PRODUCCIÓN DE CAMÉLIDOS

Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,

Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina

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Cría y reproducción de guanacos en cautividad (Lama guanicoe)

Sarasqueta, Daniel V. 2001. Centro Regional Patagonia Norte, Recursos naturales-Fauna Silvestre,

INTA E.E.A Bariloche R.N., Comunicación Técnica Nº 110

Presentación

Durante la década de 1980 el Dr. Sarasqueta desarrollo las técnicas de la cría en cautividad de guanacos en la E.E.A Trelew del INTA. Por diversos motivos esta información sólo fue publicada en forma parcial.

Por aquellos años se había propuesto un programa que comprendía la cría en cautividad, para a posteriori desarrollar la cría en semicautividad.

La primera etapa fue cumplida gracias a los esfuerzos del autor de este trabajo, mientras que la cría en semicautividad comenzó 12 años después en la E.E.A Bariloche del INTA.

La información que aquí se presenta puede ser de mucha utilidad debido a que en la actualidad se han desarrollado varios criaderos de guanacos en semicautividad, y si bien las técnicas para cautividad y semicautividad no son iguales, mucha de la información aquí disponible puede ser utilizada para el desarrollo de los nuevos emprendimientos.

Este trabajo de recopilar la información existente sobre el tema ha sido posible gracias al apoyo realizado por la GTZ y TöB.

Jorge Néstor Amaya

Responsable de Fauna silvestre

INTA BARILOCHE

INTRODUCCIÓN

El manejo del guanaco en cautividad, para su aprovechamiento comercial, puede constituirse en una alternativa tecnológica en un futuro próximo. Es decir, generar en base a esta especie un sistema productivo económicamente rentable, capaz de complementar o sustituir otros sistemas agropecuarios tradicionales, hoy poco rentables.

Por otro lado, el manejo del guanaco puede transformarse en una herramienta más para contrarrestar la desertificación en los ambientes patagónicos aprovechando racionalmente este recurso natural autóctono, evolutivamente adaptado a estos ambientes, capaz de utilizar estratos de vegetación y ambientes inaccesibles para el ovino.

Los antecesores de los Camélidos Sudamericanos colonizaron Sudamérica a través del istmo de Panamá hace unos 3 millones de años, durante el gran intercambio de fauna acaecido entre ambos continentes americanos. El surgimiento de este puente terrestre culminó con el aislamiento que América del Sur había mantenido desde finales del Cretácico (alrededor de 65 Ma). Esta separación que le permitió generar una excepcional fauna endémica (ej: marsupiales; desdentados xenartros (tatús, gliptodontes, perezosos); ungulados (liptoternos, notungulados etc.).

Se debe tener en cuenta, que la familia Camelidae se originó en Norte América durante el período Eoceno hace unos 40-45 millones de años. La división entre Camélidos del Viejo Mundo y los del Nuevo Mundo se produjo cerca de 11 Ma atrás. Los géneros Lama y Vicugna aparecieron en los Andes hace algo más de 2 Ma, mientras otro género surgido en este área, Paleolama, migro al sur de Norteamérica, donde posteriormente se extinguió (Wheeler, 1984). Desde hace aproximadamente 2 millones de años el guanaco (género Lama) ha coevolucionado con el ambiente patagónico.

El guanaco, al igual que otros camélidos, fue utilizado por el hombre a partir de las más tempranas épocas de la ocupación humana del continente Sudamericano y por ende de la región Patagónica (aprox. 12.000 años A.P.; Mengoni, 1983). Constituyo, conjuntamente con el choique (Pterocnemia pennata), una presa de caza de excelencia (Foto 1).

 

Foto 1- Caza en círculo, arte rupestre, río Pinturas. Modificado de Vignati,1950.

 

De él, las culturas aborígenes como la Tehuelche y Ona, no solo aprovecharon su carne para alimentación, sino también su cuero para vestimenta (Fotos 2, 3 y 4) y construcción de refugios (“Toldos”), sus vísceras y sus huesos.

 

Fotos 2 y 3 - Onas vestidos con mantas de guanaco, tomado de Lahille, 1926.

Foto 4- mujer tehuelche con su nieta, obsérvese el quillango de guanaco sobre su

caballo, Est. La Colorada, lago Cardiel. Foto: Saturnino Arbunies.

 

Foto 5- toldo con mujeres, un niño y su chulengo-mascota, 1910. Tomada de Casamiquela, 1991.

En Patagonia no existió el contexto cultural para la domesticación del guanaco.

 

Esta estrecha dependencia esta profusamente ilustrada en el arte rupestre y en los relatos de Viajeros del siglo XIX. Por tales circunstancias históricas, la utilización del guanaco esta muy arraigada en la cultura “Patagónica” (Fotos 6 y 7) y lo seguirá estando en el futuro.

 

 

Foto 6- Captura de chulengos vivos a caballo y con boleadoras.

Foto 7- chulengueador con sus cueros.

La captura de chulengos por su piel fue una actividad reconocida hasta finales de los ’70.

 

Por lo tanto, en la actualidad, una tarea ineludible será encausar esta Utilización, de tal manera que a la vez sea provechosa para el hombre y no perjudicial para la conservación de la especie en su estado silvestre. La propuesta aquí expuesta trata de alcanzar ambos objetivos a través de la utilización del guanaco en condiciones de cautividad, básicamente como productor de Fibras Especiales (Foto 8), dejando las poblaciones silvestres sólo como fuente de material genético que permita mantener la diversidad genética de los planteles en cautividad.

 

Foto 8- La cría de guanacos para aprovechar su fibra es una propuesta para su uso.

 

La cría de guanacos puede cubrir variados objetivos, desde los fines comerciales aquí propuestos, hasta la producción de animales para el repoblamiento de áreas protegidas.

A diferencia de lo que ocurre con los ovinos, cabras o alpacas que se crían en la región, cuyo mejoramiento genético debe realizarse en base a ejemplares importados de otros sitios, el guanaco dispone de una excelente diversidad genética “in situ”. Sólo es necesario seleccionar o identificar el acervo genético que mejor se adapte a los objetivos de la cría (diámetro de la fibra, peso corporal, precocidad, cualidades organolépticas de la carne, calidad de la piel de chulengo, reproductores, etc.).

Para criar guanacos en cautividad se requiere conocer aspectos tales como su comportamiento, organización social, reproducción, nutrición, fisiología y sanidad.

SISTEMA DE MANEJO EN CAUTIVIDAD

Captura inicial de animales

Para iniciar un núcleo de guanacos en cautividad, ya sea con fines productivos o científicos, es necesario recurrir a la captura de ejemplares silvestres o comprarlos en criaderos legales preexistentes.

Para habilitar legalmente un criadero se debe solicitar la autorización correspondiente ante la Dirección de Fauna de la Provincia donde se establezca.

Existe una marcada diferencia fenotípica (Lámina 3) entre animales provenientes de distintas áreas de la región patagónica, esto puede tener efectos sobre el sistema productivo que se desee implementar. Los guanacos de la costa atlántica son gráciles y de pelaje oscuro, mientras que los de la cordillera son más robustos y claros.

Asimismo, algunas poblaciones presentan fibras más finas que otras. No es ventajoso extraer animales de un único lugar, conviene favorecer la diversidad genética de los reproductores. Hay que detectar y aprovechar características seleccionadas naturalmente en distintas áreas que favorezcan la producción de carne o fibra, o el producto buscado.

En general la captura de adultos no es recomendable, pues son animales bravíos, poco acostumbrados al contacto con el hombre y es difícil que se adapten al manejo en cautividad. Raramente existen poblaciones silvestres en las que sus individuos presentan una sorprendente docilidad ante la presencia del hombre, como por ejemplo es el caso de los guanacos de Torres del Paine (Chile). Sería interesante criar un grupo de estos animales en cautividad, aprovechando su natural docilidad.

Es aconsejable comenzar la formación de los núcleos de cría sobre la base de la captura de chulengos (Foto 6 y 15), dentro de los 10/12 primeros días de vida, pero siempre después del tercer día, ya que debe permanecer este tiempo con su madre para que ingieran el calostro.

La captura puede realizarse a caballo y con boleadoras, o lazo, pero no se deberá utilizar perros pues lastiman a los chulengos.

Es conveniente marcar cada chulengo capturado con caravanas, collares o microchips, a fin de asegurar un control individual (e.j. características, origen, etc.). Las caravanas deben colocarse en el borde externo de la base de la oreja, para evitar que más adelante se las arranquen al morderse o pelearse. Los microchips, se colocan en la base del cuello (intramuscular) y duran toda la vida. Al ser activados con un lector emiten un código de números que se muestran en su pantalla. Las marcas comerciales de microchips más utilizadas son AVID o TROVAN.

Los chulengos capturados deben colocarse transitoriamente en un corral chico, cerrado con alambre tejido o madera. Conviene realizar su traslado en vehículo cerrado, con una “cama” de pasto en el piso, pues los chulengos suelen echarse en cuanto comienza el viaje, permaneciendo tranquilos. Durante el traslado, sólo es recomendable brindarles alimentación si el viaje es largo. No es necesario aplicarles sedantes, dado que el stress puede ser controlado con un manejo esmerado y atento; si fuese necesario se cubre la cabeza con una capucha (Foto 68) para tranquilizarlos. La caja del vehículo en penumbras tiene el mismo efecto.

Chulengos capturados entre los 3 y 5 meses de edad, sobrevivieron en cautividad, considerándose importante su seguimiento para comparar su futura docilidad con la adquirida por los animales a través de la lactancia artificial. Si fuese buena se ahorraría el tiempo de lactancia.

Es fundamental la atención y el cuidado que se les brinda a los chulengos desde el instante en que son separados de su madre hasta la llegada al sitio de cría. Los animales que no son bien alimentados y tratados con afecto durante este período es difícil de que sobrevivan.

 

Foto 15- llegada de chulengos capturados a la E.E.A Trelew (INTA), 1980.

Foto 16- cría artificial de chulengos, toma de mamaderas.

 

Foto 17-salida de los chulengos al corral de cría después de la toma de leche.

Foto 18- pastoreo de los chulengos en el corral de cría.

Formación del plantel

Presentando el guanaco un comportamiento agresivo muy acentuado en su vida social-reproductiva, debe evitarse todo tipo de proceso de impronta o impregnación con el hombre (“humanimprinting process”) durante la cría en cautividad. Las conductas agresivas dirigidas hacia el hombre por parte de los machos adultos que han sufrido estos procesos, son muy peligrosas. Los efectos de impronta sexual (“sexual-imprinting”) se manifiestan después de la madurez sexual (3 años de edad) y duran toda la vida del animal, siendo los machos más susceptibles que las hembras. En las hembras afectadas, su vida reproductiva puede ser trastornada definitivamente, presentando serias dificultades o total rechazo a mantener relaciones sexuales.

Cuanto más afectivo es el trato dado por el hombre a los chulengos durante la lactancia artificial, mayor es el riesgo de que se desarrollen procesos de impronta-sexual. Los chulengos incorporan a las personas que los crían no solo como individuos de su especie, sino como su futura “pareja” sexual. El impronta-sexual se establece en un determinado momento de la infancia del chulengo, generalmente en las primeras semanas de vida (Periodo Crítico), pasado este periodo, no se establece impronta-sexual. Como se mencionó anteriormente, este desorden del comportamiento se adquiere en la infancia y se manifiesta después de la maduración sexual. Sería importante determinar el Periodo Crítico de impronta-sexual en el guanaco, para evitar al máximo el contacto con el “humano”, especialmente en los machos.

Pasado este momento, sería indicado intensificar el contacto con los chulengos para obtener animales mansos, que se habitúen a la presencia humana y al manejo que este les imponga. Hembras mansas van a criar chulengos que no teman al hombre, aunque nunca van a presentar la misma docilidad que los criados artificialmente. La cría artificial de chulengos es un paso obligado para la formación de un núcleo de guanacos en cautividad; tiene la ventaja de generar animales dóciles aptos para el manejo en estas condiciones, i.e. esquila, pero también desventajas como la “impronta”.

De acuerdo a la experiencia realizada en INTA Trelew, es recomendable tener una persona para criar entre 20 ó 25 chulengos como máximo. Si la cría es con fines productivos, es conveniente seleccionar los ejemplares por su docilidad (además de los caracteres de calidad), que facilitará la manipulación y evitará ciertos comportamientos molestos para el productor (escupidas, mordiscos, empujones). Es importante el contacto diario con el cuidador, con los resguardos ya mencionados, para que los animales pierdan el temor a la presencia humana y reduce su “stress” durante la sujeción (Sarasqueta, 1985).

Si el objetivo de la cría en cautividad fuese el repoblamiento, deben utilizarse animales provenientes de la primera generación (o posteriores) nacida en cautividad y criado al pie de la madre, su comportamiento se adaptara mejor a las condiciones naturales.

Manejo experimental

El manejo experimental consistió en constituir un núcleo experimental de guanacos (criados de chulengo) en cautividad capaz de reproducirse normalmente. Este núcleo se estructuró con la captura de diferentes generaciones (cohortes) de chulengos nacidos en diferentes años y sitios geográficos para garantizar su diversidad genética. A los animales así obtenidos se los observo y controlo en todas sus fases de crecimiento y desarrollo durante 8 años. La finalidad de este proceder es lograr conocer lo más intensamente posible, los aspectos del comportamiento, reproducción, alimentación, sanidad, adaptación a la cautividad, como también las cualidades más importantes de los caracteres biológicos aprovechables (fibra y carne).

La información así obtenida se utilizo para constituir los ciclos de vida anual de cada una de las categorías de animales consideradas (chulengo, juvenil, adulto). El conocimiento de estos ciclos de la especie, especialmente en lo que hace al comportamiento, permite Diseñar la Tecnología Básica de Manejo de ella en Cautividad, la cual sobre la base de una lógica de teoría y practica permitirá establecer, con el tiempo, la Tecnología Productiva más eficiente. Cuando se realiza esta clase de Experiencias, como es el caso de los guanacos, se debe considerar su Duración a Largo Plazo. Así por ejemplo, alcanzar la generación F2 en Guanacos demandará entre 7 y 9 años o para establecer la vida útil de las hembras se requerirán no menos de 18 ó 20 años.

Después de la madurez sexual los guanacos fueron estructurados en grupos familiares y en base a ellos se realizaron las observaciones y mediciones necesarias para comprender lo mejor posible el comportamiento y la fisiología reproductiva en las condiciones impuestas por la cautividad.

Un total de 51 guanacos adultos fueron manejados, durante la experiencia, en un espacio de 7.5 ha con una pastura bajo riego. Se armaron seis grupos familiares, contando cada grupo con un corral de 1 a 1.5 ha. La relación machos: hembras en estos grupos osciló entre 1:4 y 1:8. Los índices de parición, excepto en el primer año de nacimientos, fueron entre el 80 y el 100%. Durante las primeras temporadas, los índices de parición pueden no ser altos, debido a la falta de desarrollo corporal y sexual de los machos de 3 o 4 años, que les impide dominar y copular con todas las hembras. A los 5 años de edad los machos alcanzan su plenitud.

El manejo de los animales una vez que alcanzan su madurez sexual, dependerá de su número y del espacio disponible. Para un sistema experimental, basado en la producción de fibra, es conveniente dividir los adultos (reproductores) en grupos familiares por un lado y un grupo constituido por el excedente de machos, que es conveniente castrar, al que se sumarán las crías expulsadas cada año.

Los reproductores deben clasificarse en a) grupos familiares de “Excelencia” y b) cuadrilla general.

Los criterios a utilizar para esta clasificación son: finura de la fibra, peso del vellón en primera esquila, docilidad, fertilidad (índices de preñez y parición). Estos últimos deben considerarse a partir de los 3 años.

Los grupos familiares deben constituirse de acuerdo al diámetro de su fibra (“dawn”), e.j. grupo 1: 13,5 m; grupo 2: 14 m, etc.. Las crías del grupo más fino se utilizan para mejorar al grupo 2, las del grupo 2 mejoraran las del grupo 3 y así sucesivamente; mientras que las del último grupo de “Excelencia” pasan a mejorar la cuadrilla general.

La cuadrilla general está constituida por hembras y machos que no reúnen los rasgos o características (finura, peso corporal, etc.) necesarias para integrar los grupos de “Excelencia”.

La producción (crías) de los grupos de excelencia deberá con el tiempo reemplazar a los integrantes iniciales de la cuadrilla general.

Las utilidades a producir en un criadero deben ser diversas, e.j. fibra, carne, cueros, pieles de chulengo, artesanías, turismo, etc.

En caso que la venta de pieles de chulengo fuese posible, legal y económicamente, constituiría una buena alternativa para evitar un excedente de machos y/o “capones”. Se deberán sacrificar en primera instancia el sobrante de chulengos machos, hijos de las hembras de menor calidad de la cuadrilla general. Además, se evita el costo de alimentación durante años y su lugar es ocupado por hembras productoras de crías.

Las pieles de chulengo pueden destinarse a la confección de quillangos y prendas de vestir.

El manejo con selección del plantel de reproductores requiere individualizar a todos los animales y llevar un registro de producción lo más detallado posible de cada uno de ellos. El excedente de machos no aptos para la reproducción deberán ser castrado.

Es práctico aprovechar la conducta gregaria de los juveniles para constituir los grupos de machos castrados, que presentarán durante su vida una conducta similar a los grupos de machos solteros de poblaciones silvestres. Estos ejemplares servirán como productores de fibra a través de la esquila, y eventualmente para carne. La castración debe realizarse durante los dos primeros años de vida, preferentemente entre el primer y segundo año de edad, a fin de que no desarrollen muchas de las conductas indeseables de los machos sexualmente maduros.

La técnica de castración es simple, para ella es necesario utilizar una droga tranquilizante (miorrelajante), un anestésico local, un antibiótico inyectable y un desinfectante local, más el instrumental de cirugía. Los animales se reponen de la intervención prontamente.

La castración y el sacrificio de chulengos para la producción de pieles, son las técnicas a utilizar para regular el número de machos en un Plantel, en consecuencia, se podrá aumentar el número de hembras aptas para la reproducción y maximizar el número de crías.

Además, otra razón para eliminar o evitar el excedente de machos adultos es que si la evolución del diámetro de la fibra en guanacos es similar a la descripta en Alpacas (Novoa, 1991), es decir que su diámetro aumenta con la edad, conviene que la mayor parte de los guanacos para producción de fibra fina pertenezcan a las categorías de primera y segunda esquila, así será mejor la calidad (finura) de la fibra obtenida en el criadero.

Manejo productivo

En un establecimiento con fines productivos conviene manejar no menos de 200 animales adultos, a fin de obtener entre 100 y 150 kilos de fibra “sucia” por año.

Para criaderos de estas proporciones o mayores, pueden darse algunas recomendaciones generales: para el servicio se puede comenzar con una proporción de machos del 10 % (1 macho cada 9 hembras). Si se presentan conflictos entre machos que perjudiquen el éxito reproductivo, descender su proporción hasta llegar a la situación óptima. Ésta se determinará a través del índice de parición, el cual va a reflejar si el manejo reproductivo se hace bien o no. Las diferentes estrategias a considerar actualmente para el manejo reproductivo del Guanaco en cautividad son:

a) Grupos familiares en corrales separados para los animales de “Excelencia”- Los Grupos de Excelencia deben manejarse en corrales chicos, sólo constituidos por un Grupo Familiar (1 macho y de 2 a 9 hembras), así puede controlarse con precisión los padres de las crías. La descendencia de estos grupos esta destinada a mejorar la calidad genética de la cuadrilla general.

b) Cuadrilla general con machos todo el año- Este caso presenta la ventaja de adaptarse al comportamiento natural de la especie.

Cada macho establecerá su territorio y retendrá a sus hembras; el ciclo será igual al curso natural de la reproducción en la vida silvestre. Sólo se diferenciará por las maniobras de “destete” artificial. Para que esto suceda, la superficie del corral debe ser amplia; no solo habrá que considerar la carga animal (número animales/kilos de forraje) sino también, un espacio que exprese la relación machos/ territorios (1 macho/superficie defendida). La distribución espacial de los animales tenderá a ser semejante a la natural. También va a existir una continuidad en la relación macho/hembra en el período de parición-cortejo-cópula; el macho reconocerá a sus hijos a lo largo de las diferentes estaciones reproductivas.

Una desventaja de esta estrategia, será la existencia de demasiadas peleas entre machos a lo largo del año por el espacio y las hembras, perjudicando tal vez la reproducción. Dedicarán mucho tiempo (energía) a peleas, patrullaje y marcación y menos al cortejo y cópula. Otra desventaja, es que la superficie de los corrales deberá ser mayor que en el caso c).

c) Cuadrilla general con machos estacionales, i.e. los machos se colocan con las hembras durante un tiempo limitado en la estación reproductiva. En este caso, se podrá aumentar la cantidad de hembras (mayor carga animal) al no formarse territorios. Existirá menor cantidad de peleas entre machos, no compiten por el espacio, sólo por las hembras. Se podrán estacionar aún más los nacimientos. Es un manejo similar al que se realiza en Alpacas. Los machos se manejan por separado, en otro corral durante 8 ó 9 meses.

Es un manejo contrario a su natural conducta socio-reproductiva, pueden surgir conflictos en la relación padre-madre-hijo, no conocemos como será el trato hacia las hembras recién paridas o por parir al ingresar el macho (ver Agresividad del Padre). Las peleas entre machos por espacio y rivalidad ocurrirán dentro del corral de machos.

Esta será quizá, la estrategia futura cuando hallan transcurridos varias generaciones de guanacos en cautividad, con la consecuente selección y adaptación al manejo en estas condiciones. Cuando se describen las características de un animal doméstico, normalmente se cita para diferenciarlos de sus ancestros silvestres una mayor actividad sexual o “hiper-sexualidad”. Probablemente, esta “evolución” se deberá dar también en el transcurso de la cría del guanaco, en su pasaje de animal silvestre en cautividad a “doméstico”. Una vez producida esta adaptación funcional se podrá aplicar un manejo tipo c) y probablemente aumentar la relación macho:hembras.

La elección por una u otra estrategia debe basarse en la eficiencia reproductiva que cada una logre; la eficiencia se medirá a través del índice de parición (relación entre el número de hembras aptas para la reproducción y el número de crías nacidas por año). Esta nos indicará el manejo reproductivo correcto.

Es interesante tener en cuenta el modelo de empadre empleado en alpacas (Novoa y Flores, 1991). Este sistema utiliza un servicio estacional y a la vez alternado, con un porcentaje del 6% de machos durante 8 semanas; los machos son reemplazados cada 7 días y a las hembras que ya han parido se les permite un descanso de 10 a 15 días.

 

Cuadro 1- En este cuadro puede observarse como estructurar inicialmente un criadero de Guanacos,

en base al diámetro de su fibra ( micras).

 

El manejo con selección del plantel de reproductores requiere individualizar a todos los animales, llevando un registro de producción lo más detallado posible de cada uno de ellos.

Infraestructura

El tamaño de los potreros debe estar en relación con la productividad primaria de la vegetación, donde serán construidos.

Para la estepa patagónica debe planificarse una relación de un (1) guanaco cada 5 a 8.5 ha; en zonas de mallines alrededor de 2.9 a 5 guanacos/ha por año redondo, según su productividad primaria. Para la elección del sitio donde se construirán los corrales, como también para un uso más eficiente de las pasturas naturales, es aconsejable conocer la productividad y composición (especies, comunidades, etc.) de la vegetación del lugar, como así también el tipo de dieta de los guanacos (silvestres). Así se podrá estimar la calidad del potrero en cuanto a la presencia cuali y cuantitativa de las especies vegetales más deseadas por los guanacos. Para esta información puede consultarse a Pelliza, A., 1997.

Si los corrales son muy reducidos el alambrado debe ser lo más alto posible (2 m), pueden ser más bajos en corrales amplios. Debe preverse un refugio techado en caso de no contar con reparos de arbustos y/o árboles. Los bebederos deben estar elevados unos 30/50 cm de altura. Además, debe disponerse de un sitio con suelo suelto, arenoso y seco, para que puedan revolcarse en él. Esta conducta natural de la especie mantiene su pelaje limpio, seco y suelto, facilitando la regulación de la temperatura corporal y la esquila.

Para facilitar la conducción de los animales, conviene construir un callejón que conecte los corrales entre sí, con los bretes de encierre, galpón de esquila y manga. En este punto pueden ayudar los diseños elaborados para criaderos de ciervo.

Los alambrados para corrales extensos de guanacos deben tener 1,80 m de altura, construyéndolos preferentemente con malla de alambre galvanizado con trama de 15 cm x 5 cm y postes distanciados cada 3 o 4 m. Los postes, de madera o metal, deben colocarse del lado externo del corral para aumentar su resistencia y evitar que los animales se golpeen al correr paralelos al alambrado.

Un alambrado más económico puede construirse con 14 hebras de alambre liso de mediana resistencia solas o combinadas con alambre “chanchero” y un poste cada 4 o 5 m y varillas intermedias de madera. En estos casos es importante el tensado de las hebras inferiores o su sujeción al piso con pequeñas estacas, ya que los guanacos tienen la habilidad de pasar por debajo de ellas si están flojas. A media altura (tomando como referencia, el pecho de un guanaco adulto) es recomendable una densidad de hebras mayor que en la parte superior o colocar una “tirada” de alambre chanchero, para contrarrestar los empujones (“pechazos”) de los guanacos adultos.

Los puntos críticos a tener en cuenta en la construcción de un alambrado para guanacos son como se ve en el dibujo:

 

A) La altura para que no salten los guanacos (1,80 m)

B) Punto medio, a la altura del pecho, donde mayor presión sobre el alambre ejerce un guanaco, especialmente si pasa cabeza y cuello.

En este punto es donde es recomendable colocar el alambre tipo chanchero.

C) Punto inferior, las hebras deben estar tensas y cerca del suelo para evitar que los guanacos pasen por debajo.

D) Los Postes deben tener la resistencia suficiente como para soportar la presión de varios guanacos a la vez,

como por ejemplo cuando se realizan maniobras de arreo.

 

Un criadero de guanacos debe contar con diferentes tipos de corrales para manejarlos de acuerdo a su calidad, edad y sexo. Los grupos familiares de excelencia, deben alojarse individualmente en corrales chicos de 2 a 5 ha, según la cobertura vegetal. Los corrales donde se alojará la cuadrilla general, cuya superficie dependerá de la cantidad de hembras que la integran. Los corrales donde se realizará la recría, compuesta por los juveniles destetados y capones. (Ver cuadro 1).

Por último, un área o sección para la cría artificial de chulengos, en caso de que se capturen chulengos silvestres, sea para formar el plantel o para aumentar la diversidad genética del mismo.

El área o sector destinado a la cría artificial de chulengos, debe estar constituida por:

a) una habitación cerrada y limpia donde se preparan las tomas de leche, se higienizan los utensillos, con un botiquín para urgencias y un Registro donde se asiente la información de cada chulengo (cantidad de leche ingerida, trastornos sanitarios, origen, edad, sexo, etc.);

b) un corral de encierre nocturno, protegido del viento, parcialmente techado y/o con reparos naturales (árboles o arbustos); comederos, bebederos y un área, de por lo menos 4 o 6 m², para ser utilizada como revolcadero. Es aquí donde se dan las tomas diarias de leche. Por último y anexo a ellos están:

c) el corral de pastoreo y ejercicio diario.

La superficie de estos corrales está en relación a la cantidad de animales a criar; i..e. 50 chulengos necesitarán alrededor de 400/500 m² para el corral de encierre.

El alambrado para estos corrales debe ser de trama tejida con una altura mínima de 1,50 m. También puede construirse un pequeño corral para alojar animales (adultos o chulengos) enfermos que requieran un tratamiento en especial.

Alimentación

Consumo

Durante la experiencia de cautividad el plantel estaba constituido por 51 animales adultos, que se alimentaron en 7,5 has., cubiertas por una antigua pastura implantada y bajo un régimen de riego por inundación.

Las especies dominantes en ella eran: trébol (Trifolium repens), festuca (Festuca arundinacea) y pasto ovillo (Dactylis glomerata), cuya oferta estival fue suficiente para la alimentación de los guanacos. En invierno (mayo a septiembre) se los suplemento con fardos de alfalfa y avena en granos.

Un ensayo de consumo voluntario de materia seca (Foto 67) realizado permitió determinar que un guanaco con un peso promedio de 71 kg consume en promedio 1734,6 gr de materia seca por día, que corresponde al 2,4% de su peso vivo (máximo: 2,8%, mínimo: 2,2%). El mismo se realizó con guanacos de 2 y 3 años de edad, ubicados en bretes individuales, utilizando pellets de alfalfa como forraje. Se efectuó un primer ensayo con dos repeticiones; antes de cada período de medición se realizó un período de acostumbramiento; ambos períodos tuvieron una duración de 7 días cada uno (Sarasqueta, 1981).

 

Foto 67- bretes donde se realizaron los ensayos de consumo.

 

El consumo promedio de materia seca de un ovino de 40 kg (UGO) es de 1000 gr/día, estableciéndose una relación de cargas de 1 guanaco cada 1,7 ovejas. Para otros camélidos se han establecido las siguientes relaciones: 1 alpaca/1 oveja, 1 llama/1,5 ovejas (San Martín 1987, San Martín y Bryant 1987). Según este mismo autor, los Camélidos Sudamericanos presentan por razones anatomo-fisiológicas un nivel de consumo un 30% menor al ovino.

A los efectos prácticos de establecer cargas de guanacos en un sitio, atañe considerar una relación máxima de 1 guanaco/2 ovejas. En algunos casos esta relación puede llegar a restringirse en favor del guanaco, como en áreas de mesetas altas y frías, donde las ovejas difícilmente puedan sobrevivir durante todo el año.

Estos datos pueden ser de utilidad cuando se programan los requerimientos de alimento para la cría de guanacos en cautividad y así lograr un optimo manejo de las pasturas, sean naturales o implantadas.

Alimentación artificial de chulengos

Cuando se crían chulengos artificialmente, hay que tener en cuenta que el promedio de ingesta del chulengo es de 1200 ml de leche por día. La duración del amamantamiento artificial es de 90 a 105 días. (Fotos 16, 17 y 18).

En las tres o cuatro primeras semanas debe utilizarse leche de vaca en polvo de calidad, diluida según las especificaciones del fabricante y adicionarle vitaminas y minerales. Para el resto del período de lactancia, si fuese necesario por razones económicas, la leche en polvo de vaca puede mezclarse en partes iguales con sustitutos de leche para terneros de tambo. Pero lo óptimo es la leche en polvo de vaca, los sustitutos suelen no ser bien tolerados por los chulengos y son causa de diarreas, con la consiguiente desnutrición.

La leche debe ser suministrada en mamaderas, elaboradas con botellas de litro y una tetina para corderos guachos (fabricadas con látex; 10-12 cm de largo y 1 cm de diámetro en su extremo de succión), o en balde con 4 o más salidas en la parte inferior donde se colocan las tetinas. Es conveniente asociar las tomas de leche a algún sonido de “llamada” (cencerros, silbatos, etc.) reconocible por los chulengos, así acudirán al lugar de amamantamiento sin necesidad de arrearlos.

También sería importante probar “muñecos”, hechos con cueros de guanacos y caballetes, simulando los cuartos traseros de una hembra y colocando las mamaderas en la región de las ubres; esto es importante para evitar los inconvenientes del imprinting.

Las tomas deben suministrarse como mínimo 3 veces al día. Durante el primer día de amamantamiento debe utilizarse una mamadera de bebé con tetina chica, para acostumbrar a los chulengos. Cuantas más tomas de leche al día se den, mejor será la digestión y asimilación por parte del chulengo. En observaciones realizadas durante esta experiencia de cría en cautividad, se determinó, que el promedio de veces al día en que existe contacto y succión de las ubres de la madre por parte del chulengo fue de 16,9 veces por día.

Los animales deben contar desde el primer día de crianza con acceso a una pastura y/o fardo de alfalfa, pues al finalizar la primera semana de edad, los chulengos ya suelen comer pasto en pequeñas cantidades. Después de los 2 meses de vida pueden comenzar a recibir avena en granos, pellets de alfalfa o alimento balanceado, acostumbrándolos a consumirlo y digerirlo gradualmente. Es conveniente, que el suplemento elegido sea el mismo que se utilizará como suplemento invernal en los juveniles y adultos. También se deben colocar en el corral sales minerales y desde el primer día asegurar el acceso a agua fresca. El aumento en el consumo de agua será inversamente proporcional al de la leche. Además, el agua es un excelente vehículo para la administración de medicamentos.

Al terminar su período de lactancia artificial, un chulengo debe pesar como mínimo entre 30 y 35 kg; desarrollándose mejor cuando es criado al pie de la madre. Los chulengos destetados deben mantenerse sobre pasturas en los potreros de recría o a “corral” en base a fardos o pellets de alfalfa, que no es lo más conveniente.

Restricciones alimentarias durante el primer invierno provocan animales de porte reducido. Es importante que las hembras se desarrollen bien, para que puedan quedar preñadas durante su segunda o tercera primavera de vida (22-36 meses) y parir a los 3 ó 4 años.

Como anteriormente se mencionó, para una buena atención de los animales es recomendable mantener una relación, como máximo, de una persona cada 20 ó 25 ejemplares.

En ciertos casos, la “técnica” de condicionar animales (dar recompensas o premios) es una buena manera de manejar guanacos, e.j.: organizar la toma de leche, etc..

En una interpretación del condicionamiento Skinner B., comenta, “el hombre ha aprendido como dar a los animales premios de manera tal de recibir el suyo”.

Sanidad

Los problemas de sanidad más importantes se suelen presentar durante el primer año de vida. En la fase inicial de lactancia, los problemas más destacados son trastornos de la captura (“stress”) y las diarreas. La mayoría de estas diarreas, de origen bacteriano o virósicas, son en general consecuencia de una mala adaptación al cambio de la alimentación (de leche de guanaca a leche de vaca en polvo) o del mal manejo de la lactancia artificial, e.j. sobrecargar a los chulengos con una o dos tomas solamente o una mala higiene de los utensillos. En estos padecimientos se altera el normal estado de la mucosa intestinal, predisponiéndola al ataque de bacterias y virus. Son afecciones peligrosas, que producen una rápida deshidratación en los chulengos de pocos días de vida. Deben ser tratadas con prontitud, dado que producen debilidad general, pérdida de apetito y muerte en pocos días.

Estas diarreas comienzan a visualizarse cuando la materia fecal de los chulengos cambia su forma de pellets al de una pasta, semisólida primero y líquida luego. A partir de ese momento, la materia fecal comienza a manchar la región perineal, cola, garrones y parte posterior de los muslos. Un indicador del agravamiento del cuadro es el cambio de color de la materia fecal, de color verde se desliza a blancuzco.

Los animales deben ser tratados ante los primeros síntomas, pues los casos donde la defecación es de color blanco grisáceo o amarillento son irreversibles.

Los chulengos responden muy bien al siguiente tratamiento: leche en polvo disuelta con agua de arroz y un antibiótico de amplio espectro, de acción en la luz intestinal. También es conveniente administrar un antibiótico de acción prolongada, vía intramuscular. La leche preparada de la forma indicada debe administrarse hasta que la materia fecal vuelva a su estado de pellets. A los animales muy deshidratados se les debe administrar suero. Los tratamientos y su control son individuales. Separar los animales afectados de los sanos.

Para evitar estos trastornos (diarreas) no deben guardarse los restos de leche de una toma para la siguiente, extremar las medidas de higiene con todos los implementos utilizados. Tanto para asegurar el control individual, como la rutina diaria, es recomendable concentrar en pocas personas la atención de los animales.

Los chulengos deben ser desparasitados, eliminando tanto endo como ectoparásitos. Al principio de la experiencia han ocurrido casos invernales de bronquitis verminosa (Dyctiocaulus sp.), adquiridos de los ovinos que habitaron el lugar anteriormente.

Por otro lado, sus uñas deben cortarse periódicamente, ya que algunos animales no las gastan correctamente en suelos húmedos.

Una vez superadas las primeras semanas de adaptación y cría, es raro que se presente alguna patología que afecte a muchos animales. E l siguiente período crítico para los guanacos juveniles es el primer invierno de vida.

Dos enfermedades que deben controlarse estrictamente y evitar que entren a un criadero son: la sarna (Sarcoptes scabiei var. aucheniae y Psoroptes aucheniae) y la sarcoporidiosis o sarcocistosis (Sarcocystis aucheniae), ambas presentes en diversas poblaciones silvestres. La sarna es perjudicial para la producción de fibra, es una enfermedad contagiosa de la piel producida por ácaros. Inicialmente se ubica en regiones del cuerpo desprovistas de fibra (axilas, entrepiernas, vientre, región peri-anal), para luego extenderse por casi todo el cuerpo del animal. La piel esta engrosada, transfigurada en agrietadas costras de color amarillento, con un intenso prurito y pérdida de fibra.

En tanto, que la sarcoporidiosis afecta la calidad de la carne, ya que produce quistes macroscópicos en la musculatura esquelética. Estos tienen una forma cilíndrica u oval de color blanquecino, su tamaño puede variar de 1 cm de largo a una dimensión microscópica.

Los músculos más afectados son los del cuello, el diafragma, los maseteros, esófago y corazón. La carne afectada no es apta para el consumo humano. Para completar su ciclo de vida (predador-presa) los Sarcocistis necesitan la participación de carnívoros, como el perro o los zorros, que son los huéspedes definitivos (predador); mientras que el guanaco es el huésped intermediario (presa).

Otras enfermedades observadas durante la experiencia de cría fueron: micosis de piel, conjuntivitis y una afección de las glándulas salivales. Esta última produce una gran hinchazón de la cara, que suele ceder en uno o dos días, luego de la administración de un antibiótico de amplio espectro inyectable. Se desconoce su etiología.

Aspectos del desarrollo dentario

En el momento del parto, la mayor parte (75%) de las crías observadas, presenta los incisivos apenas cortando las encías. Se presentan como una fina línea blanca áspera de 1 mm de altura. A los 7-10 días de edad alcanzan los 3 mm de altura; los extremos son los últimos en aparecer.

Entre los 24 a 30 meses de edad, los juveniles reemplazan sus dientes incisivos temporales o deciduos por los permanentes. Este cambio se inicia por los incisivos centrales (I 1 o “pinzas”); luego se reemplazan los medios (I 2), por último los laterales (I 3 o “extremos”). En animales observados a los 26 meses, no se detectó que los colmillos superiores (Cs) hayan cortado la encía; sí se observó el surgimiento de los colmillos inferiores (Ci).

En guanacos de 36 a 38 meses se detectó la presencia de ambos colmillos superior e inferior.

A la edad de 42 a 48 meses, los incisivos inferiores están completos en su desarrollo, las pinzas presentan un ligero desgaste, el tamaño de estas es 20-23 mm de altura y 9-11 mm de ancho en su base. El incisivo superior(I 3) es ostensiblemente mayor en los machos que en las hembras (e.j. :machos 8-12 mm de altura y 5-7 mm de ancho en su base; hembras 3-5 mm de altura y 2-4 mm de ancho en su base), su aspecto es semejante a un colmillo y curvado hacia atrás (forma de coma). Los colmillos superiores, curvados hacia atrás y algo hacia afuera, su altura a esta edad es de 6 a 9 mm, y con 5 a 7 mm en su base. En las hembras son de menor tamaño, casi la mitad.

Los premolares se cambian entre los 48-50 meses. Luego surgen los molares. De esta manera alrededor de los cinco años los guanacos presentan su dentadura completa.

Reproducción y crianza

Maduración sexual

La madurez sexual no es un acontecimiento que suceda instantáneamente en la vida de un individuo, sino que es un proceso paulatino, en el cual ocurren modificaciones en el comportamiento, la fisiología (especialmente en la endocrinología) y la anatomía del animal. Estas modificaciones pueden ocurrir simultáneamente o de forma gradual en un lapso de tiempo. A veces, algunos cambios se manifiestan antes que otros de acuerdo al estado físico y social del animal y del medio en que se encuentra. En el caso de los guanacos estas transformaciones se producen entre los 2 y 5 años de edad.

Durante la maduración sexual, no sólo un individuo se adapta fisiológicamente para reproducirse, sino que también debe comunicárselo a los otros miembros de su especie. La maduración sexual es un proceso que transforma individuos inmaduros en animales socialmente productivos, aptos y capaces de generar nuevos individuos.

La pubertad se alcanza alrededor de los 2 años de edad en las hembras y a los 3 años en los machos, aunque estos últimos alcanzan su plenitud física y reproductiva a los 5 años (tamaño corporal; dentadura completa, con los colmillos bien desarrollados). A los 56 meses de edad los guanacos tienen la boca completa (“llena”), todos los dientes permanentes han hecho erupción; a partir de aquí comienza su desgaste.

Es a esta edad, en que los machos desarrollan plenamente los comportamientos relacionados con la reproducción, e.j. capacidad de dominar hembras de mayor edad y tamaño, defensa del territorio y de las hembras contra otros machos adultos. También a partir de los cinco años se logran los índices de reproducción (parición) más altos.

Alrededor de la madurez sexual otros cambios que se presentan son en la voz: los machos comienzan a “relinchar”; en su carácter: son agresivos con los otros machos de su edad, pierden la “socialización” de los chulengos, tienden a mantenerse aislados.

Los machos jóvenes comienzan a emitir relinchos hacia fines del otoño del año en que llevan a cabo su maduración. Al principio, son relinchos cortos y muy agudos, con dificultad para efectuarlos correctamente; luego mejora su ejecución y se ajustan a la frecuencia característica de la especie, se manifiestan con facilidad y en las circunstancias correctas, es decir, comunicar el mensaje justo en el momento exacto (alarma, advertencia) a sus congéneres.

Las hembras comienzan a modificar el aspecto de la vulva, se engrosan sus labios, se agranda su abertura y hay secreciones de flujo; pero no hay grandes cambios en su carácter.

Es recomendable aparear a las hembras jóvenes a partir de los 2 años para que su primer parto sea a los tres años. Esto es aconsejable si las hembras alcanzan, por lo menos, el 75% de su peso adulto para el momento del servicio. Este manejo le permitirá a las hembras completar su desarrollo. Como en cualquier otra especie, gestaciones prematuras restringen el crecimiento de la madre.

Al referirse al desarrollo de las hembras juveniles en términos de un porcentaje de su Peso Vivo de Adulto, se debe considerar que existe una gran variabilidad genética en los guanacos, por lo que es difícil establecer, en estos momentos, valores promedios estándar del peso vivo para las categorías de juvenil y adulto. El peso vivo de las hembras adultas normales puede variar dentro de un rango de 75 a 120 kg, así el 75 % del P.V. de una hembra de 100 kg será 75 kg, en tanto que para una hembra de 75 kg el 75 % corresponderá a 56 kg.

 

 

Foto 65-el pene, en los guanacos, finaliza en dos extremos, una punta cartilaginosa y la apertura de la uretra.

Foto 66- el útero esta conformado por un corto cuerpo y dos extensos cuernos, donde se realizan las gestaciones.

Cortejo y cópula

Trabajando con grupos familiares en cautividad, el cortejo (Fotos 19, 20, 21 y 22) y cópula son similares a lo que ocurre en condiciones silvestres, este proceso puede ser dividido en cinco fases:

a) Detección: El macho detecta a una hembra en celo a través del olfato; ya sea localizando la presencia de hormonas en la orina fresca de las hembras en los bosteaderos u olfateando directamente la vulva de una hembra. En el primer caso, la reacción inmediata del macho es levantar la cabeza, doblando el cuello hacia atrás, hasta casi apoyarlo sobre su espalda. Esta conducta o display (“estrellero”) dura alrededor de 20 segundos y se reitera varias veces durante el día (Foto 19).

 

Foto 19-detección. conducta (“flehmen”) del macho luego de olfatear orina de una hembra receptiva en el bosteadero. “estrellero”.

 

b) Persecución: Cuando el macho inicia el cortejo, al detectar a una hembra en celo a una distancia de 50 a 60 m, se acerca a ella con la cabeza baja, la cola parada, las orejas desplegadas y emitiendo un sonido gutural. Esta postura se asemeja a la conducta de sumisión de los chulengos. Así se disminuye la agresividad de la hembra, que en un primer momento intenta mantener su distancia individual. Al ser perseguidas, algunas hembras se desplazan rebotando contra el suelo con sus cuatro patas (“ stotting”). Esta acción, también, se observa en los chulengos durante sus juegos. Al estar el macho a 1 o 2 m por detrás de la hembra modifica su postura, especialmente su cabeza y cuello. Ahora la hembra es perseguida por el macho, al trote, con el cuello erecto, cabeza levantada, las orejas echadas hacia atrás (Foto 20) y emitiendo el sonido gutural. Este sonido puede interpretarse como una señal de no agresión. Esta forma de seguimiento es una ritualización de la conducta de persecución del macho jefe “relincho” a un macho desafiante o intruso. Es en esta etapa de persecución donde se interrumpen la mayoría de los cortejos; principalmente porque la hembra no esta receptiva.

 

Foto 20- inicio de la “persecución” de la hembra receptiva.

 

En ocasiones, la persecución de una hembra puede durar días, en forma discontinua, con verdaderas peleas (mordidas; escupidas; ambos emiten gritos muy agudos o estridentes, semejantes a los que emiten los relinchos durante las peleas territoriales, etc.). Estas suelen suceder entre machos y hembras vírgenes (o hembras que por alguna razón no están en condiciones normales para copular); al no tener experiencia no interpretan correctamente la conducta de cortejo, están asustadas y no reducen su distancia individual. A estas hembras, el macho las debe dominar antes de mantener con ellas una cópula exitosa, requisito necesario para poder integrarse al grupo familiar. Estas peleas se reconocen porque la cabeza y cuello de ambos, en especial el macho, están de color verde por las escupidas (contenido del rumen regurgitado) que entre ellos se lanzaron. Normalmente esta fase dura en promedio 2 minutos 15 segundos (máximo: 14.30 minutos; mínimo 0.17 minutos).

c) Empujones: Si la hembra esta fisiológicamente receptiva, se pasa a esta fase, donde el macho la empuja con su pecho (“pecha”) por detrás, y a la vez la muerde suavemente en las patas anteriores (antebrazo y metacarpos) y posteriores (a la altura del muslo y de la pierna) sin lastimarla, para inducirla a echarse. En todo momento, el macho se desplaza con un trote muy ritualizado y ostensible. En esta etapa es donde desaparece momentáneamente la defensa de la distancia individual, en la hembra.(Foto 21).

 

Foto 21-“empujones” es la tercera fase del cortejo.

 

d) Monta : El macho comienza a montar a la hembra, mientras ambos están de pie y en movimiento. El macho se apoya sobre las ancas de la hembra con la región del callo esternal y sus patas delanteras. La presión que ejerce sobre las ancas de la hembra receptiva la estimula a echarse (Foto 22).

 

Foto 22- “monta”, el macho monta a la hembra de pie y en movimiento.

 

e) Cópula: Una vez en el suelo, el macho cubre a la hembra y ambos comienzan a manifestar las conductas propias de la cópula.

Durante esta acción el macho emite un sonido gutural, de tono grave y entrecortado. Durante su ejecución dilata los ollares, hincha y deshincha las mejillas, mientras expele el aire a través de la hendidura del labio superior. Este sonido tiene un efecto tranquilizador en la hembra. Es semejante al emitido durante la persecución. Finalizada la cópula, el macho se levanta inmediatamente, mientras la hembra permanece en el suelo por unos minutos más y en la misma posición.

Mientras la duración promedio de las cuatro primeras fases es de 2 minutos con 26 segundos, la cópula propiamente dicha dura en promedio 16 minutos con 3 segundos (n= 27, máximo: 42'25"; mínimo:1'6"). La duración de la cópula se reduce a medida que el macho gana experiencia. A veces ocurren cópulas sin cortejo previo, por ejemplo cuando una hembra en celo se echa al lado de una pareja copulando (Foto 23) y el macho pasa a copular con ella después de finalizar con la anterior.

 

Foto 23- los guanacos realizan la cópula echados en el suelo. El tercer animal a la izquierda,

es una hembra receptiva que espera su oportunidad para copular.

 

En una oportunidad se observó a un macho montar tres hembras, una inmediatamente después de la otra; la tercera copula fue sólo un intento ya que el macho estaba exhausto, sin energía para concretarla. Si fueron exitosos (considerando que se cumplieron todas las pautas de comportamiento establecidas para esta acción) tres servicios realizados por un mismo macho en un lapso de 2 horas 48 minutos. Un macho adulto puede servir a varias hembras en un mismo día; el máximo observado fueron tres servicios. En alpacas se ha registrado que un buen macho puede realizar hasta diez servicios por día (Novoa, 1970).

Actualmente se desconoce la vida útil de un relincho en condiciones de cautividad; sólo se conoce el acontecimiento de un macho que preño a varias hembras a los 14 años de edad (Amaya, 2001, comunicación personal).

En algunas ocasiones, las hembras interrumpen el coito echándose sobre uno de sus lados, lo que obliga al macho a levantarse. Esta conducta, también fue descripta en alpaca (Novoa, 1970).

Las cópulas pueden detectarse indirectamente a través de las evidencias o rastros que subsisten en la hembra. La principal, entre ellas, es el efecto producido en la región lumbo-sacra por el callo esternal del macho. Esta marca, que se denomina “escudo o parche de monta”, se evidencia por las condiciones en que queda la fibra (“lana”) después del coito (Foto 25). Las fibras están apelmazadas, entremezcladas y desprendidas de la piel, llegando a causar el desprendimiento total de la “lana”, erosionar e inflamar la piel del área del escudo. También se encuentran pelos blancos largos y gruesos provenientes de la zona del callo esternal del macho. El tamaño o grado de intensidad del escudo varia de una a otra hembra, tal vez debido a las características del macho, a la duración de la cópula y al número de cópulas realizadas.

 

Foto 25- el parche de monta permite identificar a las hembra que han copulado.

Izquierda después de la primera cópula derecha: después de copular varia veces.

 

El callo esternal del macho desempeña, entre otras, una importante función de estimulación (sistema nervioso medular) de la hembra durante la cópula; ejerce presión y fricción en la región lumbar, estimulación necesaria para inducir la ovulación de la hembra, la que se produce dentro de las 24 horas posteriores al coito. Si esto es así, puede pensarse en la existencia de una relación entre la magnitud del callo esternal y la capacidad sexual del macho.

Otra señal que se observa después de la cópula, si ha sido reciente, son las fibras húmedas y apelmazadas en un costado de la cola de la hembra, lado de penetración del pené, además, secreciones provenientes de la vulva con pequeños rastros de sangre derivada del tracto reproductivo de la hembra. Estas pequeñas hemorragias son consecuencia del estado de puerperio en que se encuentran los órganos reproductores a 2 o 3 semanas del parto.

El escudo esta acompañado generalmente por áreas más pequeñas desprovistas de fibra en la región costal inmediatamente por detrás de las escápulas, producidas por el roce de las extremidades delanteras del macho (Foto 25, Derecha).

Después de la cópula la hembra permanece echada en el suelo por un tiempo más, en promedio de 11 minutos 52 segundos (máximo: 36,03 min.; mínimo:0.35 seg.). Esta actitud puede tener el significado de permitir la migración de espermatozoides por el útero y sus cuernos, favoreciendo su encuentro con el óvulo. Así posiblemente, las hembras que permanecen en esta posición tengan más éxito en la fecundación que aquellas que por alguna circunstancia se levantan rápidamente.

Por el contrario, los machos al finalizar el coito se levantan instantáneamente. Cuando se incorporan suelen hacerlo de una manera particular, comienzan a trotar de lado, con la cabeza y cuello hacia delante y abajo y las orejas erectas. Esta postura se asemeja a la que adoptan los relinchos cuando galopan hacia el sitio de su territorio donde se detectó un intruso, pero con un tinte casi caricaturesco.

También, inmediatamente después de copular, se detiene a orinar-bostear en todos los bosteaderos que detecta a su paso; esta exagerada frecuencia de veces se puede interpretar como una acción de marcado de limites del territorio. Después de la copula, existirían en la orina una gran cantidad de sustancias (¿ferohormonas?) óptimas para señalar los bosteaderos y por ende el territorio, en una época de gran actividad y rivalidad sexual. Como también, podría ser la causa de la conducta de “Flehmen” (“estrellero”) en las hembras que asisten a estos bosteaderos inmediatamente después que el macho orinó. En las hembras, esta conducta (display) no es tan ostentosa como en los machos.

Las hembras, después de parto, aceptan copular nuevamente entre los días 11 y 24, es decir, durante la segunda y tercera semana post-partum. Durante este lapso de tiempo copulan varias veces con el macho de su grupo familiar. San Martín y Fernández Baca (1973) señalan una conducta similar en alpacas; con la particularidad de que la edad de los embriones siempre coincidía con la primera cópula. Si esto mismo ocurriese en los guanacos, puede pensarse que las últimas copulas sólo tendrían un sentido de cohesión de los vínculos entre los miembros del grupo familiar.

Durante el coito, otros integrantes del grupo familiar, hembras y crías, permanecen alrededor de la pareja. Las hembras fisiológicamente receptivas se echan a su lado, a la espera de ser las próximas en copular. Las crías recién nacidas presencian la cópula de sus padres (Foto 24), echándose a su lado o dando vueltas alrededor de la pareja.

 

Foto 24- las cópulas ocurren durante la segunda y tercera semana después del, parto.

Los chulengos, con su presencia, aprenden sobre esta conducta.

 

Exploran la situación, olfatean al macho en la región de la ingle, cabeza, le muerden con suavidad las orejas y patas o saltan a su lado. En ocasiones, el macho las escupe para alejarlas. De este contexto las crías aprenden las conductas sexuales de su especie.

Gestación y Parto

Para elaborar un programa de cría en cautividad es importante tomar en cuenta la duración de la gestación y las características normales del parto en el guanaco. El período de gestación tiene una duración promedio de 349 ± 2 días (n= 5; máximo, =365 ; mínimo. 348) (Sarasqueta, 1993); equivalente a 11.5 meses. Estos datos se obtuvieron durante una experiencia que consistió en colocar en un corral pequeño de alrededor de 70 m², un macho adulto y cinco hembras con evidentes síntomas de celo durante 5 días, de a una por vez.

 

Períodos de gestación en camélidos citados por diferentes autores

 

El período de tiempo promedio entre parto y parto (intervalo-entre partos) de una misma hembra es de 364.33 días (máximo: 407 días; mínimo: 341 días), es decir, que las hembras adultas necesitan 349 días para la gestación del chulengo y 15.12 días para copular y quedar nuevamente preñadas. De esta manera producen un chulengo por año; para hembras adultas normales esto es factible de lograr, e.j. durante la experiencia una hembra de 8 años de edad produjo sin inconvenientes 5 chulengos, uno por temporada reproductiva. Hasta el momento se desconoce la vida útil, es decir, hasta que edad las hembras conservan la capacidad reproductiva. En principio, realizando una estimación cautelosa, una buena hembra mantendría su aptitud para producir chulengos hasta los 18-20 años. La hembra de dromedario podría reproducirse hasta los 30 años (Yasin y Wahid, in Novoa 1970). Las hembras de Alpaca pueden reproducirse hasta los 15 o 20 años, pero las mejores crías (desarrollo y sobrevivencia) son producidas entre los 5 y 12 años de edad (Bustinza V., 1988).

Entre el tercer y quinto mes de gestación, comienza a evidenciarse en la hembra el desarrollo de las ubres, vulva y vientre. En este último, comienza a evidenciarse su agrandamiento, en especial por detrás del callo esternal. En este lugar se “quiebra” la línea recta que acopla el callo esternal con el vientre en las hembras inmaduras o no gestantes.

Las ubres presentan en este período un crecimiento del tejido glandular alrededor de los pezones, en forma de disco oval. Con un espesor de 1 a 1.5 cm, 4 a 5 cm de ancho y alrededor de 6 cm de largo. Desaparece el pliegue central que separa los pezones derechos de los izquierdos.

Los labios de la vulva se engrosan y alargan hacia abajo.

Empieza a evidenciarse un pliegue (debido al crecimiento de los labios) en forma de U invertida, que se inicia en el espacio entre la base de la cola y el ano, que llega hasta el extremo inferior de la vulva (“pliegue anal”).

Al séptimo mes, el desarrollo del vientre (“panza”) ya es bien notorio. Las ubres han duplicado su espesor y su longitud anteroposterior.

En el octavo/décimo mes de gestación son muy notorios, a través de la piel, los vasos sanguíneos que recorren la cara inferior del vientre hasta el borde anterior de las ubres. Estas alcanzan un espesor de 2.5 a 4 cm durante el décimo mes de gestación. El color de los pezones y de la piel entre ellos, ya no es de un tono grisáceo sino rosada, y en sus extremos se puede visualizar una secreción cremosa amarillenta, semejante al calostro. Al principio esta secreción tiene el aspecto de pequeñas esferas, cada una corresponde a una gota que sale por cado uno de los orificios de secreción; cada pezón tiene varios orificios. Más tarde toma el aspecto de un cono al juntarse todas las esferas. Esta secreción puede observarse algunas semanas antes del parto.

También durante este mes es notoria la depresión que se forma en el ijar por debajo de la línea de las apófisis laterales de las vértebras lumbares.

Unas dos semanas antes del parto comienza a observarse una protuberancia temporaria y recurrente (aparece y desaparece) de la región ano-vulvar muy marcada; la panza esta desplazada hacia atrás, y el pliegue anal muy marcado. Posibles síntomas que manifiestan la entrada del feto al canal del parto(patas delanteras y cabeza). La protuberancia es más grande cuando la hembra esta echada, y menor cuando está parada comiendo. En zona del ijar pueden verse como se mueven, en forma de ondulaciones, la piel y fibras al producirse las contracciones uterinas.

La mayor parte de los partos registrados en INTA Trelew, se produjeron entre los meses de Octubre y Enero. El resto de las hembras parieron en los meses de Febrero y Marzo con normalidad.

Experimentalmente, se retuvieron sin darles servicio dos hembras fértiles, hasta el mes de Mayo. A partir de este mes estuvieron con un macho; ambas hembras parieron al año siguiente en el mes de Julio. A pesar que ambos sexos pueden aparearse en invierno, suscitar nacimientos en esta estación del año no es una práctica de manejo recomendable. Las crías, a pesar del extremo frío reinante en el momento del parto, sobrevivieron normalmente.

Hora de Parto

En el 61.5% de los 39 partos ocurridos durante la experiencia, se pudo precisar la hora del día en que se produjeron.

De los nacimientos controlados, el 87.5% aconteció en horas del mediodía, entre las 10:00 y las 15:00 horas. Mientras, el 12,5% restante de las crías nacieron entre las 16:00 y 18:00 horas; en este porcentaje están incluidos los dos partos de invierno.

Puede así considerarse que existe un período de horas del día óptimo para el parto. Novoa (1991) describe, que la mayoría de los partos en Alpacas ocurren durante la mañana (06:00 a 12:00 hs), con el máximo de nacimientos a las 09:00 horas.

 

Síntomas previos al parto

Período de preparación o PRODRÓMICO

En las hembras con la gestación a término se observan un conjunto de síntomas que señalan la inminencia del parto.

Una de las primeras modificaciones anatómicas previas al parto es distensión de los ligamentos sacro-isquiáticos y articulación sacroilíaca, para facilitar el pasaje del feto.

Las primeras señales de preparación del parto pueden detectarse el día anterior o más comúnmente en las primeras horas de la mañana.

Entre los síntomas que se pueden advertir están:

a) Inquietud- Se manifiesta por un caminar intenso de un lado a otro, a veces paralelo a los alambrados, sin un rumbo fijo. No pastorea, solo da mordiscos esporádicos a la vegetación. No se echa a descansar o rumiar normalmente. Tampoco se echa de lado a “tomar” sol, como suelen hacerlo en las mañanas soleadas. Sólo se echa brevemente sobre su callo esternal con las patas flexionadas sobre su cuerpo o de lado. Luego se paran, dan vueltas en redondo en el lugar, lo olfatean, raspan el sitio donde estuvieron echadas con su pata anterior, se alejan y regresan.

Reaccionan exageradamente o con sobresaltos a ruidos y/o movimientos de otros animales que normalmente ocurren en el lugar. Esta actitud se observa 4 o 5 horas antes del parto. Este estado de inquietud es el que lleva a las hembras en su ambiente natural a aislarse o alejarse de su grupo familiar.

b) Interferencia- La hembra por parir olfatea reiteradamente a otros chulengos recién nacidos, les gime para atraerlos (“llamarlos”), pero los chulengos no le responden , no reconocen en esos sonidos a los de su madre. En algunos casos llegan a interponerse entre el chulengo recién nacido y su madre, lo olfatean intensamente e inclusive llegan a escupir o amenazar a la verdadera madre, cuando se acerca a su hijo.

Período de Dilatación

En este período se produce la dilatación del cuello del útero para permitir el paso del feto.

a) Contracciones fuertes “pujos”- Se evidencian en los flancos de la hembra, al menos, 2 horas 30 minutos antes de la fase de expulsión. Corresponden a las manifestaciones externas de las fuertes contracciones del útero. Las contracciones primordiales, que pueden durar de 5 a 9 segundos, provocan que la región ano-vulvar forme una protuberancia de 5 o 6 cm, debido a la acomodación del nonato en el canal de parto que empuja los tejidos hacia fuera. Son marcadamente visibles en la región del ijar, más que las citadas anteriormente. Durante estas contracciones, las hembras se echan al suelo o caminan muy lentamente y giran la cabeza hacia el ijar, como si miraran la zona de contracción. Cuando suceden pujos grandes, las hembras pueden echarse de lado. Existen jadeos fuertes, audibles a una buena distancia.

Con los pujos se dilata la vulva, entonces puede verse las membranas fetales a unos 5-7 cm de la hendidura vulvar.

b) Posición de orinar-bostear- Dentro de las 4 horas (239 minutos) previas al parto, se observa a la hembra adoptar numerosas veces la posición de orinar-bostear durante unos segundos, pero no orina ni bostea. A veces la hembra se dirige directamente al bosteadero, olfatea y ejecuta esta conducta, en otras ocasiones la realiza cuando por azar encuentra un bosteadero. Esta conducta es estimulada por la presión y movimientos del feto sobre el cuello del útero y de la vejiga que se encuentra por debajo; ocurre cuando el feto se está acomodando en el canal de parto para la fase de expulsión (Foto 26).

También se observa un “aplanamiento” de las curvaturas normales de la columna vertebral, que modifica el aspecto de inserción de la cola en la hembra, haciéndola aparecer como más anterior, alta y recta. Los labios de la vulva están abiertos, hinchados, turgentes, pero secos hasta que no se rompa la bolsa o disuelva el tapón del cuello del útero.

c) Sonido- Durante todo este período la hembra emite un sonido característico, ligeramente similar al ronroneo de un gato.

d) Salida de líquido (amniótico/alantoideo)- La observación más temprana de este hecho fue 2 horas 31 minutos (151 minutos) antes de iniciarse la fase de expulsión. Consiste en el escurrimiento o goteo a través de la vagina de un líquido espeso, proveniente de la disolución del tapón cervical (útero) o líquido amniótico cuando se producen roturas de las membranas fetales. Este escurrimiento es más visible cuando se adopta la posición de orinar-bostear. La salida de líquido cristalino, amarillento, espeso y en forma de chorro sin presión ocurre durante la rotura de la bolsa, durante estos sucesos las hembras se encuentran de pie.

La observación de los síntomas mencionados por la mañana (7-9 horas), aseguran que esa hembra va a tener el parto alrededor del mediodía.

Período de expulsión

Duración del parto

Tiempo que transcurre desde la primera aparición del feto o de sus membranas fetales, hasta su completa salida a través de la vulva.

Del total de partos observados, 18 se cronometraron desde las primeras horas de la mañana, 16 fueron normales, y 2 distócicos, 1 requirió ayuda para extraer la cría.

La duración promedio de la fase de expulsión de la cría es de 60.8 minutos.

 

 

La fase de expulsión es lenta durante el pasaje de la cabeza y la región toráxico-escapular del feto por el canal de parto. El pasaje de la región abdominal, cadera y miembros posteriores es rápido. No sólo porque el canal de parto ya fue dilatado por la cabeza y tórax, sino también por la colaboración de la fuerza de gravedad. Esto es así debido a que las hembras, normalmente, paren de pié (Fotos 33 y 34), por lo que la cabeza y tórax arrastran la región posterior del feto.

 

Tiempo que demoran en emerger diferentes regiones anatómicas del neonato

 

En el cuadro anterior se muestra que el 94% del tiempo de un parto transcurre desde su inicio hasta la salida del diámetro toráxicoescapular y el 6% del tiempo restante es lo que demora en salir el abdomen, cadera y patas posteriores. Entre la salida de la cabeza (Foto 29 y 30) y la aparición diámetro escapular, existe un lapso de tiempo promedio de 25,7 minutos. En tanto que el abdomen, cadera y patas posteriores demoran en salir un promedio de 7,8 minutos.

 

 

Fotos 29 y 30- la cabeza, parte superior del cuello y las patas delanteras hasta el antebrazo, surgen con relativa facilidad.