otros productos, el valor total de las
exportaciones de productos derivados del ciervo alcanzó 45 millones de dólares
NZ (26,1 millones de dólares EE.UU.).
La cría del ciervo es ya una actividad bien afianzada no sólo en Nueva
Zelandia sino también en Australia, China, varios países europeos, Estados
Unidos y Canadá. Dado que aumenta constantemente la cantidad de productos
derivados del ciervo que entran en el mercado mundial, la competencia se
agudiza y los criadores tendrán que adoptar procedimientos más intensivos de
cría. Más adelante se examinan algunas de las prácticas de ordenación y
comercialización seguidas en Nueva Zelandia, en la idea de que puedan resultar
útiles en otros países interesados en perfeccionar la cría del ciervo.
La disposición de la granja puede facilitar u obstaculizar el manejo de los
animales. Hay que pensar cuidadosamente el trazado de los recintos, con sus
puertas, cómo serán las cercas, dónde estarán el patio central y los corrales,
etc.
Con base en la experiencia de Nueva Zelandia y de otros países, puede
decirse que para que sea económicamente viable una granja debe ser capaz para
un mínimo de 400 animales. Suponiendo que la tierra alcance a mantener 20
ciervos por hectárea en buenas condiciones de manejo, una granja para la cría
de ciervos habrá de tener por lo menos alrededor de
Conviene dividir el terreno en cercados de dos hectáreas cada uno; esto
permite separar los animales por edad y sexo. Todos los cercados deben tener
salida por una cancela a un pasillo que conduzca al patio o corral central;
todos los cercados deben tener agua potable.
Con respecto a los cercados, lo esencial es tener en cuenta que el manejo
del ganado depende del tamaño y seguridad de los recintos. Ahora, como antes,
las cercas tienen que ser fuertes y seguras. A los alambres tendidos entre
postes debe preferirse la alambrada entretejida, no sólo por ser más segura,
sino también porque crea una barrera óptica (Yerex y Spiers, 1987). Las cercas
del perímetro exterior deben tener dos metros de alto y, aun así, muy acosados,
los ciervos franquean incluso vallas de esa altura (de Vos, 1982).
En Nueva Zelandia se considera hoy día que las alambradas interiores no
necesitan tener más de
Conviene pensar cuidadosamente dónde situar las puertas de los cercados con
el fin de simplificar los movimientos del ganado en el interior de la granja.
Debe evitarse colocar las cancelas en la parte baja de una ladera, ya que los
ciervos consiguen saltar por encima de barreras muy altas si pueden tomar
carrerilla en una cuesta abajo. No hay acuerdo sobre dónde sea preferible
colocar las cancelas -en las esquinas, a en medio de un tramo de cerca- para
que los ciervos puedan alejarse de ellas con la máxima rapidez. De cualquier
modo parece que lo importante es que el ganado esté bien familiarizado con la
posición de las cancelas. Yerex y Spiers (1987) afirman que las cancelas deben
situarse después de haber observado atentamente dónde tienden a congregarse por
sí solos los animales.

La granja
para la cría del Ciervo tendría que ser construida con cercados recintados
En Nueva Zelandia se solía pensar que los corrales debían consistir en un
patio central de trabajo y varios apartaderos alrededor. Ahora se prefiere un
pasaje central con corrales pequeños a ambos lados. En realidad esta solución
es análoga a la de las granjas primitivas, con la única diferencia de que es
menor el tamaño de los corrales, lo que permite manejar a los animales más
expeditivamente (Yerex y Spiers, 1987).
Es esencial crear un ambiente que contenga tantos pastizales naturales de
alimento como sea posible, con el fin de que los ciervos se mantengan en buenas
condiciones físicas y se comporten como les sea natural. Dicho ambiente debe
tener árboles, las plantas preferidas como alimento, y agua potable siempre al
alcance.
La razón de ser de la cría de ciervos en Nueva Zelandia era sacar a los
animales de los bosques y pastizales naturales, que tanto sufrían con ellos,
para meterlos en cercados con hierba. No obstante, la falta de cubierta arbórea
y la acción concentrada de tanto animal fue causa de que las granjas sufrieran
grandes daños por erosión. Últimamente se tiende a reintroducir árboles en los
ranchos. Al natural, los ciervos viven entre árboles y rozan el follaje y la
hierba.
Los árboles aportan un forraje muy nutritivo, además de proteger el suelo y
el agua. Por ejemplo, Hakkaart (1989) informa que cuando un agricultor
neozelandés plantó abundancia de setos rompevientos alrededor de sus cercados,
«el terreno quedó protegido contra las avenidas y contra el arrastre de tierra.
La protección contra el viento está empezando a reflejarse en mejores cosechas
y pastos».
También es importante la cubierta arbórea para que el ambiente sea lo más
parecido posible al que tenían los animales en libertad, de modo que no
encuentren condiciones que los irriten. En diferentes fechas es indispensable
sobreexcitarlos con motivo de la captura y suelta, del entresacado, del
destete, de la corta de las astas, de la parición, etc. El ambiente natural
contribuye a tranquilizarlos con lo cual mejora su estado de salud y aumenta la
fertilidad.
La ordenación exige saber bien cómo se comporta la manada y cuáles son sus
necesidades; además, es preciso tener clara idea de lo que se quiere, es decir,
producción de carne, de borra, o de ambos. Los procedimientos óptimos de manejo
varían de una especie a otra. Los aplicables en Nueva Zelandia, donde se crían
principalmente red deer, cruces de red deer con wapiti y
fallow deer, pudieran ser muy diferentes de los que requieran las especies
en la región del Asia y el Pacífico: «musk» (Moschus sp.), «rusa» (Cervus
timorensis), «chital» (C. axis) y «sambar» (C. unicolor).
Los criadores tienen que decidir cuántos animales sacrificar y en qué
momento, así como la proporción y edad de machos y hembras que conviene
mantener para que las utilidades sean máximas en función del capital invertido.
La experiencia de Nueva Zelandia demuestra que para carne, lo mejor es
sacrificar los machos hacia los 15 meses de edad, momento en que han alcanzado
un buen peso con bajo contenido de grasa. Las hembras se entresacan de acuerdo
con una escala móvil, a medida que envejecen, a razón cada año de
aproximadamente el diez por ciento de la población comprendida entre 12 y 13
años de edad (Yerex y Spiers, 1987).
Para la producción de come de buena calidad, sobre todo para la
exportación, es indispensable contar con un matadero bien equipado, higiénico y
supervisado por las autoridades sanitarias. Aunque puede bastar un matadero
normalmente usado para otros animales domésticos, como vacunos u ovinos, muchas
veces para sacrificar ciervos no son aprovechables, dados los requisitos
sanitarios, por lo que puede hacer falta construir uno exclusivamente para
ciervos; esto implica un gasto considerable. En Nueva Zelandia las cooperativas
de criadores instalan el matadero.
Por lo que respecta a la producción de borra, es ante todo importante saber
exactamente qué es. Las cuernas son excrecencias que brotan de la clavija,
soporte óseo permanente existente en el cráneo de los machos. El primer
crecimiento de cada estación es un cartílago recubierto de una pelusilla - la
borra - el cual gradualmente se mineraliza osificándose. Después de cortada o
rota, la cuerna de ciervo tiene la facultad de regenerarse; es el tejido de
animal mamífero que crece con más rapidez.
La cuerna en borra es muy apreciada como producto medicinal en Asia y el
Pacífico. Los criadores de Nueva Zelandia obtienen considerables utilidades con
su exportación, sobre todo a la República de Corea.
En casi todas las civilizaciones el hombre atribuyó siempre algún
significado místico a las astas y a los cuernos. Por ejemplo, la leyenda del
unicornio parece haber surgido independientemente en varias antiquísimas
culturas.
La más antigua mención escrita del valor medicinal de las cuernas de ciervo
figura en un rollo de seda encontrado en la China, en las excavaciones de una
tumba de la dinastía Han de hace 2 000 años más o menos. El rollo describe
tratamientos y recetas médicas a base de cuerna en borra para 42 tipos de
enfermedades.
Desde entonces, las culturas orientales han atribuido a las cuernas de
ciervo y, en verdad, prácticamente a todas las partes del animal - tuétano,
sangre, dientes, grasa, carne, pene, testículos y semen - sobresalientes
propiedades medicinales. En realidad, tanta importancia tienen para la salud
las diversas partes del ciervo, que es el animal más importante de la medicina oriental.
Según Yoon (1989), en la República de Corea se prescriben productos
derivados del ciervo para el tratamiento del vértigo, la tos, las
palpitaciones, el insomnio, la impotencia, el lumbago, la diabetes y las
fiebres causadas por debilidad.
Aunque las investigaciones realizadas en el mundo occidental para encontrar
Justificación farmacológica racional de las propiedades que se le atribuyen a
la cuerna en borra tardan en dar resultados significativos, su supervivencia
como medicamento natural durante tantos miles de años obliga a pensar que no se
trata de un simple efecto placebo.
Para preparar la cuerna hay qué empezar por chamuscar la borra (la ceniza
se guarda para usarla como hemostático), cortándola después en pedazos pequeños
que se mantienen sumergidos en un líquido alcohólico durante un mínimo de 24
horas. Después se muelen o se cortan en rebanadas muy delgadas, se ponen a
cocer a fuego lento con otras hierbas medicinales y se sirven a modo de sopa.
Un adulto puede hacer un máximo de 20 tratamientos al año.
Se considera que las propiedades curativas de las cuernas dependen macho:
de su tamaño, forma y punto de madurez; en Nueva Zelandia las diferentes
calidades alcanzan precies de exportación que oscilan entre 240 dólares NZ (140
$EE.UU.) y solamente 80 dólares NZ (47 $EE.UU.). Incluso a este precio mínimo
la borra es uno de los productos agrícolas más valiosos del país.

Cuerna en
borra recién cortada
Con la densidad de población que alcanzan los ciervos en las granjas es, en
cualquier caso, indispensable privarlos de las astas para evitar que se hieren;
quitándolas en la primera fase de crecimiento, es decir, cuando ano son
cartilaginosas, representan un importante ingreso. Por ejemplo, en 1988/89, la
borra de la mejor calidad se pagaba a más de 240 dólares NZ (140 dólares
EE.UU.) el kilo (Bryant, 1989).
El momento en que conviene cortar la cuerna es crítico. Si se corta antes
de tiempo, no tendrá todo el peso que pudiera alcanzar, lo cual representa
dinero que no se gana; si se deja para demasiado tarde, hay peligro de
calcificación, con lo que baja la calidad. En general, conviene cortarla 60
días después de que empiece a brotar En ese momento, toda la cuerna pesa entre
medio y un par de kilos, según la especie; la cuerna en borra de los mejores
ciervos de Nueva Zelandia llega a pesar más de tres kilos.

Un joven
ciervo después del corle de las cuernas
Para cortar la cuerna es preciso dormir al animal, bien sea con anestesia
total o bien local, inyectando el anestésico justo detrás de la cuerna. En
Nueva Zelandia lo más común es practicar la anestesia local con xylazina, para
lo cual es indispensable la presencia de un veterinario. Una vez tranquilizado
el animal, se aplica un torniquete a la base del pedículo de unión y se separa
la cuerna con movimientos rápidos de una sierra de acero inoxidable para carne.
No es necesario mantener el torniquete por más de 20 minutos.
En cuanto se separa la cuerna se marca y se cuelga de un soporte adecuado,
con el corte hacia arriba Una vez fría, conviene colocar la cuerna en una bolsa
plástica.
Los ciervos son susceptibles de muchas enfermedades causadas por bacterias
o virus y padecen una amplia gama de parásitos. Cuanto mayor sea el número de
animales en cautividad, mayores serán las pérdidas, a menos que se tomen
medidas adecuadas para prevenirlas. La lucha contra las enfermedades ha de ser
ante todo preventiva; alimentación adecuada, análisis y vacunas, y baños o
duchas con regularidad La fundamental importancia del estado de salud de la
manada ha sido puesta de relieve por el Dr. J.C Thonard, presidente de la
Federación Australiana de Criadores de Ciervos:
«Cuando nos llaman para diagnosticar y tratar alguno de estos animales
enfermos, en un elevado número de casos, el ciervo es víctima de lo que
normalmente es su propia. flora microbiana, pero que ha proliferado y se ha
trasladado por haberse reducido la resistencia del animal en tal medida que el
delicado equilibrio que siempre existe entre animal hospedante y parásito se ha
roto en perjuicio del primero Si el animal tienen intactas sus defensas y es
resistente, puede incluso evitar la manifestación de enfermedades debidas a
patógenos externos.»
«Por consiguiente, corresponde al criador manejar sus animales de modo que
siempre estén sanos y que su resistencia a los agentes infecciosos sea óptima
Eso, sin perjuicio de recurrir al veterinario, pero sólo en casas especiales,
ya que todos los que tenemos experiencia en el manejo de ciervos estamos de
acuerdo en que ciervo enfermo, es ciervo muerto. En resumen, es mejor prevenir
que curar» (Yerex y Spiers, 1987).
La tuberculosis es una de las más graves amenazas para la salud de los
ciervos en Nueva Zelandia. En 1978 fue identificada por primera vez en un
ciervo en cautividad y en 1989 se declaró obligatorio un programa de análisis
antituberculoso, siendo Nueva Zelandia el primer país productor que lo aplica
(Hakkaart, 1989).
También es indispensable duchar a los cervatos con regularidad para evitar
que sus vías respiratorias y su estómago sean invadidos por parásitos En Nueva
Zelandia estos remojones se suelen llevar a cabo mensualmente a edades
comprendidas entre 12 semanas y nueve meses (de Vos, 1982).

Jóvenes
ciervos reunidos en manada para recibir un tratamiento médico preventivo
Dado el éxito que tiene la cría del ciervo en Nueva Zelandia y dada la
existencia de ciervos en muchos países de la región de Asia y el Pacífico,
varios han manifestado su interés por crear a ampliar actividades de cría.
La información resumida más arriba en este artículo indica que una granja
bien organizada para la cría de ciervos exige una considerable inversión de
capital, personal bien capacitado y una extensión apropiada de tierra, así como
suficiente cantidad de animales para que la cría resulte remuneradora. Además,
es necesario contar con mercados para los productos a precios que permitan
sostener las actividades indefinidamente. Esto exige la creación de una
estructura u organización adecuada para la comercialización. Por ejemplo, en
Nueva Zelandia la comercialización corre a cargo de la Deer Farmers Asociación
Inc., que también mantiene a los productores informados de la marcha del
mercado mundial.
En vista de lo complicado que es iniciar actividades para la cría de
animales silvestres en cautividad, una Consulta internacional sobre el
aprovechamiento de la fauna para el desarrollo rural, celebrada en Hyderabad,
India, en julio de 1980, hizo notar que:
«esa cría, para que tenga éxito y sea útil y provechosa, debe hacerse con
especies cuidadosamente elegidas por su adaptabilidad a la cría en cautividad,
de las cuales se tengan conocimientos detallados acerca de aspectos como la tasa
de reproducción, rendimiento en carne, resistencia a las enfermedades,
comportamiento en cautividad, facilidad de la cría, calidad del producto,
comercialización del producto y economía de la empresa» (FAO, 1981).
La Consulta recomendó que la Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO) ayudara a establecer granjas para la cría
de animales silvestres. Obedeciendo a esa recomendación, y a petición del
Gobierno de Tailandia, la FAO, mediante su Programa de Cooperación Técnica
(PCT) dio asesoramiento en octubre de 1985 para la creación de una granja en la
provincia de Chanthaburi, en el Santuario para la Fauna Silvestre de Khao Soi
Dao.
El 80 por ciento de los habitantes de Tailandia vive en el campo en
condiciones de subnutrición y grave carencia de proteína. Tradicionalmente la
rica y variada fauna era fuente importante de proteína para la población rural.
Por desgracia, como consecuencia de la caza incontrolada y de la deforestación,
en el curso de los últimos tres decenios la fauna silvestre de Tailandia se ha
reducido mucho.
A pesar de la escasez de animales, los campesinos siguen obteniendo gran
parte de su proteína de carne montaraz. Por ejemplo, el 80 por ciento del
insumo de proteína de la gente del campo de la provincia de Chanthaburi procede
de la fauna silvestre (FAO, 1986).
En las cercanías del citado santuario faunístico, la población local reside
en 35 aldeas, en cada una de las cuales viven por término medio 50 familias,
cada una de las cuales tiene un par de hectáreas de tierra. Producen maíz,
hortalizas y fruta; como animales domésticos tienen aves de corral y algunos
bovinos.
El objetivo global del PCT era establecer con carácter experimental una
granja para la cría de ciervos con el fin de mejorar el suministro de la
población rural y el ingreso de las familias, explotando para ello
racionalmente la fauna. Se pretendía también que la granja pudiera ser visitada
por los agricultores para tomarla como ejemplo.

Ciervos
machos en una granja experimental de Tailandia
En Tailandia hay cinco especies de ciervo, a saber sambar, hog, eld,
muntjak y mouse. Las especies sambar, munjak y mouse son
las que más abundan, pero las dos últimas se consideraron demasiado pequeñas y
frágiles para la cría La especie hog, aunque rara en libertad, existe en
suficiente cantidad en los centros de propagación y parques zoológicos; en
cuanto a la especie eld está casi o totalmente agotada.
Se pensó que sambar era la especie más apropiada, por ser de buen
tamaño, abundante en libertad y estar armada de cuerna grande. Además, se
dispone de un considerable caudal de información acerca de su biología y
ecología.
También se adoptó la especie hog para la cría porque, aunque de
pequeño tamaño, se adapta con facilidad a los hábitat que se originan con la
agricultura de corta y quema (Miller, 1975). Además, su carne es muy apreciada
por la gente del campo.
En octubre y noviembre de 1985 se decidió dónde establecerla granja, se
construyó la valla exterior, y se delimitaron los cercados y cancelas.
Se enseñaron técnicas para la cría de ciervos, incluidos los métodos de
domesticación y manejo de la manada, ordenación de los pastos, y captura. Se
prestó particular atención a los procedimientos para vigilar el estado de los
animales y para elaborar informes.
Todos los ciervos fueron marcados en la oreja con una etiqueta numerada y
se llevaron detallados registros de las especies de plantas naturales que
comían los animales, así como del alimento adicional que se les proporcionaba.
En los registros se hizo constar también la condición fisiológica de cada
ciervo, su crecimiento, su tasa de reproducción, historia clínica, etc. Además
de la carne, el proyecto produjo cuerna en borra para la venta.
Los resultados del proyecto experimental y la información reunida
observando las actividades particulares de cría en pequeña escala indican
claramente que la cría de ciervos, tanto para alimento como para ingreso, tiene
grandes posibilidades. No obstante, en la actualidad las leyes promulgadas para
combatir la caza furtiva restringen la venta de ciervos y de su carne, excepto
por parte del Gobierno. Este está ahora preparando cambios en la legislación
vigente para que sea legal la creación de granjas de propiedad privada o
comunal.
Antes de emprender la cría del ciervo, es esencial hacer un análisis de los
beneficios posibles en función del costo, utilizando para ello todos los datos
disponibles. Estos deben incluir los siguientes elementos:
♦
costos de capital, incluyendo el costo (o
alquiler) de la tierra; precio de compra de los ciervos; costo de los transportes;
gastos necesarios para preparar la tierra; construcciones, maquinaria y equipo;
♦
gastos fijos, incluidos los de funcionamiento; repuestos y
manutención de la maquinaria; gastos de gestión y costo de la mano de obra;
costo del alimento y de la atención veterinaria; manejo y manutención de los
vehículos y costo de la comercialización;
♦
ingresos, los procedentes
de la venta de la carne, de la borra, de las pieles y de otros productos.
Además, será preciso evaluar promedios de los siguientes coeficientes de
producción: vida útil del ganado; primera generación; porcentaje de
nacimientos; porcentaje al destete y peso vivo. Es preciso obtener datos sobre
mortalidad; número de animales vendibles; porcentaje de destace y peso
vendible. Por último, es importante estudiar la disponibilidad de mano de obra
capacitada y la participación activa de la población rural.
El gasto inicial de instalación de una granja para la cría de ciervos será,
en general, considerable por las normas nacionales y habrá que negociar préstamos
o subsidios adecuados antes de empezar. Por este motivo parece evidente que con
el fin de llevar a cabo toda la instalación, de vigilar los resultados y de
salvar los obstáculos que se presenten, será necesario que participen
organizaciones nacionales o internacionales. Entre los obstáculos antes
aludidos se cuentan la creación de mercados y la eliminación de trabas legales.
Los proyectos experimentales son útiles para demostrar a la población rural
la conveniencia de tener granjas para la cría de ciervos en su proximidad. Una
posibilidad sería iniciar cooperativas bajo control gubernamental que, con el
tiempo, pasarían al sector privado.
En opinión del autor no cabe duda que la cría de ciervos en cautividad es
viable en el mundo en desarrollo desde el punto de vista técnico. Hay demanda
que no puede por menos de aumentar para los productos derivados del ciervo. Hay
mucha tierra que en la actualidad sólo marginalmente se presta a la agricultura
o a la ganadería. que sería apropiada para la cría del ciervo. La granja
experimental de Tailandia y el Centro de Desarrollo y Propagación de la
Fauna de Khao goi Dao, que tan alentadores resultados están dando, son
ejemplo digno de ser imitado por otros países de la región de Asia y el
Pacífico.
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