Bibiana Vilá*. 2005. Ciencia Hoy, Revista de
Divulgación Científica
y Tecnológica de la Asociación Ciencia Hoy,
5(28).
*IADIZA, Mendoza.
Volver a: Producción
de camélidos
Los camélidos
silvestres sudamericanos, es decir, las vicuñas y los guanacos -téngase
presente que las llamas y las alpacas son animales domésticos-, con su pelo que
proporciona fibras de muy alta calidad y precio, han sido seleccionados por la
oficina regional de la FAO como dos de las siete especies clave para el
desarrollo rural de la América latina y el Caribe. Las otras cinco especies
incluyen tortugas, caimanes, iguanas, carpinchos (llamados capibaras en otros
países) y coipos (aquí, por lo corriente, denominados impropiamente nutrias).
Todas tienen en común el que su distribución incluye más de un país, que sus
números están recuperándose, que existe alta demanda potencial de sus productos
y que tienen importancia social.
La población
mundial de vicuñas en épocas prehispánicas fue estimada en alrededor de dos a
tres millones, pero se cree que sólo quedaban 10.000 animales en 1960 y que,
actualmente, hay unos 150.000. Existen dos poblaciones recuperadas y manejadas,
la de la reserva nacional Las Vicuñas, en Chile, donde viven aproximadamente
12.000 individuos, y la de Pampa Galeras, en el Perú, con unos 59.000 animales.
Se define
como uso sustentable o sostenido de un recurso natural a aquella utilización
que no comprometa su capacidad de renovarse, o que no ponga en peligro su uso
futuro. El uso sustentable de esta especie requiere que la confección de hilos
o telas se haga con pelo de vicuñas esquiladas vivas; para lograrlo se necesita
conocer la historia natural, la ecología y el comportamiento de los animales.
Propósitos como este integran la investigación básica con el manejo de los
animales y de su hábitat, y con el desarrollo social. Es un principio
fundamental del uso sostenido de recursos por parte de pobladores nativos que
todo manejo para el que estos no estén preparados, por falta de conocimientos,
instalaciones o dinero, debe dejarse de lado.
Como se puede
imaginar, iniciativas de esta clase son de lenta maduración. La experiencia
chilena de promoción de una comunidad aimara mediante la utilización
sustentable de la vicuña comenzó en 1973, en Perinacota; los resultados
obtenidos permiten inferir que muy pronto Chile estará comercializando pelo de
vicuña.
Un aspecto
interesante e importante del trabajo realizado en Chile es que se han
establecido zonas reservada exclusivamente para la conservación de ecosistema
puneño, en las que la explotación (incluso la realizada con criterio de
sustentabilidad) esta excluida. Chile realiza patrullajes y censos periódicos
en su áreas de conservación y, actualmente, se propone crear nuevas reservas.
Las poblaciones animales de esas zonas protegida se han incrementado.
Otros
aspectos de los proyectos comentados se refieren a las técnicas de
transformación de la fibra en hilo tela, cuestiones en las que el Perú esta muy
adelantado. También es necesario considerar los factores socio-económico de la
participación de las comunidades indígenas rurales, y los requisitos de la
comercialización (en particular la exportación). Es muy interesante ver cómo se
han realizado en Chile reuniones de trabajo con la participación de
funcionarios gubernamentales, dirigentes aimaras y comerciantes de Santiago.
En la
Argentina no se ve perspectivas de aprovechamiento de la vicuña en el corto
plazo. Todas sus poblaciones, cuyo número fue estimado e unos 20.000 ejemplares
en 1992, están en el apéndice l de la Convención sobre el comercio
internacional de especies amenazadas de fauna y flor silvestres (CITES); en
Chile y el Perú cuyas poblaciones son más abundantes sólo una ha sido pasada al
II en el primer país, mientras que todas lo fueron, recientemente, en el
segundo*. Aquí, en 3,8 millones de hectáreas de reservas habitantes 16.000
animales; en Chile, en 2,8 millones hay casi 28.000. Antes de pensar en la
explotación, pues, deben recuperarse las poblaciones de muchas áreas.
Una de las
conclusiones que parece posible sacar del estudio de la biología de la especie
es que su organización social, con territorios y grupos familiares permanentes,
es una estrategia que disminuye el costo en energía de establecerlos en cada
temporada reproductiva, como hacen otros ungulados. Por lo tanto, el arreo y
captura que necesariamente precederían a una esquila podrían traer
consecuencias negativas para la organización social de la especie. Conocer los
factores que afectan al éxito reproductivo de los individuos permitiría
predecir los efectos de la esquila en el incremento poblacional.
La
posibilidad del uso sustentable del guanaco (Fig. 10) en la Argentina es
bastante diferente del de la vicuña. Para empezar, se estima que existen unos
550.000 guanacos en el país, muchos de ellos en propiedades privadas. Además,
su área de distribución es mucho más amplía: abarca casi toda la zona árida,
desde el noroeste hasta la Tierra del Fuego. Si bien la historia del guanaco ha
sido la de una retracción poblacional continua -se estima que a principios de
siglo había siete millones-, con varios tristes ejemplos de extinciones
regionales, como sucedió en casi todo el territorio de Córdoba, de todos modos
el stock actual permitió que la especie figure en el apéndice II de la CITES.

Fig. 1: Guanaco en la zona de Pastillos Fig.
2: Llamas
Hoy el
guanaco se explota comercialmente, sobre todo por la caza de crías o chulengos.
Las exportaciones anuales legales alcanzan el orden de los 70.000 cueros. Pero
el guanaco adulto ha sido perseguido por considerárselo competidor y transmisor
de enfermedades a las ovejas, cosa que ahora, especialmente porque estuvo muy
bajo el precio de la lana de oveja, no constituye una amenaza tan seria, y se
comienza a ver al animal como un posible recurso más que como un enemigo.
En el país
hay numerosos proyectos que contemplan la utilización de guanacos; son tanto
estatales y de fundaciones conservacionistas como de grupos cooperativos de
pequeños ganaderos o de explotaciones rurales con mayor capacidad económica.
Casi todos están en preparación, en sus primeros pasos o en etapas
experimentales; incluyen poblaciones silvestres y en semicautiverio.
Notable fue
el European Symposium on South American Camelids, que se realizó en Bonn en
octubre de 1993. Allí se planteó que, en el Reino Unido, por la reducción a los
subsidios al agro, se estudiaba el guanaco como producción alternativa de mayor
valor comercial que la oveja. ¡Guanacos en la campiña británica! Concretar la
idea requiere varias etapas previas de investigación, entre ellas un estudio de
dieta que ya esta en marcha en Gales.
En parte como
reacción a este tipo de iniciativa, en parte como protección para potenciales
productos argentinos, se ha hablado de la necesidad de prohibir la exportación
de guanacos reproductivos, semen y embriones, medidas que -independientemente
de su razonabilidad política y económica en el siglo XXI- sólo tendrán el
efecto deseado si las toman todos los países en que hay guanacos (posiblemente
ya haya bastantes ejemplares fuera del área andina, en los Estados Unidos, sin
ir más lejos).
La llama y la
alpaca fueron domesticadas, hace aproximadamente 6000 años, por las culturas
que estaban afincadas en la hoy Puna peruana. Derivan del guanaco y la vicuña ("Estudio del ADN de
camélidos sudamericanos"), y comparten con sus antecesores
silvestres la particularidad de ser pastoreadores de bajo impacto ambiental; en
otras palabras, varias adaptaciones corporales, únicas de este grupo de
animales, les permiten transformar con la mayor eficiencia los alimentos que
les ofrece el medio y causarle el mínimo trastorno. Entre aquellas cabe
destacar la presencia de almohadillas plantares que no erosionan el suelo pobre
de la Puna u otros medios áridos, un sistema digestivo que aprovecha vegetales
con alto contenido de fibras y bajo de proteínas, la capacidad de cortar en vez
de arrancar los pastos, que es favorable para la recuperación de las estepas, y
la posibilidad de alimentarse cortando pastos en forma selectiva, por la
movilidad particular de la boca y los labios hendidos.
En la
Argentina hay pocas alpacas (viven, sobre todo, en la Puna húmeda que rodea al
lago Titicaca), pero abundan las llamas de buena calidad, por las condiciones
de la Puna seca de este país. Su distribución presente responde a la presión
del ganado traído por el conquistador español: en tiempos prehispánicos era
mucho más amplia, tanto en área como en ecosistemas.
Estudios de
animales momificados de la época incaica indicaron que tenían una fibra de
mejor calidad que la actual. Esto significa, entre otras cosas, que el colapso
de las culturas indígenas ocasionado por la conquista también se reflejó en la
hibridización de los camélidos y el deterioro de sus fibras. Llamas y alpacas
constituyen importantes recursos económicos para las poblaciones andinas,
especialmente en Bolivia y el Perú, donde se halla el 98% del stock mundial de
esos animales. En muchos casos son el único medio de subsistencia de campesinos
que, a su vez, carecen de la manera de hacer un buen manejo de ellos.
En la
Argentina, las poblaciones indígenas y criollas se empeñan en criar ganado no
autóctono, sobre todo vacas, ovejas y cabras, entre otras razones históricas
porque, según sus valores, un verdadero ganadero es el que posee vacas y no
llamas. Lo paradójico de esta situación se advierte a la luz del alto precio
actual de llamas y alpacas en los Estados Unidos, Europa y Australia, en
especial el que alcanzan los reproductores.

Fig.
3: esquila de una llama;
Fig.4:
alpacas en Australia
La autora ha
participado en Inglaterra en reuniones preliminares a la creación de una
sociedad de veterinarios de auquénidos sudamericanos, en las que resultaba
evidente cómo todo se organiza rápido cuando interesa genuinamente. Lo que
marca, una vez más, que existe un importante potencial y una carrera contra el
tiempo.
En el mercado
de las fibras de camélidos, la de guanaco vale, aproximadamente, 100 $/kg y es
(dejando de lado la de vicuña) la más cara de las fibras especiales con
comercio permitido, lo que la lleva a competir con productos bien establecidos,
como las fibras de angora, cashmere y mohair, que se disputan un mercado
relativa mente pequeño y sujeto a las vicisitudes de los productos de lujo. La
venta de fibra de vicuña estaba prohibida hasta hace muy poco, por lo que aún
no tiene precio cierto.
Las fibras de
llama y alpaca, que cubren el 35% del mercado de fibras especiales, ya son
productos conocidos, sólo un poco más caros que la lana de oveja, por lo que
sus precios las hacen accesibles a una gran franja de compradores. La cantidad
de animales que hoy existen fuera de Latinoamérica, además, ayudaría a que se
consolide un mercado más organizado que el actual, y que su tamaño crezca.
En la
Argentina hay proyectos interesantes que apuntan a los auquénidos domésticos,
con participación estatal y extranjera. Constituyen una alternativa económica
más fácil, más rápida y posiblemente más rentable que el azaroso camino
experimental con los silvestres.
*La
CITES entró en vigencia en 1975 y tiene 122 países signatarios. Prohíbe el
comercio internacional de especies amenazadas y regula el de otras que pueden
llegar a estarlo, para lo que confecciona unas listas de especies, denominadas
apéndices: en el apéndice I están las de comercio prohibido (excepto en
circunstancias muy excepcionales) y en el apéndice II las que se permite
comercializar bajo control, ya que su supervivencia puede depender de este. En
el caso de las vicuñas, para la Argentina y Bolivia todas las poblaciones están
en el apéndice I; para Chile, una única población está en el apéndice II y el
resto en el I; en Perú, todas las poblaciones de vicuñas están en el apéndice
II.
LECTURAS
SUGERIDAS
CABRERA, A.L. 1976 "Regiones Fitogeográficas
Argentinas", Enciclopedia Argentina de Agricultura y Jardinería, segunda
edición, tomo II, Editorial ACME, Buenos Aires
VILA B.L., 1994
"Simultaneous Behaviour of Mothers and Calves in Vicuñas" en GERKEN
M. & RENIERI C. (eds.), Proceedings the European Symposium on South
American Camelids.
YARMOLOV C, BAYER, M, &
CEIST V, 1988, "Behaviour Responses and Reproduction of Mule Deer
(Odocoileus hemionus) Does FoIIowing Experimental Harassment with an
AII-Terrain Vehicle, Canadian Field Naturalist, 102 (3).425-429.
Volver a: Producción
de camélidos